ĀæDispuesto a Pagar el Precio? – 11

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

11 – ĀæDispuesto a Pagar el Precio?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase 20/26

El plan de redención – Parte 2

Bienvenido. Oremos antes de iniciar – Ā«SeƱor, te alabamos por la gracia de considerar las inescrutables riquezas de Cristo. AyĆŗdanos a valorar a JesĆŗs por sobre todas las cosasĀ».

  1. Introducción

La semana pasada comenzamos a mirar el glorioso plan de redención de Dios. Si eres un creyente en Jesús, tu corazón debería deleitarse al estudiar el plan y los propósitos de salvación de Dios porque es la historia de cómo Dios te salvó.

Empezamos explicando lo que los teólogos a menudo nos referimos como el orden de la salvación que nos ayuda a entender cómo Dios aplica la redención a los creyentes. Puedes encontrar ese orden en tu folleto.

La semana pasada consideramos las primeras 3 etapas: la elección, el llamado del evangelio y la regeneración. Esta mañana retomaremos con la conversión, luego veremos la unión con Cristo, y luego cerraremos con la doctrina de la justificación.

  1. La conversión (fe y arrepentimiento)

Primero, echemos un vistazo a la conversión. Permíteme comenzar nuestra discusión acerca de la conversión leyendo la declaración de fe de nuestra iglesia en lo que respecta al tema de la conversión, en el artículo VIII, titulado «Del Arrepentimiento y la Fe»:

ArtĆ­culo VIII, Del Arrepentimiento y la Fe, Declaración de Fe de CHBC:

Creemos que el arrepentimiento y la fe son deberes sagrados, y tambiĆ©n gracias inseparables, forjadas en nuestras almas por el EspĆ­ritu regenerador de Dios; por lo cual, estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro e impotencia, y del camino de la salvación por Cristo, nos dirigimos a Dios con contrición, confesión y sĆŗplica fidedignas para obtener misericordia; al mismo tiempo, recibimos con entusiasmo al SeƱor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos Ćŗnicamente en Ɖl como el Ćŗnico y suficiente Salvador.

Como lo explica nuestra Declaración de Fe, la conversión es Ā«nuestra respuesta voluntaria al llamado del evangelio, en el cual nos arrepentimos de todo corazón de los pecados y ponemos nuestra confianza en Cristo para nuestra salvación personalĀ». Es en este paso que la regeneración nos da la capacidad de actuar, renovando nuestra mente y voluntad.

La conversión  implica arrepentimiento y fe. Entonces, cuando compartes el evangelio, un resumen Ćŗtil es DIOS-HOMBRE-CRISTO-RESPUESTA; cuando miramos la conversión, pensamos en nuestra necesidad de responder, responder con fe y arrepentimiento. Miremos cada aspecto por separado.

El arrepentimiento

Primero, el arrepentimiento.

Las primeras palabras de JesĆŗs para nosotros en el Evangelio de Marcos son un llamado al arrepentimiento y la fe.

Marcos 1:15: Ā«El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentĆ­os, y creed en el evangelioĀ».

Las Ćŗltimas palabras de Pablo a los ancianos de Ɖfeso resumen el evangelio que les predicó: Hechos 20:20-21: Ā«Y cómo nada que fuese Ćŗtil he rehuido de anunciaros y enseƱaros, pĆŗblicamente y por las casas,  testificando a judĆ­os y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro SeƱor JesucristoĀ».

ĀæQuĆ© es el arrepentimiento? El arrepentimiento implica un dolor sincero por el pecado, una renuncia a Ć©l y un compromiso sincero de abandonarlo y caminar en obediencia a Cristo.

En el libro de Zacarías, Dios habla por medio del profeta Zacarías a su pueblo. Un pueblo que lo había desobedecido una y otra vez. Un pueblo que vivió atrozmente en su pecado y adoró a otros dioses. Vidas de pecado y rebelión que destruyeron la relación de Dios con su pueblo.

ĀæCuĆ”l fue el mensaje de Dios a su pueblo a travĆ©s del profeta ZacarĆ­as? CapĆ­tulo 1, versĆ­culo 3: Ā«Volveos a mĆ­, dice JehovĆ” de los ejĆ©rcitos, y yo me volverĆ© a vosotros, ha dicho JehovĆ” de los ejĆ©rcitosĀ».

