Responder a la gloria de Dios

Responder a la gloria de Dios

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2/3/2017

Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Corintios 3:18)

Cuando glorificamos a Dios, comenzamos a crecer. Gracias a las grandes verdades reveladas en el Nuevo Testamento, los creyentes ahora pueden ver la gloria de Dios con más claridad que podían verla los que estaban bajo la ley. Cuando la vemos, crecemos espiritualmente, yendo de un nivel de gloria al próximo.

Al final del versículo de hoy, observe que Pablo dice que el Espíritu Santo es el que imparte energía a nuestro crecimiento. El Espíritu Santo llena de poder nuestra vida, llevándonos a través de niveles de gloria hacia la imagen de Cristo.

No se preocupe por los detalles intrincados de la obra del Espíritu Santo ni por los detalles de su propia actividad. Cerciórese de concentrarse primordialmente en la gloria del Señor.

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Su propósito

3 Febrero 2017

Su propósito
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Job lucha, pero finalmente admite su frustración: No puede encontrar a Dios. ¿Ha tenido usted esa misma experiencia? ¡Todos la hemos tenido! Hay días en que buscamos en vano alguna evidencia visible del Dios vivo. Estoy pensando ahora mismo: ¿No sería maravilloso que despertara en medio de una noche de luna llena, que mirara por la ventana del cuarto y que viera en el cielo escrito con grandes y luminosas letras algo que dijera: “Querido Chuck, te oigo. Estoy aquí, no lo olvides yo estoy dirigiéndolo todo. Te amo, Dios”.  ¡Me encantaría que sucediera eso! Me gustaría entrar en mi automóvil después de un arduo día de trabajo, prender la radio y que Dios la interrumpiera para decirme: “Antes de que escuches esta estación, Chuck, quiero hablar contigo durante unos pocos minutos”. Seamos honestos, a todos nosotros nos encantaría escuchar la voz audible o leer un mensaje visible de Dios. Pero la cosa no funciona así. Nuestro andar con el Señor es un andar por fe, no por vista.

Job es un magnifico varón de Dios. Es un santo maduro, sin duda alguna. Sin embargo, anhela ser testigo de la presencia de Dios. “Oh, que pudiera saber dónde está Él. Pero no puedo verlo, contemplarlo o percibirlo”.

Aunque no puede ubicar la presencia de Dios, Job expresa su confianza en Él: “Elifaz, Bildad y Zofar: ustedes pueden decir contra mí todo lo que quieran, pero Dios conoce mi camino. Él sabe la verdad. Él es quien me justifica. Él y yo mantenemos comunicación. Yo confío en Él. Yo creo en Él. Además, después de que termine esta prueba y Él haya cumplido su propósito en mí, “saldré como oro”.

Usted puede estar seguro de esto, mi amigo (a). Después de que la prueba haya pasado, usted tendrá una vida más profunda y más abundante gracia a esa prueba. El oro sustituirá a la amalgama. Quiero que deje que estas palabras abrasen su mente tan profundamente, que se conviertan en una especie de filtro divino para todo lo que suceda en su vida desde el día de hoy en adelante. Dios conoce su camino. Y su Palabra será “lumbrera a su camino” (Salmo 119:105).

Nuestro andar con el Señor es un andar por fe, no por vista. —Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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¡No hay excusas!

¡No hay excusas!

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3 FEBRERO

Génesis 35–36 | Marcos 6 | Job 2 | Romanos 6

En el relato que Marcos hace de la alimentación de los cinco mil y de la ocasión posterior en que Jesús camina sobre las aguas (Marcos 6), se constata un pequeño punto y aparte que provoca una provechosa reflexión. Tan pronto como Jesús subió al barco en medio de la fuerte tormenta, el viento cesó. Según comenta Marcos, los discípulos “Subió entonces a la barca con ellos, y el viento se calmó. Estaban sumamente asombrados, porque tenían la mente embotada y no habían comprendido lo de los panes.” (6:51–52).

