9Marcas
Serie: Clases esenciales: TeologĆa SistemĆ”tica
Clase 25/26
EscatologĆa ā Parte 1
1. Introducción
Estamos viviendo en los Ćŗltimos dĆas. (Hebreos 1:1-4)
La escatologĆa es importante para la manera en que vivimos. A veces puede ser un esfuerzo aterrador, especialmente cuando leemos o tratamos de estudiar el libro de Apocalipsis. Si eres alguien que cree que estudiar los Ćŗltimos tiempos es una tarea infructuosa debido a la dificultad de interpretar algunos de los pasajes bĆblicos o por cualquier otra razón, permĆteme leerte la introducción del libro de Apocalipsis. Dice: Ā«Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecĆa, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo estĆ” cercaĀ» (Apocalipsis 1:3). Dios ha prometido su bendición a aquellos que se esfuerzan por saber mĆ”s acerca de Ć©l a travĆ©s de su Palabra. Es mi deseo que podamos ser esas personas esta maƱana.
Ilustración: John Newton: Ā«Estamos seguros de que el SeƱor reina. La tormenta es dirigida por las manos que fueron clavadas a la cruz. Ćl ama a los suyos y los cuidarÔ⦠Bendito sea Dios por la esperanza de una tierra de paz donde el pecado y toda tristeza serĆ”n excluidos. AllĆ tendremos un dĆa sin nubes y sin noche. El sol ya no se pondrĆ” mĆ”s, la voz de la guerra no se oirĆ” mĆ”s. Los habitantes ya no sentirĆ”n dolor, no llorarĆ”n mĆ”s, no saldrĆ”n mĆ”s. Entonces no habrĆ” mĆ”s insatisfacción y, por tanto, no habrĆ” mĆ”s deseos insatisfechos. Ā”QuĆ© estado de amor, vida y gozo cuando veamos a JesĆŗs tal como es! Y al contemplarlo, seremos transformados a su imagen y semejanza. Este dĆa vendrĆ”. Este dĆa se acerca cada hora. Su amigo y hermano, siervo y compaƱero de peregrinación, John Newton, Hoxton, 26 de julio de 1781Ā»[1].
2. La segunda venida de Cristo
Entonces, para comenzar el final, necesitamos saber que la Biblia promete un regreso literal de Cristo. JesĆŗs vino una vez para expiar los pecados, y vendrĆ” nuevamente para consumar su gobierno.
Hebreos 9:27-28: «Y de la manera que estÔ establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, asà también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerÔ por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan».
Esta verdad es mencionada y asumida a travĆ©s del Nuevo Testamento y fue enseƱada por los apóstoles. Pablo dice en 1 Tesalonicenses 4:16: Ā«Porque el SeƱor mismo con voz de mando, con voz de arcĆ”ngel, y con trompeta de Dios, descenderĆ” del cieloā¦Ā». Santiago, el hermano del SeƱor, se refiere a la expectativa futura de esta venida cuando escribe: Ā«Hermanos, tened paciencia hasta la venida del SeƱorĀ» (Santiago 5:7).
ĀæDe dónde sacaron estos hombres que JesĆŗs regresarĆa de nuevo? Bueno, al parecer del mismo SeƱor Jesucristo. Cuando estĆ” sentado con sus discĆpulos en el monte de los Olivos, JesĆŗs les dice: Ā«Entonces aparecerĆ” la seƱal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarĆ”n todas las tribus de la tierra, y verĆ”n al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviarĆ” sus Ć”ngeles con gran voz de trompeta, y juntarĆ”n a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otroĀ» (Mateo 24:30-31).
Esta segunda venida de Cristo a menudo se conoce como Ā«el DĆa del SeƱorĀ» o alguna otra frase similar en las Escrituras. Es una frase que connota calamidad y juicio, asĆ como salvación. Cuando el SeƱor JesĆŗs regrese, se nos dice en SofonĆas que: Ā«DĆa de ira aquel dĆa, dĆa de angustia y de aprieto, dĆa de alboroto y de asolamiento, dĆa de tiniebla y de oscuridad, dĆa de nublado y de entenebrecimiento⦠porque pecaron contra JehovÔ⦠toda la tierra serĆ” consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada harĆ” de todos los habitantes de la tierraĀ» (SofonĆas 1:15-18).
Al mismo tiempo, el mundo entero serĆ” consumido por el fuego del celo de Dios (v. 3:8), Dios dice que devolverĆ” a los pueblos la Ā«pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de JehovĆ”, para que le sirvan de comĆŗn consentimientoĀ» (SofonĆas 3:9). Ese dĆa de juicio para los impĆos serĆ” un dĆa de regocijo para los justos.
Bien, ahora que entendemos que Cristo regresarÔ, ¿cuÔl es la naturaleza de esta segunda venida? ¿Cómo serÔ? ¿Qué podemos decir al respecto en base a las Escrituras?
A. HabrĆ” un regreso personal, visible y corporal de Cristo
JesĆŗs regresarĆ” en persona. Si bien esto parece evidente en una iglesia evangĆ©lica, una vez fue popular en los cĆrculos protestantes liberales creer que JesĆŗs no lo harĆa. En cambio, el aire o el aroma de Cristo regresarĆa, y la aceptación de su enseƱanza y una imitación de su estilo de vida de amor regresarĆan cada vez mĆ”s a la tierra. Entonces se establecerĆan las normas Ć©ticas del Sermón del Monte, y la utopĆa serĆa disfrutada por todos.
Bueno, este no es el mensaje que recibimos de las Escrituras. La Biblia enseña que la encarnación del Hijo de Dios no fue su última manifestación en persona a los hombres en la tierra. En Juan 14:3, Jesús dice que vendrÔ otra vez.
Cuando JesĆŗs ascendió al cielo en Hechos 1, sin demora llegaron dos Ć”ngeles y les dijeron a los discĆpulos: Ā«Este mismo JesĆŗs, que ha sido tomado de vosotros al cielo, asĆ vendrĆ” como le habĆ©is visto ir al cieloĀ» (v. 11).
