32 – ¿Está Limpio Tu Corazón? 

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

32 – ¿Está Limpio Tu Corazón? 

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Cuál debe ser el salario de los pastores?

Coalición por el Evangelio

¿Cuál debe ser el salario de los pastores?

Una entrevista con John Piper

COLLIN HANSEN

No puedo decir que me relaciono mucho con los informes sobre los altos salarios de algunos pastores y la construcción de sus mansiones sofisticadas. Pero las conversaciones sobre el dinero y el ministerio pueden ser igual de torpes y frustrantes en el otro extremo de la escala salarial. Para los pastores que sobreviven mientras trabajan en dos empleos, y para las iglesias que luchan por cumplir con sus obligaciones, el dinero restringe las relaciones y estrecha la fe. ¿Cómo saben los pastores cuando necesitan pedir más dinero? ¿Cómo saben las iglesias cuando deberían darle?

John Piper podría haber vivido holgadamente de las regalías de sus libros y de los honorarios de sus disertaciones. ¿Por qué eligió vivir más como un pastor común a lo largo de más de 30 años en la Iglesia Bethlehem Baptist en Minneapolis? Hablé con el fundador y maestro de Desiring God sobre el trabajo duro, la “teología de la pobreza”, consejos para pastores jóvenes, y más.

¿Cuándo te diste cuenta de que se necesita un plan para manejar el dinero obtenido de las prédicas y como escritor? ¿Alguna vez te sentiste tentado a quedarte con el dinero para ti mismo?

Cuando comencé mi ministerio como pastor en Bethlehem, nunca había pasado por mi mente que iba a producir una gran cantidad de ingresos por escribir. Recibí modestos honorarios de cien o doscientos dólares por bodas y funerales. Los acepté con agradecimiento. Yo pensaba que, si era fiel, los ingresos aumentarían, y tarde o temprano iba a hacer más de lo que necesitaba. Por lo tanto, yo creía desde el principio que debía saber planificar para regular la acumulación de tesoros en la tierra. De lo contrario, poco a poco podría llegar a creer que mis deseos eran mis necesidades, y los gastos se expandirían, como siempre lo hacen, para alcanzar los ingresos. Así que Noël y yo desde el principio pusimos en marcha un “diezmo gradual”. Es decir, tratamos de dar un mayor porcentaje con cada aumento salarial, y no solo una mayor cantidad.

Con las ventas exitosas de Desiring God (Sed de Dios) en 1987, vi que podía haber un ingreso sustancial de los escritos y las conferencias. Decidí entonces que no debía reservar ese dinero para mí, sino canalizarlo hacia el ministerio. Nunca dudé que el Señor nos proporcionaría un sueldo que sería suficiente para nuestras familias. Así que no vi ninguna razón para quedarme con el dinero que entraba por libros y conferencias. Estas regalías y honorarios eran ganancias ingresadas durante mi labor como pastor de Bethlehem, por lo que me parecía que la iglesia debía beneficiarse de ellos, no yo en particular.

Al principio pensé que podía hacer esto simplemente mediante la canalización de las regalías a la iglesia, pero pronto me di cuenta que esto tenía implicaciones fiscales. Dado que estas regalías estaban técnicamente bajo mi control como propietario del copyright, darlo todo a la iglesia me hacía responsable del impuesto sobre la renta. Así que hemos creado una fundación. La Fundación Desiring God (Deseando a Dios, en español) es ahora dueña de todos los derechos de autor de mis libros y de la propiedad intelectual, y recibe y distribuye todo el ingreso. No tengo acceso al dinero en absoluto. Yo participo en el consejo de la fundación con mi esposa y otras cinco personas. Este consejo salvaguarda los objetivos de la fundación, y tomas las decisiones sobre a qué ministerios deben ser entregados los ingresos. Es un ministerio emocionante.

