32 – ĀæEstĆ” Limpio Tu Corazón?Ā 

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

32 – ĀæEstĆ” Limpio Tu Corazón?Ā 

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde tambiƩn sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. AdemƔs, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

ĀæCuĆ”l debe ser el salario de los pastores?

Coalición por el Evangelio

¿CuÔl debe ser el salario de los pastores?

Una entrevista con John Piper

COLLIN HANSEN

No puedo decir que me relaciono mucho con los informes sobre los altos salarios de algunos pastores y la construcción de sus mansiones sofisticadas. Pero las conversaciones sobre el dinero y el ministerio pueden ser igual de torpes y frustrantes en el otro extremo de la escala salarial. Para los pastores que sobreviven mientras trabajan en dos empleos, y para las iglesias que luchan por cumplir con sus obligaciones, el dinero restringe las relaciones y estrecha la fe. ¿Cómo saben los pastores cuando necesitan pedir mÔs dinero? ¿Cómo saben las iglesias cuando deberían darle?

John Piper podrĆ­a haber vivido holgadamente de las regalĆ­as de sus libros y de los honorarios de sus disertaciones. ĀæPor quĆ© eligió vivir mĆ”s como un pastor comĆŗn a lo largo de mĆ”s de 30 aƱos en la Iglesia Bethlehem Baptist en Minneapolis? HablĆ© con el fundador y maestro de Desiring God sobre el trabajo duro, la ā€œteologĆ­a de la pobrezaā€, consejos para pastores jóvenes, y mĆ”s.

¿CuÔndo te diste cuenta de que se necesita un plan para manejar el dinero obtenido de las prédicas y como escritor? ¿Alguna vez te sentiste tentado a quedarte con el dinero para ti mismo?

Cuando comencĆ© mi ministerio como pastor en Bethlehem, nunca habĆ­a pasado por mi mente que iba a producir una gran cantidad de ingresos por escribir. RecibĆ­ modestos honorarios de cien o doscientos dólares por bodas y funerales. Los aceptĆ© con agradecimiento. Yo pensaba que, si era fiel, los ingresos aumentarĆ­an, y tarde o temprano iba a hacer mĆ”s de lo que necesitaba. Por lo tanto, yo creĆ­a desde el principio que debĆ­a saber planificar para regular la acumulación de tesoros en la tierra. De lo contrario, poco a poco podrĆ­a llegar a creer que mis deseos eran mis necesidades, y los gastos se expandirĆ­an, como siempre lo hacen, para alcanzar los ingresos. AsĆ­ que NoĆ«l y yo desde el principio pusimos en marcha un ā€œdiezmo gradualā€. Es decir, tratamos de dar un mayor porcentaje con cada aumento salarial, y no solo una mayor cantidad.

Con las ventas exitosas de Desiring God (Sed de Dios) en 1987, vi que podĆ­a haber un ingreso sustancial de los escritos y las conferencias. DecidĆ­ entonces que no debĆ­a reservar ese dinero para mĆ­, sino canalizarlo hacia el ministerio. Nunca dudĆ© que el SeƱor nos proporcionarĆ­a un sueldo que serĆ­a suficiente para nuestras familias. AsĆ­ que no vi ninguna razón para quedarme con el dinero que entraba por libros y conferencias. Estas regalĆ­as y honorarios eran ganancias ingresadas durante mi labor como pastor de Bethlehem, por lo que me parecĆ­a que la iglesia debĆ­a beneficiarse de ellos, no yo en particular.

Al principio pensĆ© que podĆ­a hacer esto simplemente mediante la canalización de las regalĆ­as a la iglesia, pero pronto me di cuenta que esto tenĆ­a implicaciones fiscales. Dado que estas regalĆ­as estaban tĆ©cnicamente bajo mi control como propietario del copyright, darlo todo a la iglesia me hacĆ­a responsable del impuesto sobre la renta. AsĆ­ que hemos creado una fundación. La Fundación Desiring God (Deseando a Dios, en espaƱol) es ahora dueƱa de todos los derechos de autor de mis libros y de la propiedad intelectual, y recibe y distribuye todo el ingreso. No tengo acceso al dinero en absoluto. Yo participo en el consejo de la fundación con mi esposa y otras cinco personas. Este consejo salvaguarda los objetivos de la fundación, y tomas las decisiones sobre a quĆ© ministerios deben ser entregados los ingresos. Es un ministerio emocionante.