Por tanto, el regreso escatológico del Señor no serÔ una venida espiritual para morar en los corazones de las personas y hacerlas mÔs felices y mÔs éticas, sino un regreso visible, corporal y personal. Y serÔ un regreso glorioso. Mateo 16:27 nos dice que Jesús regresarÔ «en la gloria de su Padre».
Parece que esta gloria serĆ” visible para todos. En Apocalipsis 1:7, Juan escribe: Ā«He aquĆ que viene con las nubes, y todo ojo le verĆ”ā¦Ā». Del mismo modo, en el pasaje de 1 Tesalonicenses que leĆmos antes, Pablo dice: Ā«el SeƱor mismo con voz de mando, con voz de arcĆ”ngel, y con trompeta de Dios, descenderĆ” del cieloā¦Ā» (1 Tesalonicenses 4:16). El regreso de Cristo no se harĆ” secreta o sigilosamente. No, serĆ” alto y claro y anunciado y todos sabrĆ”n que el Hijo de Dios ha venido. SerĆ” un regreso digno del Rey de Reyes.
B. El tiempo de la venida de Cristo es desconocido
La Escritura no revela el tiempo de la segunda venida de Cristo. JesĆŗs dice en Mateo 24:36: Ā«Pero del dĆa y la hora nadie sabe, ni aun los Ć”ngeles de los cielos, sino sólo mi PadreĀ».
Pregunta: ¿Por qué Dios no nos revela el momento exacto en que Cristo regresarÔ? ¿De qué manera no saber cuÔndo regresarÔ Cristo afecta nuestra vida cristiana?
Si continuamos leyendo en Mateo 24, JesĆŗs deja en claro por quĆ© no nos corresponde saber cuĆ”ndo regresarĆ”. Ćl dice: Ā«Velad, pues, porque no sabĆ©is a quĆ© hora ha de venir vuestro SeƱor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a quĆ© hora el ladrón habrĆa de venir, velarĆa, y no dejarĆa minar su casa. Por tanto, tambiĆ©n vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrĆ” a la hora que no pensĆ”isĀ» (v. 42-44).
JesĆŗs luego ilustra esta enseƱanza nuevamente con la parĆ”bola de las diez vĆrgenes en Mateo 25, confirmando el mensaje de su regreso: Ā«Velad, pues, porque no sabĆ©is el dĆa ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venirĀ».
Pese a esta clara enseñanza, las personas parecen tener un deseo insaciable por intentar responder «cuÔndo» serÔ la segunda venida. Ves esto no solo en la prensa sensacionalista en el mostrador de Safeway, sino también en las enseñanzas de muchas sectas religiosas (algunas profesando el nombre de Cristo).
No es una seƱal de piedad predecir algo con certeza que Dios dice que no sabremos. JesĆŗs nos ordena estar atentos y preparados para su regreso. Debemos estar listos, como para un acontecimiento que podrĆa suceder en cualquier momento. Esto parece indicar que es posible que JesĆŗs pueda regresar en cualquier momento, incluso hoy.
«Ahora bien, espera un segundo», dices. «Las Escrituras presentan la noción de que ciertas señales precederÔn el regreso de Cristo». Esto es verdad. Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 contienen la enseñanza de Cristo acerca de las señales del fin del mundo. En Lucas 21:11, por ejemplo, Jesús dice: «HabrÔ grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrÔ terror y grandes señales del cielo».
Las seƱales se pueden resumir aproximadamente de la siguiente manera:
SeƱales que evidencian la gracia de Dios:
- Proclamación del evangelio a todas las naciones
- La salvación de la plenitud de Israel
Señales que evidencian oposición a Dios:
- Tribulación
- ApostasĆa
- El Anticristo
SeƱales que evidencian el juicio de Dios:
- Guerras
- Terremotos
- Hambrunas
Pregunta: ¿Cómo conciliamos los pasajes que nos advierten que debemos estar preparados porque Cristo puede regresar en cualquier momento con pasajes que indican que deben ocurrir varios acontecimientos importantes antes de que Cristo pueda regresar?
ĀæRespuesta? Hay algunos evangĆ©licos que creen que al trazar algunas de las Ā«seƱalesĀ» que se cree que preceden el regreso de Cristo, pueden hacer la declaración de que Ā«dado que A, B y C sucedieron, ahora Cristo puede regresarĀ» y afirmar el momento exacto en que ocurrirĆ” la parusĆa[2].
C. Los cristianos deben anhelar ansiosamente el regreso de Cristo
La segunda venida de Cristo es nuestra esperanza bendita. Independientemente de los detalles especĆficos del regreso de Cristo, nuestra respuesta deberĆa ser la misma. Debemos desear y anhelar ansiosamente el regreso de Cristo en gloria. El que esto sucederĆ” constituye la esperanza fundamental de la vida cristiana. La Escritura es muy clara al respecto.
No sabemos cuÔndo regresarÔ. ”Asà que procura esforzadamente la santidad y mantente firme en el Señor!
Tito 2:11-14: «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñÔndonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sà mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sà un pueblo propio, celoso de buenas obras».
1 Juan 3:2-3: «Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sà mismo, asà como él es puro».
Filipenses 3:20-4:1: Ā«Mas nuestra ciudadanĆa estĆ” en los cielos, de donde tambiĆ©n esperamos al Salvador, al SeƱor Jesucristo; el cual transformarĆ” el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambiĆ©n sujetar a sĆ mismo todas las cosas. 4:1: AsĆ que, hermanos mĆos amados y deseados, gozo y corona mĆa, estad asĆ firmes en el SeƱor, amadosĀ».
La respuesta de Juan en Apocalipsis a la afirmación de JesĆŗs de que Ć©l regresarĆ” es sencilla y gloriosamente correcta: Ā«AmĆ©n; sĆ, ven, SeƱor JesĆŗsĀ» (Apocalipsis 22:20).
