La Mujer Samaritana – 5

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

5 – La Mujer Samaritana

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

LOS PURITANOS

HeartCry en Español

LOS PURITANOS

Historia de los Puritanos

La palabra «Puritano» se originó en los años 1560s como un peyorativo hacia las personas que querían una reforma más profunda la «purificación»de la Iglesia de Inglaterra.

La Revolución Puritana fue un movimiento surgido en Inglaterra en el siglo XVI, de confesión calvinista, que rechazaba tanto a la Iglesia Católica como a la Iglesia Anglicana. Las críticas a la política de la Reina Isabel salían de los grupos calvinistas ingleses, que fueron denominados puritanos porque pretendían purificar la Iglesia Anglicana, quitándole los residuos del catolicismo y acercando su liturgia al calvinismo.

Desde el inicio los puritanos aceptaban la doctrina de la predestinación. El movimiento fue perseguido en Inglaterra, razón por la que muchos dejaron este país buscando otros lugares con mayor libertad religiosa. Un grupo, liderado por John Winthrop, llegó a las colonias de Inglaterra en América del Norte en abril de 1630.

ORÍGENES CALVINISTAS DEL PURITANISMO

Esta variante del protestantismo sería seguida en países como Suiza, Países Bajos, Sudáfrica (entre los afrikaners), Inglaterra, Escocia y los Estados Unidos. Juan Calvino se opuso a la Iglesia Católica y a los Anabaptistas y criticó la misa cristiana y por eso sus seguidores rompieron con la Iglesia Anglicana.

En Ginebra, cuando vivía Calvino, se inició un conflicto entre los partidarios de la Casa de Saboya (católicos) y los confederados (protestantes), que darían más tarde origen a los hugonotes. Con los ideales iluministas y la doctrina de Calvino, los primeros protestantes ingleses se volvieron un grupo típicamente conservador.

LOS PURITANOS EN INGLATERRA

El surgimiento del puritanismo está ligado a las confusiones amorosas del rey Enrique VIII (1509-1547) y a la llegada del protestantismo continental a Inglaterra. El movimiento puritano, en sus primeros estadios, fue claramente influido y apoyado por Calvino que, a partir de 1548 pasó a escribirse con los principales líderes de la reforma inglesa. En 1534 fue promulgada el Acta de Supremacía, convirtiendo al rey en «cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra». Con la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, tía de Carlos I de España, el rey Enrique VIII y el Parlamento inglés separaron la Iglesia de Inglaterra de Roma, en 1536, adoptando la doctrina calvinista por comodidad. La Reforma se inició en Inglaterra gracias al rey y al Parlamento. En 1547, Eduardo VI, un niño muy enfermo, se convirtió en rey.

La Reforma protestante avanzó rápidamente en Inglaterra, pues el duque de Somerset, el regente del trono, simpatizaba con la fe reformada. Thomas Cranmer, el gran líder de la Reforma en Inglaterra, publicó el Libro de Oración Común, dando al pueblo su primera liturgia en inglés. María Tudor, católica, se convirtió en reina en 1553. Asesorada por el cardenal Reginald Pole, restauró su religión en 1554. En 1555 intensificó la persecución de los protestantes. Fueron asesinados trescientos, entre los cuales se hallaba el arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer (canonizado por la Iglesia Anglicana) y los obispos Latimer y Ridley. Ochocientos protestantes huyeron al continente, a ciudades como Ginebra o Fráncfort, donde absorbieron los principios doctrinales de los reformadores continentales. Isabel I ascendió al trono a los 25 años en 1558, estableció el «Acuerdo Isabelino», que era insuficientemente reformador como para satisfacer a aquellos que luego serían conocidos como «puritanos».

