El misterio del matrimonio

Soldados de Jesucristo

Octubre 21

Solid Joys en Español

El misterio del matrimonio

John Piper

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¿Hay hoy APÓSTOLES?

Teología Express

¿Hay hoy APÓSTOLES?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz es pastor en la Iglesia Caminando Por Fe, en Hospitalet de Llobregat, Barcelona (España). Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Hay hoy apóstoles?
Apóstoles

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Música: Samuel Barceló – Vida Eterna (CD Vida Eterna)

Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Mentalidad celestial

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Mentalidad celestial

Randy Alcorn

Jonathan Edwards dijo“Sería bueno que pasáramos esta vida solo como un viaje hacia el cielo… al cual deberíamos subordinar todas las otras preocupaciones de la vida. ¿Por qué deberíamos trabajar o poner nuestro corazón en ninguna otra cosa, sino en aquello que es nuestro fin principal y nuestra verdadera felicidad?”

Con poco más de veinte años, Edwards escribió un conjunto de resoluciones de vida. Una de ellas decía: «He resuelto procurar alcanzar para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible». Desafortunadamente, muchos creyentes no sienten gozo cuando piensan en el cielo.

Un pastor me confesó una vez: “Cada vez que pienso en el cielo, me deprimo. Preferiría simplemente dejar de existir cuando muera». «¿Por qué?», le pregunté. «No puedo soportar la idea de ese interminable tedio. Flotar en las nubes sin nada que hacer más que tocar un arpa… Todo es tan terriblemente aburrido. El cielo no parecer ser mejor que el infierno».

¿De dónde este pastor, educado en un seminario y creyente de la Biblia, obtuvo semejante perspectiva del cielo? Ciertamente no de las Escrituras, donde Pablo dijo que partir y estar con Cristo era mucho mejor que quedarse en una tierra maldita por el pecado (Flp 1:23). Mi amigo fue más honesto al respecto que la mayoría, pero he descubierto que muchos cristianos comparten esas mismas ideas erróneas sobre el cielo.

La Escritura nos manda a poner nuestros corazones en el cielo: “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3:1). Y para asegurarse de que no obviemos la importancia de una vida centrada en el cielo, el siguiente versículo dice: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra [solamente]».

Mientras el cielo actual se encuentra en un estado de pre resurrección, el cielo postrero, donde Dios morará por siempre con Su pueblo, será en un universo resucitado (Ap 21:1–4). Debido al énfasis bíblico en la resurrección (1 Co 15), creo que Dios quiere que reflexionemos no solo a dónde vamos cuando morimos, sino a dónde viviremos con Cristo para siempre.

El cielo que Jesús describió no es un reino etéreo de espíritus incorpóreos.

Jesús dijo: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas… voy a preparar un lugar para vosotros» (Jn 14:2). Él eligió términos físicos conocidos (casa, habitaciones, lugar) para describir ese lugar. Nos dio algo tangible que esperar: un hogar, donde viviremos con Él.

El cielo que Jesús describió no es un reino etéreo de espíritus incorpóreos. Un lugar es físico por naturaleza, al igual que los seres humanos son tanto físicos como espirituales. Aquello para lo que estamos hechos — para lo que hemos sido específicamente diseñados—, es el lugar que Dios originalmente hizo para nosotros: la tierra.

La Escritura nos dice que debemos estar esperando “nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pe 3:13). Dios no ha abandonado Su diseño y plan original de que la humanidad gobierne la tierra para Su gloria. Un día, Él revertirá la maldición y restaurará lo que fue corrompido por el pecado. Él descenderá para habitar con Su pueblo en la nueva tierra, trayendo Su trono y el cielo mismo con Él (Ap 21:1–422:3).

¿Cuál es tu actitud con respecto al cielo? ¿Te llena de emoción? ¿Con qué frecuencia tú, tu iglesia y tu familia hablan de esto?

Si te falta pasión por el cielo, casi puedo asegurar que es porque tienes una teología del cielo deficiente y distorsionada (o estás tomando decisiones que entran en conflicto con la agenda celestial). Una visión del cielo precisa y bíblicamente energizada traerá una nueva pasión espiritual a tu vida.

Cuando pones tu mente en el cielo y ves el presente a la luz de la eternidad, incluso las decisiones pequeñas se vuelven tremendamente importantes. Después de la muerte, jamás tendremos otra oportunidad de compartir a Cristo con alguien que pueda ser salvado del infierno, de dar un vaso de agua al sediento, de invertir dinero para ayudar a los desamparados y alcanzar a los perdidos, o de compartir nuestras casas, nuestra ropa y el amor con los pobres y necesitados.

No es de extrañar que las Escrituras dejan claro que lo más importante en esta vida es prepararse para la próxima. Lo que necesitamos es una generación de personas con mentalidad celestial que vean a los seres humanos y la tierra no simplemente como son, sino como Dios quiere que sean.

Los teólogos una vez hablaron de la «visión beatífica», el latín de «una visión que hace feliz». Esa visión fue Dios mismo. Apocalipsis 22:4 dice del pueblo de Dios en la nueva tierra: «Ellos verán Su rostro». Dios es primario, todo lo demás es secundario. Los afluentes de gozo son el desbordamiento del creciente río de la propia bondad de Dios. Él le dice al que recibe en Su presencia: “Entra en el gozo de tu Señor”. Anticipar el gozo eterno de Su presencia nos permite tener un adelanto del cielo al regocijarnos en Él aquí y ahora.

Anhelando esa nueva tierra, «el hogar de justicia»Pedro dice: «Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles» (2 Pe 3:14).

Saber que nuestro destino es vivir como personas redimidas y justas en una tierra redimida y justa, con nuestro Redentor justo, debe ser un poderoso incentivo para apelar a Su fuerza y vivir justamente hoy.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Randy Alcorn
Randy Alcorn

Randy Alcorn es fundador y director de Eternal Perspective Ministries. Es un autor muy reconocido y sus libros de los más vendidos de New York Times. Él ha escrito más de cincuenta libros, incluidos “Heaven” y “The Treasure Principle.”

Jul 14 – Por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 14 – Por fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-fe/

Carmen Espaillat : Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Los justos vivirán por su fe. Dirás que eso suena como algo que estarán haciendo. No, porque la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo que realmente estás dependiendo – una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe te lleva a obedecer a Dios con todo tu corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios. De manera que se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. ¿Qué es la fe? A veces se usa para describir una denominación, una relación con Dios, y algunos padres hasta usan la palabra para el nombre de sus hijos. ¿Pero realmente entiendes lo que significa la fe? Nancy nos ayuda a entender este tema tan importante mientras continúa con una serie titulada, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, estoy muy emocionada porque hoy llegamos al punto culmine del mensaje de Habacuc, el punto clave, el tema de este libro. Es ese momento transformador en la vida de Habacuc. Él había ido a su atalaya a escuchar lo que Dios tenía que decirle. Dios le dijo: voy a darte una visión. Voy a darte un mensaje de lo que va a suceder.

