35 – ¿Eres Sal o Azúcar?

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

35 – ¿Eres Sal o Azúcar?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

Coalición por el Evangelio

5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

RANDY ALCORN

Hace un tiempo compartí con personas a quienes les he dado consejería algunas cosas que he escrito sobre cómo Dios usa el estrés en nuestras vidas. Fue oportuno para mí en ese momento y ahora, porque estoy en un momento de estrés, ¡y de hecho Dios lo está usando para mi bien!

1) Dios usa el estrés para llamar nuestra atención. Dios creó nuestros cuerpos. Los diseñó para enviarnos mensajes. Si meto la mano en el fuego, mi cuerpo me enviará un mensaje, rápido y claro. Si lo ignoro, llevaré las consecuencias.

C. S. Lewis dijo que “el dolor es el megáfono de Dios”. Algunos de nosotros tenemos problemas de oído. Ignoramos las señales de advertencia físicas, mentales, y espirituales. Somos como la mula terca que el granjero tiene que golpear en la cabeza para llamarle la atención. Dios quiere que nuestros oídos estén en sintonía con los mensajes que nos envía a través de nuestras mentes y cuerpos.

2) Dios usa el estrés para ayudarnos a redefinir o redescubrir nuestras prioridades. Cuando abandonamos nuestras prioridades dadas por Dios, nos estamos preparando para aprender una dura lección. En esencia, hacemos lo que hicieron los israelitas: vivían en casas de lujo mientras que la casa de Dios estaba en ruinas (Hag. 1:4). En respuesta, Dios envió como mensajeros la falta de cumplimiento, la desilusión, y el fracaso. Les retuvo su bendición hasta que el pueblo redescubrió sus prioridades:

“Ahora pues, así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Siembran mucho, pero recogen poco; comen, pero no hay suficiente para que se sacien; beben, pero no hay suficiente para que se embriaguen; se visten, pero nadie se calienta; y el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota’. Así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Suban al monte, traigan madera y reedifiquen el templo, para que me agrade de él y Yo sea glorificado’, dice el SEÑOR. ‘Esperan mucho, pero hay poco; y lo que traen a casa, Yo lo aviento. ¿Por qué?”, declara el SEÑOR de los ejércitos. “Por causa de Mi casa que está desolada, mientras cada uno de ustedes corre a su casa. Por tanto, por causa de ustedes, los cielos han retenido su rocío y la tierra ha retenido su fruto. Llamé a la sequía sobre la tierra, sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino nuevo, sobre el aceite, sobre lo que produce la tierra, sobre los hombres, sobre el ganado y sobre todo el trabajo de sus manos’”, Hageo 1:5-11.

El pueblo de Dios es dos veces amonestado: “¡Consideren bien sus caminos!”. El estrés debería llevarnos de vuelta a lo básico. Es una oportunidad para reevaluar nuestras prioridades y alinearlas con las de Dios.

3) Dios usa el estrés para atraernos a Sí mismo. Una y otra vez se decía del pueblo de Israel: “Pero en su angustia se volvieron al SEÑOR, Dios de Israel, y Lo buscaron, y Él se dejó encontrar por ellos” (2 Cr. 15:4). Fue en la hora más oscura de Jonás, en sus circunstancias más estresantes, que dijo: “En mi angustia clamé al Señor, y Él me respondió” (Jon. 2:2). Los Salmos están llenos de referencias de volverse a Dios, buscarlo, y encontrarlo en momentos de intenso estrés.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor. 

“En mi angustia invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; desde Su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos”, Salmo 18:6.

“En la angustia llamaste, y Yo te rescaté; te respondí en el escondite del trueno; en las aguas de Meriba te probé”, Salmo 81:7.

“En mi angustia clamé al SEÑOR, y Él me respondió”, Salmo 120:1.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor y seguimos nuestros propios caminos de independencia espiritual y aislamiento. Engreídos y satisfechos de nosotros mismos, nos olvidamos de qué se trata realmente la vida. Pero así como los sedientos buscan agua, aquellos bajo estrés a menudo buscan a Dios. Muchos no creyentes han venido a Cristo y muchos creyentes han regresado a Él en momentos de estrés.

4) Dios usa el estrés para disciplinarnos. Citando las palabras de Salomón a su hijo, el escritor de Hebreos ofrece una palabra de aliento:

“’Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’. Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?”, Hebreos 12:5-7.

