Y no os conforméis a este siglo

14 de octubre

«Y no os conforméis a este siglo».

Romanos 12:2

Si un cristiano pudiese por casualidad ser salvado a pesar de conformarse a este mundo, tendría que serlo, de cualquier forma, «así como por fuego». Tan mísera salvación debería temerse casi tanto como se desea. Lector, ¿quieres dejar este mundo entre las sombras de un desesperado lecho de muerte y entrar en el Cielo como un marinero náufrago que trepa por las rocas de su país nativo? Entonces, sé un mundano; mézclate con los adoradores de Mamón y niégate a salir fuera del campamento llevando el vituperio de Cristo. ¿Quieres, por el contrario, tener un Cielo aquí abajo a la vez que otro allá arriba? ¿Deseas comprender con todos los santos cuál sea la altura y la profundidad y conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento? ¿Quieres obtener una amplia y generosa entrada en el gozo de tu Señor? Entonces, sal de en medio de ellos y apártate y no toques lo inmundo. ¿Quieres lograr la plena certidumbre de fe? Ten presente que no la podrás conseguir mientras te juntes con los pecadores. ¿Quieres inflamarte de vehemente amor? Entonces, cuídate; porque, de lo contrario, ese amor se verá apagado por el compañerismo con los impíos. Mientras cedas a los principios mundanos y a las vulgares costumbres de los hombres del mundo, no podrás llegar a ser un gran cristiano; quizá seas un niño en la gracia, pero nunca serás un hombre perfecto en Cristo Jesús. Es malo que un heredero del Cielo tenga mucha amistad con los herederos del Infierno: cabe sospechar que algo anda mal cuando un cortesano mantiene demasiada intimidad con los enemigos de su rey. Las pequeñas polillas destruyen vestidos costosos, y un poco de frivolidad y otro poco de ruindad privarán a la religión de mil deleites. Tú que profesas ser cristiano pero, sin embargo, estás tan poco separado de los pecadores, ¡no sabes lo que pierdes por conformarte al mundo! Esa conformidad rompe los tendones de tu fuerza y te hace gatear en lugar de correr. Entonces, en bien de tu propio solaz y de tu crecimiento en la gracia, si eres cristiano, sé cristiano: pero un cristiano señalado y distinto.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 298). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


Deja un comentario