Esto nos lleva al versículo que vamos a ver, Habacuc capítulo 2, versículo 4. Es esta verdad la que llevó a Habacuc de batallar a adorar, de suspirar a cantar, del temor a la fe.

Antes de yo decirles lo que es, permítanme solo recapitular aquí en caso de que no hayan estado con nosotras en las últimas sesiones. Habacuc le clamó a Dios que hiciera algo respecto a la corrupción que había entre los judíos. Él estaba frustrado porque parecería que Dios permanecía pasivo y era indiferente a sus oraciones.

Luego Dios le responde: y le dice «estoy haciendo algo, pero no es lo que esperabas» porque lo que Dios estaba haciendo era levantar a los despiadados caldeos para castigar a Su pueblo. Habacuc no podía creer que Dios haría tal cosa, así que va a su puesto de guardia a indagar sobre la perspectiva de Dios en todo esto. Ahí es que Dios le da una visión de su propósito y su plan. Lo veremos en la siguiente parte del capítulo 2.

Los caldeos también serán castigados. Dios introduce esa visión con estas palabras de (Habacuc capítulo 2, versículo 4) que hacen un contraste entre dos tipos de personas. Mientras leemos y hablamos sobre este versículo y estos dos tipos de personas, quiero que se hagan la pregunta «qué tipo de persona soy yo?, en qué categoría e encuentro? Leamos el versículo 4:

«He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá.»

Ahora bien, solo quiero decir que este es uno de los versículos más importantes en toda la Palabra de Dios. «El justo por su fe vivirá». Este versículo es como un diamante que contrasta con el sucio telón de fondo de la corrupción del hombre y el juicio de Dios.

Hemos estado escuchando sobre el pecado del pueblo de Dios, los pecados de los caldeos y el juicio venidero. Veremos más sobre eso en este capítulo, pero en medio de todo eso, hay una joya preciosa: «El justo por su fe vivirá».

Ahora bien, dije que hay dos tipos de personas en este versículo, así que tenemos que verlos a ambos. La primera frase dice: «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona, el orgulloso, el que no es recto.

En el contexto inmediato Dios está hablando sobre los caldeos, sobre los babilonios. Es de quienes Él y Habacuc están dialogando. En un contexto más amplio, está hablando de cualquiera que sea orgulloso y autosuficiente, personas que confían en sí mismas como su propio Dios.

Personas confiadas en que pueden salvarse a sí mismas. Personas que confían en sí mismas para el destino eterno de sus almas y personas que confían en sí mismas en momentos de tribulación , de desesperación o de necesidad. Son orgullosas. No necesitan a Dios. No necesitan de ti. No necesitan a nadie. Pueden lograrlo. Son autosuficientes.

Estas personas no siempre levantan su puño hacia Dios. A veces son más sutiles. Estas personas hasta pueden ser religiosas. Puede que vayan a la iglesia. Hasta pueden ser obreros cristianos de tiempo completo, pero están confiando en sí mismas antes que en Dios. «He aquí el orgulloso: su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona.

El segundo tipo de persona es el justo. «El justo por su fe vivirá». Los que son justos, según Dios ve la justicia, son aquellos que no confían en sí mismos o en su bondad o en sus esfuerzos o en sus capacidades.

Saben que no tienen nada de valor que ofrecerle a Dios, excepto sus propios «yos» pecaminosos, así que son humildes. Dependen totalmente de Dios. Saben que solo Dios puede salvarlos y libertarlos. Aceptan humildemente la provisión de Dios para su propia salvación. Son salvos por fe, y viven y perseveran por fe.

¿Puedes ver el contraste aquí? Los que son orgullosos y corruptos, son autosuficientes, dependen de sí mismos, y por otro lado los que confían en Dios, que dependen humildemente de Dios y descansan en Dios. No creen que su propia bondad los puede salvar. Esos son los justos. Ellos viven por su fe.

Ahora, la palabra fe en el hebreo aquí es una palabra que pudiera en realidad traducirse como fidelidad. Los justos vivirán por su fidelidad.

Dirás que eso suena como algo que ellos están haciendo. Pero verás, la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo cual realmente estás descansando, una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe que te lleva a obedecer a Dios de corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios y se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

El Nuevo Testamento cita la segunda parte de este versículo tres veces: «El justo por su fe vivirá» en el libro de Romanos, en el libro de Gálatas y en el libro de Hebreos. Pero en el Nuevo Testamento tenemos una luz adicional que Habacuc no tenía cuando Dios le dijo -600 años antes de Cristo- que el justo viviría por su fe.

¿Quién vino entre el 600 A.C. y los escritos a los Romanos, a los Gálatas y a los Hebreos para arrojar nueva luz sobre este versículo? ¡¡Cristo vino!! El Nuevo Testamento ve este versículo a la luz de Cristo, que el justo vive por fe en Cristo y solo Cristo.

Hay dos sentidos en que el justo vive por fe. Y hoy quiero hablar sobre el primero y en nuestra próxima sesión hablaremos sobre el segundo sentido. El primero es tan importante. Al principio, pensé en hablar de ambos en la misma sesión. Pero después pensé que no, que queremos hacerle justicia a ambos sentidos en que el justo vive por fe.

El primer sentido es que somos justificadas por fe. Venimos a una relación correcta con Dios por la fe y únicamente por la fe. Somos liberadas del juicio y de la ira de Dios. Somos hecho justas a través de la fe solo en Cristo.

Y es en ese sentido que Pablo usa en Romanos capítulo 1, versículo 17 cuando dice:

«Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: mas el justo por la fe vivirá».

¿Qué está diciendo cuando cita el libro de Habacuc? De principio a fin, la justicia de Dios está completamente, 100%, total y absolutamente basada en la fe. No es nuestra justicia. Es nuestra fe en Cristo y en Su justicia.

Somos pecadoras. No somos justas. Nunca podríamos ser justas por nosotras mismas. Así que de principio a fin, dice Pablo, somos justificadas. Somos hechas rectas ante Dios. Somos puestas en la posición correcta con Dios. Nos es otorgado acceso a la presencia de Dios. Somos traídas a la familia de Dios por la fe en Cristo solamente.

Gálatas capítulo 3, versículo 11 dice: «Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente». Nadie. No importa cuán buena puedas ser, no importa cuántas leyes de Dios puedas guardar, no puedes estar bien con Dios por la ley. ¿Por qué? Porque nadie guarda la ley a la perfección. Pudieras pensar que eres menos pecadora que alguien que sea un súper mega criminal, pero aún eres pecadora. Así que nadie es justificado ante Dios por la ley.

