Con premeditación y alevosía

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Con premeditación y alevosía

Kris Lundgaard

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Cuando Genoveva le dijo a Liz que se había puesto la blusa al revés, Liz estaba mortificada. El verbo mortificar proviene de una palabra en latín que significa muerte, por lo tanto aplica en la situación de Liz, ella quería morirse. Hoy en día, rara vez usamos la palabra en otro sentido que no sea el de esta vergüenza común que sienten los adolescentes, pero hubo un tiempo en que los creyentes usaban “mortificar” y su sustantivo mortificación para referirse a nuestro deber de hacer morir el pecado (Rom 8:13Col 3:5). Si empleamos el significado original, la mortificación resulta ser una perspectiva renovada para la vida cristiana, dándonos una comprensión más profunda de lo que significa seguir a Cristo. En otras palabras, se puede pensar en cualquier práctica o deber bíblico en términos de la mortificación.

Pongamos a prueba mi teoría. Empecemos desde arriba: ¿Qué pasaría si amáramos a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas? De seguro que mientras más lo amamos, más disminuye el pecado. La segunda prueba es como la primera: ama a tu prójimo como a ti mismo y el egoísmo se desvanece. Sigamos: honra a tu padre y a tu madre y terminarás matando de hambre tu deseo de rebelarte. Pon las necesidades de una hermana antes que las tuyas y tu orgullo muere. Regocíjate en la esposa de tu juventud y calmarás el deseo de regocijarte en la esposa de tu vecino. Comparte tus bienes con un amigo en necesidad y la avaricia menguará. Debido a estas verdades es que no puedo imaginarme una vida cristiana saludable sin la mortificación, tal como no me puedo imaginar una moneda con una sola cara.

Alguien que está determinado a matar su carnalidad debe analizar todo como lo hace un asesino, estudiando los hábitos de su víctima para planificar su destrucción.

Podrías pensar: “Si no puedo evitar mortificar la carne cuando vivo fielmente, entonces, ¿por qué no solo concentrarme en la fe, la esperanza y el amor, y así dejar que la mortificación ocurra por su propia cuenta? (siendo esta una manera positiva de enfrentar el problema)”. Es cierto que si crecemos en fe, esperanza y amor, el pecado disminuye; sin embargo, Dios dice claramente que Él quiere que hagamos morir el pecado (Rom 8:13Col 3:5), un llamado que requiere atención (Rom 8:5-8). El lente de la mortificación nos permite apuntar a pecados específicos para debilitarlos, herirlos y hasta matarlos de una manera más directa. Piensa en cómo cuidas tu jardín: desyerbándolo y alimentándolo. Alimentar tu jardín representa el cultivar la fe, esperanza y el amor; mientras que desyerbar es encontrar esa mala yerba del pecado y arrancarla desde sus raíces.

Aun así, algunos consideran que la mortificación es como una cirugía opcional, como si el doctor hubiera dicho que puedes pasar tu vida entera sin hacértela aunque pudiera ser que experimentes algunas molestias. Sobre la base de esta premisa, algunos sopesan los supuestos beneficios de mortificar el pecado contra el trabajo duro y obvio que representaría, y deciden que la recompensa es demasiado pequeña. Podrían declararse “cristianos carnales”, sellar sus boletos para ir al cielo y continuar con vida a la ligera: comiendo, bebiendo y divirtiéndose.

Pero considera esto: “Si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Rom 8:13); “todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica” (1 Jn 3:3); y “ninguno que es nacido de Dios practica el pecado” (1 Jn 3:9). Esta cirugía no es electiva; ninguno que espera vivir en Dios puede rechazarla.

No me malinterpreten, no estoy diciendo que la mortificación es una manera de justificarnos a nosotros mismos. Decir eso me convertiría en un hereje, y también en un tonto. Lo que tengo en mente es más bien esto: la mortificación es algo que la vida de Dios hace en nosotros. Haber nacido de Dios nos hace criaturas nuevas viviendo vidas nuevas en el Espíritu, y un aspecto esencial de esa nueva vida es darle golpes de muerte al pecado que aún permanece. No matamos la carne para ganarnos la salvación; debemos nacer de nuevo antes de poder siquiera levantar un dedo en contra del pecado. “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne…”

Otros artículos en esta serie nos ayudarán a refinar más nuestro enfoque en la mortificación, pero comencemos echando un vistazo a nuestra lucha contra la carne para empezar a entrenar nuestras manos para la batalla.

La mortificación es exasperante. Aprendemos esto primero, y nos desconcierta tanto que puede desafiar el fundamento de nuestra esperanza. Pero escuchemos a Pablo decirnos con espíritu fraternal: “Porque lo que hago, no lo entiendo; porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago” (Rom 7:15). ¿Está Pablo aquí describiendo su vida antes o después de estar en Cristo? Estoy convencido de que está quejándose de un aguijón que perforó su corazón después de ser cristiano, no porque logra expresar perfectamente la confusión de mi alma, ni porque cada creyente que he conocido tiene la misma queja, sino porque tal irritación solo tiene sentido en aquel que ha nacido de Dios. Pablo le dijo a los de Galacia que lo que los detenía de hacer lo que querían hacer era una batalla entre su carne y el Espíritu dentro de ellos (Gál 5:17). De hecho, solo los esclavos del pecado están libres de esta batalla (Rom 6:20).

Pensamos que el pecado no debería dominarnos con tanta frecuencia porque el Espíritu reside en nosotros. Confundidos y frustrados, cuestionamos la obra de Dios en nosotros. Nuestras expectativas deben ser reajustadas a las de Pablo: así es, el pecado no tiene dominio sobre nosotros (Rom 6:14), y será completamente removido de nosotros (Rom 7:24), pero no hasta que seamos glorificados con Cristo; así que debemos continuar luchando por purificarnos hasta nuestro último día (1 Jn 3:2-3). Irónicamente, esta misma lucha nos asegura que hemos nacido de Dios.

La mortificación es intencional. Empecé diciendo contemplativa: eso implica un pensamiento profundo y suena espiritual. Pero quise sugerir la idea de asesinato, tal como en la frase “con premeditación y alevosía”. Alguien que está determinado a matar su carnalidad debe analizar todo como lo hace un asesino, estudiando los hábitos de su víctima para planificar su destrucción. Ya que nuestros corazones son engañosos (Jer 17:9), nuestra única esperanza es preparar nuestras mentes para tomar acción (1 Pe 1:13) y ser tan vigilantes contra las artimañas de la carne como lo estamos contra Satanás (1 Pe 5:8).

Tal como estudiamos las Escrituras para conocer a Dios, así mismo debemos escudriñarnos a nosotros mismos para conocer nuestro pecado. Todos tenemos diferentes grietas en nuestra armadura. Por ejemplo, nunca he sido tentado a embriagarme; mi placer por el vino se limita a la santa cena y una copa de vino tinto que tomo de vez en cuando con un amigo. Pero con los años he aprendido que cuando me siento agotado o estresado, soy un campo de minas: exploto con la más mínima provocación y le grito a mi esposa e hijos. Reconociendo esto, ahora puedo tomar la delantera a mi carne. Cuando sin razón le hablo mal a mis seres queridos, me reviso: ¿estoy cansado? ¿estoy estresado? Y cuando le presto atención al Espíritu, entonces confieso que estoy de mal humor y que necesito descansar un poco antes de poder hablar. Tales lecciones no se aprenden sin cicatrices.

La mortificación es radicalMi equipo de trabajo verifica software de fábrica antes de entrar en producción. Las fallas de fábrica son costosas, así que cuando algún error se nos escapa, investigamos para poder implementar medidas preventivas; no podemos permitirnos el mismo error dos veces. Sabemos que tenemos que encontrar la causa principal, la raíz. Si no cavamos profundamente, terminamos jugando el “Machaca-el-Topo”, martillando un topo solo para ver que aparecen tres más.

Tal mortificación puede ser el resultado de la ignorancia —no sabiendo cómo ver más allá de los síntomas para llegar a las fuentes más profundas del pecado— o de pereza espiritual. Cuando Pablo dice que “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim 6:10), él da por sentado que hay otras raíces del mal, y que una raíz puede producir diferentes males. Por ejemplo, la falta de dominio propio de un niño frente a una lata de galletitas puede convertirse en la falta de dominio propio de un hombre ante la pantalla de su computadora. Si no identificamos estas raíces, no las podemos desarraigar; y si no sacamos al pecado desde sus raíces bueno, espero que hayan leído El Principito y sepan de los árboles de baobab: “un baobab es algo de lo cual nunca, nunca podrás librarte si te ocupas de él muy tarde”.

La mortificación es colaborativaLa oración y meditación privada son esenciales, pero si fueran nuestras únicas armas contra la carne, nuestro enemigo estaría más armado que nosotros. “Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo” (Gál 6:1). Pablo no quiere decir “si alguien es atrapado con las manos en la masa”, no,  él quiere dar a entender “si alguien está atrapado, embrollado en la arena movediza del pecado”. Tarde o temprano todos nos enredamos; hay momentos en que no podemos lograr desenredarnos a menos que confesemos humildemente nuestro pecado a un hermano.

