La Encarnación y el Nacimiento de Cristo
El PĆŗlpito de la Capilla New Park Street

La Encarnación y el Nacimiento de Cristo
NO. 57
Sermón predicado la mañana del Domingo 23 de Diciembre, 1855
Charles Haddon Spurgeon
En la Capilla de New Park Street, Southark, Londres
Ā«Pero tĆŗ, BelĆ©n Efrata, pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”, de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad.Ā» — Miqueas 5: 2.
Esta es la estación del aƱo cuando, querĆ”moslo o no, estamos obligados a pensar en el nacimiento de Cristo. Considero que es una de las cosas mĆ”s absurdas bajo el cielo pensar que hay religión cuando se guarda el dĆa de Navidad. No hay ninguna probabilidad que nuestro Salvador Jesucristo haya nacido en ese dĆa, y su observancia es puramente de origen papal; sin duda quienes son católicos tienen el derecho de reverenciarlo, pero no puedo entender cómo los protestantes consistentes pueden considerarlo de alguna manera sagrado. Sin embargo, yo desearĆa que hubiese diez o doce dĆas de Navidad al aƱo; porque hay suficiente trabajo en el mundo y un poco mĆ”s de descanso no le harĆa daƱo a la gente que trabaja.
El dĆa de Navidad es realmente una bendición para nosotros; particularmente porque nos congrega alrededor de la chimenea de nuestra casa y nos reunimos una vez mĆ”s con nuestros amigos. Sin embargo, aunque no seguimos los pasos de otras personas, no veo ningĆŗn daƱo en que pensemos en la encarnación y el nacimiento del SeƱor JesĆŗs. No queremos ser clasificados con aquellos que:
Ā«Ponen mĆ”s cuidado en guardar el dĆa de fiesta
De manera incorrecta,
Que el cuidado que otros ponen
Para guardarlo de manera correcta.Ā»
Los antiguos puritanos hacĆan ostentación de trabajo el dĆa de Navidad, sólo para mostrar que protestaban contra la observancia de ese dĆa. Pero nosotros creemos que protestaban tan radicalmente, que deseamos, como descendientes suyos, aprovechar el bien accidentalmente conferido por ese dĆa, y dejar que los supersticiosos sigan con sus supersticiones.
Procedo de inmediato al punto que tengo que comentarles. Vemos, en primer lugar, quiĆ©n fue el que envió a Cristo. Dios el Padre habla aquĆ, y dice: Ā«de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel.Ā» En segundo lugar, Āædónde vino al momento de Su encarnación? En tercer lugar, Āæpara quĆ© vino? Ā«Para ser SeƱor en Israel.Ā» En cuarto lugar, ĀæhabĆa venido ya antes? SĆ, ya lo habĆa hecho antes. Ā«Sus salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad.Ā»
I. Entonces, en primer lugar, ĀæQUIĆN ENVIĆ A CRISTO? La respuesta nos es entregada por las propias palabras del texto: Ā«De ti,Ā» dice JehovĆ”, hablando por la boca de Miqueas, Ā«de ti me saldrĆ”.Ā» Es un dulce pensamiento que Jesucristo no vino sin el permiso, autoridad, consentimiento y ayuda de Su Padre. Fue enviado por el Padre, para que fuera el Salvador de los hombres. Ā”Ay! Nosotros estamos inclinados a olvidar que, si bien es cierto que hay distinciones en cuanto a las Personas de la Trinidad, no hay distinción en cuanto al honor; y muy frecuentemente atribuimos el honor de nuestra salvación, o al menos las profundidades de Su misericordia y el extremo de Su benevolencia, mĆ”s a Jesucristo que al Padre. Este es un gran error. ĀæY quĆ© si JesĆŗs vino? ĀæAcaso no lo envió el Padre? Si fue convertido en un niƱo, Āæacaso no lo engendró el EspĆritu Santo? Si habló maravillosamente, Āæacaso el Padre no derramó gracia en Sus labios, para que fuera un capaz ministro del nuevo pacto?
Si Su Padre lo abandonó cuando tomó la amarga copa de hiel, Āæacaso no lo amaba aĆŗn? Y despuĆ©s de tres dĆas Āæno Lo levantó de los muertos y Lo recibió en lo alto, llevando cautiva la cautividad? Ā”Ah!, amados hermanos, quien conoce al Padre, y al Hijo, y al EspĆritu Santo como deberĆa conocerlos, nunca coloca a Uno por encima del Otro; no estĆ” mĆ”s agradecido al Uno que al Otro; Los ve a todos en BelĆ©n, en GetsemanĆ y en el Calvario, Todos igualmente involucrados en la obra de salvación. Ā«De ti me saldrĆ”.Ā» Oh cristiano, Āæhas puesto tu confianza en el hombre Cristo JesĆŗs? ĀæHas colocado tu seguridad Ćŗnicamente en Ćl? Y ĀæestĆ”s unido a Ćl? Entonces debes creer que estĆ”s unido al Dios del cielo; puesto que eres hermano del hombre Cristo JesĆŗs, y tienes una Ćntima relación con Ćl, entonces por esa razón estĆ”s ligado al Dios eterno, y Ā«el Anciano de dĆasĀ» es tu Padre y tu amigo. Ā«De ti me saldrĆ”.Ā»
ĀæAcaso nunca has visto la profundidad del amor que habĆa en el corazón de JehovĆ”, cuando Dios el Padre equipó a Su Hijo para la grandiosa empresa de misericordia? HabĆa habido un dĆa triste en el cielo una vez antes, cuando SatanĆ”s cayó, y arrastró consigo a un tercio de las estrellas del cielo, cuando el Hijo de Dios, lanzando de Su grandiosa diestra los truenos omnipotentes, arrojó al grupo rebelde al foso de perdición; pero si pudiĆ©ramos concebir una pena en el cielo, debe haber sido un dĆa mĆ”s triste cuando el Hijo del AltĆsimo dejó el seno de Su Padre, donde habĆa descansado desde antes de todos los mundos. Ā«Ve,Ā» dijo el Padre, «”con la bendición de Tu Padre sobre Tu cabeza! Luego viene el despojarse de Sus vestidos. Ā”Cómo se reĆŗnen los Ć”ngeles alrededor, para ver al Hijo de Dios quitarse Sus vestiduras! Puso a un lado Su corona; dijo Ā«Padre mĆo, yo soy SeƱor de todo, bendito por siempre, pero voy a hacer mi corona a un lado, y voy a ser como los hombres mortales.Ā» Se despoja de Su brillante vestimenta de gloria; Ā«Padre,Ā» dice Ā«voy a ponerme un vestido de barro, justo el mismo que usan los hombres.Ā» Luego se quita todas esas joyas con las que era glorificado; hace a un lado Sus mantos bordados de estrellas y Sus tĆŗnicas de luz, para vestirse con las simples ropas del campesino de Galilea. Ā”CuĆ”n solemne debe haber sido ese desvestirse!
