Concentrarse en la gloria de Dios

Concentrarse en la gloria de Dios

la-verdad-para-hoy

2/2/2017

A Jehová he puesto siempre delante de mí. (Salmo 16:8)

alimentemos_el_almaTodo existe con el propósito de glorificar a Dios. El Catecismo Menor de Westminster del siglo XVII comienza declarando que el principal propósito del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.

El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”. La inmensidad del espacio y todo lo que hay en Él glorifica a Dios.

En Isaías 43:20, Dios dice: “Las fieras del campo me honrarán”.

Los ángeles que aparecieron en el nacimiento de Cristo dijeron: “Gloria a Dios en las alturas” (Lc. 2:14).

La Biblia aclara que usted existe para dar gloria a Dios. Que usted siga el ejemplo de David y ponga siempre al Señor delante de usted.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

Demostrar clase

2 Febrero 2017

Demostrar clase
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Cuando llegamos a los capítulos 23 y 24 de Job, observamos que da tres respuestas serenas y vulnerables.Tórnese el tiempo necesario para leer completos estos dos capítulos, ¡son magníficos! El primer tema de Job parece ser: “No soy capaz de ubicar la presencia de Dios, pero confío en ti, Señor”. Esto para mí es muy evidente en los primeros doce versículos del capítulo 23.

Da la impresión de que Job está pensando en un tribunal. “Me gustaría saber en cuál tribunal está Dios.Quisiera saber dónde puedo dar con su paradero. Algún lugar, cualquier lugar de esta tierra donde pueda llegarme hasta Él”.

En estas apasionadas palabras se halla escondida una de las grandes cosas acerca de nuestro Dios. Cuando venimos a Él tal como estamos, nunca lo escuchamos decir: “¡Qué vergüenza!” Dios escucha nuestra súplica, nuestros sentimientos de necesidad, y Él se apresura a responder: “Te perdono. Te amo. Te entiendo. Aquí estoy contigo; y te felicito por enfrentar la verdad”.

Observe cómo hace alusión Job a la respuesta del Señor:

¿Contendería conmigo con la grandeza de su fuerza?
No; más bien, él me prestaría atención
Allí el justo podría argüir con él,
y yo me libraría para siempre de mi Juez. (Job 23:6, 7)

Todo el pueblo del Señor encuentra aquí una valiosa verdad que podemos aprender de nuestro Dios. Cuando una persona se acerca a Él de manera franca y vulnerable con su confesión, hay una respuesta natural, de tres palabras: Yo te perdono. La persona no necesita ser abochornada o avergonzada por haber fallado. Ella necesita la seguridad del perdón.

Job pregunta: “¿Contendería [Dios] conmigo?”

Después se responde a sí mismo: “No contendería conmigo, porque Él es mucho más poderoso. Él me prestaría atención. Podría razonar con Él, y sería librado para siempre de mi Juez”.

¿No es maravilloso eso?

alimentemos_el_alma

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.vc7dUnH7.dpuf

“los buenos” y “los malos”

“los buenos” y “los malos”

41rctw-asvl

2 FEBRERO

Génesis 34| Marcos 5 | Job 1 | Romanos 5

alimentemos_el_almaLas películas y los libros de venganza son tan propios de la cultura popular que rara vez pensamos en la ambigua naturaleza corrosiva del pecado. Solo existen “los buenos” y “los malos”. Sin embargo, en el mundo real, el pecado no corrompe únicamente a quienes hacen el mal, sino también a aquellos que responden con arrogante indignación; créanme que es algo bastante habitual. Las únicas personas que no tienen culpa en este terrible suceso de violación y saqueo (Génesis 34) son las víctimas: Dina misma, por supuesto, y los de Siquem que, sin tener nada que ver con el pecado del hijo de Hamor o la corrupción de este, fueron masacrados o esclavizados.

