9 – Enemigos de la Palabra

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

9 – Enemigos de la Palabra

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 1

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 19/26

El plan de redención – Parte 1

  1. Introducción: El problema de la salvación

En las últimas semanas, hemos estudiado a Dios, principalmente a la persona del Espíritu Santo. El día de hoy, comenzamos una encuesta acerca de cómo Dios trabajó desde la eternidad pasada y trabaja en la eternidad futura para reconciliar a un pueblo elegido con él a través de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Pero primero quiero hablar de una palabra común: «salvación».

La palabra Ā«salvaciónĀ» en sĆ­ plantea un problema en nuestra cultura posmoderna, una cultura que dice que la verdad es relativa. ĀæCuĆ”l es el problema? Bueno, la salvación supone que tenemos una situación difĆ­cil. Supone que necesitamos ser salvados. ĀæPero salvados de quĆ©? ĀæSalvados para quĆ©? ĀæSalvados por quiĆ©n?

Nuestra cultura ha perdido el vocabulario de palabras como Ā«pecadoĀ» y Ā«santidadĀ». En nuestra cultura terapĆ©utica, Ā«el pecadoĀ» ya no se define por quiĆ©nes somos aquĆ­ [en el corazón], sino mĆ”s bien por los errores e injusticias que se han cometido contra nosotros afuera. No hay verdaderos conspiradores, solo vĆ­ctimas.

Nuestro problema fundamental, dice nuestra cultura, no es la presunción espiritual, sino la baja autoestima. Pero Ć©sta es la esencia del orgullo. Nuestra cultura les dice a todos que se expresen; que se recompensen… pero, ĀæquĆ© dice el SeƱor? Ɖl nos llama a negarnos a nosotros mismos, no a abandonar a Dios para encontrar en nosotros mismos lo que una vez encontramos en Dios y solo podemos encontrar en Ć©l.

Esa clase de abandono yace en el corazón de ese primer pecado en el huerto, el deseo de no vivir para Dios sino ser Dios. En EdĆ©n, nuestros primeros padres trataron de quitarle a Dios su trabajo, y nosotros lo hacemos todo el tiempo. Con demasiada frecuencia no nos vemos como criaturas dependientes. En cambio, nos vemos a nosotros mismos como los autores de nuestra propia existencia, los jueces de nuestros propios valores y los dueƱos de nuestros propios destinos. AsĆ­ como el pecado se ha desvanecido, tambiĆ©n lo ha hecho Dios de nuestra conciencia.

No es sino hasta que captamos las profundidades de nuestra depravación, de nuestro pecado, no es sino hasta que entendemos el mal que reside aquí (en el corazón) que podemos entender correctamente que necesitamos ser salvados no solo de nosotros mismos, sino de Dios. Y ese remedio para la salvación no estÔ en nosotros, sino fuera de nosotros.

Me gusta la forma en que Spurgeon lo expresó, Ć©l dijo: Ā«El que no piensa seriamente acerca del pecado, no pensarĆ” seriamente acerca del salvador»… Mi deseo es que podamos ser los que piensan profundamente acerca de la salvación porque entendemos lo que la Biblia dice acerca de nosotros: que somos pecadores y necesitamos ser salvados.

  1. El orden de la salvación

Entonces, ¿cómo se da la salvación? ¿Qué sucede realmente cuando alguien es salvo? Estamos en el punto dos en tu folleto: El orden de la salvación.

En las clases anteriores, hablamos acerca del hecho de que todos hemos pecado y merecemos el castigo eterno de Dios. Sin embargo, al morir obedientemente en la cruz, Cristo logró la redención de su pueblo. Con Ā«redenciónĀ» me refiero a que Cristo pagó el precio para comprarnos de nuestra esclavitud al pecado; cuando alguien redime algo, como en una casa de empeƱo, la persona debe pagar un precio para recuperar lo que le pertenece. Cristo, a travĆ©s de su obra en la cruz, ganó nuestra salvación…

Hoy, veremos la forma en que Dios aplica esa salvación a las vidas individuales.

A lo largo de las próximas cuatro clases veremos que Ā«la salvación es del SeƱorĀ». Dios no solo logró algo en la cruz; Ć©l tambiĆ©n aplica los beneficios de la cruz a personas individuales.

De manera que cuando la Biblia habla de la salvación, no habla de un «acto simple e indivisible». Al contrario, habla de la salvación que comprende una «serie de actos y procesos». La Escritura habla de la salvación en el pasado, presente y futuro. Los cristianos han sido salvos (Efesios 2:8), estÔn siendo salvos (1 Corintios 1:18), y serÔn completamente salvos algún día de las consecuencias del pecado (Romanos 5:9).

Dado que la aplicación de la redención no es una acción única, sino mÔs bien una serie de actos y procesos, no debería sorprendernos que siga un orden determinado y distinto con una disposición de varios pasos. Sin embargo, ningún versículo de la Escritura menciona cada acto o proceso en este «orden de la salvación».

En cambio, una comparación cuidadosa de varios pasajes del Nuevo Testamento nos da un marco para el orden de la salvación. [Eso es lo que hace la teología sistemÔtica: ver toda la Biblia para ver lo que ella dice respecto a un tema o pregunta].

Considera Romanos 8:29-30, por ejemplo: Ā«Porque a los que antes [Dios] conoció, tambiĆ©n los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Ć©l sea el primogĆ©nito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a Ć©stos tambiĆ©n llamó; y a los que llamó, a Ć©stos tambiĆ©n justificó; y a los que justificó, a Ć©stos tambiĆ©n glorificó».

Así que vemos que la predestinación precede al llamado, que precede a la justificación, que a su vez precede a la glorificación. Esto tiene sentido, ¿no? Dios no podía, por ejemplo, glorificar a un pecador que no había sido justificado, ¿o no? Hay un orden lógico de cómo se aplica la salvación a las personas.

Bueno, el orden de la salvación que consideraremos en las próximas semanas es el siguiente [esto estÔ en la parte delantera de tu folleto]:

  • La elección (Dios escoge las personas que serĆ”n salvas)
  • El llamado del evangelio (proclamar/escuchar el mensaje del evangelio)
  • La regeneración (nacer de nuevo)
  • La conversión (fe y arrepentimiento)
  • La justificación (posición legal correcta; la justicia de Cristo es imputada)
  • La adopción (membrecĆ­a en la familia de Dios)
  • La santificación (crecimiento en obediencia y conocimiento; mayor conformidad con Cristo)
  • La perseverancia (continuar en la fe; permanecer en Cristo)
  • La muerte (estar con el SeƱor)
  • La glorificación (recibir un cuerpo resucitado)

Deberíamos observar que algunos de los aspectos de la salvación dependen completamente de Dios (como la elección). Otros, como la conversión, requieren de la actividad humana junto con la actividad de Dios. El arrepentimiento y la fe son dones a los que debemos responder (2 Ti. 2:25).

