LO QUE LOS CRISTIANOS QUIEREN SABER PERO TIENEN MIEDO DE PREGUNTAR – 16

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

16 – LO QUE LOS CRISTIANOS QUIEREN SABER PERO TIENEN MIEDO DE PREGUNTAR

Stephen Davey

Texto: Job 20-21
¿Por qué Dios parece favorecer a todos menos a mi? Esta es una pregunta sincera que muchos cristianos tienen miedo de preguntar. Esta es la pregunta que Job tiene en mente también. Acompáñenos a descubrir la respuesta a esta y otras preguntas más a través de el estudio de estos dos capítulos del libro de Job.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Metáforas familiares para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas familiares para la vida cristiana

Donald S. Whitney

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

¿Alguna vez te han dicho que eres familia de algún famoso del pasado? Durante mi infancia, escuchaba con frecuencia que era descendiente de Davy Crockett, héroe del Álamo, por parte de mi padre. Eso no lo he confirmado, pero he confirmado algo infinitamente más significativo: soy parte de la familia de Dios.

Si eres mi hermano o hermana en Cristo, entonces también eres parte de la familia de Dios. Pero tu conexión no es distante ni trivial como la mía con Davy Crockett; más bien, es más cercana que la que tienes con tus propios padres terrenales.

Nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Aunque es menos importante, es gloriosamente cierto que también eres familia de personajes bíblicos como Abraham, David, Elías, María, Pedro, Juan y Pablo, así como de Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino, Jonathan Edwards, Charles Spurgeon y un sinnúmero de otros héroes de la historia cristiana. Cuando los conozcas en el cielo, te llamarán sinceramente: «¡Hermano!» o «¡Hermana!», y experimentarás un vínculo con ellos que aún no puedes imaginar, y una intimidad que nunca has conocido en la tierra.

Todo esto, y mucho más, lo revelan las metáforas familiares usadas en la Biblia para el pueblo de Dios. Aquí hay una lista parcial de ellas, seguida de algunas breves observaciones.

RELACIONES BÍBLICAS

  • Jesús nos dice en Mateo 6:9 que nos dirijamos a Dios en oración como Padre.
    Juan 1:12-13 dice que Dios da a los creyentes en Jesús el derecho de llegar a ser «hijos de Dios», y que estos han «nacido… de Dios».
  • Efesios 1:5 enseña que Dios nos predestinó para «adopción como hijos para Sí» a través de Jesucristo.
  • Efesios 2:19 declara que somos «miembros de la familia de Dios».
  • Efesios 5:2330 enfatiza que la iglesia es «Su cuerpo» y que «somos miembros de Su cuerpo».
  • Efesios 5:25-27 nos recuerda que Jesús trata a la Iglesia como un novio amoroso trata a su novia.
  • Hebreos 2:11 proclama que Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos.
    Pablo nos enseña que debemos tratar a los creyentes ancianos como a padres, «a los más jóvenes como a hermanos, a las ancianas como a madres, a las jóvenes como hermanas, con toda pureza» (1 Tim 5:1-2).
  • Tanto Pablo como Juan se dirigen a los creyentes que leían sus cartas llamándoles «hijitos» (Gal 4:191 Jn 2:112-14283:7184:45:21).

OBSERVACIONES

Estos términos son familiares. Por supuesto, el Nuevo Testamento se refiere a los cristianos con muchos otros términos relacionales, incluyendo «amigos», «discípulos», «seguidores» y «siervos». Pero los términos que indican relaciones familiares superan en número al resto.

Vuelve a revisar la lista. Todas estas son relaciones amorosas, no económicas. Somos hijos de Dios, no Sus clientes. No oramos para simplemente obtener cosas de Dios; más bien, el génesis de toda oración es «¡Abba! ¡Padre!» (Rom 8:15Gal 4:6).

Somos parte de la familia de Dios, no meros súbditos de Su Reino. Ciertamente nos relacionamos con Dios como nuestro Creador, Rey, Señor, Juez y de muchas otras maneras. Estos términos enfatizan Su poder, autoridad y soberanía sobre nosotros. Son títulos y verdades preciosas en formas únicas. Pero Jesús también enfatizó y quiso que recordáramos que «el Padre mismo os ama» (Jn 16:27). Casi podríamos decir que nos ama «doblemente», ya que somos Sus hijos tanto por nuevo nacimiento (Jn 1:13) como por adopción (Ef 1:5). Incluso cuando nuestro Padre nos disciplina, lo hace porque nos ama. Como nos recuerda el escritor de Hebreos: «Porque el Señor al que ama disciplina», y cuando lo hace: «Dios os trata como a hijos» (Heb 12:6-7).

