¿No me conoce?

¿No me conoce?

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Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. – Juan 14:9

Desde que Jesús le dijo: “Sígueme” (Juan 1:43), Felipe lo siguió y dio testimonio de que había hallado al Mesías. Luego vivió en compañía de Jesús durante tres años. Escuchó sus enseñanzas y vio sus milagros. Incluso escuchó a Pedro declarar a Jesús: “Tú eres… el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

Pero Felipe no captó lo esencial del mensaje de Jesús y el valor de su presencia, y le dijo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Juan 14:8). Jesús le respondió: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Esta pregunta se dirige a nosotros: ¿Cómo conocemos a Jesús? ¿Lo consideramos como un gran hombre, fundador de una religión? Esto no es suficiente, pues lo fundamental es conocerlo como el Hijo de Dios, que está vivo, el Señor.

Felipe no había captado que Jesús revela a Dios perfectamente. Al ver a Jesús percibimos a Dios, el Padre, tal y como se dio a conocer. El que desea acercarse a Jesús con toda humildad y verdad descubre quién es Dios. Ir a Jesús es el único camino hacia Dios. Jesús es el único intermediario, el único mediador entre Dios y los hombres. Es el hombre Jesucristo, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (1 Timoteo 2:5-6).

Conocer al Señor Jesús es el principio y, a la vez, el objetivo de la vida cristiana. ¿Qué progresos he hecho en el conocimiento de Jesús desde que él me salvó? ¿Me dejo transformar a su imagen? (2 Corintios 3:18).

1 Samuel 31 – Mateo 23 – Salmo 19:11-14 – Proverbios 7:24-27

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¿Por qué damos testimonio?

¿Por qué damos testimonio?

la-verdad-para-hoy

2/5/2017

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. (Juan 15:8)

Es probable que la mayoría de las personas piensen que debemos ser salvos por otras razones que no sean glorificar a Dios. Muchos cristianos por lo general darán las siguientes como las razones de que den testimonio:

     •   Mantener a las personas fuera del infierno. (Quieren que no sufran el castigo eterno.)

     •   Manifestar el amor de Dios.

     •   Obedecer el mandato de Cristo.

En Mateo 28:18-20 y en Hechos 1:8, Jesús nos dice que evangelicemos.

Todas esas son razones válidas y bíblicas para la evangelización, pero la principal razón de que debamos predicar el evangelio es para la gloria de Dios.

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¿Por qué debo asistir a la iglesia?

¿Por qué debo asistir a la iglesia?

JMA
John MacArthur

En repetidas ocasiones, el Nuevo Testamento enfatiza la importancia de las asambleas locales. De hecho, este fue el patrón de ministerio que Pablo siguió al establecer congregaciones locales, en las ciudades en donde predicaba el evangelio. Hebreos 10:24-25 manda a todo creyente a ser parte de un cuerpo local como este y revela por qué esto es necesario:  

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).  

El único ambiente en el que puede existir la cercanía necesaria entre creyentes para estimularse cuidadosamente “al amor y a las buenas obras”, es el cuerpo local con el que uno está comprometido. Y es solamente en ese contexto que podemos animarnos los unos a los otros.  

El Nuevo Testamento también enseña que todo creyente debe estar bajo la protección y sustento del liderazgo de la iglesia local. Estos hombres piadosos pueden pastorear a un  creyente al animarle, amonestarle, y enseñarle. Hebreos 13:7 y 17 nos ayudan a entender que Dios en Su gracia, nos ha concedido rendición de cuentas mediante un liderazgo piadoso.

Además, cuando Pablo le dio a Timoteo instrucciones especiales sobre las reuniones públicas, dijo, “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Parte del énfasis en la adoración pública incluye estas tres cosas: escuchar la Palabra, ser llamado a la obediencia y acción mediante la exhortación y la enseñanza. Es solamente en el contexto de la asamblea local que estas cosas pueden llevarse a cabo de la manera más eficaz.

