¿TENÍAN PERMITIDO LOS PROFETAS CAMBIAR LAS PALABRAS QUE RECIBÍAN DE DIOS?

Autor: Norman Geisler

¿TENÍAN PERMITIDO LOS PROFETAS CAMBIAR LAS PALABRAS QUE RECIBÍAN DE DIOS?

a1Los profetas bíblicos tenían prohibido alterar el texto de las Escrituras Sagradas. Dios era implacable con cualquiera que intentara cambiarlas. Después de que el rey Joacim cortó y quemó columna tras columna de las palabras del Señor, Dios le dijo a Jeremías: «Toma otro rollo, y escribe exactamente lo mismo que estaba escrito en el primer rollo» (Jeremías 36:28). Nadie debía agregar ni quitar nada de lo que Dios había dicho. Agur escribió: «Toda palabra de Dios es digna de crédito … No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y te exponga como a un mentiroso»

(Proverbios 30:5~6). Es más, Juan escribió esto acerca de las palabras de su profecía: «Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro» (Apocalipsis 22:18~19). Esto no significaba que no pudieran recibir nuevas revelaciones sino que no podían alterar nada de lo que estaba escrito.

 © 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Quién me está tapando la luz?

Noviembre 7

¿Quién me está tapando la luz?

Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 5:5, 6

Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día. 1 Tesalonicenses 5:5

a1Mauricio, el hermano mayor de Mara, estaba orgulloso de su Mustang convertible clásico, modelo 1967. Pero no lo mantenía limpio, así que un amigo escribió en la tapa del motor: “Límpiame”, y al hacerlo, rayó la pintura con la uña. Mauricio le pegó unos buenos gritos a su amigo por haberle rayado el auto.Un día, camino a casa volviendo del trabajo, un camión que lo pasó le salpicó el parabrisas que quedó cubierto de barro. No tendría que haber sido un problema, pero a Mauricio se le había acabado el fluido limpiaparabrisas. Aunque trataba de ver por dónde iba, no podía ver el camino a través del parabrisas lleno de barro. Accidentalmente giró a la izquierda y se encontró con que iba de contramano. Por suerte no venía ningún auto que hubiera causado un choque de frente.

A veces hay gente que es como el camión que salpica barro. Estás andando por la vida y de pronto un enemigo te ensucia. Tus amigos son como el muchacho que rayó el auto. Pueden rayarte con sus palabras hasta que realmente duele. A veces el dolor es causado por alguien cerca tuyo.

• Un familiar te trata como si no valieras nada.
• Un amigo te evita, te ignora, te hostiga o se burla de ti.
• Un compañero de escuela te llama cosas como “perdedor”, “retardado” o “torpe”.

Ese tipo de barro bloquea de tu vida la luz de Dios. Dios te ve digno de ser amado, valioso y capaz, pero cuanto más barro te salpique la gente, más difícil te resulta ver la verdad de Dios acerca de quien eres. Cuando te sientes lastimado, es posible que ataques tirando barro a todos los que te rodean, o que te desvíes del camino.
Si te resulta difícil verte digno de ser amado, valioso y capaz, puede que sea porque la verdad de Dios ha sido bloqueada de tu vista por personas que tapan la verdad de tu verdadera identidad. ¿Puede estar pasándote esto? Pregúntate:

• Las personas con las que paso más tiempo, ¿me ven como me ve Dios?
• Mis amigos, ¿refuerzan lo que la Biblia dice de mí?
• Estas personas, ¿reflejan el amor de Cristo por mí?

Si las personas que tienes más cerca siguen tirándote barro, te resultará difícil ver más allá del fango para poder captar el concepto que tiene Dios de ti. En ese caso, ocuparte de tener las personas apropiadas a tu alrededor es como llenarte del fluido limpiaparabrisas de Dios. Es lo que necesitas para quitarte las obstrucciones que te impiden ver.

PARA DIALOGAR
¿Te ven tus amigos como te ve Dios? ¿Ha llegado el momento de cambiar de amigos?

