¡Vamos a morir!

9 MAYO

¡Vamos a morir!

Números 17–18 | Salmo 55 | Isaías 7 | Santiago 1

A un nivel, el relato conciso que nos ofrece Números 17 concluye la serie de episodios de rebelión del capítulo anterior. Dios quiere poner fin a la murmuración continua de los israelitas cuando desafían la autoridad sacerdotal de Aarón (17:5). De modo que Moisés toma el bastón del líder ancestral de cada tribu, lo identifica cuidadosamente y lo coloca, tal como se le da, en el Tabernáculo, “La Tienda del Pacto”. Dios declara, por adelantado, que el bastón del hombre a quien él escoge florecerá.

Moisés hace lo que se le manda. La mañana siguiente va a recoger los doce bastones. Únicamente el bastón que pertenece a Aarón ha florecido – de hecho, ha reverdecido, ha florecido y ha producido almendras. Por decreto divino, el bastón se conserva para la posteridad. En cuanto a los israelitas, se dan cuenta que su rebelión no es sólo contra Aarón y Moisés sino contra el Dios viviente. Ahora gritan: “¡Estamos perdidos, totalmente perdidos! ¡Vamos a morir!…” (17:12–13).

¿Qué significa este relato?

(1) La respuesta de los israelitas es buena en parte, pero sigue siendo horriblemente deficiente. Es buena en el sentido que este suceso les lleva, por ahora al menos, a comprender que no es sólo contra Moisés y Aarón que se han rebelado, sino contra el Dios viviente. El temor de Dios puede ser bueno. Pero en este caso parece más bien el miedo paralizante de los que no conocen a Dios. Tienen miedo de ser destruidos, pero este miedo no induce en ellos una mayor devoción a Dios. En Números 20 y 21, el pueblo de nuevo se queja y murmura: la señal milagrosa del bastón que floreció no produjo ninguna convicción duradera. Esto también refleja la realidad de manera espantosa: la iglesia cuenta con una larga historia de avivamientos poderosos cuyos resultados se han disipado y cuyo legado ha acabado por prostituirse al cabo de poco tiempo.

(2) Deberíamos preguntarnos por qué Dios da tanta importancia al hecho de que sólo el sumo sacerdote designado puede realizar las funciones sacerdotales. No debemos sacar la conclusión que es así como hay que tratar a todos los líderes cristianos. Dentro del marco canónico, hay mucho más en juego en el relato del bastón de Aarón que floreció. De lo que se trata es que sólo el sumo sacerdote designado por Dios es aceptable a Dios para ejercer el oficio sacerdotal. Cómo se explica con claridad al comienzo de Números 18, sólo Aarón y sus hijos se expondrán “a las consecuencias de ejercer el sacerdocio”. El Nuevo Testamento insiste en ello: “Nadie ocupa este cargo por iniciativa propia; más bien, lo ocupa el que es llamado por Dios, como sucedió con Aarón” (Hebreos 5:4). Así también Cristo (Hebreo 5:5). Sólo sirve el sacerdote designado por Dios.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 129). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Una actitud de genuina acción de gracias

9 Mayo 2017

Una actitud de genuina acción de gracias
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 2:1-18

Pablo tenía una actitud de genuina acción de gracias. “Perseverad siempre en la oración, vigilando en ella con acción de gracias. A la vez, orad también por nosotros, a fin de que el Señor nos abra una puerta para la palabra, para comunicar el misterio de Cristo, por lo cual estoy aún preso. Orad para que yo lo presente con claridad, como me es preciso hablar” (Colosenses 4:2-4).

Aquí tenemos a un hombre en sus sesenta que está pidiendo oraciones para comunicar con claridad el mensaje, a pesar de haber estado predicando durante años. No hay ninguna hipocresía en Pablo. Ninguna cantidad de éxito o número de años en el ministerio le daban la falsa sensación de un desempeño perfecto. Él sabía que todavía no lo había logrado. Estaba convencido de que podía mejorar su predicación. Por eso, con un corazón genuinamente agradecido ruega las oraciones de sus hermanos creyentes. ¿Puede usted ver la importancia de esa clase de actitud? Eso es algo muy reconfortante.

