2 – Sois la luz del mundo

Iglesia EvangƩlica de la Gracia

Serie: El sermón del monte

2 – Sois la luz del mundo

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicologƭa y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejerƭa Bƭblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia EvangƩlica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Entrega a Cristo tu asno

Palabra de Vida AlmerĆ­a

Will Graham

Entrega a Cristo tu asno

ā€˜Cuando desataban el pollino, sus dueƱos les dijeron: ĀæPor quĆ© desatĆ”is el pollino? Ellos dijeron: Porque el SeƱor lo necesita’ (Lucas 19:33-34).

¿Por qué el Señor necesitaba un pollino? Para que se cumpliera mesiÔnica en Zacarías 9:9-10. El mesías tenía que entrar en la santa ciudad montado en un asno (no en un caballo de guerra).

Interesantemente, para que la Escritura se cumpliera, ciertos seguidores de Cristo le dejaron su asno. Estamos ante el misterio de siempre: la soberanĆ­a de Dios y la responsabilidad del ser humano. ĀæPor quĆ© orar si Dios siempre cumple su voluntad? Porque Ɖl nos manda orar. ĀæPor quĆ© evangelizar si los predestinados van a ser alcanzados? Porque Ɖl nos manda evangelizar. ĀæPor quĆ© entregar al SeƱor nuestro asno si ZacarĆ­as 9:9-10 se va a cumplir sĆ­ o sĆ­? Porque Ɖl nos manda entregarle el asno.

Todo esto me habla también sobre la generosidad. El corazón regenerado es dadivoso y generoso. El verdadero creyente se niega a sí mismo por amor al Señor. EstÔ dispuesto a entregar su asno al Señor. ¿Quién sabe? A lo mejor los dueños del asno querían usar el animal aquel día en alguna tarea. Pero se sometieron a la voluntad del Señor.

El falso creyente, sin embargo, no es asĆ­. El hipócrita usa a Dios para sus propios fines. La cabra no sabe lo que es negarse a sĆ­ mismo. No huele a cruz. Solamente ā€˜sirve’ al SeƱor cuando no hay nada en juego. Por lo tanto, cuando surge una situación en la cual la cabra tiene que escoger entre la voluntad de Dios y la voluntad de otra persona (su jefe, algĆŗn ser querido, la sociedad, su propio ego, etc.), crucifica a Cristo haciendo caso omiso a sus mandamientos y se agrada a sĆ­ misma.

¿Cómo tienes el corazón, hermano? ¿Te da gusto obedecer los mandamientos del Señor? ¿HarÔs lo que sea para estar expuesto a la Palabra, a la oración y la comunión con los hermanos? ¿O andas en pos de otras voluntades que no sean aquélla de nuestro Señor?

¿EstÔs dando señales de oveja o de cabra?

Hoy, ĀæentregarĆ”s tu asno al SeƱor diciĆ©ndole: ā€œSeƱor, no importan mis planes. Lo que cuenta es tu Palabra. Me someto a ti en cuerpo y en almaā€.

No te olvides de la Palabra.

No te olvides de la oración.

No te olvides de congregarte.

Busca primeramente la voluntad del SeƱor. Lo demƔs puede tener su importancia pero lo mƔs importante es la voluntad del SeƱor.

Entrega a Cristo tu asno ĀæAcaso no lo merece el Salvador?

AmƩn y amƩn.

Pastor Will Graham

Casado con Ɓgota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangĆ©lico, profesor y blogger en la cuidad espaƱola de AlmerĆ­a (ubicada en el extremo sureste de la penĆ­nsula).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital y Evangelical Focus y colabora con Unión BĆ­blica, Coalición por el Evangelio y Pasión por el Evangelio.

”Bienvenidos a su pÔgina oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

ĀæCuĆ”l es el propósito de la iglesia?

Got Questions

¿CuÔl es el propósito de la iglesia?

Hechos 2:42 puede ser considerado como una declaración del propósito de la iglesia, ā€œY perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y las oracionesā€. AsĆ­ que, de acuerdo a esta Escritura, el propósito o actividades de la iglesia deben ser; (1) EnseƱar la doctrina bĆ­blica, (2) proveer un lugar de compaƱerismo para los creyentes, (3) celebrar la Cena del SeƱor, y (4) orar.

