Jesús conoce a sus ovejas

MAYO, 22

Jesús conoce a sus ovejas

Devocional por John Piper

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen. (Juan 10:27)

Jesús conoce a aquellos que le pertenecen. ¿En qué consiste tal conocimiento?

Un versículo paralelo a Juan 10:27 es Juan 10:3: «Las ovejas oyen su voz; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera».

Por lo tanto, cuando Jesús dice: «yo las conozco», quiere decir que las conoce por su nombre; es decir, conoce a cada una individualmente y tiene una relación íntima con cada una de ellas. No son anónimas, ni están perdidas en medio del rebaño.

Los versículos 14 y 15 nos ayudan a comprenderlo mejor: «Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre».

Hay una verdadera semejanza entre el modo en que Jesús conoce a su Padre que está en los cielos y el modo en que conoce a sus ovejas. Jesús se ve a sí mismo en el Padre, y también se ve a sí mismo en sus discípulos.

Hasta cierto punto, Jesús reconoce su propio carácter en sus discípulos. Ve su propia marca grabada en las ovejas.

Es como un esposo que espera a la esposa en el aeropuerto, mirando a cada persona que sale del avión. Cuando ella aparece, él la reconoce, conoce sus rasgos y facciones, se deleita en verla, y es ella la única persona a quien abraza.

El apóstol Pablo lo expresa de esta forma: «El sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: El Señor conoce a los que son suyos» (2 Timoteo 2:19).

Es improbable hacer demasiado énfasis en el tremendo privilegio que tenemos de ser conocidos de manera personal, tierna a íntima por el Hijo de Dios. Es un regalo precioso para todas sus ovejas y conlleva la promesa de la vida eterna.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

 

Jesús habla a las mujeres (4)

lunes 22 mayo

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

Juan 4:10

Jesús habla a las mujeres (4) – “Dame de beber”

Juan 4:1-30

“Le era necesario pasar por Samaria”. No era el único camino para ir de Judea a Galilea, pero era necesario que Jesús tuviese un encuentro con una mujer allí, cerca de un pozo, en Sicar. Toda la vida de Jesús era la expresión de su gracia, de su bondad hacia aquellos con quienes se encontraba.

Esta samaritana fue sola a buscar agua. Probablemente era despreciada debido a su conducta. Humildemente el Señor Jesús le pidió un favor: “Dame de beber”. La mujer se sorprendió. El diálogo prosiguió con simplicidad y confianza.

La delicadeza de Jesús para alcanzar su conciencia y su corazón se dejó ver cuando le dijo: “Ve, llama a tu marido”. Estas palabras la tocaron más que cualquier discurso moralizador. “No tengo marido”, respondió ella. Jesús no la condenó, pero la llevó progresivamente a la confesión, a la verdad. El diálogo no consistió en una conversación superficial, sino que mediante la puesta en evidencia de su situación moral, Jesús iba a transformar profundamente a esta mujer. Quizá nos gustaría quedarnos en el ámbito de las ideas, pero Jesús quiere alcanzar nuestra conciencia, ¡para curarnos!

Poco antes esta mujer estaba sola. Pero ahora, llena de gozo, va por la ciudad dando testimonio de lo que acababa de sucederle. Su deseo era que todos tuviesen un encuentro con Jesús y, por medio de él, encontrasen esa agua viva que ella había bebido.

1 Reyes 18:1-19 – Marcos 16 – Salmo 62:1-4 – Proverbios 15:31-32

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

El fracaso de los líderes

El fracaso de los líderes

5/21/2017

A ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. (Filipenses 2:20)

La historia de la Iglesia pudiera referirse a nuestra época como la del desastroso fracaso en el liderazgo de la iglesia. Se han bajado las normas del liderazgo, y millares han perdido trágicamente su camino.

¿Dónde están los hombres piadosos y veraces? ¿Dónde están los humildes y desinteresados modelos de virtud? ¿Dónde están los ejemplos de la victoria sobre la tentación? ¿Dónde están quienes nos muestren cómo orar y vencer las pruebas o la adversidad?

