Pecado mortal (1 Jn. 5:14-17) – 23/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

23. “Pecado mortal” (1 Jn. 5:14-17)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

¿Por qué debería ir a la iglesia?

Alimentemos El Alma

¿Por qué debería ir a la iglesia?

Por Tiffany Johnson sobre Iglesia y Cultura

Traducción por Javier Matus

Es sábado por la noche. Si no asistes habitualmente a un servicio religioso durante el fin de semana, puedes estar pensando: ¿Por qué molestarme en ir a la iglesia este domingo? No conozco ni me gusta ninguna de esas personas. ¿Qué obtendría de pasar dos horas sentado en una banca? ¿No sería mejor ver el partido con los amigos, ayudar a alguien en necesidad o abogar por una causa?

Aunque conectarse con las personas, ayudar a los necesitados, luchar contra la injusticia y descansar son todas cosas necesarias, no debemos priorizarlas por encima de Dios Mismo. Solo Dios es preeminente (Colosenses 1:18). Estas actividades deberían fluir de una conexión vivificante con Cristo y su pueblo. Cuando hacemos que cosas buenas sean lo principal, les damos la posición de Dios y se convierten en ídolos.

Cinco razones para ir a la iglesia el domingo

Nuestra visión de Jesús y su iglesia a menudo se filtra a través de lentes históricos, políticos y de cultura pop. Muchos ven a la iglesia como una productora de personas de un solo molde que siguen estructuras de poder dominantes, en vez de ver un organismo vivo con discipulado y misericordiosa influencia en las comunidades que nos rodean.

¿Pero por qué deberías ir ? Aquí hay cinco razones para reunirse con los creyentes este fin de semana.

1. Para recordarnos quiénes y de quién somos.

En un mundo que ofrece una multiplicidad de puntos de vista, hay un lugar donde la gente puede encontrar la verdad (Juan 8:26). La iglesia es un faro en una niebla ética (Mateo 5:14-16).

Mi padre, músico de jazz, a menudo decía de mi madre educadora de primaria: “Ella siempre me recuerda dónde están las 12:00”. ¿Quién nos ayudará a orientarnos cuando no estamos seguros de cómo navegar en un mundo cada vez más complejo? ¿Estamos tropezando a través de la vida, o tenemos una brújula firme y un ancla para nuestras almas (Hebreos 6:19)? Nos reunimos con otros santos para el discipulado, y luego somos esparcidos como la sal y la luz, como misioneros en el mundo donde habitamos (Mateo 5:13-16; 28:18-20).

2. Para recordarnos que las pruebas temporales que enfrentamos tendrán un final feliz.

Uno de los funerales más impactantes a los que he asistido fue para apoyar a un hermano cuya madre falleció repentinamente. Nuestro pastor predicó desde Eclesiastés 7:1-2:

Mejor es el buen nombre que el buen ungüento, y el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete, porque aquello es el fin de todo hombre, y al que vive lo hará reflexionar en su corazón.

En esos sombríos momentos de reflexión sobre la Palabra de Dios, recordamos nuestra propia fragilidad: todos moriremos, y podría ser antes de lo que esperamos. Sin embargo, en esa meditación dulce y llena de gracia, también somos animados a vivir con propósito y con integridad, considerando la realidad final. No debemos vivir nuestra mejor vida ahora, como lo proclama el evangelio de la prosperidad, sino que vivimos sobria y prudentemente para maximizar nuestro breve tiempo en la tierra (Salmo 90:12; Efesios 5:16).

Para los cristianos, nuestra mejor vida está por venir (Salmo 16:11).

3. Para alentar el crecimiento y luchar contra el estancamiento.

Estamos ciegos a nuestra propia ceguera, y necesitamos la perspectiva de otros que están más avanzados en el camino hacia la semejanza a Cristo. Somos propensos a minimizar nuestras propias faltas y enfocarnos en las de los demás (Mateo 7:3-5). Una comunidad unida nos exhorta con amor hacia la madurez (Efesios 4:13-24; Juan 8:31-32).

4. Para pasar tiempo con la familia.

La iglesia no es principalmente un edificio o un conjunto de programas o estrategias. Es una familia, con padres e hijos espirituales (1 Corintios 4:14-17, Tito 2:1-2, 6-8, 1 Timoteo 1:1-2), madres e hijas (Tito 2:3-5). Es un cuerpo (1 Corintios 12, Efesios 4) cuyos miembros más necesitados encuentran ayuda (Hechos 2:42-47, Hechos 6:1-6, 1 Timoteo 5:9-16), cuyos miembros generosos contribuyen alegremente (2 Corintios 8; Filipenses 4:10, 15-18). En esta familia, la participación y los dones de cada miembro son esenciales para que todo el cuerpo prospere (Romanos 12:4-8, Efesios 4:11-16).

