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Serie: MetĆ”foras bĆblicas para la vida cristiana.
MetƔforas atlƩticas para la vida cristiana
Steven Lawson
Nota del editor:Ā Este es el quinto capĆtulo en la serie de artĆculos de Tabletalk Magazine:Ā MetĆ”foras bĆblicas para la vida cristiana.
El deporte es un lenguaje que la gente habla en todo el mundo. Ciertamente era un tema con el que estaban familiarizados los ciudadanos romanos del primer siglo. Los atletas eran los Ćconos del mundo antiguo, los hĆ©roes de los muchachos y la moda de la cultura. BasĆ”ndose en esta popularidad, los escritores del Nuevo Testamento decidieron comunicar muchos aspectos importantes de la vida cristiana por medio a metĆ”foras atlĆ©ticas. Se valieron de eventos deportivos para ilustrar verdades importantes relacionadas a nuestra santificación. He aquĆ algunos aspectos especĆficos que nos enseƱan sobre nuestra bĆŗsqueda de la santidad.
Primero, entrenamiento estricto. Se requiere que un atleta se someta a un entrenamiento riguroso a fin de competir al mĆ”s alto nivel. Ćl se ejercita vigorosamente para desarrollar sus mĆŗsculos, agrandar sus pulmones y aumentar su resistencia. Un atleta flojo y fuera de forma nunca lograrĆ” el premio. Solo aquellos que estĆ©n fĆsicamente en forma ganarĆ”n. Del mismo modo, Pablo escribe que los creyentes deben hacer lo mismo: Ā«MĆ”s bien disciplĆnate [Lit., ejercĆtate; o entrĆ©nate, NTV] a ti mismo para la piedadĀ» (1 Tim 4:7). Ā«DisciplĆnateĀ» (griego gymnazÅ) literalmente significa Ā«hacer ejercicios desnudoĀ» y se introduce al idioma espaƱol como gimnasio. El gimnasio antiguo era un lugar donde los atletas se quitaban la ropa para que nada restringiera sus movimientos fĆsicos durante el entrenamiento. Del mismo modo, cada cristiano debe remover todo obstĆ”culo que impida su crecimiento espiritual. Luego debe ejercitarse diligentemente en las Escrituras. Debe disciplinarse en la oración. Debe fortalecer su corazón para Dios en adoración personal y colectiva.
Segundo, obediencia comprometida. Un atleta tiene que competir de acuerdo a las reglas. NingĆŗn participante puede inventar su propio conjunto de regulaciones. Las reglas ya estĆ”n establecidas y son aplicadas por el Ć”rbitro, y romperlas resultarĆ” en una penalidad o descalificación. De manera similar, todo creyente debe vivir en obediencia a las Escrituras. Pablo escribe: Ā«Y tambiĆ©n el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglasĀ» (2 Tim 2:5). Se requiere obediencia a los mandamientos de la Biblia para todo aquel que corre la carrera de la fe. La obediencia agrada a Dios y se apoya en Su voluntad. La obediencia es una evidencia de verdadera fe salvĆfica, trae seguridad de salvación y es necesaria para ser como Cristo.
Se requiere obediencia a los mandamientos de la Biblia para todo aquel que corre la carrera de la fe.
Tercero, dominio propio. Se requiere que un atleta ejercite dominio sobre su cuerpo durante su entrenamiento. Si quiere ganar, le corresponde a Ć©l limitar sus libertades. Es necesario que se abstenga de comidas poco saludables para controlar su peso. Necesita monitorear cuĆ”nto duerme para preservar su fuerza. Del mismo modo, se requiere este mismo dominio propio en la vida cristiana. Pablo escribe: Ā«Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todoĀ» (1 Co 9:25). Ā«Se abstieneĀ» significa Ā«autorrestricción, autogobiernoĀ». Como creyentes, debemos velar por lo que permitimos que entre a nuestras mentes y corazones. Debemos rehusar consumir la comida chatarra tóxica de este mundo que estĆ” envenenada con sus ideologĆas seculares. En cambio, debemos decidir ser Ā«nutrido[s] con las palabras de la fe y de la buena doctrinaĀ» (1 Tim 4:6). Esto requiere de un banquete diario de cada palabra que procede de la boca de Dios (Mt 4:4).
