La necesidad del arrepentimiento

La necesidad del arrepentimiento

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2/15/2017

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmo 51:10)

No puede haber verdadera confesión sin arrepentimiento. Muchas veces no confesamos nuestro pecado porque no estamos dispuestos a abandonarlo. Cuando era un joven cristiano, recuerdo haberle dicho al Señor que me arrepentía por determinados pecados que había cometido y después le daba gracias por haberlos perdonado. Pero eso era lo único que hacía.

Ocurrió algo importante en mi vida espiritual cuando comencé a decir: “Señor, gracias por perdonarme esos pecados. Sé que no te agradan, y no quiero volver a cometerlos”. Eso puede ser difícil de decir porque a veces queremos cometer ciertos pecados otra vez. Pero revelamos falta de madurez espiritual cuando queremos eliminar el castigo del pecado pero deseamos retener el placer. Para que su confesión de pecado sea genuina, debe apartarse de sus pecados.

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Cada paso dado hacia el calvario fue por amor

FEBRERO, 15

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Cada paso dado hacia el calvario fue por amor

Devocional por John Piper

En esto conocemos el amor: en que Él puso su vida por nosotros… (1 Juan 3:16)

El amor de Cristo por nosotros en su muerte fue tan consciente como fue intencional su sufrimiento. Si fue intencional al dar su vida, fue por nosotros. Fue amor.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Juan 13:1).

Cada paso dado hacia el Calvario significaba: «te amo».

Por lo tanto, sentir el amor de Cristo al dar su vida por nosotros ayuda a ver que fue totalmente intencionado.

Observemos lo que Jesús dijo inmediatamente después del momento violento en que Pedro trató de atravesar el cráneo del siervo, pero que solo le cortó la oreja.

Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder? (Mateo 26:52-54).

Una cosa es decir que los detalles de la muerte de Jesús fueron predichos en el Antiguo Testamento; pero es ir mucho más allá decir que Jesús mismo estaba tomando decisiones precisamente para asegurarse de que las Escrituras se cumplieran.

Eso es lo que Jesús dijo que estaba haciendo en Mateo 26:54: «Yo podría escaparme de esta desgracia, pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?».

No estoy escogiendo el camino que podría escoger para salirme de estas circunstancias porque conozco las Escrituras. Sé lo que debe ocurrir. Es mi elección cumplir con todo lo que se ha predicho de mí en la Palabra de Dios.


Devocional tomado del articulo “The Intensity of Christ’s Love and the Intentionality of His Death”

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

Dios y solamente Dios

15 Febrero 2017

Dios y solamente Dios
por Charles R. Swindoll

Job 28:1-28

Permítame darle una definición sencilla de la palabra sabiduría. Sabiduría es ver la vida desde la perspectiva de Dios. Cuando empleamos la sabiduría, estamos viendo la vida como Dios la ve. Por eso es tan importante pensar como lo hace Dios. Uno verá las circunstancias y las pruebas como Dios las ve. Verá la vida en familia y la crianza de los hijos como Dios las ve. Interpretará los acontecimientos actuales como Dios los interpretaría. Se enfocaría en una perspectiva amplia. Vería la verdad, aunque todo lo que haya a su alrededor sea engaño y mentiras.

Demos un paso más y definamos otro término espiritual: Entendimiento. ¿Qué significa? Entendimiento es responder a las luchas y los problemas de la vida como quisiera que lo hagamos. No con pánico y confusión. No renunciando a las cosas que son valiosas para nosotros, y no comprometiendo nuestra integridad. Cuando tenemos entendimiento, respondemos a los problemas de la vida como Dios quiere que respondamos. Confiamos en Él. Creemos en Él. Rechazamos el miedo. No vivimos de acuerdo con los impulsos humanos ni tampoco conforme a los convencionalismos de la cultura de hoy.

Es sumamente importante que tengamos una visión firme, y que respondamos con entendimiento. Esta visión y este entendimiento no podemos encontrarlos con nuestros propios esfuerzos ni son el resultado de nuestra búsqueda personal. Dios nos los proporciona por su gracia. El versículo 20 hace dos grandes preguntas:

¿De dónde, pues proviene la sabiduría?

¿Dónde está el lugar del entendimiento?

No dice: ¿Dónde podemos hallar consejo? No dice: ¿De dónde viene la opinión? Yo podría nombrar una o dos docenas de fuentes, pero la mayoría de ellas no valen la pena. Entonces, ¿de dónde viene esta sabiduría? ¿Dónde podemos encontrar verdadero entendimiento?

Usted puede conseguir cuatro doctorados, y nunca adquirir sabiduría o entendimiento. Usted, en verdad, no logrará temor del Señor de la educación superior. Ni siquiera las mejores universidades ofrecen un curso en cuanto al temor del Señor. ¿Cuál es la fuente de este temor? Dios y solamente Dios. Con “temor del Señor” me estoy refiriendo a un gran respeto hacia Dios, acompañado de un aborrecimiento personal al pecado. Ahora podemos ver por qué Salomón escribió: “El comienzo de la sabiduría es el temor del SEÑOR, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10).

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Dones del Espíritu: Continuísmo vs. Cesacionismo.

Coalición por el Evangelio 

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Dones del Espíritu: Continuísmo vs. Cesacionismo.

