9Marcas
Serie: Clases esenciales: TeologĆa SistemĆ”tica
Clase 19/26
El plan de redención ā Parte 1
- Introducción: El problema de la salvación
En las Ćŗltimas semanas, hemos estudiado a Dios, principalmente a la persona del EspĆritu Santo. El dĆa de hoy, comenzamos una encuesta acerca de cómo Dios trabajó desde la eternidad pasada y trabaja en la eternidad futura para reconciliar a un pueblo elegido con Ć©l a travĆ©s de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Pero primero quiero hablar de una palabra comĆŗn: Ā«salvaciónĀ».
La palabra Ā«salvaciónĀ» en sĆ plantea un problema en nuestra cultura posmoderna, una cultura que dice que la verdad es relativa. ĀæCuĆ”l es el problema? Bueno, la salvación supone que tenemos una situación difĆcil. Supone que necesitamos ser salvados. ĀæPero salvados de quĆ©? ĀæSalvados para quĆ©? ĀæSalvados por quiĆ©n?
Nuestra cultura ha perdido el vocabulario de palabras como Ā«pecadoĀ» y Ā«santidadĀ». En nuestra cultura terapĆ©utica, Ā«el pecadoĀ» ya no se define por quiĆ©nes somos aquĆ [en el corazón], sino mĆ”s bien por los errores e injusticias que se han cometido contra nosotros afuera. No hay verdaderos conspiradores, solo vĆctimas.
Nuestro problema fundamental, dice nuestra cultura, no es la presunción espiritual, sino la baja autoestima. Pero Ć©sta es la esencia del orgullo. Nuestra cultura les dice a todos que se expresen; que se recompensen⦠pero, ĀæquĆ© dice el SeƱor? Ćl nos llama a negarnos a nosotros mismos, no a abandonar a Dios para encontrar en nosotros mismos lo que una vez encontramos en Dios y solo podemos encontrar en Ć©l.
Esa clase de abandono yace en el corazón de ese primer pecado en el huerto, el deseo de no vivir para Dios sino ser Dios. En Edén, nuestros primeros padres trataron de quitarle a Dios su trabajo, y nosotros lo hacemos todo el tiempo. Con demasiada frecuencia no nos vemos como criaturas dependientes. En cambio, nos vemos a nosotros mismos como los autores de nuestra propia existencia, los jueces de nuestros propios valores y los dueños de nuestros propios destinos. Asà como el pecado se ha desvanecido, también lo ha hecho Dios de nuestra conciencia.
No es sino hasta que captamos las profundidades de nuestra depravación, de nuestro pecado, no es sino hasta que entendemos el mal que reside aquà (en el corazón) que podemos entender correctamente que necesitamos ser salvados no solo de nosotros mismos, sino de Dios. Y ese remedio para la salvación no estÔ en nosotros, sino fuera de nosotros.
Me gusta la forma en que Spurgeon lo expresó, él dijo: «El que no piensa seriamente acerca del pecado, no pensarÔ seriamente acerca del salvador»⦠Mi deseo es que podamos ser los que piensan profundamente acerca de la salvación porque entendemos lo que la Biblia dice acerca de nosotros: que somos pecadores y necesitamos ser salvados.
- El orden de la salvación
Entonces, ¿cómo se da la salvación? ¿Qué sucede realmente cuando alguien es salvo? Estamos en el punto dos en tu folleto: El orden de la salvación.
En las clases anteriores, hablamos acerca del hecho de que todos hemos pecado y merecemos el castigo eterno de Dios. Sin embargo, al morir obedientemente en la cruz, Cristo logró la redención de su pueblo. Con Ā«redenciónĀ» me refiero a que Cristo pagó el precio para comprarnos de nuestra esclavitud al pecado; cuando alguien redime algo, como en una casa de empeƱo, la persona debe pagar un precio para recuperar lo que le pertenece. Cristo, a travĆ©s de su obra en la cruz, ganó nuestra salvaciónā¦
Hoy, veremos la forma en que Dios aplica esa salvación a las vidas individuales.
A lo largo de las próximas cuatro clases veremos que «la salvación es del Señor». Dios no solo logró algo en la cruz; él también aplica los beneficios de la cruz a personas individuales.
De manera que cuando la Biblia habla de la salvación, no habla de un Ā«acto simple e indivisibleĀ». Al contrario, habla de la salvación que comprende una Ā«serie de actos y procesosĀ». La Escritura habla de la salvación en el pasado, presente y futuro. Los cristianos han sido salvos (Efesios 2:8), estĆ”n siendo salvos (1 Corintios 1:18), y serĆ”n completamente salvos algĆŗn dĆa de las consecuencias del pecado (Romanos 5:9).