«Porque [y aquí Pablo cita nuevamente el libro de Habacuc] ‘El justo por la fe vivirá'». Este es la clave de nuestra fe cristiana, todo este asunto de que el justo vivirá por la fe. Es tan crucial que de hecho dividió toda una generación de creyentes y se convirtió en el fundamento de nuestra Reforma Protestante en los años 1500. «El justo vivirá por su fe».

¿Cómo sucedió esto? A principios de los años 1500 había un joven teólogo alemán llamado Martín Lutero. Lutero tenía un doctorado en teología. Sabía mucho sobre la Biblia. Lutero sabía mucho sobre teología. Era un joven con una mente ágil y brillante, pero no tenía paz en su corazón. Sabía que no estaba bien con Dios, y no sabía cómo lograrlo. De hecho, una y otra vez escribía en su diario: «¿Cómo podrá un hombre encontrar el favor de Dios?» ¿Cómo puedo estar bien con Dios?

Lutero hizo tanto como pudo para ser santo. Trató de guardar la ley de Dios. Trató de probar su devoción a Dios. Ayunaba hasta dos semanas a la vez. Era profundamente introspectivo. Siempre indagando y buscando un nuevo pecado que confesar.

Se sentía abrumado por un sentido de pecaminosidad, así que constantemente escudriñaba su propio corazón para encontrar cualquier pecado que pudiera haber cometido de pensamiento, de palabra o de hecho. Se confesaba muchas veces al día, hasta que, según dice la historia, uno de sus confesores le dijo un dia: «Dejar de venir hasta que realmente tengas un pecado serio que confesar».

Él desarrolló una conciencia súper sensible. (¡Tal vez algunas de nosotras necesitamos una conciencia un poco más sensible!). Así que él volvía una y otra vez a confesar sus pecados. Castigaba su cuerpo a fin de tratar de deshacerse de pensamientos y de motivaciones impuras. Dormía al aire libre sin frazada en temperaturas bajo cero. Golpeaba su cuerpo hasta quedar amoratado y sangriento, tratando de limpiarse de esos pecados, tratando de ganar el favor de Dios.

Y Lutero había estudiado la Biblia. Sabía que Dios era santo, y sabía que él había pecado y que no daba la talla ante la ley de Dios. De modo que hacía todo lo que se le ocurría para ganar el favor de Dios, para ser hecho justo. Esa palabra, justicia, lo atormentaba y lo obsesionaba porque él sabía que no era justo, y que no podía vivir una vida justa, no importa cuánto lo intentara.

Llegó un punto en el que Lutero hizo una peregrinación a Roma. Dentro de la iglesia de San Juan había una escalera que se creía que eran las mismas que Jesús había subido para estar frente a Poncio Pilato después de haber sido golpeado. Bueno, así es como la iglesia contó la historia. Eso no era cierto. Dijeron que estas escaleras fueron transportadas milagrosamente desde Jerusalén hasta Roma y que ahora los peregrinos podían subir por esas escaleras.

Estas escaleras tenían trocitos de vidrio incrustados supuestamente en los lugares donde habían caído gotas de la sangre de Jesús. Así que los peregrinos subían por las escaleras de rodillas, golpeándose con látigos y besando cada trocito de vidrio para tratar de ganar el favor de Dios.

Me imagino que algunas de ustedes están moviendo la cabeza como si no pudieran creer que la gente hiciera esto. Yo he estado en México, en el santuario de la Virgen de Guadalupe. He visto a personas subir esas escaleras de rodillas tratando de hacer algo para ganar el favor de Dios.

Déjenme decirles, si alguna vez un hombre hubiese sido digno de ganar la aprobación de Dios, uno hubiera pensado que sería un hombre como Martín Lutero. Con todo ese interminable fervor y actividad espiritual. Es decir, ciertamente nadie hubiera podido tratar más. ¿No pudiera al menos ganarse un 100 por su esfuerzo?

Lutero se dio cuenta de lo que nosotras también tenemos que darnos cuenta, y eso es que nunca podrás ser lo suficientemente buena. No tenemos justicia por nosotras mismas. Hasta nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.

Bueno, y mientras Lutero subía por esas escaleras en Roma, el Espíritu le recordó un versículo que ya había leído muchas veces «El justo por la fe vivirá». Y en ese punto, la luz empezó a entrar al corazón de Lutero. Fue un momento decisivo en su vida.

Ese todavía no fue el momento de su conversión. Eso no sucedió hasta unos años después. Pero en el tiempo, empezó a comprender el hecho de que nunca podría agradar a un Dios santo por sus propios hechos de justicia ni tampoco por su contrición o sus penitencias, sin importar cuántas o cuán intensas pudieran ser.

Empezó a entender. «El justo por la fe vivirá». Empezó a entender que solo podría estar bien con Dios a través de las obras justas de Cristo y que sus pecados fueron perdonados por fe, no por intentar, sino por fe en la persona y en la obra de Cristo en la cruz independientemente de cualquier buena obra que él hubiera realizado.

«El justo por la fe vivirá». Eso se convirtió en el fundamento de la doctrina de Lutero. Estuvo en el centro de la Reforma Protestante mientras Lutero y la gente de su tiempo, muchos de ellos, empezaron a darse cuenta de que la justicia no es algo que nosotros logramos. No es algo que sea posible lograr. En lugar de ello, es algo que Cristo logró por nosotros, algo que se hace nuestro no por nuestro propio mérito, sino solamente a través de la fe en el mérito de Cristo.

Lutero mismo dijo de este texto:

«El justo por la fe vivirá»- Antes de que estas palabras irrumpieran en mi mente, detestaba a Dios y estaba enojado con Él porque, no satisfecho con amedrentarnos a nosotros los pecadores por la ley y por las miserias de la vida, aumentó aún más nuestra tortura a través del Evangelio. [Es como si Él nos hubiera tendido la mano ofreciéndonos algo pero no podíamos tenerlo.]

Pero cuando por el Espíritu de Dios entendí esas palabras-«El justo por la fe vivirá, el justo por la fe vivirá»-entonces sentí que nací otra vez como un nombre nuevo; entré por las puertas abiertas al mismo Paraíso de Dios.1

¿Cómo llega un hombre al cielo? ¿Cómo puede un hombre estar bien con Dios? ¿Cómo nace de nuevo un hombre? ¿Cómo se hace justo un hombre? «El justo por la fe vivirá». Será declarado justo por su fe, y continuará viviendo esa vida justa por fe en Cristo y únicamente en Cristo.

Dos tipos de personas. Primero, «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Trata de salvarse a sí mismo. Piensa que puede hacerlo. Piensa que puede ganar el favor de Dios, y nunca logra la justicia de Dios. Pero, «el justo por su fe vivirá».