Además, hemos tomado la decisión de que todos los honorarios irían a los ministerios que representamos, no a nosotros mismos.  Así fue en la iglesia mientras yo fui pastor y ahora es así en Desiring God. Mientras fui pastor en Bethlehem, nunca recibí ingresos desde Desiring God. Así que durante los últimos 25 años más o menos, hemos vivido con un flujo continuo de ingresos. Sigue siendo así, ya que ahora recibo pago de Desiring God. Nunca he pasado una grave necesidad. Nada de esto se ha sentido como un sacrificio.  Me veo a mí mismo como muy rico de acuerdo a los estándares del mundo. Más allá de toda duda, es mejor dar que recibir y atesorar.

¿Por qué un pastor de una iglesia creciente y próspera no debería ganar más dinero como recompensa por su duro trabajo y como incentivo para permanecer en el lugar? Después de todo, la iglesia probablemente sufriría financieramente y numéricamente si él se marcha.

Nunca sentí que yo era un privilegio para la iglesia, sino que ella lo era para mí. Estar en Bethlehem era un don, todo un regalo. Pensar que soy tan valioso que me merezco los beneficios que provienen de mi ministerio es ajeno al Espíritu de Cristo. Él vino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Jesús era absolutamente indispensable en el ministerio que llegó a realizar y el objetivo principal de su ministerio era dar, dar, dar, no recibir, recibir, recibir.

Mi pregunta es: ¿por qué un pastor quiere hacerse rico? Jesús dijo que es difícil para un rico entrar en el reino, y Pablo dijo que los que quieren enriquecerse “caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).  Estos textos, y muchos otros, me hacen pensar: mi alma, y por tanto, el bien de la iglesia, estarán mejor si yo pongo un límite a lo que atesoro.

Ese “trabajo duro” que mencionaste es un trabajo para el avance de la misión de Cristo y el bien de la iglesia. Y cada pastor sabe que aun si “he trabajado más que todos ellos, no fui yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10). Y grandes olas de esta gracia rompen sobre nosotros provenientes de las oraciones y la colaboración de la gente en nuestra iglesia. No solo eso, sino que mientras yo estoy predicando fuera y escribiendo, mi equipo me está cubriendo en muchas maneras. Esa inversión de tiempo podría haberse enfocado más directamente en la iglesia. No fue así. Nunca pensé: ellos me deben. No me debían. Yo les debía a ellos. Al día de hoy, sé que la Iglesia Bethlehem Baptist fue más un regalo para mí que yo para ella.

¿Alguna vez ha sentido que su iglesia no pudo o no quiso cubrir adecuadamente las necesidades de su familia? ¿Cómo aconsejaría usted a un pastor que se esté sintiendo así en este momento?

Nunca me sentí así: 25.000 dólares al año era más de lo que yo necesitaba en 1980, y cuando mi sueldo alcanzó los 100.000 dólares por primera vez en mi último año en Belén, era más de lo que yo necesitaba. Yo no asumo que este sea el caso para todos los pastores. Por eso es que yo no digo que las estrategias que he utilizado se deban aplicar para todos. Hay todo tipo de situaciones que podrían garantizar ganancias e ingresos sostenibles a un pastor, además del de su ministerio en la iglesia. Pablo hacía tiendas. Pero seamos cuidadosos en este punto. El objetivo de Pablo era, como él decía, excepcional. El trabajador es digno de su salario. No le pongas bozal al buey que trilla.

El objetivo de Pablo no era hacerse rico con la fabricación de tiendas y renunciar a los ingresos de la iglesia, como si esa pequeña abnegación fuera una justificación para hacer millones en regalías por las tiendas. Su objetivo era evitar toda apariencia de querer hacerse rico en el ministerio. Pablo temía dar la más mínima impresión de que su vida de trabajo era un “pretexto para la avaricia” (1 Tesalonicenses 2:5). La forma de pensar de Pablo no era que tenía “derecho” a hacerse de su “ingreso ganado con tanto esfuerzo”. Su mentalidad era renunciar a cualquier derecho que pudiera hacer que la gente pensara que él amaba el dinero: “No hemos hecho uso de este derecho, sino que sufrimos todo para no poner un obstáculo en el camino del evangelio de Cristo” (1 Corintios 9:12).

