Mejor que el dinero, el sexo y el poder

Mejor que el dinero, el sexo y el poder

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Devocional por John Piper

Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. (Hebreos 10:35)

Tenemos que meditar en la superioridad de Dios como nuestra gran recompensa por sobre todo lo que el mundo tiene para ofrecer. Si no lo hacemos, amaremos el mundo como el resto lo hace, y viviremos como todos los demás.

Tomemos las cosas que mueven al mundo y meditemos en lo bueno y perpetuo que Dios es en comparación. Consideremos el dinero, el sexo o el poder, y pensemos acerca de ellos en relación con la muerte. La muerte acabará con cada uno de ellos. Si vivimos para ellos, no conseguiremos mucho; y lo que lleguemos a conseguir, lo perdemos.

En cambio, el tesoro de Dios permanece, dura, va más allá de la muerte. Es mejor que el dinero porque Dios posee todo el dinero y es nuestro Padre. «Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Corintios 3:22-23).

Es mejor que el sexo. Jesús nunca tuvo relaciones sexuales y fue el ser humano más pleno y completo que existirá por siempre. El sexo es una sombra —una imagen— de una realidad más grande, de una relación y un placer que harán que el sexo parezca un bostezo.

La recompensa de Dios es mejor que el poder. No existe mayor poder humano que el de ser un hijo del Dios Todopoderoso. «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» (1 Corintios 6:3).

Y así continúa la lista. Dios es mejor y más permanente que todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

No hay comparación. Dios gana —cada vez—. La pregunta es la siguiente: ¿Lo tendremos nosotros a él? ¿Nos despertaremos del trance de este mundo estupefaciente, para en su lugar ver y creer y regocijarnos y amar?

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La salud espiritual del líder

La salud espiritual del líder

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Pablo A. Deiros

Si el estado de salud física y emocional del líder cristiano es fundamental para el buen desempeño de su ministerio, tanto más es su nivel de salud espiritual. Es imposible que un hombre o una mujer con falta de integridad espiritual puedan cumplir un ministerio significativo en la vida de otras personas. Sobre todas las cosas, el líder cristiano es un líder espiritual, y nadie puede conducir a otro por un camino que él o ella no están recorriendo y hacia una meta a la que él o ella no están yendo.

La necesidad de cuidar la salud espiritual. Pablo habla de su propia experiencia personal en este particular en Filipenses 3:7–12. Es interesante seguir el razonamiento de Pablo y ver cómo él encontró el camino para una plena realización personal, rompiendo con la esquizofrenia de objetivos dispares en la vida y de metas encontradas. Cuando no hay una adecuada resolución entre lo que uno considera “ganancia” o “pérdida” en la vida, no puede haber salud espiritual. El objetivo de “ganar a Cristo”, de “encontrarse unido a él”, de “conocer a Cristo” y de persistir en querer “alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” es fundamental para la generación de un estado espiritual saludable.

Esta salud espiritual es indispensable por la misma naturaleza del ser humano. Somos seres físicos (conocemos por los sentidos), pero somos también y fundamentalmente seres espirituales. A Dios no lo captamos ni conocemos por la vía de lo sensible, sino por nuestro espíritu. Sin el alimento de la Palabra y el oxígeno de la oración terminamos en una actitud materialista o en un ateísmo práctico. La salud espiritual es también indispensable por la misma naturaleza de la vida moderna. Secularismo, hedonismo, materialismo, frivolidad, consumismo, egoísmo, pueden contagiarnos fácilmente. Si no nos detenemos a pensar en Dios y a buscar la comunión con él, podemos caer en cualquiera de estas cosmovisiones y estilos de vida, que producen extravío y terminan por enfermar al alma. El ritmo de vida, los cambios repentinos, la alienación de las relaciones, la neurosis de nuestro tiempo no nos van a dejar espacio para el desarrollo espiritual, a menos que lo procuremos conscientemente. Pablo descubrió el bien supremo en la vida, que para él no era otro que conocer a Cristo (Fil. 3:8, 10). Para ello, hay que pasar tiempo con él.

Deiros, P. A. (2008). Liderazgo Cristiano (p. 38). Buenos Aires: Publicaciones Proforme.

