La Gloriosa Respuesta de Dios al Mal de Nuestros DĆas
Evangelio Blog

La Gloriosa Respuesta de Dios al Mal de Nuestros DĆas
Scott Christensen
COVID-19. Cierres injustos. Iglesias cerradas. Amenazas a la libertad religiosa. Fraude electoral. Disturbios desenfrenados. Disturbios civiles. Desfinanciación de la policĆa. Falsos profetas de la justicia social. Confusión de gĆ©nero. Degeneración sexual. Cultura de la anulación. Noticias falsas. Vivimos dĆas oscuros y todo indica que se harĆ”n mĆ”s oscuros. AdemĆ”s de estos males sociales, muchos estĆ”n experimentando un aumento de los problemas personales. Matrimonios rotos. Hijos descarriados. Empleos perdidos. Fracasos financieros. Separaciones de la iglesia. Enfermedades mortales. El miedo y la incertidumbre aumentan. La ansiedad impregna el aire que respiramos. Si nuestra sociedad tenĆa alguna noción sobre la bondad inherente de la humanidad, esas nociones se estĆ”n haciendo aƱicos. Invocar la palabra Ā«malĀ» ya no se considera ingenuo o equivocado. Al igual que las numerosas cabezas de Hidra, el mal estĆ” surgiendo en mĆŗltiples direcciones y tiene a todo el mundo en vilo, incluidos los fieles seguidores de Cristo.
ĀæCómo dar sentido a las nubes negras que parecen descender sobre el paisaje? En el Ćŗltimo aƱo nos hemos visto empujados directamente a un espinoso enigma teológico llamado el problema del mal. ĀæCómo puede un Dios supremamente bueno, sabio y poderoso permitir que todo tipo de pecado, calamidad, enfermedad, corrupción, decadencia, muerte y caos contaminen la creación que Ćl hizo con tan singular belleza y perfección? Lo que creó al principio era bueno, Ā«muy buenoĀ» (GĆ©nesis 1:31). Ahora es malo, muy malo. ĀæPor quĆ© permitió Dios la caĆda de nuestros padres primordiales? ĀæPor quĆ© no impidió que la siniestra serpiente se deslizara en el jardĆn del EdĆ©n para tentar a AdĆ”n y Eva? Seguramente Dios podrĆa haber intervenido, para evitar que la pareja lo arruinara todo. O, una vez hecho el daƱo, podrĆa haber empezado de nuevo -como hizo con NoĆ©- y haber creado una humanidad nueva y mejorada, incapaz de desertar.
Dios no hizo nada de eso. En cambio, dejó que el sufrimiento maligno e inĆŗtil infectara cada elemento de su creación. ĀæPor quĆ©? ĀæQuĆ© buen plan podrĆa tener?
Aportar respuestas definitivas al clĆ”sico problema del mal se conoce como Ā«teodiceaĀ», palabra que proviene de los tĆ©rminos griegos para Dios (theos) y justicia (dike). Una teodicea es un intento de Ā«justificar a DiosĀ» y las razones que tiene para permitir, y nos atrevemos a decir, ordenar el mal para arruinar su buena creación. Examinar el problema del mal y buscar en las Escrituras una teodicea no es un ejercicio vacĆo de especulación. MĆ”s bien es una forma de considerar precisamente quiĆ©n es Dios y por quĆ© creó el mundo en primer lugar. Una teodicea no tiene por quĆ© ser un enfoque morboso sobre el mal y sus innumerables expresiones de malevolencia. Irónicamente, el mal sirve para resaltar la gloria suprema del Creador y SeƱor del universo. La revelación que Dios ha dado de sĆ mismo en las pĆ”ginas de su Palabra divinamente inspirada nos ayuda no sólo a dar sentido a la existencia y a la omnipresencia del mal en el mundo y en nuestras vidas, sino que coloca el plan de Dios para la creación en plena exhibición ante sus criaturas para que podamos maravillarnos de la magnificencia de Dios. Ninguna teodicea serĆ” eficaz si no representa correctamente esa naturaleza del Dios que es.
Dios es Santo
Una buena teodicea debe comenzar con una mirada atenta a los atributos de Dios, particularmente a su santidad. La santidad de Dios habla de su alteridad, de su separación. Dios es santo en cuanto a que estĆ” separado en su justicia desenfrenada, pero tambiĆ©n es santo en cuanto a que estĆ” separado en su propio ser como Dios trascendente que mora en Ā«luz inaccesibleĀ» (1 Tim. 6:16) muy por encima de la creación y de sus criaturas. Los serafines del cielo gritan: Ā«Santo, Santo, Santo, es el SeƱor de los ejĆ©rcitos, toda la tierra estĆ” llena de su gloriaĀ» (IsaĆas 6:3). Toda la creación estĆ” en sumisión y temor al Todopoderoso. Los lĆmites del ser de Dios estĆ”n mĆ”s allĆ” del descubrimiento (Job 11:7). Dios es conocible, pero sus profundidades estĆ”n mucho mĆ”s allĆ” de nuestra capacidad de comprensión. «”Oh, la profundidad de las riquezas de la sabidurĆa y del conocimiento de Dios! CuĆ”n insondables son sus juicios e insondables sus caminosĀ». (Rom. 11:33). Al encontrarnos con un Dios asĆ, con el negro telón de fondo del mal, es inevitable que nos encontremos con tensiones y misterios inesperados.
