10 – Ā”GozĆ”os y alegrĆ”os!

Iglesia EvangƩlica de la Gracia

Serie: Verdadera Felicidad

10 – Ā”Gozaos y alegraos!

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicologƭa y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejerƭa Bƭblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia EvangƩlica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

ĀæEs el movimiento evangĆ©lico realmente evangĆ©lico?

Palabra de Vida AlmerĆ­a

Will Graham

John MacArthur: ¿Es el movimiento evangélico realmente evangélico?

¿Qué etiqueta denominacional describiría mejor las creencias religiosas de la siguiente persona?

Dice ser un cristiano comprometido, nacido de nuevo, pero no estĆ” seguro de que JesĆŗs sea verdaderamente Dios encarnado. No estĆ” convencido de que Dios tenga conocimiento infalible del futuro (y mucho menos control soberano sobre Ć©l). No cree que la Biblia es verdad sin ninguna mezcla de error. No cree lo que la Biblia dice sobre cómo fue creado el universo. No cree que la gente deba reconocer a Cristo como SeƱor y Salvador –o incluso saber algo sobre Ɖl– para tener el favor de Dios. No cree que SatanĆ”s es literalmente real. No cree que Dios estĆ” lleno de ira contra el pecado. Y, por supuesto, no cree en el castigo eterno. De hecho, no se preocupa particularmente por palabras como ā€œpecado, sustitución, arrepentimiento, expiación, o propiciaciónā€. Desestima ese tipo de terminologĆ­a como jerga religiosa que falla en comunicar algo a la gente normal. Pero en realidad, lo que mĆ”s desprecia acerca de esas palabras es la subyacente doctrina de sustitución vicaria, la cual tampoco cree. EstĆ” convencido de que Dios perdonarĆ” sin demandar ningĆŗn pago por la culpabilidad.

AdemĆ”s, mientras no tiene claro que JesĆŗs sea ā€œperfectoā€, esta persona cree que la naturaleza humana es bĆ”sicamente buena. Cree que Dios acepta la adoración de todas las religiones. Cree que los actos benĆ©volos pueden reparar nuestros fallos morales. Cree que la ciencia ha refutado partes de la Biblia. Al mismo tiempo, sin embargo, cree que la biologĆ­a no determina el gĆ©nero de una persona; que es determinado solamente por cómo la persona se siente.

TambiĆ©n cree que estĆ” mal considerar que la orientación sexual de alguien sea pecaminosa. De hecho, aunque no estĆ” dispuesto a llamar ā€œpecadoā€ o ā€œmaloā€ a ningĆŗn acto personal inmoral, cree –con todo su corazón– que la gente de ascendencia europea ha heredado culpa colectiva porque sus ancestros esclavizaron u oprimieron a otros grupos Ć©tnicos. No considera a AdĆ”n como una persona histórica o al diluvio del GĆ©nesis como verdadero, asĆ­ que ve a la humanidad como un surtido de razas rivales. TambiĆ©n cree que cada raza es o bien privilegiada u oprimida, y el color de la piel es lo que determina la diferencia. ContinuarĆ” contĆ”ndote que muchos otros factores, incluyendo gĆ©nero, orientación sexual, discapacidad, peso corporal, y cosmovisión pueden marginalizar mĆ”s a un individuo ya oprimido (o al revĆ©s, amplificar el empoderamiento de una persona ya privilegiada). Cree que la justicia demanda nivelar toda diferencia socio-económica, y que el fin supremo de la religión es perseguir esa meta.

En otras palabras, cree totalmente en la TeorĆ­a de CrĆ­tica Racial e Interseccionalidad. Es, por tanto, activista progresista (ā€œwokeā€), culturalmente entendido, polĆ­ticamente liberal y, en su propia valoración, profundamente espiritual.

¿Cómo clasificarías una cosmovisión así?

