Nacido Para Morir – 7

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

7 – Nacido Para Morir

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 3

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teologƭa SistemƔtica

Clase18/26

La obra del EspĆ­ritu Santo – Parte 3

  1. Introducción (Panorama de las clases anteriores)

Bienvenido al seminario «Teología SistemÔtica», parte 2. Mi nombre es Charles Hedman y sirvo en CHBC como pastor.

En las últimas semanas, hemos examinado detalladamente la persona y obra del Espíritu Santo. Después de haber visto el panorama introductorio de la primera parte de este seminario, en la semana 15, vimos la persona del Espíritu Santo y su relación con el Padre y el Hijo, sus propiedades personales y actividades personales.

Luego, en la semana 16, empezamos a estudiar la obra del EspĆ­ritu Santo, especĆ­ficamente la obra del EspĆ­ritu Santo en el Antiguo Testamento, la obra del EspĆ­ritu Santo en la persona de Cristo, y la obra del EspĆ­ritu Santo en el cristiano.

La semana pasada, dimos un vistazo mÔs profundo a la obra del Espíritu Santo en el creyente, específicamente los temas de convicción y conversión, unión con Cristo y santificación. También hablamos acerca de la obra del Espíritu Santo en la vida de la iglesia, inspirando e iluminando la Escritura, levantando líderes que enseñen la Palabra de Dios y produciendo unidad y diversidad en la iglesia.

  1. El bautismo en el EspĆ­ritu Santo

Habiendo pasado tiempo abordando la principal obra realizada por el EspĆ­ritu Santo, queremos pasar tiempo esta semana hablando acerca de ciertas frases en la Escritura inherentes al EspĆ­ritu Santo que han si tomadas para significar cosas distintas.

La primera frase que queremos considerar es lo que significa ser «bautizados con el Espíritu Santo». Esta frase aparece en siete pasajes del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, en Lucas 3:16, Juan el Bautista dice: Ā«Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno mĆ”s poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; Ć©l os bautizarĆ” en EspĆ­ritu Santo y fuegoĀ». Y en Hechos 1:5, el SeƱor dice: Ā«Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros serĆ©is bautizados con el EspĆ­ritu Santo dentro de no muchos dĆ­asĀ».

Este último versículo muestra que cualquiera que sea el bautismo del Espíritu Santo, ciertamente sucedió en el día de Pentecostés.

Hay cuatro formas principales en que la frase «bautizado con el Espíritu Santo» ha sido interpretada a lo largo de la historia de la iglesia.

La primera forma es la forma pentecostal. Los pentecostales toman estos dos versĆ­culos y presentan la siguiente posición: 1) que el bautismo en el EspĆ­ritu Santo es ordinariamente un acontecimiento despuĆ©s de la conversión; y 2) que el bautismo en el EspĆ­ritu Santo se evidencia en el don de lenguas, porque los discĆ­pulos hablaron en lenguas en el dĆ­a de PentecostĆ©s[1].

Lo positivo asociado con este punto de vista es que muy probablemente veamos dos obras del EspĆ­ritu Santo en el libro de Hechos, primero con los discĆ­pulos en Hechos 2, luego con los samaritanos en Hechos 8, mĆ”s adelante en la casa de Cornelio en Hechos 10 y, por Ćŗltimo, Efeso en Hechos 19.

Sin embargo, los aspectos negativos asociados con este punto de vista es que parece que fundamentalmente no comprende lo que sucedió en el día de Pentecostés. Como hemos visto, el día de Pentecostés es un acontecimiento redentor-histórico único. No es repetible al igual que la crucifixión, la resurrección o la ascensión. Lo que significa que no deberíamos anticipar un «pentecostés personal» que experimentaremos como un cruce personal del mar Rojo o un Getsemaní personal.

AdemĆ”s, mientras vemos otras conversiones en Hechos, varias no mencionan el hablar en lenguas. AdemĆ”s, 1 Corintios 12:30 aclara que no se espera que todos los cristianos hablen en lenguas y que hablar en lenguas es un Ā«donĀ» y no un indicador de alguien que es mĆ”s santo.

El segundo punto de vista en lo que se refiere a ser bautizado en el Espíritu Santo es la opinión de que es únicamente aquello que sucede cuando uno primero es salvado y regenerado.

Los defensores de esta posición argumentan que tal enseƱanza se alinea con 1 Corintios 12:13, que dice: Ā«Porque por un solo EspĆ­ritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judĆ­os o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo EspĆ­rituĀ». En lo que respecta a Pablo, dicen, Ā«el bautismo en el EspĆ­ritu SantoĀ» se refiere a la actividad del EspĆ­ritu Santo al comienzo de la vida cristiana cuando se nos da nueva vida espiritual en la regeneración y… recibimos una clara ruptura con el poder del pecado[2]. El bautismo en el EspĆ­ritu Santo no es una segunda experiencia solo para los cristianos extra espirituales[3].

