La Encarnación y el Nacimiento de Cristo

El PĆŗlpito de la Capilla New Park Street

La Encarnación y el Nacimiento de Cristo

NO. 57
Sermón predicado la mañana del Domingo 23 de Diciembre, 1855

Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla de New Park Street, Southark, Londres

Ā«Pero tĆŗ, BelĆ©n Efrata, pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”, de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad.Ā» — Miqueas 5: 2.

Esta es la estación del año cuando, querÔmoslo o no, estamos obligados a pensar en el nacimiento de Cristo. Considero que es una de las cosas mÔs absurdas bajo el cielo pensar que hay religión cuando se guarda el día de Navidad. No hay ninguna probabilidad que nuestro Salvador Jesucristo haya nacido en ese día, y su observancia es puramente de origen papal; sin duda quienes son católicos tienen el derecho de reverenciarlo, pero no puedo entender cómo los protestantes consistentes pueden considerarlo de alguna manera sagrado. Sin embargo, yo desearía que hubiese diez o doce días de Navidad al año; porque hay suficiente trabajo en el mundo y un poco mÔs de descanso no le haría daño a la gente que trabaja.

El día de Navidad es realmente una bendición para nosotros; particularmente porque nos congrega alrededor de la chimenea de nuestra casa y nos reunimos una vez mÔs con nuestros amigos. Sin embargo, aunque no seguimos los pasos de otras personas, no veo ningún daño en que pensemos en la encarnación y el nacimiento del Señor Jesús. No queremos ser clasificados con aquellos que:

«Ponen mÔs cuidado en guardar el día de fiesta
De manera incorrecta,
Que el cuidado que otros ponen
Para guardarlo de manera correcta.Ā»
Los antiguos puritanos hacían ostentación de trabajo el día de Navidad, sólo para mostrar que protestaban contra la observancia de ese día. Pero nosotros creemos que protestaban tan radicalmente, que deseamos, como descendientes suyos, aprovechar el bien accidentalmente conferido por ese día, y dejar que los supersticiosos sigan con sus supersticiones.

Procedo de inmediato al punto que tengo que comentarles. Vemos, en primer lugar, quiĆ©n fue el que envió a Cristo. Dios el Padre habla aquĆ­, y dice: Ā«de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel.Ā» En segundo lugar, Āædónde vino al momento de Su encarnación? En tercer lugar, Āæpara quĆ© vino? Ā«Para ser SeƱor en Israel.Ā» En cuarto lugar, ĀæhabĆ­a venido ya antes? SĆ­, ya lo habĆ­a hecho antes. Ā«Sus salidas son desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad.Ā»

I. Entonces, en primer lugar, ĀæQUIƉN ENVIƓ A CRISTO? La respuesta nos es entregada por las propias palabras del texto: Ā«De ti,Ā» dice JehovĆ”, hablando por la boca de Miqueas, Ā«de ti me saldrĆ”.Ā» Es un dulce pensamiento que Jesucristo no vino sin el permiso, autoridad, consentimiento y ayuda de Su Padre. Fue enviado por el Padre, para que fuera el Salvador de los hombres. Ā”Ay! Nosotros estamos inclinados a olvidar que, si bien es cierto que hay distinciones en cuanto a las Personas de la Trinidad, no hay distinción en cuanto al honor; y muy frecuentemente atribuimos el honor de nuestra salvación, o al menos las profundidades de Su misericordia y el extremo de Su benevolencia, mĆ”s a Jesucristo que al Padre. Este es un gran error. ĀæY quĆ© si JesĆŗs vino? ĀæAcaso no lo envió el Padre? Si fue convertido en un niƱo, Āæacaso no lo engendró el EspĆ­ritu Santo? Si habló maravillosamente, Āæacaso el Padre no derramó gracia en Sus labios, para que fuera un capaz ministro del nuevo pacto?

Si Su Padre lo abandonó cuando tomó la amarga copa de hiel, Āæacaso no lo amaba aĆŗn? Y despuĆ©s de tres dĆ­as Āæno Lo levantó de los muertos y Lo recibió en lo alto, llevando cautiva la cautividad? Ā”Ah!, amados hermanos, quien conoce al Padre, y al Hijo, y al EspĆ­ritu Santo como deberĆ­a conocerlos, nunca coloca a Uno por encima del Otro; no estĆ” mĆ”s agradecido al Uno que al Otro; Los ve a todos en BelĆ©n, en GetsemanĆ­ y en el Calvario, Todos igualmente involucrados en la obra de salvación. Ā«De ti me saldrĆ”.Ā» Oh cristiano, Āæhas puesto tu confianza en el hombre Cristo JesĆŗs? ĀæHas colocado tu seguridad Ćŗnicamente en Ɖl? Y ĀæestĆ”s unido a Ɖl? Entonces debes creer que estĆ”s unido al Dios del cielo; puesto que eres hermano del hombre Cristo JesĆŗs, y tienes una Ć­ntima relación con Ɖl, entonces por esa razón estĆ”s ligado al Dios eterno, y Ā«el Anciano de dĆ­asĀ» es tu Padre y tu amigo. Ā«De ti me saldrĆ”.Ā»

¿Acaso nunca has visto la profundidad del amor que había en el corazón de JehovÔ, cuando Dios el Padre equipó a Su Hijo para la grandiosa empresa de misericordia? Había habido un día triste en el cielo una vez antes, cuando SatanÔs cayó, y arrastró consigo a un tercio de las estrellas del cielo, cuando el Hijo de Dios, lanzando de Su grandiosa diestra los truenos omnipotentes, arrojó al grupo rebelde al foso de perdición; pero si pudiéramos concebir una pena en el cielo, debe haber sido un día mÔs triste cuando el Hijo del Altísimo dejó el seno de Su Padre, donde había descansado desde antes de todos los mundos. «Ve,» dijo el Padre, «”con la bendición de Tu Padre sobre Tu cabeza! Luego viene el despojarse de Sus vestidos. ”Cómo se reúnen los Ôngeles alrededor, para ver al Hijo de Dios quitarse Sus vestiduras! Puso a un lado Su corona; dijo «Padre mío, yo soy Señor de todo, bendito por siempre, pero voy a hacer mi corona a un lado, y voy a ser como los hombres mortales.» Se despoja de Su brillante vestimenta de gloria; «Padre,» dice «voy a ponerme un vestido de barro, justo el mismo que usan los hombres.» Luego se quita todas esas joyas con las que era glorificado; hace a un lado Sus mantos bordados de estrellas y Sus túnicas de luz, para vestirse con las simples ropas del campesino de Galilea. ”CuÔn solemne debe haber sido ese desvestirse!