Y en seguida, Āæpueden imaginarse la separación? Los Ć”ngeles sirven al Salvador a lo largo de las calles, hasta que se acercan a las puertas, cuando un Ć”ngel exclama: «”Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y saldrĆ” el Rey de gloria!Ā» Ā”Oh!, me parece que los Ć”ngeles deben haber llorado cuando perdieron la compaƱĆa de JesĆŗs; cuando el Sol del Cielo les arrebató toda Su luz. Pero lo siguieron. Descendieron con Ćl; y cuando Su espĆritu entró en la carne, y se volvió un bebĆ©, Ćl fue servido por ese poderoso ejĆ©rcito de Ć”ngeles, quienes despuĆ©s de haber estado con Ćl en el pesebre de BelĆ©n, y despuĆ©s de verlo descansar en el pecho de Su madre, en su camino de regreso hacia lo alto, se aparecieron a los pastores y les dijeron que habĆa nacido el Rey de los judĆos. Ā”El Padre lo envió! Contemplen ese tema. Sus almas deben aferrarse a ese tema, y en cada perĆodo de Su vida piensen que Ćl sufrió lo que el Padre quiso; que cada paso de Su vida fue marcado con la aprobación del grandioso YO SOY. Cada pensamiento que tengan acerca de JesĆŗs debe estar conectado con el Dios eterno, siempre bendito; pues Ā«Ćl,Ā» dice JehovĆ”, Ā«me saldrĆ”.Ā» Entonces, ĀæquiĆ©n lo envió? La respuesta es, Su Padre.
II. Ahora, en segundo lugar, ĀæADĆNDE VINO? Una palabra o dos relativas a BelĆ©n. Se consideró bueno y adecuado que nuestro Salvador naciera en BelĆ©n, y eso debido a la historia de BelĆ©n, al nombre de BelĆ©n, y a la posición de BelĆ©n: pequeƱa en JudĆ”.
1. En primer lugar, se consideró necesario que Cristo naciera en BelĆ©n, debido a la historia de BelĆ©n. Muy querida para todo israelita era la pequeƱa aldea de BelĆ©n. JerusalĆ©n podĆa brillar mĆ”s que ella en esplendor, pues allĆ estaba el templo, la gloria de toda la tierra, y Ā«Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sion;Ā» sin embargo alrededor de BelĆ©n ocurrió un nĆŗmero de incidentes que la convirtieron siempre en un agradable lugar de descanso para la mente de cada judĆo. Inclusive el cristiano no puede evitar amar a BelĆ©n.
Creo que la primera mención que tenemos de BelĆ©n es triste. AllĆ murió Raquel. Si buscan en el capĆtulo 35 de GĆ©nesis, encontrarĆ”n que el versĆculo 16 dice: Ā«DespuĆ©s partieron de Bet-el; y habĆa aĆŗn como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y aconteció, como habĆa trabajo en su parto, que le dijo la partera: No temas, que tambiĆ©n tendrĆ”s este hijo. Y aconteció que al salĆrsele el alma (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó BenjamĆn. AsĆ murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es BelĆ©n. Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la seƱal de la sepultura de Raquel hasta hoy.Ā» Este es un incidente singular: casi profĆ©tico. ĀæNo habrĆa podido MarĆa haber llamado a su propio hijo JesĆŗs, su Benoni?; pues Ćl iba a ser ‘el hijo de mi dolor.’
Simeón le dijo: Ā«(y una espada traspasarĆ” tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.Ā» Pero aunque ella pudo haberlo llamado Benoni, Āæcómo lo llamó Dios Su Padre? BenjamĆn, el hijo de mi mano derecha; BenjamĆn en cuanto a Su Divinidad. Este pequeƱo incidente parece ser casi una profecĆa que Benoni: BenjamĆn, el SeƱor JesĆŗs, debĆa nacer en BelĆ©n.
Pero otra mujer hace cĆ©lebre este lugar. El nombre de esa mujer era NoemĆ. AllĆ en BelĆ©n vivió en dĆas posteriores otra mujer llamada NoemĆ, cuando tal vez la piedra que el amor de Jacob habĆa levantado, ya estaba cubierta de musgo y su inscripción estaba borrada. Ella tambiĆ©n fue una hija de gozo, pero una hija de amargura a la vez. NoemĆ fue una mujer a quien el SeƱor habĆa amado y bendecido, pero tenĆa que marcharse a una tierra extraƱa; y ella dijo: Ā«No me llamĆ©is NoemĆ (delicia) sino llamadme Mara (amargo); porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.Ā» Sin embargo, ella no estaba sola en medio de todas sus pĆ©rdidas, pues se aferró a ella Rut la moabita, cuya sangre gentil se debĆa unir con el torrente puro y sin mancha del judĆo que debĆa engendrar al SeƱor nuestro Salvador, el grandioso Rey tanto de los judĆos como de los gentiles.