Enseguida promulgó el Acta de Uniformidad (1559), que autorizó el Libro de Oración Común, y restauró el Acta de Supremacía. En 1562, fueron redirigidos los Treinta y Nueve Artículos de la Religión, que son el patrón histórico de la Iglesia de Inglaterra, y a partir de enero de 1563 fueron establecidos por el Parlamento como la posición doctrinal de la Iglesia Anglicana. Entre 1567 y 1568 una antigua controversia sobre las vestimentas llegó a su auge en la Iglesia de Inglaterra. La cuestión inmediata era si los predicadores tenían que usar los trajes clericales prescritos. Esta controversia marcó una creciente impaciencia entre los puritanos en relación con la situación de una iglesia «reformada a medias». Thomas Cartwright, profesor de la Universidad de Cambridge, perdió su posición a causa de sus prédicas sobre los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles, en las cuales argumentó a favor de un cristianismo simplificado y una forma presbiteriana de gobierno eclesiástico. La primera iglesia presbiteriana fue la de Wandsworth, fundada en 1572. En 1570, un poco antes de ese evento, Isabel fue excomulgada por el Papa Pío V. La muerte de Isabel ocurrió en 1603 y no dejó heredero. Designó como sucesor a Jacobo I, hijo de María Estuardo, que ya gobernaba en Escocia. Cuando el rey fue coronado, los puritanos, a causa de la presunta formación presbiteriana del rey, tuvieron inicialmente esperanza de una mejoría de su situación. Para enfatizar esa esperanza presentaron la Petición Milenar en 1603, firmada por cerca de mil ministros puritanos, en la que pedían que la Iglesia Anglicana fuera «completamente puritana» en la liturgia y en la administración.En 1604 se encontraron con el nuevo rey en la conferencia de Hampton Court para presentar sus peticiones. El rey amenazó con «expulsarlos de la tierra, o hacer algo peor», habiendo dicho que el presbiterianismo «armonizaba tanto con la monarquía como Dios con el diablo». Carlos I, opositor de los puritanos, fue coronado rey en 1625. En 1628, William Laud se convirtió en obispo de Londres (en 1633 fue nombrado arzobispo de Canterbury) y tomó medidas severas para eliminar la disidencia de la Iglesia Anglicana. Buscó instituir prácticas ceremoniales consideradas «papistas» por los puritanos, aparte de ignorar la justificación por la fe, a causa de su énfasis arminiano, oprimiendo violentamente a los puritanos y forzándolos a emigrar a América.

En 1630, John Winthrop lideró el primer gran grupo de puritanos que fue hasta la Bahía de Massachusetts y, en 1636, se fundó el Harvard College. Laud intentó imponer el anglicanismo en Escocia, pero esto degeneró en un motín que sirvió para aliar a puritanos y escoceses calvinistas. En 1638, los líderes escoceses se reunieron en una «Solemne Liga y Alianza» y sus ejércitos marcharon contra las tropas del rey, que huyeron.

En 1640, el Parlamento restringió el poder del rey Carlos I. Las emigraciones a Nueva Inglaterra se estacionaron de forma considerable. La Asamblea de Westminster, así llamada por reunirse en la Abadía de Westminster, templo anglicano de Londres, fue convocada por el Parlamento de Inglaterra en 1643 para deliberar sobre el gobierno y la liturgia de la iglesia y para «defender la pureza de la doctrina de la Iglesia Anglicana contra todas las falsas calumnias y difamaciones».

Es considerada la más notable asamblea protestante de todos los tiempos, tanto por la distinción de los elementos que la constituyeron, como por la obra que realizó y aún por las corporaciones eclesiásticas que recibieron de ella los patrones de fe y las influencias salutares durante esos trescientos años.

LA ASAMBLEA DE WESTMINSTER

La Asamblea de Westminster se caracterizó no sólo por la erudición teológica sino por una profunda espiritualidad. Se tomaba mucho tiempo para orar y todo era hecho con un espíritu de reverencia. Cada documento producido iba al Parlamento para ser aprobado lo que sólo ocurría después de mucha discusión y estudio. Los llamados «Patrones Presbiterianos» elaborados por la Asamblea fueron los siguientes:

  1. Directorio del Culto Público: concluido en diciembre de 1644 y aprobado por el parlamento al mes siguiente. Tomó el lugar del Libro de Oración Común. También fue preparado el Salterio: una versión métrica de los Salmos para uso en el culto (noviembre de 1645).
  2. Forma de Gobierno Eclesiástico: concluida en 1644 y aprobada por el parlamento en 1648. Instituyó la forma de gobierno presbiteriana en lugar de la episcopal, con sus obispos y arzobispos.
  3. Confesión de Fe: concluida en diciembre de 1646 y sancionada por el Parlamento en marzo de 1648.
  4. Catecismo Mayor y Breve Catecismo: concluidos a finales de 1647 y aprobados por el Parlamento en marzo de 1648.

Como consecuencia de la ayuda de los escoceses, las fuerzas parlamentarias derrocaron al rey Carlos I, que fue decapitado en 1649.