Dios estaba llamando a los israelitas al arrepentimiento. Lo estaba haciendo por muchas razones, pero el principal motivo era el propósito de restaurar su relación con su pueblo. Como tal, el arrepentimiento, debe decirse, se refiere a la reparación de una relación con Dios que ha sido perturbada por el pecado humano[1].

Como dice Mark Boda, el arrepentimiento «es fundamentalmente un retorno a la comunión íntima con el Dios trino, nuestro Creador y Redentor». Es un retorno relacional que «surge del corazón humano e impacta las actitudes, palabras y acciones».

No se trata solo del dolor de ofender a un Dios santo. Ni siquiera se trata solo de honrarlo con la forma en la que vives, por importante que sea. Fundamentalmente, el arrepentimiento es la restauración de una relación quebrantada con Dios por causa del pecado, cuyo remedio solo puede obtenerse mediante el acto del arrepentimiento.

Y, para ese fin, debe entenderse que el arrepentimiento NO es una simple confesión de pecado. No te dejes engaƱar por el uso indebido de este tĆ©rmino por parte de la cultura. Confesarse no es arrepentirse. La confesión es el primer paso para el arrepentimiento, pero no es el arrepentimiento.

El arrepentimiento requiere un abandono total del pecado y la bĆŗsqueda de otra forma de vida… Porque si el propósito del arrepentimiento es restaurar una relación quebrantada con Dios, debemos entender que Ć©l NO puede ser burlado. No podemos decirle que lo sentimos y continuar con nuestro pecado… No, el verdadero arrepentimiento es confesar ese pecado, sĆ­, pero luego apartarse de ese pecado y caer de cabeza en el regazo de JesĆŗs para la salvación de nuestra alma.

Imagina que tĆŗ y tus amigos se dirigen desde Washington, DC a Nueva York. Te subes al auto y pronto comienzas a ver seƱales de Richmond, Virginia; luego Charlotte, Carolina del Norte. ĀæQuĆ© le dices al conductor? Ā”EstĆ”s yendo por el camino equivocado! El conductor dice: Lo siento, sĆ­, Ā”tienes razón! DeberĆ­amos ir hacia el norte, me siento tan mal por habernos retrasado. Entonces vuelves a la carretera, y pronto ves seƱales de Charleston, Carolina del Sur; y Savannah, Georgia. ĀæEl conductor se arrepintió? Ā”No! QuizĆ” lo lamenta, pero el arrepentimiento implica mucho mĆ”s que eso: es girar en U e ir en la otra dirección.

El arrepentimiento no es una cosa de una sola vez. Es algo de toda la vida. Como creyentes, corremos la carrera del arrepentimiento durante toda nuestra vida. La fe y el arrepentimiento verdadero comienzan a ocurrir en un momento de nuestras vidas, pero no solo durante ese momento. La fe y el arrepentimiento marcarĆ”n al verdadero cristiano a lo largo de su vida, mientras Dios lleva a cabo su obra hasta su culminación.

Dios no solo usa la convicción de nuestra maldad para ver esto, sino también la realización de su bondad: nuestra aprehensión de la misericordia de Dios hacia nosotros irrumpe nuestros corazones y nos lleva a arrepentirnos.

Da un vistazo a lo que Dios dice en Joel 2:12-13: Ā«Por eso pues, ahora, dice JehovĆ”, convertĆ­os a mĆ­ con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertĆ­os a JehovĆ” vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigoĀ».

Pablo le pregunta al lector en Romanos 2:4: «¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guĆ­a al arrepentimiento?Ā».

Esta idea de la importancia y el rol de reconocer la bondad de Dios en el proceso del arrepentimiento se ilustra en Lucas 15: El hijo pródigo habĆ­a estado viviendo en rebelión y pecado. Luego, en el versĆ­culo 17, se nos dice que vuelve en sí… y regresa a casa con la esperanza de que su padre al menos le permita volver a ser un jornalero. Sin duda tenĆ­a una visión equivocada de su padre cuando pidió la herencia para obtener su Ā«libertadĀ» aƱos antes. Pero ahora, Ć©l confiesa que su padre es un hombre generoso y que el servicio en casa es mucho mejor que la Ā«libertadĀ» en el paĆ­s lejano… Si el chico hubiera pensado solo en sĆ­ mismo –en su hambre, nostalgia, soledad–, habrĆ­a terminado desesperado. Pero sus dolorosas circunstancias lo ayudaron a ver a su padre de una nueva manera, y esto le trajo esperanza[2]. Ā”Esto produjo un verdadero arrepentimiento!