¿Existe tal cosa como una antibíblica “teología de la pobreza”?

Sí. Hay mucha teología que no es bíblica. Por ejemplo, sería antibíblico ensalzar o idealizar la pobreza. La Biblia establece un camino intermedio entre la miseria y la opulencia: “No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30:8-9).

Cuando Jesús dijo: “Bienaventurados vosotros los pobres” (Lucas 6:20), quiso decir: Dios va a mostrarse especialmente valioso y de gran alcance para los pobres que confían en él, no a los pobres que no conocen al Señor (“Ciertamente éstos son pobres, han enloquecido, pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. “Jeremías 5:4).

Sería un error asumir que todos los pobres son humildes o generosos. Los diez leprosos eran todos pobres. Jesús los sanó a todos. Nueve resultaron ingratos (Lucas 17:17). No solo los ricos son egoístas.

Pero también sería un error pensar que la Biblia trata a la riqueza y la pobreza como igualmente peligrosas espiritualmente. Las riquezas son más peligrosas. No leemos: “Solo con dificultad podrá una persona pobre entrar en el reino de los cielos” (Mateo 19:23).

¿Cuánto es demasiado? Casi cualquiera de nosotros en los países desarrollados está mucho más cómodo que nuestros hermanos y hermanas que trabajaban para el evangelio en la mayor parte del mundo.

La imposibilidad de trazar una línea entre la noche y el día no significa que usted no puede saber que es medianoche. Si alguien se está muriendo de hambre, es pobre y necesita ayuda urgente. Si algún pastor tiene diez veces más que el promedio de las personas en su iglesia, él les está comunicando que las cosas materiales son muy importantes para él y viene a ser una piedra de tropiezo.

La Biblia elogia el ayuno y la fiesta, y no porque la comida sea mala o porque nadie esté hambriento. Es porque es malo ser esclavos de las cosas buenas y es bueno disfrutar a Dios en sus dones.

Yo le digo a mis hijos, cuando la conducta es cuestionable, no solo hay que preguntarse: “¿Qué tiene de malo?”. Pregúntate, “¿esto me ayudará a engrandecer a Cristo?” Esa fue la pasión de Pablo (Filipenses 1:20).

Acumular dinero y comprar mucho más de lo que se necesita no hace que Cristo luzca su grandeza. Hace que las cosas parezcan gran cosa. Hay una razón por la cual Pablo dijo: “Porque nada hemos traído a este mundo, y no podemos sacar nada del mundo. Así que, teniendo sustento y abrigo, con ello estaremos contentos” (1 Timoteo 6:7-8).

¿Cómo aconsejaría a pastores jóvenes con respecto a sus finanzas a medida que comienzan a ser invitados a hablar en conferencias y a escribir libros? ¿Su consejo sería diferente para un abogado o un médico que crecen en sus carreras?

Hable con los ancianos acerca de todas estas cosas. Sírvales el tiempo suficiente y sea lo suficientemente humilde de tal manera que ellos sepan que usted se preocupa por la iglesia y que no está solamente usando la iglesia para su promoción profesional. No se mueva a un tipo de ministerio que ellos desaprueben.

Establezca un grupo administrativo entre ellos (no desde el exterior) a quien rendir información sobre todos sus honorarios y otros ingresos fuera de la iglesia. Llegue a un acuerdo con ellos sobre lo que es apropiado que usted retenga y sobre qué recibirá la iglesia. Haga de la iglesia el lugar adonde se destine la mayoría de sus donaciones.

Planee vivir del salario de la iglesia tan pronto como sea posible. Una vez que cubra sus necesidades y ahorre adecuadamente, aumente el porcentaje de sus ofrendas más allá del diezmo cuando el aumento de sueldo sea mayor que el aumento del costo de la vida.