No es de extrañarse que Pablo tuviera una influencia tan duradera para Cristo. Su secreto se ve en cada una de sus epístolas. Había aprendido a tener contentamiento en todas las cosas. Pero no podemos dejar que la tinta de esas verdades se quede solo en el papel. Debemos hacer nuestro el mismo secreto si queremos tener la misma influencia duradera. Aquí cabe una reflexión personal.

Quitemos el proyector del hombre que está en Roma, y dirijámoslo a usted, en la situación que se encuentra ahora mismo. ¿Está usted marcando una diferencia en las vidas de quienes le rodean por la manera como responde a sus circunstancias? ¿Están siendo inspiradas otras personas por su fe, o se sienten desilusionadas por sus temores? ¿Son evidentes en usted, por la manera como responde a las circunstancias, las actitudes de abnegada humildad, de gozosa aceptación, de firme determinación y de acción de gracias? Quizás sea el momento de que haga algunos cambios. Veamos si podemos ayudarle.

Comience por rechazar que su situación determine su actitud. Si su actitud prevalece sobre su situación, comenzará en realidad una transformación. Como vimos en Pablo, el poder para transformar una terca actitud de temor y rencor, de ira y derrota, proviene de Cristo. El Señor y Dios nuestro está listo para derramar su poder en usted. Solo él tiene el poder para librarle de estos implacables enemigos, y para hacer que usted se remonte a las alturas.

Mantenga una actitud de genuina acción de gracias.

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Lo que significa amar a Dios

MAYO, 09

Lo que significa amar a Dios

Devocional por John Piper

Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario, para ver tu poder y tu gloria. (Salmos 63:1-2)

Solo Dios puede satisfacer un corazón como el de David. David era un hombre conforme al corazón de Dios mismo. Fuimos creados para ser así.

Esta es la esencia de lo que significa amar a Dios: estar satisfechos en él. ¡En Él!

Amar a Dios implica obedecer todos sus mandamientos, implica creer toda su Palabra, implica agradecerle por todos sus dones; pero la esencia del amor a Dios es deleitarse en todo lo que él es. Y es este deleite en Dios lo que glorifica su valía del modo más completo.

Todos sabemos esto tanto por intuición como por leerlo en las Escrituras. ¿Nos sentimos más halagados por el amor de aquellos que nos sirven debido a que los constriñe una responsabilidad, o por el amor de aquellos que disfrutan nuestra compañía?

Mi esposa se siente más halagada cuando le digo: «Me hace feliz pasar tiempo contigo». Mi felicidad es el eco de su excelencia. Lo mismo sucede con Dios. Él es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en él.

Ninguno de nosotros ha alcanzado la satisfacción perfecta en Dios. A menudo me apena percibir que mi corazón está quejumbroso por haber renunciado a los placeres del mundo. Pero he probado que el Señor es bueno. Por la gracia de Dios ahora conozco la fuente del gozo eterno.

Por eso amo invertir mis días atrayendo a las personas hacia el gozo, hasta que puedan decir conmigo: «Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo» (Salmos 27:4).

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Señor, tú me conoces perfectamente

martes 9 mayo

 

Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.

1 Juan 1:5

Sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.

Job 34:21

Señor, tú me conoces perfectamente

Extracto del Salmo 139

“Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.

Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.

Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Señor, tú la sabes toda.

Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.

Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.

¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?

Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.

Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.

Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.

Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.

¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!

Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.

1 Reyes 7:23-51 – Marcos 9:30-50 – Salmo 55:8-15 – Proverbios 15:5-6

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Vuelve ahora en amistad con él

8 de mayo

«Vuelve ahora en amistad con él».