El comandante victorioso, Oliver Cromwell, asumió el gobierno. Sin embargo, en 1660, Carlos II subió al trono y restauró el episcopado en la Iglesia de Inglaterra. Se inició una nueva era de persecuciones contra los presbiterianos.

En Escocia, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana adoptó los Patrones de Westminster después de ser aprobados, dejando de lado sus propios documentos de doctrina, liturgia y gobierno que databan de la época de John Knox. La justificación era el deseo de una mayor unidad entre los presbiterianos de las Islas Británicas. De Escocia, esos patrones fueron llevados a otras partes del mundo.

DOGMA Y CREENCIAS

El dogma central del puritanismo era la autoridad suprema de Dios sobre los asuntos humanos.

Además, los puritanos subrayaban que el individuo debía ser reformado por la gracia de Dios. Cada persona, a la que Dios mostraba misericordia, debía comprender su propia falta de valor y confiar en que el perdón que está en Cristo le había sido dado, por lo que, por gratitud, debía seguir una vida humilde y obediente.

Otros puntos de su doctrina incluyen:

  • Un énfasis en el estudio privado de la Biblia.
  • Un deseo de que todos alcancen educación e ilustración (especialmente para que todos puedan leer la Biblia por sí mismos).
  • El sacerdocio de todos los creyentes.
  • Simpleza en la adoración, la exclusión de vestimentas, imágenes, velas, etc.
  • La no celebración de festividades tradicionales que ellos consideraban estar en violación de los principios regulares de adoración.
  • Creencia en guardar como obligatorio un día de la semana como está ordenado en los Diez Mandamientos, en el caso de ellos el día de la Resurrección de Jesús, Domingo.
  • Algunos aprobaban la jerarquía de la Iglesia, pero otros buscaban reformar las iglesias episcopales al modelo presbiteriano. Algunos puritanos separatistas eran presbiterianos, pero la mayoría eran congregacionalistas.

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La necesidad de ser santo en lo privado

The Master’s Seminary

La necesidad de ser santo en lo privado

Osvaldo Fuentes

Una de las cosas más difíciles para el cristiano es ser fiel al Señor en la intimidad, en lo privado. Cuando nadie te ve, cuando estás solo en casa, relajado frente al televisor o la computadora, ¿estás siendo fiel a Dios? El cristiano debe vivir santamente tanto en lo público como en lo privado, tanto en el trabajo como en casa. Ya sea que hagas un deporte o que sostengas conversaciones con compañeros inconversos, debes ser fiel al Señor en todo momento.

Puede que te preguntes —como muchos— por qué razón es tan difícil tener una intimidad constante con Dios. Muchas respuestas podrían sugerirse, pero el meollo del asunto es que el cristiano no conoce a Dios lo suficiente. Ese es el punto de partida. En otras palabras, la falta de conocimiento de Dios es la fuente de su indiferencia. El hecho que un cristiano no conozca a Dios lo suficiente como para producir un cambio radical y constante en su vida hace emanar un desprecio constante hacia Dios y una falta de reverencia y temor que impacta cómo vive. El no cultivar en lo privado una relación real con Dios hará que el cristiano viva una doble vida. Además, si no eres consistente en tu relación con Dios, tampoco podrás vivir relaciones sinceras con el resto de las personas que te rodean. Si no actúas pronto, todo esto te llevará a una constante decadencia espiritual (Os. 4:6).

Muchos miran tu ejemplo

No se puede ver de menos la necesidad de vivir vidas santas. No debe haber diferencia entre lo que sucede en la iglesia y en el resto de los lugares. El cristiano no debe vivir un doble estándar. No se puede ser amable y cariñoso el domingo por la mañana y ser grosero y áspero el resto de la semana. Debe haber consistencia todo el tiempo.

A menudo, muchos jóvenes manifiestan odiar la iglesia y todo lo que tenga que ver con «religión». Esto se debe a que desde chicos fueron testigos de una hipocresía sistemática bajo la cual muchos padres —y cristianos en general— no fueron consistentes en vivir en privado como lo hacían en público. Los niños observan y no pasan por alto nada. No se les puede engañar y se asegurarán de comprobar que sus padres, maestros y pastores realmente vivan lo que «predican». Más aún, este tipo de comportamiento refleja una inconsistencia con su posición en Cristo.