El bellĆsimo libro de Rut tenĆa todo su escenario en BelĆ©n. Fue en BelĆ©n que Rut salió a recoger espigas en los campos de Booz; fue allĆ que Booz la miró, y ella se inclinó a tierra ante su seƱor; fue allĆ que se celebró su matrimonio; y en las calles de BelĆ©n, Booz y Rut recibieron una bendición que los hizo fructĆferos, de tal forma que Booz se convirtió en el padre de Obed, y Obed el padre de IsaĆ, e IsaĆ engendró a David. Este Ćŗltimo hecho ciƱe a BelĆ©n con gloria: el hecho que David haya nacido allĆ: el hĆ©roe poderoso que mató al gigante filisteo, que libró a los descontentos de su tierra de la tiranĆa de su monarca y que despuĆ©s, con el pleno consentimiento de un pueblo que asĆ lo querĆa, fue coronado rey de Israel y de JudĆ”.
BelĆ©n era una ciudad real, porque reyes fueron engendrados allĆ. Aunque BelĆ©n era pequeƱa, tenĆa mucho para ser estimada; porque era como ciertos principados que tenemos en Europa, que no son celebrados por nada sino por haber engendrado a consortes de las familias reales de Inglaterra. Era un derecho, entonces, por la historia, que BelĆ©n debĆa ser el lugar del nacimiento de Cristo.
2. Pero ademĆ”s, hay algo en el nombre del lugar. Ā«BelĆ©n Efrata.Ā» La palabra BelĆ©n tiene un doble significado. Quiere decir Ā«la casa del pan,Ā» y Ā«la casa de la guerra.Ā» ĀæNo debĆa nacer Cristo en Ā«la casa del pan?Ā» Ćl es el pan de Su pueblo, de Quien recibe su alimento. Como nuestros padres comieron manĆ” en el desierto, asĆ nosotros vivimos de Cristo aquĆ abajo. Hambrientos frente al mundo, no podemos alimentarnos de sus sombras. Sus cĆ”scaras pueden gratificar el gusto porcino de los mundanos, pues ellos son puercos; pero nosotros necesitamos algo mĆ”s sustancial, y en ese bendito pan del cielo, hecho del cuerpo magullado de nuestro SeƱor JesĆŗs, y cocido en el horno de Sus agonĆas, encontramos un alimento bendito. No hay alimento como JesĆŗs para el alma desesperada o para el mĆ”s fuerte de los santos. El mĆ”s humilde de la familia de Dios va a BelĆ©n por su pan; y el hombre mĆ”s fuerte, que come sólidos alimentos, va a BelĆ©n por ellos.
Ā”Casa de Pan! ĀæDe dónde podrĆa venir nuestro alimento fuera de Ti? Hemos probado al SinaĆ, pero en sus cumbres abruptas no crecen frutos, y sus alturas espinosas no producen el trigo que pueda alimentarnos. Hemos ido al propio Tabor, donde Cristo fue transfigurado, y sin embargo allĆ no hemos sido capaces de comer Su carne y beber Su sangre.
Pero tĆŗ BelĆ©n, casa de pan, correctamente fuiste nombrada; pues allĆ se le dio al hombre por primera vez el pan de vida. Y tambiĆ©n es llamada Ā«la casa de la guerra;Ā» porque Cristo es para un hombre Ā«la casa del pan,Ā» o de lo contrario, Ā«la casa de la guerra.Ā» Mientras Ćl es alimento para el justo, hace la guerra al impĆo, segĆŗn Su propia palabra: Ā«No pensĆ©is que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serĆ”n los de su casa.Ā»
”Pecador! Si tú no conoces a Belén como «la casa del pan,» serÔ para ti una «casa de guerra.» Si de los labios de Jesús nunca bebes la dulce miel; si tú no eres como la abeja, que sorbe el dulce licor delicioso de la Rosa de Sarón, entonces de esa misma boca saldrÔ una espada de dos filos en tu contra; y esa misma boca de la que los justos sacan su pan, serÔ para ti la boca de la destrucción y la causa de tu mal.
JesĆŗs de BelĆ©n, casa de pan y casa de guerra, confiamos en que te conocemos como nuestro pan. Ā”Oh!, que algunos que no estĆ”n en guerra Contigo puedan oĆr en sus corazones, asĆ como en sus oĆdos el himno:
«Paz en la tierra, e indulgente misericordia,
Dios y los pecadores reconciliados.Ā»
Y ahora nos vamos a referir a esa palabra: Efrata. Ese era el viejo nombre del lugar, que los judĆos conservaban y amaban. Su significado es, Ā«fecundidad,Ā» o Ā«abundancia.Ā» Ā”Ah! QuĆ© adecuado fue que JesĆŗs naciera en la casa de la fecundidad; pues Āæde dónde vienen mi fecundidad y tu fecundidad, hermano mĆo, sino de BelĆ©n? Nuestros pobres corazones infecundos nunca produjeron ningĆŗn fruto, ni flor, hasta que fueron regados con la sangre del Salvador.
Es Su encarnación la que enriquece el suelo de nuestros corazones. Por toda su tierra habĆa espinas punzantes, y venenos mortales antes que Ćl viniera; pero nuestra fecundidad viene de Ćl. Ā«Yo serĆ© a Ć©l como la haya verde; de mĆ serĆ” hallado tu fruto.Ā» Ā«Todas mis fuentes estĆ”n en ti.Ā» Si nosotros somos como Ć”rboles plantados junto a corrientes de aguas, dando fruto en nuestro tiempo, no es porque hayamos sido naturalmente fructĆferos, sino a causa de las corrientes de aguas junto a las cuales fuimos plantados.