Dado que la aplicación de la redención no es una acción Ćŗnica, sino mĆ”s bien una serie de actos y procesos, no deberĆa sorprendernos que siga un orden determinado y distinto con una disposición de varios pasos. Sin embargo, ningĆŗn versĆculo de la Escritura menciona cada acto o proceso en este Ā«orden de la salvaciónĀ».
En cambio, una comparación cuidadosa de varios pasajes del Nuevo Testamento nos da un marco para el orden de la salvación. [Eso es lo que hace la teologĆa sistemĆ”tica: ver toda la Biblia para ver lo que ella dice respecto a un tema o pregunta].
Considera Romanos 8:29-30, por ejemplo: «Porque a los que antes [Dios] conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó».
AsĆ que vemos que la predestinación precede al llamado, que precede a la justificación, que a su vez precede a la glorificación. Esto tiene sentido, Āæno? Dios no podĆa, por ejemplo, glorificar a un pecador que no habĆa sido justificado, Āæo no? Hay un orden lógico de cómo se aplica la salvación a las personas.
Bueno, el orden de la salvación que consideraremos en las próximas semanas es el siguiente [esto estÔ en la parte delantera de tu folleto]:
- La elección (Dios escoge las personas que serÔn salvas)
- El llamado del evangelio (proclamar/escuchar el mensaje del evangelio)
- La regeneración (nacer de nuevo)
- La conversión (fe y arrepentimiento)
- La justificación (posición legal correcta; la justicia de Cristo es imputada)
- La adopción (membrecĆa en la familia de Dios)
- La santificación (crecimiento en obediencia y conocimiento; mayor conformidad con Cristo)
- La perseverancia (continuar en la fe; permanecer en Cristo)
- La muerte (estar con el SeƱor)
- La glorificación (recibir un cuerpo resucitado)
DeberĆamos observar que algunos de los aspectos de la salvación dependen completamente de Dios (como la elección). Otros, como la conversión, requieren de la actividad humana junto con la actividad de Dios. El arrepentimiento y la fe son dones a los que debemos responder (2 Ti. 2:25).
AdemÔs, ten en cuenta que este orden de la salvación no es estrictamente cronológico: sabes que esto sucede, entonces eso sucede. Por ejemplo, en el momento en que realmente nos arrepentimos y ponemos nuestra confianza en Cristo, Dios nos justifica y nos adopta, y comienza el proceso de santificación. No todo sucede a la vez, claro estÔ, obviamente somos regenerados antes de ser glorificados. Pero principalmente, el orden de salvación es uno de orden lógico mÔs que un orden cronológico.
El dĆa de hoy, intentaremos cubrir el proceso inicial de la salvación mirando las doctrinas de la elección, el llamado y la regeneración. Y abordaremos el resto durante las próximas tres semanas. AsĆ que aquĆ vamos, punto 3: Doctrina de la elección/predestinación.
- La doctrina de la elección/predestinación
La primera sección con la que debemos empezar es la elección de Dios. Como dijimos antes, la salvación comienza con Dios. Si te fijas en tu folleto, definimos la elección como: «un acto de Dios antes de la creación en el que él escoge que algunas personas sean salvas, no a causa de ningún mérito previsto en ellas, sino solo por su beneplÔcito y soberano placer».
En otras palabras, Dios escogió salvar a un nĆŗmero especĆfico y definido de personas. Ćl garantizó su salvación, ganó en la cruz por JesĆŗs, y otorgó los beneficios de la muerte y resurrección de JesĆŗs a sus vidas.
Si dependiera del hombre, todos permanecerĆamos para siempre en nuestros pecado, porque tal como estĆ” escrito: Ā«No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a DiosĀ» (Romanos 3:10).
Solo un poderoso acto sobrenatural por parte de Dios puede rescatar a los pecadores en esta condición. Si van a ser rescatados, Dios debe tomar la iniciativa, y esto es precisamente lo que Dios hace. Ćl soberanamente saca a un hombre del reino de SatanĆ”s y lo coloca en el reino de Cristo (Col. 1:13).
Esta doctrina de la elección o predestinación, como a veces es llamada por los apóstoles, estÔ claramente expuesta en las Escrituras; los escogidos son referidos al menos 25 veces en el Nuevo Testamento. Asà que veamos la Biblia, porque queremos ver las cosas por nosotros mismos en las Escrituras.
