La viga en nuestro ojo
Gracia Verdad y Vida

Ruben Sarrion
La viga en nuestro ojo
Gracia, Verdad y Vida es un ministerio radial con una
visión radicalmente bíblica, reformada, no-ecuménica, calvinista, enamorada de la Gracia Soberana de Dios.
Gracia Verdad y Vida

Ruben Sarrion
La viga en nuestro ojo
Gracia, Verdad y Vida es un ministerio radial con una
visión radicalmente bíblica, reformada, no-ecuménica, calvinista, enamorada de la Gracia Soberana de Dios.
Got Questions

¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?
En Juan 10:10, Jesús dijo, «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. A diferencia de un ladrón, el Señor Jesús no viene por razones egoístas. Viene a dar, no a recibir. Viene para que las personas puedan tener vida en Él que sea significativa, con propósito, alegre y eterna. Recibimos esta vida abundante el momento que lo aceptamos como nuestro Salvador.
Esta palabra «abundante» en griego es perisson, que significa «excesivamente, altamente, más allá de la medida, más, superfluo, una cantidad tan abundante como para ser considerablemente más de lo que uno esperaría o anticiparía». En definitiva, Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que nos podríamos imaginar, un concepto que nos recuerda de 1 Corintios 2:9: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman». El apóstol Pablo nos dice que Dios es capaz de “hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, y lo hace por Su poder, un poder que está obrando dentro de nosotros si le pertenecemos a Él (Efesios 3:20).
Antes de comenzar a tener visiones de casas lujosas, coches caros, cruceros en todo el mundo, y más dinero de lo que podemos gastar, tenemos que hacer una pausa y pensar en lo que Jesús enseña sobre la vida abundante. La Biblia nos dice que la riqueza, el prestigio, la posición y el poder en este mundo no son las prioridades de Dios para nosotros (1 Corintios 1:26-29). En cuanto al estado económico, académico y social, la mayoría de los cristianos no procede de las clases privilegiadas. Claramente, entonces, una vida abundante no consiste de una abundancia de cosas materiales. Si ese fuera el caso, Jesús habría sido el más rico de los hombres. Pero es todo lo contrario (Mateo 8:20).
La vida abundante es la vida eterna, una vida que comienza en el momento que venimos a Cristo y lo recibimos como Salvador, y continúa a lo largo de toda la eternidad. La definición bíblica de la vida — específicamente la vida eterna — es proporcionada por Jesús mismo: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado » (Juan 17:3). Esta definición no hace mención de la longitud de los días, la salud, la prosperidad, la familia o la carrera. De hecho, lo único que menciona es el conocimiento de Dios, que es la clave para una vida verdaderamente abundante.
¿Qué es la vida abundante? En primer lugar, la abundancia es abundancia espiritual, no material. De hecho, Dios no se preocupa demasiado por las circunstancias físicas de nuestras vidas. Él nos asegura que no necesitamos preocuparnos por la comida ni la vestimenta (Mateo 6:25-32; Filipenses 4:19). Las bendiciones físicas pueden o no ser parte de una vida centrada en Dios; ni la riqueza ni la pobreza es un indicio seguro de nuestra posición con Dios. Salomón tuvo todas las bendiciones materiales disponibles para un hombre, pero encontró todo sin sentido – vanidad de vanidades (Eclesiastés 5:10-15). Pablo, por otro lado, estaba contento en cualquier circunstancia física en la que se encontraba (Filipenses 4:11-12).
En segundo lugar, la vida eterna, la vida por la cual un cristiano realmente se preocupa, no es determinada por la duración, sino por una relación con Dios. Esto es por qué, una vez que nos convertimos y recibimos el regalo del Espíritu Santo, se dice que tenemos la vida eterna ya (1 Juan 5:11-13), aunque no, por supuesto, en su plenitud. La duración de la vida en la tierra no es sinónimo de vida abundante.
Finalmente, la vida de un cristiano gira alrededor del principio de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Esto nos enseña que la vida abundante es un proceso continuo de aprendizaje, práctica, y maduración, así como fracaso, recuperación, adaptación, perseverancia, y superación, porque, en nuestro estado actual, “vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Un día veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos completamente tal como seremos conocidos completamente (1 Corintios 13:12). Ya no lucharemos con el pecado y la duda. Esto será la vida abundante finalmente realizada.
Aunque somos naturalmente deseosos de cosas materiales, como cristianos, nuestra perspectiva de la vida debe ser revolucionada (Romanos 12:2). Así como nos convertimos en nuevas creaciones cuando venimos a Cristo (2 Corintios 5:17), así debe ser transformada nuestra comprensión de la «abundancia». La verdadera vida abundante consiste en una abundancia de amor, gozo, paz y el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no una abundancia de «cosas». Consiste en una vida que es eterna, y, por lo tanto, nuestro interés está en el eterno, no el temporal. Pablo nos amonesta, «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:2-3).