La palabra hijo, por supuesto, es un término general para un niño, y se aplica igualmente a las hijas. Para algunos de nosotros, esto no suena alentador. Pero no nos damos cuenta de lo esencial que es la disciplina. Las Escrituras dicen que retener la disciplina de un niño es, en esencia, abuso infantil: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24).

La disciplina es correctiva. Es correctiva, no vengativa. Dios envía tensiones no para vengarse de nosotros por hacer algo malo, sino para profundizar nuestra dependencia de Él y para que hagamos lo correcto. Aunque la experiencia del estrés puede parecerte insoportable, en última instancia es para bien:

“Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia”, Hebreos 12:11.

5) Dios usa el estrés para fortalecer nuestra fe1 Pedro 1:7 dice: “para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo”.

El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer. 

Los músculos crecen de una forma: a través del estrés. Un músculo que rara vez se ejercita, se atrofia y se hace inútil. Un músculo que rara vez se estira se quedará igual. No puede crecer. Para crecer, un músculo debe pasar por dolor. Se le debe imponer una prueba inusual. El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer.

¿Alguna vez has visto hierba que crece en el asfalto? Es asombroso, si lo piensas. ¿Cómo crece la hierba, prensada y sin luz? Sin embargo, sucede. De alguna manera, Dios hizo que esas pequeñas briznas de hierba crezcan ante un desafío grande. Nanci y yo hemos visto a muchas personas persistir contra viento y marea.

En medio del estrés, a medida que recurrimos a Cristo, Él nos da fe y fuerza para romper y salir sobre la capa de asfalto. Esa superficie dura deja enterrados por siempre a algunos, pero para otros es el punto definitivo, el cual les permite abrirse paso y prosperar, por la gracia de Dios.

Publicado originalmente en EMP. Traducido por Equipo Coalición.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos

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Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

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Por Douglas Wilson

Nota del editor: Este es el quinto y último capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

El siglo II después de la muerte y resurrección de nuestro Señor (d. C.) no fue, a pesar de algunos reclamos modernos que afirman lo contrario, el segundo siglo de la era común (e. c.). En el transcurso del siglo II, el antiguo sistema de fechado aún no había sido cambiado, pero sí fueron alteradas todas las realidades. La levadura del reino estaba en el pan del mundo y ya nada podía detener lo que iba a suceder. Veinte siglos después, esas mismas realidades paganas permanecen deshechas para siempre, por más que nuestros modernos e iluminados académicos jueguen con el sistema de fechas en sus artículos de revistas, haciendo guiños como acostumbran.

En el siglo II, la Iglesia cristiana aún no había derrocado el sistema pagano existente, sin embargo, la confianza de estos cristianos era asombrosa. Ellos sabían que algo había sucedido en el siglo anterior que había alterado la historia humana. No había sido mucho tiempo atrás; todavía era algo vívido para ellos. Incluso a mediados del siglo, año 150 d. C., había hombres y mujeres que aún recordaban la forma en que el apóstol Juan solía enseñarles. Recordaban las historias que les contaba sobre la manera en que el Señor Jesús vivió y cómo enseñó. Pero por encima de todo, recordaban el testimonio de Juan sobre cómo una mañana corrió hacia una tumba vacía. La ropa de sepultura estaba allí, pero nada más. Luego, Juan salió afuera con Pedro a un mundo nuevo. Tomó algún tiempo para que ese mundo se diera cuenta, pero ya nada volvería a ser lo mismo.

Para el siguiente siglo, la novedad de la nueva creación aún no se había borrado de la mente de los cristianos. Para poner esto en perspectiva, a inicios del siglo II, la resurrección del Señor tenía la misma relación histórica para ellos (en términos del tiempo transcurrido) que la que tiene el asesinato de John F. Kennedy para los estadounidenses. El recuerdo de Poncio Pilato como gobernador regional todavía estaba vivo en la memoria de la gente; no era un nombre histórico aislado perdido en los libros de una biblioteca.

Pero la razón por la que hemos perdido esta perspectiva no es el mero resultado del paso del tiempo. Nuestro problema se debe a que nos hemos adaptado a los prejuicios de la Ilustración, que son simplemente una forma revivida de gnosticismo, el gran enemigo de la Iglesia en el siglo II. En otras palabras, los antiguos cristianos defendían ferozmente ciertas realidades históricas contra aquellos que querían una religión de proposiciones, verdades y principios religiosos eternos. La fe cristiana enseñó que la Verdad última tenía un rostro y dos manos, y trabajaba en un taller de carpintería. Si los teléfonos se hubieran inventado en aquel entonces, Su nombre habría estado en la guía telefónica bajo la «H» de «Hijo de David».