PARA ORAR
Señor, ayúdanos a elegir los amigos apropiados para que tu luz inunde nuestra vida.

PARA HACER
Si le tiras barro a los demás —si dices o haces algo que expresa que no son dignos de ser amados, valiosos y capaces— deja de hacerlo hoy.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 17. Mostaza de la buena: La Palabra de Dios

Menú 17. Mostaza de la buena: La Palabra de Dios

a1Cuando uno siembra, lo normal es que si cuida la semilla, la siembra en un buen lugar, la riega como Dios manda y a su tiempo arranca las malas hierbas que crecen alrededor y que intentan robarle los nutrientes, dé fruto.

Lo que no es normal es que no dé fruto. Hay muchos cristianos “normales” por el mundo, se supone, o así nos llamamos, pero sin fruto.

Esto es simplemente insostenible.

La semilla de la Palabra de Dios debe dar fruto, sí o sí; si ha caído en buena tierra que ha sido cuidada, da fruto.

Miremos a la iglesia, y a nosotros. ¿Qué es un cristiano normal? Alguien que va a la iglesia y que más o menos se comporta como un cristiano más, como los demás, como la cultura evangélica le ha enseñado, cristianos domados, acomodados, cristianos burgueses. Que pecan poco:) y a veces hacen algo, siempre y cuando no les venga mal con su trabajo, o no les coincida con sus vacaciones, puente, tardes libres para ver la televisión, siesta o Play Station.

Y yo me pregunto ¿será ese el fruto que Dios nos ha llamado a dar al treinta, sesenta y ciento por uno?

¿Qué fruto es el que espera Dios que demos como buena tierra?

Cuando hablamos de fruto, lo primero que nos viene a la cabeza es el fruto del Espíritu que es

“Amor, Gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza”. Gálatas 5:22, 23.

Y eso está muy bien. Debemos buscar dar ese fruto en nuestras vidas. Pero me atrevería a decir que el fruto del Espíritu se da dentro de una vida cristiana de verdad, nunca al margen de ella. Una vida dinámica, una vida en comunidades activas de fe, arriesgada, que lucha contra las obras de la carne.

Si leemos el resto de Gálatas 5 y 6 (esto sería un ejemplo de referencia, cuando puedas échale un vistazo a la carta de Pablo) verás que después del fruto nos habla de no cansarnos de hacer el bien, no desmayar, seguir luchando, cuidar de todos, especialmente de los de la familia de la fe.

Y también nos habla de seguir sembrando. (Gálatas 6:7) Seguir sembrando ¿qué?

Si volvemos a la parábola del sembrador, lo que se siembra es

Palabra de Dios. Jesús lo explica en Lucas:

“Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios”. Lucas 8:11.

Por lo tanto, en el contexto de la parábola, si hacemos una interpretación natural es que el fruto debe ser también Palabra de Dios.

Si siembro con la semilla de la naranja, el árbol dará naranjas, si siembro con la semilla de la Palabra de Dios, el árbol dará Palabra de Dios. ¿No?

Si somos buena tierra debemos dar como fruto más Palabra de Dios, para mí y para otros, ayudando así a extender el reino de los cielos. Comprender la Palabra, ponerla por obra, vivirla, extenderla y sembrarla en más y más tierra.

Si estamos plantados en el lugar correcto y no junto al camino, la semilla no será devorada por esos pájaros que tantas veces revolotean nuestra cabeza.

Si ahondamos bien nuestras raíces en su Palabra, lo que quema a otros, ese sol abrasador que son las pruebas, para nosotros será un factor de crecimiento.

Es interesante que el mismo sol, las mismas pruebas, no tengan los mismos efectos para todos. Si la semilla no ha profundizado en sus raíces se quemará rápidamente pero si ha ahondado lo suficiente en su Palabra, las pruebas ayudarán a la fotosíntesis, al crecimiento. Las pruebas son necesarias para que la semilla al final dé fruto.

