Crecimiento por fe

Crecimiento por fe

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2/18/2017

Por fe andamos, no por vista. (2 Corintios 5:7)

El versículo de hoy se refiere al andar en el sentido de ser más semejantes a Cristo. Eso tiene lugar cuando vivimos por fe. Sin embargo, cuando lo juzgamos todo por lo que vemos, tenemos un crecimiento difícil.

¿Recuerda a los doce espías de Israel enviados a Canaán (Nm. 13)? Diez regresaron y dijeron que se sintieron como saltamontes en una tierra de gigantes. Esos diez anduvieron por vista. Pero Josué y Caleb tuvieron fe, sabiendo que Dios estaba de su parte. Diez ni siquiera pensaron que Dios podía dirigir las circunstancias, pero dos sabían que Él es más grande que cualquier situación.

¿Vive usted por fe? Si quiere crecer espiritualmente, crea en la Palabra de Dios y confíe en Él en toda situación.

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Cuando somos inmortales

FEBRERO, 18

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Cuando somos inmortales

Devocional por John Piper

Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo. (Hechos 23:12)

¿Y qué pasó con esos tipos hambrientos que prometieron no comer hasta que hubieran tendido una emboscada a Pablo?

Leemos sobre ellos en Hechos 23:12: «Cuando se hizo de día, los judíos tramaron una conspiración y se comprometieron bajo juramento, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubieran matado a Pablo». No funcionó. ¿Por qué? Porque una serie de eventos poco probables ocurrieron:

· Un niño escuchó la conspiración.

· El niño era el hijo de la hermana de Pablo.

· El niño tuvo el coraje de ir donde el centurión romano que vigilaba a Pablo.

· El centurión lo tomó en serio y lo llevó al tribuno.

· El tribuno le creyó y preparó «doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros» para llevar a Pablo a seguridad.

Muy poco probable y extraño, pero eso es lo que ocurrió.

¿Qué es lo que hicieron mal los hombres hambrientos esperando en la emboscada? Fallaron en evaluar lo que le ocurrió a Pablo justamente antes de que ellos conspiraran. El Señor se le apareció a Pablo en la prisión y le dijo: «Ten ánimo, porque como has testificado fielmente de mi causa en Jerusalén, así has de testificar también en Roma» (Hechos 23:11).

Cristo dijo que Pablo iría a Roma, y eso sucedió. Ninguna emboscada puede oponerse a la promesa de Cristo. Hasta que llegara a Roma, Pablo sería inmortal. Había un testimonio final que debía ser dado, y Cristo se aseguraría de que Pablo lo diera.

Nosotros también tenemos un testimonio que dar, y seremos inmortales hasta que lo hayamos dado.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

La realidad de la iglesia de hoy

La realidad de la iglesia de hoy

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Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

 

La vida intraeclesiastica. El verdadero compromiso con Dios también implica compromiso con su cuerpo que es la iglesia.

sugel100x100Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.

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Nada se le compara

18 Febrero 2017

Nada se le compara
por Charles R. Swindoll

Job 38:1-41

Dios es prominente y preeminente. Es majestuoso en Su poder, magnífico en Su persona y maravilloso en sus propósitos. ¡Qué reconfortante es replegarnos a la sombra de nuestra propia insignificancia y dar total atención a la grandeza de nuestro Dios! ¡Se trata solamente de Él!

Muy diferente al caso de la niñita que iba caminando al lado de su madre bajo un fuerte aguacero con truenos ensordecedores. Cada vez que se producía un relámpago, su madre notaba que la niña se daba vuelta y sonreía. Caminaban un poco más, había otro relámpago, y la niña se volvía otra vez y sonreía. La madre finalmente le dijo: “Querida, ¿qué sucede? ¿Por qué te volteas y te sonríes después del resplandor del relámpago?”

“Bueno”, dijo ella, “quiero estar serena y sonreír para Dios, porque Él me está tomando una fotografía”.

Damos un gran paso hacia la madurez cuando finalmente entendemos que no se trata de nosotros ni de nuestra importancia. Se trata de la magnificencia de Dios. De Su santidad. De Su grandeza. De Su gloria.

El SEÑOR marcha en el huracán y en la tempestad; las nubes son el polvo de sus pies.

¡Bueno es el SEÑOR! Es una fortaleza en el día de la angustia y conoce a los que en Él se refugian. (Nahúm 1:3, 7)

Dios es trascendente. Él es magnífico. ¡Solo Él es admirable! Él está en todas partes, encima de nosotros, dentro de nosotros. Sin Él no hay justicia. Sin Él no hay santidad. Sin Él no hay la promesa del perdón ni la fuente de verdad absoluta ni razones para soportar ni esperanza más allá de la tumba. Nada se compara con Él.