LA EROSIƓN DEL EVANGƉLICO

Se llama a sĆ­ mismo ā€œevangĆ©licoā€. Y las voces lĆ­deres del actual movimiento evangĆ©lico estĆ”n contentos de darle la bienvenida a sus filas sin objeción alguna a su sistema de creencias, incluso a pesar de que cada una de sus fuertes opiniones sostenidas es una negación directa de uno de los mĆ”s vitales puntos de la convicción evangĆ©lica histórica.

El perfil que acabo de describir no es, de ninguna manera, inusual. Recientes estudios revelan que un amplio porcentaje de gente que se identifica a sĆ­ misma como ā€œevangĆ©licaā€ ni siquiera entiende los principios mĆ”s bĆ”sicos de la verdad del evangelio. En una reciente estadĆ­stica de autollamados evangĆ©licos, un 52% dijo que rechazaba el concepto de verdad absoluta; un 61% no lee la Biblia a diario; un 75% cree que la gente es esencialmente buena; un 48% cree que la salvación puede ganarse mediante buenas obras; un 44% cree que la Biblia no condena el aborto; un 43% cree que JesĆŗs pudo haber pecado; un 78% cree que JesĆŗs es el primer ser creado por Dios; un 46% cree que el EspĆ­ritu Santo es una fuerza en lugar de una Persona; un 40% cree que mentir es moralmente aceptable en determinadas circunstancias; un 34% acepta el matrimonio del mismo sexo como consistente con la enseƱanza bĆ­blica; un 26% rechaza la Escritura como Palabra de Dios; y un 50% dice que asistir a la iglesia no es necesario.

La mayoría de esas perspectivas son categóricamente incompatibles con la fe salvífica. En otras palabras, muchos que se identifican a sí mismos como evangélicos no son creyentes en absoluto.

No importa. Los medios los consideran evangƩlicos. Iglesias evangƩlicas les conceden la membresƭa. En algunos casos, publicaciones evangƩlicas promueven sus escritos, y las conferencias evangƩlicas los presentan como conferencistas principales.

En consecuencia, ā€œevangĆ©licoā€ ha venido a significar de todo y cualquier cosa. Y esto es por lo que, como es acostumbrado hoy en dĆ­a, la Palabra raramente es importante.

La raĆ­z de la expresión es el tĆ©rmino griego para ā€œevangelioā€ –euangelion. Esa palabra y otras relativas se usan unas 130 veces en el Nuevo Testamento, reflejando el compromiso apostólico a la centralidad del mensaje del evangelio y la importancia de comprenderlo y predicarlo correctamente. Los ā€œEvangĆ©licosā€ son la gente del evangelio. El tĆ©rmino estĆ” cargado con profundo significado bĆ­blico y teológico, y el pueblo de Dios no debe esperar pasivamente mientras Ć©ste es vaciado de todo su significado implĆ­cito. Tristemente, sin embargo, lo que la mayorĆ­a de la gente piensa hoy del ā€œevangelicalismoā€ sostiene poco parecido a la rica herencia del evangelicalismo histórico.

¿Cómo ha podido pasar esto? Sólo mediante un catastrófico fracaso de liderazgo.

Las instrucciones bĆ­blicas para lĆ­deres de iglesia no pueden ser mĆ”s claras: ā€œPredica la palabra … a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhortaā€ (2 Tim. 4:2). Esa es la tarea, incluso cuando gente con comezón de oĆ­r demanda ser afirmada, distraĆ­da, apaciguada, o entretenida en varias maneras. Pablo dice a Timoteo que predique la Palabra de Dios ā€œcon toda paciencia y doctrinaā€ –es decir, que Ć©l debĆ­a continuar fielmente enseƱando doctrina sana, bĆ­blica, incluso cuando la gente pareciera incapaz de soportarla porque sus oĆ­dos tuvieran ganas de algo diferente. El apóstol dice a otro pupilo, Tito, ā€œesto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecieā€ (Tito 2:15).