¿Es posible que de alguna forma hayas estado subiendo las escaleras con trocitos de vidrio, golpeándote a ti misma, tratando de hacer lo mejor que puedes para ser justa, para ganar el favor de Dios para ser perdonada, tratando de agradar a Dios, tratando de estar bien con Dios? Tal vez no subiste literalmente las escaleras de rodillas, pero:

Tal vez por eso guardas las apariencias yendo a la iglesia domingo tras domingo.

Tal vez por eso es que haces tantos rituales religiosos.

Tal vez por eso es que lees la Biblia.

Tal vez por eso oras.

Tal vez por eso es que cantas en el grupo de alabanza.

Tal vez por eso das dinero a los pobres.

Tal vez por eso es que tratas de vivir una vida buena porque estás tratando de ganarte la justicia por ti misma.

La Biblia dice: «he aquí el orgulloso; en él, su alma no es recta».

Dirás: «Pero estoy tratando tanto. Eso no es orgullo». Es orgullo. Es orgullo que digas que puedes hacerlo. Puedo hacer cualquier cosa para ganar la salvación, para ganar el favor de Dios, para estar bien con Dios. Déjame decirte que Jesús ya subió esas escaleras. Las subió por ti. Él fue golpeado. Él fue crucificado. Él vertió su sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado. A través de la fe en Él, su justicia puede ser tuya.

Me encanta el himno «Roca de la eternidad» y en particular la estrofa que dice:

Aunque fuese siempre fiel;

aunque llore sin cesar.

Del pecado no podré, justificación lograr.

Solo en ti teniendo fe, deuda tal podré pagar.

«El justo por la fe vivirá.»

No sé cómo decirlo más claramente de lo que ya lo he hecho, pero confío que mientras he estado hablando, Dios haya estado hablando a sus corazones y tal vez ayudando a algunas a ver que no son justas. Has estado haciendo un esfuerzo tan grande para ganar Mi favor, te dice Dios pero tu alma es orgullosa, no es recta en ti. Has estado tratando de salvarte a ti misma, pensando que de alguna forma podías merecer Mi favor.

Tal vez hoy el Espíritu Santo haya hecho por ti lo que hizo por Martín Lutero hace siglos cuando subió esas escaleras. Encendió la luz. Te ha ayudado a ver que el justo por la fe vivirá. Fe solo en Cristo. Cristo, que cargó nuestros pecados sobre sí. Que fue hecho pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en Él.

Tal vez Dios está poniendo esa fe hoy en tu corazón. Y te preguntas: ¿Qué hago? Cree. Si Dios te está dando arrepentimiento de tu orgullo y de tu corrupción, no sigas por ese camino. Renuncia a tu orgullo, a tu corrupción. Arrepiéntete de tu pecado, y date cuenta de que no tienes nada que ofrecerle a Dios. Arrepiéntete de tu propia justicia, de tratar de agradar a Dios independiente de la fe en Cristo. Luego simplemente vuélvete de ti misma hacia Cristo, y pon tu fe en Él.

Escucha, al final de cuentas cada persona en esta tierra está dependiendo de una de dos cosas para su salvación eterna, para su relación con Dios. O está dependiendo de sí misma, o está dependiendo de Cristo. ¿Dónde está tu confianza? ¿De quién estás dependiendo? ¿Dónde está tu fe? Confía en Cristo hoy para tu salvación.

Mi esperanza está en el Señor,

quien su vida dio por mí.

Y el precio pagó de mi pecado en el Calvario.

Sin merecerlo yo, su ira suprimió.

Mi única esperanza es la justicia de Jesús y por mí Él está,

ante el trono del Padre.

Sus manos heridas muestra y me llama como suyo.

Su gracia todo lo planificó,

Y a mí me toca creer.

Y reconocer su obra de amor

Y a Cristo recibir.2

Carmen: ¿Estás viviendo por fe en este día? Nancy Leigh DeMoss le ha dado a cada radioescucha la oportunidad de reducir la velocidad y hacerse esa pregunta tan importante. El programa de hoy describe el momento decisivo en la historia de Habacuc. Si eres nueva con nosotras, acabas de escuchar una muestra de lo emocionante y práctico que es el libro de Habacuc.

Una mujer nos escribió durante esta serie y nos dijo que su pastor le pidió a la congregación que abriera sus Biblias en uno de los profetas menores. Ella se entristeció al darse cuenta de lo nuevas que estaban las páginas de su Biblia en esa sección. Luego Nancy comenzó esta serie de Habacuc y le ayudó a darle uso. Ella escribió lo siguiente:

Amo este ministerio. ¡Si no fuera por su enseñanza tan sólida, no estaría donde estoy en Dios y en mi matrimonio hoy!

Annamarie Sauter: «¿No eres Tú desde la eternidad oh Señor mio, Santo mío? No moriremos. Oh Señor para juicio lo has puesto, Tú oh Roca, lo has establecido para corrección, muy limpio son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión ¿por qué miras con agrado a los que proceden perfidamente y callas cuando el impio traga al que es mas justo que él? ¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar , como reptiles que no tienen jefe?

A todos los saca con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla . Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su pesca es abundante y suculenta su comida. ¿Vaciará pues su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?»

Libro de Habacuc capítulo 2,

«Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré, velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido. Entonces El SEÑOR me respondió y dijo : ‘Escribe la visión y grábala claramente en tablas para que corra el que la lea, porque es aun visión para tiempos señalados, se apresura hacia el fin y no defraudará, aunque sea tarde espérala, porque ciertamente vendrá, no tardará’. He aquí el orgulloso en él su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá».

Carmen: Vienes a Dios para recibir Su perdón por fe, pero la fe no se detiene ahí. Necesitamos fe cada día y Nancy nos explicará por qué en nuestro siguiente programa. Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Citado del mensaje de Deffinbaugh sobre Habacuc- de James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando a F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.

2″My Hope is in the Lord.» Norman J. Clayton.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Después de la muerte

Miércoles 21 Octubre

Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.
Job 19:25-26

(Jesucristo libra) a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
Hebreos 2:15

Después de la muerte

El académico francés Jean d’Ormesson escribió: «Espero que después de la muerte haya algo que no conozco. Espero que, fuera del tiempo, haya un poder que, por aproximación y por mayor simplicidad, podamos llamar Dios».

Job, quien vivió hace unos 4000 años, se expresaba totalmente diferente: “Yo sé que mi Redentor vive”. Job no esperaba, sino que sabía que su Redentor estaba vivo en el cielo. Sin conocer su nombre, había vislumbrado que Jesús sería el gran vencedor, el Salvador de todos los que creen en él. Job padecía una dolorosa enfermedad de la piel, pero sabía que después de su piel, su cuerpo sería destruido, y añadió: “en mi carne he de ver a Dios”. Para él, la resurrección era una realidad, incluso física, que un día lo llevaría a la presencia de Dios.

Un hombre, por muy filósofo que sea, no puede comprender lo que pasa después de la muerte. Mediante su razonamiento puede admitir la existencia de Dios, pero con respecto al más allá solo puede hacer suposiciones.