J.I. Packer lo expresa de esta manera: Ā«El arrepentimiento que Cristo requiere de su pueblo consiste en una firme negativa de establecer lĆ­mites a las afirmaciones que Ć©l pueda hacer sobre sus vidasĀ»[3]. El verdadero arrepentimiento es decir: Ā«EstĆ” bien, Dios, lo que sea necesario, te lo entrego todo y te seguirĆ© con absoluto abandono… Sin importar el costo… Sin importar el pecado… Sin importar la lucha. Ese es el verdadero arrepentimiento.

Amigo, oro para que si el día de hoy te encuentras viviendo en pecado sin arrepentimiento ni confesión, abandones tu pecado para salvación de tu alma.

La fe

Dicho eso, y habiendo mirado el arrepentimiento, veamos y definamos lo que queremos decir con «fe salvadora».

Efesios 2:8-10 dice: Ā«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorĆ­eĀ».

ĀæQuĆ© es la fe en Jesucristo? Primero, la fe debe incluir el conocimiento de Cristo y lo que Ć©l ha hecho en el evangelio. Debemos tener algunos conocimientos bĆ”sicos y comprensión sobre los hechos que rodean a Jesucristo. No podemos tener fe en algo o alguien que no conocemos, con el que no tenemos una relación o que no comprendemos.

Romanos 10:14 dice: Ā«ĀæCómo, pues, invocarĆ”n a aquel en el cual no han creĆ­do? ĀæY cómo creerĆ”n en aquel de quien no han oĆ­do? ĀæY cómo oirĆ”n sin haber quien les predique?Ā».

Debemos saber acerca de Jesucristo si debemos creer en él. Por eso es tan imperativo que compartamos el evangelio con otros. ¿Cómo sabrÔn ellos acerca de la salvación si no pueden escuchar el evangelio? ”No lo harÔn! ”La fe salvadora solo se logra conociendo las buenas noticias del evangelio de Jesucristo!

Pero alguien podrĆ­a decir: Ā«SĆ­, pero incluso los demonios Ā«sabenĀ» acerca de Jesucristo… ĀæNo tienen ellos este Ā«conocimientoĀ» del que hablas… y, sin embargo, no son salvos?Ā» Y esa persona estarĆ­a en lo correcto. Santiago 2:19 dice: Ā«TĆŗ crees que Dios es uno; bien haces. TambiĆ©n los demonios creen, y tiemblanĀ».

Por tanto, la fe salvadora tambiĆ©n debe incluir confianza. No solo sabemos acerca de Ć©l, nos confiamos a Ć©l. Lo recibimos. Descansamos en Ć©l. Nos arrojamos sobre Ć©l. La fe en Jesucristo es una gracia salvadora (Efesios 2:8-9, Filipenses 1:29), por la cual recibimos (Juan 1:12) y descansamos solo en Ć©l para salvación, tal como se nos ofrece en el evangelio.

Ilustración: Un edificio en llamas.

AquĆ­ es importante resaltar que no es la fuerza de nuestra fe la que salva, sino que es el objeto de nuestra fe el que salva. Jesucristo es el objeto de nuestra fe. Ɖl nos salva. Puede que estĆ©s colgando de un hilo, pero no es la fuerza de tu agarre lo que te salva, sino mĆ”s bien en quiĆ©n estĆ”s confiando el que lo hace. A medida que aprendes y entiendes que no es la fuerza de tu fe, sino la persona, rĆ”pidamente encontrarĆ”s que no eres tĆŗ quien se aferra a Cristo, sino que es Ć©l quien se aferra a ti (Juan 10:28).

Me encanta la forma en que lo dice nuestra Declaración de Fe: Ā«recibimos con entusiasmo al SeƱor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos Ćŗnicamente en Ɖl como el Ćŗnico y suficiente SalvadorĀ».