El estilo de liderazgo favorito en el movimiento evangélico de hoy es precisamente lo opuesto. La mayoría de predicadores se esfuerzan para no usar un tono de autoridad, y se esmeran por ser tan disimulados y poco definidos como sea posible cuando se refieren a la Escritura. Ellos anhelan la popularidad, y saben que a la audiencia posmoderna no le gustan las declaraciones rotundas de verdad, doctrina precisa, o convicciones decididas. La gente sin iglesia hoy no quiere oír, especialmente, a un predicador que seriamente sostiene la exclusividad de Cristo. Ellos quieren que su religión sea tan carente de ataduras como el aire libre, tan relajante como una canción de cuna, y tan variable como la incesante corriente de encuestas de opinión pública. También quieren que sea superflua, no desafiante, y de moda. Los líderes evangélicos estÔn voluntariamente obligados.

Demasiados de los que no estÔn cualificados para servir como diÔconos o ancianos en la iglesia por cualquier estÔndar bíblico, a pesar de ello, mantienen posiciones de liderazgo e influencia en el movimiento evangélico. Eso es evidente desde cada oleada tras oleada de escÔndalos morales que han sacudido al movimiento por los últimos cuarenta años. También se refleja en la llamativa superficialidad que es sello distintivo de la mayoría de la religión televisada. El testimonio de la verdadera iglesia estÔ siendo ahogado por las voces de gente aparentemente evangélica, que se predica a sí misma en lugar de a Cristo Jesús como Señor.

Mientras tanto, el evangelio estĆ” siendo desatendido y, en algunos casos, radicalmente modificado, incluso por hombres y movimientos que no hace tanto tiempo decĆ­an creer que el evangelio era la Ćŗnica base posible para la unidad cristiana. Estos son lĆ­deres que describen sus ministerios como ā€œcentrados en el evangelioā€. La palabra ā€œEvangelioā€ es integrada en los nombres de sus organizaciones. Pero ellos estĆ”n dejando a un lado la ofensa del evangelio en favor de un tema que es tendencia en el mundo secular: ā€œactivismo progresistaā€ (ā€œwokenessā€). De acuerdo a ellos, una de las amenazas mĆ”s serias de hoy para el bienestar espiritual de alguien es la injusticia sistĆ©mica –no solo en la sociedad secular, sino tambiĆ©n en la iglesia. Los remedios ofrecidos para este percibido mal consisten en saturar con palabras alborotadoras de moda y dogmas de lo polĆ­ticamente correcto– incluyendo doctrinas seculares con descaradas alusiones Neo-Marxistas.

No creo que sea exageración decir que el verdadero evangelio estÔ en peligro de ser arrollado con el aluvión de grandilocuencia de algunos de los mÔs conocidos pensadores e influyentes líderes en el movimiento evangélico.

Esta degradación no sucedió repentinamente. Por dĆ©cadas, lĆ­deres clave en el movimiento evangĆ©lico, obsesionados con ganar el aplauso y la aprobación del mundo, han mostrado una preocupante disposición a ajustar sus posturas polĆ­ticas y doctrinales a lo que fuera que prevaleciese en las opiniones del mundo acadĆ©mico, cultura popular, y (mĆ”s recientemente) en las redes sociales. El pragmatismo orientado a que el no cristiano se sienta aceptado (ā€œseeker sensitiveā€) ha dominado desde hace tiempo al movimiento evangĆ©lico y ha marginado la enseƱanza bĆ­blica en nombre de la relevancia cultural. Como resultado, el significado del tĆ©rmino ā€œevangĆ©licoā€ ha llegado a ser tan meticulosamente nublado que demanda una urgente necesidad de reclamación y redefinición.

La actual generación de evangélicos son los hijos malformados de tales influencias utilitarias. El movimiento estÔ lleno de predicadores que usan la Escritura solo para abusar de ella. Manipulan a la gente con fÔbulas, homilías sentimentales, lecciones de auto-ayuda, y visiones moralistas. Tales métodos han seducido a multitudes analfabetas doctrinal y bíblicamente para pensar que son cristianos. No hay peor marca de pecado para matar almas.