Entonces, Lucas escribe en Hechos 13:48 acerca de Pablo y BernabĆ© predicando a los gentiles en AntioquĆa. Ćl dice que cuando los gentiles escucharon el mensaje: Ā«se regocijaban y glorificaban la palabra del SeƱor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eternaĀ». AquĆ vemos que los escogidos de Dios son los que creen en el evangelio.
Efesios 1:4-5 dice: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad».
Pablo en 1 Tesalonicenses 1:4-5 dice: Ā«Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino tambiĆ©n en poder, en el EspĆritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabĆ©is cuĆ”les fuimos entre vosotros por amor de vosotrosĀ». Pablo sabe que estos cristianos de Tesalónica son escogidos de Dios porque tienen fe en el evangelio.
La implicación, por supuesto, es que el amor electivo de Dios debe dirigirse hacia un individuo antes de que sea posible una respuesta de fe salvadora. Escribiendo a esa misma iglesia, Pablo escribe mÔs tarde: «Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación» (2 Tesalonicenses 2:13).
La elección de Dios de salvar a ciertos individuos descansa únicamente en su voluntad soberana. Es una elección incondicional. No hacemos nada para merecerla. Su elección de salvar a pecadores particulares no se basó en ninguna respuesta u obediencia prevista de su parte, como la fe y el arrepentimiento.
Por el contrario, Dios da fe y arrepentimiento a cada individuo que escoge. Cualquier acto de obediencia como la fe y el arrepentimiento son el resultado, y no la causa de la elección de Dios.
Nunca encontrarÔs en las Escrituras que nuestra fe fue la razón por la que Dios nos escogió. La salvación es completamente por gracia. Por tanto, la elección de Dios del pecador, no la elección de Cristo por parte del pecador, es la gran causa de la salvación. Amamos porque Dios nos amó primero⦠elegimos a Dios porque él nos escogió primero.
TambiĆ©n vemos elecciones incondicionales en el Antiguo Testamento. Recuerda, estamos viendo toda la Biblia para este tema. En Deuteronomio 7:7-8, Dios claramente expone la razón por la cual escogió soberanamente a Israel para ser su pueblo elegido: Ā«No por ser vosotros mĆ”s que todos los pueblos os ha querido JehovĆ” y os ha escogido, pues vosotros erais el mĆ”s insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto JehovĆ” os amóā¦Ā».
El propósito de Dios en la elección de Israel no estaba basado en el pueblo. Estaba basado en Dios. Y observa que estaba basado en el amor de Dios.
Dios estĆ” diciendo: Ā«Te escogĆ porque te amabaĀ». PodrĆamos detenernos allĆ hoy, Āæno? Recuerdo que una vez un mentor mĆo estaba hablando de una ocasión en que su esposa le preguntó por quĆ© la amaba. Y aunque tenĆa un millón de razones, simplemente dijo: Ā«CariƱo, te amo⦠porque te amoĀ». Eso es lo que le pasa a Dios, no podemos conocer su mente mĆ”s allĆ” de lo que Ć©l revela en su Palabra. AsĆ que debes saber que si estĆ”s en Cristo, Dios te escogió porque te amaba. ĀæPor quĆ© te ama? Porque te ama.
En el Nuevo Testamento vemos que la elección no se explica en ninguna parte mĆ”s claramente que en Romanos, capĆtulo 9, versĆculos 10-16. Dice:
Ā«Y no sólo esto, sino tambiĆ©n cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habĆan aĆŗn nacido, ni habĆan hecho aĆŗn ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirĆ” al menor. Como estĆ” escrito: A Jacob amĆ©, mas a EsaĆŗ aborrecĆ. ĀæQuĆ©, pues, diremos? ĀæQue hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a MoisĆ©s dice: TendrĆ© misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadecerĆ© del que yo me compadezca. AsĆ que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordiaĀ»
¿«A EsaĆŗ aborrecĆĀ»? Ā”QuĆ© fuerte! Suena injusto. Sin embargo, cuando hacemos la pregunta que Pablo hace: «¿Hay injusticia en Dios?Ā», debemos decir: «”No, en lo absoluto!Ā». Dios pudo haber dicho con toda razón: Ā«Aborrezco a EsaĆŗ y a JacobĀ». Si miras la vida de Jacob en GĆ©nesis, especialmente durante sus primeros aƱos, verĆ”s que su comportamiento es detestable: es un traidor, mentiroso e intrigante. La pregunta difĆcil no es cómo puede Dios aborrecer a EsaĆŗ, sino cómo puede amar justificadamente a Jacob, un pecador.
