La Gloriosa Respuesta de Dios al Mal de Nuestros DĆ­as

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La Gloriosa Respuesta de Dios al Mal de Nuestros DĆ­as

Scott Christensen

COVID-19. Cierres injustos. Iglesias cerradas. Amenazas a la libertad religiosa. Fraude electoral. Disturbios desenfrenados. Disturbios civiles. Desfinanciación de la policía. Falsos profetas de la justicia social. Confusión de género. Degeneración sexual. Cultura de la anulación. Noticias falsas. Vivimos días oscuros y todo indica que se harÔn mÔs oscuros. AdemÔs de estos males sociales, muchos estÔn experimentando un aumento de los problemas personales. Matrimonios rotos. Hijos descarriados. Empleos perdidos. Fracasos financieros. Separaciones de la iglesia. Enfermedades mortales. El miedo y la incertidumbre aumentan. La ansiedad impregna el aire que respiramos. Si nuestra sociedad tenía alguna noción sobre la bondad inherente de la humanidad, esas nociones se estÔn haciendo añicos. Invocar la palabra «mal» ya no se considera ingenuo o equivocado. Al igual que las numerosas cabezas de Hidra, el mal estÔ surgiendo en múltiples direcciones y tiene a todo el mundo en vilo, incluidos los fieles seguidores de Cristo.

ĀæCómo dar sentido a las nubes negras que parecen descender sobre el paisaje? En el Ćŗltimo aƱo nos hemos visto empujados directamente a un espinoso enigma teológico llamado el problema del mal. ĀæCómo puede un Dios supremamente bueno, sabio y poderoso permitir que todo tipo de pecado, calamidad, enfermedad, corrupción, decadencia, muerte y caos contaminen la creación que Ɖl hizo con tan singular belleza y perfección? Lo que creó al principio era bueno, Ā«muy buenoĀ» (GĆ©nesis 1:31). Ahora es malo, muy malo. ĀæPor quĆ© permitió Dios la caĆ­da de nuestros padres primordiales? ĀæPor quĆ© no impidió que la siniestra serpiente se deslizara en el jardĆ­n del EdĆ©n para tentar a AdĆ”n y Eva? Seguramente Dios podrĆ­a haber intervenido, para evitar que la pareja lo arruinara todo. O, una vez hecho el daƱo, podrĆ­a haber empezado de nuevo -como hizo con NoĆ©- y haber creado una humanidad nueva y mejorada, incapaz de desertar.

Dios no hizo nada de eso. En cambio, dejó que el sufrimiento maligno e inútil infectara cada elemento de su creación. ¿Por qué? ¿Qué buen plan podría tener?

Aportar respuestas definitivas al clÔsico problema del mal se conoce como «teodicea», palabra que proviene de los términos griegos para Dios (theos) y justicia (dike). Una teodicea es un intento de «justificar a Dios» y las razones que tiene para permitir, y nos atrevemos a decir, ordenar el mal para arruinar su buena creación. Examinar el problema del mal y buscar en las Escrituras una teodicea no es un ejercicio vacío de especulación. MÔs bien es una forma de considerar precisamente quién es Dios y por qué creó el mundo en primer lugar. Una teodicea no tiene por qué ser un enfoque morboso sobre el mal y sus innumerables expresiones de malevolencia. Irónicamente, el mal sirve para resaltar la gloria suprema del Creador y Señor del universo. La revelación que Dios ha dado de sí mismo en las pÔginas de su Palabra divinamente inspirada nos ayuda no sólo a dar sentido a la existencia y a la omnipresencia del mal en el mundo y en nuestras vidas, sino que coloca el plan de Dios para la creación en plena exhibición ante sus criaturas para que podamos maravillarnos de la magnificencia de Dios. Ninguna teodicea serÔ eficaz si no representa correctamente esa naturaleza del Dios que es.

