Metáforas corporales para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas corporales para la vida cristiana

Greg Lanier 

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Aislamiento. División. Es evidente que nuestro momento cultural está dominado por estas dos características. Los estudios demuestran que las personas se sienten cada vez más hambrientas de relaciones reales y están divididas en casi todos los temas. En un mundo hostil, muchos se quedan luchando con sentimientos de inutilidad.

¿Dónde hay esperanza? La Escritura nos invita a ver la Iglesia como el bálsamo para aquellos quebrantados por el aislamiento y la división, particularmente a través de las fascinantes metáforas corporales que encontramos al recorrer todas las cartas de Pablo. En más de una docena de pasajes, Pablo pinta un retrato de la Iglesia como siendo el «cuerpo de Cristo»: todos los cristianos son partes unidas en un solo cuerpo integrado que encarna a Cristo en la tierra, con Cristo mismo como la cabeza del cuerpo. Analicemos cuatro implicaciones de esta rica metáfora. En el camino, será útil comparar las metáforas corporales con las metáforas arquitectónicas (que vimos en otro artículo de esta serie), ya que Pablo a veces las combina (Ef 4:1216). 

Unidos a Cristo

Las metáforas corporales expresan cómo cada cristiano individual está espiritualmente unido a Cristo en la salvación como un «miembro» (una extremidad o un órgano) de Su cuerpo (1 Co 6:15Ef 5:30). Mientras que las metáforas de edificios presentan a la Iglesia como llena por el Espíritu (1 Co 3:16), las metáforas corporales enfatizan cómo estamos espiritualmente conectados con Cristo mismo (10:16). La vida de cada cristiano es presionada dentro un molde de Cristo de una manera más profunda de lo que podemos imaginar. 

Estamos unidos no solo a Cristo, sino también los unos a los otros de una manera que ninguna otra organización terrenal, club o equipo puede ofrecer.

Cristo como Cabeza

Pablo extiende las metáforas corporales para describir a Jesús como «cabeza» de la Iglesia / «cuerpo» (Ef 1:22-23Col 1:18). Para un cuerpo literal, el razonamiento y la voluntad de la cabeza deben ser obedecidos por las partes del cuerpo, y sus funciones neurológicas coordinan los sistemas del cuerpo para producir crecimiento. Pablo aplica esto a Cristo: como Cabeza, Él es la máxima autoridad sobre la Iglesia (Ef 5:23-24), y una iglesia crece más saludable no por medio de trucos, sino al someterse a Cristo, quien es el que da el crecimiento (Col 2:19). Pero Pablo complementa esta imagen de autoridad con el amor de Cristo: así como las personas aman y cuidan de sus propios cuerpos, así también, pero en mucho mayor grado, Cristo ama a Su Iglesia / «cuerpo» y cuida de cada miembro de este (Ef 5:29-30). En resumen, mientras que la metáfora de un edificio presenta a Jesús como la piedra angular de la Iglesia una vez y para siempre (2:20), la metáfora de un cuerpo proporciona el consuelo de que tenemos una autoridad benevolente que diariamente nos cuida con amor. Aunque la noche del alma puede ser larga en ocasiones, un cristiano nunca puede ser separado de la Cabeza, Jesucristo. 

Diversidad en el cuerpo

De forma similar a la metáfora del edificio (1 Pe 2:4-5), las metáforas corporales capturan en gran medida cómo los cristianos individuales constituyen una entidad (Col 3:15). Sin embargo, hay una diferencia importante. En un edificio, todos somos piedras idénticas, pero un cuerpo por definición está compuesto de diversas partes. Pablo enfatiza dos dimensiones de esta diversidad esencial dentro del cuerpo. La primera se refiere a los dones espirituales dados a cada miembro del cuerpo (1 Co 12:4-11). Las diferencias en los dones no pretenden causar una competencia divisiva, sino todo lo contrario. Así como un cuerpo humano debe tener diferentes partes para funcionar, así también la Iglesia debe tener diferentes partes para funcionar (Rom 12:4). Un cuerpo con solo hígados moriría rápidamente. Del mismo modo, la mano no puede pelear con el ojo o el oído, o de lo contrario el cuerpo no podría ver ni oír (1 Co 12:12-19). El uso de las metáforas corporales por parte de Pablo es increíblemente valioso para ayudarnos a vislumbrar la belleza de cómo nuestros dones diversos —nuestras «muchas partes»— son necesarias (y no un obstáculo) para hacernos «un cuerpo» que funcione de manera saludable (v. 20). 