Siquem, hijo de Hamor, es culpable sin lugar a dudas. A la luz de la violación cometida contra Dina, sus esfuerzos por pagar la dote y asegurarse de que los demás varones accedieran a la circuncisión parece más bien un egoísmo decidido y deliberado que una noble expiación; en cierto modo, era como si la violación no hubiera acabado. El razonamiento de Hamor y su hijo, tanto al acercarse a la familia de Jacob como a su propio pueblo, está motivado por el egoísmo y se caracteriza por las medias verdades. No reconocen su delito ni hablan con sinceridad, e intentan influenciar a su propio pueblo despertando su avaricia.

Los hermanos de Dina, “muy dolidos y, a la vez, llenos de ira” (34:7), pueden contar con nuestra comprensión, pero sus posteriores actos son indefendibles. Con extraordinaria hipocresía, utilizan el rito religioso más importante de su fe como medio para incapacitar a los hombres del pueblo (el término ciudad se refiere a una comunidad, cualquiera que sea su tamaño), para matarlos y llevarse a sus esposas, hijos y riquezas como botín. ¿Acaso estaban honrando así a Dina? ¿Agradaba esto a Dios?

También el papel desempeñado por Jacob resulta, como poco, ambiguo. Su silencio inicial (34:5) pudo no ser más que conveniencia política, pero no parece noble y carece de principios. Su conclusión final (34:30) es, sin duda, una valoración precisa de los peligros políticos; sin embargo, no proporciona justicia ni alternativa.

¿Qué aporta este capítulo al libro de Génesis, y, de hecho, al canon?

Mucho. Para empezar, nos recuerda un patrón recurrente. Una vez más, Dios, en su misericordia, intervino y ayudó a su pueblo en medio de una crisis (como lo hizo en Gn. 32–33), pero esto no significaba que ya estuvieran fuera de cualquier peligro moral o que no fueran hacia la corrupción. Más bien nos aclara de nuevo que la línea prometida no se ha escogido por una superioridad intrínseca; este capítulo es un argumento implícito de la primacía de la gracia. Se diría que la crisis de Siquem fue la que llevó a la familia de regreso a Betel (Gn. 35:1, 5), dando fin a los movimientos de Jacob y, como hecho aún más relevante, recordando al lector que “la casa de Dios” es más importante que cualquier morada meramente humana.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 33). Barcelona: Publicaciones Andamio.

No siento nada

No siento nada

imgres

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.- Hebreos 11:1

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. – Efesios 2:8

Por fe andamos, no por vista. – 2 Corintios 5:7

alimentemos_el_almaVíctor es un joven creyente. Creyó en el Señor Jesús, pero desde hace algún tiempo está turbado; esto fue lo que compartió con un amigo.

–Hay días en los que me siento feliz; creo que soy salvo y tengo paz. Oro y me parece que Jesús me escucha realmente, que está a mi lado. Pero a veces no siento absolutamente nada, y cuando oro tengo la impresión de que no está ahí, que no escucha mi oración. Esos días me pregunto si realmente soy salvo.

–Víctor, si cierra bien los ojos, ¿piensa que el sol ha dejado de brillar?

–¡No, afortunadamente!

–Tiene razón, el hecho de cerrar los ojos no tiene ningún efecto sobre el sol. Es usted el que se priva de su luz. Y cuando hay mal tiempo y las nubes y la lluvia lo esconden, tampoco pueden apagarlo. Él brilla en el cielo mucho más arriba.

La Biblia dice: “Para siempre… permanece [Su] palabra en los cielos” (Salmo 119:89). Ella es verdadera todos los días de su vida, siéntalo o no, pues ella no depende de usted. Usted ha sido salvo por la fe, porque creyó en el Señor Jesús. ¡Dios así lo afirma! (Hechos 16:31). Sus sentimientos no pueden cambiar nada, pues Dios no le pide que sienta; él le invita a creer en su Palabra.

Si tiene dudas, lléveselas al Señor. Él es el Pastor de su alma y quiere darle la paz. Usted no podrá encontrarla mirándose a sí mismo. Tiene que mirar a Jesús y su obra cumplida una vez por todas.

1 Samuel 26 – Mateo 21:1-22 – Salmo 18:37-42 – Proverbios 6:20-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch