El pecado es una elección de situarnos en el lugar de Dios y esa es la peor desición que podemos tomar. El pecado nos alejará de la voluntad de Dios. No elijámos pecar, elijamos a Dios, obedezcamos a Dios no obedezcamos al pecado.
Si quieres experimentar la dicha y no ser culpable de pecado, debes número uno reconocer que has pecado y que sólo Cristo puede ayudarte, ya que el murió en la cruz y resucitó al tercer día para darnos perdón y número dos pídele que te salve, confiesa tus pecados a Dios y pide a Cristo que te salve. Gracia y Paz
Todos tenemos ambiciones y deseos, pero como creyentes debemos sopesarlos con la Palabra de Dios. Por más importante que sean nuestras actividades, responsabilidades y relaciones terrenales, ellas no pueden compararse con el valor que tiene una vida dedicada a la búsqueda de nuestro Padre celestial.
¿Qué significa buscar a Dios? La frase describe un esfuerzo sincero e intencional de conocer al Padre celestial y seguirlo más de cerca. Quienes buscan esta clase de compañerismo con Dios están decididos a pasar tiempo con Él. También quieren renunciar a lo que pueda obstaculizar el crecimiento en su relación con el Señor. Los seguidores fieles de Dios nos apropiamos de sus promesas y confiamos en que Él cumplirá su Palabra. Nuestras experiencias con el Señor nos satisfacen y, sin embargo, nos hacen sentir más hambre de Él.
La vida cristiana está destinada a ser una búsqueda continua de Dios. Atravesar la puerta de la salvación y quedarse paralizado sin acercarse a Él es perder los tesoros que están disponibles en Cristo. Quienes buscan al Señor con vehemencia descubren que conocerlo es la recompensa más grande de todas.
La semana pasada visitamos la tierra del anhelo, estuvimos compartiendo con hermanas que han pasado por desilusiones en sus vidas; pero también vimos cómo Dios ha obrado en sus corazones. Esta semana estaremos viendo de una manera práctica cómo podemos servir cuando nos encontramos en medio de circunstancias difíciles.
Cuando vemos la historia completa de Elisabet, nos damos cuenta que su anhelo de tener un hijo fue eventualmente satisfecho. Y eso está en Lucas 1:57-66. Sin embargo, esa no siempre es la norma y creo que cada una de nosotras puede dar fe de ello. Todo lo que podemos ver es el momento presente. No podemos ver la imagen completa, pues es Dios quien tiene el cuadro completo, un gran tapiz que Él ha estado tejiendo.
No obstante, el anhelo de Elisabet no iba a ser de bendición solo para su matrimonio o su familia, este era un plan que Dios tenía preparado para toda la nación de Israel y para todo el mundo, no solo de su época, sino de toda la historia.
Todas hemos estado ante la bifurcación en el camino; ese momento donde debemos decidir entre la esperanza y la desesperación. Por lo general, ocurre cuando hemos estado recorriendo el mismo camino durante mucho tiempo, pero de pronto nos preguntarnos si nuestras circunstancias alguna vez cambiarán.
En esta ocasión tengo la bendición de contar con Berenice Montes, Orfa Montes y Pamela Espinosa, para conversar sobre qué hacer cuando nos encontramos en esa bifurcación y cuál es el camino que debemos tomar.
«Cuando obedeces a Dios en lo que te ha encomendado, Él se encontrará contigo».
«Aunque servir en el templo era sin lugar a dudas una tarea sagrada, Zacarías estaba haciendo simplemente lo que Dios le pidió que hiciera: cumplir con sus responsabilidades como sacerdote. Y fue allí, en el curso de cumplir con su deber, cuando Dios lo encontró».
Profundiza más:
¿A dónde vas cuando estás desesperada con tu aflicción? ¿En qué o quién te refugias? (me voy de compras, me aislo, chisme, murmuración, culpo a Dios, busco amigas no sabias)
Cuando enfrentas desilusiones, ¿cómo haces para mantenerte enfocada en conocer y servir al Señor?
De acuerdo a tu experiencia y a los casos de mujeres que conoces, ¿cuál es la desilusión más predominante en las mujeres?
Recuerda:
No pienses que puedes vivir a tu manera y que luego, cuando lleguen las grandes pruebas, puedes tener de repente un corazón para obedecer a Dios. No funciona así. La obediencia diaria desarrolla los músculos necesarios para cuando las cosas se ponen difíciles.
