Salvador Gómez Dickson pertenece al Consejo de Pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, donde tiene la responsabilidad de exponer la Palabra de Dios cada domingo, además de impartir clases de Escuela Dominical. Es profesor de la Academia Ministerial Logos de IBSJ, donde ha impartido clases de Hermenéutica, Exégesis Bíblica, Griego, Doctrina del Hombre, de Cristo y de la Salvación, Introducción al Nuevo Testamento, entre otras. Está casado con Johanny Pérez y juntos tienen 4 hijos.
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló… Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.Lucas 24:5-7
“Después de todo esto (José de Arimatea y Nicodemo) … tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí… pusieron a Jesús…
El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.
Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro… Simón Pedro… entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos…
Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor”.
“Nuestro Redentor fue nacido bajo la ley, aunque Él sea el Señor de todos, y el Legislador para con Sus criaturas racionales. El hombre rebelde se ha sacudido el yugo de su obediencia, y por lo tanto Cristo puso su cuello bajo éste. Él se sometió a si mismo a la ley ceremonial, padeciendo el doloroso proceso de la circuncisión al octavo día después de su nacimiento, como se había ordenado; a la ley civil, al pago de tributos, etc.; y a la ley moral obedeciendo los preceptos concernientes a ella, y sufriendo la sanción penal de ésta, la cual fue añadida en caso que el hombre transgrediera, en cuyo lugar Él se puso a Sí mismo.
1. Él se sometió a la parte preceptiva de la ley como un pacto de obras, el cual el hombre había roto: y Él lo cumplió, de manera que Él estuvo sujeto incluso a José, Su supuesto padre, y a María Su madre, según la carne (Lucas 2:51), más aún, a todos los diferentes aspectos de la misma, en cumplimiento de toda justicia (Mateo 3:15). Por esto Su obediencia a la ley fue magnificada y hecha honorable, y consiguió su total cumplimiento con respecto a la obediencia activa, la cual nunca podría haber sido obtenida por los hombres, aunque todas las piezas de obediencia de ellos hubieran sido acumuladas en una sola suma.
2. Él se sometió a la amenazante o penal sanción de la ley. Aunque no hubo engaño en Su boca, y Él no debía nada a la ley. Como siendo el gran legislador, sin embargo, como el representante de los pecadores, la ley Le tomo por el cuello, diciendo: “Págame lo que debes”. La amenaza fue promulgada, y Él respondió a cada ápice, llevando esa muerte en Su alma y cuerpo, la cual había lanzado su amenaza a causa del pecado. Y así Él tomó la deuda de los pecadores elegidos, y la pagó hasta el último centavo. Oh maravillosa condescendencia en el Señor y Legislador, rendir obediencia a Su propia ley, que fue hecha para criaturas, en todas sus demandas, los más rigurosos no exceptuados! Oh bendito Representante, quien ha pagado toda la deuda de los hombres en ruina. (Obras, Volumen 1, p.492-493)
Paul David Washer ministró como misionero en Perú 10 años, tiempo durante el cual fundó la Sociedad Misionera HeartCry para apoyar plantadores de iglesias peruanos. Paul ahora sirve como director de misiones de HeartCry (heartcrymissionary.com), la cual Dios ha bendecido para poder apoyar a misioneros en más de cuarenta naciones al rededor del globo. Él y su esposa Charo tienen cuatro hijos: Ian, Evan, Rowan, y Bronwyn.
Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Mateo que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. En Mateo, Jesús trae a la tierra el reino celestial de Dios e invita a sus discípulos a entrar a una nueva forma de vivir a través de su muerte y resurrección.
Tan desanimado había quedado el pueblo alemán después de la derrota en la Primera Guerra Mundial y de la depresión económica posterior que el carismático Hitler parecía ser la respuesta de Dios a la oración, al menos para la mayoría de los alemanes.