La iglesia debe enseƱar la doctrina BĆ­blica, a fin de que podamos ser arraigados en nuestra fe. Efesios 4:14 nos dice, ā€œpara que ya no seamos niƱos fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que para engaƱar emplean con astucia las artimaƱas del errorā€. La iglesia estĆ” para ser un lugar de compaƱerismo, donde los cristianos puedan convivir fraternalmente y honrarse unos a otros (Romanos 12:10), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), ser benignos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32), animarse unos a otros (1 Tesalonicenses 5:11), y lo mĆ”s importante, amarse unos a otros (1 Juan 3:11).

La iglesia debe ser un lugar donde los creyentes puedan celebrar la Cena del SeƱor, recordando la muerte de Cristo y Su sangre derramada por nosotros (1 Corintios 11:23-26). El concepto de ā€œpartir el panā€ (Hechos 2:42) tambiĆ©n conlleva la idea de comer juntos. Este es otro ejemplo del compaƱerismo promovido por la iglesia. El propósito final de la iglesia, de acuerdo a Hechos 2:42 es orar. La iglesia es un lugar que promueve la oración, enseƱa la oración, y practica la oración. Filipenses 4:6-7 nos anima a hacerlo, ā€œPor nada estĆ©is afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardarĆ” vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo JesĆŗsā€.

Otra ā€œcomisiónā€ dada a la iglesia es el proclamar el Evangelio para la Salvación, a travĆ©s de Jesucristo (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8). La iglesia es llamada a compartir fielmente el Evangelio a travĆ©s de su palabra y hechos. La iglesia estĆ” para ser un ā€œfaro de luzā€ en la comunidad, guiando a la gente hacia nuestro SeƱor y Salvador Jesucristo. La iglesia estĆ” tanto para promover el Evangelio como para preparar a sus miembros a proclamarlo (1 Pedro 3:15).

Algunos propósitos finales de la iglesia son dados en Santiago 1:27, donde leemos ā€œLa religión pura y sin mĆ”cula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huĆ©rfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundoā€. La iglesia estĆ” para ministrar a aquellos que estĆ”n en necesidad. Esto incluye no sólo el compartir el Evangelio, sino tambiĆ©n proveer para sus necesidades fĆ­sicas (comida, ropa, hospedaje) como sea necesario y apropiado. La iglesia estĆ” tambiĆ©n para equipar a los creyentes en Cristo con las herramientas que ellos necesitan para vencer al pecado y permanecer libres de la contaminación del mundo. Esto se logra por medio de la enseƱanza bĆ­blica y el compaƱerismo cristiano.

AsĆ­ que, con todo lo que hemos dicho, ĀæcuĆ”l es el propósito de la iglesia? Pablo da una excelente ilustración a los Corintios en 1 Corintios 12:12-27. La iglesia es el ā€œcuerpoā€ de Dios – somos Sus manos, boca y pies en este mundo. Estamos para hacer las cosas que Jesucristo harĆ­a si Ɖl estuviera aquĆ­ fĆ­sicamente en el mundo. La iglesia estĆ” para ser ā€œcristianaā€ — es decir, ā€œcomo Cristoā€ — y para ser seguidores de Cristo.

La voz de los mĆ”rtires

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

La voz de los mƔrtires

Por Chris Schlect

Nota del editor:Ā Este es el primer capĆ­tulo en la serie especial de artĆ­culos deĀ Tabletalk Magazine:Ā La historia de la Iglesia | Siglo III

Entre los tomos que encontrarÔs en mi biblioteca hay un juego de 38 volúmenes. Cada volumen se parece a los que le quedan a ambos lados. Son libros decorativos, de esos que se ven impresionantes en la estantería y, por lo tanto, permanecen allí. Cuando mis invitados recorren mi biblioteca, no suelen seleccionar estos volúmenes, hay otros libros que son mucho mÔs atractivos. Si alguna vez un lector minucioso serio ve mÔs allÔ de su aspecto distante y toma uno de estos volúmenes, se encontrarÔ cara a cara con dos columnas por pÔgina de tipografía densa y anticuada. A pesar de que no verÔ mapas, diagramas o imÔgenes, sí detectarÔ algunos caracteres griegos y latinos en un tipo de letra de 6 puntos. Ante esto, todos, excepto los exploradores mÔs valientes, cerrarÔn el libro suavemente, lo devolverÔn a su lugar de descanso y pasarÔn al siguiente estante.