Y en seguida, Āæpueden imaginarse la separación? Los Ć”ngeles sirven al Salvador a lo largo de las calles, hasta que se acercan a las puertas, cuando un Ć”ngel exclama: «”Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y saldrĆ” el Rey de gloria!Ā» Ā”Oh!, me parece que los Ć”ngeles deben haber llorado cuando perdieron la compaƱƭa de JesĆŗs; cuando el Sol del Cielo les arrebató toda Su luz. Pero lo siguieron. Descendieron con Ɖl; y cuando Su espĆ­ritu entró en la carne, y se volvió un bebĆ©, Ɖl fue servido por ese poderoso ejĆ©rcito de Ć”ngeles, quienes despuĆ©s de haber estado con Ɖl en el pesebre de BelĆ©n, y despuĆ©s de verlo descansar en el pecho de Su madre, en su camino de regreso hacia lo alto, se aparecieron a los pastores y les dijeron que habĆ­a nacido el Rey de los judĆ­os. Ā”El Padre lo envió! Contemplen ese tema. Sus almas deben aferrarse a ese tema, y en cada perĆ­odo de Su vida piensen que Ɖl sufrió lo que el Padre quiso; que cada paso de Su vida fue marcado con la aprobación del grandioso YO SOY. Cada pensamiento que tengan acerca de JesĆŗs debe estar conectado con el Dios eterno, siempre bendito; pues «Él,Ā» dice JehovĆ”, Ā«me saldrĆ”.Ā» Entonces, ĀæquiĆ©n lo envió? La respuesta es, Su Padre.

II. Ahora, en segundo lugar, ĀæADƓNDE VINO? Una palabra o dos relativas a BelĆ©n. Se consideró bueno y adecuado que nuestro Salvador naciera en BelĆ©n, y eso debido a la historia de BelĆ©n, al nombre de BelĆ©n, y a la posición de BelĆ©n: pequeƱa en JudĆ”.

1. En primer lugar, se consideró necesario que Cristo naciera en BelĆ©n, debido a la historia de BelĆ©n. Muy querida para todo israelita era la pequeƱa aldea de BelĆ©n. JerusalĆ©n podĆ­a brillar mĆ”s que ella en esplendor, pues allĆ­ estaba el templo, la gloria de toda la tierra, y Ā«Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion;Ā» sin embargo alrededor de BelĆ©n ocurrió un nĆŗmero de incidentes que la convirtieron siempre en un agradable lugar de descanso para la mente de cada judĆ­o. Inclusive el cristiano no puede evitar amar a BelĆ©n.

Creo que la primera mención que tenemos de BelĆ©n es triste. AllĆ­ murió Raquel. Si buscan en el capĆ­tulo 35 de GĆ©nesis, encontrarĆ”n que el versĆ­culo 16 dice: Ā«DespuĆ©s partieron de Bet-el; y habĆ­a aĆŗn como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y aconteció, como habĆ­a trabajo en su parto, que le dijo la partera: No temas, que tambiĆ©n tendrĆ”s este hijo. Y aconteció que al salĆ­rsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó BenjamĆ­n. AsĆ­ murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es BelĆ©n. Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la seƱal de la sepultura de Raquel hasta hoy.Ā» Este es un incidente singular: casi profĆ©tico. ĀæNo habrĆ­a podido MarĆ­a haber llamado a su propio hijo JesĆŗs, su Benoni?; pues Ɖl iba a ser ‘el hijo de mi dolor.’

Simeón le dijo: «(y una espada traspasarÔ tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.» Pero aunque ella pudo haberlo llamado Benoni, ¿cómo lo llamó Dios Su Padre? Benjamín, el hijo de mi mano derecha; Benjamín en cuanto a Su Divinidad. Este pequeño incidente parece ser casi una profecía que Benoni: Benjamín, el Señor Jesús, debía nacer en Belén.

Pero otra mujer hace célebre este lugar. El nombre de esa mujer era Noemí. Allí en Belén vivió en días posteriores otra mujer llamada Noemí, cuando tal vez la piedra que el amor de Jacob había levantado, ya estaba cubierta de musgo y su inscripción estaba borrada. Ella también fue una hija de gozo, pero una hija de amargura a la vez. Noemí fue una mujer a quien el Señor había amado y bendecido, pero tenía que marcharse a una tierra extraña; y ella dijo: «No me llaméis Noemí (delicia) sino llamadme Mara (amargo); porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.» Sin embargo, ella no estaba sola en medio de todas sus pérdidas, pues se aferró a ella Rut la moabita, cuya sangre gentil se debía unir con el torrente puro y sin mancha del judío que debía engendrar al Señor nuestro Salvador, el grandioso Rey tanto de los judíos como de los gentiles.

El bellísimo libro de Rut tenía todo su escenario en Belén. Fue en Belén que Rut salió a recoger espigas en los campos de Booz; fue allí que Booz la miró, y ella se inclinó a tierra ante su señor; fue allí que se celebró su matrimonio; y en las calles de Belén, Booz y Rut recibieron una bendición que los hizo fructíferos, de tal forma que Booz se convirtió en el padre de Obed, y Obed el padre de Isaí, e Isaí engendró a David. Este último hecho ciñe a Belén con gloria: el hecho que David haya nacido allí: el héroe poderoso que mató al gigante filisteo, que libró a los descontentos de su tierra de la tiranía de su monarca y que después, con el pleno consentimiento de un pueblo que así lo quería, fue coronado rey de Israel y de JudÔ.

BelƩn era una ciudad real, porque reyes fueron engendrados allƭ. Aunque BelƩn era pequeƱa, tenƭa mucho para ser estimada; porque era como ciertos principados que tenemos en Europa, que no son celebrados por nada sino por haber engendrado a consortes de las familias reales de Inglaterra. Era un derecho, entonces, por la historia, que BelƩn debƭa ser el lugar del nacimiento de Cristo.

2. Pero ademĆ”s, hay algo en el nombre del lugar. Ā«BelĆ©n Efrata.Ā» La palabra BelĆ©n tiene un doble significado. Quiere decir Ā«la casa del pan,Ā» y Ā«la casa de la guerra.Ā» ĀæNo debĆ­a nacer Cristo en Ā«la casa del pan?Ā» Ɖl es el pan de Su pueblo, de Quien recibe su alimento. Como nuestros padres comieron manĆ” en el desierto, asĆ­ nosotros vivimos de Cristo aquĆ­ abajo. Hambrientos frente al mundo, no podemos alimentarnos de sus sombras. Sus cĆ”scaras pueden gratificar el gusto porcino de los mundanos, pues ellos son puercos; pero nosotros necesitamos algo mĆ”s sustancial, y en ese bendito pan del cielo, hecho del cuerpo magullado de nuestro SeƱor JesĆŗs, y cocido en el horno de Sus agonĆ­as, encontramos un alimento bendito. No hay alimento como JesĆŗs para el alma desesperada o para el mĆ”s fuerte de los santos. El mĆ”s humilde de la familia de Dios va a BelĆ©n por su pan; y el hombre mĆ”s fuerte, que come sólidos alimentos, va a BelĆ©n por ellos.