La segunda dimensión de la diversidad dentro del cuerpo trata acerca de la diversidad de grupos de personas. Pablo esboza cómo la obra salvadora de Cristo ha acabado con toda hostilidad a lo largo de las líneas socioétnicas y ha unido a los grupos antiguamente separados en un solo cuerpo de una vez para siempre (Ef 2:14-163:6). Ya sea que estemos hablando de la división judío-gentil de los días de Pablo o de las divisiones raciales/étnicas de hoy (en los Estados Unidos, Malasia, China, Europa Oriental o en cualquier otro lugar), la gloria del evangelio es esta: dado que la salvación es solo por la fe (no por ADN ni nada externo), la Iglesia trae unidad entre grupos de personas al mismo tiempo que celebra las ricas bendiciones que cada uno, de manera particular, aporta al cuerpo. El cuerpo unificado prospera, no a pesar de su diversidad, sino por causa de esta. 

Unidos el uno al otro

Hay una última diferencia iluminadora entre las metáforas arquitectónicas y corporales: la primera nos coloca uno al lado del otro como ladrillos en una pared, mientras que la segunda transmite la forma viva en que somos «miembros los unos de los otros» (Rom 12:4Ef 4:25). Estamos unidos no solo a Cristo, sino también los unos a los otros de una manera que ninguna otra organización terrenal, club o equipo puede ofrecer. Al igual que las partes del cuerpo que comparten la misma sangre, las vías neuronales, etc., los cristianos nos pertenecemos unos a otros, de hecho, nos necesitamos unos a otros de una manera que apenas comprendemos. Por esta razón, Pablo nos exhorta a cuidar con ternura a los miembros más débiles entre nosotros, no ignorarlos ni despreciarlos, extrayendo una analogía de los cuerpos físicos en los que se ofrece más cuidado a las partes vulnerables del cuerpo, no menos (1 Co 12:21-25). Si somos miembros los unos de los otros en el cuerpo de Cristo, la salud de uno nos afecta a todos (v. 26). 

Si todo esto es cierto, la metáfora del «cuerpo de Cristo» arroja una visión impresionante de lo que la iglesia puede ser. Ninguna iglesia es perfecta, pero en sus mejores días, una iglesia debe ser un lugar donde no haya aislamiento, porque somos llamados a vivir en relación con otros miembros del cuerpo y con Cristo nuestra Cabeza. Ningún verdadero creyente es amputado del cuerpo de Cristo. La iglesia también debe ser un lugar donde las diferencias en los dones o grupos de personas no conduzcan a un tribalismo divisivo, sino a una unidad forjada a partir de la diversidad, la cual el mundo nunca podrá lograr. Y en medio de todo esto, la iglesia debe ser un lugar donde las personas lastimadas, agobiadas por el sufrimiento y el pecado, puedan ser cuidadas hasta recuperar la salud y tratadas con la máxima dignidad y valía, no abandonadas. Que las metáforas corporales de la vida de la iglesia nos llamen continuamente a tal visión.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Greg Lanier
Greg Lanier

El Dr. Greg Lanier es profesor asistente de Nuevo Testamento en el Reformed Theological Seminary de Orlando, Florida, y pastor asistente en River Oaks Church (PCA) en Lake Mary, Florida. Es autor de varios libros, incluyendo How We Got the Bible [Cómo nos llegó la Biblia] y Old Testament Conceptual Metaphors and the Christology of Luke’s Gospel [Metáforas conceptuales del Antiguo Testamento y la cristología del Evangelio de Lucas].