AdemĆ”s, hemos tomado la decisión de que todos los honorarios irĆ­an a los ministerios que representamos, no a nosotros mismos.  AsĆ­ fue en la iglesia mientras yo fui pastor y ahora es asĆ­ en Desiring God. Mientras fui pastor en Bethlehem, nunca recibĆ­ ingresos desde Desiring God. AsĆ­ que durante los Ćŗltimos 25 aƱos mĆ”s o menos, hemos vivido con un flujo continuo de ingresos. Sigue siendo asĆ­, ya que ahora recibo pago de Desiring God. Nunca he pasado una grave necesidad. Nada de esto se ha sentido como un sacrificio.  Me veo a mĆ­ mismo como muy rico de acuerdo a los estĆ”ndares del mundo. MĆ”s allĆ” de toda duda, es mejor dar que recibir y atesorar.

¿Por qué un pastor de una iglesia creciente y próspera no debería ganar mÔs dinero como recompensa por su duro trabajo y como incentivo para permanecer en el lugar? Después de todo, la iglesia probablemente sufriría financieramente y numéricamente si él se marcha.

Nunca sentĆ­ que yo era un privilegio para la iglesia, sino que ella lo era para mĆ­. Estar en Bethlehem era un don, todo un regalo. Pensar que soy tan valioso que me merezco los beneficios que provienen de mi ministerio es ajeno al EspĆ­ritu de Cristo. Ɖl vino para servir y dar su vida en rescate por muchos. JesĆŗs era absolutamente indispensable en el ministerio que llegó a realizar y el objetivo principal de su ministerio era dar, dar, dar, no recibir, recibir, recibir.

Mi pregunta es: Āæpor quĆ© un pastor quiere hacerse rico? JesĆŗs dijo que es difĆ­cil para un rico entrar en el reino, y Pablo dijo que los que quieren enriquecerse ā€œcaen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y daƱosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdiciónā€ (1 Timoteo 6:9).  Estos textos, y muchos otros, me hacen pensar: mi alma, y por tanto, el bien de la iglesia, estarĆ”n mejor si yo pongo un lĆ­mite a lo que atesoro.

Ese ā€œtrabajo duroā€ que mencionaste es un trabajo para el avance de la misión de Cristo y el bien de la iglesia. Y cada pastor sabe que aun si ā€œhe trabajado mĆ”s que todos ellos, no fui yo, sino la gracia de Dios conmigoā€ (1 Corintios 15:10). Y grandes olas de esta gracia rompen sobre nosotros provenientes de las oraciones y la colaboración de la gente en nuestra iglesia. No solo eso, sino que mientras yo estoy predicando fuera y escribiendo, mi equipo me estĆ” cubriendo en muchas maneras. Esa inversión de tiempo podrĆ­a haberse enfocado mĆ”s directamente en la iglesia. No fue asĆ­. Nunca pensĆ©: ellos me deben. No me debĆ­an. Yo les debĆ­a a ellos. Al dĆ­a de hoy, sĆ© que la Iglesia Bethlehem Baptist fue mĆ”s un regalo para mĆ­ que yo para ella.

¿Alguna vez ha sentido que su iglesia no pudo o no quiso cubrir adecuadamente las necesidades de su familia? ¿Cómo aconsejaría usted a un pastor que se esté sintiendo así en este momento?

Nunca me sentí así: 25.000 dólares al año era mÔs de lo que yo necesitaba en 1980, y cuando mi sueldo alcanzó los 100.000 dólares por primera vez en mi último año en Belén, era mÔs de lo que yo necesitaba. Yo no asumo que este sea el caso para todos los pastores. Por eso es que yo no digo que las estrategias que he utilizado se deban aplicar para todos. Hay todo tipo de situaciones que podrían garantizar ganancias e ingresos sostenibles a un pastor, ademÔs del de su ministerio en la iglesia. Pablo hacía tiendas. Pero seamos cuidadosos en este punto. El objetivo de Pablo era, como él decía, excepcional. El trabajador es digno de su salario. No le pongas bozal al buey que trilla.

