Mi conocimiento de Dios determina cómo sufro – 2da parte – 3

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Cómo sufrir bien

3 – Mi conocimiento de Dios determina cómo sufro – 2da parte

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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Incluido en el pacto

Soldados de Jesucristo

Febrero 1/2021

Solid Joys en Español

Incluido en el pacto

John Piper

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“Como tratar con el pasado” – 78

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

78 – “Como tratar con el pasado”

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

www.entendiendolostiempos.org

La gratitud y la bondad soberana de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

La gratitud y la bondad soberana de Dios

Eric J. Alexander

Nota del editor: Este es el octavo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Cuando pienso en mi infancia, aún recuerdo vívidamente la manera en que mis padres trabajaron duro para enseñar a sus hijos la importancia de la gratitud.

Cuando llegaba alguna visita con regalos para nosotros, siempre se nos preguntaba: “¿Qué se dice?”. Inmediatamente respondíamos: “Muchísimas gracias”, enfatizando la palabra muchísimas si estábamos muy agradecidos. Cuando los invitados se marchaban, mi madre nos recalcaba cuán amables y generosos habían sido con nosotros.

Cuando la salvación en Cristo llegó a nuestro hogar, no fue sorprendente para nosotros aprender que la Escritura nos instaba a “[dar] gracias en todo” (1 Tes 5:18). Por supuesto, la causa básica para la gratitud era que Dios el Padre no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó para morir en la cruz y así lograr nuestra salvación. Pero más que eso, la naturaleza y la práctica de Dios era derramar Su bondad sobre Sus criaturas, por lo que Su pueblo cantaba: “Ciertamente Dios es bueno para con Israel”, e instaba a otros: “Probad y ved cuán bueno es el Señor”.

Esto me impresionó tanto que hasta recuerdo la primera vez que me explicaron el capítulo ocho de Romanos cuando era adolescente. Romanos 8:28 dice que “para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien”. Pablo no está diciendo meramente que Dios le da buenas dádivas a Su pueblo. En realidad, él está asegurándole a cada creyente que hay un Dios soberano obrando en toda circunstancia (incluyendo los padecimientos del versículo 17 y los gemidos del versículo 23) para el bien eterno de Su pueblo. John Stott comenta: “Nada sobrepasa el alcance supremo de Su providencia”.

No hay área de la vida en la que Dios no esté misericordiosamente comprometido a suplir constantemente nuestras necesidades.

J.I. Packer señala que la palabra bíblica para esto es “gracia”, tanto la gracia común como la especial. La gracia común se refiere a las bendiciones de nuestra vida diaria, mientras que la gracia especial se refiere a la bendición de la salvación de Dios. Sobre la primera, Packer dice: “Cada alimento, cada placer, cada posesión, cada destello de luz del sol, cada sueño nocturno, cada momento de salud y seguridad, y todo lo demás que sostiene y enriquece la vida es un don divino”. Es significativo que la raíz anglosajona de donde proviene la palabra God [Dios] significa “good” [bueno]. A. W. Pink añade: “Su bondad no se deriva de nada: es la esencia de Su naturaleza eterna”.

Ahora, a la luz de todo esto, no es sorprendente que la Biblia suela asociar la bondad de Dios con nuestra gratitud, sobre todo en los Salmos: “Dad gracias al Señor, porque Él es bueno” (Sal 107:1). 

Para el cristiano, la ingratitud no solo evidencia una ausencia de buenos modales. Es un pecado contra el Dios que no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. A medida que crecemos en experiencia cristiana y en nuestro conocimiento de la Escritura, descubrimos que la naturaleza y la práctica diaria de Dios es derramar Su bondad sobre Su pueblo, cubriendo cada área de la vida. Su gracia y poder son más que suficientes para suplir lo que es bueno para nosotros, tanto espiritualmente como materialmente. Con razón podemos cantar alegremente: “Loemos a Dios por Su bondad, el amigo inmutable, fuerte y fiel; Su poder a Su amor es igual, sin medida ni fin por siempre. Amén”.

Por supuesto, es importante clarificar, tanto para nosotros mismos como para nuestros hijos, que “toda buena dádiva y todo don perfecto” no es una referencia a la prosperidad material. Podría o no incluir eso, pero en Romanos 8:28 Pablo nos dice: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito”. Y allí mismo dice claramente cuál es ese propósito: que sean “hechos conforme a la imagen de Su Hijo”. Por lo tanto, lo que más le importa a Dios es nuestro bienestar espiritual, que desarrollemos una verdadera similitud a Cristo. Ahora, eso no debería cegarnos a la verdad que Pablo detalla en el mismo capítulo de que “el que no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?” (v. 32). “Todas las cosas” debe incluir tanto los dones materiales como los espirituales. No hay área de la vida en la que Dios no esté misericordiosamente comprometido a suplir constantemente nuestras necesidades (nota, no necesariamente lo que queremos o deseamos) y en la que no esté demostrando Su absoluta suficiencia para cada uno de Sus hijos. A la luz de esto, el salmista nos insta a decir: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de Sus beneficios” (Sal 103:2). Y Pablo hubiera añadido felizmente: “Y hazme más como Jesús”.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Eric J. Alexander
Eric J. Alexander

El Rev. Eric J. Alexander es un ministro retirado de la Iglesia de Escocia. Estuvo sirviendo recientemente como ministro principal de St. George’s-Tron Church en Glasgow hasta su retiro. Es el autor de Our Great God and Saviour [Nuestro gran Dios y Salvador].

¿Basta con pasar la página ?

Lunes 1 Febrero

Ten piedad de mí… borra mis rebeliones… y borra todas mis maldades. Salmo 51 : 19

Así dice el Señor… Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Isaías 43 : 1625

¿Basta con pasar la página ?

Como cada día, Boris debía hacer diez líneas de escritura en clase. ¡Qué aburrido ! ¡Quería terminar lo más rápido posible ! Ya estaba a punto de acabar cuando, accidentalmente, un compañero le dio un codazo y debido a esto alargó de forma desproporcionada una “t”. Boris respondió con un puñetazo… y una gota de tinta cayó en su hoja. Trató de borrarla, pero esto hizo extender aún más la mancha ; todos sus esfuerzos terminaron en un desastre : la hoja quedó arrugada. ¿Qué hacer ? Rápidamente pasó la página. Pero el maestro había visto todo. Devolvió la página y, con su bolígrafo rojo, anotó una mala calificación e hizo una nota sobre su conducta.

A menudo pensamos que podemos solucionar todo con “pasar la página” : sí, me equivoqué, pero a partir de ahora lo haré mejor. Sin embargo, ¿podemos borrar el pasado esforzándonos en hacer bien las cosas en el presente ? ¡Imposible ! Nuestros días se inscriben ante Dios como en páginas colocadas unas tras otras, en las que una única mancha salta a la vista y ensucia todo. Por cierto, ¿existe una sola página sin mancha ?

Pero lo que es imposible para nosotros, Dios puede y quiere hacerlo : “Si vuestros pecados fueren como la grana (rojos), como la nieve serán emblanquecidos” (Isaías 1 : 18). “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6 : 11). “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1 : 7).

1 Samuel 25 : 23-44 – Mateo 20 : 16-34 – Salmo 18 : 31-36 – Proverbios 6 : 16-19

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