”Casa de Pan! ¿De dónde podría venir nuestro alimento fuera de Ti? Hemos probado al Sinaí, pero en sus cumbres abruptas no crecen frutos, y sus alturas espinosas no producen el trigo que pueda alimentarnos. Hemos ido al propio Tabor, donde Cristo fue transfigurado, y sin embargo allí no hemos sido capaces de comer Su carne y beber Su sangre.

Pero tĆŗ BelĆ©n, casa de pan, correctamente fuiste nombrada; pues allĆ­ se le dio al hombre por primera vez el pan de vida. Y tambiĆ©n es llamada Ā«la casa de la guerra;Ā» porque Cristo es para un hombre Ā«la casa del pan,Ā» o de lo contrario, Ā«la casa de la guerra.Ā» Mientras Ɖl es alimento para el justo, hace la guerra al impĆ­o, segĆŗn Su propia palabra: Ā«No pensĆ©is que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serĆ”n los de su casa.Ā»

”Pecador! Si tú no conoces a Belén como «la casa del pan,» serÔ para ti una «casa de guerra.» Si de los labios de Jesús nunca bebes la dulce miel; si tú no eres como la abeja, que sorbe el dulce licor delicioso de la Rosa de Sarón, entonces de esa misma boca saldrÔ una espada de dos filos en tu contra; y esa misma boca de la que los justos sacan su pan, serÔ para ti la boca de la destrucción y la causa de tu mal.

Jesús de Belén, casa de pan y casa de guerra, confiamos en que te conocemos como nuestro pan. ”Oh!, que algunos que no estÔn en guerra Contigo puedan oír en sus corazones, así como en sus oídos el himno:

«Paz en la tierra, e indulgente misericordia,
Dios y los pecadores reconciliados.Ā»
Y ahora nos vamos a referir a esa palabra: Efrata. Ese era el viejo nombre del lugar, que los judĆ­os conservaban y amaban. Su significado es, Ā«fecundidad,Ā» o Ā«abundancia.Ā» Ā”Ah! QuĆ© adecuado fue que JesĆŗs naciera en la casa de la fecundidad; pues Āæde dónde vienen mi fecundidad y tu fecundidad, hermano mĆ­o, sino de BelĆ©n? Nuestros pobres corazones infecundos nunca produjeron ningĆŗn fruto, ni flor, hasta que fueron regados con la sangre del Salvador.

Es Su encarnación la que enriquece el suelo de nuestros corazones. Por toda su tierra habĆ­a espinas punzantes, y venenos mortales antes que Ɖl viniera; pero nuestra fecundidad viene de Ɖl. Ā«Yo serĆ© a Ć©l como la haya verde; de mĆ­ serĆ” hallado tu fruto.Ā» Ā«Todas mis fuentes estĆ”n en ti.Ā» Si nosotros somos como Ć”rboles plantados junto a corrientes de aguas, dando fruto en nuestro tiempo, no es porque hayamos sido naturalmente fructĆ­feros, sino a causa de las corrientes de aguas junto a las cuales fuimos plantados.

Es Jesús Quien nos hace fecundos. «El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto.» ”Gloriosa Belén Efrata! ”Nombrada muy adecuadamente! Fecunda casa de pan; ”la casa de abundante provisión para el pueblo de Dios!

3. A continuación notamos la posición de BelĆ©n. Se dice que es Ā«pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”.Ā» ĀæPor quĆ© se dice esto? Porque Jesucristo siempre va en medio de los pequeƱos. Ɖl nació en la pequeƱa aldea Ā«para estar entre las familias de JudĆ”.Ā» No en la alta colina de BasĆ”n, ni en el monte real de Hebrón, ni en los palacios de JerusalĆ©n, sino en la humilde pero ilustre aldea de BelĆ©n.

Hay un pasaje en ZacarĆ­as que nos enseƱa una lección: se dice que un varón que cabalgaba sobre un caballo alazĆ”n, estaba entre los mirtos que habĆ­a en la hondura. Ahora, los mirtos crecen en las honduras; y el varón cabalgando el caballo alazĆ”n siempre cabalga allĆ­. Ɖl no cabalga en la cima de la montaƱa; Ɖl cabalga entre los humildes de corazón. Ā«MirarĆ© a aquel que es pobre y humilde de espĆ­ritu, y que tiembla a mi palabra.Ā»

Hay algunos pequeños entre nosotros hoy: «pequeña para estar entre las familias de JudÔ.» Nadie escuchó antes el nombre de ustedes, ¿no es verdad? Si los enterraran e inscribieran sus nombres en sus tumbas, pasarían desapercibidos. Quienes pasaran por allí dirían: «eso no significa nada para mí: nunca lo conocí.»

No sabes mucho de ti mismo, ni tienes una gran opinión acerca de ti mismo; tal vez a duras penas puedes leer. O si tienes algunas habilidades y talentos, eres despreciado por los hombres; o, si no eres despreciado por ellos, tĆŗ te desprecias a ti mismo. TĆŗ eres uno de los pequeƱos. Bien, Cristo siempre nace en BelĆ©n entre los pequeƱitos. Cristo nunca entra en los grandes corazones; Cristo no habita en los grandes corazones, sino en los pequeƱitos. Los espĆ­ritus poderosos y orgullosos nunca tienen a Jesucristo, pues Ɖl entra por puertas bajas, y nunca entrarĆ” por puertas elevadas.

Quien tiene un corazón quebrantado, y un espĆ­ritu humillado, tendrĆ” al Salvador, pero nadie mĆ”s. Ɖl no sana ni al prĆ­ncipe ni al rey, sino «Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.Ā» Ā”QuĆ© dulce pensamiento! Ɖl es el Cristo de los pequeƱitos. Ā«Pero tĆŗ, BelĆ©n Efrata, pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”, de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel.Ā»

No podemos abandonar este tema sin otro pensamiento aquĆ­, que es, Ā”cuĆ”n maravillosamente misteriosa fue esa providencia que trajo a la madre de Jesucristo a BelĆ©n, en el mismo momento que iba a dar a luz! Sus padres residĆ­an en Nazaret; Āæy con quĆ© motivo hubieran querido viajar en ese momento? Naturalmente, hubieran permanecido en casa; no es nada probable que Su madre hubiera hecho un viaje a BelĆ©n encontrĆ”ndose en esa condición especial. Pero Augusto CĆ©sar promulga un edicto que todo el mundo debe ser empadronado. Muy bien, entonces que sean empadronados en Nazaret. No; le agradó a Ɖl que todos debĆ­an ir a Su ciudad. ĀæPero por quĆ© Augusto CĆ©sar pensó en eso precisamente en ese momento en particular? Simplemente porque mientras el hombre piensa su camino, el corazón del rey estĆ” en la mano de JehovĆ”.