No se puede tomar a la ligera la relación con Dios. No se puede separar la vida «spiritual» de la «secular». No existe tal separación. No hay —ni debe haber— diferencia alguna. Todo en la vida debe ser para la gloria de Dios y debes por tanto buscar adorarlo en todo lo que hagas. Vive para Él de manera santa y piadosa, confiesa tu pecado a diario y busca conocerlo más y más.

Cuídate de nunca olvidar…

El cristiano no puede olvidar la obra del Señor en su vida. No puede dejar de meditar en y agradecer al Señor por lo mucho que costó su salvación. Debe evitar volverse religioso y que se haga un callo tan grande que no le afecte en lo más mínimo vivir una doble vida. No olvides lo que Él hizo por ti (Dt. 8:11).

El ser humano olvida con facilidad. Por eso el cristiano debe cultivar un espíritu agradecido que recuerde las bondades de su Señor en todo tiempo (Sal. 103:2). Además, debe meditar continuamente en la palabra del Señor para que el Espíritu de Dios continúe renovando su mente. Solo este proceso constante hará que el cristiano sea fiel al Señor en la intimidad, sabiendo quién es él delante de Dios y quién es Dios.

No puedes engañar a Dios

Jesús constantemente recriminaba a los escribas y fariseos acerca su vida íntima. Estos líderes religiosos hacían todo para ser vistos por otros (Mt. 23:6), pero sus vidas privadas dejaban mucho que desear. Les importaba más la apariencia que una vida sincera que honrara al Señor, a quien decían seguir y servir. Por eso Jesús los comparó con sepulcros blanqueados (Mt. 23:27). Eran hipócritas (Mt. 23:13–15) y honraban al Señor «con sus labios» (Is. 29:13), «pero su corazón [estaba] muy lejos de [Él]» (Mt.15:8; cf. Is. 29:13). El Señor aborrece la mentira y la hipocresía espiritual (Mt. 23:1–36). Él no puede ser engañado. Tampoco puede ser burlado (Gá. 6:7). Él conoce tu vida por completo y nada está oculto delante de Él (Sal. 139:1–24).

Si Dios todo lo sabe, ¿por qué a menudo el cristiano vive pensando que puede engañar a un Dios omnisciente? Muchas veces no es por falta de conocimiento, sino por frialdad espiritual. Esta condición hace que la conciencia del cristiano se cauterice. La conciencia cauterizada acalla la culpa, permitiendo seguir adelante sin reparo, sin un semáforo que diga cuándo se debe detener. Alguien así vive como hipnotizado, sin ser afectado, mientras vive una doble vida. Ante el mundo presenta una cara, pero en la intimidad deja la actuación a un lado. Esta doble vida —una doble moral como la de los fariseos y escribas— parece no estorbarle en lo más mínimo, incluso cuando está al tanto que Dios todo lo conoce y que no puede ser burlado.

Un cristiano no puede caracterizarse por vivir una vida doble. Debe haber consistencia. Debe haber persistencia. Debe haber voluntad. Es en lo privado donde la verdadera relación con el Señor se da. Ahí no hay fingimientos. No hay nada que pueda ser ocultado. Todo es expuesto. Es en la intimidad de tu hogar donde se forjará tu caminar cristiano. El carácter piadoso no comienza en la iglesia, dirigiendo un servicio, sirviendo a otros o abrazando a los desvalidos con una enorme sonrisa. No. El carácter piadoso comienza a forjarse en lo privado, donde nadie te ve.

¿Qué debes hacer?

El cristiano debe examinarse continuamente. Debe ser sincero al reconocer su pecado delante del Señor. Una vez que ha reconocido su pecado, debe pedir perdón al Señor y anhelar verdaderamente un cambio, dependiendo del Señor en todo momento. El cristiano debe anhelar al Señor más de lo que anhela su propio pecado. Debe buscar insaciablemente la fuente de gozo eterna, ya que el gozo se encuentra solamente en Él. Si verdaderamente el cristiano disfrutase a Dios lo suficiente, pondría en mejor perspectiva su propio pecado. Todo hijo de Dios necesita cultivar a diario una relación de dependencia única con Dios donde Él sea la fuente de su gozo, deleite y satisfacción.