Dietrich Bonhoeffer conocía el poder de la confesión mutua y lo expuso en el libro Vida en Comunidad, desarrollando la enseñanza de Santiago 5:16. Él entendía que un hombre podía arrepentirse en privado y confesar su pecado ante Dios una y otra vez, año tras año, y nunca lograr debilitar el dominio del pecado sobre su vida. Pero que si se atrevía a sacar su pecado a la luz ante un hermano en Cristo de confianza, este pecado se secaría y moriría. Escuchar las confesiones uno del otro es una manera en la que “llevamos los unos las cargas [más pesadas] de los otros” (Gál 6:2).

Al final, Dios nos librará de este desesperante “cuerpo de muerte”  (Rom 7:24-25). Hasta entonces, por el Espíritu, libremos esta guerra —esta guerra santa intencional, radical y colaborativa— con premeditación y alevosía.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Kris Lundgaard
Kris Lundgaard

El Rev. Kris Lundgaard es un misionero de Mission to the World (Misión al Mundo), una agencia de la Iglesia Presbiteriana en América, actualmente sirve en Slovakia. Él es el autor de The Enemy Within (El enemigo que llevamos dentro).

J29 – ¿Te unirás voluntariamente a la batalla?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J29 – ¿Te unirás voluntariamente a la batalla?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/te-uniras-voluntariamente-la-batalla/

Carmen Espaillat: Hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Antes de comenzar con el programa de hoy, queremos compartirte el testimonio de Paulina. Ella nos escribe:

“Hola, mi nombre es Paulina. Y así como yo escucho el programa de Aviva Nuestros Corazones me gustaría también que otras mujeres lo escucharan. No saben cuánto me ha cambiado el escuchar sus consejos porque para mí sus consejos y el hablar de Cristo Jesús nuestro Dios han sido maravillosos, nos hacen ser mujeres verdaderas, ser libres de todos nuestros pecados, seguirlo a Él, alabarle a Él y prepararle un camino a Él para cuando venga. Así estaremos listos para luchar contra la maldad porque el diablo es como un león rugiente y anda buscando a quién devorar. Animo a todas las mujeres a escuchar el programa, se lo digo yo, que me ha cambiado.

Y ella continúa diciéndonos. Nos anima a ser mujeres verdaderas y a entregarle nuestro corazón a Jehová, dejarle nuestras cargas a Él y no permitirle al diablo que gane. Así cuando Él venga estaremos preparadas. Con todas las cosas que están sucediendo ahora debemos refugiarnos en Él escudriñando la Biblia, es el momento de entregar sus corazones al Señor pues está cerca”. Ciertamente, damos gracias a Dios por lo que Él está haciendo a través de este ministerio en nuestras mujeres de América Latina.

Aquí está Nancy:

Nancy Leigh DeMoss: La batalla es de Dios. Dios saldrá victorioso y Sus enemigos serán vencidos. Cuando el mal venga devastadoramente, Dios levantará un estandarte contra él. Su nombre, la Cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la verdad de Dios— es más poderoso que todos los carros, ideologías, filosofías, poderes, ejércitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del Señor.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer comenzamos a escuchar un mensaje que Nancy entregó durante la conferencia “Mujer Verdadera” en Forth Worth hace unos años. Nancy Leigh DeMoss nos contó la historia de Débora en Jueces 4 y 5. Vamos a unirnos a esta historia heroica. Comenzaremos revisando algo de lo que escuchamos ayer.

Nancy: Continuando en el versículo 9 dice: Entonces Débora se levantó —y me encantan esas palabras— porque muy frecuentemente tengo temor de meterme en la lucha, prefiero quedarme en un ambiente más conveniente, más cómodo, no me levanto y comienzo a involucrarme en la batalla. Me alegro que Débora se levantara. Ella sabía que era lo que Dios quería que ella hiciera y ella salió fuera de su zona de seguridad, ella se levantó y fue con Barac a Cedes y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí a Cedes y subieron con él diez mil hombres, Débora también subió con él.

Ahora, ella sabía que esto iba a ser una situación peligrosa. La batalla se encontraba lejos de donde Débora vivía. Ella pudo haberse quedado atrás, o permanecer fuera sin involucrarse con ellos, pero ella tenía que involucrarse porque Dios le hizo un llamado para su vida y ella tuvo un corazón para Dios y para Su pueblo.

Nosotras vemos en esta historia que Dios utiliza instrumentos humanos para cumplir los propósitos de Su Reino, pero no siempre usa las personas que nosotros esperamos. En este caso Dios escogió y usó medios poco convencionales para derrotar al enemigo y librar a Su pueblo.

En primer lugar Él utilizó a dos mujeres como parte del plan de la batalla: a Jael y a Débora. de una manera inesperada, esa no es la manera que nosotros hubiéramos escrito el guión y ciertamente no es la manera que se hubiera escrito en esa época.

Él también utilizó, como estamos viendo en este pasaje, soldados de infantería, 10.000 hombres de a pie. Y tú dirás: “¿Y cuál es la gran cosa ? ¿Cuál es el problema con eso?» Recuerda cómo los cananeos estaban viajando, ellos viajaban con novecientos carros de hierro. Estas eran armas de destrucción masiva, eran vehículos de guerra masivos y estos eran los carros con los que habían oprimido a los pueblos por veinte años y ¿vas a enviar soldados de a pie para la batalla?

¿Por qué Dios hace las cosas de esa manera? Para que Él reciba toda la gloria, por lo que no pueden gloriarse en la carne humana. “Oh, sí, un gran general del ejército que nos llevó a la batalla y teníamos todas esas armas grandes”. De ninguna manera. Sabemos cuando leemos esta historia ahora, que solo podemos decir que Dios es el Conquistador. Dios es el único que obtiene la victoria. Él elige y utiliza vasos frágiles, que están listos para ser utilizados.

Ahora, el patrón normal de Dios como tú lo puedes ver mediante las Escrituras, es que los hombres sean llamados y levantados para ser los líderes principales, protectores y proveedores para el pueblo de Dios. Y no podemos tomar el tiempo ahora para ir a todos los pasajes de la Escritura en donde se nos ilustra esto. Y no me malinterpreten, aquellas que están citándome en las redes sociales, ya que podría tener problemas. Pero, la norma de Dios es que el liderazgo principal, la protección y la provisión para Su pueblo viene de los hombres.

Sin embargo, en el periodo de los jueces había una falta de liderazgo masculino. Los hombres estaban asustados. Ellos estaban pasivos. Eran inactivos. Y veo en Débora un modelo de mujer completamente femenino y que fue llamada y fue utilizada por Dios para ayudar a promover y para incrementar un liderazgo masculino en la nación . Y tal vez se preguntarán ¿cómo sabes esto? ¿Te lo estás inventando?

De hecho, Débora ha llegado a ser algo como un ícono para aquellos que mantienen una teología igualitaria de los roles tanto de hombres como de mujeres. pero me gustaría rescatar a Débora e ir nuevamente con ella para que pueda mostrarte e ilustrar una visión complementaria del hombre y la mujer. Primero que todo, no hay evidencia de que ella misma quisiera o aspirara liderar la nación. Su corazón estaba en servir.

Y si vamos al capítulo 5, al versículo 7, ustedes verán la percepción de Débora misma tenía de su rol, su corazón .

«Quedaron abandonadas las aldeasen Israel;

quedaron abandonadas hasta que yo, Débora, me levanté.

¡Me levanté como (qué?)como una madre en Israel!» (versículo 7)

Ahora, hay muchas otras cosas que ella podría decir. “Me levanté como una profetisa”. “Me levanté como juez”. “Me levanté como una guerrera”. “Me levanté como una estratega”. “Me levanté como alguien que se hizo cargo de la nación pues ninguno de los hombres tuvo el coraje o las agallas para hacer algo para continuar”. Nada de eso.

¿Cómo se veía a ella misma? Como una madre. Esto es una referencia al instinto de protección de crianza. Esto es lo que le dio a ella el coraje para ir hacia la batalla –un corazón de madre. Amigas, no tienen que tener hijos biológicos para tener el corazón de una madre. Dios ha puesto en mí como mujer soltera sin hijos biológicos propios, un corazón de madre por el pueblo de Dios. Dios también puede poner ese corazón en ti. Eso fue lo que la motivó a ella. Ella no se dejó llevar por el deseo de poder, ni de control, tampoco de posición, de reconocimiento, ella estaba motivada como una madre en Israel.

El pastor John Piper ha escrito un material precioso sobre la masculinidad y la feminidad bíblica.

Hay un recurso del pastor John Piper titulado ¿Cuál es la diferencia? Y está disponible en inglés y es una de las referencias más útiles que he leído acerca de las diferencias entre hombres y mujeres, bíblicamente hablando. El pastor habla de lo que significa ser una mujer verdadera. Él dice:

“En el corazón de una feminidad madura hay una disposición o inclinación liberadora…” Es una disposición liberadora. No es para ponernos en prisión. Es liberadora. “Es una inclinación para afirmar, para recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos, en formas que son apropiadas para las diferentes relaciones de una mujer”.

Esto es feminidad madura—“esa disposición e inclinación para afirmar, recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos en formas que son apropiadas en nuestras diferentes relaciones”. Tu comportamiento es diferente con tu esposo, con tu jefe o con un colega de trabajo o con un hermano. Diferentes relaciones, diferentes formas que son apropiadas, pero Él dice que es una inclinación liberadora para nosotras como mujeres.