Jueves 28 Abril El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 1 Corintios 2:14-15 ¿Quién puede leer la Biblia? ¿Cómo leer e interpretar la Biblia? ¿No se dirige solo a especialistas, sean historiadores, exegetas, teólogos o arqueólogos… ?
¿Tiene un mensaje para cada uno de nosotros? ¡Por supuesto que sí! ¿Un mensaje personalizado? Sí, porque la Biblia es la Palabra de Dios y está dirigida a cada una de sus criaturas. No hace un llamado a nuestro conocimiento, sino a nuestro corazón y a nuestra conciencia. Por ello nos concierne a todos, pequeños y grandes. Basta con tomar el lugar de aquel que, reconociendo su pequeñez ante Dios, se deja enseñar. Jesús declaró a Dios, su Padre: “Escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños” (Mateo 11:25). Y un profeta escribió: “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla el Señor” (Isaías 1:2).
La Biblia, compuesta por textos que fueron escritos hace miles de años, siempre es actual. Ella es la revelación que Dios da de sí mismo y de sus proyectos con respecto a los hombres. No es un libro de historia, de ciencia ni de moral. Ella sondea los corazones y resuelve la cuestión del bien y del mal. La Biblia nos explica por qué somos pecadores, por qué estamos condenados, y nos presenta el único medio para ser reconciliados con Dios: Jesús, quien murió en la cruz y resucitó.
La Palabra de Dios es viva y tiene el poder de actuar en nosotros, si la creemos. Podemos estar seguros de que, si la leemos con sinceridad, Dios se dará a conocer a nosotros.
¡Bienvenidas a nuestra serie Mujeres de la Biblia!
Estamos entusiasmadas de que hayas elegido hacer junto a nosotras este estudio de Elisabet: Cómo lidiar con la desilusión. Nuestro equipo ha estado orando por esta nueva temporada y estamos aquí para apoyarte en este trayecto de seis semanas que tenemos por delante.
La historia de Elisabet, aunque breve, proporciona una excelente perspectiva de cómo hacer frente a la desilusión de una manera que honre al Señor. A través de años de infertilidad, Elisabet maneja su deseo insatisfecho de tener un hijo con una confianza y obediencia continua al Señor. Es posible que su vida no haya resultado como ella lo planeó, pero Dios le permitió jugar un papel fundamental en el desarrollo de Su historia redentora.
El capítulo 1 del libro de Lucas describe el perfil de una mujer que sabía lo que era enfrentar la desilusión. Elisabet llegó a ser la madre de Juan el Bautista, no sin antes enfrentar décadas de infertilidad. Su historia tiene mucho que enseñarnos sobre la gracia de Dios al momento de enfrentar nuestras propias desilusiones.
En esta ocasión tengo la bendición de contar con un grupo maravilloso de hermanas. Acompáñame junto a Perla Montes, Myrna Ortíz y Sara Pérez en la primera semana de estudio sobre Elisabet. Entra al enlace y accede al video.
Frases Resaltadas:
«La historia de Elisabet no siempre estuvo tan llena de alegrías. Su fe se forjó en el fuego de la desilusión, y ella tiene mucho que enseñarnos acerca de enfrentar nuestros propios contratiempos con esperanza y gracia».
«Un legado de fe, un matrimonio piadoso y una vida justa no protegieron a Elisabet de la desilusión».
«Es posible que hayas luchado con un anhelo insatisfecho durante décadas o simplemente desde que te despertaste esta mañana. En cualquier caso, recuerda que Dios está prestando atención. Él escucha tus anhelos. Toma esperanza en esto: los anhelos de Elisabet no fueron insignificantes. Eran el lienzo que Dios usó para pintar una magnífica obra maestra».
Profundiza más:
Semana Uno
Preguntas:
¿Cuál ha sido la desilusión más grande que has enfrentado?
¿Cuál fue la emoción más difícil que salió de tu corazón con la cual tuviste que lidiar?
¿Son las desilusiones circunstancias de «la vida» o consecuencias de mi pecado?
¿Alguna vez te has sentido tentada a creer que vivir una vida justa debe eximirte del dolor o la desilusión?
Recuerda:
Mi amada hermana, si hoy estás luchando con alguna desilusión, te animo a que puedas encontrar en el evangelio esperanza y gozo para tu alma. Quizá no recibas ese anhelo por el cual tanto oras, quizá de este lado de la gloria no tendrás ese «final feliz», pero si de algo puedes estar segura es que Dios está obrando en tu vida, en este instante, de muchas formas que no puedes ver.