Si sabemos guardarnos en santidad, apartados para él, arrancando de raíz esas malas hierbas que crecen a nuestro alrededor, si no nos descuidamos, podremos mantener limpio ese brote y los espinos no nos harán sombra, y podremos gracias a los nutrientes y el agua que proviene de la tierra y a las pruebas del sol que nos ayudan a crecer, dar fruto a su tiempo con perseverancia.

Si no estamos dando ese fruto debemos examinar nuestras vidas delante de Dios y ver si realmente somos buena tierra o nos hemos acomodado a ser parte de una igleburger.

“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán”. Salmo 126:5.

“Cuando, pues, os reunís vosotros, eso no es comer la mesa del Señor. Al comer, cada uno se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno tiene hambre, otro se embriaga”1 Corintios 11:20.

“El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen”1 Corintios 11:28, 29.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

¿CÓMO RECIBÍAN LOS PROFETAS SUS MENSAJES DE PARTE DE DIOS?

Autor: Norman Geisler

¿CÓMO RECIBÍAN LOS PROFETAS SUS MENSAJES DE PARTE DE DIOS?

a1

De diversas maneras. Algunos, por medio de sueños (cf. Génesis 37:1,11); otros, tenían visiones (d. Daniel 7); y algunos, escuchaban una voz audible (cf. 1 Samuel 3) o una voz interior (cf. Oseas 1; Joel1); otros, recibían revelaciones de ángeles (cf. Génesis 19:1,29); algunos, por medio de milagros (cf. Éxodo 3); y otros, echando suertes (cf. Proverbios 16:33). El sumo sacerdote usaba unas piedras preciosas, conocidas como «urim y el tumim» (Éxodo 28:30). A otros, Dios les habló a través de la naturaleza, mientras meditaban sobre su revelación (cf. Salmo 8; 19:1,6). Por diversos medios, como lo expresa el autor de la carta a los Hebreos: «Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas» (Hebreos 1:1).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Prendan la luz

Noviembre 6

Prendan la luz

Lectura bíblica: Efesios 5:8–14

Porque si bien en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Efesios 5:8

a1Imagínate que estás recorriendo una galería de retratos. Las luces del salón están prendidas, pero las direccionales que por lo general enfocan los diversos cuadros están apagadas.

Con las luces de la sala puedes ver los marcos de los retratos. Hasta quizá puedas ver algo de los rostros dentro de los marcos. Pero únicamente cuando se prenden las luces direccionales y una luz intensa pega directamente sobre cada cuadro puedes ver todos los detalles, las expresiones faciales, los tonos del cutis y el color de los ojos. Sólo cuando están prendidas las luces direccionales puedes ver a las personas como los artistas tuvieron la intención que las vieras.

Dios hace brillar su luz sobre ti, una luz que muestra quién quería que fueras cuando te creó. Pero antes de poder verte claramente, necesitas saber cómo prender las luces.

Obtienes luz de tres lugares:
Jesucristo es tu primera fuente de luz. Juan dijo que Jesús es “la luz de los hombres” (Juan 1:4). Jesús se refirió a sí mismo como la luz del mundo (ver Juan 8:12).

Prendes esta luz cuando aceptas a Cristo como tu Salvador y comienzas una relación personal con él. A medida que tu amistad se afianza por medio del tiempo que pasas con Jesús en oración, ves cada vez con mayor claridad que eres amado, valorado y capaz.

La Palabra de Dios, la Biblia, es otra fuente de luz. David escribió: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). Cuanto más abres tu mente y corazón a la Palabra de Dios, más luz disfrutas.

Los otros creyentes son una fuente de la luz de Dios. Jesús les dijo a sus seguidores: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Ser amigo del Hijo de Dios, la Luz, te llena de luz. A medida que tú y tus amigos creyentes comparten mutuamente la luz del Hijo de Dios y de la Palabra de Dios, aumenta tu comprensión de quién eres. Esa es una gran razón por la que la Biblia nos dice: “No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; más bien, exhortémonos” (Hebreos 10:25).