Sin embargo, al seguir su camino, se pierden pasajes como este: 

Primero se apoderaron de un anciano llamado Metras y le mandaron que blasfemase. Cuando rehusó, le golpearon con mazos, le acuchillaron la cara y los ojos con cañas aguzadas, lo sacaron a los suburbios, y lo apedrearon.

¿Quién era este anciano llamado Metras? La cita anterior, que se encuentra en la Historia eclesiÔstica de Eusebio de Cesarea, es el único registro que tenemos de él. Este anciano pudo haber sido un obrero o un comerciante. ¿Tuvo nietos? QuizÔs lo mÔs notable de él es lo poco notable, de hecho, lo ordinario que realmente fue. Sin embargo, fue uno de los innumerables hermanos y hermanas nuestros que perecieron durante las horribles persecuciones del siglo III. Haríamos bien en quitar el polvo de nuestros libros y recordar no solo la violencia de sus muertes, sino también la fidelidad de sus vidas, que los preparó para la muerte.

Metras murió por la persecución de una turba enardecida en la gran ciudad norafricana de Alejandría. Esta persecución comenzó en 249 d. C. y empeoró después de que Decio se pusiera la púrpura imperial y dictara sus crueles edictos a principios del año siguiente. Durante mÔs de un siglo previo a este tiempo, los cristianos habían enfrentado períodos de persecución en varias localidades dentro de los vastos dominios romanos. Pero Decio fue el primer emperador en pretender un exterminio sistemÔtico de todos los cristianos a lo largo de todo el Imperio. En un esfuerzo por erradicar a estos cristianos, decretó que se establecieran comisiones en cada comunidad de todo el Imperio. Estas comisiones se encargaron de administrar juramentos de lealtad al culto del estado y de certificar por escrito la lealtad religiosa de cada persona dentro de las fronteras de Roma. Tales juramentos eran requeridos incluso a los sacerdotes y sacerdotisas paganos.

MĆ”s de 50 de estos certificados todavĆ­a sobreviven. Un ejemplo tĆ­pico es el siguiente: 

Hemos perseverado siempre en sacrificar a los dioses, y también ahora en vuestra presencia, según las órdenes publicadas hemos hecho libación y gustado las carnes del sacrificio. Os rogamos poner vuestra firma para nuestra seguridad. [Firmas] Nosotros, Aurelio Sereno y Aurelio Hermas, los vimos sacrificando. Firmado por mí, Hermas.

Sin embargo, Metras, y miles de otros con Ć©l, se negaron a participar en los cultos pĆŗblicos de Roma. Ɖl no derramarĆ­a vino como ofrenda ritual al genio de CĆ©sar, ni sacrificarĆ­a animales o cereal a ninguno de los dioses de Roma. Derramar vino es algo sencillo, pero Metras prefirió tener su rostro desgarrado, dejar que su cuerpo fuera golpeado y arrastrado, y ser apedreado hasta la muerte por las turbas. 

El autor de esta persecución fue, segĆŗn los estĆ”ndares de su Ć©poca, un administrador y lĆ­der militar capaz. Decio fue un romano de Roma en una Ć©poca en que el imperio se estaba desmoronando. Ɖl lanzó esta vasta persecución en un intento desesperado por traer orden a su caótico reino. ĀæQuĆ© tan caótico fue? Entre el 235 y el 285, veintisĆ©is emperadores, o Augustos, fueron reconocidos oficialmente por el Senado romano. Veinticinco de estos perecieron violentamente en disputas por la sucesión, y Decio estuvo entre ellos. Durante el mismo perĆ­odo, al menos otros 30 reclamantes fueron declarados Augustos no por el Senado, sino por sus ejĆ©rcitos. Un emperador, Galieno, tuvo que destruir no menos de 18 rivales que aspiraron a la pĆŗrpura durante su reinado de 15 aƱos (o tal vez reinó seis aƱos; depende de si durante algunos aƱos lo consideramos a Ć©l o a uno de sus rivales como el verdadero emperador).