El verdadero misterio no es: «¿por quĆ© Dios solo salvarĆa a algunos?Ā», sino: «¿por quĆ© Ć©l salvarĆa a alguno de nosotros?Ā» Todos merecemos la condenación eterna, pero en su amor y misericordia, Dios planeó salvar a algunos de nosotros.
Observa en este pasaje que el propósito de Dios en la elección se lleva a cabo incluso antes de que nazcan Jacob o Esaú, antes de haber hecho ellos algo bueno o malo.
La elección de Dios no estaba condicionada a sus acciones, sino a la voluntad soberana de Dios. Para nosotros es difĆcil lidiar con esto, pero me gusta la forma en que Thabiti Anyabwile lo expresa: Ā«Dios no se avergüenza de su ira, ni nosotros deberĆamos estarloĀ»ā¦
AdemÔs, una objeción común a la doctrina de la elección que a menudo es manifestada es que la elección significa que los incrédulos nunca tienen la oportunidad de creer. Pero la Biblia no apoya esta objeción.
Cuando las personas rechazan a Jesús, él siempre echa la culpa a su decisión voluntaria de rechazarlo, no a algo decretado por Dios. En Juan 5:40, Jesús dice: «no queréis venir a mà para que tengÔis vida».
Este es el patrón consistente en las Escrituras: las personas que permanecen en la incredulidad lo hacen porque no estÔn dispuestas a acercarse a Dios, y la culpa de tal incredulidad siempre recae en los incrédulos, nunca en Dios.
[¿Qué significa para nosotros prÔcticamente que Dios escoge a algunos para ser salvos? (Es un consuelo, Romanos 8 muestra que Dios siempre actúa por el bien de aquellos a quienes llamó; Nos da humildad y un corazón agradecido, la salvación no se encuentra en nosotros; Hace que el evangelismo sea esperanzador, en Hechos 18, el Señor le dice a Pablo en una visión que se quede en Corinto y continúe predicando porque: «[Tiene] mucho pueblo en esta ciudad»)].
Debido a que la elección es tan crucial pasamos mucho tiempo en ella; ahora bien, avancemos mÔs rÔpidamente en nuestros próximos dos acontecimientos en el orden de la salvación.
- La invitación del evangelio
Hemos establecido el hecho de que nuestra salvación comienza con nuestra elección por parte de Dios. Ahora debemos tratar de entender cómo se lleva a cabo esta salvación, y asà llegamos a lo que se conoce como la invitación del evangelio; este es el punto número dos en el orden de salvación.
Sin la invitación del evangelio, o el llamado del evangelio, nadie serĆa salvo. «¿Y cómo creerĆ”n [los hombres] en aquel de quien no han oĆdo?Ā» (Romanos 10:14). Pablo le dice a los tesalonicenses que Dios los llamó a la salvación a travĆ©s del evangelio (2 Tesalonicenses 2:14). Sin embargo, es importante notar que el llamado del evangelio es un llamado con dos aspectos diferentes.
Mientras que un llamado evangelizador externo y general va dirigido a todos los hombres, algo que algunos rechazan⦠un llamado interno mĆ”s fuerte y mĆ”s efectivo es dado por nuestro Dios soberano, quien convoca a las personas de manera que siempre responden con fe salvadora a travĆ©s de la obra del EspĆritu Santo.
Romanos 8:29 dice que aquellos a quienes Dios predestinó, él también llamó. Como podemos ver, este llamado es un llamamiento eficaz y es un acto de Dios que garantiza una respuesta porque, como dice Pablo, los que fueron llamados también fueron justificados y glorificados. Dios llama a los hombres «de las tinieblas a su luz admirable» (2 Pedro 2:9).
Debemos llamar a todos a arrepentirse de sus pecados y confiar en Cristo. Pero también debemos ser conscientes de que no todos responderÔn al evangelio. Como dijo Jesús: «muchos son llamados, y pocos escogidos».
Solo Dios puede llamarnos efectivamente. En Juan 6:44, JesĆŗs dice: Ā«Ninguno puede venir a mĆ, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitarĆ© en el dĆa postreroĀ». En el versĆculo 65 de ese mismo capĆtulo, repite esta enseƱanza: Ā«Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mĆ, si no le fuere dado del PadreĀ». Aquellos de nosotros que somos cristianos hemos sido llamados a serlo. Hemos recibido oĆdos para escuchar y ojos para ver la luz del evangelio.
Sabemos que hemos sido escogidos y llamados por Dios si hemos creĆdo en Dios, nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos confiado en el SeƱor Jesucristo. Esto es lo que Pedro quiere decir cuando le dice a los escogidos de Dios: Ā«Por lo cual, hermanos, tanto mĆ”s procurad hacer firme vuestra vocación y elecciónĀ» (2 Pedro 1:10). Hacemos esto al examinar nuestras vidas y ver si reflejan la enseƱanza bĆblica de una respuesta fiel al evangelio.