Dios es Santo

Una buena teodicea debe comenzar con una mirada atenta a los atributos de Dios, particularmente a su santidad. La santidad de Dios habla de su alteridad, de su separación. Dios es santo en cuanto a que estÔ separado en su justicia desenfrenada, pero también es santo en cuanto a que estÔ separado en su propio ser como Dios trascendente que mora en «luz inaccesible» (1 Tim. 6:16) muy por encima de la creación y de sus criaturas. Los serafines del cielo gritan: «Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, toda la tierra estÔ llena de su gloria» (Isaías 6:3). Toda la creación estÔ en sumisión y temor al Todopoderoso. Los límites del ser de Dios estÔn mÔs allÔ del descubrimiento (Job 11:7). Dios es conocible, pero sus profundidades estÔn mucho mÔs allÔ de nuestra capacidad de comprensión. «”Oh, la profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! CuÔn insondables son sus juicios e insondables sus caminos». (Rom. 11:33). Al encontrarnos con un Dios así, con el negro telón de fondo del mal, es inevitable que nos encontremos con tensiones y misterios inesperados.

Dios es Bueno

Por ejemplo, sabemos que Dios se caracteriza por su bondad pura. Nada puede impedir su Ā«abundante bondadĀ» (Sal. 145:7). Como dice la Confesión Belga, Ɖl es la Ā«fuente desbordante de todo bienĀ». Dios no puede tener ningĆŗn pensamiento malo. Ni siquiera puede ser tentado por el mal, ni puede tentar a otros a lo mismo (Santiago 1:13). AdemĆ”s, Dios es omnisciente y la fuente misma de toda sabidurĆ­a y conocimiento (Col. 2:3). Ɖl conoce cada detalle de cada movimiento de todo y todo lo que ocurre en el espacio y el tiempo desde el principio hasta el final sin excepción. Nada se le escapa. El siniestro plan de la serpiente no sorprendió al omnisciente. La desobediencia de AdĆ”n y Eva no cogió a Dios desprevenido. De hecho, es todo lo contrario.

Dios es Soberano

Estos atributos ayudan a sentar las bases para enfrentarse a la soberanía omnímoda de Dios. Escuche a Isaías mientras registra la revelación de Dios de su señorío sobre la creación y la historia.

9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerÔ, y haré todo lo que quiero; 11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. (Isa. 46:9-11)

Dios comienza esta revelación de sĆ­ mismo enmarcando sus palabras en el contexto de su santidad trascendente. Sólo Ɖl es Dios. No hay otro. Nadie puede ser comparado con Ɖl. Por eso, sólo Ɖl puede ordenar todas las cosas desde el principio hasta el final, y asegurar providencialmente que su plan para la historia se desarrolle precisamente como lo planeó para Ā«cumplir todoĀ» Su Ā«beneplĆ”citoĀ».

Sabemos que todo lo bueno debe atribuirse al Padre de las Luces (Santiago 1:17). Sin embargo, podríamos preguntarnos si los planes de Dios podrían incluir el mal. Isaías no nos deja en la oscuridad sobre esta cuestión. Unas pÔginas antes retoma la revelación de Dios sobre este mismo asunto:

6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay mƔs que yo; yo JehovƔ, y ninguno mƔs que yo, 7 que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo JehovƔ soy el que hago todo esto.. (Isa. 45:6-7)

Dios enmarca sus declaraciones aquĆ­ de la misma manera que lo hizo en IsaĆ­as 46. Ɖl es YahvĆ©, el SeƱor trascendente de todo. No hay otro Dios. El Soberano del universo indica su control total sobre los acontecimientos de la historia utilizando un merismo, que es un recurso literario hebreo comĆŗn que expresa plenitud. Un merismo contrasta dos extremos polares como una forma de resaltar todo lo que hay en medio. En este caso, la Ā«luzĀ» se contrapone a la Ā«oscuridadĀ». Hay un segundo contraste entre Ā«bienestarĀ» y Ā«calamidadĀ». Estos indican todo lo que es bueno y malo. De hecho, la palabra traducida Ā«calamidadĀ» es el tĆ©rmino hebreo estĆ”ndar para Ā«malĀ» (vĆ©ase tambiĆ©n Job 2:10; 42:11; Lam. 3:38). AsĆ­, los planes de Dios abarcan todo el espectro de la luz y la oscuridad, el bienestar y la calamidad, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, la paz y la guerra, lo verdadero y lo falso, la belleza y la fealdad.