El gnosticismo sostenía que había una fuerte división entre lo espiritual y lo material, y que lo espiritual era puro y etéreo, mientras que lo material era corrupto y burdo. Sin embargo, si el mundo material era tan malo, ¿cómo era posible que alguien aquí abajo, como los gnósticos, tuviera una idea precisa de lo que estaba pasando? La respuesta gnóstica fue que unos pocos privilegiados tenían una chispa divina dentro de ellos, una gnosis secreta, un conocimiento, que los guiaba.

Ahora, una de las razones por la que gran parte del mundo cristiano de hoy está espiritualmente moribundo es porque hemos dejado de luchar contra las formas de Ilustración contemporáneas del gnosticismo. El reino espiritual puro está formado por proposiciones abstractas en nuestras declaraciones de fe y sabemos que estas son verdaderas debido a esa gnosis en nuestros corazones a la que ahora nos deleitamos en llamarle una relación personal con Jesús.

Al decir esto, es importante explicar de inmediato lo que no quiero decir. No me refiero a alguna forma de incredulidad en las proposiciones confesionales correctamente entendidas. Más bien me opongo a esa incredulidad en las proposiciones, esa que se logra mediante una artimaña mental muy sutil. Jesús dijo que los líderes judíos escudriñaban las Escrituras porque pensaban que en ellas tenían la vida. Pero esas Escrituras, dijo Jesús, daban testimonio de Él.

La verdad proposicional, ya sea que se encuentre en el libro de Romanos o en La confesión de fe de Westminster, debe entenderse como una ventana a través de la cual miramos. Todo enunciado verdadero, correctamente manejado, es una ventana a través de la cual un hombre puede ver. Pero todo enunciado verdadero también puede convertirse en un mural, en el que un hombre muy «conservador» puede mirar ciegamente. Y si alguien le señala que los objetos en ese mural están vivos, hasta lo acusa en un tribunal.

Y claro que existe tal cosa como una verdadera relación con Jesucristo, Él es el Esposo y nosotros somos Su novia pactual. Dios será nuestro Dios y nosotros seremos Su pueblo. Y esta relación es mucho más gloriosa que una chispa gnóstica escondida en el rincón del corazón de un hombre.

Los cristianos del siglo II sabían por fe que todas estas cosas habían sucedido apenas ayer. Nuestro deber es creer de la misma manera, porque Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Douglas Wilson
Douglas Wilson

Douglas Wilson es pastor de Christ Church en Moscow, Idaho, y escritor de numerosos libros.

Cómo resistir a los deseos pecaminosos

Soldados de Jesucristo

Julio 23/2021

Solid Joys en Español

Cómo resistir a los deseos pecaminosos

John Piper

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Un solo Salvador

Viernes 23 Julio

Se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu.1 Samuel 22:2

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.Juan 14:27

Un solo Salvador

El servicio de urgencia llegó rápidamente; todas las sirenas sonaban… Los rescatistas se precipitaron… Luego, en el hospital, se activaron otras medidas para evitar que su intento de suicidio tuviera éxito…

Pero el equipo de emergencia no podía hacer todo por esta mujer a quien se le brindaban tantos cuidados. Devolviéndola a la vida, también le devolvían la misma desesperación que la había llevado a este extremo. La salvación del cuerpo no significa la salvación del alma. Esta mujer tenía muchos socorristas, pero todavía necesitaba un Salvador.

¿Quién puede cambiar la existencia de esta persona, perdonar su pasado, darle nuevas razones para vivir, seguridad para el futuro, en otras palabras, devolverle la esperanza?

Jesús vino al mundo para esto. Le llevaron endemoniados y expulsó a los espíritus con una palabra, sanó a los enfermos, de modo que se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: “Él mismo tomó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Mateo 8:17Isaías 53:4).

¿Está desesperado, amargado, herido por la vida? Entonces esta invitación de Jesús es para usted: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Jesús obtuvo esta paz para el alma al precio de sus sufrimientos y de su muerte en la cruz. Hoy quiere transmitirla a todos los que confían y creen en él. Jesús es nuestra esperanza (1 Timoteo 1:1).

1 Crónicas 5 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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