Isha – Salmos

DÍA 78 – Salmo 45
Dosis: Salvación y Santificación
Una novia resplandeciente
“Hijas de reyes están entre tus ilustres; está la reina a tu diestra con oro de Ofir.” (Salmo 45:9)
Te invito a acercarse a contemplar un cuadro hermoso. La novia se acicala para el novio. Ella ha procurado el mejor paquete de belleza, ha invertido sus ahorros y aún le parece poco. Pero de pronto descubre una caja inmensa en su casa, es un regalo enviado por el novio. La abre emocionada y encuentra el vestido más hermoso que jamás vio bordado con hilos de oro, las joyas más valiosas y una corona de piedras preciosas incrustadas en oro como un hermoso tocado. El novio la ha hecho sentir una verdadera reina.
El rey justo y amado quiere lo mejor para su nueva esposa, quiere que ese día ella esté resplandeciente. Así como Cristo quiere lo mejor para la suya que es su Iglesia. Como dice la escritura: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha.”
El oro, el metal precioso que le ha enviado tiene un valor grande y lo extrajo de la tierra de Ofir, de la Costa Oriental del Mar Rojo, en el Sur de Arabia. El oro de Ofir tuvo el renombre de ser el oro más fino en aquel entonces. Hoy, Cristo nos viste con algo más fino que el oro de Ofir para nuestra participación en las bodas del cordero. Nos adorna con el manto blanco de su propia justicia, el manto que reemplaza nuestros pecados.
No sé si captas la profundidad de esta frase: Jesús nos adorna con el manto blanco de su propia justicia, el manto que reemplaza las iniquidades y los pecados que nos cubren. ¡Esto es maravilloso! ¡Podemos vestirnos todas de blanco! Nuestros adornos espirituales se lo debemos a Jesús, quien ganó nuestra redención con su sangre preciosa. La gloria de la iglesia es espiritual, debe lucir hermosa como una novia ataviada. La belleza externa de la novia es un reflejo de su belleza interna.
Debemos leer este Salmo 45 desde el punto de vista de la cruz, advertir la invitación de desvestirnos de la vieja mujer y revestirnos de su gracia, apercibirnos de un nuevo ropaje que nos provee Cristo y su Espíritu, como anunció el profeta: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas”.
Oración: Amado Señor, gracias por salvarme y revestirme de tu justicia, ayúdame siempre a valorarla. Amén.
De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 93). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.