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El Blog de Ligonier
Serie: Gratitud
La gratitud y la bondad soberana de Dios
Eric J. Alexander
Nota del editor:Ā Este es el octavo de 13 capĆtulos en la serie de artĆculos deĀ Tabletalk Magazine:Ā Gratitud.
Cuando pienso en mi infancia, aĆŗn recuerdo vĆvidamente la manera en que mis padres trabajaron duro para enseƱar a sus hijos la importancia de la gratitud.
Cuando llegaba alguna visita con regalos para nosotros, siempre se nos preguntaba: āĀæQuĆ© se dice?ā. Inmediatamente respondĆamos: āMuchĆsimas graciasā, enfatizando la palabra muchĆsimas si estĆ”bamos muy agradecidos. Cuando los invitados se marchaban, mi madre nos recalcaba cuĆ”n amables y generosos habĆan sido con nosotros.
Cuando la salvación en Cristo llegó a nuestro hogar, no fue sorprendente para nosotros aprender que la Escritura nos instaba a ā[dar] gracias en todoā (1 Tes 5:18). Por supuesto, la causa bĆ”sica para la gratitud era que Dios el Padre no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó para morir en la cruz y asĆ lograr nuestra salvación. Pero mĆ”s que eso, la naturaleza y la prĆ”ctica de Dios era derramar Su bondad sobre Sus criaturas, por lo que Su pueblo cantaba: āCiertamente Dios es bueno para con Israelā, e instaba a otros: āProbad y ved cuĆ”n bueno es el SeƱorā.
Esto me impresionó tanto que hasta recuerdo la primera vez que me explicaron el capĆtulo ocho de Romanos cuando era adolescente. Romanos 8:28 dice que āpara los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bienā. Pablo no estĆ” diciendo meramente que Dios le da buenas dĆ”divas a Su pueblo. En realidad, Ć©l estĆ” asegurĆ”ndole a cada creyente que hay un Dios soberano obrando en toda circunstancia (incluyendo los padecimientos del versĆculo 17 y los gemidos del versĆculo 23) para el bien eterno de Su pueblo. John Stott comenta: āNada sobrepasa el alcance supremo de Su providenciaā.
No hay Ɣrea de la vida en la que Dios no estƩ misericordiosamente comprometido a suplir constantemente nuestras necesidades.
J.I. Packer seƱala que la palabra bĆblica para esto es āgraciaā, tanto la gracia comĆŗn como la especial. La gracia comĆŗn se refiere a las bendiciones de nuestra vida diaria, mientras que la gracia especial se refiere a la bendición de la salvación de Dios. Sobre la primera, Packer dice: āCada alimento, cada placer, cada posesión, cada destello de luz del sol, cada sueƱo nocturno, cada momento de salud y seguridad, y todo lo demĆ”s que sostiene y enriquece la vida es un don divinoā. Es significativo que la raĆz anglosajona de donde proviene la palabra God [Dios] significa āgoodā [bueno]. A. W. Pink aƱade: āSu bondad no se deriva de nada: es la esencia de Su naturaleza eternaā.
Ahora, a la luz de todo esto, no es sorprendente que la Biblia suela asociar la bondad de Dios con nuestra gratitud, sobre todo en los Salmos: āDad gracias al SeƱor, porque Ćl es buenoā (Sal 107:1).
Para el cristiano, la ingratitud no solo evidencia una ausencia de buenos modales. Es un pecado contra el Dios que no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. A medida que crecemos en experiencia cristiana y en nuestro conocimiento de la Escritura, descubrimos que la naturaleza y la prĆ”ctica diaria de Dios es derramar Su bondad sobre Su pueblo, cubriendo cada Ć”rea de la vida. Su gracia y poder son mĆ”s que suficientes para suplir lo que es bueno para nosotros, tanto espiritualmente como materialmente. Con razón podemos cantar alegremente: āLoemos a Dios por Su bondad, el amigo inmutable, fuerte y fiel; Su poder a Su amor es igual, sin medida ni fin por siempre. AmĆ©nā.
Por supuesto, es importante clarificar, tanto para nosotros mismos como para nuestros hijos, que ātoda buena dĆ”diva y todo don perfectoā no es una referencia a la prosperidad material. PodrĆa o no incluir eso, pero en Romanos 8:28 Pablo nos dice: āY sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósitoā. Y allĆ mismo dice claramente cuĆ”l es ese propósito: que sean āhechos conforme a la imagen de Su Hijoā. Por lo tanto, lo que mĆ”s le importa a Dios es nuestro bienestar espiritual, que desarrollemos una verdadera similitud a Cristo. Ahora, eso no deberĆa cegarnos a la verdad que Pablo detalla en el mismo capĆtulo de que āel que no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, Āæcómo no nos concederĆ” tambiĆ©n con Ćl todas las cosas?ā (v. 32). āTodas las cosasā debe incluir tanto los dones materiales como los espirituales. No hay Ć”rea de la vida en la que Dios no estĆ© misericordiosamente comprometido a suplir constantemente nuestras necesidades (nota, no necesariamente lo que queremos o deseamos) y en la que no estĆ© demostrando Su absoluta suficiencia para cada uno de Sus hijos. A la luz de esto, el salmista nos insta a decir: āBendice, alma mĆa, al SeƱor, y no olvides ninguno de Sus beneficiosā (Sal 103:2). Y Pablo hubiera aƱadido felizmente: āY hazme mĆ”s como JesĆŗsā.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El Rev. Eric J. Alexander es un ministro retirado de la Iglesia de Escocia. Estuvo sirviendo recientemente como ministro principal de St. Georgeās-Tron Church en Glasgow hasta su retiro. Es el autor de Our Great God and Saviour [Nuestro gran Dios y Salvador].