Significado del texto en Mateo 24:40

CONSULTORIO BÍBLICO

Programa No. 2016-01-30
PABLO LOGACHO
Desde Perico, Jujuy, Argentina nos escribe una amiga oyente para hacernos la siguiente consulta: Por favor explíqueme el significado del texto en Mateo 24:40
DAVID LOGACHO
a1Gracias por su consulta. Para responderla es necesario tomar en cuenta tanto el contexto anterior como el contexto posterior de este versículo en particular. Así que, permítame dar lectura al pasaje bíblico que se encuentra en Mateo 24:36-44. La Biblia dice: Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

Por lo que se ve en el pasaje bíblico leído, el tema central tiene que ver con la segunda venida física del Señor Jesucristo. El día y la hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles de los cielos, sino solo el Padre. Sin embargo, la segunda venida del Señor Jesucristo estará precedida de una época muy parecida a la época inmediatamente anterior al advenimiento del diluvio en los días de Noé. Esto no se refiere mayormente a la maldad de aquella época sino principalmente a la indiferencia de aquella época. Indeferencia, ¿en qué sentido? Pues en el sentido de ocuparse de los asuntos normales, rutinarios de la vida, olvidando que la venida del juicio de Dios estaba cerca, era inminente. De la misma manera, la gente que esté en la tierra en el tiempo previo a la segunda venida del Señor Jesucristo, estarán comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, es decir en lo suyo, cumpliendo con sus deberes sociales y nada más. La gente de los tiempos de Noé reconoció demasiado tarde que habían ignorado lo más importante por haberse ocupado en lo rutinario de la vida. En el instante menos pensado vino el diluvio y se los llevó a todos. Algo parecido va a pasar con la gente que esté viva sobre la tierra cuando venga por segunda vez el Señor Jesucristo. Reconocerán demasiado tarde que han ignorado lo más importante por haberse ocupado en lo rutinario de la vida. Es en este contexto que entra Mateo 24:40. Así como la gente en la época de Noé, que no estaba preparada para la venida del diluvio pereció cuando vino el diluvio, de la mima manera, la gente de la época previa a la segunda venida del Señor Jesucristo, que no estaba preparada para la segunda venida del Señor Jesucristo, perecerá cuando venga el Señor Jesucristo. La única manera de estar preparado para la segunda venida del Señor Jesucristo, es haber recibido por la fe al Señor Jesucristo como Salvador, con el consecuente cambio en el estilo de vida. El Señor Jesucristo lo puso de una manera muy clara cuando dijo que en aquel tiempo, dos estarán en el campo, el uno será tomado, y el otro será dejado. Aquel que es tomado es el que no estaba preparado para la segunda venida del Señor Jesucristo por cuando jamás lo recibió como su Salvador. Esta persona será sacada de la tierra y recibirá el juicio debido a su pecado. Aquel que es dejado, es el que estaba preparado para la segunda venida del Señor Jesucristo, por el hecho que recibió al Señor Jesucristo como Salvador. Quedándose en la tierra podrá entrar al reino milenial de Cristo. El mismo razonamiento se sigue para las dos mujeres que estarán moliendo en un molino. La una será tomada, y la otra será dejada. El Señor Jesucristo resume su enseñanza exhortando a velar o estar alerta, estar preparado, porque no se sabe a qué hora ha de venir el Señor Jesucristo. Así como a nadie le pueden robar si está siempre alerta, a nadie le podrá sorprender la segunda venida del Señor Jesucristo porque estará siempre alerta porque se habrá preparado por medio de recibir por la fe al Señor Jesucristo.