Cuando confié en Cristo a los 18 años, no era más que una asistente en serie a la iglesia. Después de mi graduación universitaria, me enfoqué en mi nuevo trabajo y en pasar tiempo con mis padres durante la batalla de mi madre con el cáncer terminal. Cuando mi madre falleció, una compañera de trabajo (que también era esposa de un pastor) me animó amablemente durante ese tiempo: “Necesitas una iglesia que sea tu hogar, Tiffany. Necesitas tías y tíos, madres y padres”. Sus palabras resonaron en mi alma.

Varios meses más tarde, fui bautizada en una iglesia local. Me recibieron con los brazos abiertos —con verrugas y todo. Algunos de mis recuerdos más valiosos, conmovedores y poderosos involucran a la familia que he encontrado en la iglesia. Crecí lejos de la familia extendida, pero ahora tengo una familia en mi iglesia.

5. Para recordarnos nuestra esperanza viviente.

Es cierto, algunas iglesias han caído cautivas en el vivir para el status quo en vez de vivir para el que sostiene y se entrelaza en la historia humana (Salmo 90:1; Juan 1:14). Sin embargo, este no es el camino de una iglesia saludable. Una familia de iglesia que está esforzándose por la misión de Jesús está obligada a confiar en Dios por su presencia, poder y provisión (Mateo 28:18-20). La iglesia se reúne como un recordatorio de que solo podemos experimentar una misión fructífera cuando estamos unidos y sacando sustento de la vid verdadera (Juan 15). Su Palabra es nuestro pan diario.

Hay un millón de cosas buenas que tú y yo podríamos hacer que nos impedirían unirnos en brazos con el pueblo de Dios. Si estás pasivo: ¿pondrás una alarma con el propósito de unirte a adorar a Dios junto con una iglesia local este fin de semana? Te prometo que como tantas razones que podrías tener para no ir, hay aún más razones para confiar en Dios, comprometerse e ir cada semana.

  • Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

“¿Por qué la sana doctrina es tan importante?”

Got Questions

“¿Por qué la sana doctrina es tan importante?”

Pablo le encarga a Tito: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). Dicha orden deja en claro que la sana doctrina es importante. Pero, ¿por qué es importante? ¿Realmente lo que creemos marca la diferencia?

La sana doctrina es importante porque nuestra fe se basa en un mensaje específico. Toda la doctrina de la iglesia contiene muchos elementos, pero el mensaje principal se define claramente: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; [y]. . . que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras” (1 Corintios 15:3-4). Estas son las incuestionables buenas nuevas, y son de “de vital importancia”. Cambiar ese mensaje y la base de la fe, hace que cambiemos a Cristo por algo diferente. Nuestro destino eterno depende del escuchar “la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13; ver también 2 Tesalonicenses 2:13-14).

La sana doctrina es importante, porque el evangelio es un deber sagrado, y no nos atrevemos a manipular la comunicación de Dios al mundo. Nuestro deber es entregar el mensaje, no de cambiarlo. Judas expresa un sentido de urgencia para guardar la fe: “. . . me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3; ver también Filipenses 1:27). “Contender” lleva la idea de luchar incansablemente por algo y de dar todo lo que tiene. La biblia incluye una advertencia de no agregar ni de quitar a la palabra de Dios (Apocalipsis 22:18-19). En lugar de modificar la doctrina de los apóstoles, recibimos lo que nos han transmitido y guardamos “la forma de la sana enseñanza, con fe y amor que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 1:13).

La sana doctrina es importante porque lo que creemos afecta lo que hacemos. El comportamiento es una extensión de la teología, y existe una correlación directa entre lo que pensamos y cómo actuamos. Por ejemplo, dos personas se paran en la parte alta de un puente; uno cree que puede volar, y el otro considera que no puede volar. Su siguiente acto será bastante diferente. De la misma manera, un hombre que cree que no hay tal cosa como el bien y el mal, naturalmente se comportará de manera diferente a un hombre que cree en las normas morales bien definidas. En una de las listas de pecados que se encuentran en la biblia, se mencionan cosas como la rebelión, el asesinato, la mentira y el comercio de esclavos. La lista concluye con “y para cuanto se oponga a la sana doctrina” (1 Timoteo 1:9-10). En otras palabras, la verdadera enseñanza promueve la justicia; el pecado florece cuando se opone a la “sana doctrina”.

La sana doctrina es importante porque debemos verificar la verdad en un mundo de mentira. “Muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Hay cizaña entre el trigo y lobos en medio de las ovejas (Mateo 13:25; Hechos 20:29). La mejor manera de distinguir la verdad de la mentira, es saber cuál es la verdad.

La sana doctrina es importante porque el final de la sana doctrina es la vida. “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16). Por el contrario, el final de la falsa doctrina es la destrucción. “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4). Cambiar el mensaje de la gracia de Dios, es hacer algo “pecaminoso”, y la condena de tal acción es grave. Predicar otro evangelio (“que en realidad no es evangelio para nada”), conlleva un anatema: “¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:6-9).