Cinco motivos para no temer

Soldados de Jesucristo

Abril 22/2021

Solid Joys en Español

Cinco motivos para no temer

John Piper

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No se puede escapar de la mirada de Dios

Jueves 22 Abril

El hombre (Adán) y su mujer (Eva) se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del huerto.Génesis 3:8

El Señor tiene en el cielo su trono; sus ojos ven… a los hijos de los hombres.Salmo 11:4

Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo… Cuando estabas debajo de la higuera, te vi.Juan 1:48

No se puede escapar de la mirada de Dios

En un pueblo del sur de Francia, donde ocurrió un despertar espiritual alrededor del año 1800, un aldeano contó lo siguiente:

“Cuando joven, me sentí muy intrigado por lo que sucedía en el pueblo. Temprano por la mañana y tarde en la noche, hombres y mujeres iban cada día en pequeños grupos a un claro del bosque. Decidí ir a ver si lo que me decían era cierto. Fui un poco tarde para no cruzarme con nadie en el camino. Cuando llegué al lugar del encuentro, me ubiqué detrás de un árbol, no muy lejos, para no perderme nada de lo que harían o dirían durante la reunión.

El predicador habló detalladamente sobre Adán, ese hombre que huyó de Dios y se escondió detrás de los árboles del huerto de Edén. Súbitamente exclamó:”Aquí hay alguien escondido detrás de un árbol. ¡Alguien que se imagina que Dios no lo ve y que se niega a hacer la paz con él! “.

¡Emocionado, pensé que el predicador me había visto y se dirigía a mí! No podía huir, y convencido de ser un pecador perdido, me derrumbé detrás de mi árbol suplicando a Dios que tuviera compasión de mí, pecador”.

¡Es imposible escapar de la mirada de Dios! Él sabe todo sobre nosotros, y un día tendremos que rendirle cuentas (lea el Salmo 139). Pero Dios nos ama tal como somos y desea establecer con todos los que se arrepienten una relación de confianza, basada en el perdón. Entonces la paz echará fuera el temor y la culpabilidad.

Ezequiel 44 – 2 Pedro 2 – Salmo 46:8-11 – Proverbios 14:7-8

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6 – ¿Por qué voy a la iglesia?

Iglesia Evangélica León

6 – ¿Por qué voy a la iglesia?

David Robles

David Robles se desempeña como pastor docente de la Iglesia Evangelica León y es presidente fundador y profesor del Seminario BEREA (España). Tiene un amplio ministerio de enseñanza y predicación en toda España y otros países de habla hispana. David se graduó del Seminario Bíblico de Multnomah (Certificado Bíblico, 2001) y del Seminario de Maestría (M.Div. 2004).

¿Qué es la INERRANCIA de la PALABRA?

Teología Express

¿Qué es la INERRANCIA de la PALABRA?

 José de Segovia

José de Segovia es pastor en la Iglesia Reformada de Madrid, en el barrio de San Pascual. Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es la inerrancia de la Palabra?

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Metáforas atléticas para la vida cristiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

Metáforas atléticas para la vida cristiana

Steven Lawson

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Metáforas bíblicas para la vida cristiana.

El deporte es un lenguaje que la gente habla en todo el mundo. Ciertamente era un tema con el que estaban familiarizados los ciudadanos romanos del primer siglo. Los atletas eran los íconos del mundo antiguo, los héroes de los muchachos y la moda de la cultura. Basándose en esta popularidad, los escritores del Nuevo Testamento decidieron comunicar muchos aspectos importantes de la vida cristiana por medio a metáforas atléticas. Se valieron de eventos deportivos para ilustrar verdades importantes relacionadas a nuestra santificación. He aquí algunos aspectos específicos que nos enseñan sobre nuestra búsqueda de la santidad.