Dios es nuestro Padre ahora, y lo será para siempre cuando vivamos con Él en la «casa de nuestro Padre» (Jn 14:2). Luego de que lleguemos allí, nos regocijaremos en medio de una familia eterna. ¿Has visto alguna vez esas reuniones de hermanos que fueron separados por la guerra o alguna tragedia y que llevaban cincuenta años sin verse pensando que el otro estaba muerto? Es hermoso contemplar los abrazos amorosos y las lágrimas de alegría. Cristiano, pronto y por toda la eternidad verás los rostros sonrientes de personas que corren para abrazarte, gritando: «¡Hermano!» o «¡Hermana!».

Estos son términos de intimidad. Los que correrán para abrazarte realmente serán tus hermanos y hermanas, más cercanos que cualquier persona que hayas conocido en este mundo. Nota como todos estos términos se relacionan con el núcleo familiar. La Biblia no habla de tías, tíos ni primos en nuestras relaciones con Dios ni con Su pueblo. Puede que algunos de tus parientes te saluden en el cielo, pero allí te saludarán como «¡Hermano!» o «¡Hermana!» (incluyendo tu padre, madre o cónyuge terrenal, si están allí).

¿Te has dado cuenta de que ninguna otra relación de las que disfrutes en la tierra, por más larga o íntima que haya sido, se comparará con el vínculo que sentirás con cada persona en el cielo? Esto ocurrirá debido a la obra del Espíritu Santo y a los cambios inimaginables que experimentará cada parte de nuestro ser. De hecho, incluso ahora el Espíritu nos ha unido con otros creyentes, y esa unión es más profunda que la que tenemos con nuestra familia terrenal. Debido a esto, y de una manera coherente con todos los mandamientos bíblicos sobre cómo debemos relacionarnos con nuestra familia terrenal, nuestra primera y más alta lealtad es a la familia de Dios.

Estos son términos ideales. Con esto quiero decir que estos términos se refieren a lo que deberían ser nuestras relaciones, sin ninguna de las asociaciones negativas que pudieran tener en este mundo. En esta tierra quizás tengamos que soportar a un padre cruel, una rivalidad entre hermanos o a un cónyuge infiel. Y por causa de estas experiencias, a algunos les cuesta pensar bíblicamente acerca de Dios como Padre, o de sus compañeros cristianos como hermanos y hermanas en Cristo, y de Cristo como Esposo. Las Escrituras reconocen que el pecado mancha toda relación de este lado del cielo, incluso las relaciones cristianas más amorosas. Sin embargo, somos llamados a buscar la pureza y la santidad (el ideal) en todas ellas (ver 1 Tim 5:1-2).

La realidad en este momento es que Dios es un Padre perfecto y que Jesús es un Hermano perfecto. Un día, junto con todos los creyentes, seremos una novia perfecta para Cristo, «santa y sin mancha» (Ef 5:27). En aquel día, en el cielo que Jonathan Edwards llamó «un mundo de amor», toda relación con cualquier otra persona será verdaderamente perfecta.

Cristiano, todos estos términos son tu patrimonio espiritual. Úsalos, y regocíjate en ellos.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Donald S. Whitney
Donald S. Whitney

El Dr. Donald S. Whitney es profesor de Espiritualidad Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Ky. Es autor de varios libros, incluyendo Disciplinas espirituales para la vida cristiana y Orando la Biblia.

Hijos de un Dios que canta

Soldados de Jesucristo

Abril 27/2021

Solid Joys en Español

Hijos de un Dios que canta

John Piper

John Piper

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Yo soy la luz del mundo (2)

Martes 27 Abril

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.Juan 8:12

Yo soy la luz del mundo (2)

Ese segundo “yo soy”, pronunciado por Jesús, alude a la profecía de Isaías con respecto al Mesías, quien debía traer la luz no solo a Israel, sino a todo el mundo. “Que tú seas… por luz de las naciones” (Isaías 49:6).