Los detractores de esta opinión, una vez mÔs, argumentan que al parecer tanto con los discípulos como con los samaritanos, el derramamiento del Espíritu Santo tuvo lugar algún tiempo después de su conversión inicial. Entonces, tienes a los discípulos claramente convertidos en Hechos 1, pero Jesús les dice que esperen para salir a proclamar el evangelio hasta que sean fortalecidos por el Espíritu Santo. Entonces, este es un claro problema.

La tercera opinión, defendida por Sinclair Ferguson y otros dentro de la historia eclesiĆ”stica, es que el bautismo en el EspĆ­ritu Santo se refiere a una entrada en dos etapas en la plenitud de la bendición del EspĆ­ritu. La primera etapa es la regeneración del EspĆ­ritu (por tanto, conversación-iniciación), y la segunda etapa es el bautismo con el EspĆ­ritu. Entonces, en algĆŗn momento durante el perĆ­odo descrito por los Evangelios, los apóstoles fueron regenerados. MĆ”s tarde, en  el dĆ­a de PentecostĆ©s, experimentaron una nueva obra del EspĆ­ritu; fueron bautizados y llenos del EspĆ­ritu y hablaron en otras lenguas como una evidencia de esta nueva etapa de su actividad en sus vidas. De acuerdo con este punto de vista, si bien el patrón de dos etapas que surge no es paradigmĆ”tico –o normativo– de lo que podemos esperar para la iglesia de hoy. El dĆ­a de PentecostĆ©s se retrata como un acontecimiento redentor-histórico, que no debe ser interpretado existencial y neumatológicamente, sino escatológicamente y cristológicamente.

Lo que sucede, segĆŗn este punto de vista, es una expansión del evangelio a todas las naciones, como lo predice Hechos 1:8. Este proceso de 2 etapas, entonces, es el medio por el cual los efectos del evangelio se ven claramente para los gentiles y para las naciones, ya que se ven lenguas de fuego y se hablan lenguas. AsĆ­, el evangelio viene a JerusalĆ©n en el dĆ­a de PentecostĆ©s. El evangelio llega a Samaria en Hechos 8. El evangelio llega a Cesarea en Hechos 10. Y el evangelio llega a Ɖfeso en Hechos 19. Todos los actos históricos redefinidos que son acontecimientos hechos una vez y para siempre.

Como tal, los cristianos en la actualidad no experimentan la entrada en dos etapas del Espíritu Santo. MÔs bien, en el punto de la fe y en el momento de la conversión, los cristianos participan individualmente en el efecto del derramamiento del Espíritu de Pentecostés. Es un acontecimiento de una sola etapa en el que tanto la conversión de los discípulos como los efectos del día de Pentecostés se nos dan de una sola vez.

Los detractores de este punto de vista argumentarĆ”n que mantener ese punto de vista es hacer suposiciones implĆ­citas que no se dan explĆ­citamente en otra parte. Claro que es histórico-redentor, pero Āæpodemos decir definitivamente que no puede suceder ahora? AdemĆ”s, de acuerdo con Romanos 8:9: Ā«Mas vosotros no vivĆ­s segĆŗn la carne, sino segĆŗn el EspĆ­ritu, si es que el EspĆ­ritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el EspĆ­ritu de Cristo, no es de Ć©lĀ». Si el EspĆ­ritu Santo no residió completamente en los discĆ­pulos, Āæpodemos realmente decir que se convirtieron?

La cuarta opinión, defendida por muchos, incluido John Piper, es que el bautismo del Espíritu Santo es una obra posterior de gracia sobre un creyente individual con el propósito explícito de recibir un poder espiritual extraordinario para el ministerio exaltador de Cristo.

AquĆ­, el argumento es que en cada caso en el libro de Hechos donde se da el EspĆ­ritu Santo, se lo da con el propósito explĆ­cito de proclamar el evangelio y  para la llenura el poder del ministerio. En Hechos 1:8, Lucas describe ser bautizado con el EspĆ­ritu como el recibir poder para testificar cuando el EspĆ­ritu Santo viene sobre ti. AdemĆ”s, en Lucas 24:49, Lucas dice que ser bautizado en el EspĆ­ritu es ser revestido con poder desde lo alto para que el mensaje de Cristo pueda ser llevado efectivamente a todas las naciones del mundo.

Para Piper entonces, el bautismo del EspĆ­ritu Santo es un empoderamiento subsecuente y especial del EspĆ­ritu para hacer cosas poderosas para JesĆŗs en el nombre de JesĆŗs.

Los detractores de esta posición argumentarían que pareciera estar sucediendo mÔs en el bautismo del Espíritu Santo que solo el empoderamiento. Dirían que hay una segunda obra de gracia en donde la plenitud del Espíritu Santo se da en la efusión del Espíritu.