La Biblia es clara. Dios ordena soberanamente todas las cosas que suceden, incluyendo todos los casos de maldad. Si algĆŗn mal no encaja en el plan y propósito de Dios, entonces Ɖl no permitirĆ” que ese mal ocurra. Dado que Dios es tambiĆ©n supremamente bueno y sabio, sólo podemos sacar una conclusión: Dios debe tener necesariamente algĆŗn propósito supremamente bueno y sabio para cualquier mal que determine que ocurra. Dios es el autor soberano de toda la historia, pero no puede ser considerado culpable del mal cuando Ć©ste ocurre. La responsabilidad moral por el mal en las Escrituras se sitĆŗa siempre en las intenciones del corazón (Prov. 16:2; Jer. 17:9-10). Los seres humanos siempre tienen malas intenciones para el mal que cometen. Sin embargo, en el misterio de los propósitos trascendentes, buenos y sabios de Dios, Ɖl puede ordenar que ese mal ocurra sin tener nunca mĆ”s que intenciones buenas y sabias para su ocurrencia (Sal. 5:4). Si Dios no puede lograr un bien mayor a partir de un mal particular, podemos estar seguros de que nunca lo permitirĆ” en primer lugar. Por ejemplo, los hermanos de JosĆ© lo vendieron como esclavo y, sin embargo, nos enteramos de que Dios ordenó este mismo acontecimiento (Gn. 45:5, 7-8). JosĆ© les dijo con razón: ā€œVosotros pensasteis [pretendĆ­ais] hacerme mal contra mĆ­, pero Dios lo tornó [pretendĆ­a] en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente para el bien.ā€ (Gn. 50:20).

El mayor mal de la historia se cometió contra el Hijo del Dios vivo. Los judíos lo crucificaron, sabiendo perfectamente su identidad divina y su completa inocencia. Este fue un mal insondable y un error judicial sumamente grave. Sin embargo, cada detalle en el Calvario fue planeado y llevado a cabo por Dios (ver Hechos 2:22-23; 4:27-28). AdemÔs, la crucifixión de Jesucristo nos muestra la profunda intersección entre Dios y el mal, así como el propósito último de Dios para la caída de la humanidad que hizo necesaria una maldición sobre toda la creación.

Dios es Creador y Redentor

Aquí debemos preguntarnos, ¿por qué Dios creó el mundo, particularmente a nosotros, los humildes humanos? Dios no tenía ninguna obligación de hacer nada. Ciertamente no se sentía solo. Había disfrutado de un amor y una comunión perfectos entre los miembros de la Trinidad durante toda la eternidad. Históricamente, los cristianos han entendido que Dios creó el mundo para magnificar de forma suprema las riquezas de su gloria, especialmente para nosotros, sus criaturas portadoras de Su imagen. Pero, ¿cómo lo ha hecho Dios? ¿De qué manera ha engrandecido su gloria de manera que nada pueda superarla?

No necesitamos mirar mÔs allÔ de la cruz o de la tumba vacía del Hijo de Dios encarnado. No hay ningún mundo que podamos imaginar en el que la gloria de Dios pueda superar la gloria de la cruz y la resurrección de Jesucristo. ¿Por qué la cruz? ¿Por qué la tumba vacía? Estos fueron los medios centrales que Dios utilizó para redimir a un mundo roto, corrompido y despreciado. La redención que Jesucristo logra a través de su encarnación, muerte, resurrección, exaltación y eventual regreso para establecer su reino eterno, trae a Dios la mÔxima gloria. Sin embargo, y esto es lo que debemos ver, Dios nunca podría haber recibido tal gloria por su gracia redentora si AdÔn y Eva no hubieran caído; si la serpiente no los hubiera tentado; si no hubieran empujado al muy buen mundo a la agonía del pecado y la corrupción. La redención es innecesaria sin esa crisis. Y la redención de los pecadores caídos sería imposible sin la persona y la obra del Hijo de Dios, que fue enviado por el Padre para llevar a cabo esta obra supremamente gloriosa. Así, el mal existe para magnificar la gracia redentora y la gloria de Dios a través de la obra expiatoria sin igual de Jesucristo.