Pienso que Débora ilustra esto de una forma preciosa. Ella actuó de esa forma para afirmar y levantar el liderazgo masculino. Ella no le ordenó a Barac ni le dijo qué hacer. Ella simplemente entregó un mensaje del Señor. Capítulo 4:6, “Esto ha ordenado el Dios de Israel”. Ella estimuló el liderazgo en Barac, sin resaltar lo que ella estaba tratando de lograr. “Sí, nosotras las mujeres vamos a ayudar a los hombres a ser más hombres». No, nada de esta actitud y me encanta esto de ella. Ella le proveyó una oportunidad a Barac de llevar a cabo o cumplir el llamado de Dios como líder, protector y defensor.

La vemos en un rol de ayuda sensible. Ella está acompañando a Barac voluntariamente a la batalla, ante su iniciativa y la solicitud de él. No es una mujer que está tomando las riendas. El capítulo 4:9 dice: “Ciertamente iré contigo” ante la iniciativa de Barac. Ella estaba maravillada al ver un hombre levantado y tomando el liderazgo— así como nuestros corazones son animados al ver que Dios levanta hombres a orar, predicar, y liderar nuestras iglesias y nuestros hogares. Queremos estar agradecidas por esto, deleitarnos y animarnos por ello.

Miremos el versículo 2 del capítulo 5 en el himno de Débora, “¡Por haberse puesto al frente los jefes en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, bendecid al SEÑOR!” Ella estaba agradecida por esto. Miremos el vers. 5:9. “Mi corazón está con los jefes de Israel, los voluntarios entre el pueblo”. ¡Bendecid al Señor! Ella afirma el liderazgo masculino.

Así pues vemos en Débora una mujer de fe y una mujer valiente. El legado de su vida es que mediante su influencia y su valor, los hombres de aquellos días llegaron a ser hombres que fueron hacia adelante, con intensidad, aceptando la responsabilidad, para pelear contra el mal y defender a sus esposas y a sus hijos. Esto es, amigas, no el poder del control, sino el poder que tenemos de influenciar como mujeres.

Veo en esta mujer un corazón humilde, hay humildad. Es como la gracia principal y la antítesis es el orgullo— la raíz principal de todo pecado es el orgullo. Pero veo aquí un corazón humilde; una mujer que no está buscando obtener el crédito o ser la heroína de la historia. De hecho, si tú estuviste anoche durante el tiempo de oración , escuchaste a una niña de 9 años llamada Abby, citar para nosotros los últimos versículo de Hebreos capítulo 11. Ella se sentó durante toda la conferencia y tomó notas de cada predicador. Ella llenó todas las páginas con notas y dejó una para esta mañana. (Y necesito seguir porque ella probablemente no tendrá más espacio). Pero ella citó para nosotros los últimos versículos el gran salón de la fe de Hebreos capítulo 11.

Y en este pasaje hay catorce hombres del Antiguo Testamento y son nombradas dos mujeres del Antiguo Testamento. ¿Recuerdas quiénes son? Sarah y Rahab. Ninguna Débora en esa lista. Ella no es nombrada. Pero escuchen esto, Hebreos 11:32

«¿Y qué más diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia».

¿Cómo Barac logró estar en la lista y Débora no? A Débora no se le nombra, pero sí a Barac como un hombre de gran fe. Ciertamente no comenzó de esta manera. Débora vivió en una era donde los hombres fueron pasivos y temerosos, negándose a tomar el rol que les correspondía. Débora tuvo la fe para los inicios y al final la fe de Barac fue la que fue reconocida en Hebreos 11.

¿Saben qué? Creo que esto le habría agradado a Débora. Creo que le habría hecho feliz porque ella estaba cumpliendo su rol creado por Dios como ayuda idónea. Cuando Barac fue reconocido al final como un gran hombre de fe, ¿no crees que ella dijo, “Sí, Señor gracias por haber levantado a este hombre y haberle dado valentía y fe.

Y recuerda, en los libros del cielo, el nombre de Débora está allí, y tu nombre puede estar allí junto con el de hombres a los que Dios ha influenciado a través de tu vida para hacer grandes hazañas, en el capítulo 4, verso 12, tenemos una descripción de la batalla.

«Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro (para que no olvidemos lo fuerte que era el enemigo), y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goim hasta el torrente Cisón. Entonces Débora dijo a Barac: ¡Levántate!, porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el Señor ha salido delante de ti. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres». (vv. 12-14).

Ahora, Barac está en una situación peligrosa que atenta contra su vida y ¿qué hace Débora? Ella viene a su pedido y anima a este hombre con las promesas de Dios. Sabemos el final de la historia pero todo lo que Barac sabe es que aquellos 900 carruajes acabarán con los 10.000 hombres de a pie. Pero él se armó con las promesas de Dios. ¿Y dónde escuchó él estas promesas? De los labios de una mujer de fe. Ella lo animó con las promesas de Dios y lo inspiró a continuar en la fe.

Amigas, las palabras de una mujer pueden inspirar valentía y fe en los hombres a su alrededor, en esposos e hijos, en pastores y en otros. Así que dejemos de hablar de hombres pasivos y hombres que no saldrán a escena. Seamos mujeres valientes, mujeres de fe, humildes y hablemos palabras que edifiquen en lugar de derribar.

Y déjame hacerte esta pregunta. ¿Viste el video de Kim compartiendo con transparencia de su propia vida, cómo ella, poquito a poco, erosionó la hombría de su esposo hasta que este hombre que había sido hombre valiente simplemente se anuló?

¿Cuántas de nosotras como mujeres con nuestras palabras destruimos la valentía, la fe y la masculinidad de los hombres nuestro alrededor ? ¿Podemos poner un fin a esto y comenzar a hablar palabras de ánimo, palabras de fe? Y quizás tú piensas: “Es que mi esposo no es un guerrero”. ¿Crees que Dios puede hacer de él un guerrero y podría inyectar fe en su corazón? Quizás me dices “Tú no sabes, es que él es un desastre”. ¿Crees que Dios puede redimir desastres? Dios nos ha redimido a nosotras, Él nos está redimiendo.

Y por cierto hay mucha necesidad de redención. Algunos de estos hombres son tan pacientes con nosotras, mujeres controladoras, conspiradoras y manipuladoras, siempre teniendo una mejor idea. Dios ten misericordia de estos hombres viviendo con algunas de nosotras, quienes a veces somos fierecillas. Aquí está la mujer que es el modelo de valentía y cómo sus palabras inspiraron valentía en lugar de desánimo. Miremos el versículo 15:

«Y el Señor derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo suejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie. Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno.» (vv. 15-16)

¿Quién es el héroe, el campeón de esta historia? No es Débora. No es Barac. ¿Quién es? ¿Quién derrotó a Sísara y todos sus carruajes? Fue Dios. ¿Quién sometió a Jabín el rey de Canaán frente a la gente de Israel en el v.23? El Señor lo hizo. Dios será el victorioso y sus enemigos serán derrotados.

Cuando el enemigo venga como una ola de maldad, Dios se levantará un estandarte en contra de él. El nombre, la cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la Verdad de Dios —es más poderosa que todos los carros, ideologías, filosofías, poderes, ejércitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del Señor.

Y podemos mirar algo maravilloso en este pasaje. Podemos ver en la vida como Dios usa seres humanos para la batalla. Él utilizó a Barac. Los soldados israelitas pelearon muy duro, pero Dios también intervino con algo sobrenatural y divino para ganar la batalla. Mira el versículo 20 del capítulo 5, tal vez nunca antes has mirado detenidamente esos versículos.

«Desde los cielos las estrellas pelearon, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. El torrente Cisón los barrió, el antiguo torrente, el torrente Cisón.»

¿Qué quiere decir todo esto? Mientras estudias este pasaje, parece que Dios envió en medio de esta batalla una tormenta violenta. Rayos, lluvia torrencial, granizo. Y el río Cisón, que normalmente era un arroyo muy pequeño, se desbordó. ¿Y qué fue lo que sucedió con las ruedas de esos carros cananeos que ellos pensaban que era lo mejor que tenían? Se quedaron varados en el lodo de la inundación. Y el enemigo se llenó de pánico y de confusión, y los hombres que estaban en esos carros trataron de huir a pie para escapar de la ira de Jehová Dios y de Su ejército.

Lo mejor de esta historia es que Baal, que era el dios cananeo, era el dios de las tormentas, al menos eso era lo que pensaban. En este momento Jehová Dios demostró ser supremo en Su poder sobre las tormentas, sobre Baal y sobre todos los dioses falsos. Señoras, no hay límite para los recursos de Dios y Su poder. Entrégate, tan débil como eres, a Su disposición y Él moverá el cielo y tierra si es necesario para defenderte y glorificarse a sí mismo. No subestimes el poder, ni la grandeza ni la gracia de Dios.

Ahora al ver esta historia desenvolverse, vemos que hubo algunos israelitas que voluntariamente se unieron a la batalla. Pero hubo otros que se quedaron en casa y rehusaron involucrarse. Los participantes, los voluntarios, fueron premiados y bendecidos por involucrarse voluntariamente.

Mira lo que dice el versículo 11 del capítulo 5 “Entonces el pueblo del Señor descendió a las puertas”.