Cuarto, arduo esfuerzo. Un atleta tiene que ejercer un esfuerzo mĆ”ximo a fin de ganar su evento. Esfuerzos a medias nunca lograrĆ”n la corona. Los corredores relajados que apenas mueven los pies perderĆ”n la carrera. La corona le pertenece al que gasta cada onza de energĆa en su competencia. De la misma manera, Pablo dice que debemos Ā«trabaja[r]Ā» (1 Tim 4:10) si hemos de ganar el premio. Ā«Nos esforzamosĀ» (griego kopiaÅ) significa Ā«esforzarse hasta el punto de agotamientoĀ». En la bĆŗsqueda de santidad, debemos entregarnos hasta que no podamos dar mĆ”s. Otra vez usando la metĆ”fora atlĆ©tica, Pablo escribe: Ā«Sigo adelanteĀ» (Flp 3:12), empleando una palabra (griego diokÅ) que significa Ā«moverse rĆ”pido y decisivamente tras un objetoĀ». Pablo declara que Ć©l estaba corriendo tras el conocimiento de Cristo tan rĆ”pido como sus piernas espirituales lo impulsaban. La Biblia dice: Ā«Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delanteĀ» (Heb 12:1). Esta Ā«carreraĀ» (griego agÅn) era el terrible evento a larga distancia que involucraba agonĆa y era agonizante. Debemos gastarnos en correr la carrera de toda la vida que tenemos por delante.
Quinto, punterĆa estratĆ©gica. En el mundo antiguo, un boxeador entraba al cuadrilĆ”tero para pelear contra su oponente. Su objetivo era asestarle golpes directos y demoledores a su contrincante hasta que estuviera ensangrentado y acabado. Un boxeador de aquellos tiempos no podĆa darse el lujo de desgastarse tirando puƱos salvajes al aire. No tenĆa mucha fuerza para gastar. Cada golpe tenĆa que dar en el blanco. De la misma manera, el apóstol Pablo se veĆa como un boxeador: Ā«Peleo, no como dando golpes al aireĀ» (1 Co 9:26). En su vida espiritual, Ć©l no estaba haciendo boxeo de sombra y lanzando jabs al aire. El apóstol aclara: Ā«Golpeo [O, hiero] mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificadoĀ» (v. 27). Ā«GolpeoĀ» (griego hupopiazÅ) literalmente significa Ā«herir, hacer moretonesĀ». El apóstol dice que debe golpear a su formidable enemigo hasta que sangre. Irónicamente, este oponente es su propia carne pecaminosa.
Sexto, enfoque singular. Todo atleta tiene que permanecer concentrado en la meta. Debe mantener una concentración intensa en el premio. Es este enfoque miope lo que lo impulsa con estallidos de energĆa renovada. Mirar hacia otros corredores o hacia el estadio harĆ” que corra mĆ”s lento y lo llevarĆ” a su derrota. De manera similar, los cristianos deben tener Ā«puestos los ojos en JesĆŗs, el autor y consumador de la feĀ» (Heb 12:2). Nuestro enfoque singular debe mantenerse en Cristo, quien genera la fuerza que necesitamos para correr con resistencia. Mantener nuestra mirada fija en Cristo produce la energĆa que se requiere para ganar la corona incorruptible. Mientras corrĆa su carrera de vida, Pablo escribió que Ć©l estaba Ā«olvidando lo que queda atrĆ”sĀ» (Flp 3:13). Ćl no podĆa ganar la corona si estaba mirando atrĆ”s a sus victorias o fracasos pasados. Ćl tenĆa que mantenerse mirando a Jesucristo.
Si has correr «de tal modo que gan[es]» el premio (1 Co 9:24), debes competir como un atleta totalmente comprometido en la vida cristiana. Se requiere sudor santificado. Pero valdrÔ la pena recibir la corona incorruptible del mismo Señor Jesucristo.
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El Dr. Steven J. Lawson es fundador y presidente de OnePassion Ministries. Es maestro de la Confraternidad de EnseƱanza de Ligonier Ministries, director del programa de doctorado en The Master’s Seminary y anfitrión del Instituto de Predicación Expositiva. Ha escrito mĆ”s de dos docenas de libros.