Job 22:21

Si queremos gozar de amistad con Dios como se debe, y tener paz, hemos de conocerle como él mismo se ha revelado: no solo en la unidad de su esencia y subsistencia, sino también en la pluralidad de sus personas. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen». Que ninguno quede satisfecho hasta que conozca algo de esas tres personas de quienes procede su ser. Esforcémonos por conocer al Padre: oculta tu cabeza en su seno, en profundo arrepentimiento, y confiesa que no eres digno de ser llamado hijo suyo; recibe el beso de su amor; que el anillo, el cual es prenda de su eterna fidelidad, esté en tu dedo. Siéntate a su mesa y deja que tu corazón se alegre en su gracia. Luego, avanza y procura conocer mucho al Hijo de Dios, que es el resplandor de la gloria de su Padre; pero quien, sin embargo, en indecible condescendencia de gracia, se hizo hombre por nuestra causa. Conócelo en la peculiar complejidad de su naturaleza: Dios eterno y, sin embargo, hombre, sufridor y finito. Síguelo mientras anda sobre las aguas con el paso seguro de la deidad, y mientras se sienta en el pozo con el cansancio de su humanidad. No te quedes satisfecho hasta que conozcas mucho a Jesucristo como tu Amigo, tu Hermano, tu Esposo, tu todo. Y no olvides al Espíritu Santo: esfuérzate por obtener una clara visión de su naturaleza y carácter, de sus atributos y sus obras. Contempla a aquel Espíritu del Señor que al principio se movía sobre el caos y produjo el orden, y que ahora visita el caos de tu alma y crea el orden de la santidad. Contémplalo como el Señor y Dador de la vida espiritual, el Instructor, el Consolador y el Santificador. Mira cómo, a semejanza de la santa unción, desciende sobre la cabeza de Jesús y luego reposa sobre ti, que eres como el borde de sus vestiduras. Esa inteligente, bíblica y experimental creencia en la Trinidad en Unidad es tuya, si verdaderamente conoces a Dios; y tal conocimiento produce una paz auténtica.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 137). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

¡Rebelión!

8 MAYO

Números 16 | Salmo 52–54 | Isaías 6 | Hebreos 13

Siguen dos episodios de rebelión que ensucian la historia del pueblo de Israel en el desierto (Números 16).

El primero de ellos es el complot organizado por Coré, Datán y Abiram. Fomentan un espíritu de descontento no entre los menos destacados, sino entre los líderes de la comunidad, unos 250 de ellos. La crítica que dirigen a Moisés es doble: (a) Creen que ha asumido demasiada autoridad: “toda la comunidad es santa, lo mismo que sus miembros, y el Señor está en medio de ellos” (16:3). Moisés no tiene ningún derecho de colocarse por encima de “la comunidad del Señor” (16:3). (b) El ministerio de Moisés queda tan comprometido por sus fracasos que ya no se puede confiar en él. Los había sacado de “una tierra donde abundan la leche y la miel” (16:13), prometiéndoles mucho, pero conduciéndoles finalmente al desierto. Por tanto, ¿Qué derecho tiene de “enseñorearse sobre el pueblo”?

Este razonamiento gozaría de cierta credibilidad entre los que centraban su atención en sus adversidades, los que cuestionaban cualquier autoridad, las que tenían poca memoria de cómo habían sido rescatados de Egipto, los que menospreciaban todo lo que Dios les había cuidadosamente revelado, las que se veían influenciados por la retórica fácil pero que tenían en poco sus promesas de la alianza. Son numerosos sus descendientes hoy en día. En el nombre del “sacerdocio de todos los creyentes” y de la importante verdad que la comunidad cristiana en su totalidad es santa, se han dejado de lado otras cosas ciertas que Dios dijo acerca de los líderes cristianos. Detrás de muchas de las reivindicaciones a favor de la justicia a menudo se esconde ni más ni menos que la codicia del poder, alimentada por el resentimiento.

Por supuesto, no todos los líderes de la iglesia cristiana merecen ser tratados con la misma deferencia: algunos de ellos son trepas, motivados únicamente por sus propios intereses, de los cuales la iglesia tiene la obligación de deshacerse (p. ej.,: 2 Corintios 10–13). No se castiga a todos los que protestan con el mismo juicio que cayó sobre Coré y sus amigos: algunos, como Lutero y Calvino, como Whitefield y Wesley, y como Pablo y Amós en épocas anteriores, son reformadores genuinos. Pero en una era como la nuestra, caracterizada por la hostilidad hacia la autoridad, uno siempre debe asegurarse de que la conducta de los supuestos reformadores está siendo determinada por un auténtico compromiso con las palabras de Dios, en lugar de brotar de una manipulación de estas palabras a fin de perseguir los intereses propios y personales.