Tenemos una iglesia estancada y deformada porque hemos perdido de vista a Cristo, su Palabra y al Espíritu. Hemos perdido de vista nuestro claro ejemplo de crecimiento en la vida del apóstol Pablo. Y hemos tolerado una norma de liderazgo más baja que la permitida por la Biblia. La esencia del cristianismo es ser más semejante a Cristo. Se atenderán asuntos tales como las buenas relaciones, el servicio y la evangelización si procuramos alcanzar esa meta santa.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

«Hay víveres en Egipto»

21 de mayo

«Hay víveres en Egipto»

Génesis 42:2

El hambre se hacía sentir en todas las naciones y parecía inevitable que Jacob y su familia fueran a sufrir grandes necesidades. Sin embargo, el Dios de la providencia, que nunca olvida a aquellos que son objeto de su amor, había provisto un granero para los suyos, notificando a los egipcios en cuanto a la escasez e induciéndolos a almacenar el grano en los años de abundancia. Poca ayuda esperaba Jacob de Egipto; sin embargo, allí se encontraba almacenado el trigo para él. Creyente, aunque aparentemente todas las cosas estén en tu contra, descansa seguro, pues Dios tiene una reserva para ti. En la lista de dolores, hay una cláusula de salvaguardia: de alguna manera él te librará, y de algún modo te proveerá. El lugar de donde ha de venir tu socorro puede ser completamente insospechado; pero, sin duda, en los momentos de apuro, la ayuda vendrá, y tú magnificarás el nombre de Dios. Si los hombres no te alimentan, los cuervos lo harán; si la tierra no te da trigo, el cielo te dará maná. Anímate, pues, y descansa tranquilo en el Señor. Dios puede hacer que el sol salga por el oeste si así lo quiere, y transformará la fuente de dolor en canal de delicias. Todo el trigo de Egipto estaba en manos del amado José: él abría o cerraba los graneros según su voluntad. Así, también, las riquezas de la providencia se hallan todas dentro del ámbito del poder absoluto de nuestro Señor Jesús, quien las repartirá a su pueblo generosamente. José estaba bien provisto para socorrer a su familia, y Jesús no cesa de cuidar diligentemente de sus hermanos. Lo que nos corresponde hacer a nosotros es ir en busca de la ayuda que nos está reservada. No debemos quedarnos quietos, abatidos, sino movernos. La oración nos llevará pronto a la presencia de nuestro regio Hermano y, una vez delante del Trono, lo único que tendremos que hacer será pedir y recibir: sus depósitos no están exhaustos, hay trigo aún; su corazón no es duro, él nos dará trigo. Señor, perdona nuestra incredulidad y constríñenos en esta noche para que tomemos de tu plenitud y recibamos gracia sobre gracia.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 150). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Tercer mundo”

21 MAYO

“Tercer mundo”

Números 30 | Salmo 74 | Isaías 22 | 2 Pedro 3

Hace algunos años pasé un tiempo en un país del llamado “tercer mundo”, muy conocido por su terrible miseria. Lo que más me llamó la atención de la cultura de dicho país sin embargo no fue la extrema pobreza, ni la brecha entre los muy prósperos y los muy pobres – había leído tanto acerca de estos temas que no encontré nada en este aspecto que me sorprendiese, y había presenciado semejantes tragedias humanas en otras partes – sino su corrupción omnipresente y endémica.

Aquí en Occidente no somos nadie para señalar con el dedo a otros países en lo que se refiere a la corrupción; sin duda tenemos listas de precios publicadas para muchos servicios públicos que hacen que los sobornos y las recompensas ilícitas sean más difíciles de institucionalizar; sin duda el legado cristiano en nuestra cultura sigue siendo suficientemente sólido como para que reconozcamos, al menos en teoría, que la honestidad es buena, que la palabra de un hombre o una mujer debe constituir un compromiso firme, que la avaricia está mal – aunque también es cierto que estos valores se ven más honrados cuando se han desvirtuado que como patrón para la vida real. No obstante, somos con diferencia la sociedad más litigiosa del mundo entero. Formamos a muchos más abogados que ingenieros (lo contrario de Japón). El acuerdo más sencillo debe estar envuelto en un montón de lenguaje jurídico que proteja a los contratantes. Esto se debe en gran parte al hecho de que muchos individuos y muchas empresas son incapaces de mantenerse fieles a lo prometido, y de hacer lo justo, y harán lo posible para sacar alguna ventaja a la otra parte si lo pueden conseguir con impunidad. Una mentira sólo es embarazosa si te pillan los dedos. Las promesas y los compromisos públicos se convierten en herramientas para conseguir lo deseado, más bien que compromisos reales con la verdad. Los votos matrimoniales se descartan por un capricho, o se disuelven en el calor de la codicia. Y por supuesto, si abandonamos a la ligera los votos matrimoniales, los compromisos comerciales y personales, se vuelve mucho más fácil abandonar el pacto con Dios.

