Palabra de Vida AlmerĆa
Will Graham
John MacArthur: ¿Es el movimiento evangélico realmente evangélico?
ĀæQuĆ© etiqueta denominacional describirĆa mejor las creencias religiosas de la siguiente persona?
Dice ser un cristiano comprometido, nacido de nuevo, pero no estĆ” seguro de que JesĆŗs sea verdaderamente Dios encarnado. No estĆ” convencido de que Dios tenga conocimiento infalible del futuro (y mucho menos control soberano sobre Ć©l). No cree que la Biblia es verdad sin ninguna mezcla de error. No cree lo que la Biblia dice sobre cómo fue creado el universo. No cree que la gente deba reconocer a Cristo como SeƱor y Salvador āo incluso saber algo sobre Ćlā para tener el favor de Dios. No cree que SatanĆ”s es literalmente real. No cree que Dios estĆ” lleno de ira contra el pecado. Y, por supuesto, no cree en el castigo eterno. De hecho, no se preocupa particularmente por palabras como āpecado, sustitución, arrepentimiento, expiación, o propiciaciónā. Desestima ese tipo de terminologĆa como jerga religiosa que falla en comunicar algo a la gente normal. Pero en realidad, lo que mĆ”s desprecia acerca de esas palabras es la subyacente doctrina de sustitución vicaria, la cual tampoco cree. EstĆ” convencido de que Dios perdonarĆ” sin demandar ningĆŗn pago por la culpabilidad.
AdemĆ”s, mientras no tiene claro que JesĆŗs sea āperfectoā, esta persona cree que la naturaleza humana es bĆ”sicamente buena. Cree que Dios acepta la adoración de todas las religiones. Cree que los actos benĆ©volos pueden reparar nuestros fallos morales. Cree que la ciencia ha refutado partes de la Biblia. Al mismo tiempo, sin embargo, cree que la biologĆa no determina el gĆ©nero de una persona; que es determinado solamente por cómo la persona se siente.
TambiĆ©n cree que estĆ” mal considerar que la orientación sexual de alguien sea pecaminosa. De hecho, aunque no estĆ” dispuesto a llamar āpecadoā o āmaloā a ningĆŗn acto personal inmoral, cree ācon todo su corazónā que la gente de ascendencia europea ha heredado culpa colectiva porque sus ancestros esclavizaron u oprimieron a otros grupos Ć©tnicos. No considera a AdĆ”n como una persona histórica o al diluvio del GĆ©nesis como verdadero, asĆ que ve a la humanidad como un surtido de razas rivales. TambiĆ©n cree que cada raza es o bien privilegiada u oprimida, y el color de la piel es lo que determina la diferencia. ContinuarĆ” contĆ”ndote que muchos otros factores, incluyendo gĆ©nero, orientación sexual, discapacidad, peso corporal, y cosmovisión pueden marginalizar mĆ”s a un individuo ya oprimido (o al revĆ©s, amplificar el empoderamiento de una persona ya privilegiada). Cree que la justicia demanda nivelar toda diferencia socio-económica, y que el fin supremo de la religión es perseguir esa meta.
En otras palabras, cree totalmente en la TeorĆa de CrĆtica Racial e Interseccionalidad. Es, por tanto, activista progresista (āwokeā), culturalmente entendido, polĆticamente liberal y, en su propia valoración, profundamente espiritual.
ĀæCómo clasificarĆas una cosmovisión asĆ?
LA EROSIĆN DEL EVANGĆLICO
Se llama a sĆ mismo āevangĆ©licoā. Y las voces lĆderes del actual movimiento evangĆ©lico estĆ”n contentos de darle la bienvenida a sus filas sin objeción alguna a su sistema de creencias, incluso a pesar de que cada una de sus fuertes opiniones sostenidas es una negación directa de uno de los mĆ”s vitales puntos de la convicción evangĆ©lica histórica.