Pero una excepción a este pensamiento fue el teólogo Dietrich Bonhoeffer, que estaba decidido no solo a refutar esta idea sino también a derrocar a Hitler.
Bonhoeffer no se crió en un ambiente particularmente radical. Él nació en una familia aristocrática.
Su madre era hija de un predicador de la corte del Kaiser Guillermo II, y su padre era un prominente neurólogo y profesor de psiquiatría en la Universidad de Berlín.
Los ocho hijos de la pareja fueron criados en un ambiente liberal, eran practicantes tibios de la religión y siempre animaron a sus hijos a incursionar en la literatura y en las artes. La habilidad de Dietrich en el piano, de hecho, llevó a algunos en su familia a creer que se dirigía a una carrera en la música. Pero a los 14 años, Dietrich anunció que tenía la intención de convertirse en ministro y teólogo, lo que causó una gran sorpresa y mucha controversia entre sus familiares.
Dietrich se graduó de la Universidad de Berlín en 1927, a la edad de 21 años, y luego pasó algunos meses en España como pastor asistente de una congregación alemana.
Luego regresó a Alemania para escribir una disertación, que le otorgaría el derecho a una cita universitaria. Luego pasó un año en América, en el Union Theological Seminary de Nueva York, antes de regresar a Alemania para ocupar un puesto como profesor de la Universidad de Berlín.
Durante estos años, Hitler ascendió al poder, llegando a ser canciller de Alemania en enero de 1933 y presidente un año y medio después. La retórica y las acciones antisemitas de Hitler se intensificaron, al igual que su oposición, que incluía a personajes como el teólogo Karl Barth, el pastor Martin Niemoller y el joven Bonhoeffer, que junto con otros pastores y teólogos, organizaron la Iglesia Confesante, que anunció públicamente en su Declaración de Barmen su lealtad primero a Jesucristo.
Mientras tanto, Bonhoeffer había escrito El costo del discipulado, un llamado a una obediencia más fiel y radical a Cristo y una reprimenda severa al cristianismo cómodo y conformista de la época.
Durante este tiempo, Bonhoeffer estaba enseñando a pastores en un seminario clandestino, ya que el gobierno le había prohibido enseñar abiertamente.
Pero después de que el seminario fue descubierto y cerrado, la Iglesia confesante se mostró cada vez más reacia a hablar en contra de Hitler, y la oposición moral resultó ser cada vez más ineficaz, por lo que Bonhoeffer comenzó a cambiar su estrategia. Hasta este punto había sido un pacifista, y había intentado oponerse a los nazis a través de la acción religiosa y la persuasión moral.
Ahora se inscribió en el servicio secreto alemán para servir como agente doble mientras viajaba a conferencias de la iglesia en Europa, se suponía que debía recopilar información sobre los lugares que visitaba, pero, en cambio, estaba tratando de ayudar a los judíos a escapar de los nazis. Durante este tiempo, Bonhoeffer también se convirtió en parte de un plan muy ambicioso para derrocar a Hitler.
Como sus tácticas estaban cambiando, se había ido a Estados Unidos para convertirse en conferencista.
Pero no podía sacudirse el sentimiento de responsabilidad por su país.
Tuvo la oportunidad de quedarse en los Estados Unidos en medio de la tensión que pronosticaban una Guerra Mundial. Pero él prefirió regresar a su amada tierra a cuidar del rebaño que Dios le había entregado.
Finalmente, se descubrieron sus esfuerzos de resistencia principalmente su papel en el rescate de judíos.
En una tarde de abril de 1943, dos hombres llegaron en un Mercedes negro, metieron a Bonhoeffer en el automóvil y lo condujeron a la prisión de Tegel.
Bonhoeffer pasó dos años en prisión, escribiendo mucho, pastoreando a otros presos y reflexionando sobre el significado de su fe. A medida que transcurrieron los meses, comenzó a esbozar una nueva teología, que enmarcaba líneas enigmáticas inspiradas por sus reflexiones sobre la naturaleza de la acción cristiana en la historia.
