Cómo aconsejar a las parejas a través del pecado sexual pasado

9Marcas

Consejería

Por Scott Croft 

¿Recuerdas cuando la consejería prematrimonial a las parejas jóvenes en materia de sexo consistía en una breve advertencia sobre la tentación y en complementar su educación sobre los pájaros y las abejas que sus padres, aburridos o avergonzados, habían olvidado mencionar? Sí, yo tampoco.

Si estás leyendo este artículo, es probable que estés tratando con parejas en las que al menos una persona ha cometido un pecado sexual repetido y tal vez grave. Ahora, están tratando de navegar a través de esta realidad hacia un matrimonio piadoso y saludable en el que el «banco de confianza» se ha agotado desesperadamente y necesita ser restaurado.

En la práctica, hablemos de cuándo y cómo los pastores pueden guiar a las parejas de novios o parejas comprometidas a través de estas conversaciones difíciles.

¿CUÁNDO?

No hay una respuesta rigurosa, pero mi mejor recomendación es que el pecado sexual pasado se discuta en esa etapa incómoda en la que la relación va bien y probablemente se dirija hacia el matrimonio, pero antes de que la pareja se comprometa formalmente. En nuestra cultura, el compromiso se considera un acuerdo serio que requiere un poco de llanto y crujir de dientes para romperse, aunque ocurre con más frecuencia de lo que se cree. Teniendo en cuenta este hecho, las personas deberían tener la oportunidad de saber, antes de comprometerse para casarse con alguien, que su posible cónyuge ha tenido relaciones sexuales con numerosas personas o hasta la semana pasada estaba en medio de una adicción activa a la pornografía.

Hablaré de las respuestas bíblicas a dicha información a continuación, pero parece prudente que el «autor» del pecado sexual debe confesar antes de que el posible cónyuge haya alcanzado el punto teórico y cultural sin retorno.

Habiendo dicho esto, no deberíamos animar a las parejas a hablar del pecado sexual pasado demasiado pronto. Revelar detalles íntimos de nuestro pecado pasado al principio de una relación generalmente no es una buena idea porque (1) tiende a crear un nivel inapropiado de intimidad en las primeras etapas de una relación, y (2) tiende a imponer una carga injusta sobre una nueva relación pidiéndoles a las personas que lidien con cosas realmente difíciles del pasado de su pareja antes de que realmente conozcan el carácter actual del otro y su caminar con Cristo.

¿CÓMO?

Primero, se debe hablar de los pecados sexuales pasados ​​en términos generales. Confesar el solo hecho del pecado sexual con otras parejas o una lucha pasada con la pornografía puede ser suficiente. Las preguntas de seguimiento razonables podrían discutir la cantidad de parejas sexuales, si han experimentado atracción por personas del mismo sexo o el momento y el nivel de victoria sobre la pornografía. Más allá de eso, los detalles generalmente no suelen ser buenos para el alma de nadie y, por lo general, son inútiles a menos que sean genuinamente relevantes para la sabiduría de una decisión matrimonial. Tampoco es un tema en el que se deba insistir repetidamente si se puede evitar.

Así que este es mi consejo básico: el pecado sexual pasado o presente debe discutirse en una sola conversación en la que ambas personas confiesen lo que necesitan. Quizás a esto le sigan conversaciones adicionales, ya que las personas necesitan procesar lo que han conocido.

Los pecados sexuales pasados ​​deben confesarse con humildad, empatía y probablemente alguna medida de tristeza o arrepentimiento, pero no con culpa o vergüenza, porque el Señor Jesucristo ha dado cuenta de tales pecados en la cruz. No obstante, los hermanos y hermanas que enfrentan el pecado sexual y se lo revelan a alguien que esperan que los ame, pueden sentirse atormentados por la culpa y la vergüenza que no tienen que ser parte de la vida abundante en Cristo.

En el otro lado de la ecuación, un posible cónyuge debería escuchar la confesión de un pecado sexual pasado con tristeza, arrepentimiento e incluso frustración si es ahí donde está el corazón, pero en última instancia con una actitud de gracia.