Dios es Bueno
Por ejemplo, sabemos que Dios se caracteriza por su bondad pura. Nada puede impedir su Ā«abundante bondadĀ» (Sal. 145:7). Como dice la Confesión Belga, Ćl es la Ā«fuente desbordante de todo bienĀ». Dios no puede tener ningĆŗn pensamiento malo. Ni siquiera puede ser tentado por el mal, ni puede tentar a otros a lo mismo (Santiago 1:13). AdemĆ”s, Dios es omnisciente y la fuente misma de toda sabidurĆa y conocimiento (Col. 2:3). Ćl conoce cada detalle de cada movimiento de todo y todo lo que ocurre en el espacio y el tiempo desde el principio hasta el final sin excepción. Nada se le escapa. El siniestro plan de la serpiente no sorprendió al omnisciente. La desobediencia de AdĆ”n y Eva no cogió a Dios desprevenido. De hecho, es todo lo contrario.
Dios es Soberano
Estos atributos ayudan a sentar las bases para enfrentarse a la soberanĆa omnĆmoda de Dios. Escuche a IsaĆas mientras registra la revelación de Dios de su seƱorĆo sobre la creación y la historia.
9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mĆ, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aĆŗn no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerĆ”, y harĆ© todo lo que quiero; 11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablĆ©, y lo harĆ© venir; lo he pensado, y tambiĆ©n lo harĆ©. (Isa. 46:9-11)
Dios comienza esta revelación de sĆ mismo enmarcando sus palabras en el contexto de su santidad trascendente. Sólo Ćl es Dios. No hay otro. Nadie puede ser comparado con Ćl. Por eso, sólo Ćl puede ordenar todas las cosas desde el principio hasta el final, y asegurar providencialmente que su plan para la historia se desarrolle precisamente como lo planeó para Ā«cumplir todoĀ» Su Ā«beneplĆ”citoĀ».
Sabemos que todo lo bueno debe atribuirse al Padre de las Luces (Santiago 1:17). Sin embargo, podrĆamos preguntarnos si los planes de Dios podrĆan incluir el mal. IsaĆas no nos deja en la oscuridad sobre esta cuestión. Unas pĆ”ginas antes retoma la revelación de Dios sobre este mismo asunto:
6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay mƔs que yo; yo JehovƔ, y ninguno mƔs que yo, 7 que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo JehovƔ soy el que hago todo esto.. (Isa. 45:6-7)
Dios enmarca sus declaraciones aquĆ de la misma manera que lo hizo en IsaĆas 46. Ćl es YahvĆ©, el SeƱor trascendente de todo. No hay otro Dios. El Soberano del universo indica su control total sobre los acontecimientos de la historia utilizando un merismo, que es un recurso literario hebreo comĆŗn que expresa plenitud. Un merismo contrasta dos extremos polares como una forma de resaltar todo lo que hay en medio. En este caso, la Ā«luzĀ» se contrapone a la Ā«oscuridadĀ». Hay un segundo contraste entre Ā«bienestarĀ» y Ā«calamidadĀ». Estos indican todo lo que es bueno y malo. De hecho, la palabra traducida Ā«calamidadĀ» es el tĆ©rmino hebreo estĆ”ndar para Ā«malĀ» (vĆ©ase tambiĆ©n Job 2:10; 42:11; Lam. 3:38). AsĆ, los planes de Dios abarcan todo el espectro de la luz y la oscuridad, el bienestar y la calamidad, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, la paz y la guerra, lo verdadero y lo falso, la belleza y la fealdad.
La Biblia es clara. Dios ordena soberanamente todas las cosas que suceden, incluyendo todos los casos de maldad. Si algĆŗn mal no encaja en el plan y propósito de Dios, entonces Ćl no permitirĆ” que ese mal ocurra. Dado que Dios es tambiĆ©n supremamente bueno y sabio, sólo podemos sacar una conclusión: Dios debe tener necesariamente algĆŗn propósito supremamente bueno y sabio para cualquier mal que determine que ocurra. Dios es el autor soberano de toda la historia, pero no puede ser considerado culpable del mal cuando Ć©ste ocurre. La responsabilidad moral por el mal en las Escrituras se sitĆŗa siempre en las intenciones del corazón (Prov. 16:2; Jer. 17:9-10). Los seres humanos siempre tienen malas intenciones para el mal que cometen. Sin embargo, en el misterio de los propósitos trascendentes, buenos y sabios de Dios, Ćl puede ordenar que ese mal ocurra sin tener nunca mĆ”s que intenciones buenas y sabias para su ocurrencia (Sal. 5:4). Si Dios no puede lograr un bien mayor a partir de un mal particular, podemos estar seguros de que nunca lo permitirĆ” en primer lugar. Por ejemplo, los hermanos de JosĆ© lo vendieron como esclavo y, sin embargo, nos enteramos de que Dios ordenó este mismo acontecimiento (Gn. 45:5, 7-8). JosĆ© les dijo con razón: āVosotros pensasteis [pretendĆais] hacerme mal contra mĆ, pero Dios lo tornó [pretendĆa] en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente para el bien.ā (Gn. 50:20).
