«Te exaltaré, mi Dios y Rey; por siempre bendeciré tu nombre» (Sal. 145:1).

«Te exaltaré, mi Dios y Rey; por siempre bendeciré tu nombre»
(Sal. 145:1).

Hay momentos en la vida donde no tenemos palabras para expresar nuestras emociones, momentos cuando tenemos sentimientos en lo más profundo de nuestro corazón que perdemos la habilidad de comunicar cómo nos sentimos. Sean alegrías o tristezas, nuestros corazones buscan y necesitan ayuda para expresarse. Donde las palabras faltan, la música nos ayuda. Victor Hugo lo explicó de esta manera: «La música expresa aquello difícil de explicar y sobre lo que es imposible guardar silencio». La fe cristiana siempre ha tenido afinidad con la música. Jonathan Edwards explicaba que «la mejor, más hermosa y perfecta forma que tenemos para expresar nuestra relación con Dios es a través de la música». El Salmo 145, obra de arte como tal, fue compuesto y diseñado para auxiliar nuestra memoria y nuestros corazones en dichos momentos.
Este salmo ha sido descrito como una joya que se destaca sobre los demás tesoros en los Salmos, ya que sirve como punto de referencia: de ahora en adelante nuestros cánticos serán aleluyas y más aleluyas. David hace hincapié en la grandeza de Dios y en la gracia que Él nos muestra al extender su mano para cuidar de nosotros y de Su creación. Hablando por experiencia, el autor nos dice que a diferencia de Dios quien puede examinar nuestros corazones y pensamientos, Su grandeza es inescrutable. Pero, no sea que busquemos excusa para abstenernos del conocimiento de Dios, David afirma que sus obras pueden ser contadas y sus hechos recordados. Spurgeon nos ayuda: «¡Qué Dios tan glorioso tenemos! ¡Cuán fácilmente satisface las necesidades de Su pueblo! Tan solo con abrir Su mano, y ya está. No debemos tener miedo de acudir a Él, como si nuestras necesidades fueran demasiado grandes para que Él las supla». Dios nos dice que Su gracia es suficiente. Aunque esta gracia nos proporciona el contexto para descubrir nuestras insuficiencias, las experiencias de debilidad, tristeza y confusión no nos separan del amor de Dios en Cristo. Más bien, nos recuerdan que Dios alcanzó lo más profundo de nuestros corazones y transformó tal abismo de corrupción por amor y misericordia. Por lo tanto, siempre tendremos razón y motivación en deleitarnos en sus obras: Su fidelidad, cuidado, amor y señorío. Este salmo provee llamados a la acción:
• Exaltaremos y bendeciremos Su nombre
• Celebraremos sus obras
• Meditaremos en sus hechos
• Proclamaremos la memoria de Su inmensa bondad
Cuando meditamos en Su palabra, postrémonos delante de Él, y al contemplar sus obras, especialmente la muerte de nuestro Señor Jesús, levantemos nuestras voces en Su presencia. Sean gratos los dichos de nuestras bocas y le meditación de nuestros corazones delante de Él.

Nada me faltará: 30 meditaciones sobre Salmos de esperanza

2020 por B&H Español


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