Empezar a desarrollar el ministerio pastoral en una iglesia local es un paso muy importante. Muchas personas comienzan llenas de ilusiones, proyectos y buenas intenciones. Sin embargo, es comĆŗn que en el comienzo del ministerio, uno se enfrente a situaciones duras, inclusive peligrosas, de las cuales un seminario o instituto no prepara y que tan solo la experiencia de otros puede ayudar.
Por ese motivo, y fruto de la experiencia vivida, aquĆ proveemos algunos consejos a aquellos inician en el servicio pastoral:
En diferentes congregaciones he notado lo común que es escuchar frases como: «Mi visión», «lo que Dios me dio», «a lo que yo he sido llamado», etc. Resultando en congregaciones que pierden el foco principal. Es cierto que cada congregación tiene una identidad o personalidad distinta, una manera de proceder o imagen diferente, pero nuestra misión es conjunta. Como Iglesia de Cristo tenemos una misión: vivir para la gloria de Dios en medio de un mundo oscuro, llevar a Cristo a las naciones y manifestar Su luz a los perdidos.
No olvides la gran comisión
La mayorĆa de los pastores en la actualidad son hombres apasionados por la obra de Dios, el rescate de las almas perdidas y la predicación genuina del Evangelio. Sin embargo, es fĆ”cil perder la pasión que te llevó a el ministerio y empezar a centrarte en los creyentes: enseƱanza, consejerĆa, visitas, juntas de trabajo, etc., olvidando que la Gran Comisión sigue siendo parte de la vida de todo cristiano, incluyendo al pastor. Ā«Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.Ā» (Marcos 16:15) Dale el tiempo necesario a la congregación. Recuerda lo que dijo Charles H. Spurgeon: Ā«todo cristiano es un misionero o un impostorĀ». Ve, enseƱa, ora y aconseja a la Iglesia, pero cuando salgas de nuevo a la calle sigue predicando.
La expresión Ā«la iglesia del pastor…Ā» puede confundir a muchas personas dando a entender que la iglesia es propiedad del ministro cuando en realidad es pertenencia de Cristo (Romanos 11:36). JesĆŗs debe ser el centro de todo: sea sermón, actividad o proyecto. La Iglesia, cada congregación y cada oveja son de Cristo. Considerar que algo de esto es tuyo tiene dos inconvenientes. El primero es creer que los frutos vienen, exclusivamente, de tu trabajo y desempeƱo. El segundo es frustrarte cuando las cosas no salen como lo pensabas como si fuese culpa tuya. Descansa, cumple tu cometido, haz tu labor con desempeƱo y amor, porque la obra es de Cristo y darĆ” frutos debidos a su tiempo.
Esperamos que estos consejos te ayuden en ese gran paso que vas a dar o que llevas poco tiempo recorriendo. Sigue sirviendo con desempeƱo, amor y cuidado en esta hermosa labora que Dios te ha encomendado.
Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.
JesĆŗs acababa de ser bautizado, y habĆa sido un bautismo glorioso. Ā«El cielo se abrió, y el EspĆritu Santo descendió sobre Ćl en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decĆa: āTĆŗ eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacidoāĀ» (Lc 3:21-22). Inmediatamente, este segundo AdĆ”n fue llevado al desierto para ayunar y contender con el mismo SatanĆ”s. El primer AdĆ”n habĆa fracasado en el huerto, y este nuevo AdĆ”n, el MesĆas y Rey de la gloria, retomarĆa la batalla en el desierto.
Allà en el desierto estaba SatanÔs, en todo su esplendor y poder, listo para probar al Hijo encarnado que descendió del cielo.
Para gran consternación de SatanĆ”s, JesĆŗs estaba sacando a personas de sus reinos tenebrosos para edificar Su Reino de luz y de justicia. JesĆŗs estaba destruyendo las tinieblas que habĆan invadido Su creación, usando a las mismas personas que una vez habĆan sido parte de esa oscuridad. Ahora eran ciudadanos del Reino de Dios que vivĆan como extranjeros en medio de los reinos de este mundo y llevaban Su luz a estos lugares oscuros.
Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengĆ”is de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el dĆa de la visitación (1 Pe 2:11-12).
El apóstol y compaƱero de Pedro, Pablo, llamó a estos ciudadanos santos Ā«embajadores de CristoĀ». Son emisarios de su Rey en las naciones terrenales que SatanĆ”s le habĆa ofrecido a JesĆŗs. Ā«Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotrosĀ» (2 Co 5:20). Aquellos que habĆan nacido en rebelión contra Dios para gran alegrĆa de SatanĆ”s ahora estaban hablando felizmente en nombre de la misericordia y la gracia de Dios, rogando a los perdidos y quebrantados: Ā«Reconciliaos con DiosĀ».
El Rev. John P. Sartelle Sr. es el ministro principal de Christ Presbyterian Church (PCA) en Oakland, Tennessee. Es el autor de What Christian Parents Should Know about Infant Baptism [Lo que los padres cristianos deben saber sobre el bautismo infantil].
(Jesús dijo:) De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mÔs pequeños, a mà lo hicisteis.Mateo 25:40
Seguir el ejemplo del Maestro
Un presidente a menudo observaba a los alumnos de una escuela que jugaban detrĆ”s de la casa presidencial. Un dĆa vio a varios niƱos burlarse de otro porque iba pobremente vestido.
La semana siguiente el niƱo llegó a la escuela con ropa nueva. Orgulloso contó a la clase que el presidente habĆa ido a su casa y habĆa llevado a toda la familia a comprar ropa nueva, que les habĆa comprado abundantes provisiones y una buena cantidad de carbón. Para terminar sacó de su bolsillo una carta dirigida a la clase, firmada por el propio presidente, que decĆa: āPor favor, escriban este versĆculo en la pizarra: āEn cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mĆ”s pequeƱos, a mĆ lo hicisteisā (Mateo 25:40).
Un poco mĆ”s tarde el presidente se presentó en la escuela. Fue a hablar a los alumnos sobre lo que habĆa observado en el patio y explicó el sentido del versĆculo que todavĆa estaba escrito en el tablero. Los niƱos, conmovidos por aquel mensaje de la Biblia, cambiaron de actitud.
El presidente hubiese podido explicar simplemente la lección, pero quiso poner en prĆ”ctica la Palabra de Dios, para luego explicarla, porque conocĆa Su poder para convencer los corazones.