Esto no responde a todas las preguntas sobre cada caso de maldad que vemos en el mundo, o el dolor y el sufrimiento que soportamos, pero nos ayuda a situar la oscura tormenta del mal en perspectiva. Todos los que ponen su fe en Cristo para la redención de sus almas del pecado, la muerte y el infierno pueden estar seguros de que ningún mal que les ocurra es innecesario. Tiene un propósito. Todas las cosas, tanto las buenas como las malas, funcionan para un bien mayor para aquellos que son llamados soberanamente por Dios; para aquellos que le aman y encajan en su plan de redención supremamente sabio (Rom. 8:28). Porque hemos sufrido la crisis del pecado y la maldición edénica, podemos apreciar realmente la gloria del Dios trascendente, tanto de la justicia como de la misericordia, del poder y de la gracia; del Hijo encarnado que vence al pecado, a SatanÔs, a la muerte y a todo vestigio de maldad que ha afligido a la magnífica creación de Dios. Todo, incluso el mal, existe para la suprema magnificación de su gloria, una gloria que nunca veríamos sin la caída y el gran Redentor Jesucristo.

Scott ChristensenĀ se graduó del Seminario del Maestro en 2001 con su MaestrĆ­a en Divinidad. Fue pastor de la Iglesia Comunitaria de Summit Lake en el suroeste de Colorado durante 16 aƱos antes de comenzar el ministerio como pastor asociado en la Iglesia BĆ­blica de Kerrville, Texas, en 2019. Las obras publicadas de Scott incluyen ĀæQuĆ© pasa con el libre albedrĆ­o? Reconciliando nuestras elecciones con la soberanĆ­a de Dios (P&R 2016) y ĀæQuĆ© pasa con el mal? God’s Glory Magnified in a World Ruined by Sin (P&R 2020)

El evangelio de las emociones

Esclavos de Cristo

El evangelio de las emociones

Johanna RamĆ­rez Suavita

Hace algunos aƱos recibĆ­ con gran emoción la noticia de que un famoso conferencista y predicador a quien yo admiraba tendrĆ­a un evento en mi ciudad. Sin dudarlo adquirĆ­ las entradas para ir a verlo. Ese dĆ­a, ni la larga fila para ingresar aplacó el entusiasmo que tenĆ­a porque empezara la gran noche. Sin embargo, a medida que avanzaba el evento y que este hombre exponĆ­a su mensaje, las preguntas llegaron a mĆ­, y el deseo de salir corriendo de allĆ­ me invadĆ­a… todo lo que creĆ­a hasta entonces se derrumbó y Dios me hizo ver de frente todo lo que hasta ahora estaba mal.

”Luces, cÔmaras y acción!

Pese a que era muy joven en la fe, llevaba varios aƱos congregĆ”ndome en una megaiglesia. La sentĆ­a como mi casa y me deleitaba en los mensajes que recibĆ­a cada fin de semana. Aceptaba con gran emoción las frases que me decĆ­an que todo lo que estaba experimentando pasarĆ­a, y que debĆ­a estar lista para recibir mi sanidad y las grandes cosas que Dios iba a hacer en mĆ­ si tan solo le dejaba entrar en mi vida. Ese era mi credo. Cada semana la iniciaba en el punto mĆ”s alto del Ć©xtasis, declarando que mi vida serĆ­a de Ć©xito, que nada me derrumbarĆ­a y que superarĆ­a, si dejaba actuar a Dios, todos los obstĆ”culos. 