Ilustración: Richard Sibbes: Ā«Dios guarda lo mejor para el final⦠El final de un cristiano es el mejor. Dios asĆ lo permite, para consuelo de los cristianos, para que todos los dĆas que vivan, puedan pensar: āLo mejor estĆ” por venirā. Para que todos los dĆas que se levanten, puedan pensar: āEstoy un dĆa mĆ”s cerca del cielo que antes. Estoy mĆ”s cerca de la muerte y, por tanto, mĆ”s cerca de Cristoā. Ā”QuĆ© alivio es esto para un corazón lleno de gracia! Un cristiano es un hombre feliz en su vida, pero mĆ”s feliz en su muerte, porque luego va a Cristo para estar con CristoĀ»[3].
El regreso de Jesús es el acontecimiento que nos da esperanza como cristianos. Confirma que la historia no es un ciclo miserable, sino el plan de redención de Dios para su pueblo para gloria de su nombre. La doctrina de la segunda venida proclama que Dios tiene el control y que Cristo vendrÔ nuevamente por sus escogidos. Jesús dijo: «Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mà mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:3).
Aplicación: PregĆŗntate: «¿CuĆ”ntas veces al dĆa mis pensamientos se vuelven hacia esta esperanza?Ā» ĀæMucho? ĀæA menudo? ĀæOcasionalmente? ĀæEscasamente? ĀæNunca? Si no recurrimos a esta esperanza mĆ”s a menudo, entonces tal vez amamos este mundo mĆ”s de lo que deberĆamos. DeleitĆ©monos en esta gran promesa.
- El milenio
Si has asistido al Seminario BĆ”sico de TeologĆa SistemĆ”tica, sabrĆ”s que hemos hablado de muchos temas difĆciles; la encarnación, el problema del mal, la Trinidad, entre otros. Bueno, esta próxima sección del milenio tiene su propio conjunto de dificultades.
La discusión del milenio, que significa Ā«mil aƱosĀ», se origina del libro de Apocalipsis en la primera parte del capĆtulo 20. La pregunta que a menudo se hace en este pasaje es: «¿QuĆ© son los mil aƱos y cuĆ”ndo regresarĆ” Cristo con respecto a Āæellos?Ā».
Para darte una muestra de este pasaje, Apocalipsis 20:2-5 dice: «Y [un Ôngel] prendió al dragón⦠que es el diablo y SatanÔs, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo⦠y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios⦠vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección».
Hay cuatro posiciones bĆ”sicas acerca del milenio que han tenido importancia a lo largo de la historia de la iglesia, aunque algunos tienen un origen mucho mĆ”s largo que otros. PermĆteme explicarlas brevemente y luego dar una reflexión resumida.
El posmilenialismo
Esta posición seƱala que a travĆ©s de la unión de SatanĆ”s, habrĆ” un aumento gradual en el crecimiento de la iglesia y la difusión del evangelio donde mĆ”s y mĆ”s personas se convertirĆ”n en cristianos. La influencia de un mayor nĆŗmero de creyentes cambiarĆ” a la sociedad para que funcione como Dios pretendĆa, lo que se traduce gradualmente en una era de paz y rectitud, en otras palabras, el milenio, que no es necesariamente un milenio literal. Cristo luego regresarĆ” despuĆ©s del milenio.
El amilenialismo
La segunda posición es la del amilenialismo. Esta posición la mÔs simple y dice que la unión de SatanÔs reducirÔ su influencia sobre las naciones para que el evangelio sea predicado a todo el mundo, sin embargo, existe una opinión general de que los tiempos empeorarÔn. El reinado de Cristo es celestial y el milenio es equivalente a la edad de la iglesia actualmente en curso, sin referencia literal a mil años. Entonces Cristo regresarÔ y juzgarÔ a creyentes e incrédulos de una vez.
El premilenialismo clÔsico o histórico
La tercera posición es la del premilenialismo clĆ”sico o histórico. Aunque hay pequeƱas variaciones en este punto de vista, bĆ”sicamente establece que Cristo regresarĆ” antes del milenio. La era de la iglesia pasarĆ” por el perĆodo de la tribulación. Al final de la tribulación, SatanĆ”s serĆ” atado, y Cristo regresarĆ” para establecer su reino en la tierra para el milenio, que no es necesariamente un literal de mil aƱos. Los creyentes resucitados reinarĆ”n fĆsicamente con el Cristo resucitado en la tierra durante este tiempo. Los incrĆ©dulos tambiĆ©n estarĆ”n en la tierra en este momento y la mayorĆa se convertirĆ” en creyente y se salvarĆ”. Al final del milenio, SatanĆ”s es desatado y Cristo lo derrota decisivamente a Ć©l y a sus seguidores restantes. Entonces los incrĆ©dulos de todos los tiempos serĆ”n juzgados, y los creyentes entrarĆ”n en el estado eterno.
El premilenialismo dispensacional
Finalmente, tenemos el premilenialismo dispensacional. Esta es una posición bastante reciente que es premilenial en que Cristo volverĆ” en secreto por los creyentes antes del sufrimiento del perĆodo de la tribulación. Durante la tribulación, el pueblo judĆo quedarĆ” atrapado y finalmente se convertirĆ”. Luego regresarĆ” por tercera vez despuĆ©s de la tribulación con sus santos para gobernar la tierra durante mil aƱos. El resto sigue lo mismo que la posición premilenial clĆ”sica.
Entonces, ĀæaquĆ en Capitol Hill Baptist Church somos, posmilenio, amilenio o premilenio? Bueno, Ā”simplemente digamos que somos promilenio! El ArtĆculo XVIII de la Declaración de Fe de CHBC establece:
Ā«Creemos que el fin del mundo se acerca; que en el Ćŗltimo dĆa Cristo descenderĆ” del cielo, y resucitarĆ” a los muertos de la tumba hasta la retribución final; que se producirĆ” una separación solemne; que los malvados serĆ”n juzgados sin fin castigo, y los justos a la alegrĆa sin fin; y que este juicio fijarĆ” para siempre el estado final de los hombres en el cielo o en el infierno, en los principios de las justiciaĀ».