Eventualmente, Bonhoeffer fue transferido de Tegel a Buchenwald y luego al campo de exterminio en Flossenbürg. El 9 de abril de 1945, un mes antes de que Alemania se rindiera, fue ahorcado con otros seis miembros de la resistencia.
Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo… Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?Mateo 27:45-46
“Entonces (Pilato) lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.
Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: Jesús nazareno, rey de los judíos…
Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.
Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.
Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados…
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.(mañana continuará)
Nota del editor: Esta es la sexta parte del tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Fidelidad en las cosas pequeñas.
En la primera parte de este artículo, nos enfocamos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era primitiva. En la segunda parte vimos algunos ejemplos bíblicos durante la era patriarcal. En la tercera parte, tratamos algunos ejemplos durante la era del éxodo. En la cuarta parte, nos enfocamos en la era de Josué y los jueces. Luego, en la quinta parte, vimos algunos ejemplos bíblicos desde la era de los reyes y los profetas hasta el retorno del pueblo de Israel del exilio. En esta ocasión, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante los albores del nuevo pacto.
Los albores del nuevo pacto
No tenemos una fuente divinamente inspirada que hable sobre la fidelidad del pueblo de Dios durante los cuatrocientos años que pasaron entre el cese de la profecía luego de Malaquías y la restauración de la profecía en el siglo I d. C. con el ministerio de Juan el Bautista. Sin embargo, hay mucha literatura extrabíblica que da testimonio del compromiso hacia la ley de Dios de muchos judíos que vivieron en esa era. El Nuevo Testamento incluso testifica indirectamente sobre la fidelidad de muchos judíos en las cosas pequeñas. Después de todo, no habría habido gente justa como Zacarías y Elisabet —los padres de Juan el Bautista— o María y José —la madre y el padre adoptivo de Jesús— si sus predecesores no hubieran traspasado el conocimiento de Dios a las siguientes generaciones. No hay duda de que la fe de Zacarías, Elisabet, María y José tuvo mucho que ver con los esfuerzos de sus padres, abuelos, tatarabuelos y otros ancestros por enseñar la ley de Dios en sus familias durante la vida cotidiana y por transmitir la sabiduría de Proverbios y otros libros bíblicos a sus descendientes (Mt 1; Lc 1:1 – 2:7; ver Dt 6:4-9; Pr 1:7-8).
El artículo del Dr. Sinclair Ferguson publicado en esta serie se enfoca en la fidelidad de Cristo en las cosas pequeñas, pero Él no fue el único judío fiel durante Su tiempo aquí en la tierra. Ya hemos mencionado la fe de María y José, pero notemos cómo esta se evidenció a partir del nacimiento de Jesús. Lucas 2:22-24 nos muestra su atención a los detalles de la ley cuando subieron a Jerusalén para ofrecer los sacrificios para la purificación. Ofrecieron un par de aves, el sacrificio que se le permitía a los padres pobres en la dedicación de su hijo a Dios (Lv 12). A pesar de que se trataba de un requisito ritual, podríamos decir que era algo pequeño. Las familias pobres seguramente podían pensar en cosas «mejores» o más urgentes en las cuales invertir sus recursos limitados. Sin embargo, María y José fueron fieles a todas las leyes de Dios, incluso aquellas que parecían ser de menor importancia o menos prioritarias con respecto a su pobreza. Y ya que estamos considerando este episodio, no olvidemos a la profetisa Ana y al hombre devoto llamado Simeón. Tanto Ana como Simeón recibieron algún tipo de revelación especial del Espíritu Santo de que Jesús era el Mesías prometido (Lc 2:25-38). ¿Pero cómo sabían ellos que vendría un Mesías, la «consolación de Israel» y la «redención de Jerusalén»? La respuesta tiene que ser que ellos eran personas devotas que prestaban atención a toda la Palabra de Dios. Debido a que conocían incluso las partes «pequeñas» de la Escritura, esperaban a un Salvador de Israel.