DAVID LOGACHO
La segunda consulta nos ha llegado por Internet desde algún lugar no identificado. Dice así: Leí su artículo con respecto al sello del Espíritu Santo. Lo que entendí es que todos los creyentes somos sellados por el Espíritu Santo el momento que recibimos a Cristo como nuestro Salvador. El problema es que en la iglesia donde me congrego me han enseñado que el creyente debe buscar ser sellado por el Espíritu Santo y que cuando eso ocurre, se manifiesta en la capacidad de hablar en lenguas. Yo no he tenido esta experiencia. Le agradeceré sus comentarios sobre este asunto.
DAVID LOGACHO
Como ya lo expresamos en nuestro artículo, el cual ha sido leído por Usted, el creyente es sellado por el Espíritu Santo el instante mismo que recibe a Cristo como Salvador. Esta no es nuestra opinión personal al respecto sino lo que clara y contundentemente enseña la Biblia. Permítame citar el texto en el cual se basa esta clara enseñanza. Se encuentra en Efesios 1:11-14. La Biblia dice: En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Hablando de Cristo, el apóstol Pablo dice que en él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. Sobre esto podríamos decir tantas cosas hermosas, pero será en otro momento. Por lo pronto, bástenos saber que Dios ha derramado bendiciones espectaculares sobre todos aquellos que hemos confiado en Cristo como Salvador. Dentro de esas maravillosas bendiciones espirituales está justamente el ser sellados con el Espíritu Santo. El texto dice: En él, es decir en Cristo, también vosotros, es decir todos los creyentes, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu de la promesa. Todo lo debemos a Cristo. Sin él nada de lo que tenemos podría ser nuestro. El texto dice que nosotros, los creyentes, habiendo oído el mensaje del evangelio, o la palabra de verdad, y habiendo creído en ese mensaje, es decir, habiendo recibido a Cristo como nuestro Salvador, fuimos sellados con el Espíritu Santo. Es la ley de causa y efecto. La causa es haber oído el evangelio y haber creído en él. El efecto es ser sellados con el Espíritu Santo. ¿Cuándo ocurrió esta obra de ser sellados con el Espíritu Santo? Pues, mire como ha sido conjugado el verbo ser, en la frase que dice: fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Este verbo está en tiempo pasado, lo cual significa algo que sucedió en el momento de recibir a Cristo como Salvador. No dice sois sellados, tiempo presente, ni seréis sellados, tiempo futuro. Dice, fuisteis sellados, tiempo pasado. Esto significa entonces que todo creyente ha sido sellado con el Espíritu Santo de la promesa el instante mismo que recibió a Cristo como Salvador, porque es la presencia de Cristo en el creyente lo que garantiza entre otras muchas cosas, el ser sellado con el Espíritu Santo de la promesa. No olvide que Cristo viene a la vida de la persona el instante que la persona lo recibe como Salvador, no antes, no después. El pasaje continúa diciendo que el Espíritu Santo de la promesa es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida. El propio Espíritu de Dios viene a morar en el creyente y asegura y preserva su salvación eterna. El sello del cual habla Pablo se refiere a una marca oficial de identificación que se coloca en un documento, carta o contrato. Un documento así sellado adquiere validez y seguridad. Existen cuatro verdades fundamentales que resultan de este sello. La primera, seguridad, la segunda, autenticidad, la tercera, propiedad, y la cuarta, autoridad. El Espíritu Santo es dado por Dios al creyente como una promesa, o una garantía de su herencia futura en la gloria. Todo esto sirve de fundamento para aseverar que el creyente no debe buscar ser sellado por el Espíritu Santo porque ya ha sido sellado por Dios con el Espíritu Santo de la promesa, el momento que creyó en Cristo y lo recibió como Salvador. Tanto es así que en ninguna parte de la Biblia se exhorta o se ordena o se insinúa que un creyente debe buscar ser sellado con el Espíritu Santo. Finalizando ya, el don de lenguas fue dado no a todos los creyentes sino solamente a algunos como lo demuestran textos como 1 Corintios 12:29-30. Siendo así es de esperarse que no todos hayan tenido el don de lenguas, sin embargo, todos fueron sellados con el Espíritu Santo.

PABLO LOGACHO
¿Es cierto que cuando venga el Señor Jesucristo por segunda vez, va a ser visto por todos? ¿Cómo será posible esto? Visite nuestra página Web y en la sección PREGUNTA DEL DIA encontrará la respuesta a esta inquietud. También le invitamos a escucharnos a cualquier hora del día y en cualquier lugar del mundo. Le recuerdo nuestra dirección: triple w.labibliadice.org
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2 respuestas a “Significado del texto en Mateo 24:40

  1. Le saludo desde Durán Ecuador, es un excelente programa lo escuchaba en el díal de BBN , ahora lo encontré por éste medio, gracias por sus enseñanzas, tengo una pregunta sobre las personas que fueron tomadas para el castigo eterno, ¡las personas que se quedan !, ¿serán testigo del cambio de la tierra? , porque cielo y tierra pasará!.

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    1. QUE ALEGRÍA PODER SALUDARLA ESTIMADA HERMANA, PARA NOSOTROS ES UN PRIVILEGIO Y UNA BENDICIÓN ENVIARLE ESTE PEQUEÑO MATERIAL QUE LA AYUDARA A PODER ESCLARECER MEJOR SUS DUDAS ACERCA DE ESTE INTERESANTE TEMA.

      Mateo 24:40
      La repentina segunda venida (24:36–51)
      a. “En la hora que no pensáis” (24:36–44). Jesús aseguró que nadie sabía la hora de su venida, ni aun los ángeles, “ni el Hijo”, sino sólo mi Padre (36). Aquellos que fijan fechas para el segundo advenimiento, definitivamente ignoran las Escrituras.
      El tiempo precedente a la venida de Cristo será como en los días de Noé (37). La gente vivía normal y mundanamente ignorando a Dios (38). Pero repentinamente el diluvio (gr., kataklysmos, “cataclismo”), se los llevó a todos (39). Así, dijo Jesús, será también la venida del Hijo del Hombre (frase que se encuentra por tercera vez en este capítulo).
      Por fin, la raza humana será dividida en dos grupos—los que velan por la venida de Cristo y los que no la aguardan. Gráficamente está descrito en este pasaje el principio de separación. Estarán dos en el campo, uno será tomado, y el otro será dejado (40). Lo mismo sucederá con dos mujeres que estarán moliendo en un molino (41)—un pequeño molinillo de mano manejado por dos mujeres, como todavía puede verse en Palestina. Entonces Jesús hizo la siguiente aplicación: Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor (42). Esta es la clave del sermón de los Olivos (cf. 25:13). Velad, literalmente quiere decir, “estad bien despiertos” porque nadie sabe cuándo vendrá Cristo.
      El verso 43 contiene una breve declaración parabólica. Si el padre de familia (oikodespotes, vea: 20:1, 11) hubiera sabido que un ladrón pensaba entrar, lo habría estado esperando vigilante. Como ignoramos cuándo puede venir Jesús, debemos estar siempre preparados (44). La primera responsabilidad de todo cristiano es estar listos en cualquier momento para la venida de Cristo.

      Earle, R., Sanner, A. E., & Childers, C. L. (2010). Comentario Bíblico Beacon: Mateo hasta Lucas (Tomo 6) (p. 228). Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones.

      Mateo 24:40, 41
      Entonces dos hombres estarán en el campo; uno es tomado, uno dejado. Dos mujeres (estarán) moliendo con un molino manual; una es tomada, una dejada. Es claro que una vez llegado el día final se ha perdido para siempre toda oportunidad de ser salvo. La puerta está cerrada. Véase sobre 25:10. El Señor llega. De dos hombres que hacen la misma clase de trabajo, probablemente trabajando uno al lado del otro en el campo, uno es tomado. El es recogido por los ángeles para estar para siempre con el Señor. El otro es dejado, destinado a eterna perdición. Lo mismo ocurre en el caso de dos mujeres que en el mismo momento están moliendo con un molino manual (cf. Ex. 11:5), hecho de dos piedras planas, redondas, con un mango cerca del borde de la piedra superior. Este molino no debe ser confundido con el mucho más grande movido por un burro (véase sobre 18:16). La lección es la misma: una de las dos es tomada, la otra es dejada. Aquel que toma es el Hijo del hombre mismo a través de sus ángeles.
      La lección es clara: 42. Así que, estad alertas, porque no sabéis en que día viene vuestro Señor. Estar (constantemente) alertas o vigilantes—palabra griega de la que se deriva el nombre Gregorio (el vigilante)—significa vivir una vida santificada consciente del venidero día del juicio. Se requiere prudencia y previsión espiritual y moral; es necesaria la preparación. La persona vigilante tiene ceñidos los lomos y sus lámparas encendidas (Lc. 12:35). Es en esa condición que espera la venida del Esposo. Véase más sobre el tema de la vigilancia y sus implicaciones en C.N.T. sobre 1 y 2 Ts., pp. 145–146. Nótese que Jesús se refiere a sí mismo como “vuestro Señor”. Tan glorioso, poderoso y vestido con autoridad y majestad es él; además, tan condescendiente y tan estrechamente unido con quienes le ha placido llamar “suyos”, y quienes son leales a él. Cf. Is. 57:15. Por lo tanto, que perseveren siendo vigilantes.

