Lo primero es darse cuenta de que el gozo es un regalo de Dios. La palabra raĆz para gozo en griego es chara, que estĆ” estrechamente relacionada con la palabra griega charis para Ā«graciaĀ». l gozo es tanto un don de Dios como una respuesta a los dones de Dios. El gozo viene cuando somos conscientes de la gracia de Dios y disfrutamos de Su favor.
El rey suma a todo esto su gratitud porque Dios le asegura que Ćl lo ācorona de bondad y compasiónā y ācolma de bienes [sus] aƱosā, lo que confirma el testimonio previo de David de que āel bien y la misericordia [lo] seguirĆ”n todos los dĆas de [su] vidaā (Sal 23:6).
La acción de gracias de David en el Salmo 103 ahora traspasa los lĆmites de su experiencia personal e incorpora el cuidado pactual de Dios de todos los creyentes. Ćl āhace justicia, y juicios a favor de todos los oprimidosā; Ćl es ācompasivo y clemente⦠lento para la ira y grande en misericordiaā, que es asĆ de grande ācomo estĆ”n de altos los cielos sobre la tierraā; Ćl se compadece ācomo un padre se compadece de sus hijosā. Todos estos beneficios estĆ”n asegurados porque Dios āha establecido Su trono en los cielos, y Su Reino domina sobre todoā. En el siglo XVII, el teólogo David Dickson identificó diecisiete de estos beneficios en este salmo.
El culto de oración semanal de mi iglesia local comienza con una lectura bĆblica, que es seguida inmediatamente por un momento de alabanza y acción de gracias al SeƱor, patrón que refleja la exhortación del salmista: āEntrad por Sus puertas con acción de gracias, y a Sus atrios con alabanza. Dadle gracias, bendecid Su nombreā (Sal 100:4). Una y otra vez, el Apóstol Pablo nos insta a mezclar nuestras peticiones con alabanzas: debemos estar ādando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro SeƱor Jesucristo, a Dios, el Padreā (Ef 5:20); no debemos estar afanosos, āantes bien, en todo, mediante oración y sĆŗplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Diosā (Flp 4:6); debemos perseverar āen la oración, velando en ella con acción de graciasā (Col 4:2); debemos dar āgracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo JesĆŗsā (1 Tes 5:18).
En pocas palabras, debemos aprender a tener una actitud agradecida, incluso en los dĆas mĆ”s oscuros, sabiendo que aun estos estĆ”n en las manos de Dios. Ninguno de nosotros experimentarĆ” circunstancias en las que no haya bendiciones por las cuales Dios merezca nuestra gratitud. Azotado por un tsunami personal en el que perdió a todos sus hijos y todo su ganado, Job āpostrĆ”ndose en tierra, adoró, y dijo: ⦠bendito sea el nombre del SeƱorā (Job 1:20-21).
La escritora de himnos Frances Ridley Havergal, quien vivió en el siglo XIX, testificó en una ocasión: āSi pudiera escribir como quisiera sobre la bondad de Dios hacia mĆ, la tinta hervirĆa en mi plumaā. En esta era digital, podrĆa haber escrito: āĀ”Mi computadora colapsarĆa!ā. Asumamos ese riesgo.
Paseando por el bosque, el canto de los pĆ”jaros me detiene. Unas palabras de JesĆŗs vienen a mi menteāÆ: āMirad las aves del cieloā¦ā.
Dios nos invita a observar los pĆ”jaros, tan bellos pero tan frĆ”giles y vulnerables, formados por la mano del Creador. Ćl les dio su maravilloso colorido, los cuida, los alimenta y los hace crecer.