John Murray lo expresa de la siguiente manera: La fe es una Ā«transferencia de la confianza que hay en nosotros mismos y en todos los recursos humanos a la confianza solo en Cristo para salvación. Es recibirle y descansar en Ć©l… La fe es confianza en una persona, la persona de Cristo, el Hijo de Dios y el Salvador de los perdidos. Nos confiamos a Ć©l. No es simplemente creerle a Ɖl; es creer en Ɖl y sobre ƉlĀ»[4].

Ilustración: La silla en la que estÔs sentado.

¿Cómo deberíamos pensar acerca de la fe en el proceso de la salvación? Horatius Bonar lo expresó así:

«La fe no es Cristo ni la cruz de Cristo. La fe es siempre la mano extendida del mendigo, nunca el oro del rico, la fe es la ventana que deja pasar la luz, nunca es el sol.

Sin mérito en sí misma, nos une a la infinita dignidad de Aquel en quien el Padre se complace; y al unirnos, nos presenta perfectos en la perfección de otro.

Aunque no es el fundamento establecido en Sión, nos lleva a ese fundamento, y nos mantiene allí, arraigados y asentados, para que no nos alejemos de la esperanza del evangelio.

Aunque no es el evangelio, las buenas nuevas, recibe estas buenas nuevas como las verdades eternas de Dios, y le pide al alma que se regocije en ellas; aunque no es el holocausto, se detiene y mira la llama que asciende, lo que nos asegura que la ira que debería haber consumido al pecador cayó sobre el Sustituto»[5].

Preguntas: ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

  1. La unión con Cristo

Habiendo hablado de la fe salvadora, ahora debemos entender que la fe salvadora nos une al Salvador, el Señor Jesucristo. Ser salvo es estar unido al Salvador, el quinto paso en el orden de la salvación.

Estar unidos a Cristo significa que los creyentes se unen personalmente a Jesús vivo, encarnado, crucificado, resucitado y reinante por su Espíritu Santo a través de la fe. La fe dada por Dios y forjada por el Espíritu nos une a Jesucristo, en quien tenemos toda bendición espiritual para la vida y la eternidad.

AsĆ­, en Efesios 1:3, Pablo escribe: Ā«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro SeƱor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en CristoĀ». De hecho, vayamos a Efesios 1:3-14 juntos. Quiero que notes todas las referencias a la unión con Cristo mientras leemos esto juntos [observa todas las referencias a la unión con Cristo].

Efesios 1:3-14: Ā«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro SeƱor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 segĆŗn nos escogió en Ć©l antes de la fundación del mundo, para que fuĆ©semos santos y sin mancha delante de Ć©l, 5 en amor habiĆ©ndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, segĆŗn el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados segĆŗn las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabidurĆ­a e inteligencia, 9 dĆ”ndonos a conocer el misterio de su voluntad, segĆŗn su beneplĆ”cito, el cual se habĆ­a propuesto en sĆ­ mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, asĆ­ las que estĆ”n en los cielos, como las que estĆ”n en la tierra. 11 En Ć©l asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas segĆŗn el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperĆ”bamos en Cristo. 13 En Ć©l tambiĆ©n vosotros, habiendo oĆ­do la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creĆ­do en Ć©l, fuisteis sellados con el EspĆ­ritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloriaĀ».

Hay un montón de imÔgenes bíblicas que ilustran esta unión con Cristo:

La unión con Cristo se asemeja a la de un edificio y su piedra angular (Efesios 2:20-22), una vid y sus ramas (Juan 15:1-8), los miembros de un cuerpo humano y su cabeza (Efesios 1:22-23, 1 Corintios 12:12), y la unión entre un esposo y una esposa (Efesios 5:31-32, 2 Corintios 11:2).

Todos los beneficios de la salvación fluyen a nosotros en virtud de estar unidos al Salvador.

Ā”Los creyentes son justificados en Cristo, santificados en Cristo, adoptados en Cristo, preservados en Cristo y glorificados en Cristo! Poseemos vida eterna en Cristo (Romanos 6:23); somos justificados en Cristo (Romanos 8:1); glorificados en Cristo (Romanos 8:30, 2 Corintios 3:18); santificados en Cristo (1 Corintios 1:2); llamados en Cristo (v. 9); hechos vivos en Cristo (15:22; Efesios 2:5); creados nuevamente en Cristo (2 Corintios 5:17); adoptados como hijos de Dios en Cristo (GĆ”latas 3:26); escogidos en Cristo (Efesios 1:4); y resucitados con Cristo (Col. 3:1).