Ten en cuenta que un creyente puede firmar la Declaración de Fe de CHBC y convertirse en miembro de CHBC sin hacer una declaración acerca de lo que cree sobre el milenio. Este es un tema controversial entre muchos evangélicos, pero solo es de naturaleza secundaria. Nuestra Declaración de Fe declara solo lo que es un hecho de las Escrituras y es necesario para nuestra unidad como iglesia.
Hay muchos grandes teólogos a lo largo de los aƱos que han diferido en estas diversas posiciones. Augustine, B.B. Warfield, y muchos otros durante los grandes avivamientos del pasado han mantenido la posición posmilenial. Louis Berkhof, Juan Calvino y otros reformadores han mantenido la posición amilenio. Don Carson, Al Mohler y Wayne Grudem mantienen la clĆ”sica visión premilenial mientras que John MacArthur es premilenialista dispensacional. Creo que serĆa seguro decir que los lĆderes de nuestra iglesia entran en algĆŗn lugar entre el amilenialismo y el premilenarismo clĆ”sico.
El Ćŗltimo comentario que debemos hacer acerca de estas posiciones es que todas ellas han sido retenidas por lo que considerarĆamos cristianos genuinos y grandes teólogos. Esta no es una doctrina esencial de la fe cristiana. Tu salvación no depende de cómo abordas este problema. Lo importante es que todas estas posiciones tienen la creencia similar de que Cristo regresa y ese juicio estĆ” por venir. Debemos estar preparados.
- Conclusión
La próxima semana, concluiremos la clase examinando el juicio final, los cielos nuevos y la tierra nueva.
ApƩndice
Comentarios de Mark Dever, 12 de julio de 2009: Sermón acerca de las posiciones milenarias:
Ā«Creo que las posiciones milenarias no tienen que estar entre esas doctrinas que nos dividen⦠Sugiero que lo que crees acerca del milenio, cómo interpretas estos miles de aƱos, no es algo sobre lo que es necesario que estemos de acuerdo para tener una congregación junta. El SeƱor Jesucristo oró en Juan 17:21 para que nosotros los cristianos pudiĆ©ramos ser uno. Por supuesto, todos los verdaderos cristianos somos uno porque tenemos su EspĆritu, compartimos su EspĆritu, deseamos vivir esa unidad. Pero se supone que esa unidad es evidente como un testimonio del mundo que nos rodea. Por tanto, concluyo que debemos terminar nuestras cooperaciones junto con otros cristianos (ya sea casi en una congregación, o mĆ”s extensamente trabajando juntos en misiones, plantación de iglesias, evangelismo y edificación el ministerio) solo con el mayor de los cuidados, no sea que desgarremos el cuerpo de Cristo por cuya unidad Ć©l ha orado y se ha dado a sĆ mismo. Por tanto, concluyo que es pecado dividir el cuerpo de Cristo ā dividir el cuerpo por el que Ć©l oraba estarĆa unido. Por tanto, para nosotros concluir que debemos estar de acuerdo con una cierta posición acerca del alcohol, o de la educación, o una cierta posición acerca de la carne sacrificada a los Ćdolos, o del milenio para tener compaƱerismo es, creo, no solo innecesario para el cuerpo de Cristo, sino que, por ende, no estĆ” justificado y, en consecuencia, estĆ” condenado por las Escrituras. Entonces, si eres pastor y me estĆ”s escuchando, me entiendes correctamente si crees que estoy diciendo que estĆ”s en pecado si llevas a tu congregación a tener una declaración de fe que requiere una visión milenaria particular. No entiendo por quĆ© tiene que ser una cuestión de uniformidad para tener unidad cristiana en una congregación localĀ».
El milenio y sus debates ā Michael Horton
En su discurso en el monte de los Olivos (Mt. 24-25), JesĆŗs presentó una secuencia clara de eventos entre sus dos advenimientos. Esto fue en respuesta a la pregunta de sus discĆpulos: Ā«Dinos, ĀæcuĆ”ndo serĆ”n estas cosas, y quĆ© seƱal habrĆ” de tu venida, y del fin del siglo?Ā» (Mt. 24:3). Esta misma pregunta fue provocada por la observación de JesĆŗs de que el templo serĆ” destruido (vv. 1-2). Primero, dijo JesĆŗs, habrĆ” falsos mesĆas, Ā«pero aĆŗn no es el finĀ» (v. 6); guerras, terremotos y hambre, pero Ā«todo esto serĆ” principio de doloresĀ» (v. 8). Los enemigos de sus seguidores los entregarĆ”n [a ellos], como lo hicieron con JesĆŗs, y muchos se apartarĆ”n. Ā«Mas el que persevere hasta el fin, Ć©ste serĆ” salvoĀ» (vv. 9, 13). Nada de esto cuenta contra la promesa de Cristo de que ha inaugurado su reino y de que las puertas del infierno no prevalecerĆ”n contra Ć©l, porque aun mediante tal persecución Ć©l edificarĆ” su reino por medio de su evangelio. Ā«Y serĆ” predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrĆ” el finĀ» (v. 14).
AquĆ JesĆŗs nos da una gran visión angular del tiempo entre sus dos venidas: la primera, cuando vino en gracia, y la segunda, cuando viene en gloria. Primero, Ā«la abominación desoladoraĀ»: el templo serĆ” destruido, y algunos de sus oyentes vivirĆ”n para ver esto (v. 15, 34). Los discĆpulos serĆ”n esparcidos desde JerusalĆ©n a raĆz de este acontecimiento trascendental, y deben ser advertidos contra las falsas afirmaciones de que Cristo ha regresado (vv. 16-27). Ā«E inmediatamente despuĆ©s de la tribulación de aquellos dĆas, el sol se oscurecerĆ”, y la luna no darĆ” su resplandor, y las estrellas caerĆ”n del cielo, y las potencias de los cielos serĆ”n conmovidas. Entonces aparecerĆ” la seƱal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarĆ”n todas las tribus de la tierra, y verĆ”n al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviarĆ” sus Ć”ngeles con gran voz de trompeta, y juntarĆ”n a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otroĀ» (vv. 29-31). No sabemos cuĆ”nto tiempo durarĆ” Ā«la tribulación de aquellos dĆasĀ» (v. 29). Nadie sabe cuĆ”ndo JesĆŗs regresarĆ”, incluso el mismo JesĆŗs, sino solo el Padre; vendrĆ” cuando nadie lo espere (v. 36-44). Entonces el Hijo del Hombre se sentarĆ” en su trono, juzgarĆ” al mundo, darĆ” la bienvenida a sus ovejas a la gloria eterna y enviarĆ” a los cabritos Ā«al fuego eterno preparado para el diablo y sus Ć”ngelesĀ» (25:31-46).