Dios es majestuoso en su poder y maravilloso en sus propósitos.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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El triste papel que juega el olvido

El triste papel que juega el olvido

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18 FEBRERO

Éxodo 1 | Lucas 4 | Job 18 | 1 Corintios 5

Pero llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José” (Éxodo 1:8). Según se afirma, quien no aprende nada de la historia está destinado a repetir todos sus errores. Dicho de otra forma, lo único que la historia enseña es que no se aprende nada de ella. Aforismos arbitrarios al margen, uno no puede leer la Escritura durante mucho tiempo sin reflexionar sobre el triste papel que juega el olvido.

Los ejemplos abundan. Era de esperar que, tras un juicio tan devastador como el Diluvio, los seres humanos posdiluvianos estarían tan atemorizados que habrían procurado evitar la ira de Dios. Pero esto no es lo que sucedió. Dios sacó a Israel de la esclavitud, mediante plagas espectaculares y les hizo atravesar el Mar Rojo. Sin embargo, tan solo transcurrieron unas pocas semanas antes de que los israelitas se dispusieran a atribuir su rescate a un dios representado por un becerro de oro. El libro de Jueces describe el despreciable patrón repetitivo de pecado, juicio, rescate, justicia: siempre el aburrido ciclo que les llevó a la decadencia. Cabía pensar que, bajo la dinastía Davídica, los reyes de su línea sucesoria recordarían las lecciones aprendidas por sus padres y buscarían procurar la bendición de Dios por medio de una obediencia fiel. Pero esto apenas fue así. Tras la catastrófica destrucción del reino del norte y la destitución de sus líderes y artesanos que los exilió bajo dominio asirio, ¿cómo es que el reino del sur no tomó nota y mantuvo la fidelidad del pacto? En realidad, apenas ciento cincuenta años más tarde, los babilonios los sometieron a un destino similar. Tampoco resulta difícil encontrar este mismo olvido deplorable en algunas de las iglesias del Nuevo Testamento.

Por tanto, el olvido de los gobernantes egipcios, ayudado por un cambio de dinastía, no nos sorprende demasiado. Unos cuantos siglos es un tiempo largo. ¿Cuántos cristianos de Occidente han absorbido realmente las lecciones del avivamiento evangélico, por no hablar de la magistral Reforma?

A poca distancia del lugar en el que escribo estas líneas, se encuentra una iglesia que atrae a cinco o seis mil personas cada domingo por la mañana. Sus líderes han olvidado que todo comenzó cuando se plantó aquella iglesia hace tan solo dos décadas. Ahora pretenden retirarse de la denominación que la fundó no por discrepancia teológica ni por un error moral, sino porque están tan impresionados por su propia magnitud e importancia que la arrogancia no les permite ser agradecidos. Acuden a nuestra mente seminarios que han abandonado sus raíces doctrinales de una generación a otra; nos acordamos de algunos individuos, importantes eruditos, tan impresionados por la novedad que han dado a la inteligente originalidad un rango mayor que a la piadosa fidelidad. Las naciones, las iglesias y las personas cambian y se creen cada vez más “avanzadas” que quienes les precedieron.

Para nuestra vergüenza, olvidamos todo lo que deberíamos recordar.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 49). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Gozo y paz

Gozo y paz

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El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer. – Romanos 15:13

«¿Qué lo hace feliz?». Esta fue la pregunta que leí en la primera página de una revista muy conocida. Al hojearla descubrí una multitud de artículos destinados a amoblar y decorar la casa, o a crear un jardín más bonito. Vivir en un espacio agradable y confortable puede, sin duda, contribuir al bienestar, pero este privilegio no es accesible a todos.

En cambio, hay una felicidad a la que todos tienen acceso y es gratuita. “He aquí os doy nuevas de gran gozo”, dijo el ángel a los pastores cuando Jesús nació. “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11). El mundo de aquel entonces no quiso recibir esta buena noticia, pero hoy, todo aquel que se acerca a Jesús con fe puede experimentar el verdadero gozo de la salvación, del perdón y de la vida eterna.

Dios también da la paz: “Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Él mismo hizo la paz “mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Jesús, muerto y resucitado, dijo a sus discípulos tristes y temerosos: “Paz a vosotros” (Juan 20:21). Creer en el Señor Jesucristo es experimentar esta paz profunda en nuestra conciencia y su gozo en nuestro corazón. Los primeros cristianos de Roma poseían esta felicidad y esta paz, y el apóstol Pablo deseaba que estuviesen rebosantes de ellas.

Cristianos, oremos para que Dios nos ayude a estar llenos de ellas y a transmitirlas a los que nos rodean.

“Por cuanto me has alegrado, oh Señor, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo” (Salmo 92:4). “Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:28).

2 Samuel 11 – Hechos 3 – Salmo 24:1-6 – Proverbios 10:3-4

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