El progreso espiritual

El progreso espiritual

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2/4/2017

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. (1 Juan 2:13) 

Mi propia experiencia me ha enseñado mucho acerca de los distintos niveles de desarrollo espiritual descritos por el apóstol Juan en el versículo de hoy. Cuando yo era un niño espiritual, estaba absorto en la euforia de amar al Señor y no conocía mucha teología. En aquel tiempo la enseñanza de cualquier influía fácilmente en mí. Más adelante, cuando aprendí la Palabra de Dios, ya no me engañaron las falsas doctrinas; me enojaban. Y ahora, cuando he crecido en el conocimiento de la Palabra, mi deseo es conocer a Dios de una manera más íntima, que es el último nivel del crecimiento. Los padres espirituales no solo conocen la Biblia, sino que también conocen profundamente al Dios que la escribió.

El crecimiento espiritual va progresando del saber que usted es cristiano al conocimiento de la Palabra de Dios y al conocimiento de Dios mismo. La manera de conocer a Dios es dedicar la vida a concentrarse en su gloria, aprendiendo así a comprender la plenitud de su persona. Esa concentración se vuelve un imán que lo va llevando hacia arriba por los niveles de la madurez.

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Dios me recompensará

4 Febrero 2017

Dios me recompensará
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Cuando el cuerpo de Job estuvo lleno de llagas, cuando sus amigos estaban todavía en su contra, cuando estaba arruinado y viviendo en un estercolero, tuvo la temeridad de decir: “Sin embargo, Él conoce el camino en que ando; cuando Él me haya probado, saldré como oro”. (Job 23:10)

Job hace tres declaraciones basadas en la fe, en medio de su sufrimiento. Todas las tres tienen que ver con su Dios.

Primera: Yo sé que Dios conoce mi situación. “Él conoce el camino en que ando”.

Segunda: Yo creo que Dios me está probando. “Cuando Él me haya probado”.

Tercera: Yo creo que después de las pruebas que he sufrido, Él me bendecirá de una manera especial. Él no niega las pruebas, pero hay esperanza más allá de ellas. Dios conoce y Dios recompensará. Eso es lo que encontramos cuando llegamos al último capítulo de la vida de Job.

¿No sería fabuloso que pudiéramos estar en la situación de Job al final del libro, sin tener que sufrir todo lo que él sufrió a lo largo de todo el libro? ¡Qué bueno sería lograr el conocimiento que obtuvo sin pasar por todo ese sufrimiento! ¡Pero eso no es posible! Sea realista y entienda que eso no puede suceder. Se necesita el fuego para refinar el oro.

Así como todos somos diferentes en nuestra apariencia, en nuestras raíces, en nuestros grados de madurez y en edad cronológica, también las pruebas que experimentarnos son diferentes. Todo lo que usted sabe es que una persona de su comunidad, que usted conoce, está pasando por uno de los momentos más difíciles de su vida.

Espero que estas dos palabras no parezcan huecas o santurronas: tenga esperanza. Tenga esperanza de que esto no está sucediendo sin el conocimiento de Dios. El Señor conoce el camino en que usted anda, y no es sin un propósito. Después de la severa prueba, usted también saldrá como oro. Usted está siendo refinado por la prueba que Él ha permitido, y mientras tanto está siendo moldeado de nuevo; purificado y enseñado a ser humilde. Vendrán mejores tiempos. Si no es pronto, será más tarde en esta tierra, pero con toda seguridad será cuando esté delante del Señor y Él distribuya “oro, plata y piedras preciosas”. Todo, entonces, habrá valido la pena. Muchas de las recompensas de Job le llegaron mientras estuvo vivo en este planeta, pero las suyas le aguardarán en la gloria. En ambos casos, Dios conoce. Dios siempre recuerda. Dios recompensará.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Tradiciones”

“Tradiciones”

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4 FEBRERO

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

Muchos protestantes recelan de las “tradiciones” y, con frecuencia, en la polémica popular, retratan a los católico-romanos como gente que abraza la Biblia más las tradiciones, mientras nosotros nos supeditamos tan solo a las Escrituras. Antes de poder ver lo que Marcos 7 dice sobre las tradiciones, hay algunos asuntos que han de ser aclarados.

