¿Está satisfecho?

miércoles 17 mayo

¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Marcos 8:36-37

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Filipenses 4:19

¿Está satisfecho?

El hombre es un perpetuo insatisfecho, y no hay nada que pueda llenar el vacío de su corazón. Sus obras, sus logros (en el ámbito de los negocios, las artes, las ciencias, el deporte…) lo aturden, lo distraen y disimulan sus verdaderas necesidades. A veces los descubrimientos útiles para el bien de todos son el fruto de búsquedas agotadoras, de un trabajo sin fin. Pero esta perseverancia a menudo nutre el orgullo del corazón del hombre sin Dios, quien es dominado por el diablo.

Solo Jesús puede colmar las necesidades más profundas del hombre, a condición de que cambie de dueño. Todo el que se acerca a Jesús, que cree en él, en su obra de salvación, y se arrepiente de su vida pasada, posee la vida eterna. “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Esta promesa es para todos los que buscan un verdadero sentido a su vida. Jesucristo no promete la prosperidad material, pero llena las aspiraciones más profundas del que busca la verdadera felicidad.

La vida eterna es un don gratuito que responde a todas las necesidades del hombre y apacigua sus temores más secretos. El que acepta ese don descubre el amor de Dios. Al dar a su Hijo, Dios demostró el amor incomparable con el que quiere llenar el corazón de cada uno de nosotros. “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

1 Reyes 13 – Marcos 14:1-25 – Salmo 59:1-7 – Proverbios 15:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Él está en el libro

Él está en el libro

5/16/2017

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis. (1 Pedro 2:2)

Para ser más semejante a Cristo hay que conocer la Palabra de Dios. Hay que saber cómo Cristo vivió cuando estuvo en la tierra, y el único lugar donde aprender eso es en las Escrituras, que son la revelación de Cristo. El Antiguo Testamento prepara la escena para Él, crea la necesidad de Él y predice su venida. Los Evangelios relatan su llegada. El libro de Hechos describe el inmediato efecto de su ministerio. Las epístolas describen la importancia a largo plazo de su vida y ministerio. Y Apocalipsis da detalles de su futura venida y de su juicio de la tierra.

Cristo es el punto central de toda la Biblia, y hay que estudiarla para saber cómo es Él. Muy a menudo estudiamos la Biblia en busca de argumentos teológicos o para responder preguntas. Esas cosas son importantes, pero lo más importante del estudio bíblico es saber más de Cristo para que podamos ser como Él.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

¡Así dice el SEÑOR!

16 de mayo

«Y Él dijo: Así dice el SEÑOR: ‘Haced en este valle muchas zanjas.’ Pues así dice el SEÑOR: ‘No veréis viento, ni veréis lluvias; sin embargo ese valle se llenará de agua y beberéis vosotros y vuestros ganados y vuestras bestias’».

2 Reyes 3:16, 17 (LBLA)

Los ejércitos de los tres reyes perecían por falta de agua; pero Dios estaba a punto de enviarla y, con estas palabras, el Profeta anuncia la bendición que se acerca. Se trataba de un caso de impotencia humana: todos esos hombres valientes no podían conseguir del cielo una sola gota de agua, ni hallarla en los pozos de la tierra. Así también, el pueblo de Dios no sabe, a veces, lo que debe hacer. Ve la futilidad de la criatura y aprende por experiencia dónde debe buscar ayuda. Sin embargo, el pueblo debía prepararse con fe para recibir la bendición divina. Tenían que cavar las zanjas en las cuales el precioso líquido quedaría contenido. La Iglesia, por medio de sus variados instrumentos, esfuerzos y oraciones, debe prepararse para ser bendecida: ha de hacer los estanques y el Señor los llenará. Esto hay que ejecutarlo con fe, en plena seguridad de que la bendición está a punto de descender. Pronto hubo una singular dádiva de la bendición necesitada: no como en el caso de Elías, cuando las nubes derramaron la lluvia, sino que los estanques se llenaron de una forma callada y misteriosa. Dios tiene su propia manera soberana de actuar. Él no está atado a las formas o al tiempo como lo estamos nosotros, sino que actúa entre los hijos de los hombres como él quiere. A nosotros nos corresponde recibir de él con agradecimiento y no dictarle normas. Debemos también observar la extraordinaria abundancia de aquel suministro: hubo suficiente para la necesidad de todos. Así acontece también con la bendición del evangelio: todas las necesidades de la congregación y de la Iglesia entera se verán satisfechas por el poder divino en respuesta a la oración; y, sobre todo, se concederá a los ejércitos del Señor una rápida victoria.