El objetivo de Pablo no era hacerse rico con la fabricación de tiendas y renunciar a los ingresos de la iglesia, como si esa pequeƱa abnegación fuera una justificación para hacer millones en regalĆ­as por las tiendas. Su objetivo era evitar toda apariencia de querer hacerse rico en el ministerio. Pablo temĆ­a dar la mĆ”s mĆ­nima impresión de que su vida de trabajo era un ā€œpretexto para la avariciaā€ (1 Tesalonicenses 2:5). La forma de pensar de Pablo no era que tenĆ­a ā€œderechoā€ a hacerse de su ā€œingreso ganado con tanto esfuerzoā€. Su mentalidad era renunciar a cualquier derecho que pudiera hacer que la gente pensara que Ć©l amaba el dinero: ā€œNo hemos hecho uso de este derecho, sino que sufrimos todo para no poner un obstĆ”culo en el camino del evangelio de Cristoā€ (1 Corintios 9:12).

ĀæExiste tal cosa como una antibĆ­blica ā€œteologĆ­a de la pobrezaā€?

SĆ­. Hay mucha teologĆ­a que no es bĆ­blica. Por ejemplo, serĆ­a antibĆ­blico ensalzar o idealizar la pobreza. La Biblia establece un camino intermedio entre la miseria y la opulencia: ā€œNo me des pobreza ni riquezas; mantĆ©nme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ĀæQuiĆ©n es JehovĆ”? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Diosā€ (Proverbios 30:8-9).

Cuando JesĆŗs dijo: ā€œBienaventurados vosotros los pobresā€ (Lucas 6:20), quiso decir: Dios va a mostrarse especialmente valioso y de gran alcance para los pobres que confĆ­an en Ć©l, no a los pobres que no conocen al SeƱor (ā€œCiertamente Ć©stos son pobres, han enloquecido, pues no conocen el camino de JehovĆ”, el juicio de su Dios. ā€œJeremĆ­as 5:4).

Sería un error asumir que todos los pobres son humildes o generosos. Los diez leprosos eran todos pobres. Jesús los sanó a todos. Nueve resultaron ingratos (Lucas 17:17). No solo los ricos son egoístas.

Pero tambiĆ©n serĆ­a un error pensar que la Biblia trata a la riqueza y la pobreza como igualmente peligrosas espiritualmente. Las riquezas son mĆ”s peligrosas. No leemos: ā€œSolo con dificultad podrĆ” una persona pobre entrar en el reino de los cielosā€ (Mateo 19:23).

¿CuÔnto es demasiado? Casi cualquiera de nosotros en los países desarrollados estÔ mucho mÔs cómodo que nuestros hermanos y hermanas que trabajaban para el evangelio en la mayor parte del mundo.

La imposibilidad de trazar una línea entre la noche y el día no significa que usted no puede saber que es medianoche. Si alguien se estÔ muriendo de hambre, es pobre y necesita ayuda urgente. Si algún pastor tiene diez veces mÔs que el promedio de las personas en su iglesia, él les estÔ comunicando que las cosas materiales son muy importantes para él y viene a ser una piedra de tropiezo.

La Biblia elogia el ayuno y la fiesta, y no porque la comida sea mala o porque nadie estƩ hambriento. Es porque es malo ser esclavos de las cosas buenas y es bueno disfrutar a Dios en sus dones.

Yo le digo a mis hijos, cuando la conducta es cuestionable, no solo hay que preguntarse: ā€œĀæQuĆ© tiene de malo?ā€. PregĆŗntate, ā€œĀæesto me ayudarĆ” a engrandecer a Cristo?ā€ Esa fue la pasión de Pablo (Filipenses 1:20).