Avancemos al punto 5, la regeneración.
- La regeneración
Hemos hablado de esto en nuestras clases acerca del EspĆritu Santo, pero ĀæcuĆ”ndo se considera que el hombre ha sido regenerado? ĀæAntes o despuĆ©s de escuchar el evangelio?
Bueno, sabemos por las Escrituras que la regeneración viene antes de que podamos responder al evangelio con fe salvadora. Sin embargo, es difĆcil determinar el momento exacto en el que una persona escucha la proclamación del evangelio y es regenerada. Ā”AsĆ que no te preocupes si no sabes la hora!
Sin embargo, debemos decir que la predicación del evangelio generalmente coincide con la regeneración del hombre. Al menos esto es lo que sucedió en la casa de Cornelio en Hechos 10. Mientras Pedro todavĆa estaba hablando el evangelio, el EspĆritu Santo vino sobre todos los que escucharon el mensaje.
La regeneración es un acontecimiento instantĆ”neo en el que el EspĆritu Santo obra en nosotros y nos permite tener fe y seguir a Cristo. Luego sigue la conversión y la justificación, que veremos la próxima semana, si Dios quiere.
ĀæRecuerdas antes cómo hablamos acerca de cómo algunos eventos en la salvación dependen completamente de Dios? Bueno, la regeneración es uno de ellos. El hombre es completamente pasivo en su propia regeneración. No puede darse a sĆ mismo vida fĆsica, ni puede darse a sĆ mismo vida espiritual. SerĆa como un cuerpo en la morgue tratando de darse RCP, simplemente no funciona.
La regeneración es la obra del EspĆritu Santo. Y cuando la gente habla acerca de Ā«nacer de nuevoĀ», lo que realmente dicen es que han sido regenerados, porque eso es lo que significa. La regeneración es otra forma de decir Ā«nacer de nuevoĀ».
Vemos la regeneración en el Antiguo Testamento. En Ezequiel 36:26-27, cuando Dios hace promesas sobre lo que harĆ” por su pueblo, dice: Ā«Os darĆ© corazón nuevo, y pondrĆ© espĆritu nuevo dentro de vosotros; y quitarĆ© de vuestra carne el corazón de piedra, y os darĆ© un corazón de carne. Y pondrĆ© dentro de vosotros mi EspĆritu, y harĆ© que andĆ©is en mis estatutos, y guardĆ©is mis preceptos, y los pongĆ”is por obraĀ». Observa que es Dios quien estĆ” actuando. Ā«Haré» estas cosas, dice.
Vemos la regeneración en el Nuevo Testamento. Juan 1:13 dice que los cristianos «no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios». Es Dios quien debe dar ese primer paso para darnos la capacidad de arrepentirnos y creer.
Es muy importante que entendamos esto. Necesitamos ser regenerados primero antes de que podamos producir fe salvadora. Muchos cristianos bien intencionados dicen que si crees en Cristo como tu Salvador, entonces nacerƔs de nuevo, despuƩs de que creas. Pero las Escrituras NO dicen esto.
Por ejemplo, en Hechos 16:14, Lucas dice de Lidia: Ā«El SeƱor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decĆaĀ». Primero, Dios abrió su corazón, luego ella pudo responder con fe. Puede ser solo por una mĆnima fracción de segundo, pero la regeneración precede a la fe.
No podemos tener un corazón suave y oĆdos para escuchar hasta que Dios nos los dĆ©. PiĆ©nsalo de esta manera: antes de que tu corazón pueda tomar una decisión, primero tiene que tener pulso. La regeneración es el desfibrilador espiritual que hace latir el corazón antes de que pueda hacer cualquier cosa, como creer en Dios.
La regeneración siempre produce frutos en la vida cristiana, y la verdadera regeneración se evidenciarÔ en una vida transformada.
Todo lo que hablamos hoy, la elección, el llamado del evangelio, la regeneración⦠todo el camino hasta nuestra glorificación, es un paquete. Dios no puede fallar en la salvación. Nuestra redención estĆ” escrita y perfectamente completa por Ćl.
La regeneración crea en nosotros un estado de corazón y espĆritu que nos hace apartarnos de nuestro pecado y comprometernos con Cristo en la fe. Ā«Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en Ć©l; y no puede pecar, porque es nacido de DiosĀ» (1 Juan 3:9). Hay mĆ”s textos como Juan 3 y la historia de Nicodemo que podrĆamos debatir, pero permĆteme detenerme aquĆ.