¿Qué estoy haciendo yo por Jesús? ¿Qué zanjas estoy cavando? ¡Oh Señor, prepárame para recibir las bendiciones que tú deseas concederme!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 145). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Balac & Balán

16 MAYO

Números 25 | Salmo 68 | Isaías 15 | 1 Pedro 3

Hay más de una manera de derrotar al pueblo de Dios.

Balac quería que Balán maldijese a los israelitas (Números 22–24). Bajo la amenaza del juicio divino, Balán se mantuvo firme y proclamó sólo aquello que Dios le reveló. Pero aquí en Números 25 descubrimos una táctica diferente. Algunas de las mujeres moabitas invitaron a algunos de los hombres israelitas a visitarlas. Algunas de estas visitas eran para asistir a festivales y sacrificios a sus dioses. Nacieron relaciones entre ellos. Al cabo de poco tiempo se inició la inmoralidad sexual y el culto dirigido a estos dioses paganos (25:1–2), en particular al Baal-Peor (25:3). “Y la ira de Dios encendió contra ellos” (25:3).

El resultado es inevitable. Ahora los israelitas se enfrentan no con la ira de los moabitas, sino con la ira del Dios Todopoderoso. Una plaga se extienda por el campamento y mata a 24.000 personas (25:9). Finees recurre a una medida drástica (25:7–8). Si la valoramos a través del prisma del pluralismo actual, e incluso según las medidas de castigo que la iglesia esté autorizada a imponer (p. ej., 1 Corintios 5), la ejecución llevada a cabo por Finees suscitará el horror y harán que se le dirijan acusaciones de actuar con un barbarismo primitivo. Pero si recordamos que bajo la alianza pactada con esta nación teocrática, la sanción que tenía que recibir tanto el adulterio flagrante como la idolatría era la pena capital, y cuando recordamos que Finees, al mostrarse fiel a los términos de la alianza (con la cual todo el pueblo se había comprometido), salvó incontables vidas humanas, puesto que puso fin a la plaga. Por tanto, se mostró más bien movido por principios que por el barbarismo. Sin lugar a dudas, este juicio, por muy severo que pueda parecer, no es nada comparado con el juicio venidero.

Pero quisiera hacer dos observaciones más.

En primer lugar, Moab había encontrado la manera de destruir a Israel al incitarles a cometer actos que conllevasen el juicio de Dios. Israel era fuerte, únicamente porque Dios era fuerte. Si Dios hubiese abandonado la nación, el pueblo sería capaz de muy poco. Según los oráculos de Balán, los israelitas tenían que ser “un pueblo que vive apartado, que no se cuenta entre las naciones” (23:9). El mal que tiene la violación de la ley de Dios en esta ocasión es que ahora parecen querer ser iguales que las naciones paganas.

¿Cuáles son las tentaciones que hoy día inducen a la iglesia de Occidente a una conducta que conduzca inevitablemente al juicio de Dios?

En segundo lugar, ciertos capítulos posteriores nos muestran que no se trataba aquí de los típicos encuentros casuales entre chico y chica, sino de una política oficial que nació de los consejos de Balán (31:16; ver también 2ª Pedro 2:16; Apocalipsis 2:14). Se nos presenta el espectáculo desgraciado de un profeta corrupto que conserva la fidelidad aparente en las grandes ocasiones, y que en secreto ofrece consejos malévolos, especialmente si hay la posibilidad de llevarse alguna ganancia personal.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 136). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Las cosas que no se ven

16 Mayo 2017

Las cosas que no se ven
por Charles R. Swindoll

Hechos 18:1-17

2 Corintios 4:7-15

Pablo veía todo lo que le sucedía a través de los ojos de la fe. Esa extraordinaria peculiaridad le permitió ser contado entre los gigantes de la fe como Moisés, recordado en la lista de Hebreos 11, quien, de acuerdo con las Escrituras, “abandonó Egipto, sin temer la ira del rey, porque se mantuvo como quien ve al Invisible” (11:27). Al igual que Moisés, Pablo soportó las dificultades concentrándose en lo eterno. Usó sus adversidades como recordatorio de que debía mantener centrada su atención en las cosas que no se ven. Cuando nuestro corazón es recto, podemos hacer eso.

