¿Por qué damos testimonio?

¿Por qué damos testimonio?

la-verdad-para-hoy

2/5/2017

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. (Juan 15:8)

Es probable que la mayoría de las personas piensen que debemos ser salvos por otras razones que no sean glorificar a Dios. Muchos cristianos por lo general darán las siguientes como las razones de que den testimonio:

     •   Mantener a las personas fuera del infierno. (Quieren que no sufran el castigo eterno.)

     •   Manifestar el amor de Dios.

     •   Obedecer el mandato de Cristo.

En Mateo 28:18-20 y en Hechos 1:8, Jesús nos dice que evangelicemos.

Todas esas son razones válidas y bíblicas para la evangelización, pero la principal razón de que debamos predicar el evangelio es para la gloria de Dios.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

¿Por qué debo asistir a la iglesia?

¿Por qué debo asistir a la iglesia?

JMA
John MacArthur

En repetidas ocasiones, el Nuevo Testamento enfatiza la importancia de las asambleas locales. De hecho, este fue el patrón de ministerio que Pablo siguió al establecer congregaciones locales, en las ciudades en donde predicaba el evangelio. Hebreos 10:24-25 manda a todo creyente a ser parte de un cuerpo local como este y revela por qué esto es necesario:  

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).  

El único ambiente en el que puede existir la cercanía necesaria entre creyentes para estimularse cuidadosamente “al amor y a las buenas obras”, es el cuerpo local con el que uno está comprometido. Y es solamente en ese contexto que podemos animarnos los unos a los otros.  

El Nuevo Testamento también enseña que todo creyente debe estar bajo la protección y sustento del liderazgo de la iglesia local. Estos hombres piadosos pueden pastorear a un  creyente al animarle, amonestarle, y enseñarle. Hebreos 13:7 y 17 nos ayudan a entender que Dios en Su gracia, nos ha concedido rendición de cuentas mediante un liderazgo piadoso.

Además, cuando Pablo le dio a Timoteo instrucciones especiales sobre las reuniones públicas, dijo, “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Parte del énfasis en la adoración pública incluye estas tres cosas: escuchar la Palabra, ser llamado a la obediencia y acción mediante la exhortación y la enseñanza. Es solamente en el contexto de la asamblea local que estas cosas pueden llevarse a cabo de la manera más eficaz.

Hechos 2:42 nos enseña lo que hacía la primera iglesia cuando se reunía: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Los cristianos se reunían:

• Para aprender la Palabra de Dios y las implicaciones de la misma en sus vidas.

• Para que estando juntos llevaran a cabo acciones de amor y de servicio unos a otros.

• Para conmemorar la muerte y resurrección del Señor mediante el partimiento del pan y la oración. Claro que podemos hacer estas cosas individualmente pero Dios nos ha llamado a Su cuerpo, la iglesia, la cual es la representación local de ese cuerpo mundial. Debemos servir con gusto y ser servidos entre el pueblo de Dios.

Una membrecía activa en una iglesia local es imperativa para llevar una vida sin concesiones. Es únicamente mediante el ministerio de la iglesia local, que un creyente puede recibir la clase de enseñanza, rendición de cuentas y ánimo que son necesarios para que esté fuerte en sus convicciones. Dios ha mandado que la iglesia provea la clase de ambiente en donde una vida sin concesiones puede prosperar.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

¿Por qué es importante asistir a la iglesia?”

¿Por qué es importante asistir a la iglesia?”


La Biblia nos dice que necesitamos asistir a la iglesia para que podamos alabar a Dios con otros creyentes y ser instruidos en Su Palabra para nuestro crecimiento espiritual (Hechos 2:42: Hebreos 10:25). La iglesia es el lugar donde los creyentes pueden amarse unos a otros (1 Juan 4:12), exhortarse unos a otros (Hebreos 3:13), servirse unos a otros (Gálatas 5:13), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), honrarse unos a otros (Romanos 12:10), ser bondadosos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32).

Cuando una persona confía en Jesucristo para salvación, es hecha un miembro del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Para que el cuerpo de la iglesia funcione apropiadamente, todas las “partes del cuerpo” necesitan estar presentes (1 Corintios 12:14-20). Igualmente ningún creyente alcanzará jamás la plena madurez espiritual sin asistir a la iglesia y ser animado y exhortado por otros creyentes (1 Corintios 12:21-26). Por estas razones, la asistencia a la iglesia, la participación y el compañerismo deben ser actividades regulares en la vida de todo creyente. No es obligatoria la asistencia semanal de los creyentes a la iglesia, pero alguien que ha confiado en Cristo debería tener el deseo de adorar a Dios, ser instruido en Su Palabra, y tener compañerismo con otros creyentes.

