La Gloria de Dios y mi Sufrimiento – 5

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Cómo sufrir bien

5 – La Gloria de Dios y mi Sufrimiento

HƩctor Salcedo

HĆ©ctor Salcedo sirve como pastor ejecutivo de la Iglesia Bautista Internacional en RepĆŗblica Dominicana, y dirige el ministerio a jóvenes adultos. Tiene una maestrĆ­a en Estudios BĆ­blicos del Instituto BĆ­blico Moody en Chicago. EstĆ” casado con ChĆ”rbela El Hage, y tienen dos hijos, ElĆ­as y Daniel.

Restaurar a un hermano que ha caĆ­do – 10

CONSULTORIO BƍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

10 – Restaurar a un hermano que ha caĆ­do

DAVID LOGACHO

QuƩ grato es saber que Usted nos estƔ escuchando. Bienvenida, o bienvenido al estudio bƭblico de hoy. Estamos estudiando las caracterƭsticas de la vida autƩnticamente cristiana y en esta oportunidad, David Logacho nos hablarƔ acerca de la necesidad de restaurar a un hermano que ha caƭdo.

Si Usted ha sido madre o padre de familia, se habrĆ” deleitado viendo a su hija o a su hijo dar sus primeros pasos.

Yo recuerdo muy claramente, hasta ahora, luego de mƔs de veinte aƱos, cuando mi hijo pudo dar sus primeros pasos por sƭ solo. Fue todo un acontecimiento. Mi esposa y yo estƔbamos tan orgullosos, en un buen sentido, de ese pequeƱo ser de menos de un aƱo de nacido. Lo contamos a todo mundo.

Si hubiera sido posible, hasta lo hubiéramos publicado en los periódicos. Fue grandioso. Pero después de dos o tres pasos juntos venía una caída. Nada doloroso, por supuesto.

Pero qué pensaría Usted de unos padres que después de ver que su tierno hijo se cae después de dar uno o dos pasos por primera vez, dice algo como esto: Qué decepción, mi hijo acaba de caerse, me ha defraudado. SerÔ mejor que le eche de la casa. Ya no quiero saber nada mÔs de él. ”Absurdo! ¿Verdad?

Pero, pensƔndolo bien, eso es justamente lo que hacemos muy a menudo cuando vemos a un hermano en la fe que cae en pecado. Por el hecho de haber caƭdo, pensamos que ya es el fin.

¿Qué hubiera sido de la vida de Pedro el Apóstol, si hubiera sido desechado después que negó tres veces a Jesús? ¿Qué hubiera sido de la vida de Pablo, Saulo en ese entonces, después de haber perseguido con crueldad a la naciente iglesia Cristiana? ¿Habría ido JonÔs a Nínive a predicar un mensaje de arrepentimiento, si Dios le hubiera desechado después que desobedeció la primera vez que fue llamado para esa obra? Para hacerlo mÔs personal: ¿Estaríamos nosotros hoy donde estamos si Dios nos hubiera rechazado después de haber caído de alguna manera?.

Queramos o no queramos admitir, todos tenemos nuestro pasado y sólo por la gracia y la misericordia de Dios hemos sido no sólo perdonados sino que se nos ha otorgado una segunda oportunidad para el servicio.

¿Qué debemos hacer cuando vemos que un hermano en la fe cae en pecado?

Bueno, primero pensemos en las cosas que no debemos hacer.

Primero, no debemos quedarnos callados. A veces pensamos que si no hacemos nada vamos a ayudar al hermano que ha caído. Pero esto sería un silencio cómplice. Sería como estar de acuerdo con lo que el hermano ha hecho. A lo mejor el hermano que cayó en pecado piensa que no hay nada de malo en lo que ha hecho. Alguien tiene que decirle que lo que hizo ofendió a Dios. No es correcto quedarse callado cuando se ve que un hermano ha caído en pecado.