Hace un tiempo, Cynthia y yo viajamos a Houston para asistir a un evento de Visión para Vivir. Mientras estábamos allí, disfrutamos de la breve visita que hicimos a la casa de unos buenos amigos. Estar de nuevo en la ciudad donde me crié me hizo recordar la casa en que ella y yo habíamos estado muchos años antes. Aquella casa tenía una enorme chimenea de piedra, lo suficientemente grande para meterse en ella a gatas. Disfruto grandemente de esas raras ocasiones cuando puedo sentarme junto a un fuego trepidante para leer o escuchar música clásica. ¡Soy un tipo a quien le encanta una chimenea!

Pues bien, grabadas en la gruesa pieza de madera que formaba la campana de esa magnífica chimenea, estaban estas palabras:

“Si tienes el corazón frío, mi fuego no podrá calentarlo”.

Cynthia y yo jamás olvidaremos esas palabras que estaban sobre esa gran chimenea. No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío. Un corazón frío se mantiene clavado en las dificultades y se niega a ver más allá del presente. El corazón de Pablo ardía con el fuego de la fe, permitiéndole ver lo invisible. Eso es lo que lo mantenía en su sano juicio cuando estaba bajo presión; eso es lo que mantenía su corazón caliente.

Nada de lo que tocaba externamente a Pablo podía enfriarlo por dentro. Por el contrario, ello alimentaba la llama que ardía en su interior. Cuanto más se prolongaba la persecución, más ardía su fuego para Dios. Pablo mantenía su mirada centrada en aquel que lleva a cabo sus propósitos eternos en la esfera de lo invisible, cuando todo lo que había alrededor de él se venía abajo. Es que la adversidad fortalece nuestra fe, consumiendo la escoria del temor y de la incredulidad, al llevarse las dudas.

“La fe es la constancia de las cosas que se esperan y la comprobación de los hechos que no se ven” (Hebreos 11:1). ¡Aférrese a la fe!

No hay ningún fuego en el mundo capaz de calentar a un corazón frío.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

– See more at: http://visionparavivir.org/devocional#sthash.8mPRaVtV.dpuf

El amor más libre

MAYO, 16

El amor más libre

Devocional por John Piper

He aquí, al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay. Sin embargo, el Señor se agradó de tus padres, los amó, y escogió a su descendencia después de ellos, es decir, a vosotros, de entre todos los pueblos, como se ve hoy. (Deuteronomio 10:14-15)

El amor electivo de Dios es completamente libre. Es el bondadoso desborde de su felicidad ilimitada, guiada por su infinita sabiduría.

Deuteronomio 10:14-15 describe el deleite que Dios tiene al elegir a Israel de entre los pueblos de la tierra. Observemos dos detalles.

Primero, notemos la diferencia entre los versículos 14 y 15. ¿Por qué Moisés ubica la elección de Israel en medio de la escena de Dios como propietario de todo el universo? ¿Por qué el versículo 14 dice que a Dios pertenecen el cielo, la tierra y todo lo que en ellos hay, y luego el versículo 15 dice que él escogió a Israel para que fuera su pueblo?

Al parecer, el motivo es erradicar la idea de que Dios estaba restringido de algún modo en la elección de su pueblo. Este pasaje busca derribar el mito de que cada pueblo tiene su propio dios y que este dios tiene derechos sobre su propio pueblo y nadie más.

La verdad es que este es el único Dios verdadero. Es dueño de todo lo que hay en el universo y puede tomar a cualquier pueblo que elija para hacer de él su especial posesión.

Por lo tanto, la maravillosa e inefable verdad revelada a Israel es que Dios los eligió. No tenía que hacerlo. Tenía el derecho y el privilegio de elegir a cualquier pueblo que quisiera sobre la faz de la tierra para llevar a cabo su propósito redentor.

Por consiguiente, cuando se llama a sí mismo «Dios de Israel» no quiere decir que está al mismo nivel que los dioses de Egipto o Canaán. Él es dueño de esos dioses y de sus pueblos. Si le hubiera placido hacerlo así, podría haber elegido a un pueblo totalmente distinto para realizar sus propósitos.

La finalidad de vincular de este modo los versículos 14 y 15 es hacer hincapié en la libertad de Dios, sus derechos universales y su autoridad.