AdemĆ”s, ten en cuenta que este orden de la salvación no es estrictamente cronológico: sabes que esto sucede, entonces eso sucede. Por ejemplo, en el momento en que realmente nos arrepentimos y ponemos nuestra confianza en Cristo, Dios nos justifica y nos adopta, y comienza el proceso de santificación. No todo sucede a la vez, claro estĆ”, obviamente somos regenerados antes de ser glorificados. Pero principalmente, el orden de salvación es uno de orden lógico mĆ”s que un orden cronológico.

El día de hoy, intentaremos cubrir el proceso inicial de la salvación mirando las doctrinas de la elección, el llamado y la regeneración. Y abordaremos el resto durante las próximas tres semanas. Así que aquí vamos, punto 3: Doctrina de la elección/predestinación.

  1. La doctrina de la elección/predestinación

La primera sección con la que debemos  empezar es la elección de Dios. Como dijimos antes, la salvación comienza con Dios. Si te fijas en tu folleto, definimos la elección como: Ā«un acto de Dios antes de la creación en el que Ć©l escoge que algunas personas sean salvas, no a causa de ningĆŗn mĆ©rito previsto en ellas, sino solo por su beneplĆ”cito y soberano placerĀ».

En otras palabras, Dios escogió salvar a un nĆŗmero especĆ­fico y definido de personas. Ɖl garantizó su salvación, ganó en la cruz por JesĆŗs, y otorgó los beneficios de la muerte y resurrección de JesĆŗs a sus vidas.

Si dependiera del hombre, todos permanecerĆ­amos para siempre en nuestros pecado, porque tal como estĆ” escrito: Ā«No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a DiosĀ» (Romanos 3:10).

Solo un poderoso acto sobrenatural por parte de Dios puede rescatar a los pecadores en esta condición. Si van a ser rescatados, Dios debe tomar la iniciativa, y esto es precisamente lo que Dios hace. Ɖl soberanamente saca a un hombre del reino de SatanĆ”s y lo coloca en el reino de Cristo (Col. 1:13).

Esta doctrina de la elección o predestinación, como a veces es llamada por los apóstoles, estÔ claramente expuesta en las Escrituras; los escogidos son referidos al menos 25 veces en el Nuevo Testamento. Así que veamos la Biblia, porque queremos ver las cosas por nosotros mismos en las Escrituras.

Entonces, Lucas escribe en Hechos 13:48 acerca de Pablo y BernabĆ© predicando a los gentiles en AntioquĆ­a. Ɖl dice que cuando los gentiles escucharon el mensaje: Ā«se regocijaban y glorificaban la palabra del SeƱor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eternaĀ». AquĆ­ vemos que los escogidos de Dios son los que creen en el evangelio.

Efesios 1:4-5 dice: Ā«SegĆŗn nos escogió en Ć©l antes de la fundación del mundo, para que fuĆ©semos santos y sin mancha delante de Ć©l, en amor habiĆ©ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segĆŗn el puro afecto de su voluntadĀ».

Pablo en 1 Tesalonicenses 1:4-5 dice: Ā«Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino tambiĆ©n en poder, en el EspĆ­ritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabĆ©is cuĆ”les fuimos entre vosotros por amor de vosotrosĀ». Pablo sabe que estos cristianos de Tesalónica son escogidos de Dios porque tienen fe en el evangelio. 

La implicación, por supuesto, es que el amor electivo de Dios debe dirigirse hacia un individuo antes de que sea posible una respuesta de fe salvadora. Escribiendo a esa misma iglesia, Pablo escribe mĆ”s tarde: Ā«Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el SeƱor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvaciónĀ» (2 Tesalonicenses 2:13).

La elección de Dios de salvar a ciertos individuos descansa Ćŗnicamente en su voluntad soberana. Es una elección incondicional. No hacemos nada para merecerla. Su elección de salvar a pecadores particulares no se basó en ninguna respuesta u obediencia prevista de su parte, como la fe y el arrepentimiento.

Por el contrario, Dios da fe y arrepentimiento a cada individuo que escoge. Cualquier acto de obediencia como la fe y el arrepentimiento son el resultado, y no la causa de la elección de Dios.

Nunca encontrarĆ”s en las Escrituras que nuestra fe fue la razón por la que Dios nos escogió. La salvación es completamente por gracia. Por tanto, la elección de Dios del pecador, no la elección de Cristo por parte del pecador, es la gran causa de la salvación. Amamos porque Dios nos amó primero… elegimos a Dios porque Ć©l nos escogió primero.

TambiĆ©n vemos elecciones incondicionales en el Antiguo Testamento. Recuerda, estamos viendo toda la Biblia para este tema. En Deuteronomio 7:7-8, Dios claramente expone la razón por la cual escogió soberanamente a Israel para ser su pueblo elegido: Ā«No por ser vosotros mĆ”s que todos los pueblos os ha querido JehovĆ” y os ha escogido, pues vosotros erais el mĆ”s insignificante de todos los pueblos;  sino por cuanto JehovĆ” os amó…».

El propósito de Dios en la elección de Israel no estaba basado en el pueblo. Estaba basado en Dios. Y observa que estaba basado en el amor de Dios.

Dios estĆ” diciendo: Ā«Te escogĆ­ porque te amabaĀ». PodrĆ­amos detenernos allĆ­ hoy, Āæno? Recuerdo que una vez un mentor mĆ­o estaba hablando de una ocasión en que su esposa le preguntó por quĆ© la amaba. Y aunque tenĆ­a un millón de razones, simplemente dijo: Ā«CariƱo, te amo… porque te amoĀ». Eso es lo que le pasa a Dios, no podemos conocer su mente mĆ”s allĆ” de lo que Ć©l revela en su Palabra. AsĆ­ que debes saber que si estĆ”s en Cristo, Dios te escogió porque te amaba. ĀæPor quĆ© te ama? Porque te ama.

En el Nuevo Testamento vemos que la elección no se explica en ninguna parte mÔs claramente que en Romanos, capítulo 9, versículos 10-16. Dice:

Ā«Y no sólo esto, sino tambiĆ©n cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre  (pues no habĆ­an aĆŗn nacido, ni habĆ­an hecho aĆŗn ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),  se le dijo: El mayor servirĆ” al menor. Como estĆ” escrito: A Jacob amĆ©, mas a EsaĆŗ aborrecĆ­. ĀæQuĆ©, pues, diremos? ĀæQue hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a MoisĆ©s dice: TendrĆ© misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadecerĆ© del que yo me compadezca. AsĆ­ que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordiaĀ»

¿«A EsaĆŗ aborrecĆ­Ā»? Ā”QuĆ© fuerte! Suena injusto. Sin embargo, cuando hacemos la pregunta que Pablo hace: «¿Hay injusticia en Dios?Ā», debemos decir: «”No, en lo absoluto!Ā». Dios pudo haber dicho con toda razón: Ā«Aborrezco a EsaĆŗ a JacobĀ». Si miras la vida de Jacob en GĆ©nesis, especialmente durante sus primeros aƱos, verĆ”s que su comportamiento es detestable: es un traidor, mentiroso e intrigante. La pregunta difĆ­cil no es cómo puede Dios aborrecer a EsaĆŗ, sino cómo puede amar justificadamente a Jacob, un pecador.