Versículos 14-15, “De Efraín descendieron los radicados en Amalec, en pos de ti, Benjamín, con tus pueblos; de Maquir descendieron jefes, y de Zabulón los que manejan vara de mando.v.15 Los príncipes de Isacar estaban con Débora; como Isacar, así también Barac; al valle se apresuraron pisándole los talones”.

Verso 18: «Zabulón era pueblo que despreció su vida hasta la muerte. Y también Neftalí, en las alturas del campo».

Estas fueron las tribus que se involucraron en la batalla. Pero hubo otros que se negaron a involucrarse aunque vivían cerca, y estos fueron amonestados.

Continúa leyendo en el capítulo 5:15, “Entre las divisiones de Rubén había grandes resoluciones de corazón”. Ellos se sentaron y pensaron en esto.

Versículo 16, “¿Por qué te sentaste entre los rediles, escuchando los toques de flauta para los rebaños? Entre las divisiones de Rubén había gran escudriñamiento de corazón”. Ellos pensaron en eso, pero no hicieron nada. Optaron por sentarse y dejaron a sus hermanos ir al peligro de la batalla y pelearla.

Mira el versículo 17. “Galaad se quedó al otro lado del Jordán. ¿Y por qué se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar, y se quedó junto a sus puertos”.

Versículo 23 del capítulo 5 “Maldecid a Meroz”, —muchos comentaristas creen que fue una ciudad en Neftalí, cerca de la batalla. “Maldecid a Meroz”, dijo el ángel del Señor, “maldecid, maldecid a sus moradores; porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra los guerreros”.

En su comentario, Phillips Brooks dice, “Meroz es el ejemplo del bueno para nada. Esta dispuesto a ver a otras personas luchar en las batallas de la vida mientras él viene y toma el botín”. El comentarista Matthew Henry dice, “ Muchos no hacen su deber por miedo a involucrarse en problemas, por aman estar tranquilos, y tienen un afecto exagerado por los negocios mundanos”.

Y esto ha sido un reto para mí, ya que Dios me ha llamado a la batalla todos estos años y a veces he tenido mucho miedo, he querido permanecer atrás, muy lejos del problema. Se me ha recordado que el miedo a tener problemas, el amor a la tranquilidad y un amor por los negocios de este mundo, me mantienen fuera de la batalla.

Amigas, Dios no necesitó esas tribus para darles la victoria. Él lo hizo sin ayuda. Él tiene estrellas, truenos y tormentas y todo eso a Su disposición, pero el problema es que estas personas perdieron la oportunidad de alinearse con Dios. Dieron excusas para no involucrarse y sufrieron la deshonra porque eligieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita, Dios no te necesita. y no me necesita a mí. Los propósitos del Reino se cumplirán en este mundo con o sin nosotras. Pero Él nos ha dado una oportunidad increíble en nuestra generación para unirnos con Él en lo que Él está haciendo en este mundo. En la batalla entre el bien y el mal, hay una oportunidad de pararnos firmes con Él y Su pueblo, y arriesgar nuestra seguridad y, si es necesario, nuestras vidas para involucrarnos.

¿Vas a ser de las que se unen a la batalla o te vas a sentar fuera de la batalla para estar más segura?

Carmen: Esas son preguntas comprometedoras de Nancy Leigh DeMoss. Escuchamos parte de lo que ella habló en la conferencia Mujer Verdadera. Esta fue en Forth Worth, Texas. La que escuchamos se llama “Una mujer verdadera se une a la batalla”.

Mañana vamos a escuchar el final de la historia de Débora. Nancy compartirá sus luchas para abrazar por completo el llamado de Dios en su vida.

Nancy : Me he cansado de nadar en contra de la corriente. He querido volver a donde es seguro para tener una vida normal. Pero Dios tiene Su mano y Su llamado en mi vida. Él ha puesto hombres y mujeres maravillosos a mí alrededor que han tenido el coraje cuando yo no lo he tenido. Mi vida no me pertenece, está atada a Cristo quien es el autor y el consumador de la fe. He aprendido en mis debilidades que no hay lugar más seguro que estar con Él en medio de la batalla.

Carmen: Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique otra cosa.

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¿Desconectarse? (1)

Martes 6 Octubre


Di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo…


Eclesiastés 1:13


¿Desconectarse? (1)


«Nací en Francia en 1941; mis padres eran ateos. Crecí sin ninguna enseñanza religiosa. Sin embargo, mi hermano y yo nos hacíamos muchas preguntas sobre el sentido de la vida. Durante nuestros estudios, mi hermano me prestó unos libros sobre el hinduismo y el budismo. La vida de Buda me fascinaba; yo deseaba ardientemente esa liberación interior que él parecía haber obtenido. También leía muchos libros esotéricos, trataba de practicar la meditación, la respiración alterna… En fin, hacía una mezcla de diversas cosas y ninguna me satisfacía a largo plazo…

Me casé y tuve dos hijos. Tenía todo para ser feliz, pero a pesar de ello estaba cada vez más desesperado en mi búsqueda espiritual. Había que desconectarse, pero la desconexión, ¿no es lo contrario a la vida, un camino de muerte? Hoy comprendo por qué en esa época pensaba en suicidarme. La desconexión en realidad solo provocaba en mí el deseo de muerte, que me invadía cada vez más.

¡Jesús me sacó de lo profundo de ese foso! Hacía dos años que mi hermano me escribía desde Grenoble, para decirme que había encontrado a Cristo, a raíz del testimonio de uno de sus compañeros. Pero yo no quería oír hablar del cristianismo; despreciaba a Jesús. Sin embargo, poco a poco una luz de esperanza nació en mí. ¿Y si mi hermano tenía razón? De todas formas no tenía nada que perder y, por qué no, algo que ganar».

Christian C. (mañana continuará)
Deuteronomio 1:19-46 – Juan 1:29-51 – Salmo 111:6-10 – Proverbios 24:23-26
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

37 – La fe viene por el oír | Romanos 10:14-21

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

37 – La fe viene por el oír | Romanos 10:14-21

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

Por qué no debes casarte con un inconverso

Coalición por el Evangelio

Por qué no debes casarte con un inconverso

KATHY KELLER

En el transcurso de nuestro ministerio la cuestión más común que Tim y yo hemos enfrentado es la de matrimonios —ya sean actuales o propuestos— entre cristianos y no cristianos.

Muchas veces he pensado lo simple que sería si pudiera alejarme de la conversación e invitar a los que ya están casados ​​con incrédulos a hablarle a los solteros que están tratando desesperadamente de encontrar un resquicio legal que les permita casarse con alguien que no comparte su fe. Así podría pasar por encima todos los pasajes de la Biblia que instan a los solteros a solo “casarse en el Señor” (1 Co. 07:39) y a “no ser yugo desigual” (2 Co. 6:14) y las proscripciones del Antiguo Testamento contra casarse con extranjeros que adoren a un dios que no sea el Dios de Israel (vea Números 12 donde Moisés se casa con una mujer de otra raza, pero de la misma fe). Puedes encontrar pasajes de este tipo en abundancia, pero cuando alguien ya le ha permitido a su corazón comprometerse con una persona fuera de la fe, me parece que la Biblia ya ha sido devaluada como la regla no negociable de fe y práctica. En cambio, variantes de la pregunta que la serpiente le hizo a Eva, “¿Realmente dijo eso Dios?” flotan, como si de alguna manera esta pareja pudiera ser elegible para una exención, teniendo en cuenta lo mucho que se aman, como se apoyan y el no creyente entiende la fe del cristiano, como son almas gemelas a pesar de la ausencia de un real compartir de la fe espiritual.

Sintiéndome cansada e impaciente, quisiera decirles: “No va a funcionar, no a largo plazo. El matrimonio ya es bastante difícil cuando tienes dos creyentes que están en completa armonía espiritual. ¡Solo ahórrense el dolor y supérenlo!”. Sin embargo, tal dureza no está ni en línea con la paciencia de Cristo, ni es convincente.

Más tristes y más sabios
Si tan sólo pudiera confrontar a esas mujeres ahora más tristes y sabias, y a los hombres que se han encontrado en matrimonios desiguales (ya sea por su propia estupidez o porque una persona encontró a Cristo después de que ya se habían casado) con los solteros alegremente optimistas que están convencidos de que su pasión y compromiso superarán todos los obstáculos. Solo diez minutos de conversación —un minuto si la persona es realmente sucinta— serían suficientes.

En las palabras de una mujer que estaba casada con un hombre suficientemente bueno que no compartía su fe: “Si usted piensa que está sola antes de casarse, no es nada en comparación con lo sola que puede sentirse DESPUÉS de estar casada!”. Sinceramente, el único enfoque pastoral eficaz podría ser: encontrar a un hombre o una mujer que esté dispuesto a hablar honestamente acerca de las dificultades de la situación e invitarlos a un ministerio de consejería con los que están a punto de cometer el gran error de formar una pareja desigual. Como alternativa, sería interesante que algún cineasta creativo estuviera dispuesto a recorrer todo el país, filmando a personas que viven con el terrible dolor de estar casado con un no creyente, y crear unos 40 o 50 vídeos cortos (menores de 5 minutos) de testimonios de primera mano. El peso colectivo de sus historias sería de mayor alcance en todo sentido que lo que jamás sería cualquier conferencia de segunda mano.