Segundo, no debemos alegrarnos porque el hermano ha caído en pecado. A veces se ve esta reacción, especialmente cuando el que ha caído en pecado era alguien con quien no teníamos una buena relación. La caída en pecado de cualquier creyente, siempre debe ser motivo de profunda tristeza para los demÔs creyentes.

Tercero, no debemos jactarnos de nuestra capacidad de mantenernos firmes. Todos tenemos el potencial de cometer lo peor que podemos imaginar. Si no lo hemos hecho ha sido simplemente porque Dios nos ha cubierto con su gracia. Por eso es que 1ĀŖ Corintios 10:12 dice: ā€œAsĆ­ que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.ā€

Cuarto, no debemos horrorizarnos por lo sucedido. Evitemos rasgarnos las vestiduras, especialmente si la caƭda es en un Ɣrea de la vida cristiana donde nosotros tambiƩn estamos luchando por no caer.

Quinto, no debemos chismear. Esta quizÔ es la tendencia mÔs común cuando vemos que un hermano ha caído en pecado. La lengua se pone en acción inmediatamente para esparcir el chisme a cuantos sea posible. En ocasiones inclusive podemos disfrazar el chisme diciendo que estamos sólo compartiendo un motivo de oración.

Ahora que sabemos lo que no debemos hacer veamos quƩ es lo que debemos hacer.

La primera y mĆ”s importante medida es restaurar al hermano que ha caĆ­do. Esto es lo que recomienda GĆ”latas 6:1 donde dice: ā€œHermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espĆ­ritu de mansedumbre, considerĆ”ndote a ti mismo, no sea que tĆŗ tambiĆ©n seas tentado.ā€

Esta instrucción de Pablo estÔ dirigida primeramente a los creyentes, pero no a todos los creyentes, sino a aquellos que son espirituales. Esto significa a aquellos creyentes que estÔn llenos o controlados por el Espíritu Santo.

Si un creyente anda en pecado, no es un creyente espiritual y por tanto no estÔ en capacidad de restaurar a otro creyente que ha pecado. El verbo restaurar es un verbo muy interesante en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento.

Katartizo es un verbo que se utilizaba en el campo de la pesca para hablar de remendar una red para pescar. El pecado en un creyente es comparable a un agujero en una red de pecar. Es necesario que alguien remiende ese agujero para que esa red pueda seguir atrapando peces.

Katartizo es un verbo que tambiƩn se utilizaba en el campo de la medicina, para hablar de un hueso que se habƭa dislocado y necesitaba volver a ser puesto en su lugar. Un creyente que cae en pecado es como un hueso dislocado, necesita que alguien lo ponga de vuelta en su lugar.

Katartizo se usaba tambiƩn en el campo militar, para hablar de alguien que estaba equipado completamente para entrar en batalla. Un creyente que peca es como un soldado que no tiene todo el equipo para la batalla. Necesita que alguien le provea de ese equipo.

Los creyentes espirituales son los que deben restaurar a un hermano que ha caĆ­do en pecado. Son ellos los que van a remendar los huecos que produce el pecado en el hermano caĆ­do. Son ellos los que van a poner en su lugar los huesos dislocados que produce el pecado en el hermano que ha caĆ­do. Son ellos los que van a equipar completamente al hermano que ha caĆ­do para que pueda ser Ćŗtil en la batalla.

Esto es lo que significa restaurar. Es necesario hacerlo con espíritu de mansedumbre, lo cual es uno de los aspectos del fruto del Espíritu Santo. Ese espíritu de mansedumbre harÔ reflexionar profundamente al creyente espiritual, acerca de su propia fragilidad, para no jactarse de su firmeza ante la tentación.

En segundo lugar, la restauración debe hacerse siguiendo los pasos que dejó el SeƱor en Mateo 18:15-17 donde dice: ā€œPor tanto, si tu hermano peca contra ti, vĆ© y reprĆ©ndele estando tĆŗ y Ć©l solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aĆŗn contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia, y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.ā€

La restauración se debe hacer por fases.