Es JesĆŗs Quien nos hace fecundos. Ā«El que permanece en mĆ, y yo en Ć©l, Ć©ste lleva mucho fruto.Ā» Ā”Gloriosa BelĆ©n Efrata! Ā”Nombrada muy adecuadamente! Fecunda casa de pan; Ā”la casa de abundante provisión para el pueblo de Dios!
3. A continuación notamos la posición de BelĆ©n. Se dice que es Ā«pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”.Ā» ĀæPor quĆ© se dice esto? Porque Jesucristo siempre va en medio de los pequeƱos. Ćl nació en la pequeƱa aldea Ā«para estar entre las familias de JudĆ”.Ā» No en la alta colina de BasĆ”n, ni en el monte real de Hebrón, ni en los palacios de JerusalĆ©n, sino en la humilde pero ilustre aldea de BelĆ©n.
Hay un pasaje en ZacarĆas que nos enseƱa una lección: se dice que un varón que cabalgaba sobre un caballo alazĆ”n, estaba entre los mirtos que habĆa en la hondura. Ahora, los mirtos crecen en las honduras; y el varón cabalgando el caballo alazĆ”n siempre cabalga allĆ. Ćl no cabalga en la cima de la montaƱa; Ćl cabalga entre los humildes de corazón. Ā«MirarĆ© a aquel que es pobre y humilde de espĆritu, y que tiembla a mi palabra.Ā»
Hay algunos pequeƱos entre nosotros hoy: Ā«pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”.Ā» Nadie escuchó antes el nombre de ustedes, Āæno es verdad? Si los enterraran e inscribieran sus nombres en sus tumbas, pasarĆan desapercibidos. Quienes pasaran por allĆ dirĆan: Ā«eso no significa nada para mĆ: nunca lo conocĆ.Ā»
No sabes mucho de ti mismo, ni tienes una gran opinión acerca de ti mismo; tal vez a duras penas puedes leer. O si tienes algunas habilidades y talentos, eres despreciado por los hombres; o, si no eres despreciado por ellos, tĆŗ te desprecias a ti mismo. TĆŗ eres uno de los pequeƱos. Bien, Cristo siempre nace en BelĆ©n entre los pequeƱitos. Cristo nunca entra en los grandes corazones; Cristo no habita en los grandes corazones, sino en los pequeƱitos. Los espĆritus poderosos y orgullosos nunca tienen a Jesucristo, pues Ćl entra por puertas bajas, y nunca entrarĆ” por puertas elevadas.
Quien tiene un corazón quebrantado, y un espĆritu humillado, tendrĆ” al Salvador, pero nadie mĆ”s. Ćl no sana ni al prĆncipe ni al rey, sino Ā«Ćl sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.Ā» Ā”QuĆ© dulce pensamiento! Ćl es el Cristo de los pequeƱitos. Ā«Pero tĆŗ, BelĆ©n Efrata, pequeƱa para estar entre las familias de JudĆ”, de ti me saldrĆ” el que serĆ” SeƱor en Israel.Ā»
No podemos abandonar este tema sin otro pensamiento aquĆ, que es, Ā”cuĆ”n maravillosamente misteriosa fue esa providencia que trajo a la madre de Jesucristo a BelĆ©n, en el mismo momento que iba a dar a luz! Sus padres residĆan en Nazaret; Āæy con quĆ© motivo hubieran querido viajar en ese momento? Naturalmente, hubieran permanecido en casa; no es nada probable que Su madre hubiera hecho un viaje a BelĆ©n encontrĆ”ndose en esa condición especial. Pero Augusto CĆ©sar promulga un edicto que todo el mundo debe ser empadronado. Muy bien, entonces que sean empadronados en Nazaret. No; le agradó a Ćl que todos debĆan ir a Su ciudad. ĀæPero por quĆ© Augusto CĆ©sar pensó en eso precisamente en ese momento en particular? Simplemente porque mientras el hombre piensa su camino, el corazón del rey estĆ” en la mano de JehovĆ”.
Ā”Mil variables se relacionaron entre sĆ, como dice el mundo, para producir este evento! Primero que nada, CĆ©sar tiene una disputa con Herodes; uno de la familia de Herodes fue depuesto. CĆ©sar dice: Ā«voy a imponer impuestos a Judea, y voy a convertirla en una provincia, en vez de mantenerla como un reino separado.Ā» Pues bien, tenĆa que hacerse asĆ. Pero, ĀæcuĆ”ndo debe hacerse? Esta ley impositiva, se dice, se comenzó cuando Cirenio era gobernador. Pero, Āæpor quĆ© debe llevarse a cabo este censo en ese momento en particular, supongamos que en Diciembre? ĀæPor quĆ© no se hizo en el mes de Octubre anterior? Y Āæpor quĆ© la gente no hubiera podido ser censada en el lugar en que residĆa? ĀæNo era su dinero tan bueno en el lugar en que vivĆa como en cualquier otro? Era un capricho de CĆ©sar; pero era el decreto de Dios.
Ā”Oh!, amamos la doctrina sublime de la absoluta predestinación eterna. Algunos han dudado que sea consistente con el libre albedrĆo del hombre. Bien sabemos que es asĆ y nunca hemos visto ninguna dificultad en el tema; creemos que los filósofos metafĆsicos son los que han creado las dificultades; nosotros no vemos ningĆŗn problema. Nos corresponde creer que el hombre hace lo que le parece, pero sin embargo siempre hace lo que Dios decreta. Si Judas traiciona a Cristo, Ā«para eso fue destinado;Ā» y si Faraón endurece su corazón, sin embargo, Ā«Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.Ā» El hombre hace lo que quiere; pero tambiĆ©n Dios hace que el hombre haga lo que Ćl quiere. MĆ”s aĆŗn, no sólo estĆ” la voluntad del hombre bajo la absoluta predestinación de JehovĆ”; sino que todas las cosas, grandes o pequeƱas, son de Ćl. Bien ha dicho el buen poeta: Ā«Sin duda, la navegación de una nube tiene a la Providencia como su piloto; sin duda la raĆz de un roble es nudosa debido a un propósito especial, Dios rodea todas las cosas, cubriendo al globo como aire.Ā» No hay nada grande o pequeƱo, que no sea de Ćl.