La luz dada por Dios “resplandece” en las tinieblas: nos muestra el verdadero rostro del mundo que nos rodea, descubre lo que queremos esconder en nuestro corazón. Ella “alumbra a todo hombre” (Juan 1:59), pero su efecto siempre depende de la manera en que es recibida. Podemos escondernos o huir de ella, tal como hacen los insectos que corren a esconderse en otro lugar cuando levantamos la piedra que los cubría. Entonces no tiene efecto. “Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Pero si el corazón está realmente comprometido, como lo subraya la expresión “el que me sigue”, esa luz es una guía y una fuente de bendición. Para el corazón, es “la luz de la vida”.

Seguir a Jesús es confiar en él en todos los aspectos de mi vida, pues me ama y es más sabio que yo; es obedecerle en todo lo que me dice. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46).

Antiguamente, el pueblo de Dios avanzaba hacia la tierra prometida siguiendo la nube que lo iluminaba y lo conducía. Así Jesús camina hoy con nosotros, y su Palabra es una luz a nuestro camino.

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).(continuará el próximo martes)

Abdías – Marcos 3 – Salmo 49:10-15 – Proverbios 14:17-18

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La Parábola del Buen Samaritano

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

La Parábola del Buen Samaritano

Salvador Gómez Dickson

Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.

http://www.ibsj.org

Consejos para un futuro pastor

Esclavos de Cristo

Consejos para un futuro pastor

Juan Manuel Vaz

Empezar a desarrollar el ministerio pastoral en una iglesia local es un paso muy importante. Muchas personas comienzan llenas de ilusiones, proyectos y buenas intenciones. Sin embargo, es común que en el comienzo del ministerio, uno se enfrente a situaciones duras, inclusive peligrosas, de las cuales un seminario o instituto no prepara y que tan solo la experiencia de otros puede ayudar.

Por ese motivo, y fruto de la experiencia vivida, aquí proveemos algunos consejos a aquellos inician en el servicio pastoral:

Guarda tu corazón

Quizá no parezca algo tan importante como para darle la primera posición de nuestra lista de consejos, pero esto es algo en lo que muchos fallan. De hecho, faltar a esto en el comienzo puede ocasionar el fin de un ministerio. Los aplausos y elogios, el reconocimiento como guía, consejero o referente puede ocasionar que la humildad se vuelva soberbia. Esto te puede hace sentir que eres necesario, o peor, imprescindible en la obra que se está desarrollando. «Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida.» (Proverbios 4:23) Nunca olvides que todo lo que sucede es fruto de la obra de Dios y no de tus manos: todos somos sustituibles y prescindibles en la obra de Dios.

No cambies la misión por tu propia visión

En diferentes congregaciones he notado lo común que es escuchar frases como: «Mi visión», «lo que Dios me dio», «a lo que yo he sido llamado», etc. Resultando en congregaciones que pierden el foco principal. Es cierto que cada congregación tiene una identidad o personalidad distinta, una manera de proceder o imagen diferente, pero nuestra misión es conjunta. Como Iglesia de Cristo tenemos una misión: vivir para la gloria de Dios en medio de un mundo oscuro, llevar a Cristo a las naciones y manifestar Su luz a los perdidos.

No olvides la gran comisión

La mayoría de los pastores en la actualidad son hombres apasionados por la obra de Dios, el rescate de las almas perdidas y la predicación genuina del Evangelio. Sin embargo, es fácil perder la pasión que te llevó a el ministerio y empezar a centrarte en los creyentes: enseñanza, consejería, visitas, juntas de trabajo, etc., olvidando que la Gran Comisión sigue siendo parte de la vida de todo cristiano, incluyendo al pastor. «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.» (Marcos 16:15) Dale el tiempo necesario a la congregación. Recuerda lo que dijo Charles H. Spurgeon: «todo cristiano es un misionero o un impostor». Ve, enseña, ora y aconseja a la Iglesia, pero cuando salgas de nuevo a la calle sigue predicando.

Eres un siervo, no un jefe

Muchas veces, antes del pastoreado, solíamos ser personas altamente serviciales, que colaboraban desde la oración hasta la limpieza, pero que cuando tomamos el cargo pastoral olvidamos el servicio y empezamos a delegar todas esas tareas. Recordemos siempre que Cristo no vino para ser servido sino para servir. Pablo el apóstol sirvió y todos somos llamados a hacerlo. «Pero el mayor de vosotros será vuestro servidor.» (Mateo 23:11). La mejor manera de enseñar a otros a servir no es mandando, sino con el ejemplo. Nunca pierdas el corazón de siervo. Recuerda que somos esclavos de un Señor, Cristo es nuestro Señor, y a él debemos servir.