¡No te olvides de dejarnos tus preguntas y compartir tus fotos con las hermanas que estás haciendo este estudio!
El pecado es una elección de situarnos en el lugar de Dios y esa es la peor desición que podemos tomar. El pecado nos alejará de la voluntad de Dios. No elijámos pecar, elijamos a Dios, obedezcamos a Dios no obedezcamos al pecado.
Si quieres experimentar la dicha y no ser culpable de pecado, debes número uno reconocer que has pecado y que sólo Cristo puede ayudarte, ya que el murió en la cruz y resucitó al tercer día para darnos perdón y número dos pídele que te salve, confiesa tus pecados a Dios y pide a Cristo que te salve. Gracia y Paz
Cómo caminar con Dios en tiempos de oscuridad Nadie va en busca de tiempos difíciles, pero parece que a algunos de nosotros nos encuentran con frecuencia.
Génesis 39
Ayer hablamos de la fe de José. Hoy veremos algunos principios que lo guiaron durante los momentos difíciles.
LOS TIEMPOS DE OSCURIDAD CONTINUARÁN HASTA QUE SE CUMPLA EL PLAN DE DIOS. El Señor quería preparar a José para salvar a su familia y a la nación de Egipto de la hambruna. Pero primero, Dios puso a José en el papel de sirviente, donde ganó credibilidad con los líderes egipcios. Luego, estuvo en la cárcel donde el Señor “le extendió su misericordia” (Gn 39.21), posicionándolo para interpretar el sueño de Faraón. A través de estas situaciones difíciles, José fue elegido para dirigir a Egipto y librar a la nación de la hambruna como Dios lo había planeado.
APRENDEMOS TANTO EN LA OSCURIDAD COMO EN LA LUZ. Además de descubrir la fidelidad de Dios, José aprendió a manejar posiciones altas y bajas, a huir de la tentación y a discernir la presencia de Dios.
LO QUE APRENDEMOS EN LA OSCURIDAD, DEBEMOS COMPARTIRLO EN LA LUZ. José no dejó que el encarcelamiento lo desanimara (Gn 40.1-23). De hecho, al interpretar los sueños de Faraón, compartió sin reservas su fe y el conocimiento que Dios le dio (Gn 41.15, 16).
Nadie va en busca de tiempos difíciles, pero parece que a algunos de nosotros nos encuentran con frecuencia. En vez de temerles, podemos confiar en Dios y acogernos a su plan, conscientes de que Él usa las pruebas para su gloria y nuestro bien.
No se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.
– En el ámbito de la religión, cada uno tiene su propia verdad, por lo tanto, ¡no hay verdad sobre Dios! -dijo un joven.
El predicador le respondió: -¿Quiere decir que cada persona puede escoger lo que cree, y que no hay verdad absoluta? ¿Lo afirma?
– ¡Eso es exactamente, y lo afirmo!
– Pero, ¿no ve que hay una contradicción en lo que dice? ¡Usted afirma categóricamente algo y al mismo tiempo dice que no hay una verdad absoluta! Si no hay una verdad, no puede afirmar nada. En realidad, hay una verdad absoluta, y usted tiene que buscarla; es su responsabilidad. R.W.
Hay una única verdad sobre Dios, independientemente de las opiniones humanas sobre este tema. Esto no significa que debamos rechazar a los que piensan diferente a nosotros, sino que debemos buscar la verdad y creerla.
¿Cómo encontrar la verdad con respecto a Dios? Aceptando simplemente lo que Dios nos reveló, sin perdernos en reflexiones arduas. Basta con escuchar el testimonio que Dios dio de sí mismo. Él se reveló en la Biblia, y nos conviene leerla, porque es la Palabra de Dios, la verdad absoluta. También se reveló enviándonos a su Hijo Jesucristo, “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). La verdad de lo que Dios es nos sobrepasa totalmente. Incluso leyendo la Biblia solo podemos captar parcialmente lo que él es. Pero la verdad sigue siendo única, maravillosa: “Dios es luz”; “Dios es amor” (1 Juan 1:5; 4:8).