Sentir lo que Dios siente

Sentir lo que Dios siente

2/9/2017

Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. (Romanos 14:8)

Recuerdo a una joven que aprendió a sentir dolor cuando no se honraba a Dios. Salió de un pequeño pueblo en Virginia occidental para ir a vivir con un estudiante en la UCLA. Poco después la echó a patadas. Ella anduvo deambulando y trató de quitarse la vida varias veces, pero cada vez sobrevivió. Mi hermana y yo la conocimos y tuvimos la oportunidad de guiarla a Cristo. Poco después de eso ella decidió volver a su pueblo natal para hablarles de Cristo a su mamá y a sus amigas.

Varios meses después, me escribió una carta. Esto es algo de lo que escribió:

“Puedo casi sentir la insoportable tristeza que Dios siente cuando alguien lo rechaza y no lo glorifica. ¡Él es Dios! Él nos hizo. Él nos lo dio todo. Seguimos dudando y rechazándolo. ¡Es horrible! Cuando pienso en cuánto lo herí, espero que algún día yo pueda compensar eso.

“Está muy claro para mí que debe glorificarse a Dios. Él lo merece, y desde hace mucho tiempo. Anhelo decirle a Cristo, y así indirectamente a Dios, que lo amo. Quiero que Dios sea Dios y que ocupe el lugar que merece. Estoy hastiada de ver cómo las personas lo rebajan”.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
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¿Quién lo podrá comprender?

9 Febrero 2017

¿Quién lo podrá comprender?
por Charles R. Swindoll

Job 26:1-14

Al leer este pasaje no podemos dejar de pensar: ¡Qué idea tan sobrecogedora! “Bildad, por más admirable que sean todas estas cosas, lo que he mencionado representa apenas los bordes de sus caminos.” ¿No es “bordes” una magnífica palabra? Los bordes, las márgenes exteriores de sus caminos; sólo los callados susurros de su poderosa voz, los murmullos de la omnipotencia. ¡Escúchame, Bildad! ¿Quién lo podrá comprender plenamente? Y pensar que el Dios-Creador atraviesa las millones de galaxias de “los cielos” para dar su atención a este diminuto planeta del tamaño de un fréjol, llamado Tierra, para descender hasta personas como nosotros, sabiendo aun el número de los cabellos que hay en nuestras cabezas.

Se necesita tener una perspectiva así cuando las llagas de mi cuerpo estén supurando y la fiebre no baje. Job termina donde Bildad debió haber comenzado: “¿Quién lo podrá comprender?”

Es cierto. ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pero tenga cuidado aquí. Eso no significa que Él no está al corriente, que no tiene el control, que no tiene un plan. Solo significa que Él no está obligado a darnos explicaciones, y ya que Dios no lo revela todo, no nos quedan sino tres palabras muy honestas, que son útiles cuando provienen de los labios de una persona que no es orgullosa. ¿Cuáles son estas tres palabras? No lo sé.

Pero Dios sí lo sabe, y Él hace bien todas las cosas. Él tiene el control. Yo soy el barro; Él es el Alfarero. Yo soy el discípulo; Él es el Señor. Yo soy la oveja; Él es el Pastor. Yo soy el siervo; Él es el Amo. Eso significa que debo someterme. Que debo humillarme bajo su mano poderosa. Que debo estar dispuesto a ajustar mi vida a lo que Él decida para mí, a escuchar, a aprender, a adaptarme a su dirección cualquiera que esta sea, aunque esté cómodo, feliz o con salud. A esto se le llama obediencia. Job, por ahora, está comenzando a verlo, y cuando llega al final de su breve explicación, pregunta sabiamente: “¿Quién lo podrá comprender?”

Disciplínese para pensar de manera teológica. Hágase el firme propósito de pensar de la manera que Dios lo hace, reconociendo su majestuosa magnificencia. Auto enséñese a sentirse cómodo diciendo las palabras: “No lo sé”. Job pensaba correctamente en cuanto a Dios, y por eso pudo soportar todo, aunque sin comprender el porqué. Quiera Dios que haya más como él. Y que usted sea uno de ellos.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“reyes” y “césares”

“reyes” y “césares”

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9 FEBRERO

Génesis 42 | Marcos 12 | Job 8 | Romanos 12

La disputa entre Jesús y algunos de sus adversarios que se relata en Marcos 12:13–17 es muy interesante. Marcos dice que los interlocutores de Jesús quisieron atraparle en sus palabras (12:13). Sin duda por eso comienzan con elogios acerca de la solidez de sus principios, como maestro que no está dispuesto a dejarse influenciar por la opinión pública. Pero es un montaje. “¿Está permitido pagar impuestos al césar o no?”, le preguntan. “¿Debemos pagar o no?” (12:14–15).