Todo es de Cristo

La expresión «la iglesia del pastor…» puede confundir a muchas personas dando a entender que la iglesia es propiedad del ministro cuando en realidad es pertenencia de Cristo (Romanos 11:36). Jesús debe ser el centro de todo: sea sermón, actividad o proyecto. La Iglesia, cada congregación y cada oveja son de Cristo. Considerar que algo de esto es tuyo tiene dos inconvenientes. El primero es creer que los frutos vienen, exclusivamente, de tu trabajo y desempeño. El segundo es frustrarte cuando las cosas no salen como lo pensabas como si fuese culpa tuya. Descansa, cumple tu cometido, haz tu labor con desempeño y amor, porque la obra es de Cristo y dará frutos debidos a su tiempo.

Esperamos que estos consejos te ayuden en ese gran paso que vas a dar o que llevas poco tiempo recorriendo. Sigue sirviendo con desempeño, amor y cuidado en esta hermosa labora que Dios te ha encomendado.

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

«El Ébola»

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

91 – «El Ébola»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

Metáforas del Reino para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas del Reino para la vida cristiana

John P. Sartelle Sr.

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Jesús acababa de ser bautizado, y había sido un bautismo glorioso. «El cielo se abrió, y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: “Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido”» (Lc 3:21-22). Inmediatamente, este segundo Adán fue llevado al desierto para ayunar y contender con el mismo Satanás. El primer Adán había fracasado en el huerto, y este nuevo Adán, el Mesías y Rey de la gloria, retomaría la batalla en el desierto.

Allí en el desierto estaba Satanás, en todo su esplendor y poder, listo para probar al Hijo encarnado que descendió del cielo.

Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y el diablo le dijo: «Todo este dominio y su gloria te daré; pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será Tuyo» (Lc 4:5-7).

En un instante panorámico, Satanás le mostró a Jesús todos los reinos del mundo. «Jesús, Tú quieres gobernar estos imperios. Yo te los daré. Hazlo a mi manera, Jesús; es más fácil. No hay necesidad de conflicto. Solo inclínate ante mí».

Satanás no es omnisciente. Él no conocía los detalles del plan de Dios. El Hijo de Dios y el Hijo del Hombre del linaje de David establecería un Reino sobre el cual Él reinaría para siempre. No nos equivoquemos: este Mesías a quien Satanás ofreció los reinos de este mundo ciertamente estaba enfocado en un reino: Su Reino. Después de rechazar la oferta de Satanás, ¿cómo comenzó Su predicación? «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio» (Mr 1:15).

Ahora, adelantémonos unos treinta años y ubiquémonos en Roma, que en ese tiempo era el epicentro del mundo. Sin duda, este fue uno de los imperios que Satanás le ofreció a Jesús. El apóstol Pedro está escribiendo desde esta nueva Babilonia a las iglesias que él amaba. Les recuerda que son una «nación santa» (1 Pe 2:9). Pedro está pensando en iglesias individuales en provincias, ciudades y pueblos específicos. Pero también ve a estos seguidores de Jesús como una sola nación, como un solo Reino. ¿De dónde sacó esa idea? Jesús se la enseñó. Pedro había escuchado a Jesús decirlo una y otra vez. Lo vemos en cada página de los evangelios. Entre los reinos del mundo, había un nuevo Reino. Era un Reino que no había comenzado en este mundo. El Rey de este Reino es el Hijo de Dios encarnado. Este Reino se estableció en la gloria de la eternidad.

¿De dónde provenían los ciudadanos de esta «nación santa»? «Pero vosotros sois… nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable» (1 Pe 2:9). Todos los ciudadanos de esta nación santa provenían de los mismos reinos de tinieblas que Satanás le había mostrado a Jesús. 

Cada nación en el mundo tiene ciudadanos de otra nación, una nación santa, que vive en medio de ellos.

¿Cómo podía llamarlos nación santa si venían de reinos que estaban bajo el dominio oscuro de Satanás, donde los ciudadanos eran todo menos santos? Pedro les recuerda que habían sido redimidos «con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo» (1 Pe 1:19). Ya eran justos y santos, pues habían sido lavados de la culpa de su pecado mediante el sacrificio del cordero de Dios. No solo eran santos (rectos) en cuanto a su posición ante la justicia de Dios, sino que también eran santos en su conducta. Al haber nacido de nuevo, tenían una relación íntima con Dios: «… así como Aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: “Sed santos, porque Yo soy santo”» (1 Pe 1:15-16).

