La ira de Dios

Isha – Salmos

DÍA 113 – Salmo 76

Dosis: Justicia

La ira de Dios

“Cuando tú, Dios de Jacob, los reprendiste, quedaron pasmados jinetes y corceles. Tú, y sólo tú, eres de temer. ¿Quién puede hacerte frente cuando se enciende tu enojo? Desde el cielo diste a conocer tu veredicto; la tierra, temerosa, guardó silencio cuando tú, oh Dios, te levantaste para juzgar, para salvar a los pobres de la tierra. (Salmo 76:6–9) (NVI)

¿Concibes a Dios enojado? Poco pensamos en la ira de Dios. Nos gusta meditar en su amor, su misericordia, su gracia, pero ¿su enojo? Este salmo celebra la victoria de Israel sobre Senaquerib, y el salmista dice: “No debemos temer a Senaquerib, sino a Dios”. Pues los israelitas, a pesar de lo que pasaba, continuaban con ídolos extraños. La palabra hebrea que se usa para expresar la ira de Dios proviene de “nariz”, de un “resoplido fuerte”, lo que nos hace pensar que Dios se enoja en verdad.

Aunque no meditemos en ello, la ira de Dios es esencial a su naturaleza divina. El evangelio de Juan nos narra que Jesús se indignó porque usaban el templo como un mercado. En esa historia vemos que el enojo fue usado para la gloria de Dios. Era correcto lo que Jesús sentía. ¿Pero cómo saber que el enojo es santo?

A diferencia de los seres humanos, la ira de Dios no surge en el calor del momento o por emociones volátiles. Al contrario, su enojo es racional y directo, en una respuesta calculada contra el pecado. En ningún lado se expresa mejor esta parte de Dios que en el Antiguo Testamento. El pueblo de Israel hizo vez tras vez lo que a Dios le enfadaba. No bien el Señor los rescataba de sus enemigos, los israelitas olvidaban su protección y cuidado y volvían a sus dioses.

¿Te has sentido alguna vez llena de enojo santo? Tal vez te enfada la pederastia o la violencia. Quizá te ha molestado que se burlen de Dios y su creación. Pero piensa por un momento en el enojo que siente una mujer cuando su esposo coquetea con otra, o está con otra, o busca a otra. Eso es lo que nuestro Dios siente cada vez que le somos infieles. Su ira se enciende justamente. Él nos creó, nos rescató, nos amó. Jesús murió en la cruz por nosotras, y en ocasiones, nosotras coqueteamos con la fama, el dinero, el egoísmo.

Recuerdo que hacía lo imposible por no hacer enojar a mi papá cuando él estaba enfermo. Andaba de puntillas, le llevaba la cena, lo mimaba. ¡Con más razón debo hacer todo lo posible por no encender el enojo de mi Señor! ¿Y cómo podemos lograrlo? Obedeciéndole y siendo fieles a él.

Oración: Señor, enséñame a serte fiel y ayúdame a agradarte cada día. Y si alguna vez te enojo, perdóname Señor y restáurame. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 129). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.


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