Hechos 2:42 nos enseña lo que hacía la primera iglesia cuando se reunía: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Los cristianos se reunían:

• Para aprender la Palabra de Dios y las implicaciones de la misma en sus vidas.

• Para que estando juntos llevaran a cabo acciones de amor y de servicio unos a otros.

• Para conmemorar la muerte y resurrección del Señor mediante el partimiento del pan y la oración. Claro que podemos hacer estas cosas individualmente pero Dios nos ha llamado a Su cuerpo, la iglesia, la cual es la representación local de ese cuerpo mundial. Debemos servir con gusto y ser servidos entre el pueblo de Dios.

Una membrecía activa en una iglesia local es imperativa para llevar una vida sin concesiones. Es únicamente mediante el ministerio de la iglesia local, que un creyente puede recibir la clase de enseñanza, rendición de cuentas y ánimo que son necesarios para que esté fuerte en sus convicciones. Dios ha mandado que la iglesia provea la clase de ambiente en donde una vida sin concesiones puede prosperar.

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¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»

¿Por qué es importante asistir a la iglesia?»


La Biblia nos dice que necesitamos asistir a la iglesia para que podamos alabar a Dios con otros creyentes y ser instruidos en Su Palabra para nuestro crecimiento espiritual (Hechos 2:42: Hebreos 10:25). La iglesia es el lugar donde los creyentes pueden amarse unos a otros (1 Juan 4:12), exhortarse unos a otros (Hebreos 3:13), servirse unos a otros (Gálatas 5:13), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), honrarse unos a otros (Romanos 12:10), ser bondadosos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32).

Cuando una persona confía en Jesucristo para salvación, es hecha un miembro del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27). Para que el cuerpo de la iglesia funcione apropiadamente, todas las “partes del cuerpo” necesitan estar presentes (1 Corintios 12:14-20). Igualmente ningún creyente alcanzará jamás la plena madurez espiritual sin asistir a la iglesia y ser animado y exhortado por otros creyentes (1 Corintios 12:21-26). Por estas razones, la asistencia a la iglesia, la participación y el compañerismo deben ser actividades regulares en la vida de todo creyente. No es obligatoria la asistencia semanal de los creyentes a la iglesia, pero alguien que ha confiado en Cristo debería tener el deseo de adorar a Dios, ser instruido en Su Palabra, y tener compañerismo con otros creyentes.

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El Siervo Sufriente

El Siervo Sufriente

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5 FEBRERO

Génesis 38 | Marcos 8 | Job 4 | Romanos 8

Al ser preguntados, los discípulos de Jesús confiesan quién es él (Marcos 8:27–30). Cristo es la forma griega de Mesías, que tiene un trasfondo hebreo. Esta confesión desata un aluvión de nueva revelación por parte del Señor Jesús (8:31–38). Ahora enseña que el Hijo del Hombre “tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Es necesario que lo maten y que a los tres días resucite” (8:31). Tal como señala Marcos, Jesús “Habló de esto con toda claridad” (8:32). Al parecer, con anterioridad había comentado este asunto de una manera más encubierta.

Viviendo como lo hacemos de este lado de la cruz, nos resulta fácil ser un tanto condescendientes con la reacción de Pedro y la reprensión del Maestro (8:32). El discípulo consideraba sencillamente que Jesús debía estar equivocado en esto. Después de todo, no se mata a los mesías: ellos ganan siempre. ¿Cómo podía ser que el Mesías ungido de Dios, que hacía milagros como Jesús, pudiera ser derrotado? Por supuesto, Pedro estaba en un error; era una gran equivocación. Y es que ni siquiera los discípulos habían llegado a entender aún que Jesús, el Mesías, era el Rey conquistador y, a la vez, el Siervo Sufriente.