  1. La llenura del EspĆ­ritu Santo

La segunda frase usada repetitivamente en las Escrituras que debemos ayudar a aclarar es la frase Ā«ser lleno del EspĆ­rituĀ». AsĆ­ que, piensa en Hechos 4:31Ā«Cuando hubieron orado… todos fueron llenos del EspĆ­ritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de DiosĀ».

Por tanto, es apropiado entender el hecho de ser lleno del Espíritu Santo no como un acontecimiento único sino como un acontecimiento que puede y debe ocurrir una y otra vez en la vida de un cristiano[4]. En Hechos, la vida de Esteban fue caracterizada como alguien que estaba lleno del Espíritu Santo (Hechos 6:5). Pablo a menudo oraba para que la gente a la que ministraba recibiera mÔs del Espíritu Santo (Efesios 1:17). Y observa que Pablo oró por todos los santos en la iglesia, no solo por los pastores, diÔconos, líderes.

Pero, Āæcómo puede un cristiano, que ya tiene el EspĆ­ritu Santo, ser mĆ”s lleno del EspĆ­ritu Santo? Bueno, para responder a esto, piensa en un globo. Un globo ya estĆ” lleno de aire, pero si inyectamos mĆ”s aire en Ć©l, el globo se llena mĆ”s. Podemos ser llenos del EspĆ­ritu Santo y al mismo tiempo poder recibir mucho mĆ”s de Ć©l y su poder transformador. Fue solo JesĆŗs a quien el Padre le dio el EspĆ­ritu sin medida. Juan 3:34 dice: Ā«Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el EspĆ­ritu por medidaĀ».

La cuarta opinión, la de Piper, sostiene que la llenura del EspĆ­ritu Santo es sinónimo de ser bautizado con el EspĆ­ritu Santo, y por tanto, es continuo a lo largo de la historia de la iglesia y es aplicable a nosotros hoy en dĆ­a. Entonces, vemos en Hechos 2, por ejemplo, que las personas son Ā«llenas del EspĆ­ritu Santo»…

  1. Los dones del EspĆ­ritu Santo

Hay mucha discusión y confusión acerca del tema de los dones espirituales. Si has crecido en la iglesia, es probable que hayas tenido diversas experiencias con respecto al tema. A veces puede ser divisivo en una iglesia. Pero hemos visto que no debería ser así.

Vuelve conmigo al libro de Efesios. En esta magnífica carta, el apóstol Pablo se propone mostrarle al lector el alcance del plan eterno de Dios. Comienza en el capítulo 1 presentando las maravillas del evangelio de la gracia. Es «en Cristo» que recibimos toda bendición espiritual (1:3). El poder de ese evangelio se pone de manifiesto en el capítulo 2. No solo trae a la vida a los muertos espiritualmente, reconciliando a Dios con el hombre (2:4-5), sino que es a través del evangelio que Dios destruye el muro de hostilidad entre judíos y gentiles (2:14). En Cristo, hay una nueva comunidad, unida no por raza, etnia o género, sino por Cristo. El capítulo 3 lo deja claro entonces, es a través de la iglesia que Dios muestra su múltiple sabiduría, su impresionante gloria (3:10).

Esa manifestación no es fĆ”cil, Āæverdad? ĀæMantener una comunidad unida y amorosa de pecadores? Pablo reconoce el desafĆ­o y, en el capĆ­tulo 4, exhorta a la iglesia a Ā«guardar la unidad del EspĆ­ritu en el vĆ­nculo de la pazĀ» (4:3). ĀæCómo hacemos eso? Ɖl continĆŗa escribiendo en Efesios 4:7: Ā«Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de CristoĀ». Por eso dice: Ā«Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombresĀ». AquĆ­, Pablo vuelve al Antiguo Testamento, citando el Salmo 68:18 para seƱalar que la efusión de dones espirituales representa la caĆ­da de los enemigos de Cristo: la victoria de la iglesia.

Desde allĆ­, Pablo nota algunos de los dones espirituales que comienzan en el v. 11:

Efesios 4:11–16: Ā«Y Ć©l mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niƱos fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engaƱar emplean con astucia las artimaƱas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sĆ­ por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, segĆŗn la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificĆ”ndose en amorĀ».

Ahora bien, esta no es la Ćŗnica lista de dones espirituales en el Nuevo Testamento. Otras listas aparecen en 1 Corintios 12, Romanos 12 y 1 Pedro 4. Pero de estas listas aprendemos varias cosas.

A. Primero, no parece haber una sola lista completa de los dones espirituales en ningún pasaje del Nuevo Testamento. El punto es que no debes sentir que has perdido tu llamado si no puedes encontrar tu «don» en una lista en particular. Puedes tener mÔs de un don, pero Jesús es el único que tenía todos los dones.

B. Segundo, parece haber una prioridad en los dones relacionados con la Palabra. En cada una de las listas, el escritor comienza y se enfoca en los dones basados ​​en las Escrituras.