”Mil variables se relacionaron entre sí, como dice el mundo, para producir este evento! Primero que nada, César tiene una disputa con Herodes; uno de la familia de Herodes fue depuesto. César dice: «voy a imponer impuestos a Judea, y voy a convertirla en una provincia, en vez de mantenerla como un reino separado.» Pues bien, tenía que hacerse así. Pero, ¿cuÔndo debe hacerse? Esta ley impositiva, se dice, se comenzó cuando Cirenio era gobernador. Pero, ¿por qué debe llevarse a cabo este censo en ese momento en particular, supongamos que en Diciembre? ¿Por qué no se hizo en el mes de Octubre anterior? Y ¿por qué la gente no hubiera podido ser censada en el lugar en que residía? ¿No era su dinero tan bueno en el lugar en que vivía como en cualquier otro? Era un capricho de César; pero era el decreto de Dios.

Ā”Oh!, amamos la doctrina sublime de la absoluta predestinación eterna. Algunos han dudado que sea consistente con el libre albedrĆ­o del hombre. Bien sabemos que es asĆ­ y nunca hemos visto ninguna dificultad en el tema; creemos que los filósofos metafĆ­sicos son los que han creado las dificultades; nosotros no vemos ningĆŗn problema. Nos corresponde creer que el hombre hace lo que le parece, pero sin embargo siempre hace lo que Dios decreta. Si Judas traiciona a Cristo, Ā«para eso fue destinado;Ā» y si Faraón endurece su corazón, sin embargo, Ā«Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.Ā» El hombre hace lo que quiere; pero tambiĆ©n Dios hace que el hombre haga lo que Ć‰l quiere. MĆ”s aĆŗn, no sólo estĆ” la voluntad del hombre bajo la absoluta predestinación de JehovĆ”; sino que todas las cosas, grandes o pequeƱas, son de Ɖl. Bien ha dicho el buen poeta: Ā«Sin duda, la navegación de una nube tiene a la Providencia como su piloto; sin duda la raĆ­z de un roble es nudosa debido a un propósito especial, Dios rodea todas las cosas, cubriendo al globo como aire.Ā» No hay nada grande o pequeƱo, que no sea de Ɖl.

El polvo del verano se mueve en su órbita, guiado por la misma mano que dispersa a las estrellas a lo largo del cielo; las gotas de rocío tienen su padre, y cubren el pétalo de la rosa conforme Dios lo ordena; sí, las hojas secas del bosque, cuando son desparramadas por la tormenta, tienen una posición asignada donde caen, y no pueden modificarla. En lo grande y en lo pequeño, allí estÔ Dios: Dios en todo, haciendo todas las cosas de acuerdo al consejo de Su propia voluntad; y aunque el hombre busca ir contra su Hacedor, no puede.

Dios le ha puesto un lĆ­mite al mar con una barrera de arena; y si el mar levanta una ola tras otra, sin embargo no excederĆ” su lĆ­mite asignado. Todo es de Dios; y a Ɖl, que guĆ­a las estrellas y le da sus alas a los gorriones, que gobierna a los planetas y tambiĆ©n mueve los Ć”tomos, que habla truenos y susurra cĆ©firos, a Ɖl sea la gloria; pues Dios estĆ” en cada cosa.

III. Esto nos lleva al tercer punto: ĀæPARA QUƉ VINO JESÚS? Ɖl vino para ser Ā«SeƱor en Israel.Ā» Es algo muy singular que se dijera de Jesucristo que era Ā«nacido el rey de los judĆ­os.Ā» Muy pocos alguna vez han Ā«nacido reyes.Ā» Algunos hombres nacen como prĆ­ncipes, pero rara vez nacen como reyes. No creo que encuentren algĆŗn caso en la historia donde un niƱo haya nacido rey. Nació como prĆ­ncipe de Gales, tal vez, y tuvo que esperar un nĆŗmero de aƱos, hasta que su padre muriera, y entonces lo hicieron rey, poniĆ©ndole una corona en su cabeza; y un crisma sagrado, y otras cosas extraƱas por el estilo; pero no nació rey. No recuerdo a nadie que haya nacido rey, excepto JesĆŗs; y hay un significado enfĆ”tico en ese verso que cantamos:

«Nacido para liberar a Tu pueblo;
Nacido niño, pero sin embargo, rey.»
En el instante que vino a la tierra Ɖl era un rey. No tuvo que esperar su mayorĆ­a de edad para poder asumir Su imperio; pero tan pronto como Su ojo saludó a la luz del sol, era rey; desde el momento que Sus manos pequeƱitas tomaron alguna cosa, tomaron un cetro: tan pronto latió Su pulso, y Su sangre comenzó a fluir, Su corazón latió con latidos reales, y Su pulso latió con una medida imperial, y Su sangre fluyó en una corriente de realeza. Ɖl nació rey. Ɖl vino para ser Ā«SeƱor en Israel.Ā» «”Ah!Ā», dirĆ” alguien, Ā«entonces vino en vano, pues muy poco ejerció Su gobierno; Ā«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron;Ā» vino a Israel pero no fue su rey, sino que fue mĆ”s bien Ā«despreciado y desechado entre los hombres,Ā» rechazado por todos ellos, y abandonado por Israel, a quien vino.Ā»

Ay, pero Ā«no todos los que descienden de Israel son israelitas,Ā» ni tampoco porque sean de la simiente de AbrahĆ”n son todos tambiĆ©n llamados. Ā”Ah, no! Ɖl no es SeƱor de Israel segĆŗn la carne, sino que es SeƱor de Israel segĆŗn el espĆ­ritu. Muchos le han obedecido en Su carĆ”cter de SeƱor. ĀæAcaso los apóstoles no se inclinaron ante Ɖl, y le reconocieron como Rey? Y ahora, Āæno lo saluda Israel como su SeƱor? ĀæAcaso toda la simiente de AbrahĆ”n segĆŗn el espĆ­ritu, todos los creyentes, pues Ć©l es el Ā«padre de los creyentes,Ā» no reconoce que a Cristo pertenecen los escudos de los poderosos, pues Ɖl es el Rey de toda la tierra? ĀæNo gobierna en Israel? Ay, verdaderamente sĆ­ reina; y aquellos que no son gobernados por Cristo no son de Israel. Ɖl vino para ser SeƱor de Israel.