Oremos.
APĆNDICE A
Doctrina de la reprobación
Si Dios soberanamente escoge salvar a algunos, eso necesariamente significa que no todos son escogidos. Algunos necesariamente perecerÔn. Esta es la doctrina de la reprobación.
La reprobación puede definirse como: «la decisión soberana de Dios antes de la creación de pasar por alto a algunas personas, decidir no salvarlas y castigarlas por sus pecados, y asà manifestar su justicia».
ĀæEscuchar esto te enoja? ĀæQuieres objetar? ĀæCrees que esta doctrina simplemente no puede ser verdad de un Dios amoroso? Si respondes que sĆ, entonces no estĆ”s solo. Esto es algo con lo que mucha gente lucha.
Ā«El amor que Dios nos da por nuestros semejantes y el amor que nos ordena que tengamos hacia nuestro prójimo nos hace retroceder en contra de esta doctrina, y es justo que tengamos miedo al contemplarla. Es algo en lo que no querrĆamos creer, y no lo creerĆamos, a menos que las Escrituras lo enseƱen claramenteĀ»[1]. Sin embargo, las Escrituras sĆ lo enseƱan, asĆ que tenemos la responsabilidad de creerlo, conocerlo y reconocer que de alguna manera, en la sabidurĆa de Dios, el hecho de que algunos serĆ”n eternamente condenados muestra la justicia de Dios y esto da como resultado que su gloria se muestre a los objetos de su gracia.
A menos que pienses que no hay fundamentos para esta doctrina, escucha estos versĆculos en las Escrituras:
- Judas 4 dice: Ā«Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habĆan sido destinados para esta condenación, hombres impĆos, que⦠niegan a Dios el Ćŗnico soberano, y a nuestro SeƱor JesucristoĀ».
- En 1 Pedro 2:8, Pedro dice que los que rechazan el evangelio: «tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados».
- Proverbios 16:4 dice: Ā«Todas las cosas ha hecho JehovĆ” para sĆ mismo, y aun al impĆo para el dĆa maloĀ».
Pablo también alude a esta idea de la reprobación en Romanos 9:18-23, donde exhorta ante su audiencia que es completamente justo para Dios «hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra», y que es totalmente justo que Dios «[muestre] su ira y [haga] notorio su poder» al tratar con aquellos que son «vasos de ira» preparados para la destrucción.
Un gran estudio que hacer es observar no solo la existencia de la doctrina de la elección en las Escrituras, sino cómo los autores bĆblicos la perciben. Los autores de las Escrituras se regocijaron en esta doctrina como una seƱal del amor y la misericordia de Dios y de la gracia y la soberanĆa de Dios. Es por eso que debemos hablar sobre el amor electivo de Dios. Si nos escogió, entonces serĆ” fiel para ser no solo el autor de nuestra fe sino tambiĆ©n el consumador. Ā”Sabemos que Ć©l trabajarĆ” por el bien de aquellos de nosotros que le amamos, que somos llamados de acuerdo con su propósito salvador!
Entonces, si Dios ha escogido salvar a algunos, Āæpor quĆ© necesitamos evangelizar y comunicar el evangelio a los demĆ”s? (Comunicar el evangelio es el medio que Dios usa para atraer a los escogidos. Nuevamente, la elección no hace que el evangelismo sea inĆŗtil, sino esperanzador. Dios nos ordena que proclamemos a los demĆ”s el evangelio, lo que nos lleva a nuestro siguiente temaā¦).
Comentarios adicionales
¿La elección nos convierte en robots que no tienen opciones reales? Nuestras elecciones son voluntarias porque son lo que queremos y decidimos hacer. También tenemos verdadera responsabilidad por nuestras elecciones. Un supervisor a menudo dirige las acciones de sus empleados sin violar su libertad o responsabilidad. Lo mismo ocurre con Dios, pero en un sentido mÔs grande y mÔs perfecto. 1 Pedro 2:8 dice de los malvados: «tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados». Para los justos, podemos decir que «Dios nos hace escoger a Cristo voluntariamente»[2]. (Otros ejemplos son Faraón, José y sus hermanos, etc.).
ĀæCómo crece alguien en la fe? Bueno, una forma de hacerlo estĆ” en Romanos 10:17: Ā«La fe es por el oĆr, y el oĆr, por la palabra de DiosĀ». La fe no solo proviene inicialmente de la Palabra de Dios, sino que tambiĆ©n crece a medida que es alimentada por la Palabra de Dios.
