El peligro de la falsa modestia

Nota del editor:Este es el noveno capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El orgullo y la humildad

Por Robert VanDoodewaardrobert

La falsa modestia es un pecado difícil de reconocer porque se presenta revestido de piedad. Puede introducirse en nuestras oraciones y en nuestra manera de hablar. Puede ser la razón por la que evadimos los cumplidos en lugar de simplemente dar las gracias. Puede ser la razón por la que nos sentimos tentados a hablar demasiado de nuestros sacrificios o fracasos. Tal vez la falsa modestia sea incluso un motivo para nuestro humor autocrítico. El reto es que algunos de estos patrones también podrían estar arraigados en nuestra forma de ser, la cultura o las costumbres. Sin embargo, debemos considerar si nuestros hábitos están arraigados en la humildad genuina. El peligro de la falsa modestia es que es profundamente engañosa y, en última instancia, no da gloria a Dios.

La Biblia advierte que las personas religiosas pueden construir una fachada de falsa humildad. El Señor Jesús habló de los hipócritas que ayunaban y ponían una cara triste para parecer piadosos (Mt 6:16). Expuso el orgullo de los fariseos, que pensaban que el ayuno y el diezmo eran logros dignos del favor de Dios (Lc 18:12). Estas prácticas revelaban que no estaban interesados en honrar a Dios, sino en honrarse a sí mismos. Es este tipo de falsa modestia farisaica la que conduce a varias trampas.

Primero, la falsa modestia es engañosa. Requiere emociones enmascaradas, pensamientos engañosos y una realidad tergiversada. Lleva a vivir una mentira al pretender ser más pobre, más triste, menos dotado o más sacrificado de lo que se es. Estos hábitos pueden tener cierta apariencia de religión, pero no pueden ayudar contra los apetitos de la carne (Col 2:23). Existe el peligro de que este engaño conduzca al egoísmo. Los que practican estos hábitos pueden convertirse en avaros, quizás no en lo económico, pero sí en otros aspectos de la vida. Su amor por el prójimo se atrofiará; fracasarán en compartir sus talentos. «Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5:16).

La falsa modestia es también peligrosamente orgullosa. El apóstol Pablo advierte que los que se deleitan en la falsa humildad se han «hinchado sin causa» con sus mentes carnales (Col 2:18). No nos equivoquemos; la falsa modestia está centrada en sí misma y no en Dios. Olvida que caminamos delante del rostro de Dios y que Él conoce todos los pensamientos e intenciones de nuestros corazones. Aunque este orgullo puede estar bien escondido de los demás, sigue siendo una «abominación» ante el Señor (Pr 16:5). Dios no se deja engañar por las apariencias externas.

Lo peor de todo es que la falsa modestia le roba a Dios Su gloria. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros varios dones, talentos, circunstancias y posesiones. Un cristiano fuerte debería ser capaz de disfrutar incluso de las bendiciones de la prosperidad como un regalo de Su mano. Colosenses 2:20-23 nos da una pista de que los hábitos de falsa modestia pueden conducir a una especie de gnosticismo, la antigua herejía que enseñaba que la creación es intrínsecamente mala. Si nos involucramos en la falsa modestia, en algún lugar de la raíz de ella hay un problema con nuestra teología. Deberíamos alabar a Dios por las posesiones, los cuerpos y las habilidades que nos ha dado (Sal 139:14). Como el publicano, debemos presentarnos ante el Señor como humildes pecadores. Pero eso no excluye que también nos presentemos ante Él con profunda gratitud por todos Sus dones.

Por último, la falsa modestia es un pecado complicado de discernir. Es un área particularmente peligrosa para tratar de identificar en otros cristianos. Puedes leer un artículo como este y pensar, «Conozco a una persona así; podría conducir fácilmente un Cadillac y en cambio conduce un Corolla». O «Conozco a un hombre que ora y habla de esta manera». Ten mucho cuidado con tratar de leer el corazón de los demás. Es posible que no conozcas sus razones, motivos o historias. Es genuinamente modesto evitar la jactancia o la exageración (Mt 6:2). Lo que puede parecerte una falsa modestia puede decir más sobre tu propio corazón que sobre el de ellos. La clave para combatir este pecado es caminar delante del rostro de Dios y saber que Él conoce tu corazón. Si ves este pecado en ti mismo, confiésalo ante Él y mira al Señor Jesucristo, quien se humilló hasta la muerte en la cruz (Flp 2:8). La verdadera humildad comienza en la cruz de Cristo y en la confesión de nuestra fe en Él. «Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará» (Stg 4:10).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert VanDoodewaard
El reverendo Roberto VanDoodewaard es pastor de la Iglesia Reformada Esperanza en Powassan, Ontario, Canadá.


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