Si Pablo quiere referirse a un cristiano, su manera breve de hacerlo es decir que una persona estĆ” Ā«en CristoĀ» o Ā«en el SeƱorĀ» (vĆ©ase Romanos 16:1-13; Filipenses 4:21). Col. 1:2). Sin Cristo, Dios es terrible. En Cristo, Dios es maravilloso.

John Murray dice acerca de la unión con Cristo: «La unión con Cristo es realmente la verdad central de toda la doctrina de la salvación, no solo en su aplicación, sino también en su logro definitivo en la obra consumada de Cristo»[6].

Cristo es un tesoro infinito de gracia. Pasaremos el resto de nuestro tiempo esta maƱana maravillĆ”ndonos de los beneficios maravillosos que llegan a los creyentes en virtud de nuestra unión con Ć©l[7]. Pero antes de hacerlo, dĆ©jame hacerte un par de preguntas…

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de nuestra unión con Cristo o incluso útil para nuestro entendimiento o seguridad de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la unión de los cristianos con Cristo para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo y discipulado?

  1. La justificación

Con ese fin, echemos un vistazo a la doctrina de la justificación, el sexto paso en el orden de la salvación. Para hacer eso, déjame leer lo que dice nuestra Declaración de Fe acerca de la doctrina; puedes encontrar en la pÔgina 3 de tu folleto:

ArtĆ­culo V, De la Justificación, Declaración de Fe de CHBC:

Creemos que la gran bendición del Evangelio que Cristo asegura a los que creen en Ɖl es la Justificación; esa Justificación incluye el perdón del pecado y la promesa de la vida eterna sobre los principios de la justicia; que es otorgada, no en consideración a ninguna obra de justicia que hayamos hecho, sino Ćŗnicamente a travĆ©s de la fe en la sangre del Redentor; en virtud de la cual, su perfecta justicia nos es imputada libremente por Dios; que nos lleva a un estado de bendita paz y favor con Dios, y asegura todas las demĆ”s bendiciones necesarias para el tiempo y la eternidad.

La justificación es esa bendición salvadora mediante la cual los pecadores son declarados justos ante Dios a través del perdón de nuestros pecados y la imputación de la justicia de Cristo. Esta declaraciób legal de Dios se produce precisamente cuando somos llevados a compartir la vida justa, la muerte que lleva el pecado y la resurrección triunfante de Jesús.

La justificación es una declaración legal o judicial de Dios de que somos justos ante sus ojos… no debido a nuestras obras, sino porque Ć©l imputa o acredita la justicia de su Hijo como la nuestra. Somos contados justos en Cristo.

Si pensamos que la regeneración es comparable al trabajo de un cirujano que estĆ” creando un nuevo corazón, la justificación serĆ­a entonces comparable al trabajo de un juez. Es una declaración externa y legal de parte de Dios de nuestra posición ante Dios, a saber, que ahora somos justos, limpios o Ā«no culpablesĀ» ante Ɖl.

Pablo escribe en 2 Co. 5: 21 acerca de esta justicia imputada: Ā«Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuĆ©semos hechos justicia de Dios en Ć©lĀ».

MĆ”s tarde, Pablo escribirĆ­a a los filipenses en Filipenses 3:4-9: Ā«Aunque yo tengo tambiĆ©n de quĆ© confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de quĆ© confiar en la carne, yo mĆ”s: 5 circuncidado al octavo dĆ­a, del linaje de Israel, de la tribu de BenjamĆ­n, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; 6 en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. 7 Pero cuantas cosas eran para mĆ­ ganancia, las he estimado como pĆ©rdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pĆ©rdida por la excelencia del conocimiento de Cristo JesĆŗs, mi SeƱor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en Ć©l, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la feĀ».

Somos justificados solo por la fe, solo en Cristo, no por nuestras obras.

Es instantÔneo sobre nuestra verdadera confesión de fe en Cristo. «Cristo no solo nos acredita la gracia para que podamos producir buenas obras y ganar nuestro camino al cielo», como es la posición del catolicismo romano. La Escritura es clara en este punto:

  • GĆ”latas 2:16: Ā«Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros tambiĆ©n hemos creĆ­do en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie serĆ” justificadoĀ».