Pregunta: Estoy de acuerdo en que debemos confiar en JesĆŗs para salvación porque es por medio de la fe que somos salvos, Āæpero no estĆ”s diciendo que una persona tambiĆ©n debe arrepentirse, es como decir que tambiĆ©n debemos trabajar para ser salvos porque estamos agregando algo para creer? DespuĆ©s de todo, he escuchado que el Evangelio de Juan, que es uno de los libros mĆ”s evangelĆsticos del Nuevo Testamento, solo habla a la gente que cree y no menciona el arrepentimiento, sino solo el creer.
- Cuando Jesús envió a los doce, Marcos 6:12 dice que predicaban que los hombres se arrepintiesen. En el mismo relato en Lucas 9:6 dice que salieron predicando el evangelio (Véase también Hechos 20:20-21). De hecho, en Lucas 3:13, Jesús dice que si no nos arrepentimos, pereceremos.
- Si bien el Evangelio de Juan puede no contener la palabra Ā«arrepentirseĀ», sĆ habla del arrepentimiento. Por ejemplo, en Juan 8:31-41, JesĆŗs le estĆ” hablando a los Ā«judĆos que habĆan creĆdo en Ć©lĀ», y establece un contraste entre los verdaderos seguidores que Ā«permanecen en su palabraĀ» y los que no lo hacen, que solo creen sin arrepentimiento. AdemĆ”s, en Juan 12:24-26, JesĆŗs habla del morir a nosotros mismos (es decir, arrepentimiento) para que podamos vivir para Dios y renunciar a la actitud de vivir para nosotros.
- El arrepentimiento y la fe, aunque son distintos entre sĆ, necesariamente se unen. No podemos tener verdadera fe en Cristo sin arrepentirnos de nuestro pecado. Lo mismo sucede con la fe y la esperanza: se distinguen, pero la fe nunca deja de tener esperanza. No podemos volvernos a Dios sin volvernos de nuestros pecados (es decir, sin arrepentirnos).
- ¿Cristo nos llama solo a dar nuestro consentimiento o hay algo mÔs a lo que él nos llama? La fe salvadora no es meramente intelectual. La justificación es solo por fe, pero no por una fe que estÔ sola.
- El efecto de no llamar a otros a arrepentirse en el llamado del evangelio es producir «hipócritas del evangelio», o aquellos a quienes se les ha dicho que son cristianos porque simplemente creen sin ningún compromiso hecho para seguir a Cristo.
Pregunta: ¿CuÔl es la Nueva Perspectiva acerca Pablo (NPP) y su comprensión de la justificación?
- La NPP sostiene que Pablo no estaba hablando del legalismo judĆo versus la fe cuando habla de la justificación. En cambio, la NPP dice que Pablo estaba hablando en contra de las tendencias etnocĆ©ntricas de los judĆos que argumentaban en contra de los cristianos gentiles el ser incluidos en el pacto. El problema con el judaĆsmo no era porque fuera legalista sino porque no era un cristianismo que aceptara a los gentiles. La ley judĆa no se mal utilizaba como un medio de autojustificación sino como un medio para excluir a los gentiles. Pablo no estaba hablando acerca de los problemas de la salvación de cómo uno es salvo, sino de los problemas de la membresĆa en la comunidad del pacto y cómo uno debe saber que estĆ”n en esa comunidad. Debido a que los judĆos pensaban que ellos eran el Ćŗnico pueblo del pacto, negaban que JesĆŗs fuera el MesĆas prometido que cumplió las promesas de salvación del Antiguo Testamento tanto para judĆos como para gentiles.
- El tĆ©rmino NPP vino de James Dunn, quien elaboró āāideas introducidas por E.P. Sanders. N.T. Wright ha retomado y escrito acerca de este enfoque para estudiar a Pablo.
- La NPP dice que los judĆos en la Ć©poca de Pablo estaban conscientes de la gracia y guardaron la ley por gratitud, como respuesta adecuada a la gracia. DespuĆ©s de todo, los judĆos se creĆan los reconocidos benefactores de la gracia del pacto de Dios (esto no es nada nuevo). Sin embargo, JesĆŗs constantemente mostró que los lĆderes judĆos no conocĆan a Dios (por ejemplo, Juan 8:47, Mateo 23:15) y se exaltaron a sĆ mismos y a su propia moralidad y no siguieron a Dios, y que este era el problema tal como lo es hoy, incluso entre los cristianos: es un problema universal. Sus corazones estaban llenos de autosuficiencia, como lo demuestra la parĆ”bola del fariseo y el recaudador de impuestos.