En la segunda rebelión, la comunidad israelita en su totalidad (16:14), nutrida por unos resentimientos patéticos, murmura contra Moisés y Aarón, acusándoles de haber matado a los rebeldes del día anterior – como si ellos pudiesen abrir la tierra bajo los pies de estas personas y hacer que desaparezcan. Miles de ellos perecen porque el pueblo en su conjunto aun no ha comprendido la santidad de Dios, la exclusividad de sus reivindicaciones, la inevitabilidad de su ira contra los rebeldes, su justa negación a que se le trate con desprecio.

¿Por qué tendría que ser menos severo el juicio de Dios contra nuestra generación?

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 128). Barcelona: Publicaciones Andamio.

¿Es posible la perfección?

¿Es posible la perfección?

5/8/2017

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. (1 Juan 1:8)

 La falsa doctrina del perfeccionismo enseña que hay algún momento después de la conversión cuando se erradica la naturaleza pecaminosa del creyente. Pero según el versículo de hoy, y sobre todo en el enfoque del apóstol Pablo al tema de Filipenses 3:12-16, la perfección en esta vida es solo una meta, no una realización. Debemos buscarla, pero nunca la alcanzaremos en la tierra.

Pablo rechazó el perfeccionismo al llamarnos a que busquemos el premio que solo se puede obtener plenamente en el cielo. Confesó que él mismo no había alcanzado la perfección, ¡y escribió a los filipenses casi treinta años después de su conversión! Tal vez fuera el cristiano más consagrado que haya vivido. Si después de treinta años no era perfecto, sin duda ninguno de nosotros puede decir que lo sea.

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Gozo aprendido

8 Mayo 2017

Gozo aprendido
por Charles R. Swindoll

Hechos 16:16-40

Filipenses 2:1-18

Pablo recomienda una actitud de abnegada humildad. Es muy admirable que uno nunca lee que Pablo le haya dicho a su guardia romano: “Necesito que me hagas un favor. La próxima vez que estés cerca de uno de los ayudantes del emperador, pídele que me saque de este cuartucho. Para empezar, yo no debería estar aquí. He estado aquí durante un año, siete meses, cuatro días, cinco horas y cinco minutos, y eso es ya demasiado tiempo”. La actitud de abnegada humildad de Pablo le impedía llevar un registro meticuloso de las injusticias que sufría en Roma o, en realidad, en cualquier otra parte. Él estaba allí por disposición divina y sometido gozosamente a su situación.

Cristo fue modelo del gran principio de vaciarse a sí mismo que impregnó la vida de Pablo. Si queremos aprender lo que es el gozo, lo mejor que podemos hacer es desarrollar una actitud de abnegada humildad. Comience con su familia o sus vecinos. Sea ejemplo de ella con sus clientes o con sus empleados. Usted no dará crédito al efecto que tendrá sobre las personas esta clase de generosa actitud mental. No tendrá que desplegar banderas ni repartir folletos para anunciarlo. Simplemente demuestre una actitud de abnegada humildad.

Los resultados le dejarán maravillado.

Pablo exhorta a los creyentes a tener una actitud de gozosa aceptación. Y fue muy claro en cuanto a la manera como deben tratarse los creyentes unos a otros. “Hacedlo todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación torcida y perversa, en la cual vosotros resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:14, 15).

Pablo sabía que era mucho lo que estaba en juego, ya que el mundo tenía bajo su mirada a los flamantes seguidores de Cristo del primer siglo. Si los cristianos se quejaban y reñían por cosas, eso ponía en riesgo la credibilidad del evangelio. Por consiguiente, Pablo recomendaba una actitud de gozosa aceptación, libre de disputas y de discusiones sin sentido.