Para Decio, tal turbulencia significaba que los dioses estaban enojados con Roma. Decio vio que sus predecesores habían tolerado a los cristianos, a quienes él consideraba (correctamente) como subversivos que no respetaban la religiosidad romana. Así que cuando se estableció como emperador, Decio creía sinceramente que su campaña anticristiana era una causa sagrada, necesaria para la preservación del orden romano tradicional.

Cuando leemos que al anciano Metras «le mandaron que blasfemase», vemos, probablemente, una referencia al juramento de lealtad de Decio. Esto nos recuerda que los romanos persiguieron a los cristianos no porque adoraban a Jesucristo, sino porque se negaban a adorar a otros dioses. De hecho, a lo largo de su historia, los romanos toleraron y en ocasiones incluso adoptaron a los dioses de otras culturas. Su multiculturalismo religioso permitió que diferentes culturas coexistieran dentro del mismo imperio, siempre que se respetara la ley de Roma y se pagaran impuestos a la persona que encarnaba esta ley: el emperador. Para los politeístas paganos, incluso los de diferentes culturas, no representaba un gran problema agregar al César a su lista de deidades. Pero los cristianos eran leales a un solo Dios y solo a uno. Por lo tanto, no se inclinarían ante ningún otro y por esto fueron castigados. Fueron castigados por su ateísmo.

Volviendo al libro antiguo, seguimos leyendo: 

Luego llevaron a una mujer creyente llamada Quinta al templo de los ídolos, e intentaron obligarla a adorar. Cuando ella se apartó horrorizada, la ataron de los pies y la arrastraron por la ciudad sobre el Ôspero pavimento, azotÔndola a la vez que estaba siendo golpeada por los grandes adoquines, y en aquel lugar la apedrearon hasta morir.

Como el de Metras, el relato de Quinta es decepcionantemente breve. No tenemos información sobre las obras de caridad que ella había realizado, sobre cómo su negativa a claudicar pudo haber brillado en otras ocasiones, sobre los seres queridos que le sobrevivieron, ni aun sobre sus últimas palabras cuando se enfrentaba a una muerte horrible.

Así es para otra mÔrtir de las persecuciones decianas, una anciana soltera llamada Apolonia. Después de golpear su mandíbula hasta que le rompieron todos los dientes, los romanos encendieron un fuego y amenazaron con arrojarla en este si se negaba a blasfemar. Cuando aflojaron un poco su agarre, ella se arrojó libremente al fuego. También leemos de dos madres, Mercuria y Donisia, cada una de las cuales «no amaba a sus propios hijos por encima del Señor». De sus fracasos anteriores, el mandatario había aprendido que las mujeres cristianas maduras no se rendían ante la tortura; Lo habían hecho quedar mal. Por lo tanto, «al ser derrotado siempre por mujeres», el juez simplemente ordenó que Mercuria y Donisia fueran atravesadas por espadas, sin molestarse en sus acostumbrados intentos de obligarlas a jurar lealtad mediante la tortura. Tales eran los mÔrtires, miles de ellos, de los cuales el mundo no era digno.

Durante el breve reinado de Decio, los cristianos lloraron a sus muertos en todo el mundo mediterrƔneo. Los miles que fueron martirizados eran vecinos y parientes estimados, personas con quienes los sobrevivientes habƭan cantado, orado y partido el pan. Las persecuciones sin duda trajeron dolor e incertidumbre.

Sin embargo, y peor aún, trajeron controversia. ¿Cómo iba la Iglesia a considerar a los que eran débiles, aquellos que participaban en los ritos paganos para salvar sus propias vidas? Cuando la persecución pasara y estos claudicantes buscaran ser readmitidos a la comunión, ¿debían ser admitidos? Un teólogo muy capaz llamado Novaciano, anciano en Roma, creía que no. Cuando mÔs tarde se pidió a algunos líderes de la Iglesia que habían claudicado frente a la persecución que regresaran al liderazgo, Novaciano no quería tener nada que ver con ellos. Incluso ayudó a establecer oficiales opuestos para impugnarlos.