ĀæDEBERƍAMOS ABANDONAR EL TƉRMINO ā€œEVANGƉLICOā€?

Antes de que fuera a la gloria, R.C. Sproul y yo tuvimos varias conversaciones sobre cómo la acomodación y corrupción en la iglesia visible habĆ­an arruinado tĆ©rminos teológicos vitales a travĆ©s de nublar sus definiciones. Por ejemplo, la palabra ā€œfundamentalistaā€ una vez significó alguien que estaba comprometido con la defensa de las doctrinas cardinales del Cristianismo. Pero demasiados en el Movimiento Fundamentalista perdieron de vista las doctrinas esenciales y, en su lugar, llegaron a obsesionarse con preferencias insignificantes. Como resultado, el Movimiento Fundamentalista se corrompió por legalismo y nominalismo. Hoy, ā€œfundamentalistaā€ es un tĆ©rmino de burla.

Similarmente, el noble tĆ©rmino ā€œReformadoā€ ha sido elegido desde generaciones por incontables iglesias y denominaciones que trazan su linaje denominacional desde el comienzo del protestantismo, pero que hace tiempo han abandonado cualquier compromiso a los principios bĆ­blicos que impulsaron la Reforma. El hecho de que una iglesia tenga la palabra ā€œReformadaā€ en su nombre, no es garantĆ­a de que el mensaje que predica tendrĆ” algo en comĆŗn con aquello por lo que los Reformadores magisteriales estaban dispuestos a morir.

El tĆ©rmino ā€œevangĆ©licoā€ estĆ” sufriendo un destino similar. El movimiento que viste esa etiqueta ha llegado a ser tan teológicamente diverso que contradice su propio nombre. Hoy, el barrizal evangĆ©lico estĆ” repleto de charlatanes, herejes, socialistas, marxistas, y estafadores. No hay nada verdadera y bĆ­blicamente ā€œevangĆ©licoā€ en ello.

ĀæPero cual es la respuesta? ĀæDeberĆ­amos abandonar el tĆ©rmino evangĆ©lico en favor de un nombre mĆ”s preciso? Aquellos que desde hace tiempo han lamentado la degeneración del Movimiento EvangĆ©lico han tenido dificultades para proponer un mejor nombre. R.C. Sproul una vez sugirió el tĆ©rmino ā€œimputacionistasā€, en honor a uno de los artĆ­culos principales de la verdad del evangelio: que el pecado de todos los creyentes fue imputado a Cristo y su rectitud es imputada a ellos. Pero eso es probablemente un tĆ©rmino demasiado oscuro para reemplazar ā€œevangĆ©licoā€ –sin mencionar el hecho de que la gente que desconoce la terminologĆ­a doctrinal pudiera pensar que tiene algo que ver con ā€œamputaciónā€.

ĀæEntonces cuĆ”l es mi etiqueta preferida? ĀæCon quĆ© grupo me identifico? Yo deseo que pudiĆ©ramos simplemente reclamar la palabra ā€œcristianoā€. No sĆ© si puedes identificarte con Cristo mĆ”s cercanamente que usando ese tĆ©rmino. Los discĆ­pulos fueron llamados ā€œcristianosā€ por primera vez en AntioquĆ­a en Hechos 11. Se nos llama a regocijarnos de llevar el nombre ā€œcristianoā€ (1 Pe. 4:16). Pero esa palabra, igualmente, ha sido tan contaminada que apenas tiene un significado genĆ©rico. PodrĆ­a ser resuelto con ā€œcristiano bĆ­blicoā€, pero eso parece redundante.