La primera observación es la más evidente: la sorpresa de los discípulos demuestra el triste hecho de lo poco que habían reflexionado sobre el espectacular milagro realizado por Jesús tan solo unas cuantas horas antes. A primera vista, una persona que domina la naturaleza tomando unos pocos bocados de comida y alimentando a cinco mil personas, sin duda podrá también manejarla de forma suficiente como para domesticar una tormenta. No debemos adoptar una actitud demasiado petulante y condenar a los discípulos, sino más bien reflexionar sobre la facilidad con que olvidamos la misericordia con que Dios obra en nuestra propia vida y reconocer con franqueza (y avergonzados) que nos sorprendemos cuando interviene una vez más.

La segunda observación es un poco más profunda. Si Jesús es verdaderamente el Mesías prometido, si goza de los poderes ya mostrados, ¿puede un discípulo responsable pensar que pierda el control? ¿Puede un miembro comprometido de los doce imaginar que un Mesías así podría hacer discípulos para perderlos en un accidente de navegación? Con esto no sugiero que los seguidores de Jesús estén exentos de sufrir accidentes hoy día. Claro que puede ocurrir. Este es un mundo caído y los que siguen a Jesús también se ven envueltos en los entramados trágicos y crueles de la caída. Sin embargo, aun nosotros debemos aprender a confiar en la sabia providencia de Dios en medio de las circunstancias difíciles y atemorizantes. Con toda seguridad, aquí hay algo que los discípulos deben aprender: su propio servicio particular como núcleo esencial de los discípulos está tan vinculado al ministerio de Jesús que resulta impensable que pudieran morir de manera “accidental”.

Y, en tercer lugar, no podemos evitar reflexionar en la conclusión de Marcos: “tenían la mente embotada”. Esto no significa que fueran estúpidos ni que, aunque su mente estuviera bien, sus afectos se distorsionaran, como si se estuviera refiriendo al centro de la personalidad humana; por tanto, tampoco se refiere exactamente a una percepción de la mente (esto quedaría demasiado restringido a un aspecto cerebral). La totalidad de su orientación seguía siendo excesivamente limitada, muy centrada en lo inmediato de sus temores, coartada por su incapacidad de penetrar en el misterio completo de la identidad de Jesús y el por qué de su venida.

Nosotros, que vemos la cruz y la resurrección del otro lado, tenemos aún menos excusas que ellos.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 34). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El amor vencedor

El amor vencedor

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En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros. – 1 Juan 3:16

Fuerte es como la muerte el amor. – Cantar de los cantares 8:6

«Es mejor un amor vencido que una victoria sin amor», dijo el filósofo ateo André Comte-Sponville con respecto a Jesús, quien murió en la cruz del Calvario.

alimentemos_el_almaNadie, en efecto, puede negar el amor manifestado por Jesucristo hacia todos los que tuvieron un encuentro con él. Alimentó multitudes, curó enfermos y echó fuera demonios. “Anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). A pesar de su incesante abnegación, tuvo que constatar: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). Los que se habían beneficiado de su gracia y de sus cuidados le hicieron sufrir los más crueles ultrajes y luego lo condenaron a una terrible muerte.

¿Podemos concluir que su amor fue vencido por la maldad de los hombres? ¡No, pues fue precisamente su amor el que dejó que lo maltratasen! Cuando una tropa de soldados llegó para detenerlo, la única frase que pronunció les cerró la boca. Cuando Jesús dijo: “Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (Juan 18:6). Hubiera podido escapar, pero aceptó voluntariamente los sufrimientos y la muerte en la cruz para ganar definitivamente la victoria sobre el pecado y la muerte. Satanás fue vencido (Hebreos 2:14), la muerte fue vencida (1 Corintios 15:54) y el pecado fue borrado de la presencia de Dios (Hebreos 9:26).

Así la victoria completa y definitiva del amor de Dios tuvo lugar cuando los hombres cometieron ese odioso crimen. Todo aquel que cree puede beneficiarse de esta victoria. ¡“Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”! (1 Corintios 15:57).

1 Samuel 27:1-28:14 – Mateo 21:23-46 – Salmo 18:43-50 – Proverbios 6:27-35

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