Satúrese a usted mismo con las palabras del Nuevo Testamento sobre el dinero. Usted se encontrará más a menudo convicto que confirmado en su abundancia occidental. Disfrute de los dones de Dios, disfrutando de Dios en ellos y a través de ellos. Sepa que nunca resolverá esto completamente. Por lo tanto, esté agradecido por el evangelio de la gracia que cubre todos nuestros pecados.

Este artículo fue publicado originalmente el 6 de noviembre 2013 para The Gospel Coalition. Traducido por Eddy Garcia

Collin Hansen sirve como director editorial de The Gospel Coalition. Es el co-autor de A God-Sized Vision: Revival Stories That Stretch and Stir. Puedes encontrarlo en Twitter.

El temor a estar solos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

El temor a estar solos

Jayne V. Clark 

Nota del editor: Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

Esta mañana escuché en la radio que habían encontrado a un hombre de cincuenta años muerto en su apartamento. Esa noticia ya era lo suficientemente triste, pero lo que la hizo aún más trágica fue el hecho de que llevaba tres años muerto. ¡Tres años! Para algunos de nosotros, esa noticia expresó nuestro mayor temor: morir solos y olvidados.

Pero aunque la muerte nos recuerde lo que más nos asusta de estar solos, este temor toma muchas formas y no nos está esperando en el futuro. Puede comenzar mucho más temprano. ¿Encontraré con quien sentarme en la cafetería de la escuela? ¿Tendré con quien hablar en la fiesta? ¿Será que encontraré a alguien con quien pasar el resto de mi vida? ¿A quién puedo designar como la persona a llamar en caso de una emergencia? ¿Qué me pasará si mi matrimonio se destruye? ¿Me visitarán si termino en un asilo de ancianos? 

Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el Señor está presente con nosotros.

Estas son preguntas reales, preocupaciones genuinas, y por más difíciles que sean de abordar por sí solas, a veces encontramos que apuntan a temores aún más profundos. Algunos llegan a ciertas conclusiones: «No vale la pena conocerme»; «Soy tan aburrido (o estoy tan deprimido) que nadie quiere estar cerca de mí. Soy un fracasado». Otros se sienten desconectados o aislados, y llegan a creer que no «encajan» en ningún lugar. Y luego hay otros que, después de haber quedado vulnerables por el duelo o la traición, se encuentran atrapados entre la posibilidad de ser heridos nuevamente y la posibilidad de terminar solos. 

Como alguien que ha estado soltera durante toda su vida, he luchado con muchas de estas preguntas a lo largo de los años, pero me siento afortunada por algo que quedó grabado en mi mente y corazón a temprana edad y que me ayudó a crecer. Todavía puedo verlo escrito en pan de oro en el frente de la iglesia a la que asistíamos cuando tenía ocho años: «Y he aquí, Yo estoy con vosotros todos los días» (Mt 28:20). Puede que a esa edad no tuviera la capacidad de comprender muy bien los sermones, pero ver esa promesa semana tras semana durante cuatro años tuvo un impacto duradero en mí. Sentía que Jesús me hablaba específicamente a mí: «Yo estaré contigo»Algunos niños se inventan amigos imaginarios con quienes hablar, pero nosotros tenemos a un Amigo real que está más unido a nosotros que un hermano (Pr 18:24). Y Él no es cualquier amigo. Él es el gran «Yo soy» que envió a Moisés a liberar a Su pueblo, y que enfrentó la muerte para salvarnos. Así que cada vez que me sentía asustada o abrumada, Él no solo estuvo allí, sino que me ayudó a enfrentar lo que me estaba preocupando. Y eso es tan cierto hoy como lo era en ese entonces. 

El Salmo 139 es maravillosamente reconfortante en este sentido: 

¿Adónde me iré de Tu Espíritu, 
o adónde huiré de Tu presencia?
Si subo a los cielos, he aquí, allí estás Tú;
si en el Seol preparo mi lecho, allí estás Tú.
Si tomo las alas del alba
y si habito en lo más remoto del mar,
aun allí me guiará Tu mano,
y me asirá Tu diestra (vv. 7-10).