El segundo detalle a notar (en el versículo 15) es la forma en que Dios ejerce su libertad soberana: «El Señor se agradó de tus padres, los amó». En su libre elección, le plació amar a los padres del pueblo de Israel.

El amor de Dios por ellos era libre y movido por misericordia, y no estaba restringido a ningún atributo intrínseco de su judaísmo ni por virtud alguna de Israel.

http://solidjoys.sdejesucristo.org/

 

Una decisión difícil

martes 16 mayo

No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor, y apártate del mal.

Proverbios 3:7

El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en el Señor será exaltado.

Proverbios 29:25

Una decisión difícil

La historia de Abdías (1 Reyes 18) tuvo lugar en Israel en el siglo 10 antes de Cristo. Los tiempos eran difíciles: Acab, un rey malo, gobernaba el país, y la reina Jezabel, una pagana, perseguía a los profetas de Dios. Además, la sequía asolaba el país desde hacía tres años. Pero Abdías era un creyente temeroso de Dios. Ocupaba la alta posición de gobernador del palacio real. No aprobaba la política del rey y se dedicó a velar sobre los siervos de Dios. Gracias a él, cien de entre ellos fueron librados de la muerte.

A pesar de esto, cuando Abdías encontró a Elías, el profeta de Dios, este último no le hizo ningún elogio y más bien se mostró frío. ¿Por qué?

Abdías temía a Dios, es cierto, pero su carrera profesional estaba antes que su celo por los intereses de Dios. No tenía la valentía de afirmar su fe ante Acab, ese rey impío, idólatra y perseguidor. Hubiese tenido que abandonar su alta posición social, renunciar a sus privilegios materiales e incluso arriesgar su vida para desligarse del mal. Pero su piedad no iba hasta allí. En cierto modo, su miedo a desagradar a su jefe era mayor que el de desagradar a Dios.

Podemos hallarnos en una situación similar y dejar en segundo plano los intereses de Dios para conservar un privilegio o una posición en el mundo. Pidamos al Señor que nos ayude a tomar una decisión por él. La Biblia nos dice: “Mejor es lo poco con el temor del Señor, que el gran tesoro donde hay turbación” (Proverbios 15:16).

1 Reyes 12 – Marcos 13 – Salmo 58:6-11 – Proverbios 15:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Comprensión de nuestra meta

Comprensión de nuestra meta

5/15/2017

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. (1 Juan 2:6)

La vida cristiana es simplemente el proceso de buscar la semejanza de Cristo, descrita teológicamente como santificación. Jesús dijo: “Sígueme”, y ese mandato sencillo no ha sido sustituido ni mejorado. Seguir a Cristo implica aprender de Él para que podamos ser como Él (Lc. 6:40).

Romanos 8:29 dice que Dios nos salvó para que seamos hechos “conformes a la imagen de su Hijo”. Por lo tanto, nuestra única búsqueda es ser cada vez más semejante a Cristo.

Algunos pudieran decir que glorificar a Dios o evangelizar a los perdidos son las prioridades más importantes. Pero ser semejante a Cristo glorifica a Dios, y si somos semejantes a Cristo no podemos menos que evangelizar a los demás. Después de todo, Él vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10). Todo lo necesario en la vida cristiana surge de una búsqueda de la semejanza a Cristo.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

Hechos perfectos

15 de mayo

«Hechos perfectos»