Hermano mĆ­o, Āæte has sometido al gobierno de JesĆŗs? ĀæEs SeƱor de tu corazón, o no? Podemos conocer a Israel por esto: Cristo ha venido a sus corazones, para ser SeƱor de ellos. «”Oh!Ā» dirĆ” alguien, Ā«yo hago lo que me dĆ© la gana, nunca he estado bajo la servidumbre de nadie.Ā» Ā”Ah!, entonces odias el seƱorĆ­o de Cristo. «”Oh!Ā», dirĆ” otro, Ā«yo me someto a mi ministro, a mi clĆ©rigo, a mi sacerdote, y pienso que lo que me dice es suficiente, pues Ć©l es mi seƱor.Ā» ĀæEs asĆ­? Ā”Ah!, pobre esclavo, no conoces tu dignidad; pues nadie es tu seƱor legal sino el SeƱor Jesucristo. Ā«Ay,Ā» dice otro, Ā«he profesado Su religión, y soy Su seguidor.Ā» Pero, Āægobierna en tu corazón? ĀæTiene Ɖl el comando de tu corazón? ĀæGuĆ­a tu juicio? ĀæBuscas en Su mano el consejo cuando experimentas dificultades? ĀæEstĆ”s deseoso de honrarlo, y poner coronas sobre Su cabeza? ĀæEs Ć©l tu SeƱor? Si es asĆ­, entonces tĆŗ eres uno de Israel; pues estĆ” escrito: Ā«serĆ” SeƱor en Israel.Ā»

Ā”Bendito SeƱor JesĆŗs! TĆŗ eres SeƱor en los corazones de los que son de Tu pueblo, y siempre lo serĆ”s; no queremos otro seƱor salvo TĆŗ, y no nos someteremos a nadie mĆ”s. Somos libres, puesto que somos siervos de Cristo; estamos en libertad, puesto que Ɖl es nuestro SeƱor, y no conocemos ninguna servidumbre ni ninguna esclavitud, porque sólo Jesucristo es el monarca de nuestros corazones. Ɖl vino para ser Ā«SeƱor en Israel;Ā» y fĆ­jense bien, esa misión Suya no estĆ” terminada todavĆ­a, y no lo estarĆ” hasta las glorias postreras. Dentro de poco verĆ”n a Cristo venir de nuevo, para ser SeƱor sobre Su pueblo Israel, y gobernar sobre ellos no sólo como el Israel espiritual, sino tambiĆ©n como el Israel natural, pues los judĆ­os serĆ”n restaurados a su tierra, y las tribus de Jacob cantarĆ”n en las naves de su templo; a Dios serĆ”n ofrecidos nuevamente, himnos hebreos de alabanza, y el corazón del judĆ­o incrĆ©dulo serĆ” derretido a los pies del verdadero MesĆ­as.

En breve, Quien en Su nacimiento fue saludado como rey de los judĆ­os por unos orientales, y de Quien en Su muerte un occidental escribió: Rey de los judĆ­os, serĆ” llamado Rey de los judĆ­os en todas partes; sĆ­, Rey de los judĆ­os y tambiĆ©n de los gentiles; en esa monarquĆ­a universal cuyo dominio se extenderĆ” por todo el globo habitable, y cuya duración serĆ” sin tiempo. Ɖl vino para ser SeƱor en Israel, y con toda certeza serĆ” SeƱor, cuando reine gloriosamente en Su pueblo, con todos sus antepasados.

IV. Y ahora, el Ćŗltimo punto es, ĀæVINO JESUCRISTO ALGUNA VEZ ANTES? Respondemos que sĆ­: pues nuestro texto dice: Ā«sus salidas son desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad.Ā»

Primero, Cristo ha tenido Sus salidas en Su divinidad. Ā«Desde los dĆ­as de la eternidad.Ā» Ɖl no habĆ­a sido una persona secreta y silenciosa hasta ese momento. Ese niƱo reciĆ©n nacido ha obrado maravillas desde hace mucho tiempo; ese bebĆ© dormido en los brazos de Su madre, es bebĆ© hoy, pero es el Anciano de la eternidad; ese niƱo que estĆ” allĆ­ no ha hecho Su primera aparición en el escenario de este mundo; Su nombre todavĆ­a no ha sido escrito en el registro de los circuncidados; pero aunque no lo sepas, Ā«sus salidas son desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad.Ā»

1. Desde tiempos antiguos, Ć‰l salió como nuestra cabeza del pacto en la elección, Ā«segĆŗn nos escogió en Ć©l antes de la fundación del mundo.Ā»

«Cristo sea Mi primer elegido, dijo,
Y luego eligió nuestras almas en Cristo nuestra Cabeza.»
2. Ć‰l salió por Su pueblo, como su representante ante el trono, aun antes que ese pueblo fuera engendrado en el mundo. Fue desde la eternidad que Sus poderosos dedos tomaron la pluma, y la estilogrĆ”fica de las edades, y escribió Su propio nombre, el nombre del eterno Hijo de Dios; fue desde la eternidad que firmó el pacto con Su Padre, que pagarĆ­a sangre por sangre, herida por herida, sufrimiento por sufrimiento, agonĆ­a por agonĆ­a, y muerte por muerte, a favor de Su pueblo; fue desde la eternidad que Se entregó a SĆ­ mismo, sin murmurar una palabra, que desde Su cabeza hasta la planta de Sus pies sudarĆ­a sangre, que serĆ­a escupido, traspasado, se burlarĆ­an de Ɖl, serĆ­a partido en dos, sufrirĆ­a el dolor de la muerte, y las agonĆ­as de la cruz. Sus salidas como nuestra garantĆ­a fueron desde la eternidad.

Ā”Haz una pausa, alma mĆ­a, y asómbrate! TĆŗ has tenido salidas en la persona de JesĆŗs desde la eternidad. No solamente cuando naciste en este mundo te amó Cristo, pero Sus deleites estaban con los hijos de los hombres antes de que hubieran hijos de los hombres. A menudo pensaba en ellos; desde la eternidad hasta la eternidad Ɖl habĆ­a puesto Su afecto en ellos. Ā”Cómo!, creyente, Ɖl ha estado involucrado en tu salvación desde hace tanto tiempo, y Āæno va a alcanzarla? ĀæDesde la eternidad Ɖl ha salido para salvarme, y va a perderme ahora? Ā”Cómo!, Āæme ha tenido en Su mano, como Su joya preciosa, y dejarĆ” que resbale en medio de Sus preciosos dedos? ĀæMe eligió antes que las montaƱas fueran colocadas, o fueran esculpidos los canales de las profundidades, y va a perderme ahora? Ā”Imposible!

«Mi nombre de las palmas de Sus manos
La eternidad no puede borrar;
Grabado en Su corazón permanece,
Con marcas de gracia indeleble.Ā»
Estoy seguro que no me amarĆ­a durante tanto tiempo, para luego dejar de amarme. Si tuviera la intención de cansarse de mĆ­, ya se hubiera cansado de mĆ­ desde hace mucho tiempo. Si no me hubiera amado con un amor tan profundo como el infierno y tan inexpresable como la tumba, si no me hubiera dado todo Su corazón, estoy seguro que me hubiera abandonado desde hace mucho tiempo. Ɖl sabĆ­a lo que yo serĆ­a, y Ɖl ha tenido mucho tiempo para considerarlo; pero yo soy Su elegido, y eso es definitivo. Y a pesar de lo indigno que soy, no me corresponde refunfuƱar, si Ɖl estĆ” contento conmigo. Pero Ɖl estĆ” contento conmigo: debe estar contento conmigo; pues Ɖl me ha conocido lo suficiente para conocer mis fallas. Ɖl me conoció antes que yo me conociera; sĆ­, Ɖl me conoció antes que yo existiera. Antes que mis miembros fueran formados, fueron escritos en Su libro: Ā«Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.Ā» Sus ojos de afecto se enfocaron en esos miembros. Ɖl sabĆ­a cuĆ”n mal me iba a portar con Ɖl, y sin embargo ha seguido amĆ”ndome:

«Su amor de tiempos pasados me impide pensar,
Que me dejarĆ” al fin en problemas que me hundan.Ā»
No; puesto que «sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad,» serÔn «hasta la eternidad.»