Pensaban que ya lo tenían atrapado. Si contestaba que “no”, se las tendría que ver con las autoridades romanas, las cuales, evidentemente, no iban a permitir que un predicador religioso en un país tan inestable como este, anduviese por ahí abogando por la desobediencia fiscal. Incluso le podrían ejecutar por traición. Pero si contestaba que “sí”, perdería la confianza de la gente, lo cual le restaría popularidad. Muchos judíos normales y corrientes no sólo sentían un profundo rechazo de los impuestos, sino que planteaban no pocas objeciones teológicas. ¿Cómo podía un judío concienzudo pagar con monedas que llevaban la imagen del emperador, especialmente monedas que le atribuían un título divino? Si los judíos realmente tenían la justicia de su parte, ¿No bajaría Dios para volver a liberar a su pueblo, esta vez de la superpotencia romana? ¿No requiere la fidelidad escrupulosa hacia Dios que no se paguen los impuestos?

Fuese la respuesta que fuese de Jesús, perdería la partida. Pero Jesús se niega a rendirse. En lugar de ello, pide una moneda, pregunta de quién es la imagen y afirma que es legítimo pagar a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Jesús consigue así evitar la trampa, y sus interlocutores quedan atónitos.

Pero aquí hay varios niveles interpretativos. Bajo una teocracia estricta, las palabras de Jesús serían incoherentes: el reino de Dios es mediado a través del rey, de modo que no es tan fácil separar estos dominios el uno del otro. Además, la estructura del antiguo pacto, sobre el papel, estaba estrechamente ligada a un régimen teocrático. No obstante, aquí tenemos a Jesús insistiendo en que sí se debe hacer una distinción entre las reivindicaciones del César y las del Dios viviente.

Por supuesto, esto no significa que el dominio del César sea completamente independiente del dominio de Dios, ni que Dios no mantenga el control providencial. No obstante, es fácil llegar a la conclusión de que Jesús está proclamando aquí un cambio fundamental en la administración de la comunidad del pacto. El locus de la comunidad ya no es un reino teocrático; ahora es una asamblea de iglesias alrededor de todo el mundo, sujetos a muchos “reyes” y “césares”, pero que no rinde culto a ninguno de ellos. Por esto muchos creyentes alrededor del mundo, siguen la línea del no reconocimiento oficial y político de ninguna religión o confesión en particular, en coherencia con esta afirmación por parte del mismo Señor Jesús.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 40). Barcelona: Publicaciones Andamio.

El poder del perdón de Cristo

El poder del perdón de Cristo

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Vuélvete… dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor, no guardaré para siempre el enojo. – Jeremías 3:12

Vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. – Isaías 55:7

Lea Juan 21:1-7

Pedro, discípulo de Jesús, pensaba que amaba a su Maestro más que los demás. Sin embargo lo negó tres veces consecutivas (Lucas 22:54-62). Luego, algunos días después de la muerte y resurrección del Señor, Pedro y otros discípulos fueron al lago a pescar. De repente Jesús se acercó. Juan fue el primero en reconocerlo y dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” (v. 7). E inmediatamente Pedro se echó al agua para ir al encuentro de Jesús lo más rápido posible.

¿Había olvidado que acababa de negar a su Maestro? ¿No tenía vergüenza? ¿No hubiese hecho mejor manteniéndose alejado y presentarse en último lugar? No, al contrario, Pedro se apresuró a reunirse con él porque entre tanto Jesús había tenido un encuentro con él en privado (Lucas 24:34) y le había asegurado su total perdón. Su actitud no fue inoportuna, pues dio testimonio de la confianza que tenía en el amor de su Maestro.

Creyentes, esto puede darnos ánimo si nos hemos comportado mal, si hemos pecado. Es triste deshonrar al Señor cuando conocemos su amor. Pero si después de haberle confesado nuestro pecado nos mantenemos alejados so pretexto de que somos indignos de acercarnos, dudamos de él. Es escuchar la voz de Satanás, quien trata de mantenernos lejos de Aquel que perdona y quiere restaurarnos.

¡Acerquémonos a nuestro Salvador con confianza y humildad, con la valentía de la fe, pues él nos ama!

Rut 1 – Mateo 1 – Salmo 1 – Proverbios 1:1-6
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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