Hebreos 12:23

Recuerda que hay dos clases de perfección que el cristiano necesita: la justificación perfecta en la persona de Jesús y la santificación perfecta que obra el Espíritu Santo. Al presente, la corrupción aún permanece en el corazón del regenerado; la experiencia pronto nos enseña esta realidad. Dentro de nosotros se encuentran aún las codicias y los malos pensamientos. Sin embargo, me alegra saber que viene el día cuando Dios concluirá la obra que ha comenzado y no solo presentará mi alma perfecta en Cristo, sino también perfecta por el Espíritu: sin mancha, ni arruga ni cosa semejante. ¿Puede ser cierto que mi pobre y pecaminoso corazón llegue a ser santo como Dios es santo? ¿Es posible que este espíritu que frecuentemente clama: «¡Miserable hombre de mí, quién me librará de este cuerpo de muerte!», vaya a quedar libre del pecado y de la muerte, y que ninguna cosa mala perturbe más mis oídos ni pensamiento pecaminoso alguno turbe mi paz? ¡Oh, qué feliz momento! ¡Quiera Dios que llegue pronto! Cuando yo cruce el Jordán, la obra de la santificación quedará terminada; pero, hasta entonces, no pretenderé tener perfección alguna en mí. En aquella hora mi espíritu experimentará su último bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Creo que anhelo morir para recibir esa última y final purificación que ha de introducirme en el Cielo. Ningún ángel será más puro que yo; pues podré decir «Soy puro» en doble sentido: por la sangre de Jesús y por la obra del Espíritu. ¡Oh, cómo deberíamos ensalzar el poder del Espíritu Santo que nos ha hecho aptos para estar delante de nuestro Padre en el Cielo! No obstante, que la esperanza de la perfección en el Más Allá no nos haga estar satisfechos con la imperfección presente; pues en ese caso nuestra esperanza no sería genuina, ya que una esperanza verdadera purifica aun ahora. La obra de la gracia tiene que ser permanente en nosotros en este tiempo; de lo contrario tampoco será perfecta después. Pidamos ser «llenos del Espíritu» para que podamos producir más y más los frutos de la justicia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 144). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

Las 10 leyes del pecado

Coalición por el Evangelio

Miguel Núñez

Las 10 leyes del pecado

Susana Wesley, madre de los hermanos Wesley, dio a su hijo John lo que considero es una de las mejores definiciones de pecado desde el punto de vista práctico. Su definición es esta:

“Pecado es cualquier cosa que debilite tu razonamiento, altere la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu apreciación de Dios, o te quite la pasión por las cosas espirituales. En pocas palabras, cualquier cosa que aumente el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu… eso para ti se convierte en pecado, independientemente de cuán bueno sea en sí mismo”.

En este sentido, hace años escribí lo que llamé las 10 “leyes” del pecado, como advertencia al pueblo de Dios de lo que el pecado puede llegar a causar en tu vida y en la mía. Mi oración es que al meditar en estas cosas puedas entender cuán pecaminoso es el pecado, para usar las palabras del apóstol Pablo, y que entonces seas movido a buscar la santidad de nuestro Dios.

Primera ley:El pecado te llevará más allá de dónde pensabas llegar. Decimos “es que solo pienso llegar hasta aquí”, o, “créeme, que esto está bajo control”. Lo que estaba bajo control termina controlándote a ti. A su tiempo controlará tu corazón, y lo que controla tu corazón controlará también tus emociones y eventualmente toda tu mente. Tu vida queda sometida al pecado.

Segunda ley:El pecado te alejará por más tiempo de lo que habías pensado. “Es solo un par de días…”, y los días se convierten en semanas, y las semanas en meses, y en muchas ocasiones en años.

Tercera ley:El pecado te costará más de lo que querías pagar. Te costará tu integridad, tu reputación, tu paz. Puede llegar a costarte tu esposa o esposo, tus hijos, tus amigos, tu trabajo, tu ministerio y tu iglesia.

Cuarta ley:Pecas a tu manera, pero tienes que regresar a la manera de Dios. Él determina los términos de tu regreso. Y Sus caminos pueden ser largos y difíciles. La restauración del pecado es un proceso.

Quinta ley:El pecado engendra pecado. Una vez pecas, te ves en la necesidad de pecar nuevamente para encubrir tu primera falta.

Sexta Ley:El pecado te lleva a justificar lo que has hecho. El peso de la culpa y la necesidad de lucir bien ante los demás, te llevará a explicar y luego a justificar tu pecado. Ahora pecarás de auto-justificación.

Séptima Ley:El placer es efímero y temporal, pero las consecuencias del pecado son duraderas. El placer que te produce el pecado en el que incurres es de mucho menor duración que las consecuencias que te acarrea el haber pecado.

Octava Ley:No hay pecado oculto que Dios no ponga de manifiesto. Cristo lo dijo con estas mismas palabras en Mateo 10:26, Marcos 4:22; Lucas 8:17 y Lucas 12:2.

Novena Ley:Mi pecado comienza cuando yo quiero, pero las consecuencias comienzan cuando Dios quiera. De hecho, Dios puede visitar la iniquidad de los padres hasta la tercera y cuarta generación.

Décima Ley:Nadie se burla de Dios. “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”, Gálatas 6:7.

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico.

https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/