La fidelidad en las cosas pequeñas significa perseverar hasta el final, llevando a cabo los detalles hasta que el trabajo se haya completado.
Una vez que comenzó el ministerio público de Jesús, muchas personas fueron fieles en las cosas pequeñas, bendiciendo a nuestro Señor y permitiendo que Su obra continuara. Es probable que todo el que de niño haya tomado clases de escuela dominical haya escuchado una lección sobre el niño que donó cinco panes y dos peces a Jesús en una de las ocasiones en que nuestro Salvador multiplicó los alimentos para dar de comer a miles de personas. Fue una pequeña cantidad de comida y un pequeño gesto de fidelidad. Sin embargo, esta fidelidad en las cosas pequeñas permitió que Jesús pudiera multiplicar esos alimentos para dar de comer a la multitud y revelarse a Sí mismo como el Pan de Vida (Jn 6).
En el ministerio de Jesús se destaca bastante la fidelidad de las mujeres. Considera, por ejemplo, a la suegra de Pedro, quien desempeñó fielmente los pequeños deberes de la hospitalidad para servir a Jesús y a Sus discípulos, supliéndoles alimento y bebida cuando visitaron Capernaúm (Lc 4:38-39). El Evangelio de Lucas también describe a mujeres como María Magdalena, Juana y Susana, quienes aportaban los fondos para proveer todo lo necesario a fin de que Jesús y los discípulos pudieran ministrar (Lc 8:1-3). Muchas de estas mujeres, si no todas, eran ricas, así que es probable que para ellas fuera solo un pequeño sacrificio el contribuir a la obra de Jesús y de los doce. Sin embargo, fueron fieles patrocinadoras de nuestro Señor mientras Él viajaba y enseñaba.
Al hablar de las mujeres que fueron fieles en las cosas pequeñas durante el ministerio de Jesús, no podemos olvidar a las mujeres de Galilea que siguieron a Jesús y estuvieron presentes en Su crucifixión y sepultura. Ellas prestaron atención al lugar donde fue puesto el cuerpo de Jesús, y prepararon especias y ungüentos para embalsamarlo. Tuvieron que asegurarse de que las cantidades de los ingredientes para el embalsamamiento fueran precisas, prestando atención a proporciones y detalles diminutos. Habría sido fácil olvidar por completo esta labor, pues Jesús había muerto como un delincuente a manos de Roma y asociarse con Él era algo riesgoso. Sin embargo, estas mujeres —María Magdalena, Juana y María la madre de Jesús, además de otras— fueron fieles en los aspectos pequeños de la sepultura de Jesús. En su fidelidad, tuvieron la bendición de ser las primeras testigos de la resurrección de nuestro Señor (Lc 23:55 – 24:11).
La fidelidad en las cosas pequeñas significa perseverar hasta el final, llevando a cabo los detalles hasta que el trabajo se haya completado. Las mujeres hicieron esto con respecto a la sepultura de Jesús, pero también vemos similarmente la fidelidad de José de Arimatea y de Nicodemo cuando Jesús murió. Ellos proveyeron la tumba y las primeras especias para embalsamar el cuerpo de Jesús, y también envolvieron Su cuerpo en telas de lino. Estos hombres financiaron la sepultura de Jesús, lo cual fue un gasto considerable. Aun así, era una «cosa pequeña», pues involucraba ser fiel cuando los otros discípulos habían huído, pero estos hombres perseveraron en los pequeños detalles de su discipulado hasta donde ellos entendieron que era el final (Jn 19:38-42).
Nota del editor: En la séptima y última parte de este artículo, nos enfocaremos en el testimonio escritural sobre la fidelidad en las cosas pequeñas durante la era apostólica.