En segundo lugar, creemos que Cristo ha salido desde tiempos remotos a los hombres, de tal forma que los hombres lo han visto. No me detendrĆ© para decirles que fue JesĆŗs Quien se paseaba en el huerto del EdĆ©n, al aire del dĆ­a, pues Sus deleites estaban con los hijos de los hombres; ni los voy a demorar seƱalĆ”ndoles todas las diversas maneras en que Cristo salió a Su pueblo en la forma del Ć”ngel del pacto, el Cordero Pascual, la serpiente de bronce, la zarza ardiendo, y diez mil tipos con los que la historia sagrada estĆ” tan repleta; pero prefiero seƱalarles cuatro ocasiones cuando Jesucristo nuestro SeƱor ha aparecido en la tierra como un hombre, antes de Su grandiosa encarnación para nuestra salvación.

Y, primero, les ruego que vayamos al capítulo 18 de Génesis, donde Jesucristo apareció a Abraham, de quien leemos: «Después le apareció JehovÔ en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra. Pero, ¿ante quién se postró? Dijo: «Señor,» solamente a uno de ellos. Había un hombre en medio de los otros dos, de lo mÔs conspicuo debido a Su gloria, pues se trataba del Dios-hombre Cristo; los otros dos eran Ôngeles creados, que habían asumido la apariencia de hombres temporalmente. Pero éste era el hombre Cristo Jesús. «Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestro pies; y recostaos debajo de un Ôrbol.» NotarÔn que este hombre majestuoso, esta persona gloriosa, se quedó retrasado para hablar con Abraham. En el versículo 22 se dice: «Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma;» esto es, dos de ellos, como verÔn en el siguiente capítulo: «pero Abraham estaba aún delante de JehovÔ.» NotarÔn que este hombre, el Señor, sostuvo una dulce comunión con Abraham, y le permitió a Abraham interceder por la ciudad que estaba a punto de destruir. Estaba positivamente como un hombre. De tal forma que cuando caminó en las calles de Judea no era la primera vez que era un hombre; lo había sido antes, en «el encinar de Mamre, en el calor del día.»

Hay otra instancia; su aparición a Jacob, que tenemos registrada en el capĆ­tulo 32 de GĆ©nesis, en el versĆ­culo 24. Toda su familia se habĆ­a ido, y Ā«AsĆ­ se quedó Jacob solo; y luchó con Ć©l un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podĆ­a con Ć©l, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con Ć©l luchaba. Y dijo: DĆ©jame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejarĆ©, si no me bendices. Y el varón le dijo: ĀæCuĆ”l es tu nombre? Y Ć©l respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirĆ” mĆ”s tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios.Ā» Este era un hombre, y sin embargo era Dios. Ā«porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.Ā» Y Jacob sabĆ­a que este hombre era Dios, pues dice en el versĆ­culo 30: Ā«Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.Ā»

EncontrarĆ”n otro ejemplo en el libro de JosuĆ©. Cuando JosuĆ© atravesó la poco profunda corriente del JordĆ”n, y entró en la tierra prometida, y estaba a punto de sacar a los cananeos, Ā”he aquĆ­!, este poderoso hombre-Dios se apareció a JosuĆ©. En el capĆ­tulo 5, en el versĆ­culo 13, leemos: Ā«Estando JosuĆ© cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de Ć©l, el cual tenĆ­a una espada desenvainada en su mano. Y JosuĆ©, yendo hacia Ć©l, le dijo: ĀæEres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Ɖl respondió: No; mas como PrĆ­ncipe del ejĆ©rcito de JehovĆ” he venido ahora.Ā» Y JosuĆ© vio de inmediato que habĆ­a divinidad en Ɖl; pues se postró sobre rostro en tierra, y adoró, y le dijo: «¿QuĆ© dice mi SeƱor a su siervo?Ā» Ahora, si Ć©ste hubiera sido un Ć”ngel creado hubiera regaƱado a JosuĆ©, diciendo: Ā«yo soy un siervo como tĆŗ.Ā» Pero no; Ā«el PrĆ­ncipe del ejĆ©rcito de JehovĆ” respondió a JosuĆ©: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estĆ”s es santo. Y JosuĆ© asĆ­ lo hizo.Ā»

Otra instancia notable es la que estÔ registrada en tercer capítulo del libro de Daniel, donde leemos la historia cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego son echados en medio de un horno de fuego ardiendo, y como lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que los habían alzado. Súbitamente el rey preguntó a los de su consejo: «¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?» Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: «He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.» ¿Cómo podía Nabucodonosor saber eso? Sólo porque había algo tan noble y majestuoso en la forma en que ese maravilloso Hombre se comportaba, y una terrible influencia lo circundaba que tan maravillosamente quebrantó los dientes consumidores de esa llama devoradora y destructora, de tal forma que ni siquiera podía chamuscar a los hijos de Dios. Nabucodonosor reconoció Su humanidad. No dijo: «veo a tres hombres y a un Ôngel,» sino que dijo: «veo positivamente a cuatro hombres, y la forma del cuarto es como el Hijo de Dios.» Ven, entonces, lo que significa que Sus salidas son «desde los días de la eternidad.»

Observen aquĆ­ por un momento, que cada una de estas cuatro ocurrencias, sucedieron a los santos cuando ellos estaban involucrados en deberes muy eminentes, o cuando estaban a punto de involucrarse. Jesucristo no se aparece a Sus santos cada dĆ­a. Ɖl no vino a ver a Jacob hasta que no estuvo en aflicción; Ɖl no visitó a JosuĆ© antes de que estuviera a punto de involucrarse en una guerra santa. Es solamente en condiciones extraordinarias que Cristo se manifiesta asĆ­ a Su pueblo.