Acepto completamente el compromiso clĆ”sico al evangelio del evangelicalismo, pero el movimiento que tambiĆ©n ha elegido el nombre ā€œevangĆ©licoā€ claramente no. Todo ataque a la Escritura –tanto abierto como encubierto, descarado o sutil– ha producido un tipo de tibieza ā€œevangĆ©licaā€ laodicea, evocando el lenguaje de Apocalipsis 3:15-22, donde nuestro SeƱor amenaza con vomitar esa iglesia de su boca.

No puedo apoyar la jerga popular o las causas favoritas con las que los evangĆ©licos de moda hoy estĆ”n tan embelesados: racismo sistĆ©mico, privilegio blanco, culpa blanca, teorĆ­a racial crĆ­tica, interseccionalidad, socialismo, neo-marxismo, reparaciones, atracción del mismo sexo, aborto, homosexualidad, trasgenerismo, y evolución. No tengo aprecio por la red de organizaciones evangĆ©licas populares (ā€œBig Evaā€), o la cultura de celebridad que honra la moda mĆ”s que la fidelidad, y estima a las grandes multitudes por encima de la enseƱanza bĆ­blica.

MI CONFESIƓN DE FE

¿Entonces cuÔl es mi confesión de fe?

Estoy obligado por la Escritura y la razón a declarar que JesĆŗs es SeƱor, en el sentido pleno del tĆ©rmino, y soy su esclavo, tambiĆ©n en el sentido pleno del tĆ©rmino. Le amo. Me arrodillo ante Ɖl como Dios el Hijo en toda la plenitud de su deidad y con fe en toda la plenitud de su obra. Mi esclavitud a Ć©l brota de un corazón de amor que me conduce a obedecer su Palabra con satisfacción. Esto es un reflejo perfecto de su mente infinita y santa naturaleza. ĀæQuĆ© Cristo amo? ĀæQuĆ© Cristo predico? Predicamos a Cristo, quien es el eterno Hijo, uno en naturaleza con el eterno Padre, y uno con el eterno EspĆ­ritu –el Dios trino. Ɖl es el Creador y Dador de vida, asĆ­ como quien sostiene el universo, y todo lo que vive en Ć©l. Ɖl es el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, nacido de una virgen –completamente divino y completamente humano. Ɖl es Aquel cuya vida en la tierra satisfizo perfectamente a Dios, y cuya rectitud es dada a todo los que por gracia a travĆ©s de la fe llegan a ser uno con Ɖl. Ɖl es el Ćŗnico sacrificio aceptable por el pecado que satisface a Dios, y cuya muerte bajo el juicio divino pagó completamente el castigo por los pecados de su pueblo, proveyendo para ellos perdón y vida eterna. Ɖl vive, habiendo sido resucitado de los muertos por el Padre, validando su obra de sustitución expiatoria, declarĆ”ndole justo pĆŗblicamente, y proveyendo resurrección para la santificación y glorificación de los elegidos, para llevarlos seguros a su presencia celestial. Ɖl estĆ” ante el trono del Padre intercediendo por todos los creyentes. Yo me acerco a su perfecta, pura, inspirada, inerrante, y verdadera Palabra con objetiva, racional, veraz, autoritaria, incompatible, Ć­ntegra, e incondicional fe.

Por tanto, cuando busco un tĆ©rmino para describir esta confesión de fe, me doy cuenta de que esto es históricamente lo que fue el significado del tĆ©rmino ā€œevangelicalismoā€. Esta es la fe que ha sido una vez dada a los santos mediante la inerrante Escritura –el verdadero evangelio de la soberana gracia de Dios derramada sobre pecadores a travĆ©s de la fe sólo en Cristo. Esto es doctrina evangĆ©lica. Aquellos que se han vuelto de estas verdades hacia sustitutos baratos de inmoralidad mundana, polĆ­ticas socialistas, o diseƱadores de doctrinas personalizadas que rehacen una versión de Dios a la imagen del hombre son los que han abandonado el evangelio. Como quiera que se llamen a sĆ­ mismos, ellos no son evangĆ©licos. Aquellos de nosotros que nos aferramos a la genuina doctrina evangĆ©lica –a los fundamentos de fe en el Ćŗnico evangelio que salva– debemos reclamar nuestro derecho sobre este fundamento doctrinal, y debemos resistir a aquellos que, mientras comprometen y corrompen el evangelio, reclamen el nombre ā€œevangĆ©licoā€.