Dios quiere que sepas que él hace brillar su luz en tu vida para que puedas ver claramente quién eres: digno de ser amado, valioso y capaz. Cuando te aferres a Jesús, leas tu Biblia y te acerques cada vez más a otros creyentes, la luz de Dios brillará en tu vida. Adelante, ¡prende la luz!

PARA DIALOGAR
¿Quieres ver con más claridad quién eres a los ojos de Dios? ¿De qué manera te ayuda él a recibir la luz?

PARA ORAR
Señor, inúndanos de luz al leer tu Palabra y aumenta nuestra amistad contigo y con los tuyos.

PARA HACER
Escoge una buena costumbre para tratar de adquirir, hablar con Dios, leer la Palabra o pasar el tiempo con amigos creyentes.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 16. La palabra descuidada

Menú 16. La palabra descuidada

a1“El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”.

Sin querer, aunque se siembra Palabra de Dios también se siembran en nuestra tierra otras cosas: Los espinos.

Malas hierbas que quién sabe quien las puso ahí, pero crecen sin que nadie los haya invitado a la fiesta, ¿O sí?

Algunos sin querer (espero) siembran junto a la Palabra de Dios otras cosas, a saber:

Preocupaciones, riquezas y placeres de la vida.

Espinos que crecen en nuestra mente a la vez que la semilla de Dios y que, si descuidamos la tierra, ahogarán nuestra vida espiritual. ¿Conoces a gente así? Gente que lleva años en la iglesia que incluso tienen brotes con la intención de servir a Dios pero nunca pueden, siempre están demasiado ocupados, tienen otras responsabilidades, otras preocupaciones.

Ruego a Dios que los que educan a otros no fomenten esto, sembrando semilla de la Palabra y a la vez diciéndole a la gente que se ocupe de sus asuntos, poniendo su vida por encima de los propósitos del reino.

Pero no todo es culpa del que siembra.

La propia tierra tiene estas otras semillas que crecen sin que aparentemente nadie las haya sembrado. Y es que estos tres hierbajos que nos ahogan están en todos nosotros y si no los cortamos conoceremos sus consecuencias. Es muy fácil descuidar la semilla una vez sembrada, casi sin darte cuenta:

Las preocupaciones de la vida van desviando tu mirada de lo importante.

Las riquezas también ocupan espacio mental.

Y qué decir de los placeres de la vida, los que todos sabemos: sexo, en todas sus manifestaciones, bienestar, y todos los demás gustos de la vida que nos damos, y que creemos tener por derecho.

Espinos y cardos que si simplemente dejamos crecer harán sombra al brote que proviene de la semilla.

Estaremos vivos, seremos una planta en el reino de Dios, pero sin la capacidad de dar fruto. Estaremos sobreviviendo, nada más.

Por eso la única solución es:

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”. Colosenses 3:5.

Sin piedad, debemos arrancar de raíz, aquellas cosas que nos estorban para dar fruto. Un proceso que nunca debemos descuidar en nosotros. Dicen que mala hierba nunca muere ¿O sí? (Romanos 7:24, 25).

Si simplemente sembramos pero descuidamos el crecimiento pensaremos que sembramos mucho pero en realidad estamos desperdiciando mucha semilla.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

¿PODÍAN LOS PROFETAS AGREGAR IDEAS PERSONALES AL MENSAJE DE DIOS?

Autor: Norman Geisler

¿PODÍAN LOS PROFETAS AGREGAR IDEAS PERSONALES AL MENSAJE DE DIOS?

a1No, les estaba prohibido. Dios dijo: «No añadan ni quiten palabra alguna a esto que yo les ordeno» (Deuteronomio 4:2). Así se le ordenó a Jeremías: «Así dice el Señor: «Párate en el atrio de la casa del Señor, y di todas las palabras que yo te ordene … No omitas ni una sola palabra»» (Jeremías 26:2).