El verdadero misterio no es: «¿por quĆ© Dios solo salvarĆ­a a algunos?Ā», sino: «¿por quĆ© Ć©l salvarĆ­a a alguno de nosotros?Ā» Todos merecemos la condenación eterna, pero en su amor y misericordia, Dios planeó salvar a algunos de nosotros.

Observa en este pasaje que el propósito de Dios en la elección se lleva a cabo incluso antes de que nazcan Jacob o Esaú, antes de haber hecho ellos algo bueno o malo.

La elección de Dios no estaba condicionada a sus acciones, sino a la voluntad soberana de Dios. Para nosotros es difĆ­cil lidiar con esto, pero me gusta la forma en que Thabiti Anyabwile lo expresa: Ā«Dios no se avergüenza de su ira, ni nosotros deberĆ­amos estarlo»…

AdemÔs, una objeción común a la doctrina de la elección que a menudo es manifestada es que la elección significa que los incrédulos nunca tienen la oportunidad de creer. Pero la Biblia no apoya esta objeción.

Cuando las personas rechazan a JesĆŗs, Ć©l siempre echa la culpa a su decisión voluntaria de rechazarlo, no a algo decretado por Dios. En Juan 5:40, JesĆŗs dice: Ā«no querĆ©is venir a mĆ­ para que tengĆ”is vidaĀ».

Este es el patrón consistente en las Escrituras: las personas que permanecen en la incredulidad lo hacen porque no estÔn dispuestas a acercarse a Dios, y la culpa de tal incredulidad siempre recae en los incrédulos, nunca en Dios.

[ĀæQuĆ© significa para nosotros prĆ”cticamente que Dios escoge a algunos para ser salvos? (Es un consuelo, Romanos 8 muestra que Dios siempre actĆŗa por el bien de aquellos a quienes llamó; Nos da humildad y un corazón agradecido, la salvación no se encuentra en nosotros; Hace que el evangelismo sea esperanzador, en Hechos 18, el SeƱor le dice a Pablo en una visión que se quede en Corinto y continĆŗe predicando porque: Ā«[Tiene] mucho pueblo en esta ciudadĀ»)].

Debido a que la elección es tan crucial pasamos mucho tiempo en ella; ahora bien, avancemos mÔs rÔpidamente en nuestros próximos dos acontecimientos en el orden de la salvación.

  1. La invitación del evangelio

Hemos establecido el hecho de que nuestra salvación comienza con nuestra elección por parte de Dios. Ahora debemos tratar de entender cómo se lleva a cabo esta salvación, y así llegamos a lo que se conoce como la invitación del evangelio; este es el punto número dos en el orden de salvación.

Sin la invitación del evangelio, o el llamado del evangelio, nadie serĆ­a salvo. Ā«ĀæY cómo creerĆ”n [los hombres] en aquel de quien no han oĆ­do?Ā» (Romanos 10:14). Pablo le dice a los tesalonicenses que Dios los llamó a la salvación a travĆ©s del evangelio (2 Tesalonicenses 2:14). Sin embargo, es importante notar que el llamado del evangelio es un llamado con dos aspectos diferentes.

Mientras que un llamado evangelizador externo y general va dirigido a todos los hombres, algo que algunos rechazan… un llamado interno mĆ”s fuerte y mĆ”s efectivo es dado por nuestro Dios soberano, quien convoca a las personas de manera que siempre responden con fe salvadora a travĆ©s de la obra del EspĆ­ritu Santo.

Romanos 8:29 dice que aquellos a quienes Dios predestinó, Ć©l tambiĆ©n llamó. Como podemos ver, este llamado es un llamamiento eficaz y es un acto de Dios que garantiza una respuesta porque, como dice Pablo, los que fueron llamados tambiĆ©n fueron justificados y glorificados. Dios llama a los hombres Ā«de las tinieblas a su luz admirableĀ» (2 Pedro 2:9).

Debemos llamar a todos a arrepentirse de sus pecados y confiar en Cristo. Pero tambiĆ©n debemos ser conscientes de que no todos responderĆ”n al evangelio. Como dijo JesĆŗs: Ā«muchos son llamados, y pocos escogidosĀ».

Solo Dios puede llamarnos efectivamente. En Juan 6:44, JesĆŗs dice: Ā«Ninguno puede venir a mĆ­, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitarĆ© en el dĆ­a postreroĀ». En el versĆ­culo 65 de ese mismo capĆ­tulo, repite esta enseƱanza: Ā«Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mĆ­, si no le fuere dado del PadreĀ». Aquellos de nosotros que somos cristianos hemos sido llamados a serlo. Hemos recibido oĆ­dos para escuchar y ojos para ver la luz del evangelio.

Sabemos que hemos sido escogidos y llamados por Dios si hemos creĆ­do en Dios, nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos confiado en el SeƱor Jesucristo. Esto es lo que Pedro quiere decir cuando le dice a los escogidos de Dios: Ā«Por lo cual, hermanos, tanto mĆ”s procurad hacer firme vuestra vocación y elecciónĀ» (2 Pedro 1:10). Hacemos esto al examinar nuestras vidas y ver si reflejan la enseƱanza bĆ­blica de una respuesta fiel al evangelio.

Avancemos al punto 5, la regeneración.

  1. La regeneración

Hemos hablado de esto en nuestras clases acerca del Espíritu Santo, pero ¿cuÔndo se considera que el hombre ha sido regenerado? ¿Antes o después de escuchar el evangelio?

Bueno, sabemos por las Escrituras que la regeneración viene antes de que podamos responder al evangelio con fe salvadora. Sin embargo, es difícil determinar el momento exacto en el que una persona escucha la proclamación del evangelio y es regenerada. ”Así que no te preocupes si no sabes la hora!

Sin embargo, debemos decir que la predicación del evangelio generalmente coincide con la regeneración del hombre. Al menos esto es lo que sucedió en la casa de Cornelio en Hechos 10. Mientras Pedro todavĆ­a estaba hablando el evangelio, el EspĆ­ritu Santo vino sobre todos los que escucharon el mensaje.

La regeneración es un acontecimiento instantÔneo en el que el Espíritu Santo obra en nosotros y nos permite tener fe y seguir a Cristo. Luego sigue la conversión y la justificación, que veremos la próxima semana, si Dios quiere.