Es fĆ”cil resumir la secuencia de acontecimientos de JesĆŗs: (1) la destrucción del templo en JerusalĆ©n (Ā«la abominación desoladoraĀ» [Mt āā24:15], que ocurrió en el aƱo 70 d. C.); (2) Ā«la tribulación de aquellos dĆasĀ» (v. 29), que implica un largo perĆodo de persecución, apostasĆa, calamidades generales y, sin embargo, el progreso del evangelio en todo el mundo; (3) la venida del Hijo del Hombre desde el cielo; (4) la reunión de los escogidos; y (5) el juicio final.
Los destinatarios inmediatos del libro de Apocalipsis seguramente se habrĆan reconocido a sĆ mismos en la descripción que hizo el SeƱor de la gran tribulación, como lo harĆan los creyentes de hoy que soportan una feroz persecución por el nombre de Cristo. En una serie de fotografĆas instantĆ”neas, Apocalipsis se mueve hacia adelante y hacia atrĆ”s entre las escenas celestiales y terrenales de la persecución y la victoria final. En imĆ”genes apocalĆpticas vivas, Apocalipsis retoma la historia que JesĆŗs resumió en su discurso en el monte de los Olivos. En ambos casos, el próximo acontecimiento que estamos esperando es el regreso de Cristo para juzgar a los vivos y los muertos y para consumar su reino eterno.
Sobre la base de tales resĆŗmenes, la mayorĆa de los cristianos a travĆ©s de los tiempos han sostenido que la era actual estĆ” marcada simultĆ”neamente por el sufrimiento y el triunfo del evangelio. Los cristianos confiesan que Jesucristo Ā«volverĆ” en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, cuyo reino no tendrĆ” finĀ». Esta esperanza incluye Ā«la resurrección del cuerpo y la vida eternaĀ». Dada nuestra propensión al desacuerdo sobre los escenarios de los Ćŗltimos tiempos, esto representa un notable consenso cristiano. Nos apegamos a la promesa del Ć”ngel en la ascensión de Cristo: Ā«Este mismo JesĆŗs, que ha sido tomado de vosotros al cielo, asĆ vendrĆ” como le habĆ©is visto ir al cieloĀ» (Hechos 1:11). Ćl vino primero en humildad y gracia, pero regresarĆ” con gloria y poder.
Donde los caminos divergen entre los cristianos de hoy estĆ” en la cuestión de un literal *milenio*, es decir, un reinado de mil aƱos de Cristo. El Ćŗnico pasaje bĆblico que habla directamente de tal Ć©poca es Apocalipsis 20. En una visión, Juan contempla a un Ć”ngel que desciende del cielo para atar a ese Ā«dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y SatanĆ”s⦠para que no engaƱase mĆ”s a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil aƱosĀ» (vv. 2-3). Ā«DespuĆ©s de esto debe ser desatado por un poco de tiempoĀ» (v. 3).
> Ā«Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de JesĆŗs y por la palabra de Dios, los que no habĆan adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil aƱos. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil aƱos. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre Ć©stos, sino que serĆ”n sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarĆ”n con Ć©l mil aƱosĀ» (vv. 4-6).
DespuĆ©s de los mil aƱos, SatanĆ”s es liberado por Ćŗltima vez (el Ā«poco de tiempoĀ» mencionado en el versĆculo 3), antes de la Ćŗltima batalla, que concluye con el destierro final de SatanĆ”s y el falso profeta arrojado a las llamas donde Ā«serĆ”n atormentados dĆa y noche por los siglos de los siglosĀ» (vv. 7-10). Estos acontecimientos estĆ”n seguidos por el Ćŗltimo juicio, con la Muerte y el Hades arrojados al lago de fuego junto con todos aquellos cuyos nombres no se hallaron inscritos en el libro de la vida (vv. 11-15), y la llegada de los nuevos cielos y la tierra nueva (capĆtulos 21-22).
Interpretando simbólicamente los «mil años» en Apocalipsis 20 (junto con otros números en este libro altamente simbólico), la iglesia ha sostenido tradicionalmente que el reino de Cristo estÔ presente en la tierra ahora, pero se consumarÔ solo cuando Cristo regrese. Esta perspectiva generalmente se llama amilenialismo (no-milenio). Sin embargo, esto es un poco inapropiado. Lejos de negar la realidad expresada simbólicamente por los «mil años», con SatanÔs encadenado para que el evangelio pueda tener libre dominio, los amilenialistas abrazan el presente en lugar del futuro como esta era dorada de la cosecha de las naciones.