Al finalizar la semana estaba tan desilusionada por ver que las cosas no eran tan fĆ”ciles, que deseaba fervientemente que llegara el domingo para ā€œrecargarme de feā€. AsĆ­ anduve por mucho tiempo, viviendo una vida espiritual miserable. Nunca ningĆŗn pastor en esa iglesia me dijo que debĆ­a arrepentirme, nunca me hablaron del nuevo nacimiento, nunca fui confrontada por mi pecado y por la necesidad de rendirme a JesĆŗs de forma plena. Hablar del infierno era acusador, exhortar a otros era juzgar, era sectario decir que el reino de Dios no es para los que le reciben en su corazón con una oración sino para los que Ɖl llama.

La iglesia no era para mĆ­ el cuerpo de Cristo, su novia, su amada por quien habĆ­a entregado su vida en la Cruz. En ese entonces era una dosis de adrenalina, mi fe debĆ­a recargarse con una jeringa cada semana, porque dependĆ­a emocionalmente de lo que se decĆ­a en el pĆŗlpito, del Ć©xtasis de la alabanza y de la seguridad de una multitud. No dependĆ­a de Dios y su soberanĆ­a, sino de un motivador que me decĆ­a lo que querĆ­a escuchar. Me sentaba allĆ­ porque como bien decĆ­a el apóstol Pablo, tenĆ­a comezón de oĆ­dos (2 Timoteo 4:3) y querĆ­a que me animaran en mis propios deseos y que me dijeran que Dios me amaba (aun cuando no me arrepintiera de pecar contra Ɖl).

¿Por qué no escucho a Dios?

La falta de discernimiento que tenĆ­a en ese entonces no solo se veĆ­a reflejada en la manera en que asumĆ­a el DĆ­a del SeƱor y la vida de iglesia. TambiĆ©n tenĆ­a prĆ”cticas nocivas cuando me aproximaba a las Escrituras. 2 de Timoteo 3:16 dice que ā€œToda Escritura es inspirada por Dios y Ćŗtil para enseƱar, para reprender, para corregir, para instruir en justiciaā€, pero estas palabras no las vivĆ­a como debĆ­a ser; para mĆ­ la Palabra de Dios era muy parecida a un orĆ”culo. LeĆ­a algĆŗn pasaje y cerraba los ojos para concentrarme y escuchar la voz audible de Dios… pero nunca pasó. Me culpaba por mi falta de fe, por no apropiarme como debĆ­a de las promesas, por no esforzarme y ser valiente como JosuĆ©. SegĆŗn mis pastores, estaba limitando el poder de Dios. Ā”Vaya herejĆ­a!

No obstante, cuando conocĆ­ la sana doctrina tuve que arrodillarme delante del SeƱor y pedirle perdón por haber tomado con tanta ligereza su Palabra. AcudĆ­a a ella como buscando amuletos o revelaciones personales. QuerĆ­a verme reflejada en las proezas de los profetas o en las vidas de los mĆ”rtires, dejando de lado que la gran hazaƱa, la mĆ”s perfecta obra ya la habĆ­a hecho Jesucristo por mĆ­, si realmente creĆ­a en Ɖl. EntendĆ­ que la Biblia no es un manual de promesas o buenos deseos hechos a mi medida, sino el pleno consejo de Dios que me instruye para toda buena obra  (2 Timoteo 3:17).  AllĆ­ encuentro mi norma de fe, que me da la directriz para tomar decisiones sabias en mi vida. EntendĆ­ que la Biblia no se trata de mĆ­, se trata de Cristo.

”Es tiempo de huir!