Este salmo deja claro que Dios siempre está con nosotros. De hecho, no podemos escapar de Él. No importa dónde vayamos —a las alturas, a las profundidades, al otro lado del mar— lo encontraremos allí y nos daremos cuenta de que ha estado con nosotros en cada paso del camino. Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el Señor está presente con nosotros. ¿Y qué de esos miedos subyacentes que nos asedian? Este salmo también deja claro que Él conoce cada uno de nuestros pensamientos, cada palabra que sale de nuestra boca y cada rincón oscuro de nuestros corazones, y aun así nunca nos deja. Quizás nos cuesta más creer el «siempre» de Mateo 28:20 porque nada parece ser permanente en este mundo, y a veces no sentimos que Él está con nosotros. Pero eso no cambia el hecho de que Él está. 

Cuando Jesús estaba hablando con Sus discípulos poco antes de morir, les dijo que Su Padre enviaría al Espíritu Santo, que no solo moraría con ellos, sino en ellos (Jn 14:17). Al tener al Espíritu Santo morando en nosotros, la realidad es que nunca, nunca estamos solos. ¿Significa eso que nunca nos sentimos solos? No. ¿Significa eso que nunca le tenemos miedo a la soledad? No. Pero sí significa que no estaré sola cuando me sienta así. Y debido a que Jesús está con nosotros y en nosotros, podemos cuidar de otros que quizás se sientan desubicados o solos, y acercarnos a ellos. Significa que aun cuando me sienta vulnerable y sola, no estoy realmente sola. Todavía hay alguien conmigo (y contigo) que está al tanto, que se preocupa y me ayuda. Y quizás lo más reconfortante de todo es que, cuando llegue nuestro último día, experimentaremos la plenitud de las palabras de Jesús hacia nosotros: «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre».

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jayne V. Clark
Jayne V. Clark

Jayne V. Clark es jefa de personal en el Christian Counseling & Education Foundation (CCEF). Es autora de Healing Broken Relationships [Cómo restaurar relaciones interpersonales] y de Single and Lonely [Soltera y sola].

Fidelidad o popularidad

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur 

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

No desprecie sus advertencias

Viernes 2 Julio

El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Juan 3:36

Jesús… nos libra de la ira venidera. 1 Tesalonicenses 1:10

No desprecie sus advertencias

Cuando hay un temblor de tierra, a menudo siguen las réplicas, a veces más violentas y peligrosas. La pausa que hay entre ellas ofrece la posibilidad de encontrar un lugar más seguro para tratar de salvar la vida. Pero la historia muestra ejemplos de personas que despreciaron la primera advertencia, mientras el momento de tregua se prolongaba.

Hoy también vivimos un tipo de pausa. La última guerra mundial no ha sido olvidada, y el futuro parece incierto. Los disturbios, los desórdenes y los atentados, como un gran rugido, hacen presentir días malos. ¿Estamos atentos a esas advertencias? Después de una catástrofe, muchas personas hablan de destino ciego, de azar. Pero en realidad, Dios nos habla seriamente mediante estos signos precursores. Acontecimientos terribles se producirán en la tierra. Dios también los menciona en la Biblia. Pero al final de este Libro, antes de la descripción de los juicios, el Señor Jesús nos invita a recibirlo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo” (Apocalipsis 3:20). Jesús llama a la puerta del que, indiferente o rebelde, todavía no cree en él y hace caso omiso a sus advertencias.

Jesús quiere darle la vida eterna y la paz del corazón. Desea librar a todos de los tiempos terribles que van a llegar. En efecto, “no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:9-10). Cada persona está invitada a abrir la puerta, a creer en el amor de Jesús y a recibirlo como su Salvador.

Daniel 4:19-37 – 1 Juan 3 – Salmo 78:32-40 – Proverbios 18:14-15

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