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El Blog de Ligonier
Serie: El MesĆas prometido
La simiente de la mujer
R. Andrew Compton
Nota del editor: Este es el segundo de 13 capĆtulos en la serie de artĆculos de Tabletalk Magazine: El MesĆas prometido
La maldición sobre la serpiente en GĆ©nesis 3:14-15 prepara el escenario para el curso posterior de la historia redentora. Las alusiones obvias del Nuevo Testamento a este pasaje ocurren en lugares como Lucas 10:19, Romanos 16:20 y Apocalipsis 12:17. Sin embargo, a partir de este punto en el libro de GĆ©nesis, el tema de la āenemistad entre las descendencia/simientesā caracteriza la narrativa bĆblica. Este pasaje se cumple finalmente en Jesucristo, la consumada āsimiente de la mujerā que aplasta la cabeza de la serpiente. En los tres discursos de maldición dados en GĆ©nesis 3:14-19, se bosqueja la trama de la historia.
La intensidad de estos discursos se puede rastrear de la siguiente manera. En su punto mĆ”ximo, una maldición le es dada directamente a la serpiente: āMaldita serĆ”sā (v. 14). Con AdĆ”n, hay una leve mitigación: la tierra es maldita por causa de Ć©l, pero Ć©l no es maldecido directamente como lo fue la serpiente (v. 17). Finalmente, con Eva, la palabra maldición ni siquiera es usada.
La maldición de la serpiente culmina en el versĆculo 15: āY pondrĆ© enemistad entre tĆŗ y la mujer, y entre tu simiente y su simiente ; Ć©l te herirĆ” en la cabeza, y tĆŗ lo herirĆ”s en el calcaƱarā. Eva no murió el mismo dĆa que comió del Ć”rbol (ver 2:17); ella vivió lo suficiente como para tener hijos. El dolor en el parto fue multiplicado, pero el parto ocurrió de todos modos (3:16). AdĆ”n nombró a Eva apropiadamente: āEl hombre le puso por nombre Eva a su mujer, porque ella era la madre de todos los vivientesā (v. 20). A travĆ©s de Eva vendrĆa la vida.
QuƩ consuelo saber que en Cristo Dios nos ha reconciliado Consigo mismo.
A partir de este momento, GĆ©nesis presenta dos lĆneas de simientes librando una guerra santa. Cuando Eva dio a luz a CaĆn, su confianza en la promesa de Dios era fuerte: āHe adquirido varón con la ayuda del SeƱorā (4:1). Y sin embargo, este hombre, CaĆn, era en realidad del maligno (1 Jn 3:12) y mató a su justo hermano Abel. CaĆn demostró ser de la lĆnea de la serpiente, que inicialmente parecĆa ganar ventaja. El juicio de Dios sobre CaĆn aludió a las maldiciones en GĆ©nesis 3: āAhora pues, maldito eres de la tierraā (4:11). CaĆn fue como su padre biológico AdĆ”n, al ser maldito de la tierra, pero tambiĆ©n fue como su padre espiritual, el diablo, en el sentido de que Ć©l mismo recibió la maldición: āMaldito eres de la tierraā (v. 11, Ć©nfasis agregado).
Lo que vemos a continuación es el contraste entre lo que podrĆamos llamar dos āpatriarcasā de simientes diferentes. CaĆn fue la cabeza de la lĆnea de la serpiente, y Set de la lĆnea de la promesa.
CaĆn procedió a construir un imperio malvado. Aunque AdĆ”n y Eva fueron enviados al este del EdĆ©n, CaĆn voluntariamente se alejó aĆŗn mĆ”s al este de la presencia de Dios. Construyó una ciudad, tuvo un hijo, Enoc, y nombró a la ciudad (literalmente āla llamóā) en su honor. (Nota que la próxima vez que leamos de alguien construyendo una ciudad, es otra ciudad serpentina en el este, Babel [Gn 11]). A pesar de los logros culturales de la lĆnea de CaĆn (4:18-24), vemos que esta culmina en el nacimiento de Lamec, la sĆ©ptima generación. Dios prometió vengarse siete veces en GĆ©nesis 4:15 de cualquiera que matara a CaĆn, pero Lamec actuó como si fuera mĆ”s grande que Dios, capaz de imponer una venganza setenta veces. ĀæHabĆa la simiente serpentina de CaĆn planteado un verdadero desafĆo a la promesa de Dios?
En GĆ©nesis 4:25, leemos de la lĆnea de la promesa. Eva dio a luz un reemplazo del justo Abel, Set. Con el hijo de Set, hay un interĆ©s continuo en los nombres de las personas: āA Set le nació tambiĆ©n un hijo y le puso por nombre Enós. Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del SeƱorā (v. 26). La lĆnea de Set culmina en el nacimiento de un mejor Enoc que el Enoc cainita. Este Enoc era la sĆ©ptima generación de Set, pero era lo opuesto a la sĆ©ptima generación cainita, Lamec. Cuando Lamec se jactó de ser mĆ”s grande que Dios, Enoc caminó con Dios (5:22) y no probó la muerte (v. 24; Heb 11:5). Luego vino un Lamec mejor y diferente, un setita que engendró un hijo, NoĆ© (Gn 5:28-29). Sobre el nacimiento de NoĆ©, Lamec dijo: āEste nos darĆ” descanso de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el SeƱor ha maldecidoā. NoĆ© era un tipo de Cristo, siendo un hombre justo entre un pueblo adĆŗltero. Su lĆnea fue salvada, pero la lĆnea de la serpiente pereció en su mayorĆa.
Sin embargo, el diluvio, no fue el golpe final de la cabeza de la serpiente. El hijo de NoĆ©, Cam, continuarĆa con la lĆnea de la serpiente. No obstante, vendrĆa el dĆa en que llegarĆa la simiente prometida, Cristo mismo (GĆ”l 3:16). Esta simiente le darĆa el golpe definitivo a la serpiente. En la nueva creación, no quedarĆ” ningĆŗn Cam para liderar una nueva resistencia. GĆ©nesis 3:14-15 contiene la lĆnea de la historia redentora de toda la Biblia, prometiendo que aunque la guerra santa se librarĆ” entre las dos lĆneas, Dios proveerĆ” salvación, completa y final, en la obra de Cristo. QuĆ© consuelo saber que en Cristo Dios nos ha reconciliado Consigo mismo.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El reverendo R. Andrew Compton es profesor asistente de estudios del Antiguo Testamento y director del programa de maestrĆa en estudios teológicos en el Mid-America Reformed Seminary y pastor asociado de la Redeemer United Reformed Church en Dyer, Indiana.