- La NPP dice que la justicia de Dios no significa la obediencia salvadora de Cristo que fue imputada al pecador para ser declarado justo. En cambio, la NPP dice, como en GĆ”latas, que no estar justificados por las obras de la ley significa no ser definidos como cristianos por la circuncisión, el guardar el dĆa de reposo u otras leyes ceremoniales. Si esto era todo de lo que Pablo estaba hablando, entonces la propia fidelidad puede contribuir a la justificación. La justificación se vuelve mĆ”s pequeƱa de lo que realmente implica. La NPP dice que nadie puede recibir la justicia de Cristo, es intransferible. Otro ejemplo de esto estĆ” en Romanos 3:20, donde dice: Ā«ya que por las obras de la ley ningĆŗn ser humano serĆ” justificado delante de Ć©lĀ». La NPP dirĆa que no podemos referirnos simplemente a Ā«las obrasĀ» como el problema, porque fueron las Ā«obras de la leyĀ», o la fidelidad a la TorĆ”, lo que separó a los judĆos de todos los pueblos. Mientras que las obras fueron colocadas en el contexto de guardar la TorĆ” (como era todo en ese momento), pero no era la TorĆ” lo que era el Ć©nfasis, sino el confiar en las propias obras para obtener justicia delante de Dios. Entonces, para la NPP, la justificación se trata mĆ”s de nuestras relaciones con otros creyentes que de nuestra relación con Dios. ResaltarĆa la insistencia de que todos los que comparten la fe en Cristo pertenecen a la misma mesa sin tener en cuenta las diferencias Ć©tnicas. La NPP dirĆa que la justificación tiene una referencia inicial y final. Al principio, somos salvos solo por gracia, pero debemos mantener nuestra relación del pacto mediante la obediencia. La justificación final se basarĆ” en parte en nuestra obediencia continua. Uno sube al cielo por gracia, pero uno se queda en el cielo por obediencia.
- La NPP sostiene que no podemos entender con precisión la Escritura del Nuevo Testamento sin entender el contexto en el que históricamente se encontraba. El texto queda relegado al contexto histórico. Sin embargo, la forma mÔs clara de entender la «justificación» es leer al autor y el contexto en el éste que lo usa.
- Según la NPP, el evangelio no consiste en llamar a los pecadores a buscar la salvación a través de la fe en Cristo, sino de llevar las promesas de Dios a todas las personas a través de la fe en Cristo.
- Mientras que la NPP busca cambiar el Ć©nfasis de los argumentos de Pablo (y de las Escrituras), podemos ver claramente en varios textos por quĆ© se estĆ” argumentando contra la autojustificación (ya sea en un contexto judĆo o en otro). En GĆ”latas 3:3, Pablo muestra que estĆ” escribiendo en contra de aquellos que tratan de obtener el EspĆritu por sus propias obras, la justicia. AdemĆ”s, en Romanos 5:12-21, Pablo muestra claramente que la justificación es hablarle al pecado (v.16, 18) y que la imputación de la justicia de Cristo es necesaria para obtener justificación delante de Dios.
Pregunta: ¿Qué significa para nosotros la doctrina de la justificación a través de la aplicación? Significa que 1) estamos libres de esfuerzos infructuosos para tratar de salvarnos por nuestra propia bondad; 2) somos libres de considerar a los demÔs de la misma manera en que Dios considera a sus hijos y de amarlos y perdonarlos en sus propios defectos; 3) el evangelio es aplicable para las misiones a todos en todo el mundo porque todos los hombres de todas las razas estÔn en AdÔn y su pecado; 4) confiar en la justicia de Cristo nos previene de la desesperación en nuestra posición con Dios; y 5) Cristo debe ser exaltado y honrado en nuestras vidas como el que proporcionó la justicia perfecta para nosotros.
Pregunta: Las Escrituras dicen que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. ¿Significa esto que nuestra fe es lo que Dios considera justo? No. La justicia que se recibe es la justicia de Cristo (una justicia externa) asegurada en su obediencia hasta la muerte en la cruz. Obtenemos esta justicia confiando en él y no dependiendo de nosotros mismos y de nuestras propias obras. 2 Corintios 5:21 dice: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». Dios hizo que el que no tuvo pecado, haya pecado por nosotros, para que en él seamos justicia de Dios. En Romanos 5:12-19, Pablo muestra claramente que a través de Jesús los hombres reciben la justicia asà como en AdÔn los hombres recibieron el juicio.
[1] W. Grudem, TeologĆa SistemĆ”tica, p. 685.
[2] W. Grudem, TeologĆa SistemĆ”tica, p. 680.