Fue entonces, mientras estaba sentada mirando a ese predicador, que mi vida se partió en dos. VeĆ­a a todos a mi alrededor riendo por los ā€œchistes santosā€ y a los dos minutos llorando por haber llegado al clĆ­max del mensaje. Usaban ciertos versĆ­culos para reforzar la intención de la conferencia: cómo ser mĆ”s exitoso. Me sentĆ­a incómoda y querĆ­a salir de allí… Pero no habĆ­a llegado lo peor: cuando terminó la exposición, el conferencista descendió del pĆŗlpito y fue rodeado por sus escoltas quienes intentaban protegerlo de la multitud que se agolpaba para tocarlo, como aquella mujer que querĆ­a tocar el manto de JesĆŗs para ser sana, solo que aquel expositor era un charlatĆ”n, no era Cristo. 

Esta es parte de mi historia, y sĆ©, querido hermano, que puede parecerle una narración ficticia, pero crĆ©ame que no lo es. Es lo que se ve a diario en esas famosas iglesias. Lobos vestidos de ovejas que entregan un evangelio diluido. Yo lo vivĆ­, fui una ciega guiada por ciegos. Pero un dĆ­a el SeƱor tuvo misericordia y me permitió salir de allĆ­. Esa conferencia fue usada por Dios para llamarme genuinamente a sus caminos. Me arrepentĆ­, me avergoncĆ© por haberlo visto como un milagrero, fui a sus pies en oración y le agradecĆ­ por llevarme a Ɖl.

Muchos hemos pasado por esto, hemos sido seducidos por el evangelio de las emociones. Dios lo ha permitido, esto no escapa a su control, pero asĆ­ mismo nosotros somos responsables por no haber escudriƱado las Escrituras como nos lo seƱala Juan 5:39. Fuimos culpables, pero Dios en su inmenso amor nos rescató. 

AsĆ­ que, si usted ha sido uno de esos a los que el SeƱor ha redimido, damos toda la gloria a Ɖl en agradecimiento por guardar a su pueblo. Si por el contrario, hay algĆŗn lector que se ha visto reflejado en esas prĆ”cticas daƱinas que yo cometĆ­, pero sigue congregĆ”ndose en una de estas ā€œiglesiasā€, yo le invitó a entregarse en oración al Dios que es grande en misericordia (Efesios 2:4) para que Ɖl le guĆ­e con sabidurĆ­a. No hay que esperar revelaciones individuales, hay que huir del pecado. Salga de allĆ­, pero no corra sin rumbo, dirĆ­jase al que lo llena todo en todo, a la Roca, el Refugio seguro. Corra hacia Dios.

ArtĆ­culo de: http://www.esclavosdecristo.com

100 – AƱo Nuevo, ĀæEstĆ”s listo?

Entendiendo los Tiempos

Primer Temporada

100 – AƱo Nuevo, ĀæEstĆ”s listo?

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temÔticas de nuestro programa son diversas y contemporÔneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

El culto ordenado como testigo al mundo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El culto ordenado como testigo al mundo

Por David P. Barry

Entrar en una guardería infantil sin supervisión es suficiente para abrumar a la mayoría de las personas; es un caos. Los niños pueden estar gritando, peleando, tirando juguetes, poniéndose las manos en los oídos o haciendo muchas otras cosas a la vez. Los pequeños necesitan un tiempo de juego no estructurado o «juego libre» para su desarrollo, así que no es necesariamente algo malo. Aún así, un observador adulto podría razonablemente concluir del desorden que estos niños no se han puesto de acuerdo en lo que estÔn haciendo.

Podemos tolerar una guardería ruidosa, pero en otros contextos, tal libertad es cuestionable. Una graduación o ceremonia de bodas desordenada sería inapropiada porque distraería del enfoque unificado de la reunión. El mismo principio aplica cuando adoramos.

Cada parte de nuestro culto de adoración debe reflejar la unidad por la que Jesús oró, vivió, murió y resucitó para lograrla.

La imagen de la guardería caótica es parecida a como Pablo describió la adoración en Corinto: «¿Qué hay que hacer, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas o interpretación. Que todo se haga para edificación» (1 Co 14:26). El problema no eran los himnos o las enseñanzas, sino que cada persona adoraba como le parecía. Ese clima dio como resultado que los creyentes no crecieran y que los incrédulos se vieran impedidos de entender el evangelio.