Una conversación entre un continuista y un cesacionista sobre los dones del Espíritu Santo. Participan José Mercado, Otto Sánchez y Salvador Gómez.

El artículo completo aquí: http://coalicion.es/1H33HxC
Encuentra más en http://coalicionporelevangelio.org

“Venid a mí…” (Mateo 11:28), dice Jesús, y no: “Venid a mi madre…”

Venid a mí…” (Mateo 11:28), dice Jesús, y no: “Venid a mi madre…”

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15 FEBRERO

Génesis 48 | Lucas 1:39–80 | Job 14 | 1 Corintios 2

Hay ocasiones en las que la mala teología produce de forma reactiva otro tipo de mala teología. Ante los mitos y títulos de más que la Iglesia Católica ha añadido a María, los protestantes a veces han reaccionado con un silencio absoluto en torno a su carácter asombroso. Ninguno de los dos enfoques resiste un análisis de este pasaje (Lucas 1:39–80) y unos cuantos más.

La Iglesia Católica Romana ha añadido a María títulos como “Madre de Dios” y “Reina del Cielo”, ninguno de los cuales se encuentra en la Biblia. La idea de que María fuese concebida inmaculadamente (y por tanto nacida sin pecado) y que ella, igual que Enoc, hubiese sido transportada al cielo corporalmente, librándose así de la muerte, carecen igualmente de soporte alguno. Esta última doctrina se convirtió en dogma para los católicos romanos tan recientemente como el año 1950. Según recientes reportajes, el Papa actual se plantea la posibilidad de establecer, como dogma que debe confesarse, otro título que los católicos conservadores atribuyen a María: “Co-Redentora”.

Pero el testimonio de Lucas apunta en otra dirección. En el cántico de María (1:46–55), tradicionalmente llamado “El Magníficat” (del vocablo latín para “magnifica”: “Mi alma magnifica al Señor”), la madre de Jesús dice que su espíritu se regocija en “Dios mi Salvador” – lo cual da a entender que ella también necesitaba a un Salvador y parece extraño tratándose de alguien que fuera concebida inmaculadamente. De hecho, un repaso rápido de los evangelios es suficiente para darnos cuenta de que María no tenía ningún acceso especial a su célebre hijo, y que a veces no alcanzó a comprender la naturaleza de su misión (2:48–50), ni nunca ayudó a nadie a obtener ningún favor que no pudiera recibir directamente. El testimonio unánime de las Escrituras es que los necesitados deben acudir a Jesús: “Venid a mí…” (Mateo 11:28), dice Jesús, y no: “Venid a mi madre…”. Él es el verdadero Mediador entre Dios y los seres humanos.

No obstante, María es tremendamente admirable, un modelo de muchas virtudes (como también lo es José, por ejemplo, en Génesis 37–50). Ella acepta su papel extraordinario con sumisión y serenidad, teniendo en cuenta el impacto que debió de suponer en su reputación (1:34–38). Dos veces Elisabet le llama “bendita” (1:42–45), es decir, aprobada por Dios; el reconocimiento sobrenatural de la superioridad del hijo de María con respecto al hijo de Elisabet (1:41–45) era sin duda una de las cosas que María meditaba en su corazón (2:19). Pero nada de esto se le sube a la cabeza: ella misma reconoce que su estado de “bendita” no se basa en ninguna superioridad intrínseca, sino en el hecho de que Dios (el Todopoderoso) ha considerado su estado “humilde” y su decisión de hacer “grandes cosas” en ella (1:48–49). En el Magnificat, el acento recae, como deber recaer en nuestro caso también, en la fidelidad de Dios al efectuar la liberación que había prometido (1:50–55).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 46). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Cristo es el cumplimiento de las Escrituras

Cristo es el cumplimiento de las Escrituras

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Bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. – Mateo 13:16-17

Cada uno de los cuatro evangelios presenta un aspecto diferente de Jesús. El primero, Mateo, revela a Jesús como el Mesías esperado, aquel que cumple las profecías. Marcos evoca el siervo de Dios; Lucas, el hombre perfecto; y Juan, el Hijo de Dios.

El evangelio según Mateo es como un puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Los profetas del Antiguo Testamento anunciaban las profecías concernientes al Mesías, el Cristo, y esperaban su cumplimiento. Los discípulos de Jesús las estaban viviendo, pues Jesús era el Cristo. Estaban viendo y oyendo lo que los creyentes de otro tiempo habían esperado. Mateo describe a Jesús no como un profeta más, sino como aquel que cumplió la profecía. El Reino de Dios, esperado desde hacía tanto tiempo, había llegado en la persona del Señor Jesús, pero no fue recibido.

Jesús también es Aquel que cumple la Ley de Dios revelada en el Antiguo Testamento. Algunos pensaban que Jesús no la respetaba, por ejemplo cuando sanó a una persona el día sábado. Pero Jesús pudo decir: “No he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Jesús fue más allá de un simple respeto exterior a la Ley. Era esta justicia del corazón, y no de las palabras, lo que animaba su vida. Los motivos que le hacían actuar eran los de Dios, quien es amor y luz. Jesús vivía “de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

2 Samuel 8 – Mateo 28 – Salmo 22:22-24 – Proverbios 9:10-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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