Es primordial que cada cristiano tenga una relación única y privada con el Señor. Esto no puede fingirse. No se trata de apariencias ni de acciones externas, sino de una relación personal e íntima con el Señor en la cual depende de Él únicamente. La dependencia de Él no es para lograr algo a favor, sino para ser transformado a su imagen. Se trata de pasar tiempo a solas con Él y hacer de esto un hábito. Es imposible vivir una vida santa en realidad sin disfrutar a diario junto a la fuente de vida eterna a solas, orando y leyendo la Escritura. Este patrón de vida transformará la mente del creyente (Ro. 12:2) para pensar adecuadamente (Fil. 4:8) y vivir adecuadamente (Ef. 4:1). Además, hará que el Espíritu Santo siga obrando la transformación que todo hijo de Dios anhela y que es consistente con su posición en Cristo (2 Co. 3:18).

Para ser transformado y vivir una vida santa en lo privado, debes vivir de manera consistente de acuerdo a lo que ya eres en Cristo. Eres su hijo y debes conducirte como uno. Para saber cómo conducirte debes acudir a su palabra constantemente y depender de Él en oración. John MacArthur afirma lo siguiente: «estudio su palabra para amarle, en el ejercicio más digno de nuestros afectos y para servirle, el propósito más honorable y encantador al que podemos dedicar nuestro tiempo y nuestros talentos»[1]. Encontrarás que tu vida tiene sentido, consistencia y valor a medida que le conozcas más y más. Además, el Señor será sumamente exaltado a medida caminas más y más en santidad, ya que no solo lo harás en lo privado sino que esto será muy evidente también en lo público. John Piper, en su libro «Hermanos, no somos profesionales», nos muestra de una forma muy sincera lo hay en su corazón y que debería ser un deseo genuino en cada creyente: amar y agradar a Cristo en lo privado y anhelar ser diferentes en este mundo caído[2]. Busca ser diferente a este mundo, anhela diferenciarte a la oscuridad. Busca constantemente la luz. Solo Cristo tiene la solución. Solo en Él está la vida. Sé honesto, reconoce tu pecado y sométete a tu Señor. Siente la miseria por tu pecado y ven a Él con un corazón sincero. Busca agradarle en todo, ya sea que alguien te vea o no.

[1] John MacArthur y Richard Mayhue, Teología sistemática: Un estudio profundo de la doctrina bíblica (Gran Rapids: Portavoz, 2018), 17.

[2] John Piper, Hermanos, no somos profesionales (Nashville: B&H, 2002), 21

Osvaldo Fuentes

Osvaldo Fuentes

Osvaldo Fuentes es oriundo de Chile (M.Div. Candidate) y sirve en el Iglesia Bíblica Berea, North Hollywood, CA. Actualmente está entrenándose en The Master’s Seminary, donde también trabaja como parte del equipo administrativo de los programas en español. Desde el año 2012, Osvaldo ha servido como anciano en «Iglesia Vida Nueva», Rafaela, Provincia de Santa Fe, Argentina, y ha colaborado en fundación de iglesias en Argentina. Además, estudió teología en el Instituto Bíblico Palabra de Vida, en Argentina. Osvaldo está casado con Marina y tienen dos hijos: Mateo, de 7 años y Luciano, de 5 años.

¿Por cuánto tiempo debo orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

¿Por cuánto tiempo debo orar?

C.N. Willborn

Nota del editor: Este es el capítulo 12 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La duración de las oraciones es un tema interesante, pero es más interesante que relevante. Me imagino que muchas personas han luchado con la duración de sus oraciones y han llegado a pensar: “¿Oré lo suficiente?” y “¿Estuvo Dios complacido con la cantidad de tiempo que pasé orando esta mañana?”. Estas preguntas son el producto de un enfoque metodológico pietista u orientado a las obras de la vida cristiana. Combina el pietismo con nuestro celo por la idea de que “mientras más grande, mejor”, y los cristianos terminan pensando cuantitativamente en vez de pensar cualitativamente acerca de la oración. Comenzamos a pensar más en nosotros mismos que en el Dios trino a quien oramos.

En la Biblia abundan los ejemplos de oraciones cortas.

¿Nos ofrece la Biblia ayuda para la disciplina de la oración? Claro que sí. Pero en ninguna parte la Biblia dice: “Orarás en intervalos de ______”. Encontramos a diversos personajes bíblicos orando a todas horas del día, pero poco se especifica sobre la duración. David oró en la noche (Sal 42:8), como también lo hizo nuestro Salvador (Mr 14:32). Nuestro Señor Jesús también oró temprano en la mañana (Mr 1:35). Las oraciones de Pablo parecen ser esporádicas, elevadas cuando era impulsado a alabar y cuando las necesidades se hacían evidentes.