Acumular dinero y comprar mucho mĆ”s de lo que se necesita no hace que Cristo luzca su grandeza. Hace que las cosas parezcan gran cosa. Hay una razón por la cual Pablo dijo: ā€œPorque nada hemos traĆ­do a este mundo, y no podemos sacar nada del mundo. AsĆ­ que, teniendo sustento y abrigo, con ello estaremos contentosā€ (1 Timoteo 6:7-8).

¿Cómo aconsejaría a pastores jóvenes con respecto a sus finanzas a medida que comienzan a ser invitados a hablar en conferencias y a escribir libros? ¿Su consejo sería diferente para un abogado o un médico que crecen en sus carreras?

Hable con los ancianos acerca de todas estas cosas. Sírvales el tiempo suficiente y sea lo suficientemente humilde de tal manera que ellos sepan que usted se preocupa por la iglesia y que no estÔ solamente usando la iglesia para su promoción profesional. No se mueva a un tipo de ministerio que ellos desaprueben.

Establezca un grupo administrativo entre ellos (no desde el exterior) a quien rendir información sobre todos sus honorarios y otros ingresos fuera de la iglesia. Llegue a un acuerdo con ellos sobre lo que es apropiado que usted retenga y sobre qué recibirÔ la iglesia. Haga de la iglesia el lugar adonde se destine la mayoría de sus donaciones.

Planee vivir del salario de la iglesia tan pronto como sea posible. Una vez que cubra sus necesidades y ahorre adecuadamente, aumente el porcentaje de sus ofrendas mƔs allƔ del diezmo cuando el aumento de sueldo sea mayor que el aumento del costo de la vida.

Satúrese a usted mismo con las palabras del Nuevo Testamento sobre el dinero. Usted se encontrarÔ mÔs a menudo convicto que confirmado en su abundancia occidental. Disfrute de los dones de Dios, disfrutando de Dios en ellos y a través de ellos. Sepa que nunca resolverÔ esto completamente. Por lo tanto, esté agradecido por el evangelio de la gracia que cubre todos nuestros pecados.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente el 6 de noviembre 2013 paraĀ The Gospel Coalition. Traducido por Eddy Garcia

​Collin Hansen sirve como director editorial de The Gospel Coalition. Es el co-autor de A God-Sized Vision: Revival Stories That Stretch and Stir. Puedes encontrarlo en Twitter.

El temor a estar solos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

El temor a estar solos

Jayne V. ClarkĀ 

Nota del editor:Ā Este es el noveno capĆ­tulo en la serie de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā El temor.

Esta mañana escuché en la radio que habían encontrado a un hombre de cincuenta años muerto en su apartamento. Esa noticia ya era lo suficientemente triste, pero lo que la hizo aún mÔs trÔgica fue el hecho de que llevaba tres años muerto. ”Tres años! Para algunos de nosotros, esa noticia expresó nuestro mayor temor: morir solos y olvidados.

Pero aunque la muerte nos recuerde lo que mĆ”s nos asusta de estar solos, este temor toma muchas formas y no nos estĆ” esperando en el futuro. Puede comenzar mucho mĆ”s temprano. ĀæEncontrarĆ© con quien sentarme en la cafeterĆ­a de la escuela? ĀæTendrĆ© con quien hablar en la fiesta? ĀæSerĆ” que encontrarĆ© a alguien con quien pasar el resto de mi vida? ĀæA quiĆ©n puedo designar como la persona a llamar en caso de una emergencia? ĀæQuĆ© me pasarĆ” si mi matrimonio se destruye? ĀæMe visitarĆ”n si termino en un asilo de ancianos? 

Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el SeƱor estƔ presente con nosotros.

Estas son preguntas reales, preocupaciones genuinas, y por mĆ”s difĆ­ciles que sean de abordar por sĆ­ solas, a veces encontramos que apuntan a temores aĆŗn mĆ”s profundos. Algunos llegan a ciertas conclusiones: Ā«No vale la pena conocermeĀ»; Ā«Soy tan aburrido (o estoy tan deprimido) que nadie quiere estar cerca de mĆ­. Soy un fracasadoĀ». Otros se sienten desconectados o aislados, y llegan a creer que no Ā«encajanĀ» en ningĆŗn lugar. Y luego hay otros que, despuĆ©s de haber quedado vulnerables por el duelo o la traición, se encuentran atrapados entre la posibilidad de ser heridos nuevamente y la posibilidad de terminar solos. 