Pero aún había más. Jesús no solo insistió en que él mismo iba a sufrir, morir y resucitar, sino que advirtió: “Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga” (8:34). Para un oyente del siglo I, este tipo de lenguaje sonaría desconcertante. “lleve su cruz” no significaba soportar un dolor de muelas, perder el trabajo o una discapacidad personal. La crucifixión se consideraba, universalmente, el tipo de ejecución romano de mayor barbarie, y apenas se mencionaba entre la gente educada. El criminal condenado “llevaba su cruz”, es decir, cargaba con el travesaño y lo llevaba hasta el lugar de la ejecución. Cuando a uno le tocaba llevar su cruz, no había esperanza para él. Solo le esperaba una muerte ignominiosa y espantosa.

A pesar de todo, este es el lenguaje utilizado por Jesús, porque lo que todos sus discípulos deben aprender es que ser un seguidor suyo implica una dolorosa renuncia al interés personal para buscar de todo corazón los intereses del Señor. El abrupto lenguaje utilizado no es una invitación al masoquismo espiritual, sino a la vida: la norma infalible del reino es que centrarse en uno mismo desemboca en muerte, mientras que “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio, la salvará” (8:35). Este compromiso sólo acarreará la pérdida de la vida física para unos cuantos; para todos nosotros, significa morir a uno mismo y ser discípulo de Jesús. Y esto incluye confesar a Jesús con alegría y negarse por principio a avergonzarse de él y de sus palabras, en esta generación adúltera y pecadora (8:38).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 36). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Estoy esperando, quizás un buen día…

Estoy esperando, quizás un buen día…

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(Jesús dijo:) Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. – Juan 6:44

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? – Romanos 2:4

«Tú tienes suerte de tener fe, pero yo no. No es culpa mía… Pero estoy esperando; a lo mejor un día Dios me la da…».

Este razonamiento es bastante común. Deja suponer que aquellos que tienen fe son afortunados, y que los que carecen de ella no tienen la culpa, que simplemente deben esperar pasivamente a que les llegue… Pero esto es contrario a la enseñanza bíblica. Jesús dijo: “El que busca, halla” (Mateo 7:8). ¡Felizmente, tener fe no es una cuestión de azar! El que razona así olvida la responsabilidad del hombre ante Dios.

Es cierto que solo Dios puede hacer que un hombre tenga fe en su Hijo Jesucristo. En efecto, por nosotros mismos nunca iríamos espontáneamente a él. Pero también es igual de cierto que Dios manda a todo hombre que se arrepienta y crea en lo que Él dice. Tenemos, pues, la responsabilidad de obedecer. La soberanía de Dios, que da la fe, y la responsabilidad del hombre para recibirla son inseparables. De modo que nadie será salvo si no es por pura gracia. Pero todas las personas que no acepten al Señor Jesús como Salvador personal estarán perdidas por su propia falta: el haberlo rechazado. Estos dos hechos, que parecen inconciliables para nuestras mentes limitadas, están claramente establecidos en la Biblia, y nos inclinamos ante la Palabra de Dios.

Así, en lugar de esperar pasivamente que la fe nos llegue, respondamos a las urgentes invitaciones de ese Dios que nos ama y quiere salvarnos.

1 Samuel 30 – Mateo 22:23-46 – Salmo 19:7-10 – Proverbios 7:6-23

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El progreso espiritual

El progreso espiritual

la-verdad-para-hoy

2/4/2017

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. (1 Juan 2:13) 

Mi propia experiencia me ha enseñado mucho acerca de los distintos niveles de desarrollo espiritual descritos por el apóstol Juan en el versículo de hoy. Cuando yo era un niño espiritual, estaba absorto en la euforia de amar al Señor y no conocía mucha teología. En aquel tiempo la enseñanza de cualquier influía fácilmente en mí. Más adelante, cuando aprendí la Palabra de Dios, ya no me engañaron las falsas doctrinas; me enojaban. Y ahora, cuando he crecido en el conocimiento de la Palabra, mi deseo es conocer a Dios de una manera más íntima, que es el último nivel del crecimiento. Los padres espirituales no solo conocen la Biblia, sino que también conocen profundamente al Dios que la escribió.