Para gran consternación de Satanás, Jesús estaba sacando a personas de sus reinos tenebrosos para edificar Su Reino de luz y de justicia. Jesús estaba destruyendo las tinieblas que habían invadido Su creación, usando a las mismas personas que una vez habían sido parte de esa oscuridad. Ahora eran ciudadanos del Reino de Dios que vivían como extranjeros en medio de los reinos de este mundo y llevaban Su luz a estos lugares oscuros.

Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación (1 Pe 2:11-12).

Piénsalo. Cada nación en el mundo tiene ciudadanos de otra nación, una nación santa, que vive en medio de ellos.

El apóstol y compañero de Pedro, Pablo, llamó a estos ciudadanos santos «embajadores de Cristo». Son emisarios de su Rey en las naciones terrenales que Satanás le había ofrecido a Jesús. «Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros» (2 Co 5:20). Aquellos que habían nacido en rebelión contra Dios para gran alegría de Satanás ahora estaban hablando felizmente en nombre de la misericordia y la gracia de Dios, rogando a los perdidos y quebrantados: «Reconciliaos con Dios».

En 1972, mi difunta esposa, Janet, y yo pasamos dos semanas conduciendo por México con dos amigos. Era mi primera visita a un país extranjero. Todos los días sentía cierta incomodidad porque estaba constantemente consciente de que era un extranjero. Así es como nos sentimos a veces los cristianos, incluso en nuestro propio país, por más que lo amemos. Nos encanta nuestra historia y nuestra constitución, pero no nos sentimos como en casa en nuestra cultura secular. Las costumbres sociales de nuestra sociedad, ancladas en el materialismo, la inmoralidad sexual, el elitismo intelectual, el orgullo egocéntrico, el cinismo posmoderno, la idolatría y el ateísmo, nos recuerdan que en realidad somos extranjeros cuya ciudadanía está en el Reino de Jesucristo. Nos humilla recordar que alguna vez fuimos partícipes voluntarios de esa cultura impía, pero hemos sido rescatados solo por la gracia de Dios. Esa gracia nos impulsa a ser embajadores que llevan la luz del evangelio a las tinieblas. Sin embargo, vivimos como extraterrestres con gozo, sabiendo que somos peregrinos de camino a nuestro hogar.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John P. Sartelle Sr.
John P. Sartelle Sr.

El Rev. John P. Sartelle Sr. es el ministro principal de Christ Presbyterian Church (PCA) en Oakland, Tennessee. Es el autor de What Christian Parents Should Know about Infant Baptism [Lo que los padres cristianos deben saber sobre el bautismo infantil].

Seguir el ejemplo del Maestro

Lunes 26 Abril

(Jesús dijo:) De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.Mateo 25:40

Seguir el ejemplo del Maestro

Un presidente a menudo observaba a los alumnos de una escuela que jugaban detrás de la casa presidencial. Un día vio a varios niños burlarse de otro porque iba pobremente vestido.

El presidente, entristecido por el sufrimiento del niño, supo que el padre del jovencito de 9 años había perdido la vida como soldado en el ejército, y que su madre mantenía a sus hijos lavando ropa.

La semana siguiente el niño llegó a la escuela con ropa nueva. Orgulloso contó a la clase que el presidente había ido a su casa y había llevado a toda la familia a comprar ropa nueva, que les había comprado abundantes provisiones y una buena cantidad de carbón. Para terminar sacó de su bolsillo una carta dirigida a la clase, firmada por el propio presidente, que decía: “Por favor, escriban este versículo en la pizarra: ”En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis“ (Mateo 25:40).

Un poco más tarde el presidente se presentó en la escuela. Fue a hablar a los alumnos sobre lo que había observado en el patio y explicó el sentido del versículo que todavía estaba escrito en el tablero. Los niños, conmovidos por aquel mensaje de la Biblia, cambiaron de actitud.

El presidente hubiese podido explicar simplemente la lección, pero quiso poner en práctica la Palabra de Dios, para luego explicarla, porque conocía Su poder para convencer los corazones.

”Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos“ (Lucas 6:31).

Ezequiel 48 – Marcos 2 – Salmo 49:1-9 – Proverbios 14:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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