La sana doctrina es importante porque anima a los creyentes. Un amor por la palabra de Dios trae “mucha paz” (Salmo 119:165), y “los que anuncian la paz. . . los que publican salvación” son realmente “hermosos” (Isaías 52:7). Un pastor “debe retener la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9).

La palabra de la sabiduría es: “No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28). Si podemos aplicar esto a la sana doctrina, la lección es que debemos preservarla intacta. Que nunca nos alejemos de “la sincera fidelidad a Cristo” (2 Corintios 11:3).

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La belleza de la Escritura

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

La belleza de la Escritura

Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

El Dr. Steven J. Lawson una vez comparó la Biblia con un diamante cuya belleza, cuando se coloca contra la luz, se refracta de muchas maneras diferentes: «Ningún símbolo de la Biblia puede comunicar el todo. Por lo tanto, se requieren muchas metáforas diferentes, muchas analogías diferentes, para siquiera comenzar a tratar de [comprender] la totalidad del poder invencible de la Palabra inerrante». La Biblia está llena de ilustraciones, símbolos y metáforas que Dios usa para ayudarnos a conocerle y a relacionarnos con Él, y para ayudarnos a conocernos a nosotros mismos. Él usa metáforas para ayudarnos a entender las verdades sobre esta vida presente, la vida eterna y la condenación eterna.

Dios se llama a Sí mismo nuestro Padre y nos consuela llamándonos Sus hijos.

Si bien es probable que recordemos algunas de las metáforas mejor conocidas en la Escritura, como las del pastor y las ovejas, la vid y los sarmientos y otras, debemos reconocer que la Biblia utiliza muchas metáforas, símiles, símbolos e ilustraciones diferentes, algunas de las cuales pueden sonar extrañas a nuestros oídos, particularmente si somos del Occidente. Recuerda que la Biblia está impregnada de la cultura del Levante Mediterráneo. Dependiendo de dónde seamos y de las experiencias que hayamos tenido, muchas de estas metáforas pueden resultarnos difíciles de entender. Sin embargo, en Su sabiduría, Dios las usa para ayudar a Su pueblo de todo el mundo, de muchos contextos diferentes, a conocerlo más. Las metáforas de la Escritura nos revelan la belleza integral que ella misma posee, pero más que eso, revelan la belleza de nuestro Dios misericordioso que se relaciona con nosotros, nos condesciende y nos habla con palabras que podemos entender.

Por supuesto, si se presionan más allá de sus límites, las metáforas pierden su calidad didáctica. Debemos tener cuidado de no leer de más en las metáforas, de no abusar de ellas o de limitar innecesariamente conceptos doctrinales enteros a metáforas. Sin embargo, las metáforas, símbolos e ilustraciones de la Escritura, nos ayudan a asociar nuestras experiencias en la vida con conceptos espirituales y doctrinales para que podamos conocer más a Dios y servirle más plenamente. Estudiarlas nos puede ayudar a ver más y más destellos de la belleza que proceden del hermoso diamante que es la Escritura. Mucha de esa belleza es un gran consuelo para nuestras almas. Dios se llama a Sí mismo nuestro Padre y nos consuela llamándonos Sus hijos. Se ha revelado a nosotros de maneras que nos ayudan a relacionarnos con Él como nuestro Padre amoroso, misericordioso y santo, y de maneras que nos ayudan a tener una fe humilde, dependiente y como la de un niño. A medida que crecemos en madurez como Sus hijos, Su Espíritu Santo nos ayuda a conocerlo más y más profundamente como nuestro Pastor, nuestra Roca y nuestra Fortaleza mientras seguimos a Cristo Jesús que es el camino, la verdad y la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

No seamos como el mulo

Soldados de Jesucristo

Abril 15/2021

Solid Joys en Español

No seamos como el mulo

John Piper

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Extiende tu mano

Jueves 15 Abril

Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.Romanos 10:13

No hay otro nombre… dado a los hombres, en que podamos ser salvos.Hechos 4:12

Extiende tu mano

“Entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y (los jefes religiosos, los fariseos) le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle” (Marcos 3:1-6).

De este texto bíblico podemos sacar dos enseñanzas:

– La ignorancia y la dureza de corazón caracterizan a los que están cegados por el orgullo religioso. Estos hombres estaban cegados a tal punto que querían matar a Jesús, quien sanaba el pueblo.

– La condición moral de todo hombre ante Dios es semejante a la de un enfermo que tiene un mal incurable: esa enfermedad es su pecado. ¿Cómo podemos ser curados? Haciendo lo que Jesús dijo, obedeciéndole. El hombre paralítico extendió la mano. Él creyó, sin duda alguna, que Jesús lo sanaría. Esta respuesta de fe es la que Dios nos pide para perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna. ¡Aún hoy Jesucristo puede hacer este milagro! Él está dispuesto a tomar la mano tendida de aquel que se siente “paralizado por su pecado”, a liberarlo y darle vida y paz.

Ezequiel 38 – 1 Pedro 1:13-25 – Salmo 44:9-16 – Proverbios 13:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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