Si comparamos el primer y el último versículo de la sección, vemos qué impidió que los creyentes crecieran. El mandato de que «todo» se haga para edificación (v. 26) es seguido por un mandato paralelo de que «todo» se haga «decentemente y con orden» (v. 40). Nuestra edificación es un subproducto de adorar al Señor con nuestros hermanos y hermanas. La noción de «adoración libre», en la que cada individuo participa según se siente movido, pasa por alto la profunda realidad de que nuestra adoración estÔ destinada a expresar nuestra unidad. Nuestra adoración tiene el propósito de demostrarnos a nosotros y al mundo espectador que Jesús tiene el poder de transformar a individuos descarriados y convertirlos en una familia. Pero cuando no actuamos de manera unificada, el que observa desde afuera podría justificadamente concluir del desorden que no estamos de acuerdo en lo que estamos haciendo.

Es significativo que Pablo nos enseƱe a ser decentes y ordenados en el servicio de adoración y a hacer todas las cosas para edificar el cuerpo en el capĆ­tulo inmediatamente despuĆ©s que Ć©l nos enseƱa sobre el amor cristiano. DespuĆ©s de describir el verdadero amor del evangelio como Ā«paciente, bondadoso… no es arrogante… no busca lo suyoĀ» (13:4-5), Pablo nos exhorta a todos a Ā«[procurar] alcanzar el amorĀ» (14:1) y continĆŗa describiendo la correcta adoración. En otras palabras, Ć©l nos instruye a adorar de una manera que refleje nuestro amor mutuo y por Cristo. Podemos concluir que la adoración desordenada no es un enfoque alternativo solamente, sino que carece de amor. La Ā«decenciaĀ» de la adoración no es una idea neutral; es una idea moral. Las otras dos veces que Pablo usa esa palabra en particular son cuando habla de comportamiento moral (Rom 13:13; 1 Tes 4:12). Nuestra adoración demostrarĆ” el poder de Dios para unirnos o lo negarĆ”. DespuĆ©s de todo, Ā«Dios no es Dios de confusión, sino de pazĀ» (1 Co 14:33).

Pero la adoración caótica en Corinto no era un problema solo para la Iglesia misma, sino que era un obstĆ”culo para el evangelio. Impidió que los incrĆ©dulos pudieran incluso comprender la verdad. La mayorĆ­a de los padres no dejarĆ­an a sus hijos en una guarderĆ­a donde reina el caos. Pablo plantea un argumento similar acerca de la llegada de los incrĆ©dulos a un culto desordenado donde todos hablan y no se sigue ningĆŗn orden. Ɖl concluye: «¿No dirĆ”n que estĆ”is locos?Ā» (v. 23).

Inicialmente, podríamos inclinarnos a argumentar en contra de ese planteamiento. Podemos pensar que hasta que el Espíritu Santo no cambie el corazón de una persona, esta no puede apreciar la adoración o entender el evangelio. Pero es mÔs que eso. No se trata simplemente de que un inconverso no sea «espiritual» sino de reconocer la falta de amor. ¿No fue eso lo que Jesús les dijo a Sus discípulos en el aposento alto? «En esto conocerÔn todos que sois Mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13:35). Nuestra adoración estÔ destinada a ser el lugar principal donde demostramos el amor a Dios y a los demÔs. Es el lugar mÔs claro donde se ilustra la oración de Jesús por nosotros: que seamos uno (17:11, 21-23).