Decir la verdad y guardar las promesas en cualquier área de la vida tiene consecuencias para todas las demás áreas; la infidelidad en un área frecuentemente se desborda hacia otras áreas. Por tanto, anidadas dentro del pacto mosaico encontramos las palabras: “El Señor ha ordenado que cuando un hombre haga un voto al Señor, o bajo juramento haga un compromiso, no deberá faltar a su palabra sino que cumplirá con todo lo prometido” (Números 30:1–2). El resto del capítulo reconoce que los votos en cuestión hechos por individuos a menudo no tendrán que ver únicamente con asuntos individuales; puede que sean compromisos matrimoniales o familiares. De modo que para el buen ordenamiento de una cultura, Dios mismo es quien afirma quien tiene derecho a ratificar o a descartar una promesa; este patrón tiene mucho que decir acerca del liderazgo y la responsabilidad en la familia. Pero la cuestión fundamental es la de la verdad y la fidelidad.

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 141). Barcelona: Publicaciones Andamio.

Dios obra a nuestro favor

MAYO, 21

Dios obra a nuestro favor

Devocional por John Piper

Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra. No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. (Salmos 121:1-3)

¿Necesitan ayuda? Yo sí. ¿Hacia dónde miraremos en busca de ayuda?

Cuando el salmista levantó sus ojos a los montes y preguntó: «¿de dónde vendrá mi socorro?», la respuesta fue: «mi socorro viene del Señor». No de los montes, sino del Dios que hizo los montes.

De este modo trajo a memoria dos grandes verdades: una es que Dios es el poderoso Creador y como tal está por encima de todos los problemas de la vida; la otra es que Dios nunca duerme.

Dios es un trabajador incansable. Pensemos en Dios como alguien que obra en nuestra vida. Sí, es maravilloso. Tendemos a pensar que nosotros trabajamos en la vida de Dios. Sin embargo, la Biblia quiere que primero nos maravillemos de que Dios trabaja en nuestra vida: «Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídos, ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti que obrara a favor del que esperaba en Él» (Isaías 64:4).

Dios trabaja para nosotros sin descanso. No se toma días libres ni horas de descanso. De hecho, tiene tantas ansias de obrar a nuestro favor que mira a su alrededor en busca de más trabajo para hacer por personas que confíen en él: «Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo» (2 Crónicas 16:9).

Dios ama mostrar su incansable poder, sabiduría y bondad trabajando por las personas que confían en él. Jesús fue el principal medio que usó Dios para demostrarlo: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir» (Marcos 10:45). Jesús trabaja para sus seguidores. Los sirve.

Debemos creer en esto —en verdad creerlo— para poder regocijarnos en el Señor siempre (Filipenses 4:4) y dar siempre gracias por todo (Efesios 5:20) y tener la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y por nada estar afanosos (Filipenses 4:6) y aborrecer nuestra vida en este mundo (Juan 12:25) y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22:39).

¡Cuánta verdad! ¡Cuán grandiosa realidad! Dios está despierto todo el día y toda la noche para obrar a favor de los que esperan en él.

Todos los derechos reservados ©2017 Soldados de Jesucristo y DesiringGod.org

Conocen al Padre

domingo 21 mayo

Amados, ahora somos hijos de Dios.