El registro bĆ­blico e histórico revela que la apostasĆ­a es comĆŗn, pero el SeƱor siempre preserva su verdad a travĆ©s del testimonio de un remanente fiel. Mi deseo es ser parte solamente de ese remanente firme, ā€œestad firmes y constantes, creciendo en la obra del SeƱor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el SeƱor no es en vanoā€ (1 Co. 15:58).

WILL GRAHAM

Casado con Ɓgota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangĆ©lico, profesor y blogger en la cuidad espaƱola de AlmerĆ­a (ubicada en el extremo sureste de la penĆ­nsula).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital y Evangelical Focus y colabora con Unión BĆ­blica, Coalición por el Evangelio y Pasión por el Evangelio.

”Bienvenidos a su pÔgina oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

ĀæQuĆ© es el don espiritual de liderazgo?

Got Questions

¿Qué es el don espiritual de liderazgo?

La Biblia analiza las formas en que la Iglesia realiza labores, desarrolla la congregación local, atiende las necesidades de la comunidad, y ayuda a establecer una comunidad testigo. La Biblia describe estas formas como dones espirituales, de los cuales uno es el don de liderazgo. El don espiritual de liderazgo en la iglesia local aparece en dos pasajes, Romanos 12:8 y 1 Corintios 12:28. La palabra griega traducida para «regir» o «gobernar» en estos versículos, designa a uno que se establece sobre los demÔs o quien preside, gobierna o quien atiende un asunto con diligencia y cuidado. En 1 Tesalonicenses 5:12 la palabra es usada en relación a los ministros en general: » Os rogamos, hermanos, que reconozcÔis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor». Aquí la palabra se traduce «presidir».

Todas las cosas surgen y caen con el liderazgo. Entre mĆ”s hĆ”bil y eficaz sea el liderazgo, la organización va a funcionar mucho mejor y aumenta mucho mĆ”s el potencial de crecimiento. En Romanos 12:8, la palabra traducida para Ā«presideā€, indica cuidado y diligencia con referencia a la iglesia local. El que preside estĆ” para atender con constante dedicación su trabajo, que consiste en velar por el rebaƱo y estar dispuesto a sacrificar su comodidad personal para cuidar ovejas necesitadas.

Hay varias caracterĆ­sticas que identifican a aquellos con el don espiritual de liderazgo. En primer lugar, ellos reconocen que su posición es por el nombramiento del SeƱor y estĆ”n bajo la dirección de Ɖl. Entienden que nos son gobernantes absolutos, sino que ellos mismos estĆ”n sometidos a Aquel que estĆ” sobre todos, el SeƱor JesĆŗs, quien es la cabeza de la iglesia. Reconociendo su lugar en la jerarquĆ­a de la administración del cuerpo de Cristo, impide que el talentoso lĆ­der caiga en el orgullo o a una especie de derecho. El verdadero lĆ­der cristiano talentoso, reconoce que Ć©l no es sino un esclavo de Cristo y un siervo de aquellos que dirige. El apóstol Pablo reconoció esta posición, refiriĆ©ndose a sĆ­ mismo como un Ā«siervo de Cristo JesĆŗsĀ» (Romanos 1:1). Al igual que Pablo, el talentoso lĆ­der reconoce que Dios lo ha llamado a su cargo; Ć©l no se ha llamado a sĆ­ mismo (1 Corintios 1:1). Siguiendo el ejemplo de JesĆŗs, el talentoso lĆ­der tambiĆ©n vive para servir a aquellos a quienes Ć©l dirige, y no para ser servido o seƱorear sobre ellos (Mateo 20:25-28).