Para ser claros, la respuesta sabia y piadosa no siempre será seguir adelante con la relación. Ser informado de la adicción previa de un posible cónyuge a la pornografía infantil, por ejemplo, viene a la mente como un tema que puede afectar genuinamente la sabiduría de una decisión matrimonial. Aun así, al lidiar con el pecado pasado, la respuesta piadosa debería ser la voluntad de continuar con la relación si, en conjunto, otros factores ya apuntan en esa dirección [1].

Al mismo tiempo, alguien que escucha tal confesión de un posible cónyuge, especialmente si su propio pecado sexual ha sido comparativamente menos profundo, puede luchar contra la tristeza, la ira, la amargura, el miedo y la justicia propia.

Entonces, ¿cómo aconsejamos a hombres y mujeres en uno o ambos de estos supuestos?

Como sugerí anteriormente, fundamentalmente se trata de mostrar gracia a un hermano pecador perdonado en Cristo. De hecho, la mayoría de los mismos principios bíblicos básicos se refieren tanto al ofensor como al ofendido. Aunque el pecado sexual (como todo pecado) se comete principalmente contra Dios, también es un pecado contra cualquier otra persona involucrada y el futuro cónyuge del pecador, por lo que es perfectamente comprensible que un posible cónyuge responda con sentimientos de dolor y tristeza.

Pero si el pecador está ahora en Cristo, entonces él o ella «nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2Co. 5:17). Si un creyente pecador ha confesado sus pecados pasados ​​a Dios como su hijo, entonces Dios no solo los ha perdonado, sino que lo ha «limpiado de toda maldad» (1 Jn. 1:9); ha arrojado esos pecados al mar para no recordarlos más. Dios no solo perdona; él olvida. Cuando mira a sus hijos, se deleita en nosotros porque ve a su Hijo perfecto. Y por eso nos llama a ver a nuestros hermanos y hermanas en Cristo de la misma manera. Precisamente por eso, Jesús mismo tiene palabras duras y una advertencia severa para aquellos que son perdonados pero no pueden perdonar (Mt. 18:21-35).

Como pastores, debemos recordar a las parejas jóvenes no solo que todos somos pecadores (Ro. 3:23), sino también que todos somos pecadores sexuales. Incluso si un hombre o una mujer no ha pecado sexualmente con otra persona, el uso de la pornografía, la masturbación y los pensamientos lujuriosos cuentan en su contra, arruinando cualquier perfección percibida. Todos hemos caído sexualmente.

Pero hay gracia y sanidad en el evangelio. Anima a los hermanos y hermanas jóvenes a descansar en la gracia que Dios les ha mostrado en Cristo y a mostrar esa misma gracia a sus posibles cónyuges [2].

CONCLUSIÓN

Finalmente, un poco de estímulo práctico: la intimidad emocional, espiritual y sexual que florece en un matrimonio amoroso y piadoso a menudo contribuye en gran medida a sanar las heridas del pasado. Tiene la forma para desplazar los sentimientos relacionados con el pecado pasado.

Recuérdales, pues, a tus ovejas que Dios ordenó el matrimonio; que está a favor de los matrimonios sexualmente saludables; y que todo matrimonio piadoso, amoroso y lleno de gracia, que involucra a dos pecadores sexuales, refleja el evangelio y glorifica a Dios.

Traducido por Samuel Ortiz

*****

[1]. Cómo lidiar con una adicción actual a la pornografía o el pecado sexual en curso es un tema para otro día.

[2]. Esto puede ser evidente, pero cuando tengas estas conversaciones, mantente atento a aquellas de tus ovejas con problemas relacionados con la sexualidad o problemas más profundos de salud emocional y mental en general. Especialmente en lo que respecta a los problemas de abuso o trauma sexual en el pasado, es probable que se requiera atención amorosa y asesoramiento a más largo plazo.

Mark Deve

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