      Hendriksen, W. (2007). Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo (p. 913). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

      MATEO 24:40–41 «estarán dos en el campo; uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será llevada y la otra será dejada» Muchos intentan relacionar el texto con el rapto secreto. Sin embargo, el contexto conlleva bendiciones sobre unos y juicios sobre otros en el inesperado día del retorno del Señor. No queda claro cuál será el grupo bendecido. ¿Será que «llevado» y «dejado» se refiere a Noé y su familia, quienes sobrevivieron al Diluvio, o a aquellos con quienes el Señor se encontrará en el aire (versículo 31)? Un ejemplo en el Antiguo Testamento para ilustrar quiénes son bendecidos y quiénes son juzgados, es el diluvio de Noé (v. 39). Lucas utiliza el ejemplo del Antiguo Testamento de Sodoma (Lc 17:29). ¡De hecho, el versículo 27 implica un retorno físico y visible del Señor! La única razón por la que algunos desean el rapto secreto de los creyentes es para tratar de explicar en los escritos del Nuevo Testamento la tensión dialéctica entre: (1) el retorno del Señor que será en cualquier momento, y (2) el hecho de que antes deban suceder ciertos hechos.
      Jesús dio varios ejemplos para remarcar su regreso inesperado y repentino:

      1. El diluvio de Noé (vv. 37–38).
      2. El ladrón en la noche (v. 43).
      3. El regreso del amo (vv. 45–46).
      4. El regreso del novio (vv. 25:5–6).
      5. Un probable «relámpago» en el v. 27.

      ¡La única opción para el creyente es estar preparado en todo momento! (Ver vv. 44; 25:10, 13)

      24:42 «velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene» La parábola es un paralelo de Lucas 12:39–40. El énfasis es estar listos (ver vv. 43–44) y la incertidumbre del momento (ver vv. 39, 47, 49, 50; 25:5, 13) son temas que se repiten en el capítulo. La incertidumbre del tiempo nos motiva a estar constantemente preparados, en cada generación de creyentes.

      Utley, B. (2015). El evangelio de Mateo: El Primer Manual Cristiano. (G. Ramos & P. Cabral, Eds., W. E. M. Downs, Trad.) (Mt 24:40–42). Marshall, TX: Lecciones Bíblicas Internacional.