La controversia provocó tal conmoción entre los fieles que se convocó un concilio para abordar el asunto. Al menos 60 obispos descendieron a Roma, junto con muchos otros presbĆ­teros y diĆ”conos. (El dĆ­a en que tales preguntas simplemente se harĆ­an al obispo de Roma —el papa— para su respuesta autoritaria no serĆ­a sino hasta mil aƱos mĆ”s tarde). El sĆ­nodo determinó, correctamente, que Ā«las medicinas del arrepentimientoĀ» deberĆ­an cubrir su pecado y que en verdad en la Iglesia habĆ­a lugar para los hermanos mĆ”s dĆ©biles. La restauración, luego de la concesión, probó mĆ”s tarde ser poderosa: muchos de los hermanos que habĆ­an sido dĆ©biles en las persecuciones decianas se mantuvieron firmes, incluso hasta la muerte, cuando las persecuciones regresaron.

La Iglesia de hoy necesita levantar una nueva generación de lectores que amen abrir libros viejos y polvorientos y ser instruidos por ellos. En estos libros descubrimos una gran nube de testigos que nos dan testimonio y nos encargan que peleemos la buena batalla de la fe. Estos son los santos con quienes nos reuniremos en el cielo en el dĆ­a del SeƱor. Los lectores que conocen a estos santos, que mantienen viva su memoria, pueden ser usados ​​para fortalecer a aquellos que son perseguidos en nuestros dĆ­as. Y si, en la providencia de Dios, las persecuciones vienen a nosotros, el testimonio de nuestros antepasados ​​sufrientes puede ser usado por Dios para ayudarnos a permanecer firmes.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Schlect
Chris Schlect

El Dr. Chris Schlect es profesor de historia en New Saint Andrews College y anciano en Christ Church en Moscow, Idaho.

El plan de Dios para los mĆ”rtires

Soldados de Jesucristo

Julio 29/2021

Solid Joys en EspaƱol

El plan de Dios para los mƔrtires

John Piper

John Piper

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Conocer la voluntad de Dios (6): Te enseƱarĆ© el camino

Jueves 29 Julio

Te harƩ entender, y te enseƱarƩ el camino en que debes andar; sobre ti fijarƩ mis ojos. No seƔis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.Salmo 32:8-9

Conocer la voluntad de Dios (6): Te enseƱarƩ el camino

Ā”QuĆ© bella promesa! ā€œTe harĆ© entender, y te enseƱarĆ© el caminoā€¦ā€. El SeƱor desea guiarnos en el camino de la vida, cuando todo parece oscuro, pero tambiĆ©n cuando todo nos parece fĆ”cil.

Dios fija su mirada de bondad sobre nosotros: nos conoce, nos dirige, tambiĆ©n nos corrige y nos advierte: ā€œNo seĆ”is como el caballo, o como el muloā€¦ā€. En efecto, podrĆ­amos desviarnos del camino que Dios quiere que sigamos, mostrĆ”ndonos impulsivos como el caballo, al cual hay que detener, u obstinados como el mulo, al cual es necesario aguijonear para que avance. Ā”CuĆ”nta energĆ­a se derrocha, a veces, en cosas inĆŗtiles! Entonces Dios, con sabidurĆ­a, actĆŗa por medio de circunstancias difĆ­ciles, como el ā€œcabestroā€ o el ā€œfrenoā€, para refrenar nuestra precipitación o para hacer ceder nuestra obstinación: Ā”Nos cuesta tanto obedecer! De esta manera busca traernos nuevamente a Ć©l cuando nos alejamos. Desea que permanezcamos a su lado, para nuestro bien.

Somos sus hijos, Ć©l se ocupa de nosotros a fin de formarnos ā€œpara lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidadā€ (Hebreos 12:10).

Dios no nos olvida; mantiene sus ojos fijos en nosotros. Es el Maestro atento que nos enseƱa por medio de su Palabra, para conducirnos segĆŗn su voluntad al objetivo que se propuso. Leamos la Biblia atentamente y pidĆ”mosle, como el autor del salmo: ā€œEnsƩƱame, SeƱor, tu camino, y guĆ­ameā€ (Salmo 27:11).

1 Crónicas 10 – Lucas 11:29-54 – Salmo 89:15-18 – Proverbios 20:12-13

Ā© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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