La naturaleza de un profeta bíblico era la garantía que no agregaría sus ideas al mensaje de Dios porque debía hablar «todo lo que el Señor le había dicho» (Exodo 4:30). DIOS le dijo a Moisés, hablando de un profeta: «Pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande» (Deuteronomio 18:18). Y Amós escribió: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8). O sea que un profeta era alguien que decía lo que Dios le ordenaba, ni más ni menos.

La naturaleza misma de un profeta exigía que la Escritura profética fuera exactamente lo que Dios quería decir a la humanidad. Y dado que la Biblia se presenta como tal de principio a fin (cf. Mateo 5:17,18; 2 Pedro 1:20,21; Apocalipsis 22:19), debe, mas considerar que el registro histórico de los profetas era inspirada por Dios. De hecho, esto es lo que el profeta Zacarías declaró cuando escribió: «Para no oír las instrucciones ni las palabras que por medio de los antiguos profetas el Señor Todopoderoso había enviado con su Espíritu, endurecieron su corazón como el diamante. Por lo tanto, el Señor Todopoderoso se llenó de ira» (Zacarías 7:12).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

¿Quién te conoce?

Noviembre 5

¿Quién te conoce?

Lectura bíblica: Salmo 91:1–12

Pues a sus ángeles dará órdenes acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. Salmo 91:11

a1Néstor no veía la hora de pasar a la secundaria. Le habían dicho que la escuela donde iba a ir ofrecía cursos de carpintería. Soñaba que su primer proyecto sería hacerle un balcón a su cuarto. Su próximo proyecto sería hacer una rampa en el patio para practicar saltos en su patineta. Su obra cumbre sería construir un tobogán olímpico en el terreno baldío detrás de la escuela.

Las ilusiones de Néstor se vinieron abajo cuando se enteró de que la clase era sólo de 45 minutos dos días por semana. Y se desilusionó terriblemente cuando el maestro le dijo que su primera tarea era hacer una cosita para la casa, escogiendo de media docena de diseños para servilleteros, cajas para archivar recetas y separadores para los cajones de la cómoda. Pero Néstor casi se desmaya cuando el profesor le dio de vuelta su proyecto. En la hoja de calificación adjunta había un enorme cero. En la parte superior de la hoja el profe había escrito la pregunta: “¿Qué es esto?”.

Si estás mirando el proyecto estrafalario de alguien en la escuela y no puedes adivinar qué es, hay una sola manera de averiguarlo. Se lo preguntas a su creador.
Por eso, si estás tratando de averiguar quién eres realmente, ¿a quién te conviene preguntar? Al que te hizo, por supuesto. Dios es el que sabe exactamente quién eres.
Entonces, ¿cómo exactamente te ve Dios?

Primero, Dios te ve como alguien digno de ser amado eternamente. Él es tu Padre. Te creó a su imagen (ver Génesis 1:26, 27). Eres la mejor expresión de su genio creativo. En respuesta a tu fe en Cristo, te aceptó como su hijo en su familia (ver Juan 1:12, 13). Dios te ama tanto que ha encargado a sus ángeles que te protejan (ver Salmo 91:11, 12).

Segundo, Dios te ve como alguien infinitamente valioso. En la cruz, Dios declaró a todos los que quieran escuchar que vales el regalo que es Jesucristo, su Hijo muy amado. Si alguna vez te colocaras una etiqueta con tu precio, tendría que decir “¡JESÚS!” porque el precio que Dios pagó para salvarte fue la vida de Jesús (ver 1 Pedro 1:18, 19).

Tercero, Dios te ve como alguien totalmente capaz. Pablo se jactó: “¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:13). Dios confía tanto en ti que te dejó sobre la tierra para completar el ministerio comenzado por Jesús. Te ha dado la tarea de guiar a tus prójimos para que acudan a él (ver 2 Corintios 5:20).
Si quieres tener un concepto claro de tu verdadera identidad, necesitas verte como Dios te ve, ni más ni menos. Eres digno de ser amado, valioso y capaz. No lo dudes, ¡eso es lo que eres!

PARA DIALOGAR
¿Te has sentido alguna vez como un proyecto fracasado que intentaste en tu escuela? ¿A quién escuchas cuando quieres saber quién eres realmente?