¿Cómo ver más allá de la frontera de la muerte? Recibiendo lo que Dios nos reveló. La alternativa es esta: confío en mis propios pensamientos y permanezco en la duda hasta que deje este mundo, o recibo lo que Dios reveló y por la fe acepto lo que me dice.

¡Sí, Jesús venció la muerte! Está vivo, eternamente vivo, y da la vida eterna a los que confían en él.

Deuteronomio 15 – Juan 9 – Salmo 119:9-16 – Proverbios 25:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Peregrinos en una tierra extraña

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

Peregrinos en una tierra extraña

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

38/41 – ¿Qué Tiene en su Mente?

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

38/41 – ¿Qué Tiene en su Mente?

Stephen Davey

Texto: Filipenses 4:8-9
Un creyente no solo se distingue de un no-creyente por cómo actúa, sino que también por cómo piensa. El apóstol Pablo, aquí, nos da seis adjetivos y dos sustantivos que describen cómo debe pensar un hijo de Dios.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Dennis E. Johnson

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie «Las duras declaraciones de Jesús», publicada por Tabletalk Magazine.

El anuncio hecho por Jesús de que la blasfemia contra el Espíritu Santo es un pecado que nunca será perdonado es «duro» por dos razones. En primer lugar, aparenta contradecir las Escrituras que nos dicen que la sangre de Cristo puede efectuar el perdón de todo pecado (1 Jn 1:7,9). Segundo, Jesús afirma que la calumnia contra Él mismo, el Hijo del Hombre, puede ser perdonada; pero la calumnia contra el Espíritu Santo no. ¿Acaso exalta esto la dignidad de la tercera persona de la Trinidad por encima de la segunda persona? Esta frase aparece en varias formas en los Evangelios:

Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada (Mt 12:31).

Solo Marcos explica por qué este pecado es imperdonable. Los escribas judíos atribuían a Satanás (Belzebú) el poder del Espíritu Santo por el cual Jesús expulsaba demonios. Lo que hace que la blasfemia del Espíritu Santo sea diferente de los pecados perdonables es la mentalidad consciente y voluntariamente rebelde de los escribas. La acusación de que el poder que Jesús tenía para expulsar demonios venía por Su alianza con el príncipe de los demonios, era obviamente absurda. Como Jesús resaltó, Satanás no es tan tonto como para luchar contra sí mismo. Solamente la determinación de los escribas por contradecir lo que sabían perfectamente que era verdad, podía moverlos a pronunciar tal acusación. Ante la evidencia irrefutable de que en Jesús, el Espíritu de Dios estaba estableciendo el reino de Dios y derrotando al de Satanás, ellos endurecieron sus corazones hasta el punto donde no hay retorno. Pablo, auque había sido «antes blasfemo…», lo hizo «…por ignorancia en [su] incredulidad» (1 Tim 1:13). Su ignorancia no lo excusó, pero dejó su corazón permeable a la invasión del Espíritu.

Satanás no es tan tonto como para luchar contra sí mismo.
El perdón es posible para el que calumnia al Hijo no porque una de las tres personas divinas tenga menos gloria que las otras. Más bien, la encarnación del Hijo encubrió Su gloria en maneras que la oscurecieron de la vista de muchos que estaban cegados por la incredulidad ignorante pero que todavía eran recuperables por el Espíritu.

Podemos estar seguros de dos verdades: nadie que cometa este pecado imperdonable confiará jamás en Cristo para recibir el perdón que se encuentra en Él. Y nadie que corra hacia el Hijo del Hombre, crucificado y resucitado, ha cometido tan horrenda calumnia contra el Espíritu; ni tampoco el Salvador rechazará a nadie que venga a Él.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Dennis E. Johnson
Dennis E. Johnson

El Dr. Dennis E. Johnson es profesor emérito de teología práctica en el Westminster Seminary California. Es autor de varios libros, incluyendo Walking with Jesus through His Word [Caminando con Jesús a través de Su Palabra]..

Jul 13 – Llegará el día

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 13 – Llegará el día

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llegara-el-dia/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no mide el tiempo en la manera en que tú y yo lo hacemos. «El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento». «Pero el día del Señor vendrá».(2 Pedro 3:9-10). «Aunque tarde, espéralo…» (Habacuc 2:3).

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

Cuando eras niña, es probable que hayas vuelto locos a tus padres al preguntarles: «¿Cuándo vamos a llegar? ¿Cuánto tiempo falta?» Es posible que todavía le hagas preguntas similares a Dios. Habacuc lo hizo.

Hemos estado revisando la vida de este profeta del Antiguo Testamento, y descubriendo cuán relevantes son sus preguntas para nuestras vidas hoy en día. Aquí está Nancy para continuar la serie, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos estado aprendiendo tanto sobre el corazón y los caminos de Dios a medida que avanzamos a través del libro de Habacuc. Espero que lo estés leyendo con nosotras. Y también espero que estés buscando a Dios personalmente y no solo descansando en mis reflexiones sobre este libro. Solo espero haberte abierto el apetito para buscarlo más.

Un amigo me dijo el otro día, «Después de que hayamos terminado con las sesiones de grabación de Habacuc, habré aprendido mucho más sobre este libro que lo que antes conocía». Esto es así porque no se escuchan muchas enseñanzas sobre este libro. Es mi deseo no solo que lo estés conociendo más a Dios, sino que lo ames más después de haberlo conocido más a través de este libro.

Estamos en el capítulo 2. Hemos visto en los dos primeros versículos que Habacuc subió a esperar para ver lo que Dios le diría como respuesta a la crisis que él estaba pasando en su corazón sobre la condición del mundo: El hecho de que los babilonios, los caldeos, serían el instrumento que Dios usaría para castigar a Su pueblo.

Habacuc sabía que el pueblo de Dios debía ser castigado, pero pensó que tal vez esas medidas eran un poco severas. No podía entender cómo Dios podría provocar este tipo de calamidad, a fin de lograr sus propósitos.

Pero una vez le dijo a Dios lo que pensaba de todo esto él dijo,

«Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la resistencia me pondré; velaré para ver lo que Él me dice…» (Versículo 1).

Él se preparó ahora para escuchar la respuesta de Dios.

Vimos en la última sesión en esas preciosas palabras del versículo 2: «Entonces el Señor me respondió.» Hablamos sobre el hecho de que Dios todavía habla a Su pueblo hoy en día a través de Su Palabra, y por Su Espíritu.

Dios le habló y le dijo a Habacuc, en esencia, «Yo te voy a dar el mensaje que se necesita para esta situación.» A este mensaje el texto le llama una visión. Él le dijo a Habacuc: «Yo quiero que escribas este mensaje para que otros puedan leerlo y escucharlo también.» Y dice en el versículo 2, «El Señor me respondió».Esto es lo que Dios le dijo:

«Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea.» (Versículo 2).