C. Tercero, los dones son regalos dados por Dios. Ɖl da lo que quiere. Entonces en 1 Corintios 12:11, Pablo nos dice que el Ā«EspĆ­ritu… [reparte] a cada uno en particular como Ć©l quiereĀ». Vemos lo mismo en 1 Co. 12:18 y Ef. 4:11. Esto es Ćŗtil para combatir cualquier sentimiento de envidia. Los dones son dados por un Dios bueno que sabe lo que hace y no comete errores en su asignación. Nuestro trabajo no es contradecir su diseƱo, sino ser fieles. AdemĆ”s, es en la diversidad de los dones dados que el cuerpo funciona mejor. Y a pequeƱa escala, esto sucede en el matrimonio. Hoy es mi primer aniversario, asĆ­ que voy a jactarme de mi esposa por un segundo: ella tiene dones increĆ­bles que yo no tengo. Por tanto, naturalmente me complementa de una manera que es tan Ćŗtil para mĆ­ a medida que crezco en la vida. Lo mismo ocurre con la iglesia, deberĆ­amos usar nuestros dones para ayudar a nuestra iglesia a crecer. Lo que me lleva a seƱalar…

D. Cuarto, el propósito de los dones espirituales es la edificación de la iglesia. Ya lo hemos visto en Ef. 4:12, Cristo dio dones Ā«a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de CristoĀ». O en 1 Co. 12:7, Pablo escribe: Ā«Pero a cada uno le es dada la manifestación del EspĆ­ritu para provechoĀ». Muchas veces, la forma en que se descubren los dones es interviniendo y sirviendo. Entonces, pregunto o identifico una necesidad en la iglesia y luego me preparo para ayudar a que otros puedan ser edificados. No decimos: Ā«Bueno, mi don es la enseƱanza, asĆ­ que no puedo ayudar a limpiarĀ». Mi don es el animar a otros, asĆ­ que no voy a evangelizar. Ā”No! DeberĆ­amos buscar necesidades y formas de bendecir a los demĆ”s para que puedan conocer a Dios y ser edificados.

E. Quinto, en todas las cosas, el AMOR es la guĆ­a principal en el ejercicio de los dones espirituales. Esto estĆ” en el centro del argumento de Pablo en su discusión acerca de los dones espirituales en 1 Corintios 12-14. Parece que la iglesia de Corinto habĆ­a elevado el don de lenguas por encima de otros y muchos clamaban por tener el don para poder ser realmente espirituales y reconocidos. Solo un comentario adicional: me parece interesante y alentador: que las lenguas siempre han sido el don con el que luchan las iglesias. Pero nuestros dones espirituales no son para hacernos un nombre: Ā”son para amar a los demĆ”s y dar a conocer a Dios! Es por eso que entre dos capĆ­tulos acerca de los dones espirituales, 1 Corintios 12 y 14, estĆ” 1 Corintios 13, el capĆ­tulo acerca del amor. La manera en que debemos predicar, animar, dar, servir, dirigir, exhortar, hagamos lo que hagamos, es hacerlo con amor.

Entonces, ¿qué pasa con los dones espirituales de sanidad, milagros o hablar en lenguas?

Tal vez un buen lugar para comenzar es notar que hay un amplio espectro de respuestas. En un extremo estĆ”n  aquellos que argumentan que estos dones son normativos para la iglesia y deben ser una parte regular de nuestras reuniones semanales. (Los continuacionistas).

En el otro extremo estÔn aquellos que argumentan que tales dones han cesado por completo y buscarían refutar cualquier afirmación de que ocurran hoy. (Los cesionistas).

Y luego hay muchos que se encuentran en algĆŗn punto intermedio. No esperan que sea una parte normal de la reunión semanal de una iglesia, ni se sentirĆ”n obligados a refutar a alguien que dijera tener un determinado don. Si sucediera, simplemente mirarĆ­an las instrucciones de Pablo en 1 Corintios 12-14 para asegurarse de que la iglesia fuera edificada y en buen orden.

Ahora bien, no necesitamos estar de acuerdo en esto para ser una iglesia, hay diferentes personas que tienen puntos de vista diferentes. Cada uno de nosotros debe ser convencido de las Escrituras y  procurar ser tolerantes los unos con los otros.

Pero permítanme ofrecer una observación adicional para nosotros mientras pensamos esto. Al leer las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis, una cosa que notarÔs es que hay una concentración de acontecimientos milagrosos que marcan acontecimientos clave en la historia del pueblo de Dios.

Entonces, por ejemplo, en el Ɖxodo, tienes 10 plagas, la separación del mar Rojo, el agua que brota de una roca, el manĆ” que cae del cielo y otros milagros. Otras veces cuando se da la Ley, cuando los profetas declaran una palabra de Dios, durante el exilio o algĆŗn evento clave en la historia de las Escrituras, dichas seƱales parecen confirmar y establecer la relación de Dios con su pueblo.