      Mateo 24:36–51
      Algunos versículos de este pasaje se sacan muchas veces fuera de su contexto. “La venida del Hijo del Hombre” se describe frecuentemente como si fuera lo mismo que la muerte; los textos que hablan de la incertidumbre del tiempo de su venida se utilizan en epitafios, considerándose apropiados para las tumbas. Pero no hay un argumento sólido para semejante aplicación de este pasaje. La muerte es una cosa, y la venida del Hijo del Hombre es otra muy distinta; el tema de estos versículos no es la muerte, sino la Segunda Venida de Jesucristo. Recordemos esto. Es un hecho muy grave que se fuerce la Escritura y se utilice dándole un significado que no sea el auténtico.
      Lo primero que exige nuestra atención en estos versículos es la terrible descripción que nos ofrecen del estado del mundo en el tiempo en que el Señor Jesús regresará.
      El mundo no se convertirá cuando Cristo regrese; se encontrará en el mismo estado en que estaba en el día del diluvio. Cuando llegó el diluvio, los hombres estaban “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento”, absortos en sus actividades mundanas, ignorando totalmente las repetidas advertencias de Noé. No veían señales de que fuera a haber un diluvio; no creían estar en ningún peligro; pero al final el diluvio llegó, repentinamente, “y se los llevó a todos”. Todos aquellos que no estaban con Noé dentro del arca, se ahogaron: todos ellos fueron llevados de golpe a sus juicios, sin haber recibido el perdón, sin haberse convertido y sin estar preparados para su encuentro con Dios. Y nuestro Señor dice que “así será también la venida del Hijo del Hombre”.
      Fijémonos bien en este texto, y guardémoslo en nuestras mentes. Circulan muchas opiniones extrañas acerca de este asunto, aun entre creyentes. No nos engañemos pensando que todos los paganos se convertirán, y la Tierra será llena del conocimiento de Dios, antes de la llegada del Señor; no nos hagamos la ilusión de que no puede ser cierto que “el fin de todas las cosas se acerca” porque aún haya mucha impiedad tanto en la Iglesia como en el mundo. Tales ideas reciben una respuesta claramente contradictoria en el pasaje que ahora tenemos ante nosotros: los tiempos de Noé son un símbolo de los tiempos en que regresará Cristo. Entonces se descubrirá que millones de personas que profesan ser cristianas son en realidad descuidadas, incrédulas, sin Dios, sin Cristo, mundanas, y no están preparadas para encontrarse con su Juez. Asegurémonos de no ser hallados entre ellas.
      La segunda cosa que exige nuestra atención es la terrible separación que tendrá lugar cuando Cristo regrese. Leemos, dos veces, que “uno será tomado, y otro será dejado”.
      Los hombres piadosos y los impíos están ahora mismo mezclados; tanto en la congregación como en el lugar de adoración, y tanto en la ciudad como en el campo, los hijos de Dios y los hijos del mundo están todos juntos. Pero no será siempre así. El día que nuestro Señor regrese habrá por fin una división definitiva. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, se hará la separación de los dos grupos para toda la eternidad. Se separará a mujeres de sus maridos, a padres de sus hijos, a hermanos de sus hermanas, a señores de sus siervos, a predicadores de sus oyentes. Cuando el Señor aparezca, no habrá tiempo para el arrepentimiento ni para ningún cambio de opinión: todos serán tomados tal y como estén, y segarán lo que hayan sembrado. Los creyentes serán arrebatados a la gloria, la honra y la vida eterna; quienes no crean serán dejados en medio de “vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2). ¡Bienaventurados y dichosos aquellos cuyo corazón está resuelto a seguir a Cristo! No se podrá deshacer su unión jamás: durará eternamente. ¿Quién podrá describir el gozo de aquellos que serán tomados, cuando vuelva el Señor? ¿Quién podrá imaginar la desgracia de aquellos que serán dejados? ¡Ojalá pensemos en estas cosas, y “meditemos sobre nuestros caminos”!
      La última cosa que exige nuestra atención en estos versículos es el deber práctico de velar mientras se espera la Segunda Venida de Cristo. “Velad —dice nuestro Señor— porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor […] Estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”.
      Esta es una cuestión que nuestro bendito Maestro frecuentemente nos insta a considerar; rara vez le vemos hablando de la Segunda Venida sin aprovechar para ordenarnos que “velemos”. Él conoce la somnolencia de nuestra naturaleza; sabe lo rápidamente que olvidamos aun los aspectos más serios de la religión; conoce los esfuerzos incesantes de Satanás por oscurecer la gloriosa doctrina de su regreso; así que nos arma haciéndonos unas profundas exhortaciones a mantenernos despiertos, si no queremos caer en la perdición eterna. ¡Ojalá que todos tengamos oídos para oírlas!
      Los verdaderos creyentes tendrían que vivir como centinelas. El día del Señor viene como ladrón en la noche; deberían esforzarse por estar siempre alerta. Deberían comportarse como el soldado de guardia de un ejército en territorio enemigo; tienen que estar resueltos, con la ayuda de Dios, a no dormirse en sus puestos. Aquello que escribió S. Pablo merece meditarse bien: “No durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5:6).
      Los verdaderos creyentes tendrían que vivir como siervos buenos cuyo señor no está en casa. Deberían esforzarse por estar siempre preparados para el regreso de su Señor, sin permitir nunca el sentimiento: “Mi Señor tarda en venir”; deberían procurar guardar sus corazones de tal modo que, cuando Cristo aparezca, le puedan hacer en ese mismo instante un recibimiento afable y amoroso. Qué profundas son esas palabras: “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”. Bien podemos dudar que seamos verdaderos creyentes en Jesús si no estamos preparados para que, en cualquier momento, nuestra fe sea transformada en vista.
      Dejemos el capítulo sintiendo su solemnidad. Las cosas que acabamos de leer piden a gritos que examinemos a fondo nuestros corazones. Procuremos tener la seguridad de que estamos en Cristo, y que tendremos un arca de refugio cuando amanezca sobre el mundo el día de la ira; esforcémonos por vivir de tal manera que al final seamos llamados “bienaventurados”, y no se nos deseche para siempre. Por último, pero no por ello menos importante, alejemos de nuestras mentes la opinión popular de que la profecía aún no cumplida es una cuestión de conjeturas, y no una cuestión práctica. Si las cosas que hemos estado considerando no son prácticas, entonces no existe nada que pueda llamarse “religión práctica”. Con razón decía S. Juan que “todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

      Ryle, J. C. (2001). Meditaciones sobre los Evangelios: Mateo. (P. E. González, Trad.) (pp. 350–355). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.

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      GRACIA Y PAZ A SU VIDA

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