El mayor mal de la historia se cometió contra el Hijo del Dios vivo. Los judĆos lo crucificaron, sabiendo perfectamente su identidad divina y su completa inocencia. Este fue un mal insondable y un error judicial sumamente grave. Sin embargo, cada detalle en el Calvario fue planeado y llevado a cabo por Dios (ver Hechos 2:22-23; 4:27-28). AdemĆ”s, la crucifixión de Jesucristo nos muestra la profunda intersección entre Dios y el mal, asĆ como el propósito Ćŗltimo de Dios para la caĆda de la humanidad que hizo necesaria una maldición sobre toda la creación.
Dios es Creador y Redentor
AquĆ debemos preguntarnos, Āæpor quĆ© Dios creó el mundo, particularmente a nosotros, los humildes humanos? Dios no tenĆa ninguna obligación de hacer nada. Ciertamente no se sentĆa solo. HabĆa disfrutado de un amor y una comunión perfectos entre los miembros de la Trinidad durante toda la eternidad. Históricamente, los cristianos han entendido que Dios creó el mundo para magnificar de forma suprema las riquezas de su gloria, especialmente para nosotros, sus criaturas portadoras de Su imagen. Pero, Āæcómo lo ha hecho Dios? ĀæDe quĆ© manera ha engrandecido su gloria de manera que nada pueda superarla?
No necesitamos mirar mĆ”s allĆ” de la cruz o de la tumba vacĆa del Hijo de Dios encarnado. No hay ningĆŗn mundo que podamos imaginar en el que la gloria de Dios pueda superar la gloria de la cruz y la resurrección de Jesucristo. ĀæPor quĆ© la cruz? ĀæPor quĆ© la tumba vacĆa? Estos fueron los medios centrales que Dios utilizó para redimir a un mundo roto, corrompido y despreciado. La redención que Jesucristo logra a travĆ©s de su encarnación, muerte, resurrección, exaltación y eventual regreso para establecer su reino eterno, trae a Dios la mĆ”xima gloria. Sin embargo, y esto es lo que debemos ver, Dios nunca podrĆa haber recibido tal gloria por su gracia redentora si AdĆ”n y Eva no hubieran caĆdo; si la serpiente no los hubiera tentado; si no hubieran empujado al muy buen mundo a la agonĆa del pecado y la corrupción. La redención es innecesaria sin esa crisis. Y la redención de los pecadores caĆdos serĆa imposible sin la persona y la obra del Hijo de Dios, que fue enviado por el Padre para llevar a cabo esta obra supremamente gloriosa. AsĆ, el mal existe para magnificar la gracia redentora y la gloria de Dios a travĆ©s de la obra expiatoria sin igual de Jesucristo.
Esto no responde a todas las preguntas sobre cada caso de maldad que vemos en el mundo, o el dolor y el sufrimiento que soportamos, pero nos ayuda a situar la oscura tormenta del mal en perspectiva. Todos los que ponen su fe en Cristo para la redención de sus almas del pecado, la muerte y el infierno pueden estar seguros de que ningĆŗn mal que les ocurra es innecesario. Tiene un propósito. Todas las cosas, tanto las buenas como las malas, funcionan para un bien mayor para aquellos que son llamados soberanamente por Dios; para aquellos que le aman y encajan en su plan de redención supremamente sabio (Rom. 8:28). Porque hemos sufrido la crisis del pecado y la maldición edĆ©nica, podemos apreciar realmente la gloria del Dios trascendente, tanto de la justicia como de la misericordia, del poder y de la gracia; del Hijo encarnado que vence al pecado, a SatanĆ”s, a la muerte y a todo vestigio de maldad que ha afligido a la magnĆfica creación de Dios. Todo, incluso el mal, existe para la suprema magnificación de su gloria, una gloria que nunca verĆamos sin la caĆda y el gran Redentor Jesucristo.
Scott ChristensenĀ se graduó del Seminario del Maestro en 2001 con su MaestrĆa en Divinidad. Fue pastor de la Iglesia Comunitaria de Summit Lake en el suroeste de Colorado durante 16 aƱos antes de comenzar el ministerio como pastor asociado en la Iglesia BĆblica de Kerrville, Texas, en 2019. Las obras publicadas de Scott incluyen ĀæQuĆ© pasa con el libre albedrĆo? Reconciliando nuestras elecciones con la soberanĆa de Dios (P&R 2016) y ĀæQuĆ© pasa con el mal? Godās Glory Magnified in a World Ruined by Sin (P&R 2020)