Cuando Abraham intercedió por Sodoma, JesĆŗs estaba con Ć©l, pues uno de los empleos mĆ”s elevados y mĆ”s nobles de un cristiano es ese de la intercesión, y es cuando Ć©l estĆ” ocupado de esa manera que tendrĆ” la probabilidad de obtener una visión de Cristo. Jacob estaba involucrado en luchar, y esa es una parte del deber de un cristiano, que nunca han experimentado algunos de ustedes; consecuentemente, ustedes no tienen muchas visitas de JesĆŗs. Fue cuando JosuĆ© estaba ejercitando la valentĆ­a que el SeƱor se encontró con Ć©l. Lo mismo con Sadrac, Mesac y Abed-nego: ellos se encontraban en los lugares altos de la persecución debido a su apego al deber, cuando Ɖl vino a ellos, y les dijo: Ā«estarĆ© con ustedes, pasando a travĆ©s del fuego.Ā»

Hay ciertos lugares especiales en los que debemos entrar, para encontrarnos con el SeƱor. Debemos encontrarnos en grandes problemas, como Jacob; debemos estar en medio de grandes trabajos, como JosuĆ©; debemos tener una gran fe de intercesión, como Abraham; debemos estar firmes en el desempeƱo de un deber, como Sadrac, Mesac, y Abed-nego; de lo contrario no lo conoceremos a Ɖl Ā«cuyas salidas son desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad.Ā» O si lo conocemos, no seremos capaces de Ā«comprender con todos los santos cuĆ”l sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.Ā»

”Dulce Señor Jesús! Tú, cuyas salidas fueron desde el principio, desde los días de la eternidad, Tú no has abandonado Tus salidas todavía. ”Oh, que salieras hoy para animar al desmayado, para ayudar al cansado, para sanar nuestras heridas, para consolar nuestras aflicciones! ”Sal, te suplicamos, para conquistar a los pecadores, para someter corazones endurecidos; para romper las puertas de hierro de las concupiscencias de los pecadores, y cortar las barras de hierro de sus pecados y hacerlas pedazos! ”Oh, Jesús! ”Sal; y cuando salgas, ven a mí! ¿Soy un pecador endurecido? Ven a mí; yo te necesito:

«”Oh!, que tu gracia someta mi corazón;
Quiero ser llevado triunfante tambiƩn;
Un cautivo voluntario de mi SeƱor,
Para cantar los honores de Tu palabra.Ā»
Ā”Pobre pecador! Cristo no ha dejado de salir todavĆ­a. Y cuando sale, recuerda, va a BelĆ©n. ĀæTienes tĆŗ un BelĆ©n en tu corazón? ĀæEres pequeƱo? Ɖl saldrĆ” a ti todavĆ­a. Ve a casa y bĆŗscalo por medio de una oración sincera. Si has sido conducido a llorar a causa del pecado, y te sientes demasiado pequeƱo para que te vean, Ā”ve a casa, pequeƱo! JesĆŗs viene a los pequeƱos; Sus salidas son desde el principio, y Ɖl estĆ” saliendo ahora. Ɖl vendrĆ” a tu vieja pobre casa; Ɖl vendrĆ” a tu pobre corazón desdichado; Ɖl vendrĆ”, aunque estĆ©s en la pobreza, y estĆ©s cubierto de harapos, aunque estĆ©s desamparado, atormentado y afligido; Ɖl vendrĆ”, pues Sus salidas han sido desde el principio, desde los dĆ­as de la eternidad. ConfĆ­a en Ɖl, confĆ­a en Ɖl, confĆ­a en Ɖl; y el saldrĆ” y habitarĆ” en tu corazón por toda la eternidad.

Charles H. Spurgeon (1834-1892) fue un predicador bautista britÔnico que sigue siendo muy influyente entre los cristianos de diferentes denominaciones, entre los que todavía se le conoce como el «Príncipe de los predicadores». 
Predicó su primer sermón, de 1 Pedro 2: 7, en 1851 a los 16 años y se convirtió en pastor de la Iglesia en Waterbeach en 1852. Publicó mÔs de 1.900 sermones diferentes y predicó a alrededor de 10.000.000 de personas durante su vida. 
AdemÔs, Spurgeon fue un autor prolífico de muchos tipos de obras, incluidas una autobiografía, un comentario, libros sobre oración, un devocional, una revista, poesía, himnista y mÔs. 
Se transcribieron muchos sermones mientras hablaba y luego se tradujeron a muchos idiomas.Ā 
Podría decirse que ningún otro autor, cristiano o no, tiene mÔs material impreso que CH Spurgeon.

http://www.spurgeon.com.mx/indice.html

ĀæSi Dios siempre ha existido, por quĆ© no puede el universo haber existido siempre?

No es tan simple como parece

¿Si Dios siempre ha existido, por qué no puede el universo haber existido siempre?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y SabidurĆ­a. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

ĀæEso es lo que me espera?

Un Mensaje a la Conciencia

ĀæEso es lo que me espera?

Carlos Rey y Linda Stewart

En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citÔramos, como sigue:

Ā«Veo a mis padres levantarse cada dĆ­a a las cinco de la maƱana y volver a las ocho de la noche…. Suelo verlos agotados casi siempre y sin tiempo de nada…. Cada vez que me despierto para ir a la universidad y los veo, me desilusiono pensando: ā€œĀæEso es lo que me espera vivir como empresario?ā€ Las rutinas me aterran. Detesto que el mundo tenga que funcionar asĆ­…. Tengo miedo de esa vida triste.Ā»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Es prudente que ya esté contemplando las ramificaciones de la carrera que estÔ emprendiendo. Las largas horas que trabajan sus padres son, en definitiva, una desventaja del empleo que tienen. Usted no lo dice, pero al parecer tiene planes de seguir sus pasos y tal vez hacerse cargo del negocio de ellos en el futuro. Es posible que usted sienta que no tiene mÔs opción que esa debido a las expectativas de ellos.

Ā»Aunque muchas personas tienen pocas opciones y consiguen empleos aburridos y fĆ­sicamente extenuantes, un tĆ­tulo universitario por lo general les depara mĆ”s oportunidades. Como usted ya estĆ” cursando estudios universitarios, tiene un porvenir con buenas perspectivas. Pudiera parecer que lo que estudia actualmente lo limitarĆ” a ciertas profesiones, pero un tĆ­tulo universitario en cualquier rama de estudios lo prepararĆ” para una amplia gama de profesiones….

»Si usted de veras siente que debe seguir los pasos de sus padres, es importante que recuerde que podrÔ valerse de tecnología que no existía sino hasta hace pocos años. Mientras cursa estudios en la universidad, tiene una magnífica oportunidad de investigar las maneras en que pudiera revolucionar los procesos que emplea ese negocio. Desde luego, le llevarÔ varios años incorporar tales adelantos, y quizÔ tenga que convencer a sus padres (si el negocio les pertenece en la actualidad).

Ā»Si no se le ocurre ninguna opción que pudiera hacer mĆ”s emocionantes sus planes actuales para un futuro empleo, entonces le recomendamos que considere otras posibilidades…. [Ninguna carrera] es una buena opción a menos que estĆ© relativamente seguro de que pueda sustentarse usted mismo y sustentar a su futura familia con sus ingresos. Una de las razones por las que tantas personas tienen empleos que no las satisfacen es que comprenden que el sustentar a la familia es aĆŗn mĆ”s importante que tener una profesión satisfactoria.

Ā»Dios sabe lo que mĆ”s le conviene a usted, asĆ­ que necesita su sabidurĆ­a divina. Si estĆ” dispuesto a entregarle su vida a Ɖl y a seguir sus pasos, entonces podrĆ” confiar en que lo guĆ­e de modo que descubra una carrera y una vida que lo satisfagan a usted. Los que confĆ­an en Dios no tienen por quĆ© sentir miedo.1Ā»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaƱa en http://www.conciencia.net que dice: Ā«CasosĀ», y luego se busca el Caso 501.