Primero, en privado, entre el creyente espiritual y el creyente que ha caído. Si esto falla, se debe ir a una segunda etapa, con la presencia de testigos. Si esto falla, se debe ir a una tercera etapa, con la intervención de la iglesia. Si todo esto falla, ese creyente que ha caído y persiste en su pecado, debe ser tenido por gentil y publicano.

Esto significa que debe ser sacado de la comunidad de creyentes en la iglesia local. A esto es a lo que Pablo se refiere en 1ĀŖ Corintios 5:3-5 donde dice: ā€œCiertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espĆ­ritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro SeƱor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espĆ­ritu, con el poder de nuestro SeƱor Jesucristo, el tal sea entregado a SatanĆ”s para destrucción de la carne, a fin de que el espĆ­ritu sea salvo en el dĆ­a del SeƱor JesĆŗs.ā€

Aun esta medida extrema tiene el propósito de restaurar a un hermano que ha caído en pecado.

En tercer lugar, como parte de la restauración, es necesario mostrar al hermano que ha caĆ­do en pecado, el camino correcto por el cual debió haber andado. Esto es lo que se desprende de pasajes como Santiago 5:19-20 donde dice: ā€œHermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvarĆ” de muerte un alma, y cubrirĆ” multitud de pecados.ā€

Se trata de un creyente que ha caĆ­do en pecado y otro creyente espiritual ha sido utilizado para restaurar al que ha caĆ­do. Dice el texto que el creyente espiritual ha hecho volver al pecador del error de su camino. Esto significa que el creyente espiritual estĆ” dedicado a guiar al creyente caĆ­do en el camino correcto.

Es sencillo murmurar contra un creyente que ha caído, pero en lugar de murmurar debemos restaurar, señalando el error y mostrando como corregir ese error. Santiago dice que quien tal hace salvarÔ de muerte un alma. Una de las formas de disciplina de Dios al pecador que ha caído en pecado es la muerte. La restauración del pecador que ha caído, perfectamente puede salvar a un creyente caído, de ser disciplinado por Dios con la muerte.

Santiago también dice que cuando un creyente espiritual hace volver al camino correcto a un creyente que ha caído, estÔ cubriendo multitud de pecados. ¿En qué sentido? Pues en el sentido de que ese creyente caído, una vez restaurado, no persistirÔ mÔs en el pecado, de esta manera se estarÔ evitando, o cubriendo, multitud de pecados.

De modo que, otra caracterƭstica de la vida autƩnticamente cristiana es restaurar al hermano que cae en pecado. Tal vez hoy mismo a Usted le consta el caso de un hermano que ha caƭdo en pecado. No lo oculte, no se escandalice, no se alegre, no riegue la noticia. Su responsabilidad como creyente espiritual es restaurar a ese hermano que caƭdo con espƭritu de mansedumbre.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por aƱos para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al SeƱor en un Instituto BĆ­blico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante mĆ”s de 2 dĆ©cadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

ā€œLa segunda venida de CristoĀ» – 79

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

79 – ā€œLa segunda venida de CristoĀ»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temÔticas de nuestro programa son diversas y contemporÔneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

www.entendiendolostiempos.org

Codicia y gratitud

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Codicia y gratitud

Robert M. Godfrey

Nota del editor: Este es el undƩcimo de 13 capƭtulos en la serie de artƭculos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Si la gratitud debe ser nuestra respuesta automĆ”tica a la gracia que experimentamos en la vida cristiana, entonces Āæpor quĆ© a menudo somos ingratos? ĀæCuĆ”l es la raĆ­z de la ingratitud? En parte, la respuesta a esa pregunta se encuentra en el Ćŗltimo de los Diez Mandamientos, donde Dios dice: ā€œNo codiciarĆ”sā€. Si nos detenemos a pensar en este mandamiento, podrĆ­amos preguntarnos si serĆ­a exagerado decir que la codicia es la raĆ­z de la ingratitud. Inicialmente podrĆ­amos ser tentados a pensar que este mandamiento es solo una dĆ©cima parte de la ley, o que es el mĆ”s insignificante porque estĆ” de Ćŗltimo. Sin embargo, es lo contrario, deberĆ­amos reconocer que es el decreto sumativo y concluyente de la ley de Dios. Al hacer esto, notamos el carĆ”cter integral del mandamiento.