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Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier
Serie: Gratitud
Gratitud y queja
Marissa Henley
Nota del editor: Este es el décimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.
Durante unos pocos meses gloriosos al final del 2011, casi nunca me quejé. Había tenido que pasar por varios meses de tratamiento por un cáncer poco común y me acababan de declarar libre de cáncer. No sabía cuántos días saludables tendría con mi familia joven antes de que el cáncer regresara, y estaba determinada a sacarle la mayor cantidad de gozo posible a cada día.
Para ponerlo de forma llana, dejé de quejarme al darme cuenta de que, estadísticamente hablando, debí haber estado muerta. Se me había concedido el don de la vida, y mi gratitud se desbordaba.
Pero no me tomó mucho tiempo olvidar lo que se me había concedido. Caí nuevamente en mis viejos hábitos de murmuración, tal como los israelitas que se maravillaron del poder de Dios en el mar Rojo pero no confiaron en que Él les proveería agua potable (Éx 14-15). Aunque yo había experimentado la fidelidad del Señor a través de las aguas profundas del sufrimiento, olvidaba Su bondad en los charcos más pequeños de mi día, tales como un clima sombrío o una fila lenta en la cafetería.
La gracia de Dios nos constriñe a responder con gratitud, no con murmuración.
Al enfrentarnos a las frustraciones y los inconvenientes menores de la vida diaria, tenemos que tomar una decisión: agradecer o murmurar. A medida que nos esforzamos por agradecer, necesitamos reconocer la pecaminosidad de nuestra murmuración, examinar las actitudes del corazón que yacen detrás de ella y descubrir su remedio en el Evangelio.
Podríamos irritarnos ante la idea de que nuestra queja es pecaminosa. Pero en Filipenses 2:14, Pablo nos amonesta: “Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones”. En contraste, nos exhorta a “[dar] gracias en todo” (1 Tes 5:18). En Números 14, Dios describe a los israelitas quejosos como una “congregación malvada” y les niega la entrada a la tierra prometida (vv. 26-30). La Escritura muestra claramente que Dios ve nuestra murmuración respecto a nuestras circunstancias como quejas pecaminosas contra Él.
La murmuración y la gratitud no pueden coexistir. Cuando decidimos murmurar, pecamos contra Dios. Cuando decidimos ser agradecidos, obedecemos a Dios y le glorificamos a medida que brillamos como luces ante el mundo que nos rodea (Flp 2:15).
Algunas veces nuestras quejas surgen de un deseo de justicia o de un compromiso con el bienestar de otros. En Hechos 6, la Iglesia trajo de manera apropiada una queja a favor de las viudas que no estaban siendo atendidas. Cuando experimentamos o somos testigos de actos de injusticia o de abuso, necesitamos llevar esas quejas a las autoridades apropiadas.
Pero la mayoría de nuestras quejas están enraizadas en nuestro propio pecado más que en nuestra propia preocupación por otros. Nuestras murmuraciones centradas en nosotros mismos provienen de la ingratitud, el orgullo y la incredulidad. En nuestra ingratitud, fallamos en darle gracias a Dios por todas Sus buenas dádivas. Nos enfocamos en lo que nos hace falta en vez de regocijarnos en lo que Dios ha provisto. En nuestro orgullo, pensamos que sabemos lo que es mejor para nosotros. En vez de confiar en los planes de Dios, queremos las cosas a nuestra manera. En nuestra incredulidad, no confiamos en que Dios nos dará lo que necesitamos. Le decimos a Dios: “Lo que has hecho no está bien. Lo que nos has dado no es suficiente”. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para arrancar esta maleza de nuestros corazones murmuradores, y en cambio crecer en gratitud, humildad y dependencia del Señor.
El remedio para nuestras quejas es recordar el Evangelio. En esos días sin quejas del 2011, era profundamente consciente de que había sido librada de la enfermedad y de la muerte, y de cómo se me había concedido la salud y la vida. Ver la bondad y la fidelidad de Dios era fácil.
Pero algunas veces, nuestras desafiantes circunstancias opacan las buenas dádivas de Dios. Nos cuesta dar gracias cuando abundan las razones para la murmuración. En esos días, necesitamos cultivar la gratitud del Evangelio. Cuando consideramos lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, tenemos razones interminables para intercambiar nuestras protestas por alabanza.
Hermanos y hermanas en Cristo, ustedes han sido rescatados de la muerte y se les ha dado una vida nueva. Cristo “nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales” (Ef 1:3). Todas las circunstancias de sus vidas son ordenadas por nuestro Padre bueno, fiel y sabio. Cuando enfrenten luchas terrenales, pueden regocijarse en sus riquezas eternas en Cristo.
Ya sea que estemos frustrados a causa de un compañero de trabajo que no coopera o por niños que no obedecen; ya sea que nuestro día sea interrumpido por un pequeño inconveniente o por una gran decepción, esta verdad permanece: la gracia de Dios nos constriñe a responder con gratitud, no con murmuración. Cuando hacemos todas las cosas sin quejarnos, le damos gloria a Aquel que nos da un sinfín de razones para alabarle.

Marissa Henley es autora de Loving Your Friend through Cancer: Moving beyond «I’m Sorry» to Meaningful Support [Amando a tu amigo en medio de su cáncer: Yendo más allá de “Lo Siento” para dar un apoyo significativo].
Soldados de Jesucristo
Febrero 04/2021

Solid Joys en Español
Cinco beneficios del sufrimiento
John Piper

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Jueves 4 Febrero

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan. Escucha, oh Señor, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes. Salmo 86 : 5-7
Dios escuchó mi clamor
Testimonio
A la salida de una fábrica, un joven solía distribuir folletos cristianos a sus compañeros. Uno de ellos estaba muy molesto y hacía todo lo posible para lastimarlo. Cuando la guerra empezó en 1939, todos fueron dispersados.
En 1965, en el andén de una estación, un grupo de niños que iba a un campamento vacacional empezó a cantar un himno cristiano. Al lado, un hombre los escuchaba. Luego, acercándose a ellos, se dirigió al monitor y le preguntó : “¿Me reconoce ? Yo fui el que le causó tantos problemas en la fábrica hace muchos años, debido a los tratados que usted repartía. Sabe, fui prisionero de guerra y tuve que trabajar como leñador bajo condiciones muy duras. Me maltrataban tanto, que una noche recogí mis cosas con la intención de quitarme la vida. Pero en el fondo de mi maleta encontré un trozo de papel sucio y arrugado en el que pude leer :”Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo“(Hechos 16 : 31). Era un trozo de uno de sus tratados. Inmediatamente clamé : ¡Oh, Dios, si existes, dame noticias de mi familia !
Dos días después fui llamado por los vigilantes. Me tendieron un montón de cartas que mis familiares y amigos me habían enviado, y un paquete de la Cruz Roja. Algunos meses después regresé a casa, y todo el mundo se dio cuenta de que yo ya no era la misma persona. Había encontrado la fuente de la felicidad : el Señor Jesucristo era mi Salvador, mi paz y mi esperanza”.
1 Samuel 28 : 15-29 : 11 – Mateo 22 : 1-22 – Salmo 19 : 1-6 – Proverbios 7 : 1-5
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch
El Amor que Vale

Serie: Tesoros de la Palabra
1 – Oración: Pan diario
Adrian Rogers
El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.
Grace en Español