1 Sal 56:11

ContÔctenos: Asociación Hermano Pablo
2080 Placentia Ave. Costa Mesa, CA 92627
Tel: 949.645.0676
ahp@conciencia.net

https://www.conciencia.net/

Esdras – NehemĆ­as – 39/42

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

39/42 – Esdras – NehemĆ­as

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre los libros profƩticos de Esdras y Nehemƭas, que analiza el diseƱo literario del flujo de pensamiento de cada libro. En estos libros, muchos israelitas regresan a JerusalƩn despuƩs del exilio y logran cierto Ʃxito y al mismo tiempo muchos fracasos espirituales y morales.

#BibleProject​ #VideosDeLaBiblia​

JOHN WYCLIFFE: La ESTRELLA de la maƱana de la REFORMA

BITE

Serie: BiografĆ­as

JOHN WYCLIFFE

La ESTRELLA de la maƱana de la REFORMA

Causó un gran impacto en la iglesia: 43 años después de su muerte, los funcionarios desenterraron su cuerpo, quemaron sus restos y arrojaron las cenizas al río Swift.

Aún así, no pudieron deshacerse de él. Sus enseñanzas, aunque suprimidas, continuaron extendiéndose.

John Wycliffe nació en 1330 en Yorkshire, al interior de Inglaterra, en una granja de ovejas a 200 millas de Londres.

Ingresó a la Universidad de Oxford en 1346, pero debido a la Peste Negra, no pudo obtener su doctorado hasta 1372. Sin embargo, para entonces ya era considerado el principal filósofo y teólogo de Oxford.

Se aplicó rigurosamente al estudio de la teología y de las Escrituras. Mientras lo hacía, se dio cuenta de lo mucho que la iglesia se había desviado.

En 1374, Wycliffe se convirtió en rector de la parroquia en Lutterworth.

Mientras tanto, Roma había exigido apoyo financiero de Inglaterra, mientras luchaba por recaudar dinero para resistir un posible ataque francés. Wycliffe aconsejó a su señor local, John de Gaunt, que le dijera al Parlamento que no cumpliera. Argumentó que la iglesia ya era demasiado rica y que Cristo llamó a sus discípulos a la pobreza, no a la riqueza.

Tales opiniones, y sus escritos, hicieron que Wycliffe se metiera en problemas, y fuera llevado a Londres para responder a los cargos de herejía. La audiencia apenas había comenzado cuando la controversia se avivó en el recinto. Pronto estallaron en una discusión abierta que terminó con la reunión. Tres meses después, el papa Gregorio XI emitió cinco toros, o edictos de la iglesia, contra Wycliffe, en los cuales fue acusado de 18 cargos y fue llamado «maestro de los errores».

En una audiencia posterior ante el arzobispo en el Palacio de Lambeth, Wycliffe respondió: Ā«Estoy listo para defender mis convicciones hasta la muerte… He seguido las Sagradas EscriturasĀ». Continuó diciendo que el Papa y la iglesia estaban en segundo lugar en autoridad a las Escrituras.

Esto no le cayó bien a Roma, pero debido a la popularidad de Wycliffe en Inglaterra y a una posterior división en el papado, hoy conocido como el Gran Cisma de 1378, cuando se eligieron dos papas rivales, Wycliffe fue puesto bajo «arresto domiciliario» y dejó de pastorear.

Creyendo que cada cristiano debería tener acceso a las Escrituras ya que solo las traducciones en latín estaban disponibles en ese momento, comenzó a traducir la Biblia al inglés, con la ayuda de su amigo John Purvey.

Pero no solo era necesario traducir la Biblia; también tuvo que ser copiada y distribuida. Este proyecto se emprendió antes de la invención de la imprenta, inventada en 1440, por lo que las copias tenían que hacerse cuidadosamente a mano. A pesar de los desafíos, cientos de Biblias fueron producidas y distribuidas por el ejército de pastores de Wycliffe, quienes predicaron en toda Inglaterra. Los seguidores de Wycliffe llegaron a llamarse Lolardos.

Wycliffe permaneció convencido de la autoridad y la centralidad de las Escrituras y se dedicó al llamado de su vida: ayudar a los cristianos a estudiar la Biblia.

John Wycliffe murió el 30 de diciembre de 1384, casi exactamente cien años antes de que naciera Martín Lutero.

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John Wycliffe, Medieval Ā«protestantĀ»: http://bit.ly/2sp5BEX​
John Wycliffe, English theologian: http://bit.ly/2smvoxh​

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La ciudad perfecta

Soldados de Jesucristo

Febrero 13/2021

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Los dos fundamentos

SƔbado 13 Febrero

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras… fue sepultado, y… resucitó al tercer dĆ­a, conforme a las Escrituras. 1 Corintios 15 : 3-4

Los dos fundamentos

– La muerte de Jesucristo en la cruz es la base sobre la cual Dios cumple todos sus planes de gracia hacia la humanidad. Ella es y serĆ” eternamente la mayor prueba del amor de Dios nuestro Salvador. ā€œConsumado esā€ (Juan 19 : 30), dijo JesĆŗs muriendo en la cruz por nosotros, hombres culpables. Esta expresión confirma que su obra estĆ” concluida. ā€œConsumado esā€ā€Æ: una sola palabra en la lengua original, que antiguamente se anotaba en la parte inferior de una factura pagada. Esta es la palabra impresa despuĆ©s de la larga lista de mis pecados, si creo que Cristo llevó en la cruz el castigo que ellos merecĆ­an. Entonces soy hecho justo ante Dios : ā€œJustificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo JesĆŗsā€ (Romanos 3 : 24).

– La resurrección de JesĆŗs mediante el poder divino atestigua que su obra satisfizo perfectamente la justicia de Dios. JesĆŗs murió por nuestros pecados, y Dios lo resucitó para nuestra justificación (Romanos 4 : 25).

SĆ­, del lado de Dios, todo fue perfectamente cumplido para salvar al hombre perdido. Ɖl dio la prueba de ello, lo anuncia a los hombres y espera la respuesta de su corazón. ĀæCuĆ”l serĆ” la mĆ­a ?

– Āæla duda, que hace de Dios un mentiroso ?

– Āæel orgullo, que no quiere someterse a Dios ?

– Āæpretender que ā€œmis buenas obras pueden salvarmeā€, como si la obra de Cristo no fuese suficiente ?

– Āæla ingratitud hacia aquel que murió por mí ?

– Āæla indiferencia ?

– Āæo la fe que acepta simplemente el don de Dios y la obra de Cristo para salvarme ?

2 Samuel 6Ā –Ā Mateo 27 : 1-31Ā –Ā Salmo 22 : 12-15Ā –Ā Proverbios 9 : 1-6

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chĀ –Ā labuena@semilla.ch