No obstante, es instructivo notar la longitud de las oraciones registradas en las Escrituras. Comencemos con la oración modelo de nuestro Señor (Mt 6:8-13); ahí encontramos brevedad. Aun si fuera un “esquema de oración” para ser rellenado, yo te recordaría que nuestro Señor introdujo estos pocos versículos con las siguientes palabras: “Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido” (Mt 6:7). Aquí Él enfatiza la calidad por encima de la cantidad (repetición). En la Biblia abundan los ejemplos de oraciones cortas. Moisés clamó al Señor por misericordia en un momento crucial, y su oración ocupa cuatro versículos (Dt 9:26-29). Elías oró para defender el honor de Dios en dos versículos (1 Re 18:36-37). La oración más crítica de Nehemías tomó siete versículos enormes (Neh 1:5-11). Todas las oraciones registradas de Pablo son cortas (por ejemplo, Flp 1:9-11Col 1:9-12). Incluso la oración de nuestro Señor como Sumo Sacerdote registrada en Juan 17 es corta. Léela en voz alta en algún momento y cronométralo, probablemente toma unos tres minutos.

Sí, a veces nos encontramos pasando un tiempo extendido en oración, pero la duración no es lo más importante. La clave está en orar la Biblia. Una guía útil para esto se encuentra en el Catecismo Menor de Westminster 98-107. Usemos las palabras de Dios y “[oremos] sin cesar” (1 Tes 5:17). Es decir, siempre que veamos algo digno de alabanza en la vida cotidiana, alabemos a Dios. Siempre que recordemos algo digno de agradecimiento durante el día, démosle gracias. Tan pronto veamos a un pecador, pidamos a Dios por éste. Siempre que seamos tentados, clamemos a Él. Esas oraciones serán cortas pero eficaces si oramos con fe (Mt 21:22). Aquí va una mejor respuesta a la pregunta “¿Por cuánto tiempo debo orar?”: hasta que mueras.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
C.N. Willborn
C.N. Willborn

El Dr. C.N. Willborn es pastor principal de Covenant Presbyterian Church en Oak Ridge, Tenn., Y profesor adjunto de teología histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary en Greenville, S.C.

El propósito principal del ministerio

Soldados de Jesucristo

Febrero 05/2021

Solid Joys en Español

El propósito principal del ministerio

John Piper

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El amor de Cristo

Viernes 5 Febrero

… cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. Efesios 3 : 18-19

El amor de Cristo

La anchura del amor de Cristo es tal, que puede abarcar a toda la humanidad : “Él se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Timoteo 2 : 6). Por eso, la oportunidad de ser acogido por ese amor está abierta para todo el que quiera. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda” (Juan 3 : 16).

La longitud del amor de Cristo se expresa en estas palabras : “Como había amado a los suyos… los amó hasta el fin” (Juan 13 : 1). Él dio hasta lo último, hasta su propia vida, por nosotros. También ahora, su amor nos sostiene a todo lo largo del camino, hasta que él nos introduzca en la casa del Padre. Así como Dios dijo : “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31 : 3), “el amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13 : 8).

La profundidad del amor de Cristo es tal, que aun en el abismo de perdición a donde nos llevó el pecado, ese amor nos alcanzó. La muerte, consecuencia del pecado, es representada como “lo más profundo de la tierra” (Ezequiel 32 : 24) ; y Cristo mismo se bajó hasta allí (Efesios 4 : 9). Él dice : “He venido a abismos de aguas” (Salmo 69 : 2), pero de su amor dice : “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” (Cantar de los Cantares 8 : 7).

La altura del amor de Cristo se ve en Efesios 4 : 8 : “Subiendo a lo alto… dio dones a los hombres”. Él fue exaltado hasta lo sumo, subió por encima de todos los cielos, pero no se olvidó de nosotros : “En las palmas de las manos te tengo esculpida” (Isaías 49 : 16). Y más aun : Él quiere compartir su gloria con nosotros ; su amor no estará satisfecho hasta que estemos con él en esa misma altura (Juan 17 : 24).

1 Samuel 30 – Mateo 22 : 23-46 – Salmo 19 : 7-10 – Proverbios 7 : 6-23

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