Santiago, el medio hermano del SeƱor JesĆŗs, tenĆ­a el don de liderazgo ya que dirigió la iglesia en JerusalĆ©n. Ɖl tambiĆ©n se refirió a sĆ­ mismo como Ā«un siervo de Dios y del SeƱor JesucristoĀ» (Santiago 1:1). Santiago mostró otra cualidad del liderazgo espiritual, la habilidad para influir a otros a pensar acertada, bĆ­blica, y piadosamente en todos los asuntos. En el concilio de JerusalĆ©n, Santiago trató con el controvertido asunto de cómo relacionarse con los gentiles que se acercaban por la fe a JesĆŗs el MesĆ­as. Ā«Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oĆ­dme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombreĀ» (Hechos 15:13-14). Con esa declaración de apertura, Santiago llevó a los delegados a pensar clara y bĆ­blicamente, permitiĆ©ndoles llegar a una correcta decisión sobre este asunto (Hechos 15:22-29).

Como pastores del pueblo de Dios, los líderes talentosos gobiernan con diligencia y poseen la habilidad de discernir verdaderas necesidades espirituales de las necesidades «sentidas». Ellos llevan a otros a la madurez en la fe. El líder cristiano lleva a otros a crecer en su capacidad de discernir por sí mismos aquello que viene de Dios, frente a lo que es cultural o temporal. Siguiendo el ejemplo de Pablo, las palabras del líder de la iglesia no son «sabias y convincentes» desde el punto de vista de la sabiduría humana, sino que estÔn llenas con el poder del Espíritu Santo, dirigiendo y animando a otros a descansar su fe en ese mismo poder (1 Corintios 2:4-6). El objetivo de un líder con el don, es proteger y guiar a aquellos que dirige «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13).

El don espiritual de liderazgo es dado por Dios a los hombres y mujeres, quienes a su vez ayudarĆ”n a que la iglesia crezca y florezca mĆ”s allĆ” de la generación actual. Dios no ha dado el don de liderazgo para que el hombre sea exaltado, sino para que Ɖl sea glorificado cuando los creyentes usan los dones que Dios da para hacer Su voluntad.

Tronos y gloria

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Tronos y gloria

PorĀ Greg Bailey

Nota del editor:Ā Este es el cuarto capĆ­tulo en la serie especial de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā La historia de la Iglesia | Siglo II

Los notables emperadores romanos del siglo II, Trajano, Adriano, Antonino PĆ­o y Marco Aurelio, siguieron las tradiciones de sus predecesores imperiales, incluso aquella crueldad inquebrantable hacia los cristianos.

No obstante, sin saberlo, fueron parte de una tradición que precedió al Imperio romano. Marcharon d entro de una línea real que incluía al faraón de Egipto (Ex 9:16), a Nabucodonosor de Babilonia (Dn 2:37), a Ciro de Persia (Is 45:1,13), y, de hecho, a todos los monarcas desde de los albores del tiempo. Todos se sentaron en tronos que les otorgó el Dios Todopoderoso, Aquel que, según Daniel, «quita reyes y pone reyes» (Dn 2: 21b).

En Romanos 9, Pablo nos dice que tal soberana SoberanĆ­a es poderosamente intencionada. Citando Éxodo 9:16, declara el derecho de Dios de salvar o pasar por alto a quien Ɖl quiera, para exaltar y humillar, para ordenar las vidas de Sus criaturas con el fin de lograr Sus propósitos. Ā Ā«Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para demostrar mi poder en ti, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierraĀ» (Rom 9:17).

Hasta donde sabemos, Dios nunca le dijo a Trajano, a Adriano, a Antonino o a Marco por qué los eligió para empuñar el cetro sobre el mayor imperio del mundo antiguo. Pero de lo que no puede haber ninguna duda es que, por ellos haber estado sentados en el trono mientras la Iglesia de Cristo florecía, el nombre de Dios fue proclamado. La crueldad de ellos hizo esto.