1 Juan 3:2

Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Romanos 8:15-16

Conocen al Padre

Una señora estaba esperando a su marido a la salida del trabajo. Al lado de ella un niño de más o menos un año dormitaba en su coche. Los empleados salieron, una oleada de desconocidos desfiló ante el niño. Pero de repente su rostro se iluminó. Empezó a agitarse y tendió los brazos hacia alguien que acababa de llegar. Como respuesta a esta petición silenciosa pero tan clara, el recién llegado se inclinó hacia el niño y lo tomó en sus brazos.

¿Fue necesario que alguien hiciera grandes discursos a este niño para mostrarle quién era su padre? ¿Alguien le había dictado la actitud apropiada? ¡Por supuesto que no! Pero su impulso espontáneo muestra que conocía a su papá, aunque ignorase completamente sus ocupaciones. Su filiación es tan real ahora como dentro de algunos años, cuando pueda hablar y comprender. Es hijo, de pleno derecho, desde su nacimiento.

Lo mismo sucede con un creyente que empieza su vida cristiana. El apóstol Juan se dirige a los niños en la fe con estas palabras tranquilizadoras: “Hijitos… habéis conocido al Padre” (1 Juan 2:13).

Un creyente recién convertido se halla en este estado. Quizá no sabe hablar: sus oraciones todavía son muy imprecisas. Tiene mucho que aprender, pero el Espíritu de Dios le comunica este nuevo conocimiento de Dios como Padre. Desde su nuevo nacimiento es hijo de Dios con pleno derecho, privilegio infinitamente grato que le pertenece personalmente.

1 Reyes 17 – Marcos 15:21-47 – Salmo 61 – Proverbios 15:29-30

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.chlabuena@semilla.ch

Los guías espirituales

Los guías espirituales

5/20/2017

Mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. (Filipenses 3:17)

Los guías espirituales son esenciales para la iglesia porque necesitamos ver vivir el cristianismo delante de nosotros. Pablo le dijo a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:12). Un guía espiritual debe llevar una vida ejemplar porque debe mostrarles a otros la senda. Las personas pueden ver la perfección en Cristo y pueden leer acerca de Pablo, pero también necesitan a alguien a quien puedan observar y con quien puedan hablar. Necesitan ver la virtud, la humildad, el servicio altruista, la disposición a sufrir, la devoción a Cristo, el valor y el crecimiento espiritual en la vida de alguien cerca de ellas.

Una gran carga en mi corazón es que los pastores y ancianos de todas las iglesias sean el tipo de ejemplos que Dios les ordena que sean. Es muy importante enseñar la verdad, pero es igualmente importante que esa verdad sea apuntalada por una vida virtuosa.

Disponible en Internet en: http://www.gracia.org
DERECHOS DE AUTOR © 2012 Gracia a Vosotros
Usted podrá reproducir este contenido de Gracia a Vosotros sin fines comerciales de acuerdo con la política de Derechos de Autor de Gracia a Vosotros (http://www.gracia.org/acercaDeGAV.aspx?page=derechos).

«Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor»

20 de mayo

«Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor»

Oseas 11:4

Nuestro Padre celestial nos atrae frecuentemente con cuerdas de amor; pero, ¡ay!, cuán lerdos somos para correr hacia él. ¡Qué lentamente respondemos a sus delicados impulsos! Él nos atrae para que ejerzamos una fe más sencilla en su persona. No obstante, nosotros no hemos alcanzado aún la confianza de Abraham: no hemos entregado a Dios nuestras ansiedades terrenas; sino que, como Marta, nos preocupamos con muchos quehaceres. Nuestra débil fe produce debilidad en nuestras almas. No abrimos bien nuestras bocas, aunque Dios nos ha prometido llenarlas. ¿No nos atrae el Señor en esta noche para que confiemos en él? ¿No podemos oírle decir: «Ven, hijo mío, y confía en mí. El velo está rasgado; entra en mi presencia y acércate confiadamente al trono de mi gracia. Yo soy digno de tu más completa confianza; echa tu carga sobre mí. Sacúdete el polvo de tus ansiedades y vístete tus hermosas ropas de gozo»? Pero, ¡ay!, aunque llamados en tono amoroso para ejercitarnos en esta reconfortante gracia, no acudimos a él. A veces Dios nos atrae a una comunión más íntima consigo: hemos estado sentados en el umbral de su casa, y nos invita a entrar en la sala del banquete para cenar con él; pero nosotros rechazamos ese honor. Hay lugares secretos que aún no se nos han descubierto. Jesús nos invita a entrar a ellos, pero nosotros retrocedemos. ¡Qué vergüenza para nuestros fríos corazones! Somos amantes débiles de nuestro bondadoso Señor Jesús, no aptos para ser sus siervos y mucho menos sus esposas; sin embargo, él nos ha concedido el honor de ser hueso de sus huesos y carne de su carne, desposados con él por el glorioso pacto matrimonial. ¿No es esto amor? Sin embargo, se trata de un amor que no admite negativas: si no obedecemos a la suave atracción del mismo, Dios nos enviará aflicción para llevarnos a una más estrecha intimidad con él. Él quiere tenernos más cerca de sí. ¡Qué hijos tan necios somos cuando rehusamos estas cuerdas de amor y traemos sobre nuestras espaldas el azote de pequeñas cuerdas que Jesús sabe cómo utilizar!