Lo mismo es cierto en el Nuevo Testamento. Entonces, en los Evangelios con la venida de JesĆŗs o en Hechos 2, que marca el inicio de la iglesia y el derramamiento del EspĆ­ritu Santo, ĀæquĆ© ocurre? Hay un aparente aumento en los acontecimientos milagrosos. Pedro nota esto en Hechos 2:22; El ministerio de Pablo y BernabĆ© es confirmado por milagros en Hechos 14:3. Incluso mĆ”s tarde en 2 Corintios 12:12, Pablo argumenta que la marca del apóstol del Nuevo Testamento se confirma con Ā«seƱales, prodigios y milagrosĀ». Todo esto tiene sentido porque el Nuevo Testamento estaba siendo escrito (Efesios 2:20) y el mensaje del evangelio estaba siendo confirmado. Una vez que se estableció esta base, las seƱales no se mencionan con tanta frecuencia (como en las epĆ­stolas pastorales).

ĀæEso significa que Dios no puede obrar de maneras milagrosas hoy? Ā”Ciertamente no! ĀæEso significa que debe hacerlo? Ā”Ciertamente que no! DeberĆ­amos continuar orando para que Dios haga milagros: para que sane, para que el EspĆ­ritu les dĆ© nueva vida a aquellos espiritualmente muertos, y para que Dios se dĆ© a conocer. Dios puede y harĆ” lo que crea conveniente. Pero no debemos suponer que la forma principal en que Dios debe revelarse a sĆ­ mismo en la actualidad es a travĆ©s de la prĆ”ctica de estos dones milagrosos. Dios nos ha dado su palabra; Ɖl nos ha dado su EspĆ­ritu, y Ć©l estĆ” obrando a nuestro alrededor.

Oremos.

[1] 1 Corintios 12:30 deja en claro que no se espera que todos los cristianos hablen en lenguas y que hablar en lenguas es un Ā«donĀ» y no un indicador de alguien que es mĆ”s santo.

[2]Grudem.

[3] Entre aquellos que sostienen la enseƱanza en dos etapas acerca del bautismo del EspĆ­ritu Santo, hay un pensamiento de que el EspĆ­ritu debe ser usado a disposición del hombre, como si pudiĆ©ramos afectar su presencia mediante la imposición de manos. Niega la gracia de Dios que es suficiente para el comienzo de la vida de un cristiano, pero es necesario que haya otros pasos y condiciones para obtener una vida mĆ”s plena y victoriosa.

[4] Ā«Aunque no encuentro soporte bĆ­blico para una segunda teologĆ­a de bendición, encuentro soporte para una segunda, tercera, cuarta o quinta teologĆ­a de bendiciónĀ» (Don Carson, Showing the Spirit, p. 160).

Mark Deve

La santidad, Āæuna cuestión pĆŗblica o privada?

The Master’s Seminary

La santidad, ¿una cuestión pública o privada?

Heber Torres

En 1966 el escritor japonĆ©s Shusaku Endo publicaba una novela de ficción titulada Ā«SilencioĀ» que pronto alcanzarĆ­a un Ć©xito notable al punto de convertirse en todo un referente literario[1]. En ella se relata la historia de unos misioneros jesuitas que en el siglo XVII viajan a Japón para divulgar su credo. Su aventura termina rĆ”pido. Pronto experimentan la oposición de las autoridades locales siendo obligados a apostatar de su fe, enfrentando el dilema de ocultar su profesión o renegar de la misma para sobrevivir. En las Ćŗltimas dĆ©cadas, aun en el mundo occidental, se ha podido identificar un creciente interĆ©s por parte de gobiernos y agentes sociales en promover un modelo de fe silenciosa en el que aparentemente el individuo tiene el derecho de mantener cualquier creencia siempre y cuando no la traslade a la esfera pĆŗblica, y mucho menos pretenda hacer prosĆ©litos de ella.

Sin embargo, el cristianismo bĆ­blico tiene por naturaleza una vocación pĆŗblica. Ā”Resulta imposible concebirlo de otra manera! Cuando el cristiano se acerca a las pĆ”ginas de las Escrituras observarĆ” que no existe un espacio privado en el que pueda acomodar cierta Ā«faceta espiritualĀ» (Dn. 3:17–18). Al contrario, hay razones de peso que confirman la necesidad de cultivar una vida de santidad en nuestra relación con las personas que nos rodean.

La conexión

Estar en Cristo es formar parte del cuerpo de Cristo. Ɖl se dio a sĆ­ mismo para santificar a cada uno de sus redimidos para que, sin mancha ni arruga, puedan experimentar una comunión santa e inmaculada con Ɖl (Ef. 5:25–27). Pero este camino de santificación no se transita en solitario. Como resultado de lo que Cristo ha hecho el cristiano estĆ” unido con aquel que es la cabeza, pero tambiĆ©n con todos los que han sido salvos por su sangre.