Según investigaciones, la psicología es comúnmente la disciplina de estudio con más profesores ateos.[1] Este no es un dato difícil de creer, pero sí es un dato que se presta a ser mal representado. A menudo en círculos cristianos encontramos comentarios que promueven al rechazo abierto y completo de la psicología. Es cierto que debemos ser sospechosos de cualquier enseñanza cuya cosmovisión sea incorrecta, pero de manera similar la Escritura nos enseña que hay cierta nobleza en comparar todos los conocimientos a la luz de los principios de la palabra de Dios (Hch. 17:11). ¿No puede un cristiano aprender de un biólogo, médico, o psicólogo ateo? El espíritu cristiano no debe rechazar sin antes analizar, porque el amor todo lo cree (1 Co. 13:6). El llamado del cristiano es, entonces, a juzgar con juicio justo, conforme a las evidencias.
¿Para qué sirve la psicología? En pocas palabras, la psicología es el estudio científico de la conducta y los procesos mentales que le acompañan. Debido a la complejidad humana, la psicología se divide en docenas de ramas interrelacionadas. En sentido general la Psicología tiene 4 metas que energizan sus avances: Describir la conducta observada; Explicar lo observado y su relación con diversos factores; Proponer teorías que puedan predecir futuros resultados, y; Proponer métodos que ayuden a modificar los trastornos o disfunciones hacia formas más deseables.
El resultado más común es que las evidencias que serán analizadas no serán distintas solo porque el analista sea cristiano. Evidencia de esto lo tenemos en el libro de Proverbios. Los proverbios sirven de ejemplo bíblico para mostrar los beneficios que podemos obtener luego de observar y estudiar la conducta humana. Muchos de los proverbios que encontramos en la Biblia no son mandatos, sino sabias conclusiones a la conducta observada que pueden ser identificadas por personas a quienes Dios en su gracia común les haya dado la sensibilidad o el talento para hacerlo. Por esa razón, no debe sorprendernos cuando encontramos en Proverbios mucho sentido común para todos los hombres y que en la historia otros hombres con sabiduría humana hayan alcanzado similares conclusiones sin influencia del conocimiento bíblico. Por ejemplo: “¿Has visto un hombre diestro en su trabajo? Estará delante de los reyes” (Prov. 22:29a) es sabiduría divina; “Quien bien come bien trabaja” es un refrán popular.
El conocido psicólogo Dr. Hobart Mowrer, ateo y suicida, que en su momento fue presidente de la asociación de Psicología Americana, fue de gran ayuda, rechazando la teoría de que los trastornos libraban a los pacientes de responsabilidad.[2] El Dr. J. Davies es uno de los profesionales seculares modernos que a manera de crítica han admitido que “muchos en vez de tener baja autoestima están plagados de amor propio y no son capaces de amar a otros”.[3] Todos podemos beneficiarnos de los estudios de la psicología. No obstante, cuando tratamos el tema de las causas, conclusiones fundamentales, o métodos de cambio, no debe sorprendernos que a menudo las interpretaciones estén significativamente inclinadas por los prejuicios seculares.
Consejería bíblica vs. Psicología secular La diferencia distintiva de la consejería bíblica y la psicología secular se resumen en una palabra: “corazón”. La psicología rechaza el concepto de que el ser humano fue creado a la imagen de Dios, es decir, que fuimos diseñados por Dios, para funcionar a la manera de Dios, para los propósitos de Dios, y que en el centro de todo encontramos el corazón. Para la ciencia secular, el corazón no es más que el asiento de las emociones, pero las Escrituras muestran el corazón como el centro de control moral y de motivación de la persona. La Escritura usa la palabra corazón para incluir los pensamientos, las emociones, las decisiones, la conducta, las conversaciones, los deseos y todas las demás cosas en la vida de una persona. Por esa razón, cuando Dios habla de cambiar nuestras disfunciones, o pecados, lo define en términos espirituales, y nos provee de las buenas noticias de que nos dará un nuevo corazón (Ez. 36:26).
