El síndrome del éxito

El síndrome del éxito

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2/11/2017

Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. (Filipenses 2:17)

La sociedad norteamericana está produciendo una generación de cristianos que quieren sobre todo alcanzar el éxito. Casi nunca tienen una humilde actitud de servicio. No están dispuestos a hacer sacrificios por la causa de Cristo porque se les ha enseñado, de forma oral o de algún otro modo, que los cristianos deben ser ricos y famosos, que deben tener éxito y ser populares.

Tal orientación hacia el éxito personal y no hacia el servicio humilde es lo opuesto de lo que glorifica a Dios. Vivir para la gloria de Dios quiere decir que usted sabe que es mortal y está dispuesto a morir, si fuera necesario, para lograr los propósitos de Dios. Tal actitud humilde glorifica a Dios.

Para crecer espiritualmente, debemos estar absortos en el señorío de Cristo en el momento de la salvación y permitirle que domine nuestra vida de allí en adelante. Al hacerlo, debemos buscar solamente su gloria, no nuestra comodidad ni nuestro éxito. No creceremos cuando escojamos nuestro propio camino o sirvamos a Dios con el motivo incorrecto.

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La mejor forma de esclavitud

La mejor forma de esclavitud

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Devocional por John Piper

Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. (1 Corintios 7:22)

Yo habría esperado que Pablo intercambiara los lugares de Señor y Cristo.

Él relaciona nuestra liberación con el hecho de que Jesús sea nuestro Amo y Señor («liberto es del Señor»), y relaciona nuestra esclavitud con Jesús como nuestro Mesías («esclavo es de Cristo»). Pero en realidad el Mesías vino a liberar a su pueblo de sus captores, y los amos toman el control de la vida de la gente que liberan.

¿Por qué lo dice de esta manera? Una sugerencia: el intercambio tiene dos efectos en nuestra nueva libertad y dos efectos en nuestra nueva esclavitud.

Al llamarnos «libertos del Señor», él asegura y limita nuestra nueva libertad:

1. Su señorío es por encima del de todos los otros señores, por lo que nuestra liberación no es disputada —está segura—.

2. Al ser liberados de los otros señores no nos liberamos de él. Nuestra libertad es misericordiosamente limitada.

Al llamarnos «esclavos de Cristo», él suaviza y endulza nuestra esclavitud:

1. El Mesías reclama a los que son suyos desde los confines del cautiverio a espacios amplios de paz: «el aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin» (Isaías 9:7).

2. Y él los hace suyos para darles el gozo más dulce: «…con miel de la peña te saciaría». (Salmos 81:16). Y esa peña o Roca es Cristo.

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Genuina vergüenza

«Genuina vergüenza«

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11 FEBRERO

Génesis 44 | Marcos 14 | Job 10 | Romanos 14

Hasta este punto de la narrativa (Génesis 44), Judá no se ha cubierto precisamente de gloria. Cuando los hermanos de José declaran por primera vez su intención de acabar con él (Génesis 37:19–20), dos de ellos ofrecen alternativas. Rubén se limita a proponer que sea echado en una fosa, de la que no pudiese escapar. Esta propuesta tenía dos ventajas: en primer lugar, así el asesinato no se podría achacar directamente a sus hermanos y, en segundo lugar, Rubén esperaba poder volver en secreto para rescatar a su hermano. Rubén quedó asolado cuando su plan fracasó (Génesis 37:29–30). El otro hermano con otra propuesta independiente fue Judá quien argumentó que no sacarían ningún provecho de un mero asesinato, sino que sería mejor vender a José como esclavo (37:25–27) – y fue este punto de vista el que prevaleció.

Judá reaparece en el anterior capítulo, acostándose con su nuera (Génesis 38) y, al menos inicialmente, utilizando un doble rasero (ver meditación del 6 de febrero).

No obstante, en Génesis 44, Judá sale algo mejor parado. José manipula las circunstancias a fin de que Benjamín y sus hermanos sean arrestados por robo, e insiste en que sólo Benjamín tendrá que quedarse en Egipto como esclavo. Posiblemente, José quería probar a sus hermanos para ver si seguían menospreciando al más joven, si seguían tan duros de corazón que estarían dispuestos a condenar a uno de ellos a la esclavitud, y quedarse tan tranquilos al marcharse libres. Judá interviene e invoca, por encima de todo lo demás, el amor especial que su padre tiene hacia Benjamín. Incluso se refiere a la creencia por parte de Jacob de que José fue matado por animales salvajes (44:28), como si hubiese pasado el último cuarto de siglo preso de una conciencia atormentada a causa del engaño y de la maldad de todo aquel episodio. Judá explica cómo él mismo había prometido llevarle a Benjamín sano y salvo, y pide emocionadamente, “Por eso, permita mi señor que yo me quede como esclavo de mi señor en lugar de mi hermano menor, y que él regrese con sus hermanos. ¿Cómo podré volver junto a mi padre si mi hermano menor no está conmigo? ¡No soy capaz de ver la desgracia que le sobrevendrá a mi padre!” (44:33–34).

