Para meditar

Sábado 10 Julio

De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos.Salmo 90:14

Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas.Isaías 40:31

Para meditar

Lo que usted será mañana depende de las decisiones que tome hoy.

No ponga un punto de interrogación donde Dios puso un punto final.

Si vivimos con el Señor, en el plano moral viviremos contra la corriente en el mundo.

Si el sentimiento de nuestra debilidad nos invade, entonces Dios será nuestra fuerza.

El que camina con Dios también hallará su camino en la oscuridad.

No es cuando no hay guerra que tenemos una paz verdadera, sino cuando nuestra fe se funda en el Dios de paz.

Lo que usted y yo somos, lo somos por la gracia de Dios. Su gracia nos salva, nos conduce y nos da una esperanza.

Un corazón comprometido con Cristo lo será también con aquellos a quienes él ama.

Como el ruiseñor antes del amanecer, ¿estoy listo para alabar a mi Dios?

Cada versículo en el Libro de Dios es capaz de alimentar nuestra alma.

No temamos las consecuencias; si hacemos lo correcto, Dios se ocupará de ellas.

La verdad no necesita a los hombres; los hombres son quienes necesitan la verdad.

Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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33 – ¿Traes Paz o Contienda?

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

33 – ¿Traes Paz o Contienda?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

¿Puede un cristiano ser homosexual?

Coalición por el Evangelio

¿Puede un cristiano ser homosexual?

GERSON MOREY

La reciente aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos reaviva una vez más la siempre acalorada discusión acerca de la homosexualidad. La decisión de la Corte Suprema ha causado un gran revuelo, pero es llamativo que ha encontrado más aceptación que resistencia entre el pueblo americano. Esta decisión seguramente será el comienzo de otras que afectarán el ya debilitado carácter moral de esta nación. Desde hace muchos años, la sociedad norteamericana viene cayendo en un espiral descendente de corrupción. Otros países en América Latina están siguiendo sus pasos.

Entre las cosas que se escuchan de parte de quienes abogan por el matrimonio gay, hay una que merece especial atención y debe ser explicada con claridad. Me refiero al argumento de algunos que se profesan cristianos homosexuales. Personas que dicen ser creyentes, que asisten a la iglesia y leen la Biblia, pero que practican un estilo de vida homosexual.

Algunos cristianos genuinos piensan que de verdad es posible ser creyente y todavía practicar el homosexualismo. Pero esta confusión manifiesta una falta de comprensión bíblica del arrepentimiento, y un defectuoso entendimiento de lo que implica la regeneración, la fe y la conversión del pecador.

Definiendo términos

El estilo de vida homosexual fue practicado desde muy temprano en la historia de la humanidad. El relato de Sodoma y Gomorra nos ofrece bastante luz respecto a esta práctica y la gran influencia que tuvo sobre esa sociedad (Génesis 19). Por eso, desde un comienzo fue prohibido, y se advirtió al pueblo de Israel del castigo correspondiente (Levítico 18:22-23). Mejor dicho, la práctica de la homosexualidad fue considerada como un pecado, condenada por Dios y digna de la reprobación divina (Levítico 20:131 Reyes 14:23-24). Además, toda forma de homosexualismo fue condenada, al punto que se advirtió al pueblo de no vestir ropa del sexo opuesto (Deuteronomio 22:5).

El Nuevo Testamento no presenta una visión distinta de este pecado. Al contrario, es también enfático y contundente en apuntar al carácter pecaminoso del homosexualismo y de condenarlo:

“La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…para los homicidas…los fornicarios…los sodomitas…”, 1 Timoteo 1:9-10.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos….heredarán el reino de Dios”, 1 Corintios 6:9-10.

“Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”, Judas 1:7.

Ahora bien, como sucede con cualquier otro pecado, la sangre de Cristo es suficiente para hacer remisión y limpiar toda maldad (1 Juan 1:7). Cuando los hombres se arrepienten y abandonan sus malos caminos, son perdonados y reconciliados con Dios. De la misma manera, el homosexual también puede hallar misericordia para el perdón de sus pecados, para su transformación a la imagen de Cristo, y el regalo de la vida eterna.

