Andando en Verdad y en Amor (2 Jn 1-6) – 27/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

27. Andando en Verdad y en Amor (2 Jn 1-6) 

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Ofrece la misma gracia que predicas

Alimentemos El Alma

Ofrece la misma gracia que predicas

Por Paul Tripp 

Traducción por María Gigliola Montealegre-Chaves

Lo he hecho por años. Era muy bueno haciéndolo, pero no lo sabía. Moldeó la forma en que predicaba y la forma en que me esforzaba en pastorear a las personas. Me habría sentido ofendido si hubieras cuestionado mi teología. Yo era un apasionado defensor de las “doctrinas de la gracia”. Las conocía muy bien y podía expresarlas con claridad, pero algo estaba ocurriendo en los cimientos. Enérgicamente devalué en los deberes, los procesos y las relaciones del Ministerio Pastoral la misma gracia que teológicamente defendí. Mi ministerio no se sustentaba en la gracia. Carecía de los frutos de la gracia: confianza y seguridad. Por lo tanto, intenté hacer en las personas lo que sólo Dios puede realizar y reiteradamente le solicité a la ley llevar a cabo aquello que sólo la divina gracia podía lograr.

¿Cómo sucede esto? El corazón de cada creyente, que sigue siendo librado del pecado, es arrastrado lejos del sustento del nowismo de la gracia hacia algún tipo de legalismo. Incluso después de ser salvados por la gracia, tendemos a pensar: “soy una persona virtuosa y no necesito del Salvador”. Pensando que somos nosotros los que guardamos la ley, la llevamos a los infractores con la esperanza de que vean su comportamiento errado y se esfuercen por mejorar.

Nadie predica más la ley que aquel que cree guardarla. Y nadie otorga la gracia con más ternura que aquel que sabe que la necesita con desesperación. La tentación de regresar al legalismo nos da la bienvenida a todos.

Los recursos que necesitamos

Existen dos lugares determinados en los que un pastor tiene la tentación de devaluar la gracia. Primero, existe la tentación de devaluar la gracia de la presencia del Espíritu Santo que mora en nosotros, nos ilumina, condena, guía y faculta. (Ver Romanos 8:1-11). Dios sabía que nuestra lucha contra el pecado era tan profunda que no bastaba con perdonarnos. No, sumado al perdón Él nos abrió y se metió dentro de nosotros por medio de su Espíritu. En su presencia tenemos los recursos que necesitamos para ser quienes deberíamos ser y hacer aquello para lo que fuimos llamados.

Cuando devalúas esta gracia, crees que tu trabajo como pastor es dirigir la vida de las personas. Simplemente te conviertes en alguien demasiado presente en sus vidas y muy dominante de sus pensamientos y decisiones. Tu ministerio inicia a migrar de uno que está centrado en decirle a la gente lo que Dios ha hecho por ellos, a uno que está dominado por decirle a las personas lo que tienen que hacer.

La madurez en el Cuerpo de Cristo nunca es fruto de este tipo de pastoreo No, el fruto es una uniformidad cultural y de comportamiento que se disfraza de madurez. Sólo cuando el pastor se sustenta en la gracia del Espíritu Santo que mora en nosotros, se libera de dirigir la vida de las personas y se vuelve más consciente de cuándo hablar y cuándo callar, cuándo tener una participación más activa y cuándo dejar de tenerla, y cuándo aconsejar y cuándo confiar en Dios para que sea Él quien guíe.

La meta no es tener una congregación que se ajuste uniformemente al estilo de vida del pastor, sino una que se amolde progresivamente a la imagen de Jesús. Es decir, una congregación que crezca en Cristo a pesar de que, desde abajo, sus miembros tomen diferentes decisiones.

Susténtate en la gracia

Existe una segunda gracia que los pastores están tentados a devaluar. Es la gracia del sacerdocio de todos los creyentes. Esta gracia no sólo le da la bienvenida a todos los creyentes al santuario de Dios a través de la sangre de Jesús, sino que también llama a cada creyente a ser un ministro de esa gracia en la vida de los demás. (Ver Colosenses 3:12-17). Cuando devalúas esta gracia, el ministerio se convierte en un lugar dominado y controlado por el personal asalariado, los ancianos y los diáconos. No predicas la verdad sobre la importancia del ministerio santificante del cuerpo de Cristo, no le das a la gente la visión del ministerio, no los llamas a adquirir un compromiso con el estilo de vida que le da forma al ministerio, y no los preparas para el servicio. Haces hincapié en un ministerio programático formal dejando de lado el llamado a formar un ministerio informal de miembro a miembro.