Cada parte de nuestro culto de adoración debe reflejar la unidad por la que JesĆŗs oró, vivió, murió y resucitó para lograrla. Sin embargo, la promesa de JesĆŗs de que la forma en que nos amamos demostrarĆ” que somos Sus discĆ­pulos es una arma de doble filo. Si permitimos que nuestra forma de adorar se convierta en un reflejo de nuestra individualidad en vez de nuestra unidad, estamos ilustrando al mundo espectador que JesĆŗs no une a la gente. Si Ā«los incrĆ©dulos o la gente que no entiende esas cosas entran en la reuniónĀ» (para usar la terminologĆ­a de Pablo de 1 Co 14:16, 24 en la NTV) deben poder ver a los santos reunidos confesar a Cristo como uno, cantar como uno, orar como uno y escuchar activamente con una unidad en su devoción mientras Cristo su SeƱor se dirige a ellos a travĆ©s de la Palabra predicada. Deben poder percibir que hay una singularidad de propósito y adoración. Deben ver el poder de Dios para traer a diferentes personas y personalidades y unirlas en un propósito santo y un amor santo.

Después de haberle recordado a los corintios que «el amor nunca deja de ser» (13:8), Pablo continuó diciendo: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño» (v. 11).

La próxima vez que entres a tu lugar de culto, recuerda los grandes mandamientos: ama a Dios y ama a tu prójimo.

Este artĆ­culo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David P. Barry
David P. Barry

Dr. David P. Barry es pastor asistente en Midway Presbyterian Church en Powder Springs, Ga., y profesor adjunto de Nuevo Testamento en Reformed Theological Seminary en Atlanta.

Amando a Cristo

Momento de Gracia

Jhon MacArthur

Amando a Cristo

En la voz de Henry TolopiloĀ 

Lo que mĆ”s necesita la gente es la verdad –una relación dinĆ”mica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveĆ© respuestas. Sintonize ā€œGracia a Vosotrosā€ para escuchar una enseƱanza clara, prĆ”ctica, versĆ­culo a versĆ­culo, impartida por elĀ Pastor John MacArthur.

https://www.oneplace.com/ministries/momento-de-gracia/

Ā”AtrĆ©vase con la Biblia! (1)

Lunes 5 Julio

El SeƱor dijo a MoisĆ©s: Escribe esto para memoria en un libro. Ɖxodo 17:14

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad… escrĆ­belas en la tabla de tu corazón. Proverbios 3:3

”Atrévase con la Biblia! (1)

Un libro escrito por decenas de personas, traducido por centenares, impreso por miles y leĆ­do por millones… Solo puede tratarse de un libro extraordinario: Ā”la Biblia! En ocho secciones de este calendario presentaremos algo de la historia de este libro Ćŗnico.

La escritura, por supuesto, estĆ” ligada al origen de un libro. Hasta el siglo XIX (19) se creyó que la escritura era de los aƱos 600 antes de Jesucristo. Hoy sabemos que los sumerios ya utilizaban la escritura cuneiforme) hacia el aƱo 3500 a. C. Los jeroglĆ­ficos egipcios()) son casi igual de antiguos. El primer alfabeto* fue formado entre los aƱos 1800 y 1400 antes de Cristo, precisamente en los paĆ­ses bĆ­blicos, y quizĆ”s incluso en el Sinaí… en la región donde vivió MoisĆ©s.

Uno de los criterios reconocidos para dar credibilidad a un texto antiguo es el corto tiempo que existe entre la Ć©poca en que fue escrito y la de los hechos que narra. AsĆ­ la escritura con el alfabeto ya existĆ­a en el periodo mismo de los hechos que la Biblia narra (a partir del libro del Ɖxodo).

Así en los países bíblicos, la escritura con el alfabeto comenzó a desarrollarse en el tiempo en que vivió el primero de sus autores (Moisés).

Es como si Dios hubiese preparado todo para transmitirnos ese libro Ćŗnico a travĆ©s del cual Ć©l se revela…(continuarĆ” el próximo lunes)*Escritura antigua utilizada en Mesopotamia compuesta de signos impresos en una tablilla de arcilla. Los signos representaban objetos y mĆ”s tarde sonidos silĆ”bicos.

()Sistema de escritura de los antiguos egipcios, compuesto principalmente por dibujos figurativos.

Daniel 7 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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