Obviamente, faltan tanto en el resumen de JesĆŗs como en Apocalipsis 20, acontecimientos que muchos otros cristianos esperan hoy antes del regreso de Cristo, especialmente los siguientes: (1) el rapto de los creyentes antes de un perĆodo de tribulación de siete aƱos, (2) el comienzo de la tribulación, con el surgimiento de algo asĆ como las Naciones Unidas o la Unión Europea, (3) la aparición del Anticristo, un falso mesĆas que liderarĆ” este imperio, (4) una guerra que el Anticristo librarĆ” contra Israel (tal vez con la ayuda de Rusia o, mĆ”s recientemente, las naciones islĆ”micas), y (5) el regreso de Cristo con sus santos (incluidos los raptados) para establecer su reino milenario, un reinado literal de mil aƱos, con la renovación de la teocracia del SinaĆ, incluidos los sacrificios en un templo reconstruido. DespuĆ©s de esto, habrĆ” (6) otra caĆda o rebelión en el reino milenario mismo, despuĆ©s de lo cual Cristo (7) regresarĆ” con todos los santos, incluidos los que habĆan sido arrebatados, para (8) juzgar a las naciones, y luego ( 9) juzgar a los santos por recompensas en el cielo. Entonces finalmente llega (10) el estado eterno. Este punto de vista estĆ” asociado con el *premilenialismo dispensacional*, formulado por John Nelson Darby (1800-1882). Esta posición acerca del fin de los tiempos fue popularizada por la C.I. Scofield Reference Bible, conferencias de profecĆa, universidades bĆblicas y una vasta red de pastores cristianos y ministerios de radio y televisión. Revivida especialmente por las populares novelas de Left Behind de Tim LaHaye y Jerry Jenkins, el dispensacionalismo lo enseƱan John MacArthur, Charles Ryrie y muchos otros; es popular tambiĆ©n entre evangĆ©licos y pentecostales en el Global South. Los dispensacionalistas creen que Israel y la iglesia son dos grupos completamente diferentes y que Dios tiene un programa distinto para cada uno.
AdemÔs del amilenialismo y el premilenialismo dispensacional, hay otras posiciones importantes acerca del fin de los tiempos entre los cristianos evangélicos: especialmente, el *premilenialismo histórico*. Esta posición difiere del dispensacionalismo de varias maneras. No necesariamente distingue tan claramente entre Israel y la iglesia y rechaza o cuestiona muchos de los detalles en el esquema dispensacionalista. Sin embargo, los premilenialistas históricos estÔn de acuerdo en que Cristo regresarÔ antes de un milenio literal de mil años. Como su nombre lo sugiere, el *posmilenialismo* sostiene que Cristo regresarÔ después de un reinado literal de mil años. Donde el premilenialismo tiende a pensar en la historia en términos de decadencia y catÔstrofe (especialmente en la versión dispensacionalista), el posmilenialismo espera la mejora gradual de la iglesia y, como resultado de su influencia, del mundo en general.
En contraste con todos esas posiciones, el amilenialismo no puede caracterizarse como optimista o pesimista. MĆ”s bien, es una visión paradójica de estos Ćŗltimos dĆas: optimistas sobre el Ć©xito del evangelio en todo el mundo, mientras esperan que este triunfo pase por una era marcada por males comunes (desastres naturales, guerras, injusticias) y la persecución de la iglesia desde el exterior y la lucha continua con el pecado, la enseƱanza falsa y el cisma desde dentro. Sólo cuando Cristo regrese para establecer su reinado eterno, esta tensión entre el Ā«yaĀ» y el Ā«todavĆa noĀ», esta era presente y la era por venir, serĆ” finalmente resuelta. Mientras tanto, la gracia comĆŗn de Dios mantiene esta Ć©poca presente malvada de la entropĆa total, especialmente con el propósito de mantener abierto ese agujero en la historia que la ascensión de JesĆŗs creó para la siembra y el crecimiento de un vasto campo que cosecharĆ” en el Ćŗltimo dĆa.
De acuerdo con una interpretación amilenial, no debemos suponer que la profecĆa bĆblica se basa en el pasado o el futuro. MĆ”s bien, es parte de la dialĆ©ctica Ā«yaĀ»/Ā«todavĆa noĀ» de la historia redentora. Desde la ascensión de Cristo y el descenso del EspĆritu en PentecostĆ©s, hemos estado viviendo en Ā«los/estos postreros dĆasĀ» (Hch. 2:17; 2 Ti. 3:1; He. 1: 2; Stg. 5:3; 2 P. 3:3; Judas 18; 1 Pedro 1:20; 1 Juan 2:18), antes del Ā«dĆa postreroĀ» (Jn 6:39, 40, 44, 54; 11:24; 12:28). Pablo dice que Ā«vivimos en el fin de los tiemposĀ» (1 Co. 10:11) (NTV). No obstante, hay mĆ”s por venir. Cristo apareció Ā«en la consumación de los siglosĀ» (Hebreos 9:26), sin embargo, habló del Ā«siglo venideroĀ». Ese Ā«siglo venideroĀ» estĆ” llegando incluso ahora a nosotros por medio de la predicación y la Cena del SeƱor (Hebreos 6:5). Es un perĆodo en el cual el reino ha sido inaugurado por el ministerio terrenal de Cristo, fortalecido por el EspĆritu, desarrollado a travĆ©s del testimonio del evangelio, constantemente opuesto por el mundo hasta el punto de una gran tribulación para los santos. Cristo estĆ” reinando en la gracia del cielo por su Palabra y EspĆritu. Sin embargo, Ć©l regresarĆ” con poder y gloria a la tierra. Con su segunda venida llegarĆ” la resurrección de todos los muertos y el juicio final como un evento Ćŗnico y arrollador. En esta perspectiva, los creyentes no estĆ”n esperando una serie de sucesos y regĆmenes intermedios, sino el regreso de Cristo en juicio y poder de resurrección. Aunque favorece la visión premilenial, Wayne Grudem observa: Ā«Este esquema [amilenial] es bastante simple porque todos los acontecimientos del fin de los tiempos suceden a la vez, inmediatamente despuĆ©s del regreso de CristoĀ».