El carƔcter integral de la codicia

El carÔcter integral de este mandamiento muestra la manera en que la codicia suele estar involucrada cuando se quebranta cualquiera de los Diez Mandamientos. Esto se evidencia claramente en algunos pasajes de la Escritura. Cuando Pablo reflexiona sobre toda la ley, él utiliza la codicia para resumirla (Rom 7:7). Cuando advierte a los gÔlatas que deben guardarse del pecado, él se refiere al pecado como la codicia de la carne en contra del Espíritu (GÔl 5:17). Y cuando Santiago estÔ advirtiendo en contra del homicidio, de las peleas y de las guerras, él muestra cómo la codicia es la raíz de todos estos pecados (Stg 4:2).

El Catecismo de Heidelberg tambiĆ©n expone el carĆ”cter integral de la codicia (Pregunta y Respuesta 113). Nos dice que el dĆ©cimo mandamiento ordena: ā€œQue nunca surja en nuestros corazones ni la mĆ”s mĆ­nima inclinación o idea contraria a alguno de los mandamientos de Diosā€. Esta respuesta apunta al hecho de que cuando nuestra ingratitud nos lleva a desafiar cualquiera de los Diez Mandamientos, la raĆ­z es la codicia, nuestro deseo de posicionarnos por encima de Dios.

El contentamiento produce piedad y gratitud en la vida del creyente.

Cuando adoramos a otros dioses, cuando no descansamos ni adoramos en el día de reposo, cuando no honramos a las autoridades, o cuando luchamos con alguna forma de adulterio, es porque estamos codiciando. Estamos codiciando cuando adoramos la manera de vivir del mundo, cuando deseamos un día de reposo enfocado en nuestros intereses, cuando reclamamos autoridad sobre nuestra vida, o cuando deseamos al cónyuge de nuestro prójimo. El carÔcter integral del pecado revela cómo la codicia es la raíz de todo acto de ingratitud hacia Dios.

El Conquistador absoluto de la codicia

Las raĆ­ces de la codicia estĆ”n profundamente arraigadas en nuestras vidas cristianas. Reconocer esto nos conduce a nuestro SeƱor y Salvador Jesucristo, quien luchó perfectamente contra la codicia y siempre mostró contentamiento al obedecer la voluntad de Dios. Durante la tentación de Cristo en el desierto, ĀæquĆ© buscaba SatanĆ”s si no tentarle a codiciar en contra de la Palabra de Dios? SatanĆ”s estaba tentando al Salvador con la esperanza de que Ɖl codiciara comida, fama y el cumplimiento de metas egoĆ­stas (Lc 4:1-13). Sin embargo, Cristo resistió el pecado de la codicia, en el cual el primer AdĆ”n cayó como presa (Gn 3:6). Ɖl estaba completamente satisfecho con las promesas de Su Padre; la Palabra Viva no tenĆ­a necesidad de lo que el diablo le ofrecĆ­a. Y al desarraigar el pecado de la codicia, el SeƱor nos muestra al principio de los Evangelios cómo Ɖl cumplió la ley en su totalidad por nosotros.