El perfil que acabo de describir no es, de ninguna manera, inusual. Recientes estudios revelan que un amplio porcentaje de gente que se identifica a sĆ misma como āevangĆ©licaā ni siquiera entiende los principios mĆ”s bĆ”sicos de la verdad del evangelio. En una reciente estadĆstica de autollamados evangĆ©licos, un 52% dijo que rechazaba el concepto de verdad absoluta; un 61% no lee la Biblia a diario; un 75% cree que la gente es esencialmente buena; un 48% cree que la salvación puede ganarse mediante buenas obras; un 44% cree que la Biblia no condena el aborto; un 43% cree que JesĆŗs pudo haber pecado; un 78% cree que JesĆŗs es el primer ser creado por Dios; un 46% cree que el EspĆritu Santo es una fuerza en lugar de una Persona; un 40% cree que mentir es moralmente aceptable en determinadas circunstancias; un 34% acepta el matrimonio del mismo sexo como consistente con la enseƱanza bĆblica; un 26% rechaza la Escritura como Palabra de Dios; y un 50% dice que asistir a la iglesia no es necesario.
La mayorĆa de esas perspectivas son categóricamente incompatibles con la fe salvĆfica. En otras palabras, muchos que se identifican a sĆ mismos como evangĆ©licos no son creyentes en absoluto.
No importa. Los medios los consideran evangĆ©licos. Iglesias evangĆ©licas les conceden la membresĆa. En algunos casos, publicaciones evangĆ©licas promueven sus escritos, y las conferencias evangĆ©licas los presentan como conferencistas principales.
En consecuencia, āevangĆ©licoā ha venido a significar de todo y cualquier cosa. Y esto es por lo que, como es acostumbrado hoy en dĆa, la Palabra raramente es importante.
La raĆz de la expresión es el tĆ©rmino griego para āevangelioā āeuangelion. Esa palabra y otras relativas se usan unas 130 veces en el Nuevo Testamento, reflejando el compromiso apostólico a la centralidad del mensaje del evangelio y la importancia de comprenderlo y predicarlo correctamente. Los āEvangĆ©licosā son la gente del evangelio. El tĆ©rmino estĆ” cargado con profundo significado bĆblico y teológico, y el pueblo de Dios no debe esperar pasivamente mientras Ć©ste es vaciado de todo su significado implĆcito. Tristemente, sin embargo, lo que la mayorĆa de la gente piensa hoy del āevangelicalismoā sostiene poco parecido a la rica herencia del evangelicalismo histórico.
¿Cómo ha podido pasar esto? Sólo mediante un catastrófico fracaso de liderazgo.
Las instrucciones bĆblicas para lĆderes de iglesia no pueden ser mĆ”s claras: āPredica la palabra ⦠a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhortaā (2 Tim. 4:2). Esa es la tarea, incluso cuando gente con comezón de oĆr demanda ser afirmada, distraĆda, apaciguada, o entretenida en varias maneras. Pablo dice a Timoteo que predique la Palabra de Dios ācon toda paciencia y doctrinaā āes decir, que Ć©l debĆa continuar fielmente enseƱando doctrina sana, bĆblica, incluso cuando la gente pareciera incapaz de soportarla porque sus oĆdos tuvieran ganas de algo diferente. El apóstol dice a otro pupilo, Tito, āesto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecieā (Tito 2:15).
El estilo de liderazgo favorito en el movimiento evangĆ©lico de hoy es precisamente lo opuesto. La mayorĆa de predicadores se esfuerzan para no usar un tono de autoridad, y se esmeran por ser tan disimulados y poco definidos como sea posible cuando se refieren a la Escritura. Ellos anhelan la popularidad, y saben que a la audiencia posmoderna no le gustan las declaraciones rotundas de verdad, doctrina precisa, o convicciones decididas. La gente sin iglesia hoy no quiere oĆr, especialmente, a un predicador que seriamente sostiene la exclusividad de Cristo. Ellos quieren que su religión sea tan carente de ataduras como el aire libre, tan relajante como una canción de cuna, y tan variable como la incesante corriente de encuestas de opinión pĆŗblica. TambiĆ©n quieren que sea superflua, no desafiante, y de moda. Los lĆderes evangĆ©licos estĆ”n voluntariamente obligados.