El polvo del verano se mueve en su órbita, guiado por la misma mano que dispersa a las estrellas a lo largo del cielo; las gotas de rocĆo tienen su padre, y cubren el pĆ©talo de la rosa conforme Dios lo ordena; sĆ, las hojas secas del bosque, cuando son desparramadas por la tormenta, tienen una posición asignada donde caen, y no pueden modificarla. En lo grande y en lo pequeƱo, allĆ estĆ” Dios: Dios en todo, haciendo todas las cosas de acuerdo al consejo de Su propia voluntad; y aunque el hombre busca ir contra su Hacedor, no puede.
Dios le ha puesto un lĆmite al mar con una barrera de arena; y si el mar levanta una ola tras otra, sin embargo no excederĆ” su lĆmite asignado. Todo es de Dios; y a Ćl, que guĆa las estrellas y le da sus alas a los gorriones, que gobierna a los planetas y tambiĆ©n mueve los Ć”tomos, que habla truenos y susurra cĆ©firos, a Ćl sea la gloria; pues Dios estĆ” en cada cosa.
III. Esto nos lleva al tercer punto: ĀæPARA QUĆ VINO JESĆS? Ćl vino para ser Ā«SeƱor en Israel.Ā» Es algo muy singular que se dijera de Jesucristo que era Ā«nacido el rey de los judĆos.Ā» Muy pocos alguna vez han Ā«nacido reyes.Ā» Algunos hombres nacen como prĆncipes, pero rara vez nacen como reyes. No creo que encuentren algĆŗn caso en la historia donde un niƱo haya nacido rey. Nació como prĆncipe de Gales, tal vez, y tuvo que esperar un nĆŗmero de aƱos, hasta que su padre muriera, y entonces lo hicieron rey, poniĆ©ndole una corona en su cabeza; y un crisma sagrado, y otras cosas extraƱas por el estilo; pero no nació rey. No recuerdo a nadie que haya nacido rey, excepto JesĆŗs; y hay un significado enfĆ”tico en ese verso que cantamos:
«Nacido para liberar a Tu pueblo;
Nacido niño, pero sin embargo, rey.»
En el instante que vino a la tierra Ćl era un rey. No tuvo que esperar su mayorĆa de edad para poder asumir Su imperio; pero tan pronto como Su ojo saludó a la luz del sol, era rey; desde el momento que Sus manos pequeƱitas tomaron alguna cosa, tomaron un cetro: tan pronto latió Su pulso, y Su sangre comenzó a fluir, Su corazón latió con latidos reales, y Su pulso latió con una medida imperial, y Su sangre fluyó en una corriente de realeza. Ćl nació rey. Ćl vino para ser Ā«SeƱor en Israel.Ā» «”Ah!Ā», dirĆ” alguien, Ā«entonces vino en vano, pues muy poco ejerció Su gobierno; Ā«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron;Ā» vino a Israel pero no fue su rey, sino que fue mĆ”s bien Ā«despreciado y desechado entre los hombres,Ā» rechazado por todos ellos, y abandonado por Israel, a quien vino.Ā»
Ay, pero Ā«no todos los que descienden de Israel son israelitas,Ā» ni tampoco porque sean de la simiente de AbrahĆ”n son todos tambiĆ©n llamados. Ā”Ah, no! Ćl no es SeƱor de Israel segĆŗn la carne, sino que es SeƱor de Israel segĆŗn el espĆritu. Muchos le han obedecido en Su carĆ”cter de SeƱor. ĀæAcaso los apóstoles no se inclinaron ante Ćl, y le reconocieron como Rey? Y ahora, Āæno lo saluda Israel como su SeƱor? ĀæAcaso toda la simiente de AbrahĆ”n segĆŗn el espĆritu, todos los creyentes, pues Ć©l es el Ā«padre de los creyentes,Ā» no reconoce que a Cristo pertenecen los escudos de los poderosos, pues Ćl es el Rey de toda la tierra? ĀæNo gobierna en Israel? Ay, verdaderamente sĆ reina; y aquellos que no son gobernados por Cristo no son de Israel. Ćl vino para ser SeƱor de Israel.
Hermano mĆo, Āæte has sometido al gobierno de JesĆŗs? ĀæEs SeƱor de tu corazón, o no? Podemos conocer a Israel por esto: Cristo ha venido a sus corazones, para ser SeƱor de ellos. «”Oh!Ā» dirĆ” alguien, Ā«yo hago lo que me dĆ© la gana, nunca he estado bajo la servidumbre de nadie.Ā» Ā”Ah!, entonces odias el seƱorĆo de Cristo. «”Oh!Ā», dirĆ” otro, Ā«yo me someto a mi ministro, a mi clĆ©rigo, a mi sacerdote, y pienso que lo que me dice es suficiente, pues Ć©l es mi seƱor.Ā» ĀæEs asĆ? Ā”Ah!, pobre esclavo, no conoces tu dignidad; pues nadie es tu seƱor legal sino el SeƱor Jesucristo. Ā«Ay,Ā» dice otro, Ā«he profesado Su religión, y soy Su seguidor.Ā» Pero, Āægobierna en tu corazón? ĀæTiene Ćl el comando de tu corazón? ĀæGuĆa tu juicio? ĀæBuscas en Su mano el consejo cuando experimentas dificultades? ĀæEstĆ”s deseoso de honrarlo, y poner coronas sobre Su cabeza? ĀæEs Ć©l tu SeƱor? Si es asĆ, entonces tĆŗ eres uno de Israel; pues estĆ” escrito: Ā«serĆ” SeƱor en Israel.Ā»
Ā”Bendito SeƱor JesĆŗs! TĆŗ eres SeƱor en los corazones de los que son de Tu pueblo, y siempre lo serĆ”s; no queremos otro seƱor salvo TĆŗ, y no nos someteremos a nadie mĆ”s. Somos libres, puesto que somos siervos de Cristo; estamos en libertad, puesto que Ćl es nuestro SeƱor, y no conocemos ninguna servidumbre ni ninguna esclavitud, porque sólo Jesucristo es el monarca de nuestros corazones. Ćl vino para ser Ā«SeƱor en Israel;Ā» y fĆjense bien, esa misión Suya no estĆ” terminada todavĆa, y no lo estarĆ” hasta las glorias postreras. Dentro de poco verĆ”n a Cristo venir de nuevo, para ser SeƱor sobre Su pueblo Israel, y gobernar sobre ellos no sólo como el Israel espiritual, sino tambiĆ©n como el Israel natural, pues los judĆos serĆ”n restaurados a su tierra, y las tribus de Jacob cantarĆ”n en las naves de su templo; a Dios serĆ”n ofrecidos nuevamente, himnos hebreos de alabanza, y el corazón del judĆo incrĆ©dulo serĆ” derretido a los pies del verdadero MesĆas.
