Alegría y Luz para tu vida

DÍA 29

Salmo 19

Dosis: Instrucción Divina

Alegría y Luz para tu vida

“Los preceptos del SEÑOR son rectos: traen alegría al corazón. El mandamiento del SEÑOR es claro: da luz a los ojos.” (Salmo 19:8) (NVI)

Aquí hay dos figuras preciosas que emanan nuevamente de la ley de Dios.

En primer lugar, se dice que los mandamientos de Dios son rectos. Es decir, están de acuerdo con sus normas eternas, con los principios éticos, que equilibran los conceptos del bien y del mal. Conocerlos, observarlos y cumplirlos debe llevarnos a una alegría de corazón. Contrariamente a lo que piensa la mayoría de la gente, que cumplirlos es una carga pesada, este versículo nos confirman las palabras de Jesús: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Dice la Biblia que Cristo es el primer ejemplo de obediencia, y el yugo de obediencia que tiene para nosotros está forrado de amor. Él pide que cumplamos sus mandamientos para nuestro beneficio personal.

Confirmar que nos va bien cuando cumplimos sus mandamientos, nos produce una gran alegría, pero además tenemos el fundamento de un gozo duradero con una mente sana, dispuesta a ser guiada por su Espíritu, para seguir experimentando la dicha de una vida plena.

Dice además “El precepto de Jehová es puro que alumbra los ojos.” Una luz diferente, pura, especial que alumbra nuestras tinieblas personales. Cuando nos sentimos en oscuridad la claridad de su Palabra abre nuestros ojos y nuestro entendimiento. ¡Nos alumbra!

Hace unos años vivimos una experiencia inolvidable. Viajábamos de norte a sur en nuestro auto de regreso a casa, cuando de pronto atravesamos un tramo de tinieblas. La neblina era tan densa que literalmente no podíamos distinguir nada. Los faros del auto resultaron inservibles para la densidad de esas tinieblas. No podíamos detenernos, pues estábamos al borde de precipicios, pero avanzar también era riesgoso porque no veíamos nada adelante. Solo cuando un camión o un bus se cruzaba con nosotros teníamos un fugaz instante de claridad por la potencia de sus faros neblineros. Mi esposo tuvo que seguir manejando, sacando la cabeza por la ventana, tratando de descubrir la línea divisoria de la carretera. Orábamos intensamente para que Dios disipe la neblina. Cuando por fin se disipó, respiramos tranquilos y comentamos cuán terrible y riesgoso es caminar en tinieblas.

Creo que de alguna manera todos hemos vivido esta experiencia en el plano espiritual. Al borde del precipicio, confiando en la intuición, sin distinguir nada adelante, sumidos en la oscuridad, dando pasos inciertos. Hasta que nos alumbró la luz de su Palabra.

Oración: Señor que tu palabra sea realmente una luz para mi vida. Amén

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 44). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.


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