Es posible que algunas personas interpreten erróneamente el concepto de Ā«apartadosĀ» o Ā«separadosĀ» para Dios implĆ­cito en el tĆ©rmino santidad. Pero la santidad de cada hijo de Dios no es una cuestión exclusivamente personal, sino que afecta estrechamente la realidad de los que son sus hermanos en Cristo, con los que estĆ” Ć­ntimamente conectado. Los creyentes son miembros los unos de los otros, de manera que, Ā«si un miembro sufre, todos los miembros sufren con Ć©l; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con Ć©lĀ» (1 Co. 12:26). La santidad y la obediencia de un cristiano afecta directamente a todo el conjunto de la Iglesia, porque lo que finalmente estĆ” en juego es el testimonio de Cristo y de su cuerpo. El que un individuo se aleje de la comunión de sus hermanos trae un mal nombre al evangelio. Ya sea que el cristiano lo piense o no, sus acciones (y aun sus omisiones) tienen ramificaciones en la vida de otros, y esto es recĆ­proco: sin el aporte de ellos en su vida, su desarrollo espiritual resultarĆ­a inviable.

En estos meses de pandemia el consumo de telĆ©fonos, tabletas u ordenadores personales se ha disparado. Muchos profesionales trabajan telemĆ”ticamente y un buen nĆŗmero de estudiantes cursa sus clases sin salir de casa. Los seres humanos viven en la era de lo individual. La cultura aspira y disfruta de un estilo de vida personalizado al mĆ”s mĆ­nimo detalle. Y lo que ya era tendencia en cuanto al tiempo de ocio, se ha convertido casi en normativo con respecto a otras Ć”reas de la vida. Sin embargo, el plan de Dios para con los suyos ha sido diseƱado para ser vivido en comunión y colaboración con otros (Ro. 12:4–16). Francisco Lacueva lo explica asĆ­: Ā«El nuevo Testamento desconoce un cristiano individualista. Tan pronto como alguien nace de nuevo y cree en el SeƱor, Dios lo aƱade en la [Iglesia]. Estar en Cristo y estar en la iglesia son fórmulas que se implican mutuamenteĀ»[2].

La realidad del cristiano como hijo de Dios no puede ser restringida a sĆ­ mismo como sujeto autónomo. Necesita de la presencia de otros, asĆ­ como debe de estar presente y colaborar en el crecimiento de otros. Por eso no existe un contexto mĆ”s apropiado para progresar en su andar con Cristo que la comunión de los santos. Siendo parte de la Iglesia el cristiano es exhortado y exhorta tambiĆ©n a otros. Es animado y anima tambiĆ©n a otros. Es orientado y orienta tambiĆ©n a otros. Sirve y es servido por otros. Rinde cuentas, es guiado, instruido y corregido, y todo ello redunda directamente en nuestro avanzar espiritual (GĆ”. 6:1–2). La Biblia enumera hasta 26 obligaciones que cada creyente tiene para con sus hermanos en Cristo[3]. El cristiano que alimenta su fe en el entorno de la iglesia local se beneficia del ministerio de otros y tiene la oportunidad de desarrollar los dones que Dios le ha dado. Ā”Pensar en vivir una vida santa en solitario es tan descabellado como pretender que un órgano cumpla con su función alejado del resto del organismo!

La confirmación

Cristo mismo rechazó con determinación la hipocresĆ­a de algunos religiosos que pretendĆ­an deslumbrar a sus contemporĆ”neos por medio de una actuación santurrona y carente de vida. Sin duda algunos judĆ­os habĆ­an terminado por imitar el mismo Ā«despliegueĀ» ritualista que caracterizaba a los paganos de su Ć©poca (Mt. 6:1). Sin embargo, tambiĆ©n insistió en la necesidad de que sus discĆ­pulos produzcan un fruto visible que confirme la legitimidad de su fe y, de esa forma, el Padre sea glorificado (Jn. 15:8).

Del mismo modo que Ā«una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lĆ”mpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que estĆ”n en la casa [—dice el Hijo de Dios—]. AsĆ­ brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que estĆ” en los cielosĀ» (Mt. 5:14–16). En estos versĆ­culos, JesĆŗs no limita la actuación visible de sus seguidores a la proclamación verbal del evangelio, sino que especĆ­ficamente enfatiza la importancia de sus buenas acciones. El hijo de Dios no tiene libertad para escoger cómo quiere vivir su vida cristiana. JesĆŗs demanda una vida santa, no solo en lo secreto del corazón, sino tambiĆ©n en la manera en la que se comporta cada uno de sus seguidores. En palabras de J.C. Ryle: Ā«El hombre santo procurarĆ” practicar un espĆ­ritu de misericordia y benevolencia hacia los demĆ”s. No permanecerĆ” inactivo todo el dĆ­a. No se contentarĆ” con no hacer daƱo. TratarĆ” de hacer el bien. Se esforzarĆ” todo lo posible por ser Ćŗtil en su Ć©poca y generación, y de aliviar las necesidades espirituales y los sufrimientos a su alrededorĀ»[4].