Tres resultados verdaderos
Sin embargo, un matrimonio desigual puede tener solamente tres resultados, (y por desigual estoy dispuesta a estirar mi punto de vista a incluir al cristiano genuino y comprometido que quiere casarse con un cristiano nominal, o alguien muy, muy lejos en cuanto al crecimiento y la experiencia cristiana):

  1. Con el fin de estar más en sintonía con su cónyuge, el cristiano tendrá que empujar a Cristo a los márgenes de su vida. Esto no necesariamente implicaría repudiar la fe, pero en cuestiones tales como la vida devocional, la hospitalidad a los creyentes (reuniones de grupos pequeños, alojamiento de emergencia de las personas necesitadas), el apoyo misionero, el diezmo, criar a los niños en la fe, la comunión con otros creyentes, aquellas cosas tendrán que ser minimizadas o evitadas con el fin de preservar la paz en el hogar.
  2. Alternativamente, si el creyente se aferra a la vida y la práctica cristiana sólida, su compañero(a) no creyente tendrá que ser marginado(a). Si él o ella no puede entender el asunto del estudio de la Biblia y la oración, o de los viajes misioneros, o de la hospitalidad, entonces él o ella no podrá o no participará junto con su cónyuge creyente en esas actividades. La profunda unidad y comunión de un matrimonio no puede florecer cuando una pareja no puede participar plenamente en los compromisos más importantes de la otra persona.
  3. Así que, o el matrimonio experimentará estrés y se romperá; o experimentará estrés y permanecerá unida, logrando una especie de tregua que implica un cónyuge u otro capitulando en algunas áreas, pero haciendo que ambas partes se sientan solas e infelices.

¿Se parece esto al tipo de matrimonio que quieres? Estar con alguien que estrangule su crecimiento en Cristo o que estrangule su desarrollo como pareja o las dos cosas a la vez?

Piensa nuevamente en 2 Corintios 6:14, donde habla acerca de ser un “yugo desigual”. La mayoría de nosotros ya no vivimos en ambientes rurales, pero trata de visualizar lo que sucedería si un agricultor uniera en yugo desigual, por ejemplo, a un buey y un asno. El yugo de madera pesada, diseñado para aprovechar la fuerza del equipo, estaría torcida, ya que los animales son de diferentes alturas, pesos, caminan a diferentes velocidades y con diferentes ritmos.

El yugo, en lugar de aprovechar el poder del equipo para completar la tarea, solo rozaría y heriría a ambos animales, ya que la carga se distribuiría de manera desigual. Un matrimonio desigual no es solo imprudente para el cristiano, también es injusto para el no cristiano, y va a terminar siendo una carga para los dos.

Nuestra experiencia
Les seré honesta, uno de nuestros hijos empezó a pasar el tiempo hace unos años con una mujer laica de origen judío. Él nos oyó hablar de las penas (y desobediencia) de estar casado con un no cristiano por años, así que sabía que no era una opción (algo que le recordamos bastante). Sin embargo, su amistad creció y se convirtió en algo más. A su favor, nuestro hijo le dijo: “No podemos casarnos a menos de que seas cristiana y no puedes hacerte cristiana solo para casarte conmigo. Voy a sentarme junto a ti en la iglesia, pero si en serio deseas explorar la fe cristiana tendrás que hacerlo por tu cuenta, encontrar tu propio pequeño grupo, leer libros, hablar con otras personas además de mí”.

Afortunadamente, ella es una mujer de gran integridad y carácter y decidió por sí misma explorar las verdades de la Biblia. A medida que se acercaba a la fe salvadora, a nuestra sorpresa, ¡nuestro hijo comenzó a crecer en su fe con el fin de mantenerse al día con ella! Ella me dijo un día: “Su hijo no debería haber salido conmigo nunca”. Ella vino a la fe, y fue bautizada. La semana siguiente el le propuso matrimonio, y han estado casados ​​por dos años y medio, creciendo, ambos unidos tanto en las dificultades como en un arrepentimiento genuino. Nosotros les amamos y estamos muy agradecidos de que ella esté tanto en nuestra familia como también en el cuerpo de Cristo.

Solo menciono la historia personal debido a que muchos de nuestros amigos en el ministerio han visto diferentes resultados en hijos que se casan fuera de la fe.

La lección para mí es que esto puede ocurrir incluso en casas pastorales, donde las cosas de Dios son enseñadas y discutidas, y donde los niños tienen una buena ventana a ver a sus padres aconsejar a los matrimonios rotos y que no siempre tienen un final feliz. Si esto ocurre en familias de líderes cristianos, ¿que se puede esperar de las familias en el rebaño? Necesitamos escuchar las voces de hombres y mujeres envueltos en matrimonios desiguales y conocer su dolor porqué esta no es solo una decisión basada en la desobediencia, sino también en la imprudencia.

Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Jesús Eddy Garcia.


Kathy Keller sirve como ayudante de dirección de comunicaciones en la Iglesia Presbiteriana Redentor en la ciudad de Nueva York. Es co-autor junto a su esposo, Tim, de El significado del matrimonio.

66 – «La Libertad Cristiana»

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

66 – «La Libertad Cristiana»

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

Libres para morir

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Libres para morir

Joseph A. Pipa Jr.

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie «La mortificación del pecado«, publicada por la Tabletalk Magazine.

La unión del creyente con Cristo Jesús es primordial en la práctica de la mortificación. En Romanos 6:1-13 específicamente, Pablo muestra la relación entre nuestra unión con Cristo y nuestro deber de hacer morir la carne. En Romanos 6, el apóstol refuta la idea de que la justificación promueve el pecado. Él enseña que la obra de Cristo en la cruz, la cual es la base de la justificación, también es la base para la santificación.

Pablo basa su argumento en la unión del creyente con la muerte y resurrección de Cristo. Él dice: “Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de Su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de Su resurrección” (Rom 6:5).

Cuando te encuentras frente a la tentación, cuando la lujuria se levanta en tu interior para atacarte, considérate muerto al pecado.

La Biblia establece esta unión de dos maneras: el creyente está unido a Cristo a través de un pacto y a través de su conversión. En primer lugar, el creyente está unido a Cristo por medio de un pacto. En 1 Corintios 15:21-22, Pablo establece que toda la humanidad fue llevada al pecado y a la condenación porque estaba en pacto con Adán. De manera similar, todos los elegidos son salvos porque están en unión con el Señor Jesucristo.

Cuando Cristo vino al mundo, Él obedeció la ley de Dios perfectamente y ofreció Su vida sin pecado como sacrificio por los pecados de Su pueblo. Debido a que Cristo es la Cabeza federal de Su pueblo, actuó por todos Sus elegidos, y ellos actuaron en Él. Cuando Él obedeció, ellos obedecieron; cuando Él murió, ellos murieron; cuando Él resucitó de entre los muertos, ellos resucitaron también. De este modo, la culpa de sus pecados le fue imputada a Él mientras colgaba en la cruz, saciando así la ira de Dios; y en consecuencia, sus pecados les son perdonados (Rom 3:24-26). Además, ya que Cristo obedeció perfectamente la Ley, Su obediencia perfecta les es imputada, y Dios los declara justos (Rom 6:72 Co 5:21). Este perdón e imputación de Su justicia es la justificación del creyente.

En segundo lugar, el creyente está unido a Cristo por su conversión. Lo que Cristo hizo por nosotros legalmente, mientras estuvo en la tierra, llega a ser nuestro personalmente cuando nacemos de nuevo, nos arrepentimos y creemos en Él (conversión). Cuando nos convertimos somos injertados en Cristo personalmente ya que Su Santo Espíritu mora en nosotros. Esta unión personal con Cristo es la base de nuestra santificación.

En cuanto a la santificación, dos cosas ocurren en el momento de nuestra conversión. Primero, debido a nuestra unión con Cristo, cuando nacemos de nuevo, el viejo hombre muere (Rom 6:6). En la conversión, la muerte de Cristo es aplicada a nosotros, provocando así la muerte de nuestra naturaleza pecaminosa, por lo tanto, estamos muertos al pecado. Aunque Dios en Su providencia ha dejado un remanente de pecado en nosotros y debemos luchar para matarlo (mortificación), nuestra unión con Cristo en Su muerte garantiza la victoria en esta lucha.

Segundo, cuando nacemos de nuevo, somos librados del poder del pecado. Pablo dice que el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos es el mismo poder que nos regenera y que está obrando continuamente en nosotros (Rom 6:8-9Ef 1:18-20). Así que, vivimos por el poder de Su resurrección (Gál 2:20); y por lo tanto, nuestra unión con Cristo certifica que la obra de la mortificación no fallará.

¿Cómo, pues, utilizamos la realidad de nuestra unión en la muerte y resurrección de Cristo para luchar contra el pecado? Primero, Pablo nos llama a practicar el deber del pensamiento espiritual  positivo (Rom 6:11). La doctrina sobre el poder del pensamiento positivo es errónea, pero hay poder en el pensamiento espiritual. Pablo nos exhorta a pensar espiritualmente sobre nuestra unión con Cristo y considerarnos muertos al pecado.

Cuando te encuentras frente a la tentación, cuando la lujuria se levanta en tu interior para atacarte, considérate muerto al pecado. Cuando te lamentas por tu falta de amor a Dios y falta de crecimiento en Su gracia, debes recordarte que vives una nueva vida en Cristo y que por Él puedes crecer en santidad. Desarrolla el poder del pensamiento espiritual.