Primero, entrenamiento estricto. Se requiere que un atleta se someta a un entrenamiento riguroso a fin de competir al más alto nivel. Él se ejercita vigorosamente para desarrollar sus músculos, agrandar sus pulmones y aumentar su resistencia. Un atleta flojo y fuera de forma nunca logrará el premio. Solo aquellos que estén físicamente en forma ganarán. Del mismo modo, Pablo escribe que los creyentes deben hacer lo mismo: «Más bien disciplínate [Lit., ejercítate; o entrénate, NTV] a ti mismo para la piedad» (1 Tim 4:7). «Disciplínate» (griego gymnazō) literalmente significa «hacer ejercicios desnudo» y se introduce al idioma español como gimnasio. El gimnasio antiguo era un lugar donde los atletas se quitaban la ropa para que nada restringiera sus movimientos físicos durante el entrenamiento. Del mismo modo, cada cristiano debe remover todo obstáculo que impida su crecimiento espiritual. Luego debe ejercitarse diligentemente en las Escrituras. Debe disciplinarse en la oración. Debe fortalecer su corazón para Dios en adoración personal y colectiva.

Segundo, obediencia comprometida. Un atleta tiene que competir de acuerdo a las reglas. Ningún participante puede inventar su propio conjunto de regulaciones. Las reglas ya están establecidas y son aplicadas por el árbitro, y romperlas resultará en una penalidad o descalificación. De manera similar, todo creyente debe vivir en obediencia a las Escrituras. Pablo escribe: «Y también el que compite como atleta, no gana el premio si no compite de acuerdo con las reglas» (2 Tim 2:5). Se requiere obediencia a los mandamientos de la Biblia para todo aquel que corre la carrera de la fe. La obediencia agrada a Dios y se apoya en Su voluntad. La obediencia es una evidencia de verdadera fe salvífica, trae seguridad de salvación y es necesaria para ser como Cristo.

Se requiere obediencia a los mandamientos de la Biblia para todo aquel que corre la carrera de la fe.

Tercero, dominio propio. Se requiere que un atleta ejercite dominio sobre su cuerpo durante su entrenamiento. Si quiere ganar, le corresponde a él limitar sus libertades. Es necesario que se abstenga de comidas poco saludables para controlar su peso. Necesita monitorear cuánto duerme para preservar su fuerza. Del mismo modo, se requiere este mismo dominio propio en la vida cristiana. Pablo escribe: «Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo» (1 Co 9:25). «Se abstiene» significa «autorrestricción, autogobierno». Como creyentes, debemos velar por lo que permitimos que entre a nuestras mentes y corazones. Debemos rehusar consumir la comida chatarra tóxica de este mundo que está envenenada con sus ideologías seculares. En cambio, debemos decidir ser «nutrido[s] con las palabras de la fe y de la buena doctrina» (1 Tim 4:6). Esto requiere de un banquete diario de cada palabra que procede de la boca de Dios (Mt 4:4).

Cuarto, arduo esfuerzo. Un atleta tiene que ejercer un esfuerzo máximo a fin de ganar su evento. Esfuerzos a medias nunca lograrán la corona. Los corredores relajados que apenas mueven los pies perderán la carrera. La corona le pertenece al que gasta cada onza de energía en su competencia. De la misma manera, Pablo dice que debemos «trabaja[r]» (1 Tim 4:10) si hemos de ganar el premio. «Nos esforzamos» (griego kopiaō) significa «esforzarse hasta el punto de agotamiento». En la búsqueda de santidad, debemos entregarnos hasta que no podamos dar más. Otra vez usando la metáfora atlética, Pablo escribe: «Sigo adelante» (Flp 3:12), empleando una palabra (griego diokō) que significa «moverse rápido y decisivamente tras un objeto». Pablo declara que él estaba corriendo tras el conocimiento de Cristo tan rápido como sus piernas espirituales lo impulsaban. La Biblia dice: «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante» (Heb 12:1). Esta «carrera» (griego agōn) era el terrible evento a larga distancia que involucraba agonía y era agonizante. Debemos gastarnos en correr la carrera de toda la vida que tenemos por delante.