Nuestra fe en Cristo «dispara» la justificación. La fe es en sí misma un regalo de Dios que no podemos obtener o ejercitar por nuestra cuenta. Nosotros simplemente no podemos producir fe salvadora, y no podemos ganar la fe o la salvación por ningún acto o mérito de nuestra parte. Somos justificados solo por la gracia de Dios solo a través de la fe.

Entonces, de esta manera, es todo gracia. La gracia de Dios al darnos fe salvadora. Y la gracia de Dios al hacer que esa fe salvadora sea suficiente para justificarnos a travƩs de la obra de Cristo.

¿Te has preguntado por qué la fe es el medio que Dios usa para justificar al pecador? ¿Por qué Dios no usó el amor, la humildad o la bondad? Bueno, Dios usa la fe porque va exactamente en contra de nuestra autodependencia. Confiar en Dios para ser justificados entra en conflicto directo con el deseo del hombre de depender de sus propias buenas obras para la salvación. Es Dios quien recibirÔ la alabanza y la gloria en la salvación y no el hombre. Es la justicia de Cristo lo que nos hace inocentes.

Ā«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorĆ­eĀ» (Efesios 2:8-9)

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

Oremos.

Opcional para la justificación: Catecismo de Heidelberg…

P. 60: ¿Cómo eres justo ante Dios?

Por la sola verdadera fe en Jesucristo,a de tal suerte que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, no habiendo guardado jamĆ”s ninguno de ellos,b y estando siempre inclinado a todo mal,c sin merecimiento alguno mĆ­o,d solo por su gracia,e Dios me imputa y daf la perfecta satisfacción,g justicia y santidad de Cristoh como si no hubiera yo tenido, ni cometido algĆŗn pecado, antes bien como si yo mismo hubiera cumplido aquella obediencia que Cristo cumplió por mĆ­,i con tal que yo abrace estas gracias y beneficios con verdadera fej.

[a. Ro. 3:21-22, 24; Ro. 5:1-2; Gl. 2:16, Ef. 2:8-9; Fil. 3:9; b. Ro. 3:19; c. Ro. 7:23; d. Tit. 3:5; Dt. 9:6; Ez. 36:22; e. Ro. 3:24; Ef. 2:8; Ef. 4:4; 2 Co. 5:19; g. 1 Jn. 2:2; h. 1 Jn. 2:1; i. 2 Co. 5:21; j. Ro. 3:22; Jn. 3:18][8].

[1]Boda, Mark J. Return to Me: A Biblical Theology of Repentance (Nuevos Estudios sobre TeologĆ­a BĆ­blica).

[2]Wiersbe, W. W. (1996). The Bible exposition commentary (Vol. 1, p. 235). Wheaton, IL: Victor Books.

[3]J.I. Packer, Evangelism and the Sovereignty of God (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1961/2008), 81.

[4]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 111-12.

[5]–Horatius Bonar, The Everlasting Righteousness; or, How Shall a Man be Just with God? (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1874/1993), 111-113.

[6]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 161.

[7]Col. 2:20-3:4, Juan 17:24-26

[8]http://www.clir.net/pdf/heidelberg.pdf

Mark Deve

ĀæQuĆ© es la muerte?

The Master’s Seminary

¿Qué es la muerte?

Dr. Sam Horn

Sam Horn

Sam Horn

Sam Horn se desempeƱa como presidente de la Universidad y el Seminario de MaestrĆ­a. Tiene dĆ©cadas de experiencia en administración de educación superior y una pasión por capacitar a hombres y mujeres para el ministerio del evangelio. El Dr. Horn y su esposa, Beth, tienen un hijo, Robert, y una hija, Ashton.

El Hijo de David

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El MesĆ­as prometido

El Hijo de David

Robert Rothwell

Nota del editor:Ā Este es el sexto de 13 capĆ­tulos en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā El MesĆ­as prometido.

¿Alguna vez has notado la cantidad de ofertas de sistemas de seguridad que bombardean a los propietarios de casas? Al menos en el centro de la Florida, parecen estar en todas partes. Anuncios de sistemas de seguridad para casas aparecen regularmente durante las pausas comerciales en la radio. Con los años, mi buzón ha recibido innumerable publicidad impresa que vende la instalación y activación de sistemas de alarma para casas. Y no te imaginas la cantidad de vendedores que han tocado el timbre de mi casa con la esperanza de convencerme de comprar protección monitoreada para mi propiedad.