Segundo, practica el deber del enlistamiento espiritual. Pablo utiliza un concepto militar en los versículos 12-13. Como el pecado ya no es nuestro amo, no debemos permitirle gobernar nuestros cuerpos para obedecer sus lujurias. Él usa el término cuerpo porque las perversidades del pecado en el alma normalmente se manifiestan en los apetitos del cuerpo, y así el cuerpo se convierte en un instrumento del pecado: nuestros ojos, lengua, manos y pies.

Pablo dice: deja de enlistar a los miembros de tu cuerpo para servir al pecado; más bien, ofrécete a Dios como uno que ha resucitado de entre los muertos y que le pertenece. La mortificación es el resultado de nuestra consagración a Dios. 

Tercero, haz uso de tu bautismo. Debido a la unión con Cristo, el bautismo es una herramienta dada por Dios para ayudarnos a mortificar el pecado. En los versículos 3-4, Pablo usa el bautismo para comprobar que no debemos continuar en el pecado.

El Catecismo Mayor de Westminster (#167) da respuesta a la pregunta “¿Cómo debemos aprovechar nuestro bautismo?”  con lo siguiente:

“El deber muy indispensable (pero muy olvidado) de aprovechar nuestro bautismo debemos cumplirlo a lo largo de toda nuestra vida, especialmente en tiempos de tentación, y cuando estemos presentes en el bautismo de otros; por medio de una consideración seria y agradecida acerca de su naturaleza y los propósitos por los cuales Cristo lo instituyó, los privilegios y beneficios que por consiguiente confiere y sella, y de nuestro voto solemne que en ello hemos hecho. Mediante el humillarnos por nuestra suciedad pecaminosa, por estar lejos de y caminar contrario a la gracia del bautismo y nuestros compromisos; mediante el crecimiento hacia la seguridad del perdón del pecado, y en todas las demás bendiciones con las cuales hemos sido sellados en el bautismo; mediante el fortalecerse de la muerte y resurrección de Cristo (en quien hemos sido bautizados) para la mortificación del pecado y el avivamiento de la gracia; y mediante el esforzarse por vivir por fe, a fin de vivir en santidad y justicia, como los que en su bautismo han rendido sus nombres a Cristo; y para andar en amor fraternal, como corresponde a quienes hemos sido bautizados por un mismo Espíritu en un solo cuerpo”.

“Aprovechar” quiere decir apropiar el bautismo a nuestra vida. Nota de manera particular que nos apropiamos de los beneficios del bautismo “mediante el fortalecerse de la muerte y resurrección de Cristo (en quien hemos sido bautizados) para la mortificación del pecado y el avivamiento de la gracia”. El bautismo nos recuerda que estamos unidos a Cristo y que hemos muerto al pecado y a su poder en nosotros. A medida que reflexionamos en el bautismo y su significado, obtenemos fuerzas por la muerte y resurrección de Cristo. Además, el bautismo nos recuerda nuestra obligación de arrepentirnos, mortificar nuestro pecado y buscar la santidad. Por lo tanto, el bautismo es un puente útil para conectar lo que somos en Cristo con nuestra lucha contra la tentación y el pecado.

Nuestra unión con Cristo garantiza nuestra mortificación. Debemos recordarnos del poder que tenemos en Cristo, enlistar nuestros cuerpos al servicio de la justicia y usar nuestro bautismo como el medio para lograr estos fines. 

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Joseph A. Pipa Jr.
Joseph A. Pipa Jr.

El Dr. Joseph A. Pipa es presidente y profesor de teología sistemática e histórica en Greenville Presbyterian Theological Seminary (Seminario Teológico Presbiteriano de Greenville) en Greenville, Carolina del Sur. Él es el autor de Did God Create in 6 Days? [¿Creó Dios todo en 6 días?].

J26 – Pero ciertamente yo iré contigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J26 – Pero ciertamente yo iré contigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pero-ciertamente-yo-ire-contigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss nos recuerda, que las Escrituras están llenas de historias donde Dios usa a los débiles para hacer grandes cosas.

Nancy Leigh DeMoss : Dios es el que se lleva la victoria. Él elige y utiliza los vasos débiles que están dispuestos a ser usados.

Carmen : Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Ha puesto Dios en tu corazón una gran tarea para hacer? ¿Quizás alguna necesidad que ves en tu mundo que puedes suplir de forma exclusiva? Se necesita coraje para seguir adelante y tomar medidas.

Nancy Leigh DeMoss te animará a que abraces el llamado de Dios en tu vida, en un mensaje llamado, “Una mujer verdadera se une a la batalla”. Originalmente ella llevó este mensaje en una de las conferencias de Mujer Verdadera. Escuchemosla.

Nancy: Voy a orar a Dios para que envíe mil mujeres de este lugar, que vivan el mensaje de verdadera feminidad y que reproduzcan este mensaje en las vidas de aquellas a su alrededor.

Ahora bien, pudieras estar pensando, como ya hemos hablado de este movimiento, de la feminidad bíblica, de la nación y el mundo, que tu insignificante vida no es tan importante o que realmente puedas hacer una diferencia.

Permíteme leerles una cita de un pastor y un escritor británico de los años 1700 a 1800. Su nombre era John Angell James, el lenguaje es un poco pintoresco puesto que es muy diferente a la forma en que hablamos hoy en día, pero creo que si sigues la idea de este mensaje y escuchas, verás el punto que estoy tratando de señalar.

Cito, toda mujer, ya sea rica o pobre, casada o soltera, tiene un círculo de influencia (Toda mujer tiene un círculo de influencia y esa eres tú. Tienes un círculo de influencia) en el que de acuerdo a su personalidad, está ejerciendo cierta cantidad de influencia para el bien o para el mal. Toda mujer, por su virtud o su vicio, por su necedad o por su sabiduría, por su ligereza o su dignidad, está añadiendo algo a nuestra exaltación o a nuestra degradación nacional.

Cada una de nosotras como mujeres añade algo a la situación de su país. Estamos ayudando a que sea un lugar mejor o lo estamos destruyendo. No hay punto neutral , y tiene que ver con nuestro carácter y la forma como nos vemos en nuestro círculo de influencia.

Y él continuó diciendo:

Una comunidad donde una mujer cumpla con su misión, no es probable que sea derrocada ya que, por el poder de su noble corazón y de su influencia sobre los corazones de los demás, ella la levantará de entre sus ruinas y la restaurará de nuevo a la prosperidad y la alegría (la influencia que cada una de nosotras tiene como mujer).

Déjame pedirte que abras tu Biblia, si puedes, en el libro de Jueces en el Antiguo Testamento, después del libro de Josué, en el capítulo 4. y Vamos a ver un relato en los siguientes minutos, y confío en que Dios los usará para retar tu corazón sobre como Él quiere usar tu vida.

Esta historia sucedió alrededor de los años 1200 a.C. y es la historia de una mujer que cumplió su misión. Dios usó el noble corazón de esta mujer para levantar a su comunidad de las ruinas y para restaurarla de nuevo a la prosperidad y la alegría. Es la historia de Débora, que es una ilustración de una mujer verdadera, una mujer que ejerció una influencia fuerte y piadosa, de una manera que fue distintivamente femenina y de una manera que alentaba a los hombres a su alrededor a ser más piadosos y a tomar un mayor liderazgo.

Débora no fue una mujer débil. A veces tenemos la idea de que si vas a ser una mujer verdadera de Dios tienes que ser pequeña, débil y endeble. Ella era una mujer valiente, ella fue valiente y al mismo tiempo fue humilde y femenina. Solo te diré que es un equilibrio que sólo el Espíritu de Dios puede hacer realidad en nuestras vidas y ese fue el caso de Débora.

Ahora, en el capítulo 4 tenemos la historia, el relato de cómo Débora fue fundamental en la liberación de Israel de la opresión de un poderoso régimen cananeo. Y luego, en el capítulo 5 tenemos un relato poético de la misma en un canto de victoria, es una canción de liberación, que probablemente fue escrito por Débora. Nos vamos a centrar durante este tiempo sobre todo en el capítulo 4, pero un par de ocasiones voy a ir hacia adelante y hacia atrás, porque hay algunos detalles que se encuentran en el capítulo 5 en el himno, en ese recuento de la historia, que no lo vemos en el capítulo 4.

Así que el capítulo 4, los versículos 1-3 prepara el escenario para este relato. Se describe un ciclo que se repite por lo menos siete veces en el libro de Jueces. Este ciclo se puede resumir en cuatro palabras. Tú puedes seguir este ciclo, no solo a través del libro de los Jueces, sino que probablemente puedes rastrearlo en tu propia vida, porque es un retrato de los caminos de Dios.

En primer lugar está la desobediencia. El Pueblo de Dios le desobedecía. Luego está la disciplina. Dios traía disciplina a las vidas de sus hijos. Y luego, bajo la mano de la disciplina de Dios, el pueblo de Dios es llevado a un lugar de desesperación, y desde esa desesperación ellos clamaba al Señor y Dios enviaba liberación.

Así que tenemos: desobediencia, disciplina, desesperación y liberación .Mira la desobediencia en el capítulo 4:1, es el comienzo de este ciclo:

Cuando murió Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor.