El crecimiento espiritual va progresando del saber que usted es cristiano al conocimiento de la Palabra de Dios y al conocimiento de Dios mismo. La manera de conocer a Dios es dedicar la vida a concentrarse en su gloria, aprendiendo así a comprender la plenitud de su persona. Esa concentración se vuelve un imán que lo va llevando hacia arriba por los niveles de la madurez.

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Dios me recompensará

4 Febrero 2017

Dios me recompensará
por Charles R. Swindoll

Job 23:1-17

Cuando el cuerpo de Job estuvo lleno de llagas, cuando sus amigos estaban todavía en su contra, cuando estaba arruinado y viviendo en un estercolero, tuvo la temeridad de decir: “Sin embargo, Él conoce el camino en que ando; cuando Él me haya probado, saldré como oro”. (Job 23:10)

Job hace tres declaraciones basadas en la fe, en medio de su sufrimiento. Todas las tres tienen que ver con su Dios.

Primera: Yo sé que Dios conoce mi situación. “Él conoce el camino en que ando”.

Segunda: Yo creo que Dios me está probando. “Cuando Él me haya probado”.

Tercera: Yo creo que después de las pruebas que he sufrido, Él me bendecirá de una manera especial. Él no niega las pruebas, pero hay esperanza más allá de ellas. Dios conoce y Dios recompensará. Eso es lo que encontramos cuando llegamos al último capítulo de la vida de Job.

¿No sería fabuloso que pudiéramos estar en la situación de Job al final del libro, sin tener que sufrir todo lo que él sufrió a lo largo de todo el libro? ¡Qué bueno sería lograr el conocimiento que obtuvo sin pasar por todo ese sufrimiento! ¡Pero eso no es posible! Sea realista y entienda que eso no puede suceder. Se necesita el fuego para refinar el oro.

Así como todos somos diferentes en nuestra apariencia, en nuestras raíces, en nuestros grados de madurez y en edad cronológica, también las pruebas que experimentarnos son diferentes. Todo lo que usted sabe es que una persona de su comunidad, que usted conoce, está pasando por uno de los momentos más difíciles de su vida.

Espero que estas dos palabras no parezcan huecas o santurronas: tenga esperanza. Tenga esperanza de que esto no está sucediendo sin el conocimiento de Dios. El Señor conoce el camino en que usted anda, y no es sin un propósito. Después de la severa prueba, usted también saldrá como oro. Usted está siendo refinado por la prueba que Él ha permitido, y mientras tanto está siendo moldeado de nuevo; purificado y enseñado a ser humilde. Vendrán mejores tiempos. Si no es pronto, será más tarde en esta tierra, pero con toda seguridad será cuando esté delante del Señor y Él distribuya “oro, plata y piedras preciosas”. Todo, entonces, habrá valido la pena. Muchas de las recompensas de Job le llegaron mientras estuvo vivo en este planeta, pero las suyas le aguardarán en la gloria. En ambos casos, Dios conoce. Dios siempre recuerda. Dios recompensará.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“Tradiciones”

“Tradiciones”

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4 FEBRERO

Génesis 37 | Marcos 7 | Job 3 | Romanos 7

Muchos protestantes recelan de las “tradiciones” y, con frecuencia, en la polémica popular, retratan a los católico-romanos como gente que abraza la Biblia más las tradiciones, mientras nosotros nos supeditamos tan solo a las Escrituras. Antes de poder ver lo que Marcos 7 dice sobre las tradiciones, hay algunos asuntos que han de ser aclarados.