Este es el punto culminante de lo que sabemos del peregrinaje de Judá. Ofrece su propia vida en sustitución por la de otro. Puede que, en parte, fuese motivado por una conciencia culpable; en este caso, este heroísmo genuino nace de una genuina vergüenza. No podía saber cómo, en menos de dos mil años, su descendiente más ilustre, de ninguna manera movido por la vergüenza sino únicamente por la obediencia a su Padre celestial y por su amor hacia los rebeldes culpables, se ofrecería a sí mismo como sustituto de ellos (Marcos 14).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 42). Barcelona: Publicaciones Andamio.

La cueva de Adulam (2)

La cueva de Adulam (2)

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(Jesús dijo:) Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. – Mateo 18:20

En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. – Éxodo 20:24

Todos los que se refugiaron junto a David encontraron en él una respuesta a su necesidad personal. “Conmigo estarás a salvo”, dijo David a uno de ellos (1 Samuel 22:23).

Los hermanos y los nuevos compañeros de David, quienes hasta entonces se sentían afligidos, endeudados y sumidos en la amargura, fueron a una persona que los reunió en esta caverna. Todos reconocieron la autoridad de David sobre ellos: “Fue hecho jefe de ellos” (1 Samuel 22:2). Vivían juntos, sin otra motivación común que estar unidos a David. En él encontraron un amigo, y su presencia compensó todas las privaciones.

Esa reunión nos hace pensar en las reuniones cristianas para celebrar el culto, la oración o el estudio de la Biblia. Por supuesto que los cristianos sienten mucho gozo cuando se reúnen, pero hay algo todavía mayor: cuando están reunidos sencillamente “en el nombre del Señor”, sea cual sea su número, tienen la maravillosa promesa de su presencia: “Allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Esta presencia espiritual y viva en medio de ellos es el centro y el fundamento de una reunión cristiana. Cada uno de ellos conoce al Señor Jesús como su Salvador, como su Señor y también como el jefe de los creyentes reunidos. Él tiene la autoridad, y los pensamientos de todos están dirigidos hacia él para conocer su voluntad.

¡Dejémosle ocupar siempre su lugar cuando estamos reunidos en torno a él!

2 Samuel 4 – Mateo 26:14-46 – Salmo 22:1-5 – Proverbios 8:28-31

Confrontación con un mundo malvado

Confrontación con un mundo malvado

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2/10/2017

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. (1 Pedro 4:14)

Nadie puede vivir para la gloria de Dios y sentirse totalmente cómodo en este mundo. Usted no debe ser aborrecible ni tratar de ser un inadaptado, pero si su vida es cristiana, entonces sufrirá algunos de los vituperios que soportó Él.

Vivimos en una época en la que muchos quieren hacer el cristianismo fácil, pero la Biblia dice que es difícil. Muchos quieren hacer a los cristianos encantadores, pero Dios dice que serán detestados. El cristianismo debe confrontar el sistema siendo diferente de él. Debe exponer el pecado antes de que pueda mostrar el remedio.

Asegúrese de que su vida refleje su devoción a Cristo. Eso es lo que lo distinguirá a usted del mundo.

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La fe salvadora no se satisface fácilmente

La fe salvadora no se satisface fácilmente

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Devocional por John Piper

Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. (Hebreos 11:15-16)

La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece y lo «anhela». Insistamos en este pensamiento por un momento.

Hay muchas personas que diluyen lo que es la fe salvadora al hacer de ella una simple decisión que no conlleva ningún cambio en lo que uno desea y busca. Pero el punto de este pasaje es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones.

El versículo 14 dice que los santos de antaño (que son elogiados por su fe en Hebreos 11) buscaban una patria diferente a la que este mundo les ofrecía. El versículo 16, mencionado anteriormente, dice que ellos estaban anhelando algo mejor que lo que una existencia terrenal podía ofrecer en el presente.

Ellos estaban tan aferrados a Dios que nada menos que el cielo podía satisfacerlos.

Esta es la verdadera fe salvadora: ver las promesas de Dios desde lejos y experimentar un cambio en los valores —de manera que uno desee y busque las promesas por encima de lo que el mundo tiene para ofrecer—.

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Mirar hacia arriba

10 Febrero 2017

Mirar hacia arriba
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

He vivido bastante como para estar convencido de que el sufrimiento no es un enemigo. Parece extraño decir esto, pero la verdad es que el sufrimiento es un amigo. Pero no lo es hasta que reconozcamos que cosecharemos sus beneficios. Job está viviendo un vía crucis. Su desgracia en esta difícil situación lo ha obligado a concentrarse en las cosas que realmente importan.

Por fin he llegado a darme cuenta de que uno de los beneficios de experimentar tiempos de sufrimiento es que mi perspectiva se vuelve vertical. Charles Spurgeon, el gran predicador fue una persona controversial. La prensa de su tiempo disfrutaba grandemente armándole líos. Se aprovechaban de un blanco tan importante.