Las verdades de la Palabra de Dios no cambian.

Leamos las palabras de Ignacio de Antioquía, quien escribió a la iglesia de Roma mientras viajaba a la capital imperial para ser martirizado: «Fuego y cruz, manadas de fieras, quebrantamientos de huesos, descoyuntamiento de miembros, trituramiento del cuerpo, atroces torturas del diablo, ”vengan sobre mí con tal de alcanzar a Jesucristo!».

O consideremos el testimonio de Policarpo, quien tranquilamente informó a quienes lo preparaban para la muerte que no había necesidad de clavarlo en la hoguera. Y luego oró: «Oh Padre, te bendigo, porque me has tenido por digno para recibir mi porción y ser contado entre Tus mÔrtires».

Estos y muchos otros que encontraron la muerte bajo los llamados «emperadores buenos» del siglo II hicieron que el nombre de su Dios fuera exaltado. Como siempre, Dios usó a los que había puesto en los pinÔculos del poder para glorificarse a Sí mismo.

Nuestros hermanos del siglo II fueron Ā«levantadosĀ» providencialmente en un tiempo difĆ­cil. En comparación, nuestra carga es ligera. Sin embargo, las verdades de la Palabra de Dios no cambian. Los presidentes y primeros ministros ejercen el poder por el decreto de Dios. Y estamos aquĆ­ porque Ɖl quiso que asĆ­ fuera. Nuestro llamado no es diferente al de Ignacio, Policarpo y tantos otros santos del siglo II: vivir de tal manera que Dios sea exaltado. Que Su nombre sea proclamado en nuestro tiempo.

Publicado originalmente enĀ Tabletalk Magazine.
Greg Bailey
Greg Bailey

Greg Bailey es director editorial de la división de libros de Crossway en Wheaton, Illinois.

Predicarnos a nosotros mismos

Soldados de Jesucristo

Julio 22/2021

Solid Joys en EspaƱol

Predicarnos a nosotros mismos

John Piper

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La emboscada

Jueves 22 Julio

La palabra de Dios es viva y eficaz, y mÔs cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.Hebreos 4:12

La emboscada

Hace algunos aƱos, en la India, un cristiano fue atacado por una banda fuertemente armada que lo esperaba al borde del camino. Le robaron su dinero, su reloj y su anillo. Luego tomaron su automóvil, y antes de arrancar, uno de los bandidos tomó una Biblia que estaba en uno de los asientos, la mostró con desprecio y la blandió en seƱal de despedida. El cristiano le gritó: ā€œĀ”LĆ©ala a menudo!ā€.

Seis años mÔs tarde este cristiano, cuyo nombre y dirección estaban escritos en la primera pÔgina de su Biblia, recibió una carta totalmente inesperada:

ā€œLo amenacĆ© con un revólver y le robĆ© su dinero. Pero no pude olvidar la expresión de su rostro tan tranquilo y lleno de paz. Hoy quiero darle las gracias: Usted salvó la vida de mi mujer y la mĆ­a. La Biblia que encontrĆ© en su automóvil fue el medio de mi liberación. La leĆ­ y cambió mi vida. DejĆ© la banda de la cual formaba parte y volvĆ­ a mi provincia. Hace poco supe que tres de mis antiguos compaƱeros fueron matados mientras atacaban otro vehĆ­culo en el mismo lugar donde lo atacamos a usted. Sin este mensaje vivo de la Biblia, yo hubiese corrido la misma suerte y estarĆ­a perdido por la eternidadā€.

ā€œĀæNo es mi palabra como fuego, dice el SeƱor, y como martillo que quebranta la piedra?ā€ (JeremĆ­as 23:29).

ā€œTĆŗ guardarĆ”s en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiadoā€ (IsaĆ­as 26:3).

1 Crónicas 4 ā€“ Lucas 8:26-56 ā€“ Salmo 86:14-17 ā€“ Proverbios 19:28-29Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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