En breve, Quien en Su nacimiento fue saludado como rey de los judĆos por unos orientales, y de Quien en Su muerte un occidental escribió: Rey de los judĆos, serĆ” llamado Rey de los judĆos en todas partes; sĆ, Rey de los judĆos y tambiĆ©n de los gentiles; en esa monarquĆa universal cuyo dominio se extenderĆ” por todo el globo habitable, y cuya duración serĆ” sin tiempo. Ćl vino para ser SeƱor en Israel, y con toda certeza serĆ” SeƱor, cuando reine gloriosamente en Su pueblo, con todos sus antepasados.
IV. Y ahora, el Ćŗltimo punto es, ĀæVINO JESUCRISTO ALGUNA VEZ ANTES? Respondemos que sĆ: pues nuestro texto dice: Ā«sus salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad.Ā»
Primero, Cristo ha tenido Sus salidas en Su divinidad. Ā«Desde los dĆas de la eternidad.Ā» Ćl no habĆa sido una persona secreta y silenciosa hasta ese momento. Ese niƱo reciĆ©n nacido ha obrado maravillas desde hace mucho tiempo; ese bebĆ© dormido en los brazos de Su madre, es bebĆ© hoy, pero es el Anciano de la eternidad; ese niƱo que estĆ” allĆ no ha hecho Su primera aparición en el escenario de este mundo; Su nombre todavĆa no ha sido escrito en el registro de los circuncidados; pero aunque no lo sepas, Ā«sus salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad.Ā»
1. Desde tiempos antiguos, Ćl salió como nuestra cabeza del pacto en la elección, Ā«segĆŗn nos escogió en Ć©l antes de la fundación del mundo.Ā»
«Cristo sea Mi primer elegido, dijo,
Y luego eligió nuestras almas en Cristo nuestra Cabeza.»
2. Ćl salió por Su pueblo, como su representante ante el trono, aun antes que ese pueblo fuera engendrado en el mundo. Fue desde la eternidad que Sus poderosos dedos tomaron la pluma, y la estilogrĆ”fica de las edades, y escribió Su propio nombre, el nombre del eterno Hijo de Dios; fue desde la eternidad que firmó el pacto con Su Padre, que pagarĆa sangre por sangre, herida por herida, sufrimiento por sufrimiento, agonĆa por agonĆa, y muerte por muerte, a favor de Su pueblo; fue desde la eternidad que Se entregó a SĆ mismo, sin murmurar una palabra, que desde Su cabeza hasta la planta de Sus pies sudarĆa sangre, que serĆa escupido, traspasado, se burlarĆan de Ćl, serĆa partido en dos, sufrirĆa el dolor de la muerte, y las agonĆas de la cruz. Sus salidas como nuestra garantĆa fueron desde la eternidad.
Ā”Haz una pausa, alma mĆa, y asómbrate! TĆŗ has tenido salidas en la persona de JesĆŗs desde la eternidad. No solamente cuando naciste en este mundo te amó Cristo, pero Sus deleites estaban con los hijos de los hombres antes de que hubieran hijos de los hombres. A menudo pensaba en ellos; desde la eternidad hasta la eternidad Ćl habĆa puesto Su afecto en ellos. Ā”Cómo!, creyente, Ćl ha estado involucrado en tu salvación desde hace tanto tiempo, y Āæno va a alcanzarla? ĀæDesde la eternidad Ćl ha salido para salvarme, y va a perderme ahora? Ā”Cómo!, Āæme ha tenido en Su mano, como Su joya preciosa, y dejarĆ” que resbale en medio de Sus preciosos dedos? ĀæMe eligió antes que las montaƱas fueran colocadas, o fueran esculpidos los canales de las profundidades, y va a perderme ahora? Ā”Imposible!