¿Recuerdas antes cómo hablamos acerca de cómo algunos eventos en la salvación dependen completamente de Dios? Bueno, la regeneración es uno de ellos. El hombre es completamente pasivo en su propia regeneración. No puede darse a sí mismo vida física, ni puede darse a sí mismo vida espiritual. Sería como un cuerpo en la morgue tratando de darse RCP, simplemente no funciona.

La regeneración es la obra del Espíritu Santo. Y cuando la gente habla acerca de «nacer de nuevo», lo que realmente dicen es que han sido regenerados, porque eso es lo que significa. La regeneración es otra forma de decir «nacer de nuevo».

Vemos la regeneración en el Antiguo Testamento. En Ezequiel 36:26-27, cuando Dios hace promesas sobre lo que harĆ” por su pueblo, dice: Ā«Os darĆ© corazón nuevo, y pondrĆ© espĆ­ritu nuevo dentro de vosotros; y quitarĆ© de vuestra carne el corazón de piedra, y os darĆ© un corazón de carne. Y pondrĆ© dentro de vosotros mi EspĆ­ritu, y harĆ© que andĆ©is en mis estatutos, y guardĆ©is mis preceptos, y los pongĆ”is por obraĀ». Observa que es Dios quien estĆ” actuando. Ā«Haré» estas cosas, dice.

Vemos la regeneración en el Nuevo Testamento. Juan 1:13 dice que los cristianos Ā«no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de DiosĀ». Es Dios quien debe dar ese primer paso para darnos la capacidad de arrepentirnos y creer.

Es muy importante que entendamos esto. Necesitamos ser regenerados primero antes de que podamos producir fe salvadora. Muchos cristianos bien intencionados dicen que si crees en Cristo como tu Salvador, entonces nacerĆ”s de nuevo, despuĆ©s de que creas. Pero las Escrituras NO dicen esto.

Por ejemplo, en Hechos 16:14, Lucas dice de Lidia: Ā«El SeƱor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decĆ­aĀ». Primero, Dios abrió su corazón, luego ella pudo responder con fe. Puede ser solo por una mĆ­nima fracción de segundo, pero la regeneración precede a la fe.

No podemos tener un corazón suave y oídos para escuchar hasta que Dios nos los dé. Piénsalo de esta manera: antes de que tu corazón pueda tomar una decisión, primero tiene que tener pulso. La regeneración es el desfibrilador espiritual que hace latir el corazón antes de que pueda hacer cualquier cosa, como creer en Dios.

La regeneración siempre produce frutos en la vida cristiana, y la verdadera regeneración se evidenciarĆ” en una vida transformada.

Todo lo que hablamos hoy, la elección, el llamado del evangelio, la regeneración… todo el camino hasta nuestra glorificación, es un paquete. Dios no puede fallar en la salvación. Nuestra redención estĆ” escrita y perfectamente completa por Ɖl.

La regeneración crea en nosotros un estado de corazón y espĆ­ritu que nos hace apartarnos de nuestro pecado y comprometernos con Cristo en la fe. Ā«Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en Ć©l; y no puede pecar, porque es nacido de DiosĀ» (1 Juan 3:9). Hay mĆ”s textos como Juan 3 y la historia de Nicodemo que podrĆ­amos debatir, pero permĆ­teme detenerme aquĆ­.

Oremos.

APƉNDICE A

Doctrina de la reprobación

Si Dios soberanamente escoge salvar a algunos, eso necesariamente significa que no todos son escogidos. Algunos necesariamente perecerÔn. Esta es la doctrina de la reprobación.

La reprobación puede definirse como: Ā«la decisión soberana de Dios antes de la creación de pasar por alto a algunas personas, decidir no salvarlas y castigarlas por sus pecados, y asĆ­ manifestar su justiciaĀ».

¿Escuchar esto te enoja? ¿Quieres objetar? ¿Crees que esta doctrina simplemente no puede ser verdad de un Dios amoroso? Si respondes que sí, entonces no estÔs solo. Esto es algo con lo que mucha gente lucha.

«El amor que Dios nos da por nuestros semejantes y el amor que nos ordena que tengamos hacia nuestro prójimo nos hace retroceder en contra de esta doctrina, y es justo que tengamos miedo al contemplarla. Es algo en lo que no querríamos creer, y no lo creeríamos, a menos que las Escrituras lo enseñen claramente»[1]. Sin embargo, las Escrituras sí lo enseñan, así que tenemos la responsabilidad de creerlo, conocerlo y reconocer que de alguna manera, en la sabiduría de Dios, el hecho de que algunos serÔn eternamente condenados muestra la justicia de Dios y esto da como resultado que su gloria se muestre a los objetos de su gracia.

A menos que pienses que no hay fundamentos para esta doctrina, escucha estos versĆ­culos en las Escrituras:

  • Judas 4 dice: Ā«Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habĆ­an sido destinados para esta condenación, hombres impĆ­os, que… niegan a Dios el Ćŗnico soberano, y a nuestro SeƱor JesucristoĀ».
  • En 1 Pedro 2:8, Pedro dice que los que rechazan el evangelio: Ā«tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron tambiĆ©n destinadosĀ».
  • Proverbios 16:4 dice: Ā«Todas las cosas ha hecho JehovĆ” para sĆ­ mismo, y aun al impĆ­o para el dĆ­a maloĀ».

Pablo tambiĆ©n alude a esta idea de la reprobación en Romanos 9:18-23, donde exhorta ante su audiencia que es completamente justo para Dios Ā«hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonraĀ», y que es totalmente justo que Dios Ā«[muestre] su ira y [haga] notorio su poderĀ» al tratar con aquellos que son  Ā«vasos de iraĀ» preparados para la destrucción.

Un gran estudio que hacer es observar no solo la existencia de la doctrina de la elección en las Escrituras, sino cómo los autores bíblicos la perciben. Los autores de las Escrituras se regocijaron en esta doctrina como una señal del amor y la misericordia de Dios y de la gracia y la soberanía de Dios. Es por eso que debemos hablar sobre el amor electivo de Dios. Si nos escogió, entonces serÔ fiel para ser no solo el autor de nuestra fe sino también el consumador. ”Sabemos que él trabajarÔ por el bien de aquellos de nosotros que le amamos, que somos llamados de acuerdo con su propósito salvador!

Entonces, si Dios ha escogido salvar a algunos, Āæpor quĆ© necesitamos evangelizar y comunicar el evangelio a los demĆ”s? (Comunicar el evangelio es el medio que Dios usa para atraer a los escogidos. Nuevamente, la elección no hace que el evangelismo sea inĆŗtil, sino esperanzador. Dios nos ordena que proclamemos a los demĆ”s el evangelio, lo que nos lleva a nuestro siguiente tema…).