El rogaba que hubiera un gozo auténtico. Nada es más contagioso que eso. Pablo decía: “1No se quejen; estén alegres!”. Eso es lo que se debe hacer. La alegría atrae. La queja ahuyenta. El buen sentido del humor es maravillosa mente cautivador.

Mi maestro, Ray Stedman, solía decir: “Vivimos en un mundo de pillos y corruptos. ¡Qué oportunidad tan grande de ser atractivamente diferentes!”. Me encanta esa clase de actitud. ¡La aceptación gozosa ilumina a este sombrío planeta!

¡La aceptación gozosa ilumina a este sombrío planeta!—Charles R. Swindoll

Tomado del libro Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2017 por Charles R. Swindoll Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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Complacido con sus preceptos

MAYO, 08

Complacido con sus preceptos

Devocional por John Piper

Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío. (Salmos 40:8)

¿Cómo obra en nosotros el nuevo nacimiento para que los mandamientos de Dios se vuelvan un placer en lugar de una carga?

El apóstol Juan dice: «Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Juan 5:4). En otras palabras, el nuevo nacimiento nos capacita para sobreponernos al peso que los mandamientos de Dios ejercen sobre el hombre natural al engendrar fe. Esto queda confirmado en 1 Juan 5:1, que dice, literalmente: «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios».

La fe es la evidencia de que hemos nacido de Dios. No podemos nacer de nuevo por nuestra propia decisión de creer. Dios nos da la voluntad de creer haciéndonos nacer de nuevo. Como dice Pedro en su primera carta, Dios «nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva» (1 Pedro 1:3). Nuestra esperanza viva, o fe en la gracia venidera, es la obra de Dios en nosotros mediante el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, cuando Juan dice que «todo lo que es nacido de Dios vence al mundo» y luego añade que «esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe», interpreto que lo que quiere decir es que Dios nos capacita, mediante el nuevo nacimiento, para vencer al mundo, es decir, para vencer a nuestra poca disposición en la carne para cumplir los mandamientos de Dios. El nuevo nacimiento produce este efecto al generar fe, lo que evidentemente implica una disposición a ser complacidos, en lugar de desalentados, por los mandamientos de Dios.

Por consiguiente, la fe es lo que vence nuestra hostilidad innata hacia Dios y su voluntad, y nos hace libres para guardar sus mandamientos y decir junto al salmista: «Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío » (Salmos 40:8).

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Jesús habla a las mujeres (2)

lunes 8 mayo

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.

Juan 11:25-27

Jesús habla a las mujeres (2)

“¿Crees esto?”

Juan 11:1-45

Marta y María, junto a Lázaro su hermano, amaban a Jesús. A menudo ellas lo recibieron en su casa con sus discípulos, escucharon sus palabras y creyeron que él era el Cristo. Un día Lázaro cayó enfermó, y las dos hermanas enviaron la noticia a Jesús. Pero el Señor no llegó antes de que su amigo muriese. ¡Qué dolor, qué desconcierto para esas dos hermanas! Ellas sabían que Jesús hubiese podido curar a su hermano. ¿Por qué no lo había hecho?

En este pasaje escuchamos sus quejas y vemos sus lágrimas. Jesús también lloró. ¿Por qué, pues, no vino antes? Porque quería revelarse en su victoria sobre la muerte.

Marta, sabiendo que Jesús se acercaba, tan viva y rápida a pesar del dolor, fue a su encuentro: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. No dudó en expresar claramente a Jesús lo que pensaba, con una confianza y una fe sin reservas.

Jesús le respondió con una promesa cuya amplitud era mayor que su esperanza: “Tu hermano resucitará”. Marta estaba desconcertada: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”. Entonces Jesús le hizo esta impresionante revelación: “Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?”. Le dio el sentido del milagro que iba a hacer. Resucitando a Lázaro no solo cambiaría la tristeza en gozo (Salmo 30:11), sino que se revelaría en su gloria de Hijo de Dios, como aquel que puede vencer a la muerte y hacer triunfar la vida.

1 Reyes 7:1-22 – Marcos 9:1-29 – Salmo 55:1-7 – Proverbios 15:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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