«Mi nombre de las palmas de Sus manos
La eternidad no puede borrar;
Grabado en Su corazón permanece,
Con marcas de gracia indeleble.Ā»
Estoy seguro que no me amarĆa durante tanto tiempo, para luego dejar de amarme. Si tuviera la intención de cansarse de mĆ, ya se hubiera cansado de mĆ desde hace mucho tiempo. Si no me hubiera amado con un amor tan profundo como el infierno y tan inexpresable como la tumba, si no me hubiera dado todo Su corazón, estoy seguro que me hubiera abandonado desde hace mucho tiempo. Ćl sabĆa lo que yo serĆa, y Ćl ha tenido mucho tiempo para considerarlo; pero yo soy Su elegido, y eso es definitivo. Y a pesar de lo indigno que soy, no me corresponde refunfuƱar, si Ćl estĆ” contento conmigo. Pero Ćl estĆ” contento conmigo: debe estar contento conmigo; pues Ćl me ha conocido lo suficiente para conocer mis fallas. Ćl me conoció antes que yo me conociera; sĆ, Ćl me conoció antes que yo existiera. Antes que mis miembros fueran formados, fueron escritos en Su libro: Ā«Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.Ā» Sus ojos de afecto se enfocaron en esos miembros. Ćl sabĆa cuĆ”n mal me iba a portar con Ćl, y sin embargo ha seguido amĆ”ndome:
«Su amor de tiempos pasados me impide pensar,
Que me dejarĆ” al fin en problemas que me hundan.Ā»
No; puesto que Ā«sus salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad,Ā» serĆ”n Ā«hasta la eternidad.Ā»
En segundo lugar, creemos que Cristo ha salido desde tiempos remotos a los hombres, de tal forma que los hombres lo han visto. No me detendrĆ© para decirles que fue JesĆŗs Quien se paseaba en el huerto del EdĆ©n, al aire del dĆa, pues Sus deleites estaban con los hijos de los hombres; ni los voy a demorar seƱalĆ”ndoles todas las diversas maneras en que Cristo salió a Su pueblo en la forma del Ć”ngel del pacto, el Cordero Pascual, la serpiente de bronce, la zarza ardiendo, y diez mil tipos con los que la historia sagrada estĆ” tan repleta; pero prefiero seƱalarles cuatro ocasiones cuando Jesucristo nuestro SeƱor ha aparecido en la tierra como un hombre, antes de Su grandiosa encarnación para nuestra salvación.
Y, primero, les ruego que vayamos al capĆtulo 18 de GĆ©nesis, donde Jesucristo apareció a Abraham, de quien leemos: Ā«DespuĆ©s le apareció JehovĆ” en el encinar de Mamre, estando Ć©l sentado a la puerta de su tienda en el calor del dĆa. Y alzó sus ojos y miró, y he aquĆ tres varones que estaban junto a Ć©l; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra. Pero, Āæante quiĆ©n se postró? Dijo: Ā«SeƱor,Ā» solamente a uno de ellos. HabĆa un hombre en medio de los otros dos, de lo mĆ”s conspicuo debido a Su gloria, pues se trataba del Dios-hombre Cristo; los otros dos eran Ć”ngeles creados, que habĆan asumido la apariencia de hombres temporalmente. Pero Ć©ste era el hombre Cristo JesĆŗs. Ā«Y dijo: SeƱor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestro pies; y recostaos debajo de un Ć”rbol.Ā» NotarĆ”n que este hombre majestuoso, esta persona gloriosa, se quedó retrasado para hablar con Abraham. En el versĆculo 22 se dice: Ā«Y se apartaron de allĆ los varones, y fueron hacia Sodoma;Ā» esto es, dos de ellos, como verĆ”n en el siguiente capĆtulo: Ā«pero Abraham estaba aĆŗn delante de JehovĆ”.Ā» NotarĆ”n que este hombre, el SeƱor, sostuvo una dulce comunión con Abraham, y le permitió a Abraham interceder por la ciudad que estaba a punto de destruir. Estaba positivamente como un hombre. De tal forma que cuando caminó en las calles de Judea no era la primera vez que era un hombre; lo habĆa sido antes, en Ā«el encinar de Mamre, en el calor del dĆa.Ā»
Hay otra instancia; su aparición a Jacob, que tenemos registrada en el capĆtulo 32 de GĆ©nesis, en el versĆculo 24. Toda su familia se habĆa ido, y Ā«AsĆ se quedó Jacob solo; y luchó con Ć©l un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podĆa con Ć©l, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con Ć©l luchaba. Y dijo: DĆ©jame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejarĆ©, si no me bendices. Y el varón le dijo: ĀæCuĆ”l es tu nombre? Y Ć©l respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirĆ” mĆ”s tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios.Ā» Este era un hombre, y sin embargo era Dios. Ā«porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.Ā» Y Jacob sabĆa que este hombre era Dios, pues dice en el versĆculo 30: Ā«Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.Ā»
EncontrarĆ”n otro ejemplo en el libro de JosuĆ©. Cuando JosuĆ© atravesó la poco profunda corriente del JordĆ”n, y entró en la tierra prometida, y estaba a punto de sacar a los cananeos, Ā”he aquĆ!, este poderoso hombre-Dios se apareció a JosuĆ©. En el capĆtulo 5, en el versĆculo 13, leemos: Ā«Estando JosuĆ© cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de Ć©l, el cual tenĆa una espada desenvainada en su mano. Y JosuĆ©, yendo hacia Ć©l, le dijo: ĀæEres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Ćl respondió: No; mas como PrĆncipe del ejĆ©rcito de JehovĆ” he venido ahora.Ā» Y JosuĆ© vio de inmediato que habĆa divinidad en Ćl; pues se postró sobre rostro en tierra, y adoró, y le dijo: «¿QuĆ© dice mi SeƱor a su siervo?Ā» Ahora, si Ć©ste hubiera sido un Ć”ngel creado hubiera regaƱado a JosuĆ©, diciendo: Ā«yo soy un siervo como tĆŗ.Ā» Pero no; Ā«el PrĆncipe del ejĆ©rcito de JehovĆ” respondió a JosuĆ©: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estĆ”s es santo. Y JosuĆ© asĆ lo hizo.Ā»
Otra instancia notable es la que estĆ” registrada en tercer capĆtulo del libro de Daniel, donde leemos la historia cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego son echados en medio de un horno de fuego ardiendo, y como lo habĆan calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que los habĆan alzado. SĆŗbitamente el rey preguntó a los de su consejo: «¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego?Ā» Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y Ć©l dijo: Ā«He aquĆ yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningĆŗn daƱo; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.Ā» ĀæCómo podĆa Nabucodonosor saber eso? Sólo porque habĆa algo tan noble y majestuoso en la forma en que ese maravilloso Hombre se comportaba, y una terrible influencia lo circundaba que tan maravillosamente quebrantó los dientes consumidores de esa llama devoradora y destructora, de tal forma que ni siquiera podĆa chamuscar a los hijos de Dios. Nabucodonosor reconoció Su humanidad. No dijo: Ā«veo a tres hombres y a un Ć”ngel,Ā» sino que dijo: Ā«veo positivamente a cuatro hombres, y la forma del cuarto es como el Hijo de Dios.Ā» Ven, entonces, lo que significa que Sus salidas son Ā«desde los dĆas de la eternidad.Ā»
Observen aquĆ por un momento, que cada una de estas cuatro ocurrencias, sucedieron a los santos cuando ellos estaban involucrados en deberes muy eminentes, o cuando estaban a punto de involucrarse. Jesucristo no se aparece a Sus santos cada dĆa. Ćl no vino a ver a Jacob hasta que no estuvo en aflicción; Ćl no visitó a JosuĆ© antes de que estuviera a punto de involucrarse en una guerra santa. Es solamente en condiciones extraordinarias que Cristo se manifiesta asĆ a Su pueblo.