Comentarios adicionales

ĀæLa elección nos convierte en robots que no tienen opciones reales? Nuestras elecciones son voluntarias porque son lo que queremos y decidimos hacer. TambiĆ©n tenemos verdadera responsabilidad por nuestras elecciones. Un supervisor a menudo dirige las acciones de sus empleados sin violar su libertad o responsabilidad. Lo mismo ocurre con Dios, pero en un sentido mĆ”s grande y mĆ”s perfecto. 1 Pedro 2:8 dice de los malvados: Ā«tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron tambiĆ©n destinadosĀ». Para los justos, podemos decir que Ā«Dios nos hace escoger a Cristo voluntariamenteĀ»[2](Otros ejemplos son Faraón, JosĆ© y sus hermanos, etc.).

ĀæCómo crece alguien en la fe? Bueno, una forma de hacerlo estĆ” en Romanos 10:17Ā«La fe es por el oĆ­r, y el oĆ­r, por la palabra de DiosĀ». La fe no solo proviene inicialmente de la Palabra de Dios, sino que tambiĆ©n crece a medida que es alimentada por la Palabra de Dios.

Pregunta: Estoy de acuerdo en que debemos confiar en Jesús para salvación porque es por medio de la fe que somos salvos, ¿pero no estÔs diciendo que una persona también debe arrepentirse, es como decir que también debemos trabajar para ser salvos porque estamos agregando algo para creer? Después de todo, he escuchado que el Evangelio de Juan, que es uno de los libros mÔs evangelísticos del Nuevo Testamento, solo habla a la gente que cree y no menciona el arrepentimiento, sino solo el creer.

  • Cuando JesĆŗs envió a los doce, Marcos 6:12 dice que predicaban que los hombres se arrepintiesen. En el mismo relato en Lucas 9:6 dice que salieron predicando el evangelio (VĆ©ase tambiĆ©n Hechos 20:20-21). De hecho, en Lucas 3:13, JesĆŗs dice que si no nos arrepentimos, pereceremos.
  • Si bien el Evangelio de Juan puede no contener la palabra Ā«arrepentirseĀ», sĆ­ habla del arrepentimiento. Por ejemplo, en Juan 8:31-41, JesĆŗs le estĆ” hablando a los Ā«judĆ­os que habĆ­an creĆ­do en Ć©lĀ», y establece un contraste entre los verdaderos seguidores que Ā«permanecen en su palabraĀ» y los que no lo hacen, que solo creen sin arrepentimiento. AdemĆ”s, en Juan 12:24-26, JesĆŗs habla del morir a nosotros mismos (es decir, arrepentimiento) para que podamos vivir para Dios y renunciar a la actitud de vivir para nosotros.
  • El arrepentimiento y la fe, aunque son distintos entre sĆ­, necesariamente se unen. No podemos tener verdadera fe en Cristo sin arrepentirnos de nuestro pecado. Lo mismo sucede con la fe y la esperanza: se distinguen, pero la fe nunca deja de tener esperanza. No podemos volvernos a Dios sin volvernos de nuestros pecados (es decir, sin arrepentirnos).
  • ĀæCristo nos llama solo a dar nuestro consentimiento o hay algo mĆ”s a lo que Ć©l nos llama? La fe salvadora no es meramente intelectual. La justificación es solo por fe, pero no por una fe que estĆ” sola.
  • El efecto de no llamar a otros a arrepentirse en el llamado del evangelio es producir Ā«hipócritas del evangelioĀ», o aquellos a quienes se les ha dicho que son cristianos porque simplemente creen sin ningĆŗn compromiso hecho para seguir a Cristo.

Pregunta: ¿CuÔl es la Nueva Perspectiva acerca Pablo (NPP) y su comprensión de la justificación?

  • La NPP sostiene que Pablo no estaba hablando del legalismo judĆ­o versus la fe cuando habla de la justificación. En cambio, la NPP dice que Pablo estaba hablando en contra de las tendencias etnocĆ©ntricas de los judĆ­os que argumentaban en contra de los cristianos gentiles el ser incluidos en el pacto. El problema con el judaĆ­smo no era porque fuera legalista sino porque no era un cristianismo que aceptara a los gentiles. La ley judĆ­a no se mal utilizaba como un medio de autojustificación sino como un medio para excluir a los gentiles. Pablo no estaba hablando acerca de los problemas de la salvación de cómo uno es salvo, sino de los problemas de la membresĆ­a en la comunidad del pacto y cómo uno debe saber que estĆ”n en esa comunidad. Debido a que los judĆ­os pensaban que ellos eran el Ćŗnico pueblo del pacto, negaban que JesĆŗs fuera el MesĆ­as prometido que cumplió las promesas de salvación del Antiguo Testamento tanto para judĆ­os como para gentiles.
  • El tĆ©rmino NPP vino de James Dunn, quien elaboró ​​ideas introducidas por E.P. Sanders. N.T. Wright ha retomado y escrito acerca de este enfoque para estudiar a Pablo.
  • La NPP dice que los judĆ­os en la Ć©poca de Pablo estaban conscientes de la gracia y guardaron la ley por gratitud, como respuesta adecuada a la gracia. DespuĆ©s de todo, los judĆ­os se creĆ­an los reconocidos benefactores de la gracia del pacto de Dios (esto no es nada nuevo). Sin embargo, JesĆŗs constantemente mostró que los lĆ­deres judĆ­os no conocĆ­an a Dios (por ejemplo, Juan 8:47Mateo 23:15) y se exaltaron a sĆ­ mismos y a su propia moralidad y no siguieron a Dios, y que este era el problema tal como lo es hoy, incluso entre los cristianos: es un problema universal. Sus corazones estaban llenos de autosuficiencia, como lo demuestra la parĆ”bola del fariseo y el recaudador de impuestos.
  • La NPP dice que la justicia de Dios no significa la obediencia salvadora de Cristo que fue imputada al pecador para ser declarado justo. En cambio, la NPP dice, como en GĆ”latas, que no estar justificados por las obras de la ley significa no ser definidos como cristianos por la circuncisión, el guardar el dĆ­a de reposo u otras leyes ceremoniales. Si esto era todo de lo que Pablo estaba hablando, entonces la propia fidelidad puede contribuir a la justificación. La justificación se vuelve mĆ”s pequeƱa de lo que realmente implica. La NPP dice que nadie puede recibir la justicia de Cristo, es intransferible. Otro ejemplo de esto estĆ” en Romanos 3:20, donde dice: Ā«ya que por las obras de la ley ningĆŗn ser humano serĆ” justificado delante de Ć©lĀ». La NPP dirĆ­a que no podemos referirnos simplemente a Ā«las obrasĀ» como el problema, porque fueron las Ā«obras de la leyĀ», o la fidelidad a la TorĆ”, lo que separó a los judĆ­os de todos los pueblos. Mientras que las obras fueron colocadas en el contexto de guardar la TorĆ” (como era todo en ese momento), pero no era la TorĆ” lo que era el Ć©nfasis, sino el confiar en las propias obras para obtener justicia delante de Dios. Entonces, para la NPP, la justificación se trata mĆ”s de nuestras relaciones con otros creyentes que de nuestra relación con Dios. ResaltarĆ­a la insistencia de que todos los que comparten la fe en Cristo pertenecen a la misma mesa sin tener en cuenta las diferencias Ć©tnicas. La NPP dirĆ­a que la justificación tiene una referencia inicial y final. Al principio, somos salvos solo por gracia, pero debemos mantener nuestra relación del pacto mediante la obediencia. La justificación final se basarĆ” en parte en nuestra obediencia continua. Uno sube al cielo por gracia, pero uno se queda en el cielo por obediencia.
  • La NPP sostiene que no podemos entender con precisión la Escritura del Nuevo Testamento sin entender el contexto en el que históricamente se encontraba. El texto queda relegado al contexto histórico. Sin embargo, la forma mĆ”s clara de entender la Ā«justificaciónĀ» es leer al autor y el contexto en el Ć©ste que lo usa.
  • SegĆŗn la NPP, el evangelio no consiste en llamar a los pecadores a buscar la salvación a travĆ©s de la fe en Cristo, sino de llevar las promesas de Dios a todas las personas a travĆ©s de la fe en Cristo.
  • Mientras que la NPP busca cambiar el Ć©nfasis de los argumentos de Pablo (y de las Escrituras), podemos ver claramente en varios textos por quĆ© se estĆ” argumentando contra la autojustificación (ya sea en un contexto judĆ­o o en otro). En GĆ”latas 3:3, Pablo muestra que estĆ” escribiendo en contra de aquellos que tratan de obtener el EspĆ­ritu por sus propias obras, la justicia. AdemĆ”s, en Romanos 5:12-21, Pablo muestra claramente que la justificación es hablarle al pecado (v.16, 18) y que la imputación de la justicia de Cristo es necesaria para obtener justificación delante de Dios.