Aod era uno de los jueces de Israel en ese tiempo. y dice que los hijos de Israel volvieron… Este era un patrón en sus vida, no eran paganos los que estaban actuando de esta manera, aunque los paganos también lo hacían , pero este era el pueblo del pacto, el pueblo escogido por Dios y estaba haciendo lo malo ante los ojos del Señor.

Tenemos la tendencia en nuestros días a centrarnos en los pecados de los inconversos y todas las cosas malas que están haciendo en nuestra cultura, pero en realidad Dios está preocupado más por la pureza y la santificación de Su pueblo.

Ahora, ¿qué fue lo que hizo el pueblo de Dios que fue tan malo? Bueno, es posible que desees verlo por ti misma o simplemente escuchar si prefieres, pero vamos de vuelta al capítulo 2 y veamos una descripción de lo que sucedió una y otra vez con los hijos de Israel.

En el capítulo 2:12 dice: «Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto.» Dios los había rescatado; Él los había redimido y ellos lo abandonaron. Su Salvador, su Redentor, su Señor, su padre, su amante, ellos lo abandonaron, y peor aun, se fueron tras otros dioses, otros amantes de entre los dioses de los pueblos a su alrededor, y se inclinaron a ellos, y provocaron al Señor a ira. Este fue un período de apostasía espiritual de la nación de Israel, de una horrible decadencia moral entre el pueblo de Dios.

Así que, ¿qué trae la desobediencia? la desobediencia trae disciplina. Dios trae Su disciplina y lo vemos en el versículo 2, el capítulo 4,

Y el Señor los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, que reinaba en Hazor.

Ahora, Jabín era un rey poderoso, y Hazor es una ciudad en la región norte de Israel. y Es importante recordar que esto es cerca de diez millas al norte del mar de Galilea, y vas a ver cómo la geografía juega un papel importante en toda esta historia.

El jefe de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset-goim, que es un pueblo también en el norte de Israel y voy a volver a la primera parte del versículo 3 en un momento, pero mira la última parte del versículo 3: Este comandante «tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los hijos de Israel por veinte años».

¿Quién entregó el pueblo de Dios para que fuera oprimido por sus enemigos? ¿Quién los vendió? Dios lo hizo. Esta es la mano castigadora de Dios y Dios usa las circunstancias externas y a las personas como sus instrumentos para disciplinar a Sus hijos.

Aquí tenemos una nación, el pueblo de Dios, entregado a la idolatría y bajo la disciplina, la mano castigadora de Dios. Están bajo el régimen opresivo de los cananeos. Escucha, tú no puedes ver a Dios, pero puedes ver los efectos de lo que Él trae en esta disciplina. A veces nos irritamos contra los instrumentos humanos, contra las herramientas que Dios está usando para castigar; cuando lo que Él quiere es que reconozcamos Su mano detrás de todo eso, tratando de llevarnos a un lugar de arrepentimiento. A este punto:

• Los israelitas están abrumados.

• Están completamente sin esperanza y los enemigos son mucho más numerosos que ellos.

• Se sienten vulnerables.

• Carecen de armas.

• Tienen miedo.

• Hay una baja en la moral.

• Y el pueblo está desalentado.

• El pueblo se encuentra en un estado de miedo, de terror y de caos.

• Como veremos en un momento, otra señal de la disciplina de Dios, es que había escasez de un fuerte liderazgo masculino.

Así que la desobediencia trae disciplina y, esperamos que ¿a dónde va a llevar esto? A la desesperación. Mira la parte del versículo 3 que pasamos por alto hace un rato, la primera parte del versículo 3. Entonces… ¿cuándo?… después de la disciplina “Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR”.

Se requirió de una intensa disciplina durante un período prolongado de tiempo para que Dios llamara la atención de las personas. ¿recuerdas cuánto tiempo pasó? ¡Veinte años! y Tú dirás: «¿pero cómo pueden las personas ser tan tontas, tan necias? ¿Cómo es que no lo entendían? ¿Veinte años?”

¿Cuánto tiempo te ha tomado a ti? ¿Cuánto tiempo me ha tomado a mí entenderlo? ¿Ser llevadas a un lugar de desesperación donde clamamos al Señor en humildad y en arrepentimiento? ¿No nos demuestra esto la paciencia y la misericordia de Dios, que durante todos estos años tuvo que esperar? Él continuaba ejerciendo presión, pero todo con el objetivo de restaurar a Su pueblo a un lugar de obediencia y de humildad.

Puedes ver que la disciplina de Dios, Su castigo tiene la intención de humillarnos, de postrarnos, para llevarnos hasta el final de nosotras mismas y entonces hacernos conscientes de nuestra necesidad de Él y volver nuestros corazones hacia Él. Así es el corazón misericordioso y redentor de Dios que cuando Su pueblo clama Él envía Su liberación.

Mira el versículo 4 del capítulo 4.

Débora, profetisa, mujer de Lapidot juzgaba a Israel en aquel tiempo. Ella solía sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bethel, en la región montañosa de Efraín, y los hijos de Israel subían a ella a pedir juicio. (Vv. 4-5)

He aquí una mujer que estaba sirviendo fielmente al Señor, sirviendo a su familia, sirviendo a su gente y utilizando los dones dados por Dios, cumpliendo con su llamado. Ella fue una mujer que vivió para los demás, no para sí misma. Ella no estaba buscando un lugar más grande, una oportunidad más grande, una posición mayor en su ministerio. Ella estaba haciendo fielmente lo que Dios le había llamado a hacer donde Él la había llamado a hacerlo.

Y en este pasaje aprendemos tres cosas sobre Débora, y por cierto, solo voy a dar una pincelada de la superficie de este pasaje. Si quieres escuchar una enseñanza extendida, versículo por versículo a través de todo el pasaje, tenemos una serie de Débora en nuestro programa Aviva Nuestros Corazones. Está disponible en los recursos de nuestro sitio en internet, a este punto yo solo quiero que captes la esencia y el corazón de este pasaje.

En primer lugar, vemos que ella era una profetisa, y sin entrar en detalles sobre el papel de las profetisas en el Antiguo Testamento versus Nuevo Testamento, sabemos que tenía un ministerio de enseñanza de la Palabra de Dios, de advertencia y ánimo basado en la Palabra de Dios.

Luego vemos que ella era esposa. Yo no creo que sea insignificante que la Escritura señale que ella era esposa. Esta era su relación humana primaria, y ella fue capaz de servir al Señor sin descuidar su hogar.

Y además ella era juez. Los jueces en esta época fueron los que Dios puso y capacitó para rescatar a Su pueblo de sus enemigos. Débora fue el cuarto juez en Israel. Observa que ella no se autodesignó. Esta no es una posición que cuando ella tenía nueve años de edad, ella dijo, «me gustaría crecer y ser jueza». Ella no se llamó a sí misma para esta tarea.

Dios la levantó para un momento como este . Y la gente la buscaba para resolver las diferencias, para dar consejo y sabiduría, porque ella era una mujer que conocía a Dios y que conocía a Su Palabra. Ella sabía cómo escuchar Su voz.

Ahora, Débora vivía en esos pequeños pueblos que hemos mencionado. Ellos pueden o no serte familiares, pero ayuda saber la manera en que se desarrollaron los hechos, al darnos cuenta de que ella vivía en el sur de Israel, cerca de Jerusalén, a bastante distancia de las fortalezas cananeas que estaban en la parte norte del país, pero ella estaba consciente de lo que estaba pasando. A pesar de que la opresión no había influenciado su región como lo había hecho en el norte, ella estaba consciente, y estaba lista y disponible y preocupada cuando Dios la llamó a hacer algo al respecto.

Ella mandó a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí (que está en el extremo norte), y le dijo: «Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: “Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. (estas eran las tribus del norte) “Y yo (El Señor) atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos». (Vv. 6-7)

Así que Débora ha escuchado del Señor y envía a buscar a Barac y le dice que él debe reunir 10.000 hombres de las tribus cercanas, las más afectadas por el conflicto y los llama al Monte Tabor, que se encuentra estratégicamente ubicado en la confluencia de las tribus de Neftalí, Zabulón, e Isacar. Así que Débora ha escuchado del Señor y envía a buscar a Barac y le dice que él debe reunir diez mil hombres de las tribus cercanas, las más afectadas por el conflicto y los llama al Monte Tabor, que se encuentra estratégicamente ubicado en la confluencia de las tribus de Neftalí, Zabulón, e Isacar, era un lugar seguro desde donde podía atacar a las fuerzas cananeas y a sus carros.

Dios había prometido a Débora, que es la que le transmite la promesa a Barac, que Dios sacaría a Sísara y a las fuerzas cananeas a la batalla y que Dios las entregaría en las manos de Barac. He aquí una mujer que creía en Dios, que creía que Él era soberano, que Él era poderoso, y que Él iba a ganar la batalla.

Y una vez más, vemos que se trata de una mujer sabía que sabía cómo escuchar la Palabra de Dios. Ella no solo estaba hablando sus propias palabras o sus propias ideas. Nosotras, las mujeres, hacemos esto muchas veces; y la gente se cansa de escucharnos a nosotras, porque solo estamos dando nuestras propias opiniones. ¿Y sabes qué? Mi opinión no cuenta más que la tuya o la de cualquier otra persona, pero cuando llegamos a ser esas mujeres de la Palabra de Dios, que conocemos la Palabra de Dios, las promesas de Dios, las hemos interiorizado, las vivimos, las creemos y las compartimos con otros; entonces las personas se detienen y son influenciadas por esa Palabra.