https://www.gotquestions.org/Espanol/asistencia-iglesia.html

© Copyright 2002-2017 Got Questions Ministries

 

El Siervo Sufriente

El Siervo Sufriente

41rctw-asvl

5 FEBRERO

Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

Al ser preguntados, los discípulos de Jesús confiesan quién es él (Marcos 8:27–30). Cristo es la forma griega de Mesías, que tiene un trasfondo hebreo. Esta confesión desata un aluvión de nueva revelación por parte del Señor Jesús (8:31–38). Ahora enseña que el Hijo del Hombre “tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Es necesario que lo maten y que a los tres días resucite” (8:31). Tal como señala Marcos, Jesús “Habló de esto con toda claridad” (8:32). Al parecer, con anterioridad había comentado este asunto de una manera más encubierta.

Viviendo como lo hacemos de este lado de la cruz, nos resulta fácil ser un tanto condescendientes con la reacción de Pedro y la reprensión del Maestro (8:32). El discípulo consideraba sencillamente que Jesús debía estar equivocado en esto. Después de todo, no se mata a los mesías: ellos ganan siempre. ¿Cómo podía ser que el Mesías ungido de Dios, que hacía milagros como Jesús, pudiera ser derrotado? Por supuesto, Pedro estaba en un error; era una gran equivocación. Y es que ni siquiera los discípulos habían llegado a entender aún que Jesús, el Mesías, era el Rey conquistador y, a la vez, el Siervo Sufriente.

Pero aún había más. Jesús no solo insistió en que él mismo iba a sufrir, morir y resucitar, sino que advirtió: “Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga” (8:34). Para un oyente del siglo I, este tipo de lenguaje sonaría desconcertante. “lleve su cruz” no significaba soportar un dolor de muelas, perder el trabajo o una discapacidad personal. La crucifixión se consideraba, universalmente, el tipo de ejecución romano de mayor barbarie, y apenas se mencionaba entre la gente educada. El criminal condenado “llevaba su cruz”, es decir, cargaba con el travesaño y lo llevaba hasta el lugar de la ejecución. Cuando a uno le tocaba llevar su cruz, no había esperanza para él. Solo le esperaba una muerte ignominiosa y espantosa.

A pesar de todo, este es el lenguaje utilizado por Jesús, porque lo que todos sus discípulos deben aprender es que ser un seguidor suyo implica una dolorosa renuncia al interés personal para buscar de todo corazón los intereses del Señor. El abrupto lenguaje utilizado no es una invitación al masoquismo espiritual, sino a la vida: la norma infalible del reino es que centrarse en uno mismo desemboca en muerte, mientras que “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio, la salvará” (8:35). Este compromiso sólo acarreará la pérdida de la vida física para unos cuantos; para todos nosotros, significa morir a uno mismo y ser discípulo de Jesús. Y esto incluye confesar a Jesús con alegría y negarse por principio a avergonzarse de él y de sus palabras, en esta generación adúltera y pecadora (8:38).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 36). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Estoy esperando, quizás un buen día…

Estoy esperando, quizás un buen día…

imgres

(Jesús dijo:) Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. – Juan 6:44

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? – Romanos 2:4

«Tú tienes suerte de tener fe, pero yo no. No es culpa mía… Pero estoy esperando; a lo mejor un día Dios me la da…».

Este razonamiento es bastante común. Deja suponer que aquellos que tienen fe son afortunados, y que los que carecen de ella no tienen la culpa, que simplemente deben esperar pasivamente a que les llegue… Pero esto es contrario a la enseñanza bíblica. Jesús dijo: “El que busca, halla” (Mateo 7:8). ¡Felizmente, tener fe no es una cuestión de azar! El que razona así olvida la responsabilidad del hombre ante Dios.

Es cierto que solo Dios puede hacer que un hombre tenga fe en su Hijo Jesucristo. En efecto, por nosotros mismos nunca iríamos espontáneamente a él. Pero también es igual de cierto que Dios manda a todo hombre que se arrepienta y crea en lo que Él dice. Tenemos, pues, la responsabilidad de obedecer. La soberanía de Dios, que da la fe, y la responsabilidad del hombre para recibirla son inseparables. De modo que nadie será salvo si no es por pura gracia. Pero todas las personas que no acepten al Señor Jesús como Salvador personal estarán perdidas por su propia falta: el haberlo rechazado. Estos dos hechos, que parecen inconciliables para nuestras mentes limitadas, están claramente establecidos en la Biblia, y nos inclinamos ante la Palabra de Dios.

Así, en lugar de esperar pasivamente que la fe nos llegue, respondamos a las urgentes invitaciones de ese Dios que nos ama y quiere salvarnos.

1 Samuel 30 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10 – Proverbios 7:6-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch