El impostor insensato

26 Febrero 2017

El impostor insensato
por Charles R. Swindoll

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?
¿Quién morará en tu monte santo?
El que anda en integridad y hace justicia,
Y habla verdad en su corazón. (Salmo 15:1-2)

Lea 1 Reyes 11:1-6.

Mark Twain dijo: “Toda persona es una luna y tiene un lado oscuro que nunca se lo muestra a nadie.”1 Una vida de impostura puede suceder en su casa, o en la mía, o en cualquier casa, o incluso en la casa presidencial. Como el escenario de un programa de televisión, detrás de bastidores, a donde la cámara no va, la vida puede ser una armazón caótica de plástico, metal y madera; una fachada endeble, sostenida en su lugar por material barato.

Primero Reyes 11 cuenta la caída del rey Salomón, un hombre a quien Dios colmó de sabiduría, éxito y riqueza fabulosa. Aunque era rico, dejó que su relación personal con el Señor se hundiera, y empezó a vivir como un reprobó.

Muchos dirían que el éxito puede arruinar a un hombre. Yo digo que el éxito revela lo que el hombre era todo el tiempo. El éxito no destruye el carácter; deja expuesto el carácter.

Durante los cuarenta años del reinado de Salomón, la riqueza de la nación continuó creciendo.

David había ganado la paz con una agresiva campaña militar, y las doce tribus de la nación estaban unidas contra las amenazas. Los reinos que la rodeaban tenían a Israel en alta estima debido al poderío militar de David y sabia diplomacia de Salomón.

Sin que sea sorpresa, la amenaza al reino de Salomón vino desde adentro. Como su padre David, Salomón se casó con más de una mujer. Esas esposas a la larga le llevaron a edificar santuarios a falsos dioses y luego lo sedujeron para que participara con ellas en la idolatría.

El Señor había establecido la dinastía de David para que sea testigo a las naciones paganas que los rodeaban, y sin embargo, para el tiempo en que su nieto, Roboam, subió al trono, la Tierra Prometida se había convertido en un reino dividido.

El hombre público, Roboam, como el lado que ve el público en un escenario de televisión, parecía genuino. Una mirada detrás de bastidores revelaba un impostor insensato. Roboam había sido eso todo el tiempo, usted comprende. Lo crió su madre, Naama, “amonita,” para que fuera idólatra, y adorara a Milcom y a Moloc. Su padre, Salomón, consintió a la práctica de la idolatría edificando templos a los dioses falsos.

En 2 Crónicas 11:18-23 tenemos otro ángulo de la cámara. Detrás de bastidores Roboam hizo como su padre y abuelo, formando un harén, mientras que mantenía una percepción pública de que se mantenía firme en su devoción al Señor. Cultivó una imagen pública mientras les pasaba a sus hijos un legado oscuro. Roboam pulió su imagen dando la apariencia de que buscaba el consejo sabio al formular su política doméstica. Pero tan pronto como se sintió seguro, irrumpió el real Roboam. Roboam rechazó el consejo de los ancianos a favor del consejo de sus iguales. No buscaba consejo; buscaba justificación.

En la etapa final de su vida la fachada de Roboam se derrumbó para revelar la hipocresía que apuntalaba su imagen pública. Cuando Egipto saqueó la riqueza de su reino debido a su apostasía, Roboam reemplazó los escudos de oro por escudos de bronce, pulidos para que brillaran como oro, pero sin valor alguno en comparación. El rey, preocupado por su imagen, los escondió en secreto para que nadie supiera la verdad; un sustituto de tercera clase después de una trastada de primera clase.

En todo el Antiguo Testamento vemos que “de tal palo tal astilla”; la lujuria produce hijos con lujuria en su corazón. Y dentro de una generación o dos, una diminuta semilla de componenda crece a ser rebelión desvergonzada a todo dar. Yo lo llamo el efecto dominó. Las componendas de David debilitaron a Salomón. El pecado de Salomón impactó en Roboam. Al final, el pecado que mamá amó y papá permitió enredaron al hijo. La hipocresía, antes que un amor por la verdad, definió la vida de Roboam.

Ahora, esta es la pregunta dura: ¿qué ve su familia? ¿Se ha engañado a sí mismo para pensar que puede controlar las consecuencias del pecado? ¿Ha considerado el efecto de su pecado en las personas en quienes usted influye; en particular, sus hijos? Si pusiéramos las cámaras detrás de bastidores de su vida, ¿qué veríamos?

1Mark Twain, Following the Equator, A Journey Around the World, Vol. 2 (Nueva York: P. F. Collier & Son, 1899), 237.

Adaptado de Charles R. Swindoll, Fascinating Stories of Forgotten Lives (Nashville: W Publishing Group, 2005), 169-185.

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“Quien más juguetes tenga, gana”

“Quien más juguetes tenga, gana”

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26 FEBRERO

Éxodo 9 | Lucas 12 | Job 27 | 1 Corintios 13

Posiblemente, habéis visto la pegatina: “Quien más juguetes tenga, gana.” ¿Gana qué? Quien más juguetes tenga se marchará de esta vida exactamente con la misma cantidad que todos los demás. Al cabo de un billón de años de eternidad, resultará poco importante la cantidad de juguetes que hayamos podido acumular durante los más o menos setenta años de nuestra vida aquí.

No obstante, en nuestra sociedad materialista, es sobrecogedor ver lo extendida que se halla la avaricia, y la manera como se va insinuando en nuestras prioridades y relaciones. En Lucas 12:13–21, Jesús se encuentra delante de un hombre que le suplica: “Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo”. No sabemos si la reivindicación de este hombre era justa o no. Desde la perspectiva de Jesús esto no importa, sino que está en juego algo mucho más fundamental. Para el hombre en cuestión, es evidente que su parte de la herencia tenía más importancia que una relación con su hermano que fuese aceptable a Dios. Jesús no sólo insiste en que no ha venido para hacer de árbitro en cuestiones secundarias como esta (12:14), sino que advierte: “¡Tened cuidado! —advirtió a la gente—. Absteneos de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes.” (12:15). Tal vez no sea cierto que “quien más juguetes tenga, gana”.

Este pasaje anticipa la parábola del agricultor rico cuya creciente abundancia de trigo almacenado hace que se plantee construir almacenes aún más grandes (12:16–20). En nuestra cultura, este individuo podría perfectamente ser representado por un constructor, o creador de programas informáticos o bien un agente inmobiliario. En una cultura que se obsesiona por los bienes presentes, es preocupante ver con qué facilidad los creyentes pueden verse arrastrados por la misma vorágine de avaricia. Lo que comienza siendo una resolución a esforzarse al máximo para Cristo, puede degenerarse y acabar por ser una obsesión egocéntrica por competir y por adquirir más y más. Planificas con empeño tu jubilación; al fin y al cabo, tienes “bastantes cosas buenas guardadas para muchos años” (12:19). Puesto que todo el mundo se deshace en cumplidos por lo bien que te va, no oyes la voz de Dios: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” (12:20).

El problema no son las riquezas en sí. La Biblia nos habla de muchos ricos que usaron sus riquezas para Dios, personas que no estaban tan apegados a sus riquezas como para que se convirtieran en un dios alternativo. No obstante, tengo cierto reparo al señalar este hecho, ya que la mayoría de nosotros somos tan expertos a la hora de engañarnos a nosotros mismos, que inevitablemente creeremos que esta concesión nos libra de toda culpa. Los demás son avariciosos o avaros; yo soy trabajador y frugal. Los demás son materialistas y hedonistas; yo soy realista y creo que un corazón alegre hace bien, como una buena medicina. Meditemos entonces en Lucas 12:21.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 57). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (2)

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (2)

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(Dios dijo:) Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:11

Ayer vimos cómo Anne, una cristiana china de avanzada edad, pudo recorrer toda China para hablar de Jesús en sus viajes.

Algunos años más tarde, un cristiano que estaba de visita en casa de un miembro del gobierno, vio a la esposa de ese funcionario leyendo la Biblia. Sorprendido, le preguntó si era cristiana. Este es su testimonio:

«Un día mi marido fue en tren a otra ciudad. Una señora mayor empezó a charlar con él, le habló largamente de Jesús, y le dijo: «La razón por la que viajo es para anunciar esta buena noticia». Mi marido quedó impresionado, aunque hasta hoy no se ha convertido. Yo quedé sorprendida por el compromiso de esa mujer y me dije: ¿Qué tiene Jesús de interesante para que esa mujer, a su edad, se sienta obligada a viajar por toda China? Conseguí una Biblia y rápidamente encontré la salvación».

Su marido, a pesar de sus vínculos con un gobierno opuesto al Evangelio, siempre mostró simpatía hacia los cristianos, haciendo todo lo posible para evitar que los peores excesos de la persecución los alcanzasen en las regiones que dependían de su autoridad. ¡Dios trabaja de forma extraordinaria! Empleó a una mujer anciana y frágil para hablar a los poderosos de ese país como ninguna otra persona pudo hacerlo.

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:1-2). “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón… hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino” (Deuteronomio 6:6-7).

2 Samuel 19:1-23 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Alabanza por las respuestas

Alabanza por las respuestas

la-verdad-para-hoy

2/25/2017

Orad sin cesar. Dad gracias en todo. (Tesalonicenses 5:17-18)

Cuando Dios contesta la oración acerca de determinada situación, tenemos el privilegio de ser parte de su obra y de alabarlo por ella. Cuando no participamos mediante la oración, perdemos la oportunidad de darle gloria.

Suponga que alguien fuera a una reunión de oración y dijera: “Ha ocurrido algo maravilloso: la señora a quien le he estado dando testimonio ha entregado su corazón a Cristo. Ahora es creyente y está aquí con nosotros esta noche. Gracias por orar por ella durante estos últimos meses”. Las personas presentes pueden alabar al Señor, en particular quienes habían estado orando por la conversión de esa mujer.

Pero también habría algunos que, aunque dando alabanza, no se sentirían como que han participado porque no habían orado por la señora. Hay que participar en lo que Dios está haciendo para que pueda alabar con sinceridad.

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Somos muy amados

FEBRERO, 25

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Somos muy amados

Devocional por John Piper

Entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)… (Efesios 2:3-5)

¿Acaso no nos encantaría escuchar al ángel Gabriel decir: «Eres muy amado»?

Eso le ocurrió a Daniel tres veces:

  • «Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado» (Daniel 9:23).
  • «Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora» (Daniel 10:11).
  • «Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate» (Daniel 10:19).

Tengamos aliento. Si tenemos fe en Jesús, Dios mismo nos dice: «Eres muy amado».

Por naturaleza, éramos hijos de la ira, como el resto de la humanidad. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… Porque por gracia somos salvos por medio de la fe (Efesios 2:3-5,8).

Es mejor que la voz del ángel. Si estamos «vivos», somos muy amados.

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¡Libres al fin!

25 Febrero 2017

¡Libres al fin!
por Charles R. Swindoll

Job 42:1-11

Si usted se toma el tiempo para leer el relato bíblico, verá que Dios le da a Job el mismo título cuatro veces: “Mi siervo” (Job 42:7, 8). ¡Qué título tan honroso! Lo tenía antes de que comenzara su sufrimiento (Job 1:8), y lo sigue teniendo todavía. La heroica resistencia de Job dio como resultado que conservara el mismo título con que Dios lo apreciaba. Eso sí que se llama justicia en acción, y a Job debió resultarle muy placentero escuchar estas palabras dichas a oídos de aquellos que habían pasado tantos días humillándolo. “Mi siervo ha hablado lo recto”.

Los hombres que antes habían sido los jueces de Job, están ahora con los animales requeridos e inclinándose delante del Señor con sus ofrendas, esperando que Job ore por ellos. ¿No es una escena excelente? ¡Habíamos esperado tanto por verla! ¡Qué bueno fue que estos hombres deshicieran el entuerto, no solo delante de Dios, sino también con Job! Es bueno que nosotros confesemos nuestro mal proceder a quienes hemos ofendido. Es bueno que digamos con nuestras acciones que hemos hecho algo mal y que estamos buscando el perdón.

Job obedece al Señor una vez que estos hombres han hecho su parte. “Entonces fueron Elifaz, Bildad y Zofar e hicieron como el SEÑOR les había dicho. Y el SEÑOR atendió a Job” (Job 42:9). Lo hicieron de prisa. No hubo ninguna argumentación, ninguna lucha, ninguna renuencia. Además, hicieron exactamente lo que el Señor les exigió, y lo mismo hizo Job, quien oró misericordiosamente por cada uno de ellos. No hay ningún resentimiento de su parte. No dice: “De acuerdo, arrodíllense. Ustedes me sometieron a un infierno. Voy a ver cómo quedan cuando los humille. Arrodíllense allí, ¡rostro en tierra!” No hay nada de eso. ¿Recuerda? Un corazón contrito no exige nada o los demás.

¡Sí, es una escena grandiosa! ¿Sabe usted lo que está sucediendo? Los pecados están siendo perdonados. La culpa está siendo quitada. Eso es lo que sucede cuando la justicia y la misericordia se mezclan.

¡Qué admirablemente retrata esto lo que sucedió en la cruz! Por eso es que la muerte de Cristo es llamada “eficaz.” Es efectiva, porque la justicia de Dios contra el pecado fue satisfecha una sola vez y por todos con la muerte del Cordero. Por consiguiente, la misericordia de Dios es liberada para el perdón de aquellos que confían en el Cordero. Y entonces somos hechos libres. ¡Libres al fin!

Un corazón contrito no exige nada o los demás.—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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“conversiones parciales”

“conversiones parciales”

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25 FEBRERO

Éxodo 8 | Lucas 11 | Job 25–26 | 1 Corintios 12

Una de las imágenes más impresionantes de lo que se podría llamar una conversión parcial la encontramos en Lucas 11:24–26. Jesús enseña que, cuando un espíritu maligno sale de alguien, “va por lugares áridos buscando un descanso” – lo que parece significar que busca a alguien más en quien residir. Luego el espíritu se plantea volver a su anterior residencia. Descubre que esta ha quedado sorprendentemente vacía. El espíritu, por tanto, moviliza a siete de sus socios, aún más viles que él, “y entran a vivir allí. Así que el estado final de aquella persona resulta peor que el inicial”.

Parece ser que el hombre liberado del espíritu maligno nunca había encontrado nada mejor con lo cual llenar el vacío que había quedado. El Espíritu de Dios no había venido a residir en el ser de esta persona, por lo cual había, por así decirlo, permanecido vacía.

De este relato, se desprenden tres lecciones importantes.

En primer lugar, las conversiones “parciales” se producen con demasiada frecuencia. Una persona resulta parcialmente limpiada. Se ha acercado suficientemente al evangelio y a los creyentes para que ocurra una relativa reorientación de su vida, y un cierto abandono de lo antiguo, una presunción de santidad, una atracción hacia la justicia de Dios. Pero, igual que la persona representada por el terreno rocoso de la parábola del sembrador (8:4–15), puede que esta persona, por mucho que al principio parezca ser lo mejor del cultivo, no persevere. No se ha producido nunca la clase de conversión que significa la “ocupación” de la persona por parte del Dios viviente, una reorientación total, asociada con un arrepentimiento genuino y una fe duradera.

La segunda lección viene a continuación: una pequeña dosis del evangelio es peligrosa. Hace que la gente tenga un concepto demasiado favorable de sí misma, que emita un suspiro de alivio porque han sido disipados los peores males, que tenga una sensación agradable de pertenencia. Pero cuando alguien no está verdaderamente justificado y trasladado del reino de las tinieblas al reino del Hijo bien amado de Dios, esta dosis de religión podría servir de inoculación contra una fe verdadera.