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 149). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

“Puros de Corazón”

20 MAYO

“Puros de Corazón”

Números 29 | Salmos 73 | Isaías 21 | 2 Pedro 2

Hay pocos Salmos que hayan brindado mayor consuelo a personas perturbadas por la frecuente y flagrante prosperidad de los malévolos que el Salmo 73.

Asaf comienza su cántico con un par de líneas provocadoras: “En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los puros de corazón!” ¿Significa este paralelismo que el pueblo de Israel sean los “puros de corazón”? Difícilmente; esto no concordaría ni con la historia ni con el contenido de este mismo salmo. La segunda línea resulta ser entonces una limitación de la primera. ¿Deberíamos equiparar a los que no son puros de corazón con los “malos” que salen tan vívidamente retratados e este capítulo? Tal vez sí, pero en todo caso lo que llama la atención en particular es que las próximas líneas retratan no tanto el mal de los malos sino el pecado que había en el corazón de Asaf mismo. Su propio corazón era impuro mientras contemplaba “la prosperidad de los malos” (73:3). Les envidiaba. Por lo visto, estaba tan consumido por la envidia que corría el peligro de perder su equilibrio moral: “poco me faltó para que resbalara” (73:2).

Lo que más atraía a Asaf en cuanto a los malos era que tantos de ellos parecían reflejar el mismo apogeo de la serenidad, la buena salud, y la felicidad (73:4–12). Incluso su arrogancia tenía su atractivo: parecía colocarles por encima de los demás. Su prosperidad y su poder les otorgaban popularidad. En el peor de los casos, ignoran a Dios y, no obstante, parecen inmunes al miedo. Según parece, “sin afanarse, aumentan sus riquezas” (73:12).

Por tanto, tal vez no merece la pena buscar la rectitud: “En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia” (73:13). Asaf era incapaz de llevar su razonamiento hasta hacer una afirmación así; reconocía que hablar así sería traicionar a “tus hijos” (73:15) – aparentemente se trataba del pueblo de Dios para con el cual Asaf sentía una profunda lealtad y para quienes sentía también una gran carga de responsabilidad. Pero todas estas reflexiones le eran “opresivas” (73:16), hasta que se dio cuenta de tres grandes verdades.

En primer lugar, a largo plazo los malos acabarían siendo arrasados. Al entrar Asaf en el santuario, reflexionaba en “el destino final” (73:17–19, 27) de todos aquellos a quienes había comenzado a envidiar, y les dejó de envidiar.

En segundo lugar, Asaf mismo, junto con todos aquellos que conocen a Dios y andan en sumisión a sus leyes, poseen muchísimo más que los malos – tanto en esta vida como en la venidera. “Pero yo siempre estoy contigo,” proclama Asaf gozosamente, “pues tú me cogiste de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria” (73:22–24).

En tercer lugar, Asaf ya puede contemplar su propia amargura por lo que es en realidad: un pecado nefasto (73:21–22), y resuelve, en lugar de recrearse en ella, acercarse a Dios y publicar sus hazañas (73:28).

Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 140). Barcelona: Publicaciones Andamio.