Arrepentimiento

¿Qué significa arrepentirnos? ¿Puede una persona decir que se arrepintió y se convirtió a la fe y seguir practicando abiertamente el pecado del homosexualismo? ¿Puede una persona homosexual llamarse creyente?

Para empezar a responder a estas interrogantes debemos establecer una definición de lo que es el arrepentimiento bíblico. Las palabras que se usan en el Nuevo Testamento para describirlo tienen el sentido de un cambio de parecer, o de volver o regresar. El arrepentimiento implica un cambio de mente y un volverse a Dios. Es similar a la idea de conversión que se presenta en el Antiguo Testamento: Volver y convertirse a Dios (Isaías 55:6-7Jeremías 25:5Ezequiel 33:11). En esta misma línea, debemos apuntar que el apóstol Pedro en su primer discurso llamó a los hombres diciendo, “Arrepentíos y convertios” (Hechos 3:19).

De otro lado, el apóstol Pablo nos habla de un aspecto del arrepentimiento que no debe separarse del mismo: el lamento y la tristeza. Cuando escribió a los corintios les dijo: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (2 Cor. 7:10). Se entiende que esta emoción es producida por nuestra conciencia de pecado y por haberle fallado a Dios. Tal como lo expresó David cuando confesó su falta: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmos 51:4).

A partir de aquí es importante reconocer los elementos que constituyen un arrepentimiento genuino: el elemento intelectual, el emocional, y el volitivo. El intelectual porque reconoce el pecado. El emocional por la tristeza de haberle fallado a Dios. Y el volitivo porque se abandonan los malos caminos. Por eso podemos definir al arrepentimiento como un lamento genuino por el pecado, renuncia al pecado, y propósito sincero de abandonarlo para andar en obediencia a Dios. Cualquier experiencia que no contemple estos aspectos no es arrepentimiento.

Es por eso, que el apóstol Juan fue enfático hablando de aquellos que habían recibido la gracia del nuevo nacimiento al decir: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 5:18). La regeneración es una obra de Dios, y es segura y evidente pues le da nueva vida al pecador (2 Corintios 5:16); Un nuevo corazón para andar en sus caminos (Ezequiel 36:26), le concede el arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) y el don de la fe para confiar en Cristo para el perdón de sus pecados (Ef. 2:8-9). Quien ha nacido de Dios, no practica el pecado –como un estilo de vida–, porque tiene una naturaleza divina que lo impulsa a aborrecer el pecado y a amar la justicia.

Entonces ¿Puede un creyente ser homosexual?

De ninguna manera.

La biblia es enfática y clara en describir el carácter pecaminoso del homosexualismo, de prohibirlo y condenarlo. Por lo tanto, podemos y debemos afirmar junto con las Escrituras que aquella persona que practica el pecado, incluyendo el pecado del homosexualismo, no puede llamarse un creyente, porque nunca nació de nuevo, no se arrepintió, ni abandonó sus malos caminos y nunca creyó en Cristo para el perdón de sus pecados.

Ciertamente algunos creyentes puede que sean tentados hacia el pecado homosexual. Pero no tienen por qué caer en tentación, puesto que Dios es fiel en dar la salida para cada situación (1 Corintios 10:13). Pero como acabamos de ver, este creyente no so mofa en su pecado ni lo practica, sino que se lo confiesa y se arrepiente, buscando pureza sexual. No hay categorías en la Escritura para una persona que se goce de ser homosexual y sea cristiano. Sí las hay para pecadores arrepentidos, y eso somos todos.

¿Hay esperanza?

¡Claro que sí!