Su fruto es una congregación pasiva que cree que el ministerio nunca será oficial a menos que el pastor esté presente, que piensa en el ministerio como un programa semanal de reuniones dirigidas por el personal pastoral, y que se han convertido más en consumidores que en participantes. Las “articulaciones y los ligamentos” no cuentan con la confianza ni el reconocimiento para desempeñar su papel y como resultado el cuerpo se debilita.

Cuando un pastor adopta una teología de la gracia pero a nivel funcional devalúa la gracia de Dios en la vida del creyente, estará muy presente y dominante en el ministerio, y el fruto de este ministerio será la uniformidad y la pasividad en el Cuerpo de Cristo. Muy diferente a la verdadera madurez que produce un ministerio sustentado en la gracia de Dios.

Para un pastor, sustentarse en la gracia es una guerra. Una y otra vez nuestros farisaicos corazones migran hacia un ministerio de legalismo y control Es importante, y demuestra humildad, confesar que necesitamos desesperadamente de la gracia para ser capaces de sustentarnos en ella. ¿No crees que es reconfortante saber que se nos ha otorgado la gracia que necesitamos en el ministerio para que no devaluemos la gracia que predicamos?

Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

¿Qué es el gnosticismo cristiano?

Got Questions

¿Qué es el gnosticismo cristiano?

En realidad no hay tal cosa como el gnosticismo cristiano, porque son dos sistemas de creencias mutuamente excluyentes. Los principios del gnosticismo contradicen lo que significa ser cristiano. Por lo tanto, aunque algunas formas de gnosticismo pueden pretender ser cristianas, de hecho, son decididamente no cristianas.

El gnosticismo fue tal vez la herejía más peligrosa que amenazó a la iglesia primitiva durante los tres primeros siglos. Influenciada por filósofos tales como Platón, el gnosticismo está basado en dos falsas premisas. Primero, adopta un dualismo en cuanto al espíritu y la materia. Los gnósticos aseguran que la materia es inherentemente mala y el espíritu es bueno. Como resultado de esta presuposición, los gnósticos creen que cualquier cosa que se haga en el cuerpo, incluso el pecado más grande, no tiene sentido, porque la vida real existe solamente en el reino de los espíritus.

Segundo, los gnósticos afirman poseer un elevado conocimiento, una “verdad superior” dada a conocer solamente a unos pocos. El gnosticismo viene de la palabra griega gnosis que significa “conocer”. Los gnósticos sostienen poseer un conocimiento superior, adquirido no en la Biblia, sino en algún plano místico superior de la existencia. Los gnósticos se ven a sí mismos como una clase privilegiada, elevada sobre todas las demás por su conocimiento más elevado y profundo de Dios.

Para desacreditar la idea de cualquier compatibilidad entre el cristianismo y el gnosticismo, uno sólo tiene que comparar las enseñanzas de las principales doctrinas de la fe. En cuanto a la salvación, el gnosticismo enseña que la salvación se gana a través de la adquisición del conocimiento divino el cual lo libera a uno de las ilusiones de las tinieblas. Aunque ellos afirman seguir a Jesucristo en Sus enseñanzas originales, ellos lo contradicen en todo momento. Jesús no dijo nada acerca de la salvación a través del conocimiento, sino por la fe en Él como Salvador del pecado. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Es más, la salvación que ofrece Cristo es gratuita y disponible para todos (Juan 3:16), no solo para un selecto grupo que haya alcanzado una revelación especial.

El cristianismo afirma que hay una fuente de la Verdad y que esa es la Biblia, la inspirada e inerrante Palabra del Dios viviente, la única norma infalible de fe y práctica (Juan 17:17; 2 Timoteo 3:15-17; Hebreos 4:12). Es la revelación escrita de Dios para la humanidad y nunca es sustituida por pensamientos, ideas, escritos o visiones humanas. Los gnósticos, por otra parte, usan una variedad de escritos heréticos conocidos como los evangelios gnósticos, una colección de falsificaciones que aseguran ser los “libros perdidos de la Biblia”. Afortunadamente, los padres de la iglesia primitiva fueron casi unánimes en reconocer estos pergaminos gnósticos como fraudulentas falsificaciones que exponen falsas doctrinas acerca de Jesucristo, la salvación, Dios y cada una de las demás verdades cruciales del cristianismo. Hay incontables contradicciones entre los “evangelios” gnósticos y la Biblia. Aun cuando los llamados gnósticos cristianos citan de la Biblia, ellos reescriben versículos para que armonicen con su filosofía, una práctica que está estrictamente prohibida y contra la cual advierte la Escritura (Deuteronomio 4:2, 12:32; Proverbios 30:6; Apocalipsis 22:18-19).

