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Libertad cristiana
Dan Dodds
En la Edad Media, a medida que la Iglesia de Roma se hacĆa mĆ”s y mĆ”s corrupta, algunas de las doctrinas que fueron promulgadas se volvieron sospechosas. Una de ellas fue la insistencia en la doble autoridad de la Iglesia y la Palabra. Por supuesto, cuando parecĆa que la Iglesia y la Palabra estaban en conflicto, la Iglesia de Roma siempre resultaba preeminente (en su propia opinión). Como Ćŗnico intĆ©rprete autorizado y autodesignado de las Escrituras, Roma tenĆa la Ćŗltima palabra en todos los asuntos bĆblicos.
Esta autoridad autodesignada fue uno de los blancos principales de los reformadores, y su crĆtica fue encapsulada en la frase sola Scriptura: la Escritura sola. Por medio de esta enseƱanza, los reformadores afirmaron que Roma es falible, mientras que la Palabra de Dios no lo es. De modo que, cuando ambas estĆ”n en conflicto, cada cristiano, estĆ” obligado por la Palabra de Dios a oponerse a Roma. La conciencia del creyente debe estar sujeta Ćŗnicamente a la Palabra de Dios y a nada mĆ”s.
Esto fue expuesto claramente en la respuesta de MartĆn Lutero cuando en la Dieta de Worms en 1512 el afirmó:
A menos que sea convencido por el testimonio de la Escritura o por razón clara (pues no confĆo en el papa o en concilio, ya que es bien conocido que se han equivocado y se han contradicho a sĆ mismos con frecuencia) las Escrituras que he citado me obligan a mantenerme firme en esta posición, pues mi conciencia estĆ” cautiva a la Palabra de Dios. No puedo y no voy a retractarme de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia.
Un resultado de la doctrina de la sola Scriptura es la doctrina de la libertad cristiana, una doctrina que protege contra la usurpación ilegĆtima o el abuso de la autoridad por parte de personas o instituciones sobre la conciencia del pueblo de Dios. Esta doctrina afirma que si la Escritura (o una verdad legĆtimamente derivada de ella) no aborda un tema Ć©tico particular, el cristiano tiene la libertad de decidir; su conciencia no puede ser atada por nadie. Por lo tanto, el cristiano estĆ” protegido de la tiranĆa de las autoridades y opiniones.
Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaƱos y prƔcticas de las libertades.
Los teólogos describen las Ôreas de libertad como adiaphora: asuntos que no son esenciales a la fe. La palabra viene del griego a, negación, y diaphora, «diferenciable». Al unir ambas, adiaphora significa «no diferenciable». De nuevo, si no hay un mandato moral de la Escritura, el cristiano es libre de escoger basado en sus preferencias.
La doctrina de la libertad cristiana no fue un tema trivial en la Reforma; algunos argumentarĆan que fue uno de los temas principales. Pero Āæpor quĆ© fue tan importante para los reformadores? Juan Calvino es Ćŗtil aquĆ:
Pero estos asuntos [de la libertad cristiana] son mĆ”s importantes de lo que comĆŗnmente se cree. Porque una vez que las conciencias han caĆdo en tales lazos, se meten en un largo laberinto del que no es fĆ”cil salir luego. Si uno comienza a dudar de si le es lĆcito usar lino en su traje, sus camisas, paƱuelos y servilletas, despuĆ©s no estarĆ” seguro ni siquiera de si puede usar cƔƱamo; y, al fin, comenzarĆ” incluso a dudar de si le es lĆcito usar estopa⦠Porque cuantos se encuentran enredados en tales dudas, a dondequiera que se vuelvan, no verĆ”n otra cosa sino escrĆŗpulos de conciencia (Institutos, 3.19.7).
Cuando un cristiano decide convertir un acto bĆblicamente neutro en algo universalmente malo, no solo para sĆ mismo sino tambiĆ©n para los demĆ”s, camina en una pendiente resbaladiza sin restricciones bĆblicas. Esta es una forma de legalismo; hace ley de la libertad, y su efecto es envolver la conciencia de los creyentes y confundir las categorĆas de ley y libertad dadas por Dios.
Lo que la libertad cristiana no es
Debido a la proliferación de regulaciones hechas por el hombre incluso (¿especialmente?) en la iglesia, nuestra congregación ha añadido una lección en la clase de visitantes titulada «Lo que no somos como Iglesia». Ahora tenemos mÔs de veinticinco apartados para desalentar a la gente que viene con cualquier agenda diseñada para atar las conciencias de los creyentes.
Pero como sucede a menudo, podemos esquivar un lado del camino con el fin de evitar una zanja solo para encontrarnos en la zanja opuesta. La doctrina de la libertad cristiana puede ser abusada por cristianos descuidados que malinterpretan y/o hacen mal uso de la doctrina. Pablo viene al rescate aquĆ. Observa sus palabras en GĆ”latas 5:13: Ā«Hermanos, a libertad fuisteis llamados; solo que no usĆ©is la libertad como pretexto para la carne, sino servĆos por amor los unos a los otrosĀ». Pedro concuerda: Ā«Andad como libres, pero no usĆ©is la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de DiosĀ» (1 Pe 2:16). Las Ć”reas de libertad cristiana no son una excusa para pecar.
Hay mĆ”s instrucción disponible en Romanos 14. AsĆ como los modernos pueden debatir el uso del alcohol, la Iglesia primitiva debatió sobre la comida que habĆa sido sacrificada a los Ćdolos. ĀæDeben comer esa comida o no? Pablo proveyó dos principios que debemos considerar, y encontramos ambos en Romanos 14:3: Ā«El que come [comida que habĆa sido sacrificada a los Ćdolos] no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptadoĀ».
Primero, los hermanos mĆ”s fuertes a menudo miran por encima del hombro a los mĆ”s dĆ©biles, y Pablo les advierte que se guarden de la arrogancia. Pero en segundo lugar, nota que el que se abstiene tambiĆ©n tiene una obligación: no debe juzgar al que come. Es decir, no tiene derecho a juzgar a su hermano, llamando pecado aquello que Dios no ha calificado como tal. El consejo de Pablo al final es este: Ā«AsĆ que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutuaĀ» (v. 19). Servirse unos a otros es la orden del dĆa, sin hacer alarde de nuestra libertad o desdeƱar a quien la ejerce.
Los cristianos con corazones ardiendo por Dios vienen en todas las formas, tamaños y prÔcticas de las libertades. Y Dios nos llama a una honesta autoevaluación en Su presencia antes de dirigir nuestra atención a nuestros hermanos y hermanas (Mt 7:1; Rom 14:22-23).
Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El Rev. Dan Dodds es pastor asociado de atención pastoral y consejerĆa en Woodruff Road Presbyterian Church en Simpsonville, S.C.