Normalmente, Spurgeon se defendía bien, pero hubo una ocasión en que comenzó a darse por vencido. Es que todos nosotros tenemos nuestro punto límite. Su esposa notó la depresión que no lo dejaba. Le preocupaba que perdiera su celo y las oportunidades que tenía mientras pasaba por ese período de dificultad, y eso la llevó a hacer algo extraño. Buscó en su Biblia el Sermón del monte donde Jesús dice:

Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mateo 5:11-12)

Ella copió estas palabras en un pedazo de papel, y las puso en el trecho del dormitorio, sobre la cama de ambos. Cuando el predicador se dio vuelta boca arriba en la cama la mañana siguiente, parpadeó, y estando en esa posición leyó esas palabras, y volvió a leerlas en voz alta. Se enfocó verticalmente en lo que Dios estaba diciendo, y eso le produjo una renovación. Entonces siguió adelante con una nueva pasión. ¡Qué idea tan maravillosa y creativa tuvo la señora Spurgeon!

Lo que trato de decir es esto: Cuando estamos tendidos de espaldas, solo se puede mirar hacia arriba. Mantenga enfocada su atención en Dios, no en su dolor; y ocupe totalmente su mente pensando en Él.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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La cueva de Adulam (1)

La cueva de Adulam (1)

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David… huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. – 1 Samuel 22:1-2

El rey David es uno de los personajes más conocidos de la Biblia. Es el joven pastor que venció a Goliat, es el autor de numerosos salmos y el primer rey fiel a Dios en Israel. Pero David pasó por muchas dificultades antes de llegar al trono. Fue perseguido por sus enemigos, e incluso tuvo que vivir en una caverna.

Los hermanos de David se reunieron allí con él, persuadidos de que Dios lo había elegido para salvar a su pueblo. Otro grupo de personas también se refugió junto a David; no tenían ningún parentesco con él, pero tenían en común una cosa: lo habían perdido todo. Unos estaban sumidos en la tristeza, otros tenían deudas y otros se hallaban en amargura de espíritu.

La tristeza es ese sentimiento que experimentamos cuando ya no tenemos más puntos de referencia y no sabemos a dónde ir. Pero en una situación así, podemos experimentar realmente la confianza en Dios.

Las deudas pueden ser abrumadoras, pero la mayor de todas es la que tenemos con Dios debido a nuestro pecado. Así como esos hombres fueron a David, nosotros podemos ir al Salvador, quien pagó la deuda en nuestro lugar.

Por último, la amargura en el alma puede evocar el temor de la muerte, perspectiva que da un sabor amargo a las más hermosas alegrías. Refugiémonos en el Señor Jesús, quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Él es el Salvador, pero también el jefe y el centro de reunión de los cristianos.

2 Samuel 3:22-39 – Mateo 25:31-26:13 – Salmo 21:8-13 – Proverbios 8:22-27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

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Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?

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La salud espiritual del líder

La salud espiritual del líder

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Pablo A. Deiros

Si el estado de salud física y emocional del líder cristiano es fundamental para el buen desempeño de su ministerio, tanto más es su nivel de salud espiritual. Es imposible que un hombre o una mujer con falta de integridad espiritual puedan cumplir un ministerio significativo en la vida de otras personas. Sobre todas las cosas, el líder cristiano es un líder espiritual, y nadie puede conducir a otro por un camino que él o ella no están recorriendo y hacia una meta a la que él o ella no están yendo.

La necesidad de cuidar la salud espiritual. Pablo habla de su propia experiencia personal en este particular en Filipenses 3:7–12. Es interesante seguir el razonamiento de Pablo y ver cómo él encontró el camino para una plena realización personal, rompiendo con la esquizofrenia de objetivos dispares en la vida y de metas encontradas. Cuando no hay una adecuada resolución entre lo que uno considera “ganancia” o “pérdida” en la vida, no puede haber salud espiritual. El objetivo de “ganar a Cristo”, de “encontrarse unido a él”, de “conocer a Cristo” y de persistir en querer “alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” es fundamental para la generación de un estado espiritual saludable.

Esta salud espiritual es indispensable por la misma naturaleza del ser humano. Somos seres físicos (conocemos por los sentidos), pero somos también y fundamentalmente seres espirituales. A Dios no lo captamos ni conocemos por la vía de lo sensible, sino por nuestro espíritu. Sin el alimento de la Palabra y el oxígeno de la oración terminamos en una actitud materialista o en un ateísmo práctico. La salud espiritual es también indispensable por la misma naturaleza de la vida moderna. Secularismo, hedonismo, materialismo, frivolidad, consumismo, egoísmo, pueden contagiarnos fácilmente. Si no nos detenemos a pensar en Dios y a buscar la comunión con él, podemos caer en cualquiera de estas cosmovisiones y estilos de vida, que producen extravío y terminan por enfermar al alma. El ritmo de vida, los cambios repentinos, la alienación de las relaciones, la neurosis de nuestro tiempo no nos van a dejar espacio para el desarrollo espiritual, a menos que lo procuremos conscientemente. Pablo descubrió el bien supremo en la vida, que para él no era otro que conocer a Cristo (Fil. 3:8, 10). Para ello, hay que pasar tiempo con él.

Deiros, P. A. (2008). Liderazgo Cristiano (p. 38). Buenos Aires: Publicaciones Proforme.