Dar a la gente el verdadero evangelio
John MacArthur

John MacArthur
Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.
Desde que completó su primer libro que fue un éxito en ventas, El Evangelio según Jesucristo, en el año 1988, John ha escrito cerca de 400 libros y guías de estudio, incluyendo Fuego Extraño, Avergonzados del Evangelio, El Asesinato de Jesús, El Hijo Pródigo, Doce Hombres Inconcebibles, Verdad en Guerra, El Jesús que no Puedes Ignorar, Esclavo, Una Vida Perfecta y la serie de Comentarios MacArthur del Nuevo Testamento. Los títulos de John han sido traducidos a más de dos docenas de idiomas. La Biblia de estudio MacArthur, el recurso que es la piedra angular de su ministerio, está disponible en el idioma inglés (NKJ, NAS y ESV), español, ruso, alemán, francés, portugués, italiano, árabe y chino.
John y su esposa, Patricia, viven en el sur de California y tienen cuatro hijos casados: Matt, Marcy, Mark y Melinda. Ellos también disfrutan de la alegre compañía de sus 15 nietos.
Soldados de Jesucristo
Febrero 03/2021

Solid Joys en Español
El amor más grande
John Piper

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¿Quién CORRIGE al PASTOR?
Giancarlo Montemayor
🎥 Vídeo: ¿Quién corrige al pastor?
👤 Hermano: Giancarlo Montemayor
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¿Quién CORRIGE al PASTOR?, Disciplina, Disciplina pastoral
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria
Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier
Serie: Preguntas claves sobre la oración
¿Dónde y cuándo debo orar?
Nathan W. Bingham
Nota del editor: Este es el undécimo de 25 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.
Un amigo mío está a solo unas semanas de casarse. Una cosa que le he enfatizado este año es que la buena comunicación es una de las claves para un matrimonio fructífero. Como seres relacionales creados a imagen de Dios, todos reconocemos este aspecto vital de las relaciones cercanas. Por eso es útil recordar que la oración es, como Juan Calvino decía a menudo, una «conversación con Dios».
¿Cuándo debemos orar? Al igual que la conversación dentro de un matrimonio saludable, la oración es, de manera ideal, frecuente y orgánica. Si solo hablara con mi esposa durante períodos de tiempo programados al principio o al final del día, o peor aún, solo los domingos, podría haber un problema. A la vez, programar momentos intencionales para tener una conversación más profunda e ininterrumpida, quizás mientras los niños están en la cama o mientras salimos a cenar, es extremadamente saludable. Notamos esta tensión en las Escrituras cuando se nos manda a «[orar] sin cesar» de una manera muy orgánica (1 Tes 5:17) y a la misma vez vemos a cristianos orando en momentos determinados y no de manera accidental.
No priorizar la oración es priorizar otra cosa.
Como cristiano, no me llevó mucho tiempo aprender que si no reservaba un tiempo diario para orar, las ocupaciones de la vida se me interpondrían muy fácilmente. No priorizar la oración es priorizar otra cosa. Al mismo tiempo, también aprendí que cuando doy prioridad a establecer un tiempo para orar, tiendo a tratarlo como un elemento más en mi lista de tareas pendientes. Puedo caer en la trampa tachar a Dios y luego olvidarme de Él. Enfocar la oración como algo que tengo que hacer puede llevarme a descuidar al Señor durante todo el día. No te desalientes. Al igual que la comunicación en un matrimonio saludable, por la gracia de Dios, una vida de oración saludable se desarrolla con el tiempo.
Otra pregunta es dónde debemos orar. Muchas mañanas he orado en la cama. También he pasado muchas mañanas volviéndome a dormir. Creo que la respuesta sobre dónde debemos orar es liberadora y simple: debemos orar donde necesitemos orar. Si estás a punto de entrar en una reunión de negocios o en una habitación con un niño malcriado e impenitente, ora en tu mente o en voz baja por sabiduría o paciencia. Si necesitas confesar un pecado u orar por un ser querido que atraviesa una prueba y no deseas ser interrumpido o distraído, busca un lugar alejado de interrupciones y distracciones. Las Escrituras no limitan la oración solo dentro del edificio de una iglesia. Debemos orar donde necesitemos orar. Pero si una determinada ubicación nos estimula a quedarnos dormidos, tal vez deberíamos buscar otro lugar.
Si bien Dios no prescribe un momento o un lugar específico para la oración, sería sabio reservar momentos específicos para orar y utilizar lugares apropiados para la oración. La manera de hacer esto será diferente para cada persona según las diferentes estaciones y situaciones de la vida.
Nathan es el Director General de Comunicaciones para Ligonier Ministries y un graduado del Presbyterian Theological College en Melbourne, Australia. Escribe en NWBingham.com. Lo puedes seguir en Twitter @NWBingham.