Los que practican el homosexualismo tienen el mismo llamado al arrepentimiento que se hace a toda clase de pecadores, sean adúlteros, ladrones, mentirosos, homicidas, fornicarios, etc. Ellos también pueden ser recibidos a misericordia, obtener el perdón de sus pecados, ser justificados, aceptados, adoptados y transformados como hijos de Dios para gozar de comunión con él. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los corintios en el mismo pasaje citado anteriormente donde condena al homosexualismo junto a otros pecados:

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”, 1 Corintios 6:11.

Esta es la promesa del evangelio. Un mensaje de esperanza a todos los pecadores. Una gracia que se ofrece a los hombres en Cristo Jesús. Una obra que Dios hace para salvar a los hombres de sus pecados. El único mensaje que salva y transforma al pecador. El mensaje que todavía esta vigente y que sigue llamando a los hombres a reconciliarse con su Creador.

​Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

Josiah Grauman

1. Cualquier pecado es capaz de condenar al infierno

Adán y Eva desobedecieron al mandamiento de Dios al comer del árbol que Dios había prohibido. Como resultado, billones de personas terminarán en el infierno, lo cual nos da una idea de la santidad de Dios y cómo es que él ve el pecado.

Uno de los pasajes más claros que demuestra la realidad que cualquier pecado nos condena es Santiago 2:10-11, en donde podemos observar cómo el pecado coloca a todos en una misma categoría: por naturaleza y por decisión, todos merecemos el infierno.

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley (Santiago 2:10-11).

Sin embargo, observe como el texto no afirma que todos los pecados son iguales, ni que uno ha cometido un pecado que también ha cometido todos los demás pecados. El libro de Santiago no está afirma que “si usted no comete adulterio, pero mata, entonces también ha adulterado.” Lo que sí está enseñando es que todo pecado, no importa que cual sea, automáticamente nos pone en la corte de Dios como criminales, criminales siendo enjuiciados y condenados por quebrantar la ley.

2. No todo pecado es igual de abominable delante de Dios

Muchas personas citan el Sermón del Monte para decir que delante de Dios la ira es igual al asesinato, y la codicia igual que el adulterio. Quisiera animarlo a leer Mateo 5:21-30 más detalladamente. Las palabras: “Cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio” y “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, no afirman que el uno sea igual de abominable en la mente de Dios. Jesús no está afirmando que el cometer adulterio en su corazón es tan detestable y atroz a los ojos de Dios como cometerlo con su cuerpo, el cual, si eres un cristiano, es “el templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:18-20).

Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí

Dios es un juez justo, el cual juzgará a toda persona sin parcialidad—y esto significa—de acuerdo con su propio pecado. Romanos 2:6 nos dice que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”. Juan nos dice en Apocalipsis que los libros serán abiertos y los muertos juzgados “cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:13). Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí.

Pasajes como estos  demuestran claramente que existen ciertos pecados los cuales son más horrendos delante de Dios. Otro ejemplo aún más claro se encuentra en Ezequiel capítulo 8. Yo le recomendaría que lea todo el capítulo si tiene dudas al respecto. Pero en sí, Dios está describiendo qué tan profundo Israel ha caído en pecado, así que va de un pecado a otro más feo, cada vez repitiendo a Ezequiel: “verás abominaciones mayores que hacen éstos”. Todo pecado es una abominación y capaz de condenar al fuego eterno, pero algunos pecados ofenden más a Dios que otros.

3. La homosexualidad es un pecado especialmente perverso

Romanos 1 demuestra que la homosexualidad es un pecado que se llega a cometer después de que uno ha tocado el fondo de su depravación. Los que lo cometan continúan tanto en su rebeldía en contra de Dios que él “los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Romanos 1:24-27). Ya que va en contra del plan perfecto de Dios para el matrimonio, los cristianos hacen bien al ver la homosexualidad como un pecado especialmente vil y perverso. No sólo eso, sino que la homosexualidad jamás podrá reflejar el propósito por el cual existe el matrimonio: representar la relación de Cristo a la iglesia (Efesios 5:31).