En su primera epĆ­stola a Timoteo, el apóstol Pablo exhorta a su pupilo a tener un especial cuidado de su vida espiritual, pero le recuerda que su devoción ha de trascender al Ć”mbito de lo privado. No solamente en lo relativo a su enseƱanza, sino tambiĆ©n en lo concerniente a su comportamiento. Timoteo debĆ­a ser un ejemplo en palabra, conducta, amor, espĆ­ritu, fe y pureza, de modo que su aprovechamiento llegase a ser evidente a todos. Solamente de esa forma asegurarĆ­a la salvación tanto para sĆ­ mismo como para los que eran receptores de su ministerio (1 Ti. 4:11–16). Porque, finalmente, la manera en la que uno se conduce pĆŗblicamente con su prójimo confirma que experimenta una comunión genuina con Dios (1 Jn. 4:12, 20–21).

Conclusión

El activismo eclesial en el que muchos viven atrapados hace necesario invitarlos a escapar de la espiral de programas e iniciativas en los que se ven envueltos con el fin de dedicar tiempo a solas con Dios. Sin embargo, nunca al precio de descuidar su testimonio para con los que estĆ”n mĆ”s cerca. William Gurnall percibĆ­a el peligro de una comunión privada que no tiene repercusiones en nuestra interacción con otros: «¿Escuchas y oras, pero sin encontrar ya la fuerza para cumplir con una promesa o vencer la tentación? Ā”Deshonras a Dios cuando bajas del monte de la comunión y rompes las taĀ­blas de su ley en cuanto te alejas! No encontrar la fe y la fuerĀ­za renovadas en la comunión con Ɖl es seƱal segura del declive espiritualĀ»[5].

Eso que eres en lo secreto ha de impactar tu manera de relacionarte con los demÔs. De modo que tus familiares, amistades, compañeros de trabajo o cualquiera que se cruce en tu camino debe poder reconocer que eres de los que verdaderamente pasa tiempo con Jesús y estÔ siendo conformado a su misma imagen (Hch. 4:13; 2 Co. 3:18). Vive para la gloria de Dios en todo lo que hagas.

[1] Shusaku Endo, Silencio (Barcelona: Edhasa, 2009).

[2] Francisco Lacueva, La Iglesia cuerpo de Cristo (Barcelona: Clie, 1997).

[3] VĆ©ase Romanos 12:10; 12:16; 14:13; 14:19; 15:14; 1 Corintios 6:7; 7:5; 12:25; GĆ”latas 5:26; Efesios 4:25; 5:21; Filipenses 2:3; Colosenses 3:9; 3:13; 3:16; 1 Tesalonicenses 4:18; 5:11; 5:13; 5:15; 1 Timoteo 2:1; Hebreos 10:24; Santiago 4:11; 1 Pedro 4:10; 5:5; 5:14; 1 Juan 1:7.

[4] J.C. Ryle, La santidad (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino).

[5] William Gurnall, El Cristiano con toda la armadura de Dios (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino), 237.

Heber Torres

Heber Torres

Heber Torres (M.Div.) es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. EstÔ casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

La gratitud en la oración

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración

La gratitud en la oración

Kevin Struyk

Nota del editor: Este es el capítulo 13 de 25 en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

La postura no es algo que comentamos muy a menudo. De hecho, hablar sobre la postura —cómo posicionar el cuerpo cuando estamos en ciertos lugares para lograr ciertos propósitos— puede sonar absurdo hoy en dĆ­a. En una sociedad que valora la libertad de expresión y el deshacerse de las ataduras de los modales antiguos, incluyendo las tradiciones, las prĆ”cticas y los valores bĆ­blicos, ser intencional con nuestra postura no es una gran prioridad. Sin embargo, los discĆ­pulos de Jesucristo comprenden la importancia y el gran privilegio de venir ante nuestro santo y justo Dios en oración. Por lo tanto, al comunicarnos con nuestro SeƱor, debemos considerar cómo nuestra postura afecta nuestras oraciones.

Por Su gracia y misericordia, Dios inclina nuestros corazones para que crezcamos en amor, devoción e intimidad con Ɖl mientras somos santificados por Su Palabra y por Su EspĆ­ritu.

En Occidente, el hombre típicamente se arrodilla al proponerle matrimonio a su futura esposa. Esta postura, por lo general, muestra la devoción, el amor y el deseo del hombre de servir a su futura esposa, la cual merece honor y respeto. Estar de rodillas también demuestra sumisión y vulnerabilidad. La capacidad de uno ver y moverse es muy limitada en esa posición. Este ejemplo nos ayuda a entender el significado de nuestra postura al orar.

Estar de rodillas es común para los que oran. Al igual que un hombre que estÔ proponiendo matrimonio, el que estÔ arrodillado en oración asume una posición baja y humilde, mostrando dependencia, devoción y honor al Señor. Vemos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo demostrando Su dependencia al arrodillarse para orar en el jardín de Getsemaní (Lc 22:40-41). Pablo, luego de contarle a sus amigos sobre su partida, se arrodilló con los ancianos para orar (Hch 20:36). Pedro, antes de ordenarle a Tabita que se levantase de los muertos, se arrodilló y oró (9:40). Tanto al arrodillarse como al doblegarse, el cuerpo se encorva, limitando las distracciones, mostrando honor y trayendo a la memoria nuestra total dependencia del Señor.

Sentarse, ponerse de pie y levantar las manos en oración son otras posturas que encontramos en la Biblia. David se sienta ante el Señor en oración (2 Sam 7:18), Salomón se pone de pie y extiende sus manos en oración (1 Re 8:22), y Pablo exhorta a Timoteo y a otros a orar levantando manos santas (1 Tim 2:8). Durante el transcurso de un día normal, lo mÔs común es que nos encontremos sentados o de pie. Tal vez estÔs sentado en una mesa, en un carro o en un escritorio. QuizÔs te gusta caminar, correr o hacer ejercicios. Cualquiera que sea el caso, es bueno, correcto y apropiado orar al Señor en estas distintas posturas. Las instrucciones de Pablo a orar en todo tiempo y sin cesar probablemente incluían el estar sentado y de pie, así como otras posiciones (Ef 6:181 Tes 5:16-18).

De todos modos, lo mĆ”s importante no es la postura externa del cuerpo, sino la postura interna del corazón; nuestros corazones deben expresar quebrantamiento, contrición, humildad y dependencia. Por Su gracia y misericordia, Dios inclina nuestros corazones para que crezcamos en amor, devoción e intimidad con Ɖl mientras somos santificados por Su Palabra y por Su EspĆ­ritu. Comunicarse con Dios por medio de nuestro SeƱor Jesucristo es un privilegio indescriptible. Que nuestra postura, tanto la interna como la externa, demuestre nuestra sincera devoción y gratitud al SeƱor.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kevin Struyk
Kevin Struyk

El Rev. Kevin Struyk es un pastor asociado en Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San AndrĆ©s] en Sanford, FL y un graduado del Reformed Theological Seminary en Orlando, Fla.

La providencia de Lincoln

Soldados de Jesucristo

Febrero 12/2021

Solid Joys en EspaƱol

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John Piper

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El pase

Viernes 12 Febrero

ĀæQuiĆ©n podrĆ” estar delante del SeƱor el Dios santo ? 1 Samuel 6 : 20

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sĆ­ mismo en rescate por todos. 1 Timoteo 2 : 5-6

El pase

Se cuenta que hace mucho tiempo un hombre querĆ­a ver al presidente de su paĆ­s. En la casa presidencial el guardia le preguntó si tenĆ­a una autorización o una cita. Como no tenĆ­a nada de esto, se le negó la entrada. DespuĆ©s del cambio de guardia el hombre volvió a intentarlo, pero todo fue en vano. Estaba desanimado y abatido. Un niƱo se le acercó y, al ver su tristeza, le propuso ayudarlo. El hombre lo rechazó, pensando que el niƱo no podrĆ­a comprender su problema. El niƱo insistió y el desconocido le explicó su deseo de ver al presidente. El niƱo le invitó a seguirle ; y juntos entraron en el palacio del gobierno. Bajo la bondadosa mirada de los guardias, pasaron con Ć©xito los controles y ambos llegaron a la puerta de la oficina del presidente que era… Ā”el padre del niƱo !

ĀæQuiĆ©n puede acercarse al Dios santo por sus propios medios ? Incluso teniendo como pase la lista de buenas acciones, es imposible. Solo la fe en el SeƱor JesĆŗs y en su sacrificio me permite recibir la gracia de Dios. Únicamente JesĆŗs, quien pagó el rescate por mis pecados, puede introducirme en la presencia de Dios. Ɖl nos conduce, como de la mano, hasta su Padre, quien entonces pasa a ser nuestro Padre. JesĆŗs nos invita a orar al Padre en su Nombre (Juan 16 : 23). Uno de los grandes privilegios del cristiano es tener acceso a Dios como a un Padre : ā€œCuando orĆ©is, decid : Padreā€¦ā€ (Lucas 11 : 2). No temamos hablar a nuestro Padre, pues Ć©l nos ama (Juan 16 : 27).

2 Samuel 5Ā –Ā Mateo 26 : 47-75Ā –Ā Salmo 22 : 6-11Ā –Ā Proverbios 8 : 32-36

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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