La primera observación es histórica. Las pruebas demuestran que, hasta la Reforma, la Iglesia Católica no había articulado la clara distinción que prevaleció tras ella. Aunque la Iglesia Católica postulaba una doctrina bastante innovadora, intentó por todos los medios vincularla de algún modo a las Escrituras mediante una serie de inferencias. No obstante, al ser confrontadas por la sola Scriptura (“solo las Escrituras”) de la Reforma, la Iglesia Católica alegó razones a favor de un criterio de revelación que insistía en que la verdad fue un depósito dado a la iglesia misma, de la que solo una parte se halla en las santas Escrituras y el resto en otras tradiciones que esta debía conservar y transmitir. En este tipo de fórmula, la tradición se establecería, pues, en contraposición a las Escrituras como algo adicional.

Esto nos conduce a la segunda observación, que alude al texto del Nuevo Testamento. Aquí se puede encontrar la palabra tradición o tradiciones, utilizadas tanto en sentido positivo como negativo. Este término se refiere sencillamente a lo que se va transmitiendo. Cuando se trata de la enseñanza apostólica, las tradiciones son algo bueno (p. ej., 1 Co. 11:2); si nos referimos a conflictos con lo declarado por Dios, entonces son inútiles y peligrosas (como aquí, en Marcos 7).

Esta distinción entre los diferentes tipos de tradición no es la misma que, por lo general, se pueda hacer hoy día. Distinguimos tradiciones intrínsecamente neutras, aunque útiles para la edificación de las familias o las comunidades —tradiciones familiares u otras interesantes de tipo cultural o eclesiástico—, así como otras que son represivas, restrictivas o agobiantes. En resumen, hacemos la diferenciación basándonos en el efecto social de las mismas y no en su veracidad. Sin embargo, el Nuevo Testamento no las alaba o critica según su función social, sino a la luz de su conformidad o distanciamiento con la Palabra de Dios. En este caso de Marcos 7:1–13, las tradiciones que Jesús condena son las que permiten que las personas eludan lo que las Escrituras afirman con toda claridad.

En tercer lugar, debemos reconocer que los evangélicos confesos que, de nombre, evitan la tradición, a veces abrazan tradiciones que, de hecho, adaptan la Palabra de Dios. Pueden ser interpretaciones tradicionales de la Escritura o prácticas eclesiales y formas de conducta tradicionales “permitidas” en nuestros círculos, pero muy alejadas de las sagradas Escrituras. En cualquier caso, la fidelidad hacia Cristo ordena una reforma por medio de la Palabra de Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 35). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Al borde de la tragedia

Al borde de la tragedia

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En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. – Job 33:14

Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. – 2 Corintios 5:20

Ella navegaba en solitario. En la noche salió a la cubierta y una ola la arrojó fuera del barco, que prosiguió su ruta dirigido por el piloto automático. Más tarde el equipo de salvamento marino la rescató in extremis. Al día siguiente dijo que estaba viva de milagro, y añadió: «El diablo no me quiso».

El objetivo del diablo es hacer daño a los hombres, pero no puede ir más allá de los límites que Dios, quien es soberano, le puso (Job 1 y 2). Al contrario, Dios ama a todos los seres humanos y protege a sus hijos. ¡Fue él quien permitió ese milagro! A veces nos habla de forma muy clara, como lo hizo con esta navegante. Su bondad nos invita al arrepentimiento así como al agradecimiento. Estemos atentos a su voz, y sobre todo no consideremos al diablo como un tema de broma. Si no escuchamos la voz de Dios, tendremos que escuchar en el día del juicio esta terrible frase pronunciada por Cristo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). ¡Entonces ya no habrá solución!

Reconocer que Dios me habla, creer que hizo todo para salvarme, es tomar la mano del Salvador de mi alma… ¡Significa aceptar que Jesús murió en la cruz para llevar el juicio por mis pecados y recibir el don gratuito de Dios, es decir, la vida eterna! Este Salvador es el Cristo, el Hijo de Dios. Mañana será el Juez de vivos y muertos.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

1 Samuel 28:15-29:11 – Mateo 22:1-22 – Salmo 19:1-6 – Proverbios 7:1-5

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