La Persona de Jesucristo es otra área donde el cristianismo y el gnosticismo difieren drásticamente. El gnóstico cree que el cuerpo físico de Jesús no era real, sino que sólo “aparentaba” ser físico y que Su espíritu descendió sobre Él en Su bautismo, pero lo dejó justo antes de Su crucifixión. Tales opiniones destruyen no sólo la verdad sobre la humanidad de Jesús, sino también de la expiación, puesto que Jesús no sólo tuvo que ser verdaderamente Dios, sino también verdaderamente humano (y físicamente real), quien realmente sufrió y murió sobre la cruz a fin de ser un sacrificio sustitutivo y aceptable por el pecado (Hebreos 2:14-17). El punto de vista bíblico sobre Jesús, afirma Su completa humanidad, así como Su completa deidad.

El gnosticismo se basa en un enfoque místico, intuitivo, subjetivo, interno, y emocional de la verdad, lo cual no es del todo nuevo. Es algo muy viejo, regresando de alguna forma al Jardín del Edén, donde Satanás cuestionó a Dios y las palabras que Él habló, y convenció a Adán y Eva de rechazarlas y creer una mentira. Él hace la misma cosa hoy, “como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Él aún cuestiona a Dios y la Biblia y atrapa en su red a aquellos que son o ingenuos y escrituralmente ignorantes o a quienes están buscando alguna revelación personal que los haga sentir especiales, únicos y superiores a los demás. Sigamos al apóstol Pablo quien nos dice, “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21) y esto lo hacemos comparándolo todo con la Palabra de Dios, la única Verdad.

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Libertad cristiana

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Libertad cristiana

Dan Dodds 

En la Edad Media, a medida que la Iglesia de Roma se hacía más y más corrupta, algunas de las doctrinas que fueron promulgadas se volvieron sospechosas. Una de ellas fue la insistencia en la doble autoridad de la Iglesia y la Palabra. Por supuesto, cuando parecía que la Iglesia y la Palabra estaban en conflicto, la Iglesia de Roma siempre resultaba preeminente (en su propia opinión). Como único intérprete autorizado y autodesignado de las Escrituras, Roma tenía la última palabra en todos los asuntos bíblicos.

Esta autoridad autodesignada fue uno de los blancos principales de los reformadores, y su crítica fue encapsulada en la frase sola Scriptura: la Escritura sola. Por medio de esta enseñanza, los reformadores afirmaron que Roma es falible, mientras que la Palabra de Dios no lo es. De modo que, cuando ambas están en conflicto, cada cristiano, está obligado por la Palabra de Dios a oponerse a Roma. La conciencia del creyente debe estar sujeta únicamente a la Palabra de Dios y a nada más.

Esto fue expuesto claramente en la respuesta de Martín Lutero cuando en la Dieta de Worms en 1512 el afirmó:

A menos que sea convencido por el testimonio de la Escritura o por razón clara (pues no confío en el papa o en concilio, ya que es bien conocido que se han equivocado y se han contradicho a sí mismos con frecuencia) las Escrituras que he citado me obligan a mantenerme firme en esta posición, pues mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.

Un resultado de la doctrina de la sola Scriptura es la doctrina de la libertad cristiana, una doctrina que protege contra la usurpación ilegítima o el abuso de la autoridad por parte de personas o instituciones sobre la conciencia del pueblo de Dios. Esta doctrina afirma que si la Escritura (o una verdad legítimamente derivada de ella) no aborda un tema ético particular, el cristiano tiene la libertad de decidir; su conciencia no puede ser atada por  nadie. Por lo tanto, el cristiano está protegido de la tiranía de las autoridades y opiniones.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades.

Los teólogos describen las áreas de libertad como adiaphora: asuntos que no son esenciales a la fe. La palabra viene del griego a, negación, y diaphora, «diferenciable». Al unir ambas, adiaphora significa «no diferenciable». De nuevo, si no hay un mandato moral de la Escritura, el cristiano es libre de escoger basado en sus preferencias.

La doctrina de la libertad cristiana no fue un tema trivial en la Reforma; algunos argumentarían que fue uno de los temas principales. Pero ¿por qué fue tan importante para los reformadores? Juan Calvino es útil aquí: 

Pero estos asuntos [de la libertad cristiana] son más importantes de lo que comúnmente se cree. Porque una vez que las conciencias han caído en tales lazos, se meten en un largo laberinto del que no es fácil salir luego. Si uno comienza a dudar de si le es lícito usar lino en su traje, sus camisas, pañuelos y servilletas, después no estará seguro ni siquiera de si puede usar cáñamo; y, al fin, comenzará incluso a dudar de si le es lícito usar estopa… Porque cuantos se encuentran enredados en tales dudas, a dondequiera que se vuelvan, no verán otra cosa sino escrúpulos de conciencia (Institutos, 3.19.7).