La tercera lección es una inferencia. No se puede simplemente oponerse al mal – es decir, nunca es suficiente luchar contra el mal, echar fuera un demonio. El mal debe ser sustituido por el bien, el demonio maligno por el Espíritu Santo. Debemos “vence el mal con el bien” (Romanos 12:21). Por ejemplo, es difícil vencer el resentimiento contra alguien simplemente a fuerza de la determinación de no estar resentido; se debe sustituir este resentimiento por un perdón auténtico y un amor genuino hacia esta persona. Es difícil vencer la avaricia simplemente mediante la determinación de no ser tan materialista; uno debe fijar los afectos del corazón en un tesoro mejor (ver Lucas 12:13–21) y aprender a ser maravillosa y sacrificialmente generoso. Venzamos el mal con el bien.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 56). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (1)

Puedo hablar de Jesús cuando viajo (1)

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Esta ha hecho lo que podía.

Marcos 14:8

Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.

1 Corintios 1:27

Anne había nacido en una familia china culta, pero sorprendentemente no sabía leer. Había pasado toda su vida cuidando a sus padres y luego a uno de sus hermanos, que tenía tuberculosis. Cuando este último murió, dejándole dinero, Anne tenía 82 años.

Como era cristiana, se preguntó qué podría hacer para el Señor. Fue a hablar con sus amigos, pero estos no sabían qué proponerle. De repente pensó: «Siempre quise viajar. Pasé toda mi vida en casa cuidando a los míos. Nunca salí de Shanghai. Como conozco bien el Evangelio, por lo menos puedo hablar de él mientras viajo». De este modo Anne se convirtió en una evangelista itinerante. Empleó su dinero para viajar en tren por toda China. A veces viajaba en primera clase junto a importantes miembros del gobierno; allí les hablaba de Jesús. A algunos les indignaba que tratase de evangelizarlos, pero la mayoría le sonreía y aceptaba hablar con ella.

Durante los últimos cinco años de su vida, Anne pudo recorrer miles de kilómetros. Fue al desierto, al extremo noroeste del país, hasta Urumqi. Llegó en bus hasta la meseta Himalaya del Tíbet, a más de 3.600 metros de altura. Luego bajó hasta el sur de China, hablando del Evangelio a todos los que querían escucharla.

“¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:14-15).

(mañana continuará)

2 Samuel 18 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

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Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro

Mujer, cambia tu autoestima por admiración y asombro 

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Jen Wilkin

Si has pasado tiempo en círculos de mujeres cristianas, te habrás dado cuenta que hemos dedicado muchos encuentros a la exploración de nuestra identidad.

Retiros, conferencias y estudios bíblicos temáticos se precipitan a asegurarnos que somos redimidas y atesoradas, que nuestras vidas tienen un propósito, y nuestras acciones tienen un significado eterno. Si solo entendiéramos quiénes somos, nos alejaríamos de nuestros patrones de pecado y nuestra baja autoestima espiritual, llegando a experimentar la vida abundante de la cual Jesús habló.

Hace poco asistí a una conferencia de mujeres en la que este mensaje, predeciblemente, tomó el centro del escenario. Una tras otra, las tres exponentes nos condujeron al Salmo 139:14, instándonos a vernos como Dios nos ve, como una creación hecha de manera asombrosa y maravillosa. Podría haber sido un evento para todo tipo de mujeres, con prácticamente cualquier característico expositor. Las mujeres cristianas pedimos al Salmo 139:14 que nos calme cuando nuestra imagen corporal se tambalea, o cuando simplemente no nos sentimos tan inteligentes, valiosas, o capaces. Le pedimos que nos refuerce cuando nuestras limitantes nos agobian. Pero en base a la frecuencia con la que escucho que este Salmo es brindado, sospecho que este mensaje no nos satisface. 

¿Por qué es así?

Considero que hemos diagnosticado mal nuestro problema principal. Mientras mantengamos el énfasis en nosotras en vez de en una visión más elevada, hallaremos poco consuelo en las discusiones de identidad —y veremos pocos cambios permanentes—. Nuestro problema principal como mujeres cristianas no es que carecemos de autoestima, o que necesitemos de un sentido de importancia o propósito. Es que nos privamos de la capacidad de admirar.