4. Tu pecado es peor que la homosexualidad si no te arrepientas

Desafortunadamente, muchos cristianos caen en la trampa de creer que las personas que practican la homosexualidad están más allá de la gracia de Dios, sucios, y que no merecen amor ni compasión. Pero observe las palabras de Pablo en Romanos 2:1. Justo después de haber descrito la homosexualidad como un pecado completamente vil, declara: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” Usted también ha quebrantado la ley; usted no es el juez, así que cuidado.

Pero todavía más impactantes son las palabras de Cristo. Después de haber predicado las buenas nuevas y haber hecho milagros en Galilea, dijo a los religiosos: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mateo 11:24).

El punto de Jesús es que algunos pecados son peores que otros, y por lo tanto, Dios los castigará de manera más severa, pero Dios no necesariamente los cataloga como nosotros lo haríamos. Cuando una persona escucha el evangelio y lo rechaza, en la mente de Dios su pecado es mucho mayor que el de la persona indocta que practica la homosexualidad.

Usted, mi querido lector, está en mayor peligro de un juicio mucho más severo que la persona que está viviendo en la homosexualidad, pues usted también peca, pero lo hace bajo más luz, es decir, ha recibido un mayor conocimiento de Dios.

Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá (Lucas 12:47-48).

5. ¿Cuál debería de ser nuestra respuesta?

No importa el pecado, sea chico o sea grande, la solución es siempre la misma: el evangelio, pues es el poder de Dios para salvación (Romanos 1:16-17). Asegúrese que lo entiende, que lo vive y que lo proclama.

Finalmente, recuerde que la persona que desobedece a Dios al practicar la homosexualidad necesita el evangelio tanto como usted y yo lo necesitábamos antes de conocer a Cristo. Y al convertirse más popular en nuestra generación (y aún más en la generación de nuestros hijos), debemos asegurarnos que vemos a los que practican la homosexualidad, no como personas raras que debemos temer y odiar, sino como un campo misionero.

Lo que ellos necesitan no es una retórica de cómo es que nuestra nación ha decaído tanto al abrazar la maldad, pues sabemos que ningún movimiento político puede salvar. Al contrario, lo que debemos hacer es confrontar su pecado y compartir el evangelio. Esto es amor. Porque sólo así Dios los ofrece que aunque sus pecados fuesen rojos como el carmesí, podrán ser limpios y hechos blancos como la nieve a través de la sangre del Cordero.

«No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Corintios 6:9-11).

Josías Grauman tiene una licenciatura en idiomas bíblicos por The Master’s College y una Maestría en Divinidad (M.Div.) por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como un capellán en el Hospital General de Los Angeles, California. Después de lo que fue como misionero a la Ciudad de México. Actualmente se encuentra completando sus estudios del Doctorado en Ministerio (D.Min.). Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos


Josiah Grauman

Josiah Grauman is the Dean of Spanish Education and Professor of Bible Exposition. He is a graduate of The Master’s University and Seminary (B.A., M.Div., D.Min.). He was ordained at Grace Community Church, where he currently serves as an elder in the Spanish ministry, alongside his wife and three children.

La sangre de la vida

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

La sangre de la vida

Por John Piper

La Biblia dice que el amor de Dios es mejor que la vida (Sal 63:3 NVI). A lo largo de la historia de la Iglesia, ha habido quienes han tomado en serio Su Palabra, eligiendo creer que es mejor morir por el amor de Dios que vivir sin este. Esos son los mártires, quienes bebieron de la copa del sufrimiento hasta lo más profundo, y lo consideraron como un privilegio.

Joseph Tson, de la Sociedad Misionera de Rumania, dijo: «El cristianismo es una religión de martirio porque su fundador fue un mártir». De hecho, la palabra griega traducida como «mártir», que en realidad significa «testigo», llegó a referirse a aquellos que murieron por su fe. 