Pablo entendió el reinado de Cristo como Ā«yaĀ» y Ā«todavĆa noĀ»: Ā«Porque preciso es que Ć©l reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que serĆ” destruido es la muerteĀ» (1 Co. 15:25-26). Incluso aquellos que reciben las seƱales y sellos del pacto sin abrazar la realidad misma son, sin embargo, Ā«iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partĆcipes del EspĆritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venideroĀ» (He. 6:4-5). Si esto es cierto para aquellos que eventualmente caen, ĀæcuĆ”nto mĆ”s grande es la realidad de los creyentes que la abrazan (v. 9)? La presencia del EspĆritu en nuestros corazones como prenda de la consumación asegura que lo que ha comenzado en nosotros lo completarĆ”. El EspĆritu trae las bendiciones del siglo venidero al presente, que nos llena no solo de gozo indescriptible sino tambiĆ©n de un anhelo indecible del Ā«mĆ”sĀ» que estĆ” por venir. El hombre fuerte estĆ” atado (Mt. 12:28-29; Lc. 10:18), de modo que el velo de la incredulidad puede ser arrancado de los ojos de los prisioneros de SatanĆ”s. Cristo ha triunfado sobre SatanĆ”s en la cruz, y en su resurrección y ascensión ha llevado cautivo a la cautividad. SegĆŗn las epĆstolas, Cristo ahora reina (Hch. 2:24-25; 3:20-21; 1 Co. 15:25; He. 1:3, 8, 13; 8:1; 10:12-13). Por esta razón, JesĆŗs puede asegurar a sus santos perseguidos: Ā«No temas; yo soy el primero y el Ćŗltimo; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquĆ que vivo por los siglos de los siglos, amĆ©n. Y tengo las llaves de la muerte y del HadesĀ» (Ap. 1:17-18).
En este perĆodo interino, el reino avanza junto con el sufrimiento e incluso el martirio de sus testigos. Sin embargo, Cristo Ā«aparecerĆ” por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperanĀ» (Hebreos 9:28; vĆ©ase 10:37). Como hemos visto, la regeneración de todas las cosas funciona en cĆrculos concĆ©ntricos, comenzando con la persona interna y luego, en la consumación, incluyendo la resurrección del cuerpo y la renovación completa de la creación. Dondequiera que el Nuevo Testamento trata el complejo del regreso de Cristo, la resurrección y el juicio final, no se mencionan Ć©xtasis, resurrecciones ni juicios intermedios. Grudem cree que en Juan 5:28-29 JesĆŗs se refiere a dos resurrecciones al decir: Ā«los que hicieron lo bueno, saldrĆ”n a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenaciónĀ». Sin embargo, JesĆŗs aquĆ no se refiere a dos acontecimientos separados sino a dos destinos separados.
Si Apocalipsis 20 fuera una narración histórica directa, o incluso una profecĆa, seguirĆamos el dictum del dispensacionalismo para interpretarlo Ā«literalmente siempre que sea posibleĀ». Sin embargo, el gĆ©nero apocalĆptico de todo el libro debe tomarse en serio en sus propios tĆ©rminos. Tomar sĆmbolos literalmente no es tomarlos en su sentido natural. Los dispensacionalistas ciertamente reconocen que hay mucho en Apocalipsis que es simbólico. De hecho, las interpretaciones simbólicas a veces rayan en lo imaginario. Entonces ambas posiciones permiten la interpretación simbólica de lo que obviamente son sĆmbolos.
La pregunta, entonces, es si debemos interpretar Apocalipsis a la luz del apocalĆptico bĆblico (especialmente en Ezequiel y Daniel) o como códigos secretos que deben ser descifrados por los titulares de las noticias diarias. Los profetas usaron los nĆŗmeros no como un lenguaje secreto sino como otra forma de transmitir la verdad. Por ejemplo: Ā«millones de millonesĀ» es un modismo que se refiere a una gran multitud (Dn. 7:10). TambiĆ©n en Daniel, los santos sufrirĆ”n la tribulación de la mano de un rey blasfemo por un Ā«tiempo, y tiempos, y medio tiempoĀ» (7:25): tres veces y media m, es decir, la mitad del tiempo total de siete juicios (4:16; 9:27). Siete es el nĆŗmero de Dios, entronizado en su reposo sabĆ”tico, y seis es el nĆŗmero del imperio pecaminoso que se opone a Yahweh y su Ungido. Cada sĆ©ptimo dĆa es un sĆ”bado, y en el antiguo pacto tambiĆ©n hubo sĆ”bados anuales y de aƱo jubilar: los Ā«sietesĀ» se multiplican, capa tras capa, para conducir a Israel a la esperanza de un reposo mayor. Las medidas detalladas de la ciudad celestial en Apocalipsis 21 (vv. 10-17) se basan especialmente en las profecĆas de Ezequiel. Si tuviĆ©ramos que tomar esto como medidas literales de un edificio, estarĆa en contradicción con el punto apoya el rico simbolismo: a saber, que en la era venidera no hay ningĆŗn templo local en absoluto, ya que todo el cosmos es el santuario, Ā«porque el SeƱor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el CorderoĀ» (v. 22). Estos sĆmbolos profĆ©ticos nos dirigen a Cristo, no a la nación de Israel ni a intrigas polĆticas en las noticias diarias. Especialmente a la luz de las declaraciones directas de JesĆŗs y del resto del Nuevo Testamento, tiene mĆ”s sentido interpretar que los mil aƱos de Apocalipsis 20 simbolizan el presente reinado de Cristo. En esta perspectiva, la parte de la visión de Juan que encontramos en Apocalipsis 20 ocurre en el cielo, no en la tierra, y en el presente, no simplemente en un acontecimiento futuro. Todo el libro debe leerse no cronológicamente sino como fotografĆas instantĆ”neas del siglo actual de la iglesia desde un punto de vista celestial y para proporcionar consuelo y seguridad a la iglesia que sufre testificando el triunfo final del Cordero.
Con una buena razón, los premilenialistas se preguntan cómo podrĆamos interpretar que Apocalipsis 20 ocurre ahora, cuando les parece obvio que SatanĆ”s no estĆ” atado y que de hecho estĆ” engaƱando a las naciones. Sin embargo, si SatanĆ”s no estuviera actualmente atado, si fuera libre para gobernar y reinar sobre la tierra, no podrĆa haber una iglesia, y mucho menos una que perdure a travĆ©s de los siglos a pesar de la herejĆa y el cisma. Cristo claramente prometió que edificarĆa su iglesia y que ni siquiera las puertas del Hades podrĆan resistir sus ataques (Mt. 16:18). AdemĆ”s, el premilenialismo debe explicar de alguna manera cómo el glorioso reinado de Cristo en el poder durante mil aƱos despuĆ©s de su regreso puede conducir a una nueva caĆda.