Cuando Abraham intercedió por Sodoma, JesĆŗs estaba con Ć©l, pues uno de los empleos mĆ”s elevados y mĆ”s nobles de un cristiano es ese de la intercesión, y es cuando Ć©l estĆ” ocupado de esa manera que tendrĆ” la probabilidad de obtener una visión de Cristo. Jacob estaba involucrado en luchar, y esa es una parte del deber de un cristiano, que nunca han experimentado algunos de ustedes; consecuentemente, ustedes no tienen muchas visitas de JesĆŗs. Fue cuando JosuĆ© estaba ejercitando la valentĆa que el SeƱor se encontró con Ć©l. Lo mismo con Sadrac, Mesac y Abed-nego: ellos se encontraban en los lugares altos de la persecución debido a su apego al deber, cuando Ćl vino a ellos, y les dijo: Ā«estarĆ© con ustedes, pasando a travĆ©s del fuego.Ā»
Hay ciertos lugares especiales en los que debemos entrar, para encontrarnos con el SeƱor. Debemos encontrarnos en grandes problemas, como Jacob; debemos estar en medio de grandes trabajos, como JosuĆ©; debemos tener una gran fe de intercesión, como Abraham; debemos estar firmes en el desempeƱo de un deber, como Sadrac, Mesac, y Abed-nego; de lo contrario no lo conoceremos a Ćl Ā«cuyas salidas son desde el principio, desde los dĆas de la eternidad.Ā» O si lo conocemos, no seremos capaces de Ā«comprender con todos los santos cuĆ”l sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento.Ā»
Ā”Dulce SeƱor JesĆŗs! TĆŗ, cuyas salidas fueron desde el principio, desde los dĆas de la eternidad, TĆŗ no has abandonado Tus salidas todavĆa. Ā”Oh, que salieras hoy para animar al desmayado, para ayudar al cansado, para sanar nuestras heridas, para consolar nuestras aflicciones! Ā”Sal, te suplicamos, para conquistar a los pecadores, para someter corazones endurecidos; para romper las puertas de hierro de las concupiscencias de los pecadores, y cortar las barras de hierro de sus pecados y hacerlas pedazos! Ā”Oh, JesĆŗs! Ā”Sal; y cuando salgas, ven a mĆ! ĀæSoy un pecador endurecido? Ven a mĆ; yo te necesito:
«”Oh!, que tu gracia someta mi corazón;
Quiero ser llevado triunfante tambiƩn;
Un cautivo voluntario de mi SeƱor,
Para cantar los honores de Tu palabra.Ā»
Ā”Pobre pecador! Cristo no ha dejado de salir todavĆa. Y cuando sale, recuerda, va a BelĆ©n. ĀæTienes tĆŗ un BelĆ©n en tu corazón? ĀæEres pequeƱo? Ćl saldrĆ” a ti todavĆa. Ve a casa y bĆŗscalo por medio de una oración sincera. Si has sido conducido a llorar a causa del pecado, y te sientes demasiado pequeƱo para que te vean, Ā”ve a casa, pequeƱo! JesĆŗs viene a los pequeƱos; Sus salidas son desde el principio, y Ćl estĆ” saliendo ahora. Ćl vendrĆ” a tu vieja pobre casa; Ćl vendrĆ” a tu pobre corazón desdichado; Ćl vendrĆ”, aunque estĆ©s en la pobreza, y estĆ©s cubierto de harapos, aunque estĆ©s desamparado, atormentado y afligido; Ćl vendrĆ”, pues Sus salidas han sido desde el principio, desde los dĆas de la eternidad. ConfĆa en Ćl, confĆa en Ćl, confĆa en Ćl; y el saldrĆ” y habitarĆ” en tu corazón por toda la eternidad.

| Charles H. Spurgeon (1834-1892) fue un predicador bautista britĆ”nico que sigue siendo muy influyente entre los cristianos de diferentes denominaciones, entre los que todavĆa se le conoce como el Ā«PrĆncipe de los predicadoresĀ».Ā Predicó su primer sermón, de 1 Pedro 2: 7, en 1851 a los 16 aƱos y se convirtió en pastor de la Iglesia en Waterbeach en 1852. Publicó mĆ”s de 1.900 sermones diferentes y predicó a alrededor de 10.000.000 de personas durante su vida.Ā AdemĆ”s, Spurgeon fue un autor prolĆfico de muchos tipos de obras, incluidas una autobiografĆa, un comentario, libros sobre oración, un devocional, una revista, poesĆa, himnista y mĆ”s.Ā Se transcribieron muchos sermones mientras hablaba y luego se tradujeron a muchos idiomas.Ā PodrĆa decirse que ningĆŗn otro autor, cristiano o no, tiene mĆ”s material impreso que CH Spurgeon. |