En la Iglesia del primer siglo (así como hoy), ser un testigo fiel a menudo significaba la muerte. Esteban fue apedreado porque dio un testimonio fiel (Hch 7:59). Más tarde, Jacobo se convirtió en el primer apóstol en ser asesinado cuando Herodes lo mató a espada (Hch 12:2). La tradición afirma que Pablo, Pedro y todos los demás apóstoles, a excepción de Juan, fueron ejecutados, así como también muchos otros santos ordinarios sufrieron el martirio. 

Los mártires tienen un papel especial que desempeñar en la plantación y el fortalecimiento de la Iglesia.

Luego, cerca del final del período del Nuevo Testamento, el apóstol Juan tuvo una visión del cielo y vio bajo el altar las almas de los que habían sido martirizados. Ellos clamaban a Dios, preguntándole cuándo se levantaría, mostraría Su triunfo y los reivindicaría (Ap 6:10), algo que los santos que estaban vivos deben haberse preguntado también. 

La respuesta de Dios en Apocalipsis 6:11 es impresionante. Él les dice a los santos martirizados que descansen un poco más, hasta que fuera completado tanto el número de sus consiervos como el de sus hermanos que habrían de ser muertos como ellos. La clara implicación es que hay un número de mártires determinado por el Señor y ese número debe cumplirse antes de que llegue la consumación. «Descansen —dice el Señor— hasta que se complete el número de personas que morirán como ustedes murieron». 

El martirio no es algo accidental, no es algo que toma a Dios desprevenido, no es inesperado, y enfáticamente, no es una derrota estratégica para la causa de Cristo. Sí, puede parecer una derrota, pero es parte de un plan celestial que ningún estratega humano concebiría ni podría diseñar jamás. 

La muerte de Esteban debió haber aturdido a la Iglesia de Jerusalén. Dios permitió que tomaran al portavoz más brillante de la Iglesia, pero la persecución que surgió después de la muerte de Esteban hizo que la Iglesia se dispersara por todas partes en servicio misionero (Hch 8:14). Del mismo modo, la muerte de Jacobo debió haber sacudido a la comunidad. Dios permitió que uno de los doce, el fundamento de la Iglesia, fuera brutalmente asesinado, pero un gran torrente de oración se desató cuando la cabeza de Pedro corría la misma suerte (Hch 12:5). Más tarde, las muertes de Pablo y Pedro en Roma debieron haber provocado que los miembros de este joven movimiento se preguntaran qué sería de ellos si los dos líderes más importantes pudieron ser asesinados en una sola persecución. Muchos vacilaron, pero muchos también se mantuvieron firmes y durante tres siglos el cristianismo creció en un suelo empapado con la sangre de los mártires. 

Hasta la llegada del emperador Trajano (cerca del año 98), la persecución estaba permitida pero no era legal. Desde Trajano hasta Decio (cerca del año 250), la persecución fue legal pero principalmente local. Desde Decio, que odiaba a los cristianos y temía el impacto de ellos en sus reformas, hasta el primer edicto de tolerancia en el 311, la persecución no solo era legal, sino también extendida y generalizada. 

Así es como un escritor describió la situación en este tercer período: «El horror se extendió por todas partes en las congregaciones; y el número de lapsi (los que renunciaban a su fe cuando eran amenazados) … era enorme. Sin embargo, no faltaron quienes permanecieron firmes y sufrieron el martirio en lugar de ceder; y, a medida que la persecución se hacía más amplia y más intensa, el entusiasmo de los cristianos y su poder de resistencia se hicieron más y más fuertes» (Schaff-Herzog Encyclopedia, Enciclopedia Schaff-Herzog, Vol. 1). 

Tertuliano, el defensor de la fe que murió en el 225, dijo a sus enemigos: «Nosotros nos multiplicamos cada vez que somos segados por ustedes: la sangre de los cristianos es [la] semilla [de la Iglesia]» (Apologeticus, Cap. 50). Y Jerónimo dijo unos cien años después: «La Iglesia de Cristo se ha fundado derramando su propia sangre, no la de otros; soportando el oprobio, no infligiéndolo. Las persecuciones la han hecho crecer; los martirios la han coronado» (Carta 82). 