Es cierto, como observa Grudem, que Apocalipsis 20 habla no solo de que SatanĆ”s estĆ” atado, sino de que es arrojado al abismo sin fondo. Sin embargo, aquĆ nuevamente es bastante consistente con la profecĆa, especialmente apocalĆptica, entender esto como un telescopado de esta acción, que abarca tanto el perĆodo de su ser (ahora) como la consumación de su juicio (destrucción en el futuro). TodavĆa Ā«como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorarĀ» (1 P. 5:8), pero esto es consistente con una interpretación amilenial de Apocalipsis 12, donde SatanĆ”s es expulsado del santuario celestial, incapaz de afectar el resultado de la redención, y aĆŗn asĆ persigue a la iglesia en la tierra. Esta interpretación subraya el hecho de que es el ministerio en el tribunal celestial el que es decisivo y que cualquier cosa que SatanĆ”s tenga permitido hacer en la tierra finalmente no es mĆ”s que la lucha desesperada e inĆŗtil de un enemigo derrotado.
Grudem también hace referencia a 2 Corintios 4:4, donde se dice que «el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo». Sin embargo, es precisamente SatanÔs quien estÔ atado lo que finalmente frustra este esfuerzo. Hasta los confines de la tierra, los ciegos ven. Grudem también se refiere a 1 Juan 5:19, donde se dice que «el mundo entero estÔ bajo el maligno». No obstante, cuando se lee junto con los muchos pasajes que indican que el reino ha sido inaugurado, que estÔ progresando a través de el evangelio, y que toda autoridad ahora pertenece a Cristo en el cielo y en la tierra, tales pasajes revelan que el encarcelamiento del mundo es precisamente la condición para que el reino de gracia de Cristo se derrumbe. En este momento estÔ saqueando el reino de SatanÔs, liberando huestes cautivas en su tren. El mundo yace en la oscuridad, pero un remanente creciente en cada nación ha visto una gran Luz.
Para los amilenialistas, la tensión ya/todavĆa no, no se resolverĆ” hasta que Cristo regrese. AsĆ como la vida de Cristo fue a la vez humillación y exaltación, la iglesia sufre incluso cuando cumple su misión de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra. Ni un reino por el que todavĆa estamos esperando ni un reino que debemos llevar a cabo, el reinado de Cristo en la gracia es un reino que incluso ahora estamos recibiendo del cielo.
AdemĆ”s, en respuesta al argumento de Grudem de que las profecĆas del Antiguo Testamento (como el lobo que habita con el cordero) anticipan Ā«una renovación trascendental de la naturaleza que nos lleva mucho mĆ”s allĆ” del siglo presenteĀ», podemos apelar nuevamente a principios de interpretación profĆ©tica. El lenguaje apocalĆptico se basa en imĆ”genes naturales para expresar la fuerza de los principales puntos de inflexión en la historia de la redención. Incluso en la literatura secular del antiguo Cercano Oriente, lobos y corderos, serpientes y palomas describen rutinariamente la condición violenta y pacĆfica de las naciones. el patrón de profecĆa anticipa los cumplimientos penĆŗltimo (semirealizado) y Ćŗltimo (plenamente realizado).
Tenemos que recordar el contexto y el propósito del Apocalipsis. Las visiones extraƱas y maravillosas de Juan fueron dadas por Cristo antes que nada para el consuelo de los cristianos que sufrĆan persecución extrema bajo el Imperio romano. El libro comienza: Ā«La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviĆ”ndola por medio de su Ć”ngel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecĆa, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo estĆ” cercaĀ» (Ap. 1:1, 3, Ć©nfasis agregado). Luego se ofrece un saludo a las siete iglesias en Asia Menor. Estas son iglesias reales en los dĆas de Juan. Deben ser consolados por el hecho de que Cristo ya es Ā«el primogĆ©nito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierraĀ», que Ā« nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a Ć©l sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. AmĆ©nĀ» (1:5-7). JesĆŗs estĆ” preparando a su rebaƱo para una matanza inminente, asegurĆ”ndoles que Ć©l ya es rey sobre todos los poderes y autoridades y que, a su debido tiempo, volverĆ” para arreglar todo (1:17-18). Gran persecución vino sobre la iglesia y ha continuado ininterrumpidamente en varias partes del mundo desde entonces. Los acontecimientos interpretados en Apocalipsis no se encuentran ni en el pasado ni completamente en el futuro, sino que abarcan Ā«estos postreros dĆasĀ» que comienzan con PentecostĆ©s y terminan con la llegada plena del siglo venidero con la aparición de Cristo.
Entonces, segĆŗn una interpretación amilenial, estamos viviendo actualmente en los Ā«mil aƱosĀ» de Apocalipsis 20, anhelando no un milenio literal con otra caĆda en el pecado sino el reino eterno de justicia y paz que amanecerĆ” con el regreso de Cristo en juicio y restauración. Tomando prestado imĆ”genes del mundo natural, podemos decir que Dios promete un estado de cosas en el que antiguos enemigos (lobos, corderos y leones) estarĆ”n en paz.
Horton, Michael Scott. Pilgrim Theology: Core Doctrines for Christian Disciples. Grand Rapids, MI: Zondervan, 2011.
[1] John Newton, «Letter LV» en Letters of the Rev. John Newton (London: Hamilton, Adams, and Co., 1847), 124-125.
[2]ParusĆa es una palabra griega que significa Ā«llegadaĀ» y se emplea para referirse a la segunda venida de Cristo en las Escrituras.
[3] Richard Sibbes, «Christ is Best», en The Works of Richard Sibbes, Vol. 1 (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1634/1973), 341.