Por supuesto, esto estaba ocurriendo en los días cuando la gente no tenía noticias vía el Internet dentro de sus mismas casas. Ellos no tenían periódicos. Por eso, cuando había un anuncio importante, este se escribía en tablillas de arcilla o en papiros.

Entonces, los corredores en sentido figurativo llevarían copias del mensaje a todas las zonas periféricas para que la gente pudiera recibir el mensaje. Este mensaje iba a ser dado a los corredores o mensajeros que lo llevarían por todo el país.

Ahora bien, la visión o el mensaje que sigue (no vamos a llegar a esa parte aun) era un mensaje duro, como veremos en los próximos programas. Fue un mensaje de juicio.

A veces la respuesta, la visión, el mensaje que Dios da por medio de Su Palabra a sus siervos es un mensaje de juicio. Dios le dijo a Habacuc: «Quiero que los que llevan este mensaje – los mensajeros- quiero que corran a llevarlo».

Si tuvieras que darle malas noticias a alguien… ¿correrías a llevárselas? Por ejemplo, «Vas a tener cáncer» o «Dios va a destruir esta ciudad». Si tuvieras un mensaje como este, ¿no crees que vacilarías un poco antes de salir corriendo a llevarlo?

Pero Dios dijo: «Este es un mensaje demasiado importante, y en última instancia, es un mensaje que por difícil que sea, va a salvar vidas. Quiero que los mensajeros corran con él, y que lo declaren sin vacilar». A veces Dios nos da un mensaje duro para dar. A veces, al grabar Aviva Nuestros Corazones tiemblo por dentro. Pienso, «¿Es realmente eso? ¿Dios realmente quiere que yo diga eso?»

La gran parte de lo que decimos en este programa es contra-cultura. Va en contra de la corriente, no solo del mundo sino de la cultura cristiana, y, a veces tiemblo por dentro cuando pienso en lo que debo decir para transmitir la Palabra de Dios a las mujeres de hoy.

Pero Dios dice: «Corre con ese mensaje. Entrégalo sin titubear». A medida que pronuncias este mensaje de juicio, no te deleitas en la caída de los impenitentes, sino que con ansias buscas su arrepentimiento, su quebrantamiento y su salvación.

El mensaje que Dios da, el mensaje que Dios le envía a uno de sus hijos a través de Su Palabra, puede ser un mensaje fuerte. Pero Dios nos dice: «No le des largas al asunto. Corre a pronunciarlo».

En respuesta a esta carga de Habacuc y en respuesta a sus preguntas, Dios le revelará a Habacuc lo que va a suceder tanto a los babilonios como a los judíos. Judá está a punto de ser devorado por los babilonios. Ese es el asunto con el que Habacuc ha estado luchando.

Pero Dios quiere que Habacuc mire más allá de ese tiempo y vea que un día Dios devorará a los babilonios, que esta gente malvada, despiadada, que devorará a los judíos – Él quiere que Habacuc sepa que ese no es el final de la historia.

Dios va a tratar con los babilonios también. Su juicio es seguro también. Dios va a juzgar a los babilonios por su pecado, así como él está a punto de juzgar a los judíos, por los suyos.

Sin embargo, el cumplimiento de esta promesa, el cumplimiento de esta historia, ese desenlace, no va a ocurrir de inmediato. De manera que él le advierte que la visión que le dará no se cumplirá de inmediato. Él dice: «Tendrás que esperar para ver el cumplimiento».

Mira el versículo 3:

«Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará.»

¿Qué le está diciendo Dios? «La visión espera su momento señalado». La visión, el mensaje, se cumplirá en el tiempo. Dios está diciendo que hay un tiempo señalado para su cumplimiento. Será el tiempo señalado por Dios -en su tiempo y no en el nuestro.

Y ese tiempo no había llegado todavía. «Te diré lo que ocurrirá» -así como Dios nos ha dicho muchas cosas en la Escritura acerca de lo que va a suceder en el futuro. Pero Dios dice: «No va a pasar todavía. Si va a suceder. Sin duda, va a ocurrir, pero hay un tiempo señalado para ello».

Dios ha señalado la hora. Dios sabe cuándo pasará, y qué va a suceder en ese tiempo -pero no antes.

Es importante que recordemos esto, porque a veces Dios nos muestra en Su Palabra cosas que van a suceder, y luego nos impacientamos porque no están sucediendo. Pero Dios dice: «Es que Hay un tiempo señalado. He ordenado cuándo ocurrirá».

El cumplimiento del plan de Dios, las promesas de Dios, parecería tardar. Podrían lucir hasta como mentiras. Parecería que hemos sido engañadas. Parecería que esas promesas nunca se llegarán a cumplir.

Lees promesas como la que vamos a ver más adelante en Habacuc: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar»(v. 14). Bueno, no parecería que eso está sucediendo. En todo caso, el paganismo es rampante. El liberalismo es rampante. La gente se opone a Dios. Parece como que el mal estuviera ganando.

Sin embargo, leemos en las Escrituras que la justicia y Dios van a triunfar. Parece que la promesa de Dios no se está cumpliendo. Pero Dios dice: «Aunque les parece que es lento y que tarda, espérenlo, sin duda vendrá; Y no tardará».

Ahora bien, parecería que tarda por la manera como medimos el tiempo, porque estamos tan atadas a la tierra. No vivimos en la esfera de la eternidad en el sentido como Dios lo hace. Eso es lo que Pedro dice en su segunda carta, en el capítulo 3, a las personas que estaban cansadas ​​de esperar el regreso de Cristo. Él les dijo:

«Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. [ Dios no mide el tiempo de la misma manera de tú.] El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (Versículos 8-9).

«Si te parece lento, espéralo, sin duda vendrá, no tardará», eso fue lo que Dios le dijo a Habacuc.

Una madre estaba compartiendo conmigo acerca de su hijo adolescente que sufre grandes limitaciones y tiene problemas serios. Están luchando para tratar con estos asuntos, y con muchas otras cosas más.

Cualquiera que sea la situación, cualquiera que sea la circunstancia que estés atravesando ahora, no has visto el final de la historia. Podría parecer que la situación durará para siempre. Pero, no va a durar para siempre. Para aquellos que creen, las promesas de Dios son una fuente de consuelo, de paz y de esperanza. Pero para aquellos que no creen, son una advertencia seria que debe ser escuchada. Porque, El día del Señor vendrá.

Si no eres creyente, esto es una amenaza para ti. Si eres creyente, te da esperanza. ¡El día del Señor vendrá! El día de hoy que estamos viviendo ahora no será para siempre. Dios va a terminar la historia. Así que Dios le dijo a Habacuc: si la visión, si el cumplimiento de las promesas de Dios, si el cumplimiento del plan de Dios, si todo ello, te parece tardar… pero espera. Sin duda vendrá. No tardará.