Durante trescientos años, ser cristiano era un inmenso riesgo para la vida, las posesiones y la familia. Era una prueba a lo que más amaba una persona. En el extremo de esa prueba estaba el martirio, pero por encima de ese martirio estaba un Dios soberano que dijo: «Hay un número determinado». 

Y continúa siendo así hoy en día. Los mártires tienen un papel especial que desempeñar en la plantación y el fortalecimiento de la Iglesia. Tienen un papel especial que desempeñar para taparle la boca a Satanás, quien constantemente dice que el pueblo de Dios solo le sirve por conveniencia, porque le va mejor en la vida, y porque tienen un lugar especial en el coro celestial. Los mártires no están muertos; ellos están vivos, y alaban a Dios en el cielo hoy; el noble ejército de mártires continúa alabando a Dios porque todos dijeron: «Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Fil 1:21). Todos creyeron que Cristo valía más que la vida, más que enamorarse, más que casarse y tener hijos, más que ver a sus hijos crecer, más que hacerse de una reputación para ellos mismos, más que tener el cónyuge de sus sueños, la casa de sus sueños y el crucero de sus sueños. Para ellos Cristo valía más que todos sus planes y sus sueños. Todos ellos dijeron: «Es mejor ser privado de mis sueños, si es que puedo ganar a Cristo». 

¿Dirías tú con el apóstol Pablo que el deseo de tu corazón es que Cristo sea exaltado en tu cuerpo, ya sea por vida o por muerte? ¿Amas tanto a Jesús? ¿Lo amas tanto que perderlo todo para estar con Él (2 Co 5:8) sería una ganancia? 

¿Amas a Cristo más que a la vida?

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John Piper
John Piper

El Dr. John Piper es fundador y profesor de Desiring God y Chancellor de Bethlehem College and Seminary en Minneapolis, Estados Unidos. Es autor de muchos libros, entre ellos: Cuando no deseo a Dios y Viviendo en la Luz: Dinero, Sexo & Poder.

La Maravillosa Luz de Dios

Momento de Gracia

John MacArthur

La Maravillosa Luz de Dios

En la voz de Henry Tolopilo

Lo que más necesita la gente es la verdad –una relación dinámica e informada con la Palabra de Dios. En un mundo caótico cegado por la incredulidad, tradición, el misticismo y error doctrinal, la Palabra de Dios penetra todo esto y proveé respuestas. Sintonize “Gracia a Vosotros” para escuchar una enseñanza clara, práctica, versículo a versículo, impartida por el Pastor John MacArthur.

https://www.oneplace.com/ministries/momento-de-gracia/

Ese Dios a quien usted está buscando

Viernes 9 Julio

Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.Efesios 4:6

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.1 Timoteo 2:5-6

Ese Dios a quien usted está buscando

Pasaje de la Biblia: “Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses… pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres… para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios… ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez… Mas algunos creyeron, juntándose con él” (Hechos 17:22-34).

Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

8 – Felices los Pacificadores

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Verdadera Felicidad

8 – Felices los Pacificadores

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Te engañas a ti mismo

Pasión por el Evangelio

Paul Tripp

Te engañas a ti mismo

Hay un montón de conocimiento que podemos adquirir, pero la sabiduría es un bien escaso. ¿Por qué? Porque la sabiduría es una de las primeras víctimas del pecado. Es difícil de admitir, pero es cierto: el pecado nos hace necios. Y el hecho es que nadie es más víctima de tu necedad que tú mismo.

Puedes observar la evidencia empírica de la locura del pecado en casi todas las páginas de la Escritura. Por ejemplo, ves la locura en plena operación en la trágica historia de David y Betsabé. Por eso David dice: «He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría» (Sal. 51:6).