Admiración y asombro

En una reciente visita a San Francisco, mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de ir de excursión a Muir Woods. Al recorrer esos caminos, nos detuvimos boquiabiertos, para contemplar las secuoyas de 250 pies, que habían estado desde la firma de la Declaración de la Independencia. Gigantescas y antiguas, ellas nos recordaron lo insignificantes que somos.

Muir Woods es un lugar para impresionarse; pero no necesariamente así para todos. Todavía puedo ver a un niño de ocho años de edad, jugando con un videojuego mientras que sus padres disfrutan la vista. No estoy juzgando a los padres —He estado de vacaciones con niños pequeños— pero la ironía de la imagen era irresistible.

Estudios muestran que cuando los seres humanos experimentan admiración, como el asombro ante secuoyas, un arcoíris, o algún compositor de música clásica, nos convertimos en seres menos individualistas, menos auto-centrados, menos materialistas, más conectados con lo que nos rodea. Cuando nos maravillamos ante algo más grande que nosotros mismos, nos volvemos más capaces de alcanzar a otros.

Al principio, esto parece contradictorio, pero examinando minuciosamente, vemos que empieza a parecerse más a los grandes mandamientos: Amar a Dios con corazón, alma, mente y fuerza (maravillarse con Alguien más grande que uno mismo), y amar a tu prójimo (alcanzar a otros).

La admiración nos ayuda a preocuparnos menos de la autoestima al tornar nuestros ojos hacia Dios en primer lugar, y luego hacia los demás. También ayuda a establecerla de la mejor manera posible: entendemos tanto nuestra insignificancia dentro de la creación como nuestra importancia para nuestro Creador. Pero al igual que un niño con un iPad a los pies de un árbol de secuoya de 800 años de edad, podemos perdernos de la majestad aun cuando esté justo en frente de nosotros.

La verdadera autoconciencia

Lo hemos hecho habitualmente con el Salmo 139:4. Es fácil escucharlo como un “verso rosa” cuando una mujer está leyéndolo en voz alta en un auditorio lleno de mujeres. Es más difícil oírlo de esa manera cuando tenemos en cuenta quien lo compuso. Imagina al rey David escribiendo para darse a sí mismo una charla motivacional acerca de su apariencia o su autoestima. No, el Salmo 139:4 no está escrito para ayudarnos a sentirnos importantes. Sólo tenemos que alejar la imagen y considerar el salmo entero para ver esto; sin lugar a dudas, nosotros no somos el tema. En vez de ser una reflexión sobre mí, hecha de una manera asombrosa y maravillosa, El Salmo 139:4 es una celebración extendida y exquisita de Dios temible y maravilloso.

La admiración produce auto-olvido; en este sentido, cuando enfatizamos la auto-conciencia a costa de la omisión del auto-olvido, hemos perdido el punto. Puedes decirme que soy una hija real del Rey. Puedes asegurarme que soy el poema de Dios o su obra maestra. Puedes decirme que muevo el corazón de Dios, que Dios canta de mí y se deleita en mí, que soy hermosa a sus ojos, que he sido apartada para un propósito sagrado. Puedes decirme estas cosas, y deberías hacerlo. Pero te ruego: No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”. A pesar de que todas estas afirmaciones son verdades preciosas, su belleza no puede ser percibida adecuadamente hasta que sean enmarcadas en la brillantez de Su absoluta santidad. No puede haber verdadera auto-conciencia, aparte de una correcta y reverente admiración por Dios.

Levanta nuestros ojos

Así que les suplico, maestras, levanten mis ojos de mí misma hacia Él. Enséñenme el temor del Señor (Proverbios 31:30); ya que encontrar nuestra identidad en los lugares equivocados es un síntoma de sucumbir ante el temor del hombre. Nosotros nos medimos por un estándar humano en lugar de uno divino. Pero la solución del temor al hombre no es garantía repetida de que somos amadas y aceptadas por Dios. Es el temor de Dios.