Demasiados de los que no estĆ”n cualificados para servir como diĆ”conos o ancianos en la iglesia por cualquier estĆ”ndar bĆblico, a pesar de ello, mantienen posiciones de liderazgo e influencia en el movimiento evangĆ©lico. Eso es evidente desde cada oleada tras oleada de escĆ”ndalos morales que han sacudido al movimiento por los Ćŗltimos cuarenta aƱos. TambiĆ©n se refleja en la llamativa superficialidad que es sello distintivo de la mayorĆa de la religión televisada. El testimonio de la verdadera iglesia estĆ” siendo ahogado por las voces de gente aparentemente evangĆ©lica, que se predica a sĆ misma en lugar de a Cristo JesĆŗs como SeƱor.
Mientras tanto, el evangelio estĆ” siendo desatendido y, en algunos casos, radicalmente modificado, incluso por hombres y movimientos que no hace tanto tiempo decĆan creer que el evangelio era la Ćŗnica base posible para la unidad cristiana. Estos son lĆderes que describen sus ministerios como ācentrados en el evangelioā. La palabra āEvangelioā es integrada en los nombres de sus organizaciones. Pero ellos estĆ”n dejando a un lado la ofensa del evangelio en favor de un tema que es tendencia en el mundo secular: āactivismo progresistaā (āwokenessā). De acuerdo a ellos, una de las amenazas mĆ”s serias de hoy para el bienestar espiritual de alguien es la injusticia sistĆ©mica āno solo en la sociedad secular, sino tambiĆ©n en la iglesia. Los remedios ofrecidos para este percibido mal consisten en saturar con palabras alborotadoras de moda y dogmas de lo polĆticamente correctoā incluyendo doctrinas seculares con descaradas alusiones Neo-Marxistas.
No creo que sea exageración decir que el verdadero evangelio estĆ” en peligro de ser arrollado con el aluvión de grandilocuencia de algunos de los mĆ”s conocidos pensadores e influyentes lĆderes en el movimiento evangĆ©lico.
Esta degradación no sucedió repentinamente. Por dĆ©cadas, lĆderes clave en el movimiento evangĆ©lico, obsesionados con ganar el aplauso y la aprobación del mundo, han mostrado una preocupante disposición a ajustar sus posturas polĆticas y doctrinales a lo que fuera que prevaleciese en las opiniones del mundo acadĆ©mico, cultura popular, y (mĆ”s recientemente) en las redes sociales. El pragmatismo orientado a que el no cristiano se sienta aceptado (āseeker sensitiveā) ha dominado desde hace tiempo al movimiento evangĆ©lico y ha marginado la enseƱanza bĆblica en nombre de la relevancia cultural. Como resultado, el significado del tĆ©rmino āevangĆ©licoā ha llegado a ser tan meticulosamente nublado que demanda una urgente necesidad de reclamación y redefinición.
La actual generación de evangĆ©licos son los hijos malformados de tales influencias utilitarias. El movimiento estĆ” lleno de predicadores que usan la Escritura solo para abusar de ella. Manipulan a la gente con fĆ”bulas, homilĆas sentimentales, lecciones de auto-ayuda, y visiones moralistas. Tales mĆ©todos han seducido a multitudes analfabetas doctrinal y bĆblicamente para pensar que son cristianos. No hay peor marca de pecado para matar almas.
ĀæDEBERĆAMOS ABANDONAR EL TĆRMINO āEVANGĆLICOā?
Antes de que fuera a la gloria, R.C. Sproul y yo tuvimos varias conversaciones sobre cómo la acomodación y corrupción en la iglesia visible habĆan arruinado tĆ©rminos teológicos vitales a travĆ©s de nublar sus definiciones. Por ejemplo, la palabra āfundamentalistaā una vez significó alguien que estaba comprometido con la defensa de las doctrinas cardinales del Cristianismo. Pero demasiados en el Movimiento Fundamentalista perdieron de vista las doctrinas esenciales y, en su lugar, llegaron a obsesionarse con preferencias insignificantes. Como resultado, el Movimiento Fundamentalista se corrompió por legalismo y nominalismo. Hoy, āfundamentalistaā es un tĆ©rmino de burla.