Quinto, puntería estratégica. En el mundo antiguo, un boxeador entraba al cuadrilátero para pelear contra su oponente. Su objetivo era asestarle golpes directos y demoledores a su contrincante hasta que estuviera ensangrentado y acabado. Un boxeador de aquellos tiempos no podía darse el lujo de desgastarse tirando puños salvajes al aire. No tenía mucha fuerza para gastar. Cada golpe tenía que dar en el blanco. De la misma manera, el apóstol Pablo se veía como un boxeador: «Peleo, no como dando golpes al aire» (1 Co 9:26). En su vida espiritual, él no estaba haciendo boxeo de sombra y lanzando jabs al aire. El apóstol aclara: «Golpeo [O, hiero] mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado» (v. 27). «Golpeo» (griego hupopiazō) literalmente significa «herir, hacer moretones». El apóstol dice que debe golpear a su formidable enemigo hasta que sangre. Irónicamente, este oponente es su propia carne pecaminosa.

Sexto, enfoque singular. Todo atleta tiene que permanecer concentrado en la meta. Debe mantener una concentración intensa en el premio. Es este enfoque miope lo que lo impulsa con estallidos de energía renovada. Mirar hacia otros corredores o hacia el estadio hará que corra más lento y lo llevará a su derrota. De manera similar, los cristianos deben tener «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Heb 12:2). Nuestro enfoque singular debe mantenerse en Cristo, quien genera la fuerza que necesitamos para correr con resistencia. Mantener nuestra mirada fija en Cristo produce la energía que se requiere para ganar la corona incorruptible. Mientras corría su carrera de vida, Pablo escribió que él estaba «olvidando lo que queda atrás» (Flp 3:13). Él no podía ganar la corona si estaba mirando atrás a sus victorias o fracasos pasados. Él tenía que mantenerse mirando a Jesucristo.

Si has correr «de tal modo que gan[es]» el premio (1 Co 9:24), debes competir como un atleta totalmente comprometido en la vida cristiana. Se requiere sudor santificado. Pero valdrá la pena recibir la corona incorruptible del mismo Señor Jesucristo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Steven Lawson
Steven Lawson

El Dr. Steven J. Lawson es fundador y presidente de OnePassion Ministries. Es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, director del programa de doctorado en The Master’s Seminary y anfitrión del Instituto de Predicación Expositiva. Ha escrito más de dos docenas de libros.

La clave del amor radical

Soldados de Jesucristo

Abril 21/2021

Solid Joys en Español

La clave del amor radical

John Piper

John Piper

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Malos pensamientos

Miércoles 21 Abril

Consideraos muertos al pecado.Romanos 6:11

Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad.Filipenses 4:8

Malos pensamientos

¿El diablo es el que hace nacer los malos pensamientos en el creyente?

No, no es el diablo, sino la naturaleza pecaminosa que todavía está en el creyente.

El Señor Jesús dijo: “Del corazón salen los malos pensamientos” (Mateo 15:19). La fuente de nuestros malos pensamientos todavía está en nosotros. Pero el diablo tiene una gran experiencia para actuar en los hombres, pues sabe cómo despertar nuestros deseos, suscitar nuestra codicia y llevarnos a pecar. Sus ataques se centran en los flancos en los cuales somos especialmente frágiles.

El solo hecho de tener malos pensamientos debería ser la señal de alerta. Para ser librados, tengamos el reflejo de ir sencillamente a Jesús, quien venció a Satanás. Con solo clamar a Jesús, el diablo huirá. “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe” (1 Pedro 5:8-9). “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Leamos la Palabra de Dios; ella purificará nuestra conciencia, la mantendrá despierta y la hará capaz de detectar todo pensamiento impuro. La Biblia nos iluminará, alimentará nuestro espíritu con cosas buenas y nos mostrará el buen camino. Si está presente en nuestro corazón, será un arma eficaz para ahuyentar al enemigo. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti… Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:11105).

Ezequiel 43 – 2 Pedro 1 – Salmo 46:4-7 – Proverbios 14:5-6

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Acepción de personas – 5

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Santiago

5 – Acepción de personas

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es