  • Cuando yo pregunte, “¿Se deleita Él en mí?” Enséñenme, “Se complace Jehová en los que le temen” (Salmos 147:11 RV60).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me llama Él amiga?” Enséñenme, “El Señor es amigo de los que le temen” (Salmos 25:14 NTV).
  • Cuando yo pregunte: “¿Procura Él mi bien?” Enséñenme, “Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen” (Salmos 31:19).
  • Cuando yo pregunte, “¿Me concederá Él sabiduría?” Enséñenme, “El principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Salmos 111:10).
  • Cuando yo pregunte: “¿Puedo arrepentirme de mi pecado?” Enséñenme, Sí “y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal” (Proverbios 16:6).
  • Cuando yo pregunte, “¿Ve Él el camino que tomo?” Enséñenme, “He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen” (Salmos 33:18).
  • Cuando yo pregunte, “¿Él me ama?” Enséñenme, “Pues su amor inagotable hacia los que le temen es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra” (Salmos 103:11,17 NTV).

El temor del Señor está relacionado al contentamiento (Proverbios 15:16; 19:23), a la confianza (Proverbios 14:26), a la bendición (Proverbios 28:14), a la seguridad espiritual (Proverbios 29:25), y a la alabanza y adoración (Salmos 22:23). No es de extrañarse, entonces, que la muy mencionada mujer de Proverbios 31 se le llame loable porque teme al Señor.

Enséñanos a admirar ofrecer

Como Ed Welch ha diagnosticado con razón, hay que combatir el miedo con temor. Dejemos de ofrecer reverencia y temor al estándar humano y, en su lugar, démoselos  a su verdadero objeto: Dios mismo. Esto es adoración. Y cuando adoramos “a Jehová en la hermosura de la santidad” (Salmos 96:9 RV60), sucede algo interesante: nosotros redescubrimos nuestra verdadera identidad —como pecadores redimidos por gracia—, de una manera que desafía la comprensión humana.

No me digas quien soy hasta que me hayas hecho contemplar con asombro al “Yo Soy”.

En ese momento, aquel en el que temblamos y tartamudeamos, “apartaos de mí, que soy una mujer pecadora”, nuestros corazones están listos para beber en la buena noticia de que somos hijas del Rey. La perla de su incalculable amor por nosotros, finalmente puede ser valorada adecuadamente. El milagro de nuestra aceptación a través de Cristo, finalmente puede ser saboreado de manera apropiada.

Es hora de que las maestras y escritoras abandonen la papilla aguada de la auto-reflexión por un mensaje que nos satisfaga. Las mujeres necesitan desesperadamente ser discipuladas en la práctica gozosa de la adoración desinteresada. Ayúdanos a poner nuestros ojos en Su majestuosidad imponente. Ayúdanos a aprender a maravillarnos. Enséñanos el temor del Señor.


Articulo original de DesiringGod.org | Traducido al español por Alicia Ferreira de Díaz

http://sdejesucristo.org/author/jenwilkin/

Requisito previo a la oración

Requisito previo a la oración

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2/24/2017

Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (1 Juan 5:14)

Orar en el nombre de Cristo es más que una fórmula. Algunos piensan que tienen que terminar toda oración con la frase “En el nombre de Cristo, amén”. Pero la oración apropiada abarca mucho más que una fórmula.

¿Qué significa orar en el nombre de Cristo? En las Escrituras, el nombre de Dios incluye todo lo que Él es. Cuando Dios le dio su nombre a Moisés, le dijo: “Yo soy el que soy” (Éx. 3:14). De igual manera, el nombre de Jesucristo incluye todo lo que Él es. Cuando se ora en su nombre, lo que se pide tiene que ser consecuente con lo que Él es. Orar en el nombre de Cristo es orar según la voluntad de Dios.

Cuando nuestras peticiones están en conformidad con el plan soberano de Dios, Él las contestará y aumentará nuestra fe. En vez de invocar una fórmula al final de sus oraciones, tal vez pudiera decir: “Pido esto porque creo que es la voluntad de Cristo”.

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