Pregunta: ĀæQuĆ© significa para nosotros la doctrina de la justificación a travĆ©s de la aplicación? Significa que 1) estamos libres de esfuerzos infructuosos para tratar de salvarnos por nuestra propia bondad; 2) somos libres de considerar a los demĆ”s de la misma manera en que Dios considera a sus hijos y de amarlos y perdonarlos en sus propios defectos; 3) el evangelio es aplicable para las misiones a todos en todo el mundo porque todos los hombres de todas las razas estĆ”n en AdĆ”n y su pecado; 4) confiar en la justicia de Cristo nos previene de la desesperación en nuestra posición con Dios; y 5) Cristo debe ser exaltado y honrado en nuestras vidas como el que proporcionó la justicia perfecta para nosotros.

Pregunta: Las Escrituras dicen que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. ĀæSignifica esto que nuestra fe es lo que Dios considera justo? No. La justicia que se recibe es la justicia de Cristo (una justicia externa) asegurada en su obediencia hasta la muerte en la cruz. Obtenemos esta justicia confiando en Ć©l y no dependiendo de nosotros mismos y de nuestras propias obras. 2 Corintios 5:21 dice: Ā«Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuĆ©semos hechos justicia de Dios en Ć©lĀ». Dios hizo que el que no tuvo pecado, haya pecado por nosotros, para que en Ć©l seamos justicia de Dios. En Romanos 5:12-19, Pablo muestra claramente que a travĆ©s de JesĆŗs los hombres reciben la justicia asĆ­ como en AdĆ”n los hombres recibieron el juicio.

[1] W. Grudem, TeologĆ­a SistemĆ”tica, p. 685.

[2] W. Grudem, TeologĆ­a SistemĆ”tica, p. 680.

Mark Deve

Dios es santo

The Master’s Seminary

Dios es santo

JosĆ­as Grauman

Hoy da inicio una nueva serie en el blog de TMS: Ā«Viviendo vidas santasĀ». Es importante meditar en esta verdad y ponerla en prĆ”ctica. Dios demanda que sus hijos vivan vidas santas porque Ɖl es santo (1 P. 1:16). Vivir una vida santa no pasa de moda. Es tan relevante hoy como lo fue cientos o miles de aƱos atrĆ”s. Parece oportuno, pues, que al terminar un aƱo mĆ”s y estar en vĆ­speras de un nuevo, se dedique este espacio para reflexionar en la necesidad de que el creyente viva una vida santa cada dĆ­a y en cada situación. Por eso, por espacio de veintiĆŗn semanas, hablaremos de diferentes aspectos o facetas en la vida del creyente que deben reflejar la santidad que Dios demanda de sus hijos.

Antes de hablar de vivir vidas santas, es necesario hablar de la santidad de Dios. La santidad de Dios un atributo de vital importancia. Entender primero su santidad es fundamental para todo aquel que es su hijo y que desea obedecer el mandato de vivir vidas santas.

Aunque los teólogos discuten la santidad de Dios bajo la categorĆ­a de estudio de los atributos de Dios, tambiĆ©n se debe considerar como parte de la misma esencia de Dios. Es cierto que, mĆ”s adelante en la Escritura —en particular en el Nuevo Testamento— la santidad de Dios se trata de la separación de Dios del mal y de que Dios es moralmente puro. Sin embargo, la idea original de la palabra santidad solamente se trata de algo que estĆ” apartado o separado en tĆ©rminos ontológicos, es decir, separado en su esencia.

La santidad ontológica de Dios se ve claramente en el Antiguo Testamento, por ejemplo, cuando los Israelitas estĆ”n edificando el tabernĆ”culo. En un momento hay un tenedor que es comĆŗn y no hay nada especial con ese tenedor en particular. Sin embargo, tan pronto como se dedica ese utensilio y se aparta para el uso del tabernĆ”culo —es decir, para el servicio a JehovÔ—, ese tenedor es santo. Ha sido santificado. Un ejemplo de esto se encuentra en la rebelión de CorĆ©. Dios juzgó a CorĆ© y a sus seguidores. Por eso la tierra los Ā«devoró». Pero los incensarios se quedaron, asĆ­ que exige que los Israelitas los preservaron.

Por eso, la idea de que Dios es santo en su sentido original significa que Dios es un ser distinto al hombre. Es ontológicamente santo. Es un ser totalmente distinto al ser humano. Simplemente no tiene comparación.

La santidad ontológica de Dios es una verdad fundamental en la Biblia. De hecho, en el Salmo 50:21, Dios dice: Ā«pensaste que yo era tal como tĆŗ; pero te reprenderé». De lo anterior se entiende que es pecado pensar que Dios es un ser semejante al hombre. Dios no es como el ser humano. Es el alto y sublime, el que habita la eternidad. Es un ser totalmente distinto, totalmente diferente, apartado y separado del hombre.