Vamos a regresar a este tema de la espera más adelante en el libro de Habacuc. Vas a tener que esperar para eso. Pero quiero que nos detengamos aquí por un momento porque el libro hace referencia al tema varias veces, así que creo que vale la pena repetirlo.

Este versículo de Habacuc capítulo 2, «Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará», se cita con un poco de variación en el Nuevo Testamento, en el libro de Hebreos, en el capítulo 10. Quizás quieras buscar el versículo para que lo veamos…

El contexto de Hebreos capítulo 10 es que los creyentes del Nuevo Testamento están sufriendo mucho por la fe. Están siendo perseguidos. En el versículo 36 el escritor dice:

«Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. [Y aquí viene la cita de Habacuc], PORQUE DENTRO DE MUY POCO TIEMPO, EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ.» (Versículo 36-37).

Ahora, si tienes ahí los dos textos, compáralos. Hay una pequeña variación allí. En Habacuc dice: «Ciertamente vendrá». Es decir, el cumplimiento de la visión de Dios y las promesas. «Ciertamente vendrá, no tardará».

¿Pero qué dice Hebreos? «EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ». Habla de algo en Habacuc. Pero en Hebreos habla de alguien. ¿Quién es la persona que ha de venir? ¡Es Cristo! ¡Jesús! El escritor de los Hebreos aplica Habacuc capítulo 2 versículo 3 a la segunda venida de Cristo: Él vendrá.

Ahora, en Habacuc Dios está hablando de la visión de la destrucción de los babilonios. Esa es la situación inmediata, la visión inmediata. A eso se refiere cuando dice: «Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, no tardará».

Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, el escritor dice: «No es solo la destrucción de los babilonios. Eso ya sucedió. Se trata del retorno de Cristo quien regresará para terminar esta historia».

De manera que cuando estés sufriendo y creas que no puedes continuar por mucho más tiempo, ¿qué dice el escritor? Necesitas perseverancia.

¿Qué te va a sostener? ¿Qué te ayudará a soportar el duro y desagradable «aquí y ahora», mientras esperas que se cumplan las promesas de Dios, y cuando sientes que nunca se cumplirán? ¿Qué te va a sostener? Te debe sostener el prometido e inminente retorno de Cristo.

Por lo tanto, dice, «No pierdas de vista lo que viene. Si les parece lento, espérenlo. Viene dentro de poco». Tú dices: «¿Un poco más? ¡Hemos estado esperando siglos, milenios para el regreso de Cristo!» «Porque mil años son como un día para Dios. Así que solo han transcurrido un par de dias desde que esta promesa fue hecha. Y tú dices: «¡Han sido miles de años!» Esa es solo nuestra perspectiva. En la perspectiva de Dios, solamente han transcurrido un par de días. «Todavía un rato, y el que viene vendrá y no tardará». De manera que puede ser que se retrase el regreso de Cristo. Y tú dices: «Señor, ven pronto. ¡Sácame de este lío!»

Él dice, «es necesaria la paciencia, de modo que cuando hayas hecho la voluntad de Dios podrás recibir lo prometido». Porque, «EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ», Él vendrá. Es cierto. Él vendrá a juzgar a los malvados. Él vendrá a rescatar a los justos. Así que soporta un poco más. Él se manifestará en medio de tu situación -a Su manera y en Su tiempo. Así que espera. No te rindas.

Como dice aquél tradicional himno:

Todo habrá valido la pena cuando vemos a Jesús. Las pruebas de la vida parecerán tan pequeñas cuando veamos a Cristo. Con sólo una visión de su a amado rostro, todo el dolor se borrará. Corre valientemente la carrera hasta que veamos Cristo1.

En poco tiempo el que ha de venir vendrá. Él no tardará. De manera que vemos en este texto de Habacuc que Dios ha revelado Sus caminos claramente. Él dijo: «Escribe la visión y grábala claramente en tablas».

Dios nos ha revelado en Su Palabra lo que va a suceder. Conocemos el fin de la historia!Sabemos quién ganara. Sabemos que vendrá el jinete en su caballo blanco y vencerá sobre todo mal, y la justicia prevalecerá. Jesús reinará como Rey y Señor por siempre y para siempre. Sabemos el fin de la historia. Dios lo ha revelado claramente.

Sabemos lo que sucederá con los soberbios. Van a ser juzgados. Sabemos lo que le sucederá a los fieles. Ellos serán rescatados. Estos son temas que aparecen a lo largo de la Escritura. Y sabemos que lo que Dios prometió sucederá en el tiempo señalado.

Así que mientras tanto, Dios le está diciendo a Habacuc -y el escritor de Hebreos nos dice: En el «mientras tanto» te sustentaré a través de épocas difíciles. Serás capaz de perseverar a través de tiempos difíciles. Y serás capaz de continuar aun cuando las cosas no tengan sentido y te parezca que el mal está ganando».

¿Cómo? Creyéndole a Dios. Por la fe. Como veremos, este precisamente es el tema de este libro. No estamos allí todavía, pero el escenario se está preparando: por la fe. Es la fe que te permitirá esperar con paciencia, esperar en silencio y no estar ansiosa ni perturbada por tu situación.

¿Por qué vivimos estas vidas quejumbrosas, cargadas de preocupación cuando podemos vivir con esperanza? ¿Cuándo podríamos cantar? ¿Cuándo podríamos regocijarnos? Nosotras decimos: «Voy a cantar y a regocijarme después que Dios me saque de este embrollo». Pero Dios nos dice: «No. En medio de este lío, espera, persevera, porque el que viene ha de venir, y Él no tardará».

Créele a Dios. En poco tiempo la promesa se cumplirá. Dios tiene un propósito. Él tiene un plan para este mundo. Él tiene un plan para tu vida. Y todos los propósitos y planes de Dios se cumplirán a su debido tiempo, en su calendario, no de acuerdo al tuyo.Necesitas perseverancia.

Pero ¿Cómo se obtiene la perseverancia? ¿La obtienes cuando todas tus oraciones son contestadas en los próximos tres minutos? Eso no cultiva la perseverancia. Algunas de ustedes son corredoras. ¿Cómo obtienes resistencia para continuar corriendo? Mediante la práctica. No la obtienes corriendo una carrera corta de 100 yardas, sino corriendo millas, y millas y millas. Es así como aumentas tu resistencia.

Entonces ¿Cómo cultivas la perseverancia en esta vida? «Necesitas perseverancia.» La cultivas corriendo a través de lugares difíciles, a través de sendas duras, a través de tentaciones y de pruebas y de problemas y de retos y de lágrimas y de temores. Pero mantén tu ojo en la meta final y corre por fe en que Dios va a cumplir Su plan y Sus promesas.