Cuando ella habló y le dio las directrices, era la palabra que había recibido del Señor. Ahora, ten cuidado cuando regreses a tu hogar, y no se te ocurra lanzar tus notas a todo el mundo y al liderazgo de las mujeres del ministerio en tu iglesia y decirles: «Tenemos que cambiar las cosas por aquí porque Susan Hunt dijo esto y lo otro, ustedes necesitan leer este libro». Sé amable, sé piadosa. Escucha y espera en el Señor. y Pídele que te muestre el momento adecuado, las palabras correctas y claridad de dirección en cuanto a la forma en que se debe aplicar en tu situación.

Entonces ella le dice a Barac «¿no te ha mandado el Señor, el Dios de Israel?» Debido a que esta mujer tenía confianza en la Palabra de Dios, la gente la miraba a ella en busca de respuestas.

¿Te ven las personas a ti cuando buscan respuestas cuando están luchando en su matrimonio? No sé si has tenido tiempo de ver o escuchar el testimonio de Kim y LeRoy Wagner . He sido amiga de Kim mucho tiempo y he visto a mujeres en masa, por correo electrónico y en las conferencias haciendo fila durante horas para hablar con una mujer que ha vivido y vive el mensaje de la feminidad bíblica y tiene un corazón humilde, arrepentido y conoce y sabe de Su Palabra.

¿Las personas vienen a ti? A ti, mujer de más edad, ¿Viene la gente a ti buscando sabiduría, buscando consejo? y quizás tú me dices: «Es que yo no soy consejera». No necesitas ser una consejera, lo único que necesitas conocer es al Admirable Consejero y la gente necesita saber que tú le escuchas a Él, que conoces Su Palabra y que sabes cómo guiarlas a ellas a las Escrituras. Ellas pueden ir a cualquier programa televisivo para conocer el pensamiento del mundo. Pero, ¿saben realmente cómo llegar a ti para obtener la verdadera visión, la forma de pensar de Dios?

El versículo 8 dice,

Barac le dijo: «Si tú vas conmigo, yo iré, pero si no vas conmigo, no iré». Y ella dijo: «Ciertamente iré contigo. Sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el SEÑOR venderá a Sísara en manos de una mujer». (Vv. 8-9)

Ahora bien, no se nos dice por qué Barac insistió en que Débora debía ir con él. Quizás quería seguridad de la presencia de Dios, porque él sabía que Dios estaba con esta mujer. Lo que sí sabemos es que Débora accedió en ir, pero ella le dijo a Barac que el honor de la victoria, humanamente hablando, no iría a Barac, sino a una mujer.

Ahora, si conoces el resto de la historia, sabes que ella no estaba hablando de sí misma, ella estaba hablando proféticamente del papel que Jael tendría en la victoria.

Y continuando en el versículo 9 dice: “Entonces Débora se levantó”. Y Me encantan esas palabras, porque muy frecuentemente tengo temor de meterme en la lucha; prefiero quedarme en un ambiente más conveniente, más cómodo; no me levanto y comienzo a involucrarme en la batalla. Me alegro de que Débora se levantara; ella sabía que era lo que Dios quería que ella hiciera. Y ella salió fuera de su zona de seguridad.

Ella se levantó y fue con Barac a Cedes. Y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí a Cedes. Y subieron con él diez mil hombres. Débora también subió con él. (vv. 9-10)

Ahora, ella sabía que esto iba a ser una situación peligrosa. La batalla se encontraba lejos de donde Débora vivía. Ella pudo haberse quedado atrás o permanecer fuera, sin involucrarse con ellos, pero ella se tenía que involucrar porque Dios le hizo un llamado para su vida y ella tuvo un corazón para Dios y para Su pueblo.

Nosotras vemos en esta historia que Dios usa instrumentos humanos para cumplir los propósitos de Su Reino, pero no siempre usa las personas que tú esperarías. En este caso, Dios escogió y usó medios poco convencionales para derrotar al enemigo y liberar a Su pueblo.

En primer lugar, Dios utilizó dos mujeres como parte del plan de la batalla, a Jael y Débora. De una manera inesperada— no es la manera que nosotras hubiésemos escrito el guión y ciertamente no la manera que se hubiera escrito en esa época.

Él también utilizó, como estamos viendo en este pasaje, soldados de infantería, 10.000 hombres de a pie. Y tú dirás: «¿Y cuál es la gran cosa, cuál es el problema con eso?» ¿Recuerda cómo los cananeos estaban viajando? Ellos viajaban con novecientos carros de hierro. Estas eran armas de destrucción masiva. Eran vehículos de guerra masivos y estos eran los carros con que los habían oprimido a los pueblos durante veinte años y ¿vas a enviar soldados de a pie a esa batalla?

¿Por qué Dios hace las cosas de esa manera? Para que Él reciba toda la gloria. Por lo que no pueden gloriarse en la carne humana. «Oh, sí, un gran general del ejército que los llevó a la batalla, y teníamos todas esas armas grandes». De ninguna manera. Sabemos cuando leemos esta historia ahora, que solo podemos decir que Dios es el Conquistador. Dios es el que se lleva la victoria. Él elige y utiliza los vasos débiles que están dispuestos a dejarse utilizar.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado invitando a las mujeres a que con valentía se unan a la batalla. Ella relató esta historia de Débora en una de las conferencias de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones hace llegar las conferencias, programas de radio y recursos en línea de forma gratuita, gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Finalmente, tú nos estás ayudando a poder hablarle a las mujeres como Heather, en Indiana. Ella nos escribió un correo electrónico que decía: «Las enseñanzas de Nancy alimentaron mi rabia».

Ella estaba enfadada con Dios y la iglesia, así que empezó a escuchar las enseñanzas de Nancy Leigh DeMoss porque ella pensó que al hacerlo, esas palabras le “confirmarían como los cristianos eran dañinos».

Así que, Nancy, ¿cómo te sientes cuando mujeres escuchan Aviva Nuestros Corazones solamente para “alimentar su rabia”?

Nancy: Bueno, me imagino que quizás ella no es la única. Pero desde el principio de este ministerio, yo sabía que si tenía que enseñar el mensaje que Dios había puesto en mi corazón y enseñar todo el consejo de Dios, estaría nadando contra la corriente. No soy una luchadora por naturaleza. Quiero que la gente me quiera, pero desde el primer momento, mi deseo ha sido el de simplemente hacer lo que Dios me ha llamado a hacer y ser fiel a Su Palabra.

Carmen: Heather continuó en ese correo electrónico:

Después de escuchar día tras día, mi corazón se ha ablandado, y reconozco que me he convertido en una ex-feminista. Le doy gracias por Sus enseñanzas desafiantes y honestas, ya que ha sido un instrumento en mi sanidad.

Nancy : Estoy muy agradecida por la forma en que Dios usa este ministerio para suavizar los corazones como el de Heather. Las mujeres escuchan este programa en todo tipo de circunstancias, y la Palabra de Dios intercepta sus vidas de una manera que no podríamos predecir. Son nuestras oyentes que hacen posible esas conexiones a través de sus oraciones y de sus contribuciones.

Carmen: Si te sientes movida a donar para nuestro ministerio, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué harías por el reino de Dios si no tuvieras ningún temor? Aprende a decir NO al temor en nuestro próximo programa en el cual Nancy continúa con esta serie sobre Débora. ¡Te esperamos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

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Directo a la papelera

Lunes 5 Octubre


(Jesús dijo:) Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen.
Juan 6:63-64


Directo a la papelera


Cada vez que unos amigos cristianos visitaban cierta familia, le dejaban un folleto evangelístico, el cual iba directo a la papelera. En esa casa no querían saber nada de Dios. Pero la persona que hacía el aseo, intrigada al ver esos folletos intactos, empezó a recogerlos y a leerlos. Dios tocó su corazón, recibió su Palabra como la verdad, y así aprendió a conocer a Dios por medio de Jesucristo.

Dios invita a todos los hombres: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Isaías 45:22), pues Cristo “murió por todos” (2 Corintios 5:14). Unos rechazan la invitación divina, otros la reciben a través de las situaciones más inesperadas. Así, el mundo está dividido en dos categorías: los que no creen y los que creen, los que todavía están en sus pecados y los que ya no están bajo la esclavitud del pecado, los que van por el camino que los conduce al juicio eterno y los que avanzan hacia el cielo.

Este relato animará a los que desean anunciar el Evangelio. El Dios que dijo: “Mi palabra… no volverá a mí vacía” (Isaías 55:11) es fiel. Nosotros debemos sembrar la Palabra de Dios desde la mañana hasta la tarde (Eclesiastés 11:6). Nuestros esfuerzos son muy débiles, a veces pueden parecer inútiles, pero la nueva vida viene de Dios. Confiemos en él para que esta semilla del Evangelio caiga en un terreno preparado, germine y lleve fruto.

“El sembrador salió a sembrar… parte (de la semilla) cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno” (Mateo 13:3, 8).

Deuteronomio 1:1-18 – Juan 1:1-28 – Salmo 111:1-5 – Proverbios 24:21-22
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