En su sentido original, la palabra Ā«santidadĀ» solamente se trata de esa separación o diferencia radical con respecto del hombre. De hecho, Davidson argumenta lo siguiente: Ā«Su significado original expresaba la idea de estar separado, o elevado… [la santidad], en un principio no constituyó una idea moral, sino que fue una idea fĆ­sica… los dioses fenicios no eran seres morales, sin embargo, se les llamaba dioses santos (La inscripción de Eshmunazar)Ā»[1]. Es importante evidenciar que, en su sentido original, santo solamente significa diferente, separado o apartado. El punto es que Dios es un ser diferente al hombre.

La gran pregunta que resulta de la discusión anterior es esta: si la palabra santo significa separado —es decir, que Dios es un ser diferente al ser humano—, Āæpor quĆ© a lo largo de la Escritura la palabra santidad llega a comunicar la idea de pureza moral? La respuesta es que Dios, cuando quiere hacer ver que es un ser diferente al ser humano, decide resaltar que estĆ” apartado del mal. Que Dios piense que su pureza moral es lo que mĆ”s le distingue del ser humano es increĆ­ble, porque si alguien fuera un dios, con todos los atributos de Dios, enfatizarĆ­a algo diferente.

Si alguien fuera omnipotente, omnipresente, eterno y omnisciente, un dios que se goza de la aseidad y que no depende de nada ni nadie sino que da vida a todos, seguramente saldrĆ­a a la palestra algo mĆ”s que la pureza moral. Un hombre en su lugar enfatizarĆ­a alguna de las diferencias incomunicables que se mencionaron antes para hacer notar la diferencia: Ā«yo soy un dios omnipresente y tĆŗ eres un humano limitado a un espacio en particular; soy omnisciente y tĆŗ ni sabes cómo gobierno la tierra; soy omnipotente y a ti te cuesta levantarse de la cama en la maƱanaĀ». A menudo parece que estos atributos incomunicables en particular son mĆ”s significativos y que distinguen mĆ”s a Dios de nosotros.

Sin embargo, cuando Dios quiere mostrar que es un ser diferente, la caracterĆ­stica que Ɖl resalta es: Ā«Yo JehovĆ” soy un ser diferente porque no peco, porque amo la justicia, porque estoy apartado del mal, y tĆŗ estĆ”s habituado al malĀ». Esta realidad ayuda a entender un poco mĆ”s de por quĆ© es tan importante para Dios que sus hijos anden en santidad. Para Dios, lo mĆ”s importante en la vida de los suyos no tiene nada que ver con lo fĆ­sico, ya sean talentos, apariencia o posesiones materiales. Lo que Dios desea es que sus hijos vivan apartados del mal. Ɖl busca adoradores que anden en justicia y que obedezcan su palabra.

El imperativo Ā«sed santos porque yo soy santoĀ» (1 P. 1:16) se convierte en el mandato mĆ”s destacado de la Biblia porque Dios quiere mostrar que esa es la cualidad mĆ”s importante. Dios aborrece el pecado. Por eso, la necesidad mĆ”s urgente de todo ser humano es recibir el perdón de sus pecados. El hombre no es santo, y no hay nada que pueda hacer para convertirse en santo. Pareciera que no hay esperanza.

La buena noticia es que sí hay esperanza. Dios, en su infinita gracia, mandó a su Hijo Jesucristo a este mundo para que pudiera cargar con el pecado del ser humano y así recibir la ira que el hombre merece por su pecado. Ya que Cristo pagó la deuda del pecado de sus hijos, Dios perdona sus pecados y promete hacerlos partícipes de su santidad (2 P. 1:4). Qué bendición saber que un día sus hijos se gozarÔn de un estado de ser totalmente separados del pecado, tan separados del pecado como Dios mismo.

[1]Ā A. B. Davidson,Ā The Theology of the Old TestamentĀ (New York: Wentworth Press, 2019), 145.

JosĆ­as Grauman

JosĆ­as Grauman

JosĆ­as Grauman es decano de educación en espaƱol y profesor de exposición bĆ­blica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellĆ”n de hospital, sirviendo durante 5 aƱos en el Hospital del Condado de Los Ɓngeles. MĆ”s tarde, Ć©l y su esposa sirvieron en la Ciudad de MĆ©xico como misioneros, donde JosĆ­as ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bĆ­blicos. JosĆ­as fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en espaƱol, junto con su esposa y tres hijos. JosĆ­as estudió un B.A. en idiomas bĆ­blicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

La simiente de Abraham

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El MesĆ­as prometido

La simiente de Abraham

Michael P.V. Barrett

Nota del editor:Ā Este es el tercero de 13 capĆ­tulos en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā El MesĆ­as prometido.

Los detalles e implicaciones del pacto de Dios con Abraham son de gran alcance. Tres promesas aunque distintas, pero relacionadas, estÔn en el corazón de esta entrega del pacto de gracia: una simiente, una tierra y una bendición universal. Cada una de ellas halla su significado final en el Señor Jesucristo. No es sorprendente que Jesús declarara que Abraham se regocijó al ver Su día (Jn 8:56).

La promesa de una descendencia o simiente es el punto central de la promesa de Dios a Abraham, tal como lo fue en la promesa hecha a AdĆ”n y Eva y como serĆ­a hecha, aƱos mĆ”s tarde, a David. La promesa de una simiente justa es el hilo que conecta cada promesa pactual. Es cierto que identificar la simiente puede ser complicado porque a veces se refiere a varias personas y a veces a una sola. Primero, la simiente de Abraham fue fĆ­sica. Dios prometió que Abraham serĆ­a padre de muchas naciones (Gn 17:5). Hubo naciones que surgieron de su descendencia con Agar y Cetura, pero la simiente de la promesa fue Isaac, el hijo de Sara. De Isaac vino Jacob y luego la nación de Israel. El desarrollo de esta simiente fĆ­sica fue esencial para la venida de Cristo, porque Ɖl estaba en el linaje de Abraham. Fue de Israel que Cristo vino ā€œsegĆŗn la carneā€ (Rom 9:4-5). TenĆ­a que haber una simiente fĆ­sica si iba a haber un Cristo de Dios. Por lo que Israel, la simiente fĆ­sica y particular de Abraham, fue el medio para el cumplimiento mesiĆ”nico de la promesa de Dios.

El linaje de Abraham fue escogido para la identidad fĆ­sica del MesĆ­as, pero todas las naciones de la tierra se benefician del MesĆ­as.

Segundo, la simiente fue y es espiritual. Que Dios prometa una simiente mÔs numerosa que las estrellas del cielo o la arena del mar va mÔs allÔ de los descendientes físicos de Abraham. Jesús dejó claro que era posible ser descendiente físico de Abraham sin ser descendiente espiritual (Jn 8:39). De manera similar, Pablo dijo que no todo Israel es Israel (Rom 9:6-8). Los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que tienen fe (GÔl 3:7). La nacionalidad es irrelevante: pertenecer a Cristo es ser la verdadera descendencia de Abraham y herederos de la promesa (Gal 3:29).