Como alguien que ha estado soltera durante toda su vida, he luchado con muchas de estas preguntas a lo largo de los aƱos, pero me siento afortunada por algo que quedó grabado en mi mente y corazón a temprana edad y que me ayudó a crecer. TodavĆ­a puedo verlo escrito en pan de oro en el frente de la iglesia a la que asistĆ­amos cuando tenĆ­a ocho aƱos: Ā«Y he aquĆ­, Yo estoy con vosotros todos los dĆ­asĀ» (Mt 28:20). Puede que a esa edad no tuviera la capacidad de comprender muy bien los sermones, pero ver esa promesa semana tras semana durante cuatro aƱos tuvo un impacto duradero en mĆ­. SentĆ­a que JesĆŗs me hablaba especĆ­ficamente a mĆ­: Ā«Yo estarĆ© contigoĀ». Algunos niƱos se inventan amigos imaginarios con quienes hablar, pero nosotros tenemos a un Amigo real que estĆ” mĆ”s unido a nosotros que un hermano (Pr 18:24). Y Ɖl no es cualquier amigo. Ɖl es el gran Ā«Yo soyĀ» que envió a MoisĆ©s a liberar a Su pueblo, y que enfrentó la muerte para salvarnos. AsĆ­ que cada vez que me sentĆ­a asustada o abrumada, Ɖl no solo estuvo allĆ­, sino que me ayudó a enfrentar lo que me estaba preocupando. Y eso es tan cierto hoy como lo era en ese entonces. 

El Salmo 139 es maravillosamente reconfortante en este sentido: 

ĀæAdónde me irĆ© de Tu EspĆ­ritu, 
o adónde huiré de Tu presencia?
Si subo a los cielos, he aquí, allí estÔs Tú;
si en el Seol preparo mi lecho, allí estÔs Tú.
Si tomo las alas del alba
y si habito en lo mƔs remoto del mar,
aun allĆ­ me guiarĆ” Tu mano,
y me asirĆ” Tu diestra (vv. 7-10).

Este salmo deja claro que Dios siempre estĆ” con nosotros. De hecho, no podemos escapar de Ɖl. No importa dónde vayamos —a las alturas, a las profundidades, al otro lado del mar— lo encontraremos allĆ­ y nos daremos cuenta de que ha estado con nosotros en cada paso del camino. Ya sea que estemos despiertos o dormidos, en la casa o fuera de ella, el SeƱor estĆ” presente con nosotros. ĀæY quĆ© de esos miedos subyacentes que nos asedian? Este salmo tambiĆ©n deja claro que Ɖl conoce cada uno de nuestros pensamientos, cada palabra que sale de nuestra boca y cada rincón oscuro de nuestros corazones, y aun asĆ­ nunca nos deja. QuizĆ”s nos cuesta mĆ”s creer el Ā«siempreĀ» de Mateo 28:20 porque nada parece ser permanente en este mundo, y a veces no sentimos que Ɖl estĆ” con nosotros. Pero eso no cambia el hecho de que Ɖl estĆ”. 

Cuando Jesús estaba hablando con Sus discípulos poco antes de morir, les dijo que Su Padre enviaría al Espíritu Santo, que no solo moraría con ellos, sino en ellos (Jn 14:17). Al tener al Espíritu Santo morando en nosotros, la realidad es que nunca, nunca estamos solos. ¿Significa eso que nunca nos sentimos solos? No. ¿Significa eso que nunca le tenemos miedo a la soledad? No. Pero sí significa que no estaré sola cuando me sienta así. Y debido a que Jesús estÔ con nosotros y en nosotros, podemos cuidar de otros que quizÔs se sientan desubicados o solos, y acercarnos a ellos. Significa que aun cuando me sienta vulnerable y sola, no estoy realmente sola. Todavía hay alguien conmigo (y contigo) que estÔ al tanto, que se preocupa y me ayuda. Y quizÔs lo mÔs reconfortante de todo es que, cuando llegue nuestro último día, experimentaremos la plenitud de las palabras de Jesús hacia nosotros: «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre».

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jayne V. Clark
Jayne V. Clark

Jayne V. Clark es jefa de personal en el Christian Counseling & Education Foundation (CCEF). Es autora de Healing Broken Relationships [Cómo restaurar relaciones interpersonales] y de Single and Lonely [Soltera y sola].

Fidelidad o popularidad

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por quƩ debemos predicar la palabra

John MacArthurĀ 

Para todo expositor bĆ­blico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versĆ­culo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrĆ­an despuĆ©s de Ć©l. El ministro del evangelio estĆ” llamado a «”predica (r) la Palabra!Ā»

Pablo, a punto de morir e inspirado por el EspĆ­ritu, escribió este texto para que sirviese como sus Ćŗltimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versĆ­culo se sitĆŗan en el inicio del Ćŗltimo capĆ­tulo de su Ćŗltima carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una Ćŗltima carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro despuĆ©s de Ć©l, a proclamar las Escrituras con convicción y valentĆ­a.

Pablo entendĆ­a lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomĆ­a del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabĆ­a que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón Ć©l escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del SeƱor Jesucristo, que juzgarĆ” a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo habĆ­a informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseƱo que ademĆ”s de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseƱar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bĆ­blico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseƱar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el pĆŗlpito Ā«a tiempo y fuera de tiempoĀ» y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentĆ­a el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella estĆ” escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando asĆ­ la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión deberĆ­a llevarse acabo con ā€œtoda paciencia y doctrinaā€, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bĆ­blico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del pĆŗlpito estĆ” en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el EspĆ­ritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaƱo con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentarĆ” el crecimiento.

En los versĆ­culos antes y despuĆ©s de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas estĆ”n en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church.Ā Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

No desprecie sus advertencias

Viernes 2 Julio

El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verÔ la vida, sino que la ira de Dios estÔ sobre él. Juan 3:36

JesĆŗs… nos libra de la ira venidera. 1 Tesalonicenses 1:10

No desprecie sus advertencias

Cuando hay un temblor de tierra, a menudo siguen las rƩplicas, a veces mƔs violentas y peligrosas. La pausa que hay entre ellas ofrece la posibilidad de encontrar un lugar mƔs seguro para tratar de salvar la vida. Pero la historia muestra ejemplos de personas que despreciaron la primera advertencia, mientras el momento de tregua se prolongaba.

Hoy tambiĆ©n vivimos un tipo de pausa. La Ćŗltima guerra mundial no ha sido olvidada, y el futuro parece incierto. Los disturbios, los desórdenes y los atentados, como un gran rugido, hacen presentir dĆ­as malos. ĀæEstamos atentos a esas advertencias? DespuĆ©s de una catĆ”strofe, muchas personas hablan de destino ciego, de azar. Pero en realidad, Dios nos habla seriamente mediante estos signos precursores. Acontecimientos terribles se producirĆ”n en la tierra. Dios tambiĆ©n los menciona en la Biblia. Pero al final de este Libro, antes de la descripción de los juicios, el SeƱor JesĆŗs nos invita a recibirlo: ā€œHe aquĆ­, yo estoy a la puerta y llamoā€ (Apocalipsis 3:20). JesĆŗs llama a la puerta del que, indiferente o rebelde, todavĆ­a no cree en Ć©l y hace caso omiso a sus advertencias.

JesĆŗs quiere darle la vida eterna y la paz del corazón. Desea librar a todos de los tiempos terribles que van a llegar. En efecto, ā€œno nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro SeƱor Jesucristo, quien murió por nosotrosā€ (1 Tesalonicenses 5:9-10). Cada persona estĆ” invitada a abrir la puerta, a creer en el amor de JesĆŗs y a recibirlo como su Salvador.

Daniel 4:19-37 – 1 Juan 3 – Salmo 78:32-40 – Proverbios 18:14-15

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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