TambiĆ©n existen soluciones de seguridad de baja tecnologĆ­a. Aseguramos nuestras puertas. Tenemos perros guardianes. Colocamos cercas alrededor de nuestros patios. Independientemente de lo que se diga  sobre tales medidas, demuestran una cosa: queremos seguridad.

El deseo de seguridad era particularmente intenso en el mundo antiguo, especialmente en Israel. Al vivir en un pedazo de tierra donde se unen tres continentes, África, Asia y Europa, Israel estaba en constante peligro de ser conquistado por otros que valoraban su posición geogrÔfica estratégica. Y para la familia real, las necesidades de seguridad alcanzaron un nivel completamente diferente. Tenías que proteger tanto a la nación como a la dinastía real. Siempre había alguien queriendo quitarte el trono.

La casa de David finalmente estarƔ a salvo no solo de sus enemigos sino tambiƩn de la ira santa de Dios mismo.

La promesa de seguridad ocupa un lugar protagónico cuando Dios establece el pacto davĆ­dico que encontramos en 2 Samuel 7:1-17. Dios hizo una promesa pactual clave al rey David: ā€œTu casa y tu reino permanecerĆ”n para siempre delante de MĆ­; tu trono serĆ” establecido para siempreā€(v. 16). David no solo obtiene un reino seguro con un trono eterno, sino que el reino ā€œ[permanecerĆ”] para siempre delante de [Dios]ā€. La casa de David finalmente estarĆ” a salvo no solo de sus enemigos sino tambiĆ©n de la ira santa de Dios mismo.

AquĆ­ se promete mĆ”s que simplemente que la familia de David siempre tendrĆ” un hombre en el trono en JerusalĆ©n (2 Sam 7:15). Cuando incluso los desaciertos de los descendientes piadosos de David, EzequĆ­as y JosĆ­as, hacen inevitable la caĆ­da de JudĆ” y el exilio a Babilonia (2 Re 20:12-19; 2 Cr 35:20-27), estĆ” claro que el trono de David no puede perdurar si ha de ser sostenido por meros pecadores. Se requerirĆ” un hijo de David supremamente justo para mantener el trono del reino y darle una seguridad duradera frente a sus enemigos. Se necesitarĆ” un hijo de David perfectamente santo para edificar una casa duradera a el nombre de Dios (v. 13). A pesar de que Salomón construyó un templo para Dios en JerusalĆ©n, no podĆ­a ser este hijo, porque cayó en la idolatrĆ­a y, ademĆ”s, el templo que construyó fue destruido por Babilonia (1 Re 3-11; 2 Re 24).

AdemĆ”s, la promesa de Dios de un amor eterno por el linaje de David no significa que este linaje quede sin castigo cuando cae en pecado. Dios disciplinarĆ” al linaje de David ā€œcon vara de hombres y con azotes de hijos de hombresā€ (2 Sam 7:14). Pero la promesa aquĆ­ no es solo que el linaje de David sufrirĆ” la derrota por parte de otros reyes cuando sea desobediente. El mismo versĆ­culo que promete disciplina tambiĆ©n promete que los hijos de David serĆ”n considerados hijos de Dios (v. 14). Y ĀæquiĆ©n mĆ”s en el Antiguo Testamento es considerado como hijo de Dios? Su pueblo, Israel (Os 11:1). El linaje de David puede representar a toda la nación. Ambos son, por asĆ­ decirlo, intercambiables, porque ambos son el hijo de Dios. Lo que le sucede al hijo de David le sucede a toda la nación. Vemos esto claramente en el caso del rey ManasĆ©s, quien fue castigado por el pecado y llevado al exilio solo para ser llevado de regreso a JerusalĆ©n (2 Cr 33:10-13). Lo mismo le sucederĆ­a mĆ”s tarde a los judaĆ­tas, es decir, al pueblo de Dios Israel (2 Cr 36:17-23).