Lees la historia del pecado de David y te preguntas: «¿En qué estaba pensando? ¿Realmente creía que se saldría con la suya? ¿Olvidó por completo quién era? ¿Creía que Dios iba a quedarse de brazos cruzados y permitir que esto sucediera?». Pero David no es un caso extremo de locura; podemos ver evidencia de la misma locura en cada una de nuestras vidas diariamente. La gente podría decir de nosotros una y otra vez: «¿En qué estaba pensando?».

¿Cómo es esta locura? Aquí están cuatro de sus aspectos más significativos.

1) La locura del egocentrismo

Fuimos creados para vivir por algo, alguien más grande que nosotros. Fuimos diseñados para vivir con, para y a través del Señor. Dios está destinado a ser la motivación y la esperanza de todo lo que hacemos. Su placer, su honor y su voluntad son las cosas para las que estamos destinados a vivir. Pero la locura del pecado realmente nos hace reducir nuestras vidas al tamaño y la forma de nuestras vidas.

A menudo, nuestra vida no tiene mayor propósito que la satisfacción y la realización personal. ¿Suena duro? Bueno, pregúntate: «¿Por qué me impaciento con los demás? ¿Por qué digo cosas que no debería decir? ¿Por qué me desanimo con mis circunstancias? ¿Por qué cedo a la ira o me dejo llevar por la autocompasión?». La respuesta es que, como yo, quieres tu propio camino, y cuando las cosas no salen como quieres o la gente se interpone en tu camino, te enfadas o te desanimas.

2) La necedad del autoengaño

Todos somos muy buenos para hacernos sentir bien con lo que Dios dice que es malo. Todos somos muy hábiles para reformular lo que hemos hecho para que lo que es malo no nos parezca tan malo. No me enfadé, no, estaba hablando como uno de los profetas de Dios. Esa segunda mirada no fue lujuria; soy simplemente un hombre que disfruta de la belleza. No anhelo el poder; solo estoy ejerciendo los dones de liderazgo que Dios me dio.

La locura es capaz de hacer algo peligroso. Es capaz de mirar el mal y ver el bien. Si David hubiera sido capaz de verse a sí mismo con exactitud y si hubiera sido capaz de ver su pecado como lo que realmente era, es difícil imaginar que hubiera seguido ese camino.

3) La locura de la autosuficiencia

A todos nos gusta pensar que somos más capaces de lo que realmente somos. No fuimos creados para ser independientes, autónomos o autosuficientes. Fuimos creados para vivir en una humilde, adorable y amorosa dependencia de Dios y en una amorosa y humilde interdependencia con los demás.

Nuestras vidas fueron diseñadas para ser proyectos comunitarios. Sin embargo, la locura del pecado nos dice que tenemos todo lo que necesitamos dentro de nosotros mismos. Así que nos conformamos con relaciones que nunca pasan por debajo de lo casual. Nos defendemos cuando la gente que nos rodea señala una debilidad o un error. Mantenemos nuestras luchas dentro, sin aprovechar los recursos que Dios nos ha dado.

La mentira del jardín era que Adán y Eva podían ser como Dios, independientes y autosuficientes. Todavía tendemos a creer en esa mentira.

4) La locura de la justicia propia

¿Por qué no celebramos más la gracia? ¿Por qué no nos sorprendemos más por los maravillosos dones que son nuestros como hijos de Dios? ¿Por qué no vivimos con un profundo sentido de necesidad, junto con un profundo sentido de gratitud por cómo cada necesidad ha sido satisfecha por la gracia de Dios? Bueno, la respuesta es clara. Nunca celebrarás la gracia tanto como deberías cuando crees que eres más justo de lo que realmente eres.

La gracia es la súplica de los pecadores. La misericordia es la esperanza de los malvados. La aceptación es la oración de aquellos que saben que nunca podrían hacer nada para ganársela. Pero la locura del pecado me hace justo a mis propios ojos.