Similarmente, el noble tĆ©rmino āReformadoā ha sido elegido desde generaciones por incontables iglesias y denominaciones que trazan su linaje denominacional desde el comienzo del protestantismo, pero que hace tiempo han abandonado cualquier compromiso a los principios bĆblicos que impulsaron la Reforma. El hecho de que una iglesia tenga la palabra āReformadaā en su nombre, no es garantĆa de que el mensaje que predica tendrĆ” algo en comĆŗn con aquello por lo que los Reformadores magisteriales estaban dispuestos a morir.
El tĆ©rmino āevangĆ©licoā estĆ” sufriendo un destino similar. El movimiento que viste esa etiqueta ha llegado a ser tan teológicamente diverso que contradice su propio nombre. Hoy, el barrizal evangĆ©lico estĆ” repleto de charlatanes, herejes, socialistas, marxistas, y estafadores. No hay nada verdadera y bĆblicamente āevangĆ©licoā en ello.
ĀæPero cual es la respuesta? ĀæDeberĆamos abandonar el tĆ©rmino evangĆ©lico en favor de un nombre mĆ”s preciso? Aquellos que desde hace tiempo han lamentado la degeneración del Movimiento EvangĆ©lico han tenido dificultades para proponer un mejor nombre. R.C. Sproul una vez sugirió el tĆ©rmino āimputacionistasā, en honor a uno de los artĆculos principales de la verdad del evangelio: que el pecado de todos los creyentes fue imputado a Cristo y su rectitud es imputada a ellos. Pero eso es probablemente un tĆ©rmino demasiado oscuro para reemplazar āevangĆ©licoā āsin mencionar el hecho de que la gente que desconoce la terminologĆa doctrinal pudiera pensar que tiene algo que ver con āamputaciónā.
ĀæEntonces cuĆ”l es mi etiqueta preferida? ĀæCon quĆ© grupo me identifico? Yo deseo que pudiĆ©ramos simplemente reclamar la palabra ācristianoā. No sĆ© si puedes identificarte con Cristo mĆ”s cercanamente que usando ese tĆ©rmino. Los discĆpulos fueron llamados ācristianosā por primera vez en AntioquĆa en Hechos 11. Se nos llama a regocijarnos de llevar el nombre ācristianoā (1 Pe. 4:16). Pero esa palabra, igualmente, ha sido tan contaminada que apenas tiene un significado genĆ©rico. PodrĆa ser resuelto con ācristiano bĆblicoā, pero eso parece redundante.
Acepto completamente el compromiso clĆ”sico al evangelio del evangelicalismo, pero el movimiento que tambiĆ©n ha elegido el nombre āevangĆ©licoā claramente no. Todo ataque a la Escritura ātanto abierto como encubierto, descarado o sutilā ha producido un tipo de tibieza āevangĆ©licaā laodicea, evocando el lenguaje de Apocalipsis 3:15-22, donde nuestro SeƱor amenaza con vomitar esa iglesia de su boca.
No puedo apoyar la jerga popular o las causas favoritas con las que los evangĆ©licos de moda hoy estĆ”n tan embelesados: racismo sistĆ©mico, privilegio blanco, culpa blanca, teorĆa racial crĆtica, interseccionalidad, socialismo, neo-marxismo, reparaciones, atracción del mismo sexo, aborto, homosexualidad, trasgenerismo, y evolución. No tengo aprecio por la red de organizaciones evangĆ©licas populares (āBig Evaā), o la cultura de celebridad que honra la moda mĆ”s que la fidelidad, y estima a las grandes multitudes por encima de la enseƱanza bĆblica.