La primera observación es histórica. Las pruebas demuestran que, hasta la Reforma, la Iglesia Católica no había articulado la clara distinción que prevaleció tras ella. Aunque la Iglesia Católica postulaba una doctrina bastante innovadora, intentó por todos los medios vincularla de algún modo a las Escrituras mediante una serie de inferencias. No obstante, al ser confrontadas por la sola Scriptura (“solo las Escrituras”) de la Reforma, la Iglesia Católica alegó razones a favor de un criterio de revelación que insistía en que la verdad fue un depósito dado a la iglesia misma, de la que solo una parte se halla en las santas Escrituras y el resto en otras tradiciones que esta debía conservar y transmitir. En este tipo de fórmula, la tradición se establecería, pues, en contraposición a las Escrituras como algo adicional.

Esto nos conduce a la segunda observación, que alude al texto del Nuevo Testamento. Aquí se puede encontrar la palabra tradición o tradiciones, utilizadas tanto en sentido positivo como negativo. Este término se refiere sencillamente a lo que se va transmitiendo. Cuando se trata de la enseñanza apostólica, las tradiciones son algo bueno (p. ej., 1 Co. 11:2); si nos referimos a conflictos con lo declarado por Dios, entonces son inútiles y peligrosas (como aquí, en Marcos 7).

Esta distinción entre los diferentes tipos de tradición no es la misma que, por lo general, se pueda hacer hoy día. Distinguimos tradiciones intrínsecamente neutras, aunque útiles para la edificación de las familias o las comunidades —tradiciones familiares u otras interesantes de tipo cultural o eclesiástico—, así como otras que son represivas, restrictivas o agobiantes. En resumen, hacemos la diferenciación basándonos en el efecto social de las mismas y no en su veracidad. Sin embargo, el Nuevo Testamento no las alaba o critica según su función social, sino a la luz de su conformidad o distanciamiento con la Palabra de Dios. En este caso de Marcos 7:1–13, las tradiciones que Jesús condena son las que permiten que las personas eludan lo que las Escrituras afirman con toda claridad.

En tercer lugar, debemos reconocer que los evangélicos confesos que, de nombre, evitan la tradición, a veces abrazan tradiciones que, de hecho, adaptan la Palabra de Dios. Pueden ser interpretaciones tradicionales de la Escritura o prácticas eclesiales y formas de conducta tradicionales “permitidas” en nuestros círculos, pero muy alejadas de las sagradas Escrituras. En cualquier caso, la fidelidad hacia Cristo ordena una reforma por medio de la Palabra de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 35). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al borde de la tragedia

Al borde de la tragedia

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En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. – Job 33:14

Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. – 2 Corintios 5:20

Ella navegaba en solitario. En la noche salió a la cubierta y una ola la arrojó fuera del barco, que prosiguió su ruta dirigido por el piloto automático. Más tarde el equipo de salvamento marino la rescató in extremis. Al día siguiente dijo que estaba viva de milagro, y añadió: «El diablo no me quiso».

El objetivo del diablo es hacer daño a los hombres, pero no puede ir más allá de los límites que Dios, quien es soberano, le puso (Job 1 y 2). Al contrario, Dios ama a todos los seres humanos y protege a sus hijos. ¡Fue él quien permitió ese milagro! A veces nos habla de forma muy clara, como lo hizo con esta navegante. Su bondad nos invita al arrepentimiento así como al agradecimiento. Estemos atentos a su voz, y sobre todo no consideremos al diablo como un tema de broma. Si no escuchamos la voz de Dios, tendremos que escuchar en el día del juicio esta terrible frase pronunciada por Cristo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). ¡Entonces ya no habrá solución!

Reconocer que Dios me habla, creer que hizo todo para salvarme, es tomar la mano del Salvador de mi alma… ¡Significa aceptar que Jesús murió en la cruz para llevar el juicio por mis pecados y recibir el don gratuito de Dios, es decir, la vida eterna! Este Salvador es el Cristo, el Hijo de Dios. Mañana será el Juez de vivos y muertos.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

1 Samuel 28:15-29:11 – Mateo 22:1-22 – Salmo 19:1-6 – Proverbios 7:1-5

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