Cuando cuento mis historias, me convierto en el héroe que nunca he sido. Parezco más sabio en mis narraciones de lo que podría haber sido. En mi visión de mi historia, mis elecciones fueron mejores de lo que realmente fueron. A menudo no es mi pecado lo que me impide llegar a Dios. Tristemente, no me acerco a él porque no creo que necesite la gracia que solo se puede encontrar en él.

Esto es lo que todos debemos enfrentar, el pecado realmente nos reduce a todos a ser necios, pero felizmente la historia no termina ahí. Aquel que es la fuente suprema de todo lo que es bueno, verdadero, confiable, correcto y sabio es también un Dios de gracia asombrosa.

No te liberas de la necedad mediante la educación o la experiencia. No se obtiene sabiduría mediante la investigación y el análisis. Obtienes la sabiduría por medio de una relación con Aquel que es la Sabiduría.

La afirmación radical de la Biblia es que la sabiduría no es primero un libro, o un sistema, o un conjunto de mandamientos o principios. No, la sabiduría es una persona, y su nombre es Jesucristo. Cuando tú y yo tenemos la gracia de ser aceptados por él, nos vemos arrastrados a una relación personal con la Sabiduría, y la Sabiduría comienza un proceso de toda la vida para liberarnos de la fortaleza que la locura del pecado tiene sobre nosotros. Todavía no somos completamente libres, pero habrá un día en que cada uno de nuestros pensamientos, deseos, elecciones, acciones y palabras serán fundamentalmente sabios.

Tiene tanto sentido que un hombre arrepentido (David) reflexione sobre su necesidad de sabiduría. El pecado, al reducirnos a necios, nos hace hacer cosas necias, aunque nos creamos sabios. Y para esto necesitamos más que información, educación y experiencia. Necesitamos exactamente lo que encontramos en la gracia de Cristo.

La sabiduría es el producto de la gracia; simplemente no hay ningún otro lugar donde se pueda encontrar.

Paul Tripp

Paul Tripp es un pastor y autor de más de 20 libros, incluyendo My Heart Cries Out: Gospel Meditations for Everyday Life.

¿Qué dice la Biblia sobre el papel del pastor principal?

Got Questions

¿Qué dice la Biblia sobre el papel del pastor principal?

En cuanto al papel del pastor, la Biblia dice bastante. Las palabras principales que describen el papel del pastor son «anciano», «obispo» y «maestro» (1 Timoteo 3:1-13). «Anciano» o episkopos (de donde obtenemos nuestra palabra episcopal) se refiere a la supervisión de los creyentes, e implica enseñar, predicar, cuidar y ejercer autoridad cuando sea necesario. El anciano también sirve en la iglesia como líder y maestro. En Tito 1:5-9, Pablo insta a Tito a «establecer ancianos en cada ciudad». Ellos enseñarán y guiarán a la congregación en su desarrollo espiritual. Además, en 1 Pedro 5:1-4, Pedro se dirige a sus «compañeros ancianos» y les dice: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto» (1 Pedro 5:2).

Así que en lo que respecta al papel de pastor principal, la Biblia no aborda ese título específicamente. Ha surgido a medida que la iglesia ha crecido y ha requerido más personal. El título de pastor principal se refiere a la persona que dirige principalmente la iglesia, generalmente haciendo la mayor parte de la predicación y la enseñanza en el púlpito durante los servicios y supervisando la administración de la iglesia. Algunas iglesias más grandes pueden incluso tener un pastor general que supervisa el funcionamiento cotidiano de la iglesia, mientras que el pastor principal se ocupa de trabajar con el consejo de la iglesia, junto con los ministerios de predicación, enseñanza y consejería que acompañan a la función de pastor.

Toda iglesia, ya sea grande o pequeña, necesita un pastor que pastoree, dirija, alimente y guíe a la gente en su crecimiento espiritual y en su servicio al Señor Jesús. En las iglesias más grandes, un pastor principal a menudo pastorea el equipo pastoral además de pastorear la congregación. Por lo tanto, un pastor principal debe ajustarse a una norma de acuerdo con 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:6-9 aún más alta que otros roles pastorales.

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