PARA ORAR
Padre, ayúdanos a vernos a nosotros mismos como tú nos ves, con tu vista perfecta.

PARA HACER
Dile a un amigo lo que significa ser digno de ser amado, valioso y capaz.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 15. La palabra rápida

Menú 15. La palabra rápida

a1“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”.

Las piedras, ¡Qué emocionante es recibir el evangelio! He visto mucha gente escuchar un mensaje puramente emocional que han saltado de alegría al recibir el regalo de la vida eterna, han crecido aparentemente más rápido que los demás, pero tan rápido como crecen se queman.

Los responsables, líderes y pastores no deben buscar estas reacciones en primer lugar, sino que la semilla ahonde bien en la tierra y eche raíces. Muchos de nosotros sembramos descuidadamente, queriendo ver el fruto ¡YA! Sistemas de crecimiento rápido típico de la igleburger. Pero el precio espiritual de esto es muy alto, un afluente de personas que tan rápido entran en nuestros locales como salen mientras los líderes se regodean de nuevo en sus números.

El verdadero evangelio es sencillo sí, pero también profundo. Si las emociones vienen ¡Gloria a Dios! Sé que es hermoso llorar o reír cuando Dios te habla de verdad. O saltar, cantar e intentar expresar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Pero debemos procurar, en medio de todo eso, enraizar nuestra vida en la Palabra. Porque cuando lleguen los problemas (que te aseguro llegarán) no serán las emociones las que te sostengan, sino la Palabra de Dios y sus raíces en tu corazón.

En la igleburger, donde el placer del cliente es prioridad, y cuanto antes mejor, descuidamos estas raíces porque “no se ven” y creemos equivocadamente que lo que “no se ve” no sirve, no es importante.

Una vez oí que la Palabra de Dios actúa fundamentalmente en lo secreto. Pero nosotros queremos hacerla espectacular. Quizás en el fondo hay un afán de reconocimiento: “Mirad que bien y que rápido lo hago” “Mirad cómo crecen” “crecemos más rápido que…”. Pero luego no les contamos a los demás la segunda parte. Esa semilla se quema y de nuevo algunos

creen que siembran mucho pero en realidad están desperdiciando mucha semilla

Al tener poco enraizamiento es la que más pronto brota, pero acaba por desaparecer. Se quema por el sol, porque no tienen la humedad suficiente, el agua suficiente para soportarlo.

¿Cuán profunda ha sido sembrada la semilla del evangelio en mí? ¿Está en las emociones a flor de piel o en mis deseos y anhelos más hondos? ¿Me ha transformado por completo o simplemente me ha afectado como lo podría hacer una buena película?

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78-80). Álex Sampedro.

¿QUÉ ERA UN PROFETA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS?

Autor: Norman Geisler

¿QUÉ ERA UN PROFETA EN LOS TIEMPOS BÍBLICOS?

a1Los autores bíblicos fueron profetas y apóstoles de Dios.

Hay muchas referencias a los profetas que nos revelan cuál era su papel en la producción de las Escrituras. Entre otras cosas, se nos dice que fueron:

• Hombres de Dios (cf. 1 Reyes 12:22), lo que significa que los había elegido.

• Siervos del Señor (cf. 1 Reyes 14:18), para indicar que eran fieles a él.

• Mensajeros del Señor (d. Isaías 42:19), para mostrar que los había enviado.

• Videntes o visionarios (d. Isaías 30:10), para revelar que sus visiones eran de él.

• Llenos del Espíritu del Señor (d. Oseas 9:7; Miqueas 3:8), para que se supiera que hablaban por él Espíritu de Dios.

• Centinelas (d. Ezequiel 3:17), para reflejar que estaban atentos a Dios.

• Profetas (que es como comúnmente se llamaban), una indicación de que eran los voceros de Dios.

En suma, un profeta habla en nombre de Dios; es una persana elegida y preparada por él, un instrumento en sus manos para transmitir su palabra a su pueblo.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler