Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.
La Palabra de Dios es suficiente para destruir las pensamientos que se levantan contra el conocimiento de Dios, y traerlos a la obediencia a Cristo (2 Co. 10:5; Fil. 4:8).
āCatherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinologĆa. EstĆ” encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.
Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgarÔ a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).
El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bĆblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.
Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo habĆa informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseƱo que ademĆ”s de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseƱar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bĆblico y exhortar eficazmente a la congregación.
El llamado a predicar y enseƱar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el pĆŗlpito Ā«a tiempo y fuera de tiempoĀ» y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentĆa el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.
Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella estĆ” escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando asĆ la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión deberĆa llevarse acabo con ātoda paciencia y doctrinaā, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.
Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.
Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bĆblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del pĆŗlpito estĆ” en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el EspĆritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaƱo con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentarĆ” el crecimiento.
Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.
John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Ćl y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.
Muy frecuentemente las organizaciones, incluso las naciones, se ven forzadas a definirse con mayor claridad y precisión por sus competidores o enemigos. Eso fue lo que le ocurrió a la Iglesia. Los primeros apologistas cristianos, como Justino MĆ”rtir, se esmeraron por clarificar la naturaleza de la Iglesia y el cristianismo para contrarrestar las falsas concepciones difundidas por personas ajenas a la Iglesia como los paganos y los judĆos. De forma similar, la doctrina Ā«ortodoxaĀ» fue forjada con el martillo de la herejĆa. En ese entonces, al igual que ahora, la mayorĆa de los herejes afirmaban ser defensores del cristianismo verdadero. Sus errores y tergiversaciones obligaron a la Iglesia a definir sus creencias con mĆ”s claridad.
La Iglesia del siglo II hizo importantes avances para definir la vida eclesiƔstica y la prƔctica cristiana.
El aƱo 2001 Hans Küng, el controvertido teólogo católico-romano, publicó un nuevo libro sobre la Iglesia. Este tenĆa el simple tĆtulo de La Iglesia católica: breve historia universal. Küng observó un cambio decisivo en cuanto a la actividad y la autoconciencia de la Iglesia prĆstina del primer siglo y la Ā«institucionalizaciónĀ» de la Iglesia en el segundo siglo. Ćl seƱala que, para responder a los gnósticos y otros herejes como Marción y Montano, la Iglesia estableció claros cĆ”nones o estĆ”ndares con respecto a lo que es verdaderamente cristiano, dentro de los cuales tenemos:
Un credo resumido que comĆŗnmente se usaba en el bautismo. El primer credo bautismal fue la simple afirmación Ā«JesĆŗs es el SeƱorĀ». MĆ”s tarde, esta fórmula fue expandida para incluir afirmaciones de fe en el Dios Todopoderoso y en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido el EspĆritu Santo. Los rudimentos de lo que llegó a conocerse como Ā«el SĆmboloĀ» o el Credo Apostólico, fueron aƱadidos en este momento. Posteriormente, se agregaron mĆ”s afirmaciones para formar la versión final del credo.
El canon del Nuevo Testamento. La elaboración de la lista de los libros inspirados fue provocada en gran parte por el trabajo del hereje Marción, que produjo su propio Nuevo Testamento expurgado. A pesar de que el canon neotestamentario no fue finalizado sino hasta finales del siglo IV, casi todo estaba formalmente en su lugar para fines del siglo II.
El oficio docente episcopal. Este oficio evolucionó a medida que la Iglesia se movĆa en dirección al episcopado monĆ”rquico. Se volvió comĆŗn apelar a las enseƱanzas de los obispos para resolver las controversias teológicas. Küng sostiene que este tercer estĆ”ndar representó un giro con respecto a la Iglesia de la era apostólica, que estaba compuesta por comunidades libres sin un Ćŗnico episcopado ni presbiterio. Ćl considera que las comunidades apostólicas eran iglesias completas y bien equipadas, que no carecĆan de nada. MĆ”s adelante, las iglesias congregacionalistas (y muchos puritanos) apelarĆan a estas comunidades como representantes de la estructura original de la Iglesia.
A pesar de que en ciertos aspectos estos cambios históricos lo entristecen, Küng afirma: Ā«No se puede ignorar el hecho de que con los tres estĆ”ndares mencionados anteriormente, la Iglesia católica creó una estructura para la teologĆa y la organización, y junto a ella, un orden interno muy sólidoĀ».
La apreciación de Küng no es muy diferente del anĆ”lisis protestante. En el libro Historia de la Iglesia cristiana, Williston Walker seƱala: Ā«AsĆ, de la lucha contra el gnosticismo y el montanismo surgió la Iglesia católica, con su fuerte organización episcopal, estĆ”ndar de credo y canon autoritario. Era muy diferente de la Iglesia apostólica, pero habĆa preservado el cristianismo histórico y lo habĆa resguardado durante una tremenda crisisĀ».
La Iglesia del siglo II desarrolló un fuerte sentido de identidad. Este proceso continuó hasta bien entrado el siglo III, cuando nuevas herejĆas y nuevos conflictos con el Estado produjeron incluso mĆ”s desarrollo y nuevas estructuras en la Iglesia.
Dios, que es rico en misericordia⦠aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).Efesios 2:4-5
El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo.1 Pedro 5:10
La verdadera gracia de Dios (2)
La historia de Mefi-boset, mencionada ayer, nos ayuda a comprender la gracia divina. Estas son algunas de sus caracterĆsticas:
– La gracia es soberana. Nada obligaba al rey David a preocuparse por los descendientes de SaĆŗl, quien lo habĆa odiado.
– La gracia da gratuita y abundantemente. David mandó traer a Mefi-boset, lo colmó de bienes y le dio un lugar de honor. Todo esto sin esperar nada a cambio. (Pretender pagar algo que nos es dado es una ofensa al dador).
– La gracia echa fuera el temor y produce confianza. El nieto de SaĆŗl se presentó con miedo ante el rey. Pero este le dijo: āNo tengas temorā. Lo tranquilizó y ganó su confianza. Mefi-boset siguió siendo cojo, pero pudo sentarse a la mesa de David en paz, feliz y confiado.