El conocimiento secular asume que para tener buenas interpretaciones y conclusiones no se puede incluir a Dios y sus enseñanzas como parte de los factores fundamentales. Esa premisa es exactamente lo que cataliza sus errores más comunes. Por ejemplo:
Asumen que la naturaleza humana es básicamente buena o no aceptan de que tenga una inclinación natural hacia el mal. Promueven que las personas tienen la respuesta a sus problemas dentro de sí mismas. Algunos proponen que la clave para entender y corregir las actitudes y acciones de una persona yace en alguna parte de su pasado. Indican que los problemas de los individuos son el resultado de lo que alguien les ha hecho. Enseñan que los problemas humanos pueden ser puramente psicológicos en su naturaleza, sin relación con ninguna condición espiritual. Asumen que la palabra de Dios no tiene nada que ofrecer para los problemas profundamente arraigados y que solo los puede resolver un profesional mediante el uso de terapia. Promueven que la guía Cristo-céntrica de las Escrituras, la oración y el Espíritu Santo son recursos inadecuados y simplistas para solucionar ciertos problemas. Ignoran las causas fundamentales y le llaman causas a muchos factores circunstanciales. Sus metas están definidas por los deseos de la sociedad, no lo que honra al Creador. En sentido general la psicología secular no define metas más allá de cambios observables en la conducta. En cambio, la consejería bíblica aspira ser fiel al diseño de Dios, sabiendo que sin un corazón que anhele a Dios sobre todas las cosas, es imposible agradar a Dios (Heb. 11:1-6). Un cambio real, significativo y duradero necesita la gracia de Dios que fue comprada con la sangre de Jesús, y que llega a los pecadores por medio de un cambio en el corazón.
¿Qué hago si soy psicólogo o estudiante de psicología? ¡Maneja con precaución! El Dr. Sam Williams, profesor de Consejería en el Southeastern Baptist Theological Seminary recomienda que si no eres hábil en el pensamiento crítico y en el conocimiento bíblico, teológico y apologético, serás absorbido, y terminarás funcionando principalmente como un psicólogo que también es cristiano, y no como uno que principalmente es cristiano y que también es psicólogo. Sin embargo, si estás preparado para asumir el reto, habla con tu pastor. Si quieres ser misionero en un ambiente académico hostil, mi recomendación sería que por cada hora de clase o libro de psicología, estudies un libro de teología, uno de consejería Bíblica y uno de apologética o cosmovisión cristiana.
[1] Neil Gross, Sociology of Religion, p 70, 2009
[2] Larry Crabb, Effective Biblical Counseling & Basic Principles of Biblical Counseling.
[3] J. Davies, “The Importance of Suffering: The Value and Meaning of Emotional Discontent”, citado en Reflexiones sobre la Fe y el Sufrimiento: Caminando Con Dios en medio del Sufrimiento de Dr. Tim Keller.
Crédito de imagen: Lightstock.
Oskar Arocha es Ingeniero Agrónomo, y posee una maestría en Estudios Teológicos (M.T.S.), del Seminario Bautista Reformado, en Carolina del Sur. Conoció al Señor en el año 1981, y fue ordenado como diácono en el año 2006, en la Iglesia Bautista de la Gracia. A lo largo de su caminar con Cristo, Oskar ha servido como líder de jóvenes, coordinador de eventos de parejas, director de alabanza, y otros ministerios más.
MEDITACIÓN DIARIA El propósito de Dios en nuestras dificultades Debemos creer en las promesas de Dios, incluso si nuestras circunstancias nos aturden.
Génesis 37
Todos pasamos por temporadas difíciles. Cuando sufrimos, ¿de qué podemos estar seguros? De que…
DIOS ESTÁ CON NOSOTROS EN NUESTROS PROBLEMAS. Él nos da lo que necesitamos, ya sea su amor y su fortaleza, una sensación de seguridad, o el entendimiento de que no estamos solos. Cristo sabe lo que es sufrir, ser rechazado y perder a un ser querido. Él comprende las tentaciones y los obstáculos que enfrentamos. Además, nos ayuda (Sal 68.19) y ofrece paz para nuestro corazón herido. El Dios que camina con nosotros no está limitado por nada (Mt 19.26), por lo que no hay razón para temer.
DIOS TIENE UN PROPÓSITO AL PERMITIR TIEMPOS DIFÍCILES. En el libro de Génesis, José no podía ver las intenciones de Dios cuando sus hermanos estaban conspirando contra él —y nosotros tampoco, la mayor parte del tiempo. Pero José conocía el carácter del Señor, y confió en Él a través de las muchas pruebas que se le presentaron. Y la fe de José fue recompensada cuando rescató a su familia (Gn 45.1-8).
Estamos llamados a tener fe. Eso significa que debemos creer en las promesas de Dios, incluso si nuestras circunstancias nos aturden. Cuando los problemas le rodeen, recuerde que Dios nunca le dejará ni le desamparará (He 13.5), y sus buenos propósitos siempre se cumplirán (Is 14.27).