 Cuando un cristiano decide convertir un acto bíblicamente neutro en algo universalmente malo, no solo para sí mismo sino también para los demás, camina en una pendiente resbaladiza sin restricciones bíblicas. Esta es una forma de legalismo; hace ley de la libertad, y su efecto es envolver la conciencia de los creyentes y confundir las categorías de ley y libertad dadas por Dios.

Lo que la libertad cristiana no es

Debido a la proliferación de regulaciones hechas por el hombre incluso (¿especialmente?) en la iglesia, nuestra congregación ha añadido una lección en la clase de visitantes titulada «Lo que no somos como Iglesia». Ahora tenemos más de veinticinco apartados para desalentar a la gente que viene con cualquier agenda diseñada para atar las conciencias de los creyentes.

Pero como sucede a menudo, podemos esquivar un lado del camino con el fin de evitar una zanja solo para encontrarnos en la zanja opuesta. La doctrina de la libertad cristiana puede ser abusada por cristianos descuidados que malinterpretan y/o hacen mal uso de la doctrina. Pablo viene al rescate aquí. Observa sus palabras en Gálatas 5:13: «Hermanos, a libertad fuisteis llamados; solo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros». Pedro concuerda: «Andad como libres, pero no uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de Dios» (1 Pe 2:16). Las áreas de libertad cristiana no son una excusa para pecar.

Hay más instrucción disponible en Romanos 14. Así como los modernos pueden debatir el uso del alcohol, la Iglesia primitiva debatió sobre la comida que había sido sacrificada a los ídolos. ¿Deben comer esa comida o no? Pablo proveyó dos principios que debemos considerar, y encontramos ambos en Romanos 14:3: «El que come [comida que había sido sacrificada a los ídolos] no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado».

Primero, los hermanos más fuertes a menudo miran por encima del hombro a los más débiles, y Pablo les advierte que se guarden de la arrogancia. Pero en segundo lugar, nota que el que se abstiene también tiene una obligación: no debe juzgar al que come. Es decir, no tiene derecho a juzgar a su hermano, llamando pecado aquello que Dios no ha calificado como tal. El consejo de Pablo al final es este: «Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua» (v. 19). Servirse unos a otros es la orden del día, sin hacer alarde de nuestra libertad o desdeñar a quien la ejerce.

Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prácticas de las libertades. Y Dios nos llama a una honesta autoevaluación en Su presencia antes de dirigir nuestra atención a nuestros hermanos y hermanas (Mt 7:1Rom 14:22-23).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Dan Dodds
Dan Dodds

El Rev. Dan Dodds es pastor asociado de atención pastoral y consejería en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, S.C.

Se acerca el día

Soldados de Jesucristo

Abril 29/2021

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Se acerca el día

John Piper

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¿Por qué no pagaste el rescate?

Jueves 29 Abril

En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores.Salmo 31:15

¿Por qué no pagaste el rescate?

En marzo de 1987, Marco, un niño de ocho años de edad, fue secuestrado y separado violentamente de su familia. Durante diecisiete meses lo mantuvieron escondido en una montaña en Italia, mientras sus secuestradores exigían un rescate de dos millones de dólares. Cuando finalmente la policía lo localizó y se acercaba a la cabaña donde lo tenían prisionero, sus secuestradores lo sacaron de su escondite, lo abandonaron en un sendero de la montaña y le ordenaron que caminara.

La policía lo encontró en ese lugar. El pelo le había crecido hasta los hombros. Alrededor de su muñeca izquierda tenía marcas de la cadena que lo sujetaba a la pared, y llevaba puesta la misma camiseta que tenía el día del secuestro.

Los medios de comunicación informaron sobre la liberación del niño; muchas personas lloraron de la emoción al enterarse de que el pequeño estaba a salvo. Sin embargo, la alegría de la madre se disipó cuando su hijo la miró sin ninguna emoción en sus ojos marrones, y fríamente le preguntó: “¿Por qué no pagaste el rescate? No querías que volviera, ¿verdad?”.

Probablemente los secuestradores le habían dicho que sus padres no lo amaban porque no estaban dispuestos a pagar el rescate. La suma exigida estaba muy por encima de lo que la familia podía pagar, pero los secuestradores habían repetido su mentira tantas veces al chico que este había terminado creyéndoles.

A Dios nunca se le puede hacer la pregunta: “¿Por qué no pagaste el rescate?”, pues él pagó el rescate supremo por nosotros. Nadie puede dudar de Su amor, debido al costo de ese rescate.

Jonás 3-4 – Marcos 4:21-41 – Salmo 50:1-6 – Proverbios 14:21-22

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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