En tercer lugar, y lo mĆ”s importante, la simiente final o ideal es Cristo mismo. Aunque la palabra traducida como ā€œdescendenciaā€ o ā€œsimienteā€ puede referirse tanto a varias personas como a un individuo, la forma es gramaticalmente singular. Pablo se enfoca en esa gramĆ”tica cuando da su interpretación inspirada y mesiĆ”nica de la promesa abrahĆ”mica: ā€œNo dice: y a las descendencias, como refiriĆ©ndose a muchas, sino mĆ”s bien a una: y a tu descendencia, es decir, Cristoā€ (Gal 3:16). Por una buena razón, el Nuevo Testamento comienza identificando a JesĆŗs como el hijo de David y como el hijo de Abraham (Mt 1:1).

La promesa de la tierra fue tambiĆ©n un componente clave en la promesa abrahĆ”mica Que es tanto fĆ­sico como espiritual. La tierra se referĆ­a a un territorio geogrĆ”fico real. Sin embargo, la tierra transmitió un mensaje espiritual mĆ”s allĆ” de la geografĆ­a y las fronteras. Fue un sĆ­mbolo o un ejemplo perfecto del deleite del descanso en la presencia de Dios y en comunión con Ɖl. Es este sentido simbólico el que apunta a JesĆŗs como el dador del descanso espiritual que nos reconcilia con Dios (Mt 11:28Col 1:22). AsĆ­ como hubo un ā€œJesĆŗsā€ del Antiguo Testamento (JosuĆ©) para lograr el descanso fĆ­sico en la tierra (Heb 4), asĆ­ estĆ” el JesĆŗs ideal que guĆ­a a Su pueblo de todas las edades y lugares al descanso prometido. Incluso el ā€œpolvoā€ de la tierra prometida apuntaba a la perspectiva del descanso espiritual posible solamente a travĆ©s de la simiente ideal de Abraham. El lenguaje de nuestro texto de que la simiente ā€œposeerĆ” la puerta de sus enemigosā€ simplemente significa que las defensas de los enemigos no pueden oponerse al avance de la simiente. En el lenguaje del Nuevo Testamento, Cristo dijo que Ɖl edificarĆ” Su iglesia y que ni siquiera las puertas del infierno podrĆ”n prevalecer contra el avance de la simiente.

Que Dios bendijera a Abraham, e hiciera su simiente una bendición para el mundo entero, enfoca la atención de la promesa directamente en Cristo. Lo Ćŗnico acerca de los descendientes de Abraham que puede ser interpretado de alguna manera como una bendición para todo el mundo es JesĆŗs, la simiente final de la promesa. Pablo dio una interpretación inspirada de esta bendición abrahĆ”mica cuando dijo que Cristo se convirtió en maldición al colgar del madero a fin de que ā€œen Cristo JesĆŗs la bendición de Abraham viniera a los gentilesā€ (GĆ”l 3:13-14). Esto resalta un tema mesiĆ”nico clave a lo largo del Antiguo Testamento: la promesa del MesĆ­as nunca fue una promesa exclusivamente judĆ­a. La Ćŗnica pretensión que la simiente fĆ­sica de Abraham tuvo sobre Cristo fue que Ɖl vino al mundo fĆ­sicamente a travĆ©s de ellos (Rom 9:4-5). El linaje de Abraham fue escogido para la identidad fĆ­sica del MesĆ­as, pero todas las naciones de la tierra se benefician del MesĆ­as. El pacto con Abraham nos da una mejor compresión sobre la identidad de la Simiente prometida mientras que al mismo tiempo mantiene el carĆ”cter inclusivo del propósito de gracia de Dios para ā€œtodas las familias de la tierraā€ (Gn 12:1-3).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Michael P.V. Barrett
Michael P.V. Barrett

El Dr. Michael P.V. Barrett es vicepresidente de asuntos acadƩmicos, decano acadƩmico y profesor de Antiguo Testamento en el Puritan Reformed Theological Seminary en Grand Rapids, Michigan. Es autor de varios libros, incluyendo Beginning with Moses: A Guide to Finding Christ in the Old Testament [Empezando con MoisƩs: Una guƭa para encontrar a Cristo en el Antiguo Testamento]..

El tipo de frĆ­o que mata

Soldados de Jesucristo

Febrero 19/2021

Solid Joys en EspaƱol

El tipo de frĆ­o que mata

John Piper

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El gozo de ser perdonado

Viernes 19 Febrero

ĀæSe ocultarĆ” alguno, dice el SeƱor, en escondrijos que yo no lo vea ? JeremĆ­as 23 : 24

Si mirares a los pecados, ĀæquiĆ©n, oh SeƱor, podrĆ” mantenerse ? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Salmo 130 : 3-4

El gozo de ser perdonado

-ĀæY si un dĆ­a tuviese que rendir cuentas de mi vida a Dios ? ĀæCómo hacer ? Nunca me he preocupado por Ć©l, siempre he hecho lo que quiero. He cometido muchos actos culpables ante los hombres y seguramente ante Ć©l. Mi conciencia me acusa… Trato de encontrar excusas, pero cuanto mĆ”s miro al pasado, tanto mĆ”s miedo tengo de Dios.

Me gustarĆ­a esconderme, pero Āædónde ? Ɖl me ve en todos los lugares donde estoy, en mi casa, en la noche… Nada se le puede esconder, ni yo mismo, ni mis pensamientos mĆ”s secretos. Ā”Estoy desesperado ! ĀæQuiĆ©n podrĆ” sacarme de esta terrible situación ?

– Amigo, lo que dice es verdad. Usted es culpable ante Dios, como todo el mundo. Sin embargo, Dios no es solo un juez justo, Ć©l tambiĆ©n es amor. Nos ama a cada uno. Usted lo ultrajó y lo ofendió, pero aun asĆ­ Ć©l lo ama. Esto es incomprensible y al mismo tiempo maravilloso. Dios nos amó de tal manera que envió a JesĆŗs a la tierra para dar testimonio de su gracia y su verdad. Pero al mismo tiempo es santo, y por ello no puede pasar por alto el mal sin castigarlo.

Entonces JesĆŗs dio su vida por los culpables. Cuando estaba clavado en la cruz pidió a Dios que perdonase a sus verdugos. Fue abandonado por Dios durante tres horas, y murió en nuestro lugar. De este modo, JesĆŗs llevó en su lugar el juicio que usted merecĆ­a y al que tanto miedo tenĆ­a. Reconozca ante Dios que sin su perdón usted estĆ” perdido, y acepte su gracia. Ӄl no rechaza a nadie ! Ā”Desde ahora usted puede tener la paz con Dios y el gozo en Jesucristo !

2 Samuel 12Ā –Ā Hechos 4Ā –Ā Salmo 24 : 7-10Ā –Ā Proverbios 10 : 5-6

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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