Así que mientras tanto, mientras estemos corriendo, mientras nosotras estemos aumentando nuestra resistencia, mientras esperamos, esperamos en el Señor. Lo esperamos a Él. Él va a obrar. Él reivindicará la justicia. Él hará caminos derechos en donde está torcido. Como dice la Escritura en Habacuc: «Si les parece lento, ciertamente vendrá, no tardará».

Oh hermanas, este versículo debería darnos mucha esperanza. Debería darte valor. Debe llenarte de fe, en cualquiera situación que hoy te parece tan desesperante y tan larga, y tan difícil de manejar.

Ora por avivamiento. Oh Señor, hay mujeres en este lugar que han orado por avivamiento durante años, por décadas. Conozco a algunas de ustedes. Algunas de ustedes oran por avivamiento mucho más que yo, lo han anhelado, lo han esperado, y no lo han visto llegar. De hecho, la situación se ve más oscura ahora que cuando empezaste a orar por avivamiento.

Pero escuché a una mujer hace poco hablar con otra persona aquí, y ella le decía: «Yo sé que Dios lo va a enviar». Dios ha puesto fe en su corazón. Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, en el tiempo de Dios y a la manera de Dios, no tardará.

No te canses. No te rindas. Sigue creyéndole a Dios. Continúa ejercitando la fe. Mientras tanto, ten cuidado de no tomar los asuntos en tus propias manos para tratar de arreglarlo por ti misma o para arreglar tus circunstancias.

Recibo tantas cartas y correos electrónicos de oyentes que se lamentan de haber tomado los asuntos en sus propias manos en vez de esperar que Dios cumpliera Su propósito en sus vidas. Recibí un correo electrónico largo la semana pasada.

No tengo tiempo para leerlo completo, pero esta mujer se crió en un hogar disfuncional que la llevo a una horrible promiscuidad sexual. Ella terminó casándose con un hombre muy impío. En el proceso de tratar de sobrevivir este terrible matrimonio, un amigo le presentó a Cristo.

Pero su marido aún no ha venido a la fe. No está bien con Dios. Continúa con su conducta pecaminosa. Ella escribió, «finalmente sucumbí… Me divorcié de mi marido».

Luego ella relata toda una serie de eventos. Finalmente se terminó casando de nuevo y en el proceso de este segundo matrimonio, ella se volvió de nuevo al Señor. Ella se había enojado con Dios porque Dios no había cambiado a su primer esposo, y ella había seguido adelante sin Dios.

Pero se había convertido en alguien llena de ira y de impaciencia, de manera que se deshizo del primer marido. Pero Dios fue misericordioso. Y ella se casó de nuevo con un segundo marido que amaba al Señor, y que la amaba a ella. Ella volvió de nuevo a la fe.

Pero es interesante que ahora, al Dios estar tratando con ella, ahora se pregunta: «¿si hubiera permanecido con mi primer esposo… habría él llegado a conocer al Señor también? ¿Me di por vencida demasiado fácilmente?» Dios la trajo a un lugar de arrepentimiento al darse cuenta que debió haber esperado en el Señor en aquel primer matrimonio.

Ahora eso no significa que ella debe salir de su segundo matrimonio. Ella está allí ahora, y puede ser bendecida en medio de este. Ella se ha reconciliado con Dios. Y ahora está tratando con algunos asuntos del pasado de una forma que considero que es importante.

Pero ella dice, «Por fin he comprendido que mi felicidad nunca debe venir a expensas de la obediencia a la Palabra de Dios». «He sido asombrada por la asombrosa gracia de Dios a pesar del hecho de que no esperé, de que seguí adelante, a pesar de que no esperé al Señor. Dios ha sido misericordioso conmigo».

Pienso en ese maravilloso texto del Salmo 37 los versículos 5-11:

Encomienda al SEÑOR tu camino,
confía en El, que El actuará
hará resplandecer tu justicia como la luz,
y tu derecho como el mediodía.

Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia;

no te irrites a causa del que prospera en su camino,
por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.

Deja la ira y abandona el furor;

no te irrites, sólo harías lo malo.

Porque los malhechores serán exterminados,
más los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra.

Un poco más [esto en el tiempo de Dios] y no existirá el impío; Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

[Piensa en esto: en un poco más de tiempo el impío no estará allí! Y quizás tú piensas: «No puedo continuar en estas circunstancias». Tú puedes. Aunque parezca que tarda, espera; porque de cierto vendrá y no tardará.]

Un poco más y no existirá el impío;
buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

Mas los humildes [los mansos, aquellos que le creen a Dios] poseerán la tierra, [Aunque tarde, espéralo; de seguro sucederá. El que ha de venir, vendrá. El no tardará.]. [Amén]

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha proporcionado una maravillosa perspectiva sobre la espera, el juicio y la eternidad. Es el tipo de conocimiento práctico que hemos estado recibiendo en el libro de Habacuc. Las mujeres se han sorprendido al descubrir la relevancia de las preguntas de este profeta del Antiguo Testamento. Nancy nos ha animado leer y releer el libro de Habacuc, mientras se transmite esta serie, y espero que lo estés haciendo.

¿Qué es la fe? Va más allá de lo que crees intelectualmente. Nancy nos lo explicará en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. ¡Acompáñanos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 «When We See Christ. Esther Kerr Rusthoi.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Un Salvador perfecto

Marte 20 Octubre

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Mateo 5:48

(Jesucristo) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Hebreos 7:25

Un Salvador perfecto

«¡Nadie es perfecto!». ¿Quién no ha escuchado este triste consuelo?

No somos perfectos, pero Dios es perfecto. Él nos dice: “Sed, pues, vosotros perfectos”. En efecto, Dios tiene derecho a esperar que sus criaturas manifiesten sus propios caracteres de justicia, bondad, verdad, etc. No obstante, somos conscientes de estar lejos de responder a lo que Dios exige. Los que se atreven a decir que no tienen nada que reprocharse, se equivocan gravemente. ¿Dios es demasiado exigente? ¡Él no puede ver el mal sin castigarlo! Entonces, aparentemente no tenemos esperanza…

Pero Dios recibe a aquellos que, sin esconder sus errores, reconocen que tienen necesidad de ser perdonados. “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17).

Jesús no vino a este mundo para llamar a los justos, sino a los pecadores, a las personas que necesitan arrepentirse (Mateo 9:13). Sufrió por nuestros pecados en la cruz; el Justo murió por los injustos, y luego resucitó. Dios recibe a todos los que van a él por medio de la fe en Jesucristo, el Salvador. Él los recibe, los considera como sus hijos, e incluso los hace justos, perfectos ante él, porque los ve “en Cristo”, según las perfecciones absolutas de Cristo. El Señor Jesús no sufrió en vano. Su obra es perfecta. ¡Alabado sea!

Deuteronomio 14 – Juan 8:31-59 – Salmo 119:1-8 – Proverbios 25:23-24
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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