El contentamiento en la vida cristiana

Entender la codicia y cómo Cristo conquistó el pecado nos ayuda a enfrentar y desarraigar la codicia de nuestras vidas como cristianos. Primero debemos despojarnos del viejo hombre y destruir la codicia que proviene de nuestra naturaleza caĆ­da. Asimismo, como aquellos que ahora estamos vivos en Cristo, debemos vestirnos del nuevo hombre, cuya motivación para todas las cosas es el contentamiento, no la codicia. Los que pertenecemos a Cristo debemos cultivar contentamiento y satisfacción en Ɖl, confiando en que se aproxima una cosecha fructĆ­fera.

Este verdadero contentamiento significa que no estamos deseando vivir como el mundo ni disfrutar de sus placeres. MĆ”s bien, debemos estar satisfechos con las promesas del Evangelio. Esta es la exhortación de Pablo a Timoteo (1 Tim 6:3-11): sigue la sana doctrina de la Escritura ā€œque es conforme a la piedadā€. Pablo le recuerda a su discĆ­pulo: ā€œPero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompaƱada de contentamientoā€ (v. 6). Pablo exhorta a los cristianos a evitar los ā€œdeseos necios y daƱosos, y toda clase de malā€ y a estar contentos con lo que tienen (vv. 8-9). Luego de mencionar las cosas de las que Timoteo debe huir, Pablo le exhorta a ā€œseguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidadā€. El contentamiento produce piedad y gratitud en la vida del creyente. AdemĆ”s, el cristiano que vive con contentamiento se mantiene expectante, aguardando el regreso del Rey, quien lo recibirĆ” en Su reino por siempre (Ap 21-22).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert M. Godfrey
Robert M. Godfrey

El Dr. Robert M. Godfrey es pastor de Zeltenreich Reformed Church en New Holland, PA.

Contento de no ser Dios

Soldados de Jesucristo

Febrero 8/2021

Solid Joys en EspaƱol

Contento de no ser Dios

John Piper

John Piper

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
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No es la herramienta correcta

Lunes 8 Febrero

Pues quĆ© hemos de pedir como conviene, no lo sabemos… Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Romanos 8 : 26-28

Vuestro Padre sabe de quĆ© cosas tenĆ©is necesidad. Mateo 6 : 8

No es la herramienta correcta

Pedro acababa de estropear el motor de su juguete. Como su papĆ” era muy ingenioso y siempre estaba dispuesto a ayudarle, fue a buscarlo, pero antes pasó por el taller. AllĆ­, despuĆ©s de dudar un poco, el niƱo escogió un hermoso destornillador rojo y lo presentó orgullosamente a su padre, junto con el juguete daƱado. Este examinó el juguete, luego observó el destornillador y negó con la cabeza : ā€œPedro, no es el destornillador correcto, ademĆ”s necesito una pinzaā€. Entonces el padre fue al taller, escogió las herramientas apropiadas y, en un instante, el juguete estaba arreglado. Luego lo entregó al niƱo y le dijo : ā€œLa próxima vez, Pedro, deja que yo mismo escoja las herramientasā€.

Hijos de Dios, en nuestra vida surgen dificultades y, naturalmente, podemos acudir a nuestro Padre celestial. Pero, a veces, hacemos como Pedro. Tenemos nuestra idea de cómo debe actuar Dios, y quĆ© medios debe emplear. Como este niƱo con su destornillador, nosotros se lo ā€œsugerimosā€ a Dios. Pero a menudo, lo que imaginamos o proponemos no es la ā€œherramienta adecuadaā€ para la situación.

Tengamos la sabidurĆ­a y la humildad para presentar simplemente a Dios nuestro problema. Y dejemos que Ć©l escoja ā€œlas herramientasā€. Los medios que posee son variados e ilimitados. A menudo utiliza circunstancias y recursos que nosotros no hubiĆ©semos escogido ni imaginado, pero podemos estar convencidos de que su manera de actuar es sabia y perfectamente adaptada al caso que le presentamos.

2 Samuel 2Ā –Ā Mateo 24 : 29-51Ā –Ā Salmo 20 : 6-9Ā –Ā Proverbios 8 : 12-16

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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