Al unir estos hechos, vemos las sombras de un Rey venidero. Este Rey serĆ” perfectamente justo y capaz de mantener el trono de David. Pero este Rey tambiĆ©n soportarĆ” el castigo de Dios por el pecado, yendo al exilio por el pecado y regresando a la bendición de Dios que es la vida. Y como consecuencia de esto, aquellos a quienes Ɖl representa son contados como que han sufrido el exilio y regresarĆ”n a la vida tambiĆ©n. Esto empieza a sonar familiar, Āæno? Estamos hablando, por supuesto, del Hijo final de David, Cristo JesĆŗs, nuestro SeƱor. Ɖl es el perfectamente justo Hijo de David que entra en el exilio del juicio de Dios, soportando la ira de Dios, para asĆ­ garantizar la resurrección de Su pueblo, Israel (Is 53; Mt 1:1-14; 2 Co 5:21). Y Ɖl sostiene el trono de David para siempre (Hch 2:1-36).

Hay otro hijo de Dios mencionado en el Antiguo Testamento: AdĆ”n, el padre de la raza humana (Lc 3:38). Como el Hijo de Dios, JesĆŗs  puede representar tambiĆ©n a los descendientes de AdĆ”n, llevando el exilio del juicio de Dios para que todos los que confĆ­an en Cristo de entre los gentiles puedan tener tambiĆ©n la garantĆ­a de la vida eterna resucitada. Por la fe, tanto judĆ­os como gentiles pueden unirse al pueblo de Dios, Israel, y recibir la bendición de protección y seguridad para siempre.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Rothwell
Robert Rothwell

Robert Rothwell es editor adjunto de Tabletalk Magazine y profesor adjunto permanente en Reformation Bible College en Sanford, Florida.

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

Soldados de Jesucristo

Febrero 26/2021

Solid Joys en EspaƱol

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

John Piper

John Piper

Encuentra mƔs devocionales de John Piper en EspaƱol
en nuestro sitio web:
https://devocionalsolidjoys.com/

Encuentra mĆ”s recursos gratuitos en: http://sdejesucristo.org
SĆ­guenos en Facebook: https://www.facebook.com/SoldadosDeJe…
SĆ­guenos en Instagram: https://www.instagram.com/SoldadosDeJ…
SĆ­guenos en Twitter: https://twitter.com/sdJesucristo

Lo mƔs importante

Viernes 26 Febrero

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serĆ”n aƱadidas. Mateo 6 : 33

El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el EspĆ­ritu Santo… el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Romanos 14 : 17-18

Lo mƔs importante

Lo importante, dice la gente, es alcanzar los objetivos que nos hemos fijado. Deseamos triunfar, primero en la escuela. Luego, una buena formación nos llevarĆ” a un primer empleo apasionante, sin olvidar el deporte, los viajes, el ocio…

AdemĆ”s, segĆŗn la opinión general, hay cosas todavĆ­a mĆ”s importantes, que son : la salud, la bĆŗsqueda del bienestar : alimento, sueƱo, relajación de todo tipo… No obstante, nadie estĆ” libre de sufrir un accidente, una enfermedad…

El SeƱor JesĆŗs presentó el caso de un hombre que puso su confianza en los bienes que habĆ­a adquirido, y basó su seguridad en ellos (Lucas 12 : 13-21). Estaba preparado para disfrutar de sus bienes durante ā€œmuchos aƱosā€, pero Dios le dijo : ā€œNecio, esta noche vienen a pedirte tu alma ; y lo que has provisto, Āæde quiĆ©n serÔ ?ā€.

La búsqueda y la administración de las riquezas terrenales le habían hecho olvidar a Dios. Cuando descubrió su error y su locura, ya era demasiado tarde.

Lo mĆ”s importante, lo mĆ”s urgente, es buscar ā€œel reino de Dios y su justiciaā€, dicho de otro modo, reconocer la autoridad de Dios en mi vida y tratar de agradarle. El hombre no puede entrar en ese reino si no nace de nuevo (Juan 3 : 7), si no es justificado por Dios y ante Ć©l. En el evangelio de Juan (cap. 3 : 16), JesĆŗs nos muestra cómo recibir esta vida nueva y esta justicia : es necesario creer en Ć©l. Entonces el creyente vivirĆ”, desde ahora aquĆ­ en la tierra, lo que es el reino de Dios : justicia, paz y gozo.

2 Samuel 19 : 1-23Ā –Ā Hechos 8 : 26-40Ā –Ā Salmo 27 : 1-4Ā –Ā Proverbios 10 : 19

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chĀ –Ā labuena@semilla.ch