MI CONFESIĆN DE FE
¿Entonces cuÔl es mi confesión de fe?
Estoy obligado por la Escritura y la razón a declarar que JesĆŗs es SeƱor, en el sentido pleno del tĆ©rmino, y soy su esclavo, tambiĆ©n en el sentido pleno del tĆ©rmino. Le amo. Me arrodillo ante Ćl como Dios el Hijo en toda la plenitud de su deidad y con fe en toda la plenitud de su obra. Mi esclavitud a Ć©l brota de un corazón de amor que me conduce a obedecer su Palabra con satisfacción. Esto es un reflejo perfecto de su mente infinita y santa naturaleza. ĀæQuĆ© Cristo amo? ĀæQuĆ© Cristo predico? Predicamos a Cristo, quien es el eterno Hijo, uno en naturaleza con el eterno Padre, y uno con el eterno EspĆritu āel Dios trino. Ćl es el Creador y Dador de vida, asĆ como quien sostiene el universo, y todo lo que vive en Ć©l. Ćl es el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, nacido de una virgen ācompletamente divino y completamente humano. Ćl es Aquel cuya vida en la tierra satisfizo perfectamente a Dios, y cuya rectitud es dada a todo los que por gracia a travĆ©s de la fe llegan a ser uno con Ćl. Ćl es el Ćŗnico sacrificio aceptable por el pecado que satisface a Dios, y cuya muerte bajo el juicio divino pagó completamente el castigo por los pecados de su pueblo, proveyendo para ellos perdón y vida eterna. Ćl vive, habiendo sido resucitado de los muertos por el Padre, validando su obra de sustitución expiatoria, declarĆ”ndole justo pĆŗblicamente, y proveyendo resurrección para la santificación y glorificación de los elegidos, para llevarlos seguros a su presencia celestial. Ćl estĆ” ante el trono del Padre intercediendo por todos los creyentes. Yo me acerco a su perfecta, pura, inspirada, inerrante, y verdadera Palabra con objetiva, racional, veraz, autoritaria, incompatible, Ćntegra, e incondicional fe.
Por tanto, cuando busco un tĆ©rmino para describir esta confesión de fe, me doy cuenta de que esto es históricamente lo que fue el significado del tĆ©rmino āevangelicalismoā. Esta es la fe que ha sido una vez dada a los santos mediante la inerrante Escritura āel verdadero evangelio de la soberana gracia de Dios derramada sobre pecadores a travĆ©s de la fe sólo en Cristo. Esto es doctrina evangĆ©lica. Aquellos que se han vuelto de estas verdades hacia sustitutos baratos de inmoralidad mundana, polĆticas socialistas, o diseƱadores de doctrinas personalizadas que rehacen una versión de Dios a la imagen del hombre son los que han abandonado el evangelio. Como quiera que se llamen a sĆ mismos, ellos no son evangĆ©licos. Aquellos de nosotros que nos aferramos a la genuina doctrina evangĆ©lica āa los fundamentos de fe en el Ćŗnico evangelio que salvaā debemos reclamar nuestro derecho sobre este fundamento doctrinal, y debemos resistir a aquellos que, mientras comprometen y corrompen el evangelio, reclamen el nombre āevangĆ©licoā.
El registro bĆblico e histórico revela que la apostasĆa es comĆŗn, pero el SeƱor siempre preserva su verdad a travĆ©s del testimonio de un remanente fiel. Mi deseo es ser parte solamente de ese remanente firme, āestad firmes y constantes, creciendo en la obra del SeƱor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el SeƱor no es en vanoā (1 Co. 15:58).
WILL GRAHAM
Casado con Ćgota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangĆ©lico, profesor y blogger en la cuidad espaƱola de AlmerĆa (ubicada en el extremo sureste de la penĆnsula).
Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital y Evangelical Focus y colabora con Unión BĆblica, Coalición por el Evangelio y Pasión por el Evangelio.